domingo, 24 de julio de 2011

¿De qué sueño de infancia?

Éste es el frente de la casa donde nació y vivió su infancia Juan L. Ortiz, en Puerto Ruiz, Gualeguay, provincia de Entre Ríos. La placa recordatoria está; las persianas que se ven vinieron después y no guardan, arquitectónica o ediliciamente hablando, respeto alguno por lo que debería ser, quizá, patrimonio cultural; el río que Ortiz veía tampoco está, fue corrido por la construcción de una especie de pista sin uso; el aura del sauce habrá que imaginarlo; enfrente de la casa, más que humildes viviendas donde habita gente que se asombra y desconfía del visitante.
La puerta de entrada parece ser la misma, así como el jardín interior. Los que ocupan el lugar actualmente, en todo su derecho, nos sacaron carpiendo. Alguien propuso con ironía poner quiosquitos para vender señaladores con poemas de Juanele. Otros se lo tomaron en serio.
Créd. fotos: Stella Maris Ponce
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Tarde


El mundo es un pensamiento
realizado de la luz.
Un pensamiento dichoso.
De la beatitud, el mundo
ha brotado. Ha salido
del éxtasis, de la dicha,
llenos de si, esta tarde,
infinita, infinita,
con árboles y con pájaros
de infancia ¿de qué infancia?
¿de qué sueño de infancia?

2 comentarios:

huggh dijo...

hace años fui a ver el monumento q hay en la entrada de la ciudad al poeta... era una verguenza y lo documenté... permitame decir que el interior es asi aunque me llene de pena... el tiempo pasa de una manera...

irene gruss dijo...

No pasa sólo en "el interior". Mi abrazo, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char