jueves, 2 de diciembre de 2010

Entre la casa y los galpones


Créd.: Diana Barros
Algunos poemas más de CLAUDIA PRADO
(Puerto Madryn, Chubut, Argentina, 1972; actualmente reside en Buenos Aires)


1899 - el vestido

1

Fácil
en la lucidez de la mañana
la risa del peón
corta el aire helado
entre la casa y los galpones.
El patrón
con voz malhumorada
prefiere dirigirse a los caballos.
Mientras arrastran los recados
dos chicos
sonríen y murmuran,
para ellos
la burla es todavía
una destreza
en la que no pueden probarse.
Enseguida
los cuatro cabalgando
se alejan
y se hacen diminutos.
Alrededor de la casa
y de los álamos
el horizonte vuelve a ser
un círculo impecable.
***
1942 – el ladrón

la carrera continúa
por encima de las casas,
la brea
de alguno de los techos
retiene brevemente
mi zapato,
también las piedras
que caen detrás nuestro
y golpean con las chapas
parecen algo mío.
Afición precoz
al robo de gallinas,
por el gusto
de sentirnos peligrosos.
Como otra regla
de este deporte viejo
mi cuerpo me precede
cambiado por el vino.
Se dice
que me quedan unos días
ligeros como el ritmo
de mis pies contra los techos.
Mientras corro
nombro igual que el médico
mi enfermedad
con términos científicos.
Toco el suelo
antes que los otros,
un alambre tejido
corta la oscuridad
en leves rombos.
Sé que estoy mintiendo
pero grito:
“son tan flacas
que da bronca”, en lugar
de las ganas de robar
vienen ganas de matarlas.

Cansado,
me resigno a que me atrapen,
a mi alrededor
yacen seis o siete cuerpos
de gallinas redondas,
inertes como piedras.
***
traducción


Pasás la tarde en la otra habitación,
hoy tu trabajo
es traducir un monólogo larguísimo,
pienso que esas palabras voluntariosas y gastadas
alguien las ordenó para ocupar su tiempo,
palabras que en un idioma o en otro
tal vez a nadie más le importen.
Pero yo este jueves nublado
no hago nada, lo desperdicio
en rumiar las causas de una pena.
Desde la otra habitación gritás: amor
¿cómo se dice desilusionante? ¿así?
Vos querés traducir disapointing
y yo imagino una sensatez semejante
que justo ahí el español se vuelva extraño.

2 comentarios:

João A. Quadrado dijo...

[o texto el ladrón, docilmente agreste, marca em si o ritmo de vida, de inesgotável palavra...

obrigado pela partilha!]

um imenso abraço,

Leonardo B.

Irene Gruss dijo...

Gracias, Leonardo B. Va mi abrazo, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char