viernes, 28 de abril de 2017

Algún día el cuerpo será un hecho suficiente

Mario Montalbetti

(Lima, Perú, 1953)

BASTANTE MENOS QUE UNA IDEA



No creas en la verdad.
No creas en la belleza.
No creas en el amor.
Siéntate en el piano
sopla el corno
rasga la cuerda
y quedamos a la par.
No me alcances un bezerol
si me duele la cabeza.
No repitas conmigo
películas que ya viste.
No creas que hay algo
importante en lo que haces.
Ni siquiera una buena acción
es tan buena como ninguna acción
Octava nube o noveno ciclo apartes
algún día el cuerpo será un hecho suficiente.
*** 
Sabogal

2

tomando los desvíos que llevan a la izquierda

de la autopista



más allá de la vieja iglesia de Chilca



detrás de los letreros de publicidad



como quien se aleja conscientemente

de las ciudades de playa

de las ciudades refugio

más allá de la vieja iglesia de Chilca
el tiempo puede ser un desierto

jueves, 27 de abril de 2017

Dile al que huye "regresa a casa"

Eduardo Félix Milán

(Rivera, Uruguay, 27 de julio de 1952) 

No demasiado
pero sí mucho.
no demasiado como masa
diluyendo al creyente en ti,
quitándole intensidad: "aquí estoy",
dile al que huye, "regresa a casa",
Mucho es el sentido que se ha perdido en la marcha
de ir hacia dónde, en la mancha de ir hacia
o en la de ir: se ha perdido el sentido
a sí mismo, ensimismado.
Sin sentido de mí estás dormida en tu sueño,
no yo, vuelve tú.
***
El compromiso del poeta es escribir un vaso
real, algo sublime que sirva para más
que vivir. Vivir no alcanzó nunca.
Pedir esencia, pedir médula, pedir hueso:
pedir endurecimiento de la arena, si la arena
ya es frágil, leve de pie, velo de pie,
es pedir roca caliza, sedimento. Para la sed
de ti desnuda como bajar al Precámbrico.
Algo terrible nos pasó y nos dimos cuenta:
el hueso que pedimos al poema era el mismo
hueso que el hueso de África
aunque quisiéramos roca.
Las arenas de África están llenas de poemas.
*** 
Para leer algo más, haga clic aquí

miércoles, 26 de abril de 2017

El ser del canario

Ramón Minieri

(Río Colorado, Río Negro, Argentina, 1946)

La escuela de las aves

Suele suceder que los pájaros, cuando de
pequeños han escuchado el canto de otras
aves, canten notas distintas de las que
cantan sus padres.
Aristóteles

En mi infancia
está mi corazón
y en el corazón de mi infancia
es verano
en la casa de Tandil
y en la cocina
que es el corazón de la casa
está cantando un canario
mi abuela dice
que refresca el aire
el ser del canario
es aprender
eso aprendo
a este
mi nonna le dio escuela
en invierno
les convidaba a las calandrias
perlas de grasa pella
un cantarito de agua
y ellas
le pagaban el favor con exceso
montaban en el patio
su taller de diamantes
de esquirlas luminosas
e instruían al cantor doméstico
en materia de lumbre y despilfarro
igual que los linyeras anarquistas
que iban de campo en campo
y enseñaban a leer a los chicos
a cambio de catre y tumba
a más mi abuela
puertas adentro
daba clases de música de radio
óperas y violines
el canario y yo
escuchábamos
así después
cada vez que Piquín cantaba
repasábamos juntos las lecciones
de Fritz Kreisler
de Lily Pons
de las calandrias
anarquistas
***
El pez de oro 

El niño juega
al otoño,

atesora
muerte más muerte roja
en la vereda:

es la estación
de las granadas,
cinabrio

carne
en tránsito al cristal.

(¡Ah
y no ser
el pez de oro
el oculto
emisario de sí mismo

suspendido
esperándose
en lo oscuro!).

martes, 25 de abril de 2017

Será un pie tras otro los días que vienen

Carolyn Riquelme
Tomada del blog Poetas Siglo XXI

(San Carlos de Bariloche, Río Negro, 1973)


Andamiada IV

Las mujeres conversan después de los quehaceres
preparan mate y roban galletas reservadas a los niños
Se cuentan los nacimientos
las muertes
los enfermos
El inventario es preciso:
no desmerecen detalles ni lástimas por la pobre gente
por nosotras pobres
mirá lo que nos ha tocado

Recuentan las muertes con adjetivos preciosos
***
Esplendor

I
Hay que tapar los huecos
de la casa

que no nos encuentre
desprevenidas
la inundación de ratas
en octubre

que sea áureo el amor

que luminoso sea

II
los ojos rasgan niebla dura
la  mascan
(es delicado el movimiento)
muelen el nudo de dolor
… de miedo es el plomo en
el precipicio…
y saltan como de risa dando brillos
brillos de nena
amor mío

III
será el andar los pies en el aire
ir de vuelo ante el frío
ante la ternura que hiela
será un pie tras otro los días que vienen
la adivinadora toda certidumbre
dará pasos

lunes, 24 de abril de 2017

Cuando la música nos hablaba sin aplausos

DIEGO L. GARCÍA
 (Berazategui, Buenos Aires, Argentina, 1983)

porque “Indépendant” significa para él 
que su barba flota a salvo / a tiempo 
para contar todo lo que hay que contar todo  
aquel cuerpo que le pertenece 
aunque ya se vea un poco arruinado por  
el agua / qué pena / qué otra cosa 
podría tener algún sentido para nombrar 
a un Estado / su propiedad / como otros  
que también hacen señas en altamar 
¿los ves? 


**
frecuencia I
(esa trampa de ver)


a Tato Briones, por la música a Leo Lugo

I

¿Qué vibraba en la falta de lo que no era
exceso / ni soberbia en el tramo incompleto?
sólo preguntas a las preguntas
y la epifanía de un revés
un tono de la noche que no conocíamos
¿qué era aquello que éramos entonces / cuando
la música nos hablaba sin aplausos?
**

las noticias sólo vienen en latas de conserva
durante estas crisis / sí los peinados
pueden ser abundantes o las frases
de contrabando / pero los gajos
de verdad que alfombraban esta calle
cuando el sol no valía tanto
ya no se ven / los ha barrido el
buen apellido que atraviesa las paredes
y dice "hemos traído la novedad
convertida en papilla dietética"
y viérase cómo aplauden
**
Il y a un autre monde, mais il est dans celui-ci
Paul Éluard

mundo otro / lo otro lejano como
los dedos de Adán y Dios que se espejan
como se espeja el sol en los jazmines /
acá / la tierra renovándose de lluvia
agua de la edad de oro / ángeles del principio
en el espacio medio / entre-reflejo
raíz naciendo en la carne / lo que resta
esas migajas / humanidad /
lenguaje precario para desprenderse
de sí mismo / para
saldar el puente hacia / el misterio /
la imagen verdadera / la palabra anterior
a las palabras / sólo
las gotas que bajan / mojan / el pan /
la luz / el silencio del sueño /
en este otro mundo que somos
sosteniendo aquel detrás / solidarios
con el reverso

domingo, 23 de abril de 2017

Muy temprano, voy surcando la oscuridad camino al colegio

Henning Mankell 
(Estocolmo, Suecia, 1948-2015)

Tusquets Editores comparte un fragmento del más reciente libro de Mankell con los lectores de EL INFORMADOR

"La mayoría de los viejos que conozco, empezando por los que no saben leer, tienen un respeto por los libros. E identifican la cultura con una cierta redención. Por el contrario, amigas profesoras y bibliotecarias me comentan que suelen ser jóvenes los que muestran, sin complejos, un rechazo primario a los libros y a la lectura... El desastre cultural no tiene una sola causa, pero sí que se intoxica el medio ambiente con la subestimación de lo que se ha dado en llamar humanidades. Hay incluso voces públicas que asocian la libertad con un curioso derecho a la ignorancia: ¿Para qué aprender cosas inútiles, como lenguas muertas o filosofía?"


Aquella misma tarde atravesaron un denos enjambre de mariposas. Eran transparentes y amarillentas y su aleteo recordaba al crujido del papel. San se detuvo admirado en medio de la nube de mariposas. Era como si hubiese accedido a una casa cuyas paredes estuviesen construidas de alas. Se dijo que le gustaría quedarse allí. “Me gustaría que esta casa tuviese una puerta, claro. Me quedaría aquí escuchando el aleteo de las mariposas hasta que llegase el día en que cayese muerto a tierra.”
**
PISANDO LOS TALONES 
(Fragmento)

Wallander se sentó ante el escritorio de la joven mientras Martinson revisaba la cómoda y luego inspeccionaba en el gran armario que había pegado a una de las paredes. Los cajones del escritorio no estaban cerrados con llave, cosa que sorprendió a Wallander. Sin embargo, cuando fue abriéndolos, uno a uno, comprendió por qué no les habían echado la llave: estaban prácticamente vacíos. Frunció el entrecejo al tiempo que se preguntaba por qué en aquellos cajones no había nada salvo algunas horquillas, unos lápices viejos y un puñado de monedas de diversos lugares del mundo. ¿No sería aquello indicio de que alguien había estado allí y los había vaciado? Pudo haber sido la misma Isa o cualquier otra persona. Abrió el cartapacio verde y halló una acuarela hecha, a todas luces, por un pincel inexperto. «IE 95», se leía en el ángulo inferior derecho. Representaba una marina, mar y acantilados. Volvió a cubrirla con el cartapacio. En una estantería, junto a la cama, había varias hileras de libros. Pasó un dedo por los lomos mientras leía los títulos. Recordó que algunos de ellos los había leído también Linda. Tanteó con la mano detrás de los libros y halló otros dos, que tal vez se hubiesen caído o que alguien pudo haber escondido. Los sacó y comprobó que ambos estaban en inglés. Journey lo the Unknown se llamaba el primero, Viaje a lo desconocido, de un tal Timothy Neil. El otro llevaba por título How to Cast Yourself in the Play of Life, Qué papel representar en el teatro de la vida, de Rebecka Stanford. Las portadas de ambos tenían ilustraciones de un estilo similar: figuras geométricas, cifras y letras que parecían flotar libremente en una especie de panorama cósmico. Wallander se sentó de nuevo ante el escritorio. Se notaba que habían leído los libros más de una vez, pues se abrían solos por ciertas páginas, en su mayoría manoseadas y dobladas. Se puso las gafas y se dispuso a leer las contraportadas. Timothy Neil hablaba de que, en la vida, era importante seguir algo que él denominaba «mapas espirituales», mapas que uno podía aprender a trazar mientras dormía. Wallander hizo un mueca mientras lo dejaba sobre el escritorio y tomaba el de Rebecka Stanford, que escribía sobre lo que ella llamaba «la descomposición cronológica». Aquello atrajo enseguida la atención de Wallander. En efecto, el libro parecía tratar de cómo aprender, en un círculo de amigos, a dominar el tiempo y avanzar o retroceder por las diversas épocas, pasadas y futuras. La autora parecía convencida de que aquello era un instrumento idóneo para que la gente pudiese vivir plenamente «en una época dominada por el despropósito y la desorientación crecientes.
**
El gran descubrimiento

"En el caos emocional en que me encontré inmerso de repente después de que la tortícolis se convirtiera en cáncer, me di cuenta de que la memoria me llevaba no pocas veces a la niñez.

Sin embargo, tardé en darme cuenta de que la memoria me ayudaría a comprender, a crear un punto de partida para encontrar el modo de enfrentarme a la catástrofe que me había sobrevenido.

En algún punto tenía que empezar, simplemente. Tenía que elegir. Y me convencí cada vez más de que el punto de partida se hallaba en los primeros años de mi vida.

Por fin, elijo una noche de invierno de 1957. Cuando abro los ojos aquella mañana, lo hago sin saber que ese día me desvelará un gran secreto.

Muy temprano, voy surcando la oscuridad camino al colegio. Tengo nueve años. Precisamente aquella mañana, Bosse, mi mejor amigo, está enfermo. Yo siempre paso a recogerlo por la casa que se encuentra a unos minutos de la casa del juzgado, donde vivo yo. Su hermano Göran me abre la puerta y me dice que a Bosse le duele la garganta y que no va a ir al colegio. Así que esa mañana tengo que recorrer el camino yo solo."
De Arenas movedizas
**
Mi casa se quemó una noche de otoño hace casi un año. Fue un domingo. Había empezado a levantarse viento a primera hora de la tarde. Al anochecer pude ver en el anemómetro que las ráfagas de aire superaban los veinte metros por segundo.

El viento era del norte y muy frío a pesar de que aún estábamos a principios del otoño. Cuando me acosté a las diez y media, pensé que esa era la primera tormenta otoñal que cruzaba la isla que había heredado de mis abuelos maternos.

Otoño, pronto invierno. Una noche, el agua del mar empezaría a helarse lentamente.

Era la primera vez ese otoño que me metía en la cama con calcetines. El frío lanzaba su primera embestida.

El mes anterior había arreglado el tejado haciendo un gran esfuerzo. Fue un trabajo enorme para un pequeño artesano. Había muchas tejas viejas y rotas. Mis manos, que una vez sujetaron bisturís en complicadas operaciones quirúrgicas, no estaban hechas para manejar ásperas tejas.

Ture Jansson, que había sido cartero aquí fuera, en las islas, durante toda su vida profesional, pero ya estaba jubilado, se había encargado de transportar las tejas nuevas desde el puerto. No quiso ni siquiera cobrar por ello. Como yo he instalado una consulta improvisada en mi cobertizo para ocuparme de todos los achaques imaginarios de Jansson, quizá pensara que debería devolverme el favor.

Durante todos estos años he examinado abajo, en el embarcadero junto al cobertizo, sus supuestos dolores de brazos y espalda. He alcanzado el estetoscopio colgado de un señuelo para cazar eíderes y he constatado que sus pulmones y su corazón sonaban como debían. En todos esos reconocimientos repetitivos, Jansson siempre ha demostrado encontrarse en perfectas condiciones. Su miedo a enfermedades imaginarias ha sido tan exagerado, que yo, durante los muchos años que ejercí de médico, nunca vi nada parecido. Ha sido cartero y, además, hipocondríaco a tiempo completo.

En una ocasión se quejó de un dolor de muelas. Entonces me negué a prestar atención a sus dolores. Si fue al dentista en tierra firme, eso ya no lo sé. Me pregunto si este hombre habrá tenido alguna vez una sola caries en los dientes. ¿No sería que le rechinaban los dientes cuando dormía y que por eso le dolían?

La noche del incendio yo había tomado, como de costumbre, un somnífero y me dormí enseguida.

Me despertaron unas potentes lámparas que se encendieron de repente. Cuando abrí los ojos, la luz que me envolvía me cegó. Bajo el techo del dormitorio flotaba una nube de humo gris. Debí de haberme quitado los calcetines en sueños, cuando la habitación se calentó. Salí corriendo de la cama, bajé la escalera y entré en la cocina. Una penetrante y fuerte luz me rodeaba por todas partes. Vi que el reloj de pared de la cocina marcaba las doce y diecinueve minutos. Me puse como pude mi impermeable negro, colgado junto a la puerta de entrada, me calcé las botas de lluvia, una de las cuales me resultó casi imposible de poner, y salí a toda prisa.

La casa ya estaba totalmente incendiada. Se oía el fragor del fuego. Tuve que bajar hasta el embarcadero y el cobertizo para poder soportar el calor. Allí me quedé luego contemplando lo que pasaba. En esos primeros momentos no pensé en lo que habría ocasionado el fatal incendio. Observaba, sin más, cómo estaba ocurriendo lo imposible. El corazón me latía con tanta fuerza que creí que me iba a estallar dentro del pecho. El fuego me asolaba también por dentro con la misma intensidad.

El tiempo se fundió con el calor. Empezaron a llegar barcos con vecinos medio aturdidos. Pero nunca pude decir después cuánto tiempo duró ni quiénes vinieron. Mis ojos estaban clavados en el fuego y en las chispas que revoloteaban hacia el cielo nocturno. En un instante aterrador me pareció ver de pronto las ancianas figuras de mi abuelo y de mi abuela al otro lado del fuego.
(...)
"¿Cómo era posible que los niños, a menudo muy pequeños, que deberían tener la vida por delante, actuaran con tanta tranquilidad y conscientes ante el hecho de que iban a morir? Yacían en sus camas y esperaban quietos lo que había de llegar. En lugar de la vida que nunca tendrían, había otro mundo desconocido aguardándoles. Los niños morían casi siempre en silencio"
De Botas de lluvia suecas.

Fuente: Tusquets Editores.

sábado, 22 de abril de 2017

Quizá hasta ahora no haya en nosotros nada interesante

Wislawa Szymborska 

(Prowen -actual Kórnik, Polonia, 1923 - Cracovia, id., 2012)

Quizá todo esto

Quizá todo esto
esté sucediendo en un laboratorio.
Bajo una lámpara de día
y millones de lámparas de noche.

Quizá seamos una generación de prueba
vertidos de un recipiente a otro
agitados en las retortas,
observados por algo más que un ojo,
cada uno por separado
cogidos al final con pinzas.

Quizá de otro modo:
sin intervenciones.
Los cambios suceden por si mismos
conforme al plan.
La aguja gráfica dibuja lentamente
los zigzags previstos.

Quizá hasta ahora no haya en nosotros nada interesante.
Los monitores de control pocas veces se conectan.
Solo si hay una guerra, y de las grandes.
Algunos vuelos más allá del terrón de la Tierra.
O grandes migraciones del punto A al punto B.

Quizá al revés:
Solo les agraden los episodios.
He aquí una chiquilla en una gran pantalla
cosiéndose un botón a la manga.

Los sensores silban,
el personal acude.
¡Ay qué personaje es éste
con su pequeño corazón latiendo dentro!
¡Qué seriedad tan graciosa
al enhebrar la aguja!
Alguien exclama exaltado:
¡Avisen al Jefe,
que venga y lo vea él mismo!

Trad. de Gerardo Beltrán, Abel A. México. FCE, 2008.

viernes, 21 de abril de 2017

En la boca de la marea

LAURA FORCHETTI
(Coronel Dorrego, Pcia. De Buenos Aires, Argentina, 1964)


no digo dormir

Then the sky and I are in open conversation…
Sylvia Plath


1.

se veían tan lindas las dos
-dice después


2.

desde la orilla
mi madre nos saludaba con la mano

teníamos que girar la cabeza
tragar un poco de agua
para verla


3.

cerrar los ojos es más fácil
pero es mantenerlos abiertos
lo que empuja
el cuerpo a otra condición

horizontales


4.

colgar 
de cuatro corazones
que suben y bajan
transparentes de olvidados
en la boca de la marea


5.

sostiene la sal
y el alerta
de las gaviotas
sobre los deshechos


6.

no digo dormir


7.

la cabeza echada para atrás
pierde peso
navega
como un mundo abandonado
a condición de pétalo


8.

dulzura deshojarse 


9.

digo suspender
de un hilo
sobre el jardín


10.

ondear en el aire


11.

agua viva de la respiración
mudar
hasta el silencio
desprendido como un ojo

la joya verde de una piel
bajo la arena


12.

todas las voces son ojos que ondulan
detrás de una membrana


13.

posadas en el cielo
diríase
vos y yo


14.

envueltas en el calor
del cuerpo mismo sobre el agua

estrellas dadas a la luz de la estrella
largos collares de átomos enlazados
a pequeños diamantes


15.

la mano cuenta millones
de cinco en cinco


16.

imantadas en círculos 
moverse alrededor
treinta y dos rumbos
de la flor


17.

sustancia sutil más que el viento 
o la razón de la luna
ser

euritmia del vaivén de la playa


18.

un pensamiento puede arrastrarnos afuera


19.

no digo cesar


20.

la gran extensión
extremadamente lisa

cada vez más plateada


21.

mantenerse sin mutación
en un mismo lugar
digo


22.

aguja que hilvana el ruedo
alza
vendrá la noche


23.

todo se aleja 
se incorpora sobre la tierra

bastaría hundir el talón 
para ser verticales


24.

esperamos la próxima ola

la urgencia es una fracción invisible
el resto es  mar


sostenerse un cuerpo en la superficie
o en suspensión sumergido

jueves, 20 de abril de 2017

Recuerden las manzanas doradas del árbol

Hilda Doolittle (HD)

(Bethlehem, Pennsylvania, EE.UU., 1886-Zurich, Suiza, 1961)

Satisfechos, insatisfechos,
saciados o entumecidos de hambre,

he aquí la urgencia eterna,
la desesperación, el deseo de equilibrar

la variante eterna;
tú percibes este llamado insistente,

esta demanda de un cierto instante,
la vocación de gozar, de vivir,

no el mero afán de perdurar,
la vocación de vuelo, de consecución,

la vocación de reposo tras un largo vuelo;
pero ¿quién conoce la desesperada urgencia

de esos otros –verdaderos tal vez ahora
míticos pájaros— que buscan, infructuosos, reposo

hasta que se desploman desde el punto más alto de
la espiral
o caen del centro mismo de un círculo cada vez más estrecho?

pues ellos recuerdan, recuerdan, al mecerse y revolotear
lo que existió una vez –recuerdan, recuerdan—

ellos no se desviarán –han conocido la bienaventuranza
el fruto que satisface –han retornado—

¿y si las islas se perdiesen? ¿si las aguas
cubrieran las Hespérides? Mejor es que recuerden—

recuerden las manzanas doradas del árbol;
Oh, no los compadezcas, mientras los ves caer uno por uno,

pues caen exhaustos, adormecidos, ciegos,
pero en un cierto éxtasis,

pues de ellos es el hambre
del Paraíso.

De Poemas de Helena en Egipto, Ediciones Angria-Caracas, Venezuela, 1992. Traducción María Negroni y Sophie Black
***

Llévame donde quiera, donde quiera;
en ti me adentro,
Dogo -Venecia-,
toda mi hacienda eres tú;
me escondería en tu cabeza
como un niño en un ático
y, allí, ¿qué encontraría?:
¿religión o magia? -¿ambas? ¿ninguna?
¿la una o la otra?, juntas, afines
acopladas, exactamente iguales,
iguales en poder, juntas aunque separadas,
el ámbar de tus ojos.
*******
Rosa de mar

Rosa, áspera rosa,
estropeada y de pocos pétalos,
flor magra, delgada,
escasa de hojas,

más preciosa
que una rosa mojada
única en un tallo
—sujeta a la deriva.

Atrofiada, con hoja pequeña,
eres arrojada a la arena,
eres alzada
en la crujiente arena
que se mueve en el viento.

¿Puede la rosa que es especia
gotear tan acre fragancia
endurecida en una hoja?

Traducción de Santiago Ospina y Juan Afanador
***
La vara en flor

Voy donde amo y soy amada
hacia la nieve;

Voy hacia aquello que amo
sin ningún pensamiento de deber o piedad;

Voy hacia donde pertenezco, inexorable,
como la lluvia que no ha cesado de caer

hacia los surcos; he dado
o podría haber dado

vida al grano;
pero si éste no crece o madura

con la lluvia de la hermosura,
la lluvia retornará a la nube,

quien cosecha afila su acero sobre piedra;
pero éste no es nuestro campo,

no lo hemos sembrado;
impiadosos, impiadosos, dejemos

el sitio de la calavera
para aquellos que lo compusieron.

De Trilogía, 1944-1946. Trad. de Natalia Carbajosa. Barcelona: Lumen, 2008.

miércoles, 19 de abril de 2017

Es Cristo que sube a los cielos mejor que los aviadores

Guillaume Apollinaire 
(Roma, Italia, 1880-París, Francia, 1918)


Suburbio

Al final te has cansado de este viejo mundo

Ah Torre Eiffel pastora esta mañana bala tu rebaño de puentes

Hastiada de vivir en la antigüedad grecorromana
Aquí incluso los coches parecen viejos
Sólo la religión sigue siendo nueva la religión
Sigue siendo sencilla como los hangares de Port-Aviation

El único en Europa que no eres antiguo eres tú Cristianismo
El Europeo más moderno es usted Pío X
Y a ti al que observan las ventanas la vergüenza te impide
Entrar en una iglesia y confesarte esta mañana
Lees folletos catálogos carteles que cantan bien alto
Poesía para esta mañana y para la prosa están los periódicos
Las entregas a 25 céntimos llenas de aventuras policíacas
Vidas de grandes hombres y mil títulos diferentes

He visto esta mañana una bonita calle cuyo nombre olvidé
Nueva y limpia era el clarín del sol

Los directores los obreros y las hermosas mecanógrafas
De la mañana del lunes al sábado noche pasan por ella cuatro veces al día
Allí por la mañana gime tres veces la sirena
Las doce una campana ladra con rabia
Las leyendas de los letreros y los muros
Los carteles los rótulos vocean como loros
Me gusta el encanto de esta calle industrial
Situada en París entre la calle Aumont-Thiéville y la avenida de Ternes

Miras la nueva calle y no eres más que un niño
Vestido por tu madre sólo de azul y blanco
Eres muy religioso y con tu amigo más viejo René Dalize
Nada os agrada tanto como la pompa de la Iglesia
Son las nueve la luz de gas ya azul a escondidas salís del dormitorio
Rezáis toda la noche en la capilla del colegio
Mientras eterna y adorable profundidad amatista
Gira por siempre la llameante gloria de Cristo
Es la hermosa azucena que todos cultivarnos
Es la antorcha de rojos cabellos que el viento no apaga
Es el pálido hijo bermejo de la madre doliente
Es el árbol por siempre frondoso de todas las plegarias

Es el doble sustento del honor y de la eternidad
Es una estrella de seis puntas
Es Dios que muere el viernes y resucita los domingos
Es Cristo que sube a los cielos mejor que los aviadores
Tiene el récord mundial de altura

Pupila Cristo del ojo
Vigésima pupila de los siglos sabe cómo arreglárselas
Y convertido en pájaro este siglo sube por el aire como Jesús
I Los demonios en los abismos levantan la vista para mirarlo
Dicen que imita en Judea a Simón el mago
Gritan que si sabe saltar le llamen salteador
Los ángeles revolotean en torno al bello volatinero
Icaro Enoch Elias Apolonio de Tiana
Flotan alrededor del primer aeroplano
A veces se apartan y dejan pasar a los que llevan la santa Eucaristía
Esos curas que suben eternamente elevando la hostia
El avión se posa por fin sin abatir las alas
Luego el cielo se llena de millones de golondrinas
Llegan a todo vuelo cuervos halcones búhos
De África llegan ibis flamencos marabúes
El pájaro Roe celebrado por narradores y poetas
Planea llevando en sus garras el cráneo de Adán primera cabeza
Surge del horizonte el águila lanzando un grito
Y de América llega el diminuto colibrí
Han llegado de China los pihís largos y ligeros
Sólo tienen un ala y vuelan en parejas
Luego aparece la paloma inmaculado espíritu
Escoltada por el pájaro-lira y el pavo ocelado
El fénix esa hoguera que se engendra a sí misma
Por un momento todo lo oscurece con su ardiente ceniza
Dejando peligrosos estrechos tres sirenas
Llegan cantando dulcemente
Y todos fénix águila y pihís de la China
Confraternizan con la volante máquina

Ahora caminas solo por París entre la muchedumbre
Rebaños de autobuses que mugen circulan a tu lado
La angustia del amor te aprieta la garganta
Como si nunca más fueras a ser amado
Si vivieras en otro tiempo te irías a un monasterio
Uno siente vergüenza al descubrirse diciendo una oración
Te burlas de ti mismo y como el fuego del Infierno tu risa chisporrotea
Las chispas de tu risa doran el fondo de tu vida
Es un cuadro colgado en un museo oscuro
Y algunas veces vas a mirarlo de cerca

Hoy andas por París las mujeres están ensangrentadas
Era y querría no acordarme era en el declinar de la belleza

Rodeada de llamas fervientes me miró Nuestra Señora en Chartres
La sangre de vuestro Sagrado Corazón me ha inundado en Montmartre
Me enferma oír palabras bienaventuradas
Este amor que yo sufro es una vergonzosa enfermedad
Y la imagen que te posee te hace sobrevivir al insomnio y la angustia
Está siempre a tu lado esta imagen que pasa

Ahora estás a la orilla del mar Mediterráneo
Bajo los limoneros en flor durante todo el año
Das un paseo en barca con algunos amigos
Uno es de Niza hay uno de Mentón y dos de la Turbie
Miramos con espanto los pulpos de las profundidades
Y entre las algas nadan peces imágenes del Salvador

Estás en el jardín de un hotel cerca de Praga
Sobre la mesa hay una rosa te sientes muy feliz
Y en lugar de escribir tu cuento en prosa observas
La cetonia que duerme en medio de la rosa
Con espanto te ves dibujado en las ágatas de Saint-Vit
Muy triste estabas ese día viéndote allí
Te pareces a Lázaro enloquecido por la luz
Marchan hacia atrás las agujas del reloj del barrio judío
Y lentamente retrocedes por tu vida también
Al subir al Hradchin y escuchar por las noches
Cantar canciones checas en las tascas

Ahora estás en Marsella entre sandías

Ahora estás en Coblenza en el hotel Géant

Ahora estás en Roma sentado bajo un níspero del Japón

Estás en Amsterdam con una joven que crees hermosa y que es fea
Debe casarse con un estudiante de Leiden
Se alquilan habitaciones en latín Cubicula locanda
Recuerdo haber pasado allí tres días y otros tantos en Gouda

Estás en París ante el juez de instrucción
Te arrestan como a un criminal

Has hecho viajes dolorosos y felices
Antes de darte cuenta de la mentira y de la edad
Por amor has sufrido a los veinte años y a los treinta
Como un loco he vivido y he perdido el tiempo
Ya no te atreves a mirarte las manos yo querría llorar todo el tiempo
Por ti por la que amo por cuanto te ha asustado

Miras con ojos llenos de lágrimas a estos pobres emigrantes
Creen en Dios rezan las mujeres amamantan a los niños
Impregnan con su olor la estación Saint-Lazare
Confian en su estrella como los reyes magos
Esperan conseguir dinero en Argentina
Y volver a su tierra después de hacer fortuna
Una familia transporta una manta roja como cualquiera transporta su corazón
Aquella manta y nuestros sueños son igual de irreales
Algunos de esos emigrantes se quedan y se alojan
En la calle Des Rosiers o en Des Écouffes en tugurios
Los he visto a menudo mientras toman el aire por la noche en la calle
Apenas si se mueven como las piezas de ajedrez
Casi todos judíos sus mujeres llevan peluca
Sentadas en las tiendas permanecen exánimes

Estás de pie en la barra en un bar indecente
Te tomas un café barato con los pobres
Por la noche te encuentras en un gran restaurante

Estas mujeres no son malas pero tienen problemas
Todas incluso la más fea han hecho sufrir a sus amantes

Esa es hija de un guardia municipal de Jersey

No había visto sus manos que están endurecidas y agrietadas

Siento una inmensa lástima por las señales de su vientre

Ante la horrible risa de una pobre muchacha humillo ahora mi boca

Estás solo va a amanecer
Los lecheros hacen sonar en las calles sus cántaros

Igual que una hermosa Mestiza la noche se aleja
Es Ferdine la falsa o Lea la atenta

Y bebes este alcohol ardiente como la vida
Esa vida que bebes igual que un aguardiente

Caminas hacia Auteuil quieres volver a pie a tu casa
Dormir con tus fetiches de Guinea y Oceanía

Ellos son Cristos de otra forma y de otra creencia
Los Cristos inferiores de las oscuras esperanzas

Adiós Adiós

Sol cuello cortado

Versión de Fátima Sáinz

***
69 66666 ...6 9...

Los inversos 6 y 9
Son dibujados como una cifra exacta
69
dos serpientes fatídicas
Dos lombrices
Número impúdico y cabalístico
6 3 y 3
9 3 3 y 3
La trinidad
Que se vuelve a encontrar
La trinidad en todas partes
Con la dualidad
Pues 6 es dos veces 3
Y trinidad 9 tres veces 3
69 dualidad trinidad
Y los arcanos serían aún más sombríos
Pero tengo miedo a sondearlos
Quíen sabe si no se halla aquí la eternidad
Por encima de la roma muerte
Que se divierte con dar miedo
Pero el tedio me envuelve
Com un vago sudario de lúgubre encaje
Esta noche.
***
Noche renana

Colma mi vaso un vino como una llama trémulo
Escuchen la canción lenta de un barquero
Sobre siete mujeres vistas sobre la luna
Trenzándose su verde y larguísimo pelo
Canten de pié más alto mientras bailan la ronda
Que yo no escuche más cantar al barquero
Y pongan cerca mío a las muchachas rubias
De mirada inmóvil de trenzas recogidas
El Rin el Rin está ebrio donde viñas se miran
Todo el oro nocturno temblando ahí se refleja
En su agonía la voz canta siempre a estas hadas
De los verdes cabellos que hechizan al verano
Mi vaso se ha quebrado como una carcajada

Versión de L.S.

martes, 18 de abril de 2017

No se rompe, no se cae

Valeria Pariso

(Muñiz, Buenos Aires, Argentina, 1970)


6

¿De qué ternura guarda tu memoria
la fiesta del silencio?
Todo tu cuerpo contra el muro y nada:
no se rompe, no se cae.

Otra vez, por vigésima vez:
todo tu cuerpo contra el muro y nada:
no hay derrumbe.

Se acaba el mundo, el muro sigue ahí,
tu cuerpo sigue ahí, y en tu silencio
seguís abrazado a algo pequeñito,
que sonríe.
**
24

He arrojado todo al precipicio.
Ningún orden es posible ahora, dije.
¿Cuánto pasó desde entonces?
No lo sé.
No tengo seguridad del tiempo
desde que cayeron los números.
Parecían piedras tiradas al vacío.
Lo hice más de una vez:
me paré sobre el filo,
miré el fondo,
y tiré todo con los ojos cerrados.
Me impresiona lo que pasa con la ausencia:
cae inmensa como un cóndor,
no hace ruido,
se mezcla con el viento,
y una vez que toca el suelo,
vuelve.

Triza, De todos los mares, Capilla del Monte, 2017.
Cortesìa de Valeria Cervero.

lunes, 17 de abril de 2017

Y se encontró una imagen, nada más

James Whitcomb Riley 
(Indiana, EE.UU., 1849-1916)

Cuando veo un pájaro que anda como un pato, nada como un pato y grazna como un pato, lo llamo pato. J.W. Riley

Tenemos que volver a casa
(Fragmento)

Tenemos que volver a casa
¿Cómo nos hemos podido extraviar tanto?
Tan lejos de casa
No sabemos dónde está
(...)
Tenemos que volver a casa, otra vez
Nuestros rostros mojados por la lluvia,
arrojados al polvo
arrastrarse de vuelta de la vana búsqueda
en una lucha interminable
de un sitio que no hemos encontrado
en ningún lugar en esta vida.
**
We must get home! How could we stray like this?--
So far from home, we know not where it is,--
Only in some fair, apple-blossomy place
Of children's faces--and the mother's face--
We dimly dream it, till the vision clears
Even in the eyes of fancy, glad with tears.

We must get home--for we have been away
So long, it seems forever and a day!
And O so very homesick we have grown,
The laughter of the world is like a moan
In our tired hearing, and its song as vain,--
We must get home--we must get home again!

We must get home! With heart and soul we yearn
To find the long-lost pathway, and return!...
The child's shout lifted from the questing band
Of old folk, faring weary, hand in hand,
But faces brightening, as if clouds at last
Were showering sunshine on us as we passed.

We must get home: It hurts so staying here,
Where fond hearts must be wept out tear by tear,
And where to wear wet lashes means, at best,
When most our lack, the least our hope of rest--
When most our need of joy, the more our pain--
We must get home--we must get home again!

We must get home--home to the simple things--
The morning-glories twirling up the strings
And bugling color, as they blared in blue-
And-white o'er garden-gates we scampered through;
The long grape-arbor, with its under-shade
Blue as the green and purple overlaid.

We must get home: All is so quiet there:
The touch of loving hands on brow and hair--
Dim rooms, wherein the sunshine is made mild--
The lost love of the mother and the child
Restored in restful lullabies of rain,--
We must get home--we must get home again!

The rows of sweetcorn and the China beans
Beyond the lettuce-beds where, towering, leans
The giant sunflower in barbaric pride
Guarding the barn-door and the lane outside;
The honeysuckles, midst the hollyhocks,
That clamber almost to the martin-box.

We must get home, where, as we nod and drowse,
Time humors us and tiptoes through the house,
And loves us best when sleeping baby-wise,
With dreams--not tear-drops--brimming our clenched eyes,--
Pure dreams that know nor taint nor earthly stain--
We must get home--we must get home again!

We must get home! The willow-whistle's call
Trills crisp and liquid as the waterfall--
Mocking the trillers in the cherry-trees
And making discord of such rhymes as these,
That know nor lilt nor cadence but the birds
First warbled--then all poets afterwards.

We must get home; and, unremembering there
All gain of all ambition otherwhere,
Rest--from the feverish victory, and the crown
Of conquest whose waste glory weighs us down.--
Fame's fairest gifts we toss back with disdain--
We must get home--we must get home again!

We must get home again--we must--we must!--
(Our rainy faces pelted in the dust)
Creep back from the vain quest through endless strife
To find not anywhere in all of life
A happier happiness than blest us then ...
We must get home--we must get home again!
***

No puedo decir, y no diré
que él ha muerto, sólo está lejos.
Con una alegre sonrisa, y una señal de la mano,
se ha aventurado en una tierra desconocida.
Y nos deja soñando cuán justas
sus necesidades deben ser, puesto que permanecen ahí.
Y tú, oh, tú, que anhelas con intensidad
la pisada de los viejos tiempos y el alegre regreso.
piensa en él gozando,
tan querido en el amor de ahí como el amor de aquí;
piensa en él igual que siempre, yo digo:
no está muerto, ¡sólo está lejos!
***

Una vez en un sueño, vi a un hombre
Con la cara desmejorada y el pelo enredado
y los ojos que crecieron con un cuidado salvaje
El hambre  demacrada siempre puede;
en su mano tener una varita
cuyo toque mágico da la vida y el pensamiento
hasta una forma forjada de su fantasía
y vestida con coloración tan grandiosa
que parecía el reflejo de algún niño
del cielo, justo e indefinido-
una cara de la pureza y el amor-
para atraerlo a él a los mundos anteriores:
y mientras lo miraba con los ojos deslumbrados,
una sonrisa brillante iluminó los labios
con su alma radiante desde su eclipse
fue intermitente hacia el Paraíso.
Luego, la tardía fama entró por la puerta
Y se encontró una imagen, nada más.
*
Once in a dream, I saw a man
With haggard face and tangled hair
and eyes that nursed as wild a care
As gaunt Starvation ever can;
and in his hand he held a wand
whose magic touch gave life and thought
unto a form his fancy wrought
and robed with coloring so grand
it seemed the reflex of some child
of heaven, fair and undefiled–
a face of purity and love–
to woo him into worlds above:
and as I gazed with dazzled eyes,
a gleaming smile lit up his lips
as his bright soul from its eclipse
went flashing into Paradise.
Then tardy Fame came through the door
And found a picture–nothing more.
**
Desolación

Déjame llorar contigo,
Déjame, te ruego,
A mí, a quien la muerte
No ha quitado hijo,
Porque nunca lo he tenido;
Déjame llorar contigo
Por el pequeño de cuyo amor yo nada sé.
¡Ah! los bracitos que
Con divina ternura
Te rodeaban el cuello…
Y las manitas aquellas que besabas…
Todo eso yo… nunca conocí.
¿No ves, acaso,
Mi razón para llorar por ti?
Con gusto haría lo que posible fuera
Para darte consuelo y mitigar tu pena.
Mas, ¡ay! cuánto mayor
El dolor que mi alma anida,
Que ni siquiera llorar puedo

Por el hijo al que nunca he dado vida. (Poetical works…, N.Y. Grosset & Dunlap, 1937)
Versiones sin datos.

domingo, 16 de abril de 2017

¡Deprisa, llora, ahora!

ROBERT BLY
(Condado de Lac qui Parle, Minnesota, EE.UU., 1926)

Llamada y respuesta

Dime por qué no levantamos nuestras voces estos días
y lloramos sobre lo que está pasando. ¿Has notado
que los planes ya están hechos para Iraq y que la capa de hielo está derritiéndose?

Me digo: "Vamos, llora. ¿Qué sentido tiene
ser adulto y no tener voz? ¡Llora fuerte!
¡Verás quién te responde! Esto es llamada y respuesta.
Tenemos que clamar especialmente fuerte para alcanzar
a nuestros ángeles, quienes difícilmente nos escuchan; se esconden
en las jarras del silencio llenadas durante nuestras guerras.

¿Hemos estado de acuerdo con tantas guerras que no podemos escapar
del silencio? Si no levantamos nuestras voces, les permitiremos
a otros (que somos nosotros) robar nuestra casa.

¿Cómo es que hemos escuchado a los grandes pregoneros —Neruda,
Ajmátova, Thoreau, Frederick Douglass— y ahora estamos silenciosos
como gorriones en los pequeños arbustos?

Algunos maestros dicen que nuestra vida pasa en siete días.
¿En qué día de la semana estamos? ¿Ya es jueves?
¡Deprisa, llora, ahora! Pronto llegará la noche del domingo.
**
Noche

I

Si pienso en un caballo vagando desvelado
toda la noche sobre esta hierba corta cubierto por la luz de la luna
siento una dicha, como si yo hubiera pensado
en un barco pirata arando a través de flores oscuras.

II

Los saúcos alrededor de nosotros están llenos de dicha,
obedeciendo lo que está debajo de ellos.
Las lilas están durmiendo, y las plantas están durmiendo;
hasta la Madera hecha ataúd está dormida.

III

La mariposa lleva marga en sus alas;
El sapo sostiene pedacitos de granito en su piel.
Las hojas en la corona del árbol están dormidas
como los pedacitos oscuros de la tierra en su raíz.

IV

Vivos, somos como un escarabajo de agua liso y negro
patinando a través del agua quieta en cualquier dirección que
escojamos, y de repente somos tragados por debajo.

Traducciones de Estrella del Valle-Seidman y Anthony Seidman

**
EL GATO EN LA COCINA (a Donald Hall)
¿Habéis oído hablar del chico que caminó junto
a las aguas negras? No voy a decir mucho más.
Esperemos a que pasen unos años. Querían ser aceptadas.
A veces un hombre camina junto a un estanque y una mano
surge de éste y tira de él hacia abajo.
Digamos
que no fue intencionado. El estanque estaba solo, o necesitaba
calcio, los huesos podían dárselo. ¿Qué ocurrió entonces?
Fue un poco como el viento nocturno, que es suave
y se mueve lentamente, susurrando igual que una anciana
que en su cocina, tarde por la noche, cambia cacerolas
de lugar, enciende el fuego, prepara un poco de comida para el gato.

Versión y cortesía de Jonio González.

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char