sábado, 21 de octubre de 2017

La silla estaba ahí, antes de van Gogh y a disposición de cualquiera

Abelardo Castillo 
(Ciudad de Buenos Aires, 27 de marzo de 1935-2 de mayo de 2017)​



De sus Diarios

[s/f]

El que no consigue ver un prójimo en el otro abjura de su propia condición humana y no le queda más que buscar en su […] las razones que justifiquen su existencia. No se da cuenta de que cualquiera, ese loco o aquel pervertido, ese gran hombre o aquella puta le están develando una imagen que también es la suya. Entonces acaba por donde debió empezar: de cara a un espejo. Más o menos como aquel filósofo que hizo abstracción de todo y por fin tropezó con él mismo y descubrió que era algo. Sólo que si se termina allí, siendo escritor, es el infierno. Quedarse solo con uno mismo: qué fabulosa capacidad de autovejación se necesitaría. No hay tribunal más lúcido ni más empecinado en condenar que nuestra propia conciencia.

agosto 25

Sobre los cerros, atardece. Todo es borravino. Recortado contra el atardecer, un hombre a caballo. Y, sin embargo, no está de más. Deja de ser un hombre; es una forma.

Miento a menudo.

Miento a menudo; y sin objeto, a veces. Por hablar, por inventar. Pero son mentiras de bajo vuelo. Ejemplo: la chica pobre que dice, afectando importancia: “El coche de papá”. No así, exactamente, pero de ese tipo el ingenio desplegado.

Mi letra ha vuelto a cambiar hace unos días.

De nuevo esa sensación que trato de describir en la carta. Ahora pensé: “Voy a Sierras Bayas”, y me invadió súbitamente una alegría inexplicable, como si fuera sorprendente, bellísimo, ir a Sierras Bayas.

Un juguete. Cuando chico, después de Reyes, me despertaba recordando que desde la noche anterior era dueño del juguete esperado tanto tiempo. Y era una alegría llena de asombro, como ahora, cuando me di cuenta de que ir a Sierras Bayas era hermoso.


Hojas sueltas, 1954-1955

3- Desde que Flaubert emitió aquella distraída metáfora ("tan torpe, y patética y expiatoria", como dice Andrés Rivera) acerca de que Madame Bovary era él, tenemos tendencia a creer que nuestros personajes somos nosotros mismos, disfrazados de señoritas, de criminales, de buzos. Supongamos que Beethoven hubiera confesado: "Yo soy el segundo movimiento de la sonata opus 101", ¡quién le iba a creer!. O el arquitecto Niemeyer: "Yo soy Brasilia". Ibse, a quien íntimamente quiero mucho, dijo también otra bastante gruesa: los personajes salen del corazón. En primer lugar, hay tres tipos de historias literarias. La novela, el cuento, el teatro. Yo he escrito las tres y he descubierto que los personajes de las tres son esencialmente distintos y no salen de ninguna parte: ya están allí, en la historia, y a veces ni siquiera están. Un cuentista (Poe, Buzzati, Borges) puede crear toda una literatura sin inventar un solo personaje recordable, incluso lo ha hecho un novelista como Kafka. Es como preguntarse de dónde salen las cafeteras y los tomates de una naturaleza muerta. El origen de la silla de van Gogh parece más difícil de entender que el príncipe Hamlet; en el fondo es lo mismo. La silla estaba ahí, antes de van Gogh y a disposición de cualquiera. Uno podía sentarse en ella o pintarla. Un día llovió, van Gogh no pudo ir a trotar al campo y pintó la silla. Los personajes de ficción están en la calle, en la memoria, en los libros ajenos, en una historia que nos cuentan. Son hipótesis de una variedad de seres reales (incluido uno mismo), armados con el carácter de aquel señor, las orejas de este otro, el modo de caminar de un tío y, sobre todo, armados con palabras. Si se tiene suerte, esas palabras y esos retazos articulan a don Quijote y Sancho, a la señorita Verdurin, a Martín Fierro. Lo mejor, creo yo, es que los personajes no se parezcan demasiado a una persona en particular, y mucho menos al autor, un buen novelista o un buen dramaturgo siempre están muy por debajo de la gente que inventan. Por eso es tan decepcionante conocer a ciertos escritores famosos. ...Lo único que sé sobre este tema misterioso es que el escritor puede decir impunemente una frase como "Madame Bovary soy yo", pero habría sido lamentable que, en algún momento de la novela, Emma hubiera declarado: "Yo soy Gustavo Flaubert". Un buen personaje sabe que tiene la obligación de comportarse con decoro.
   
Diario el Imparcial / San Pedro 2/04/2013

19- El argentino no se ríe de contento, se ríe por instinto de conservación. Si dejara de tomarse la realidad en broma sería un perfecto amargado, cosa que suele pasarle en cuanto se descuida un poco.

Diarios (1954-1991). Alfaguara, 2014.

viernes, 20 de octubre de 2017

Y te das cuenta de que las palabras que elegiste no eran las palabras correctas

Mark Strand

(Canadá, 1934-2014)



Hermética melancolía

Digamos que la noche ha llegado y que el viento ha amainado y los árboles verdeazulados se han tornado grises y las montañas de hielo, repulidas bajo el cicatrizado rostro de la luna, son como fantasmas, inmóviles en la distancia, y la débil luz de la luna entra a raudales en el cuarto donde estás sentado a la mesa, con la vista fija en un vaso de whisky, y donde has permanecido tanto que la noche, tan quieta, tan desolada, se ha convertido no sólo en tu día sino en tu vida entera; y digamos que mientras sigues ahí, el sol, el actual sol, se ha elevado, y se te ocurre que lo que hiciste de la noche era sólo una posibilidad, una indolora, enrarecida forma de desconcierto que pudiera guiar, si continuara, a una conclusión no deseada, y te das cuenta que las palabras que elegiste no eran las palabras correctas– tú nunca fuiste la persona que sugerían que eras; digamos ahora que hay una pistola cargada  en la casa y tú juegas con la idea de usarla y dices, “Vamos, date un tiro,” pero aquí, también, las palabras no son correctas, así que, como lo haces a menudo, las corriges antes de que sea demasiado tarde.
**
Sin palabras para describirlo

¿Cómo quemaron esos fuegos lo que ya no es, cómo se puso peor el clima, cómo la sombra de la gaviota sin rastro se desvaneció. Era el final de una estación, el de una vida? ¿Fue hace tanto que parece que podría no haber sido nunca? ¿Qué es ello en nosotros que vivimos en el pasado y anhelamos el futuro, o vivimos en el futuro y anhelamos el pasado? ¿Y qué importa cuando la luz penetra en la habitación donde un niño duerme y la alertada madre, al abrir sus ojos, desea más que nada ser no despierta a lo que no puede nombrar?
**
Hunde tu rostro en tus manos 

Porque hemos cruzado el río y el viento sólo ofrece un remolino entumecido de frío y nos hemos adaptado mansamente, sin esperar ya nada más que lo que  nos ha sido dado, sin preguntar cómo es que hemos llegado a este lugar, no nos importa que nada haya resultado como esperábamos. No hay manera de dispersar la niebla en la que vivimos, ni hay manera de saber que hemos aguantado un día más. La silenciosa nieve del pensamiento se derrite antes de que pueda cuajar. Nadie tiene idea de dónde estamos. Las puertas a ninguna parte se multiplican y el presente queda tan lejos, tan profundamente lejos.

Traducción de René Higuera
**
Agotamiento al atardecer

El corazón vacío regresa a casa después de un atareado día en la oficina. Y qué va a hacer un corazón vacío sino vaciarse de vaciedad. Borrar lo imborrable requiere un esfuerzo mental, el empleo inútil de facultades ya sobrecargadas. Pobre corazón vacío, envejecido antes de tiempo, cómo se esfuerza por hacer lo que la mente le dice que haga. Pero el esfuerzo acaba en nada. El corazón vacío no puede hacer lo que la mente le ordena. Se sienta en la oscuridad, sueña despierto y el vacío crece.
**
Armonía en el boudoir

Después de varios años de matrimonio, él se pone al pie de la cama y le dice a su esposa que jamás le conocerá, que en todo lo que dice hay más que no dice, que detrás de cada palabra que pronuncia hay otra palabra, y cientos más detrás de esa. Todas esas palabras impronunciadas, le dice, encierran su verdadero ser, que ha sido traicionado por el ser superficial que está delante de ella. “Así que ya lo ves”, le dice, quitándose las zapatillas de casa, “soy más de lo que te he hecho creer que soy”. “Ah, tonto”, le dice su esposa, “claro que lo eres. Resulta que solo pensar que tengas tantas personalidades perdiéndose en la nada es muy emocionante. Nada puede agradarme más que existas tal cual eres”.

Traducción de Julio Trujillo
De Casi invisible, Visor, 2000.

jueves, 19 de octubre de 2017

Qué ley, pues, mover pudo al mal jurista

Francisco de Quevedo

(Madrid, 1580-Villanueva de los Infantes, España, 1645)

A una dama bizca y hermosa

Si a una parte miraran solamente 
vuestros ojos, ¿cuál parte no abrasaran? 
Y si a diversas partes no miraran, 
se helaran el ocaso o el Oriente. 

El mirar zambo y zurdo es delincuente; 
vuestras luces izquierdas lo declaran, 
pues con mira engañosa nos disparan 
facinorosa luz, dulce y ardiente. 

Lo que no miran ven, y son despojos 
suyos cuantos los ven, y su conquista 
da a l'alma tantos premios como enojos. 

¿Qué ley, pues, mover pudo al mal jurista 
a que, siendo monarcas los dos ojos, 
los llamase vizcondes de la vista?

miércoles, 18 de octubre de 2017

¡Las rosas están igual que siempre!

Li Qinzhao

(China. Dinastía Song. Siglo XI)

ORGULLO DE LOS PESCADORES

dentro de la nieve
la primavera anuncia su venida:
una flor de ciruelo asoma
entre heladas ramitas de marmol

y su rostro perfumado
a medio abrir
purísimo

como si después del baño
una mujer muy bella
entrara en el jardín
con su vestido nuevo

la Gran Naturaleza
quizás ha puesto en ella todo su deseo
para que la luz brillante de la luna
luzca más aún

¡veamos tú y yo
cómo se deslizan hasta el fondo de la copa
los pozos verdes del vino delicioso!

¡y no digamos no a la ebriedad

porque esta flor
es única y sin igual entre las flores!
**
Como en sueños
      (Ru Meng Ling)
I
anoche
cayó una lluvia fina
sopló fuerte el viento

He tenido un sueño tan pesado
que aún no ha disipado mi ebriedad

pregunto a la doncella que levanta los estores

me contesta:
«¿las rosas?…
¡las rosas están igual que siempre!»

¡igual que siempre!
pero ¿qué sabrá?
¿qué puede saber?

¡sus pétalos deben estar de un rojo imperceptible
y sus hojas
de un verde esplendoroso!
**
Confiar el secreto de mi corazón

Al llegar la noche
un poco embriagada
tardé en quitarme los aderezos de mi peinado

la flor del ciruelo
se había marchitado
en mis desordenados cabellos

el sopor del vino
traspasaba mi sueño de primavera
ese sueño que se alejaba
para no regresar

silencio de los hombres dormidos
lentitud de la luna que se pierde
tras la cortina de color esmeralda

entre mis dedos
enrollaba pétalos marchitos

así
se desprendían
sus últimos perfumes

así
se alargaba un poco más
el tiempo
**
LA PRIMAVERA DE WULING

viento detenido
polvareda de perfumes
flores últimas

se hace tarde en la noche

¡estoy tan cansada
que no puedo ni cepillarme el pelo!

las cosas permanecen
los hombres no
todo en su final se acaba

quisiera hablar
pero mis lágrimas se precipitan

dicen que en Shuangxi
la primavera es aún hermosa

podría navegar allí
en una barca ligera

pero quizá esta sea tan pequeña tan frágil
que no pueda soportar el peso
de tanta melancolía.

Trad. de Pilar González España.

martes, 17 de octubre de 2017

Palomas que volaban sin sentido, como niños

LUIS ROGELIO NOGUERAS

(Cuba, 1944–1985)

Ama al cisne salvaje

No intentes posar tus manos sobre su inocente
cuello (hasta la más suave caricia le parecería el
brutal manejo del verdugo).
No intentes susurrarle tu amor o tus penas
(tu voz lo asustaría como un trueno en mitad de la noche).
No remuevas el agua de la laguna no respires.
Para ser tuyo tendría que morir.

Confórmate con su

salvaje lejanía
con su ajena belleza
(si vuelve la cabeza escóndete en la hierba).
No rompas el hechizo de esta tarde de verano.
Trágate tu amor imposible.
Ámalo libre.
Ama el modo en que ignora que tú existes.
Ama al cisne

salvaje.
**
El entierro del poeta

A Víctor Casaus

Dijo de los enterradores cosas francamente
impublicables.
Blasfemaba como un condenado
y a sus pies un par de águilas lloraban pensando
en las derrotas.
En el entierro estaba Lautréamont,
yo lo vi desde mi puesto en la cola:
dejaba el sombrero al borde de la tumba
y cantaba algo triste y oscuro
(lloraba honradamente, ya lo creo, y los
caballos devoraban higos en silencio).
Hubo discursos,
sonrisitas de Rimbaud junto a la cruz,
paraguas abiertos a la lluvia como
a él le hubiera gustado.
Hubo más:
hubo viernes y
canciones funerarias,
palomas que volaban sin sentido, como niños,
versos oscuros,
la hermosa voz de Aragón,
suicidios deportivos de Georgette y nunca más
y hasta siempre.
A la hora más triste del asunto
no quería bajar porque decía que allí estaba
oscuro.
Pero estaba muerto y hubo que bajarlo.
Los sombreros abandonaron las cabezas,
se alzaron copas, adioses, letreros de nunca te
olvidamos.
(Un joven poeta a mi derecha le mesaba las
rodillas a la muerte).
Lo bajaron.
Se aplaudió en forma delirante;
la gente corría como loca asumiendo lo grave
del momento.
Lo bajaban.
Las mujeres lloraban en silencio
porque bajaban las águilas, los sueños, países
enteros a la tierra.
Se intentó una última sentencia:
Nerval se acercó con una tiza y escribió con
letra temblorosa:
Su cadáver estaba lleno de mundo.
Desde el fondo, Vallejo sonreía sin descanso
pensando en el futuro,
mientras una piedra inmensa le tapaba el
corazón y los papeles.

lunes, 16 de octubre de 2017

Campanillas azules en la mano

Olvido García Valdés
(Santianes de Pravia, Asturias, España, 1950)




***

Acedía, cólera, puntas
del boomerang, de un ataque
que regresa a la carne, bajo
la uña a roer. Un sueño en contrapunto
propone otra sustancia,
desalojo de lo airado o inerme.
En el sueño se hallaba
y era yo no expresamente, no civilmente
línea negra, margen, y entonces
cálido colorcillo de alegría
sabrosa, luz del ojo. El poema iba
allí, adonde sin querer
llega dulzura, aporta
fuga o arrebato, humor amansa.
**
El rey Cophetua y la muchacha mendiga
                                                        Burne-Jones

Ella tiene los pies como Marilyn Monroe
y una tierna
indefensión en los hombros.
Están en una sala y la ventana
descorre sus cortinas a un atardecer
boscoso,
pero es como si fuera
una esfera
de cristal. No se miran.
Él la mira a ella. Ella a lo lejos.
Hace ya mucho tiempo que él la había soñado
como un aire
de cigüeñas, una luz,
y ahora estaba allí.
Tantas vidas que no parecen ciertas
en una sola vida.
Campanillas azules en la mano.
Él sabe que se irá. No hablan
y el momento está lleno de voz,
voz acunada, lejana.
El amor es una enfermedad,
campanillas azules. Siempre en ti,
como en el sueño, volviendo
siempre en ti. Tan incierta
la luz. Como en el sueño.
**

entre el corazón y la tela
que envuelve el corazón
en el sueño profundo
sin imagen ni sueños
amodorraditos en aquel rinconcito

(protéjame esto, proteja esto a quien lo expone)

domingo, 15 de octubre de 2017

Quizá Dios no tiene tiempo

NATALIA GINZBURG

(Italia, 1916-1991)

Mi oficio
(Fragmentos)
Mi oficio es escribir, y yo lo conozco bien y desde hace mucho tiempo. Confío en que no se me entenderá mal: no sé nada sobre el valor de lo que puedo escribir. Sé que escribir es mi oficio. Cuando me pongo a escribir me siento extraordinariamente a gusto y me muevo en un elemento que me parece conocer extraordinariamente bien: utilizo instrumentos que me son conocidos y familiares y los siento bien firmes en mis manos. Si hago cualquier cosa, si estudio una lengua extranjera, si intento aprender historia, o geografía, o taquigrafía, o si pruebo a hablar en público, o a hacer punto, o a viajar, sufro y me pregunto continuamente cómo hacen los otros estas mismas cosas, me parece siempre que debe haber una forma buena de hacer estas mismas cosas que los demás conocen y es desconocida para mí. Y me parece que soy sorda y ciega, y siento como una náusea en el fondo de mí. Cuando escribo, por el contrario, no pienso nunca que quizá hay una forma mejor de la que se sirven los otros escritores. Entendámonos: yo sólo puedo escribir historias. Si intento escribir un ensayo de crítica o un artículo para un periódico, de encargo, me va bastante mal. Lo que entonces escribo lo tengo que buscar fatigosamente como fuera de mí. Puedo hacerlo un poco mejor que estudiar una lengua extranjera o hablar en público, pero sólo un poco mejor. Y tengo siempre la sensación de estafar al prójimo con palabras que tomo prestadas o que robo aquí y allá. Y sufro y me siento exiliada. 
(...)
 Hay un peligro en el dolor, así como hay un peligro en la felicidad, respecto de las cosas que escribimos. Porque la belleza poética es un conjunto de crueldad, de soberbia, de ironía, de ternura carnal, de fantasía y de memoria, de claridad y de oscuridad, y si no logramos obtener todo este conjunto, nuestro resultado es pobre, precario y escasamente vital.
(...)
Cuando escribo algo, en general pienso que es muy importante y que yo soy un gran escritor. Creo que les pasa a todos. Pero hay un rincón de mi espíritu en el que sé muy bien y siempre lo que soy, es decir, un pequeño, pequeño escritor. Juro que lo sé. Pero no me importa mucho. Sólo que no quiero pensar en nombres: he comprobado que si me pregunto: «un pequeño escritor, ¿como quién?», me entristece pensar en nombres de otros pequeños escritores. Prefiero creer que ninguno ha sido jamás como yo, por muy pequeño escritor que yo sea, aunque sea una pulga o un mosquito entre los escritores.
(...) Y hay el peligro de estafar con palabras que no existen verdaderamente en nosotros, que hemos encontrado aquí y allá, al azar, fuera de nosotros y que reunimos con habilidad porque hemos llegado a ser bastante vivos. Hay el peligro de ser demasiado vivos y estafar. Es un oficio bastante difícil, ya lo veis, pero es el más bonito que existe en el mundo. Los días y las cosas de nuestra vida, los días y las cosas de la vida de los demás a que nosotros asistimos, lecturas, imágenes, pensamientos y conversaciones: se alimenta de todo esto y crece en nuestro interior. Es un oficio que se nutre también de cosas horribles, come lo mejor y lo peor de nuestra vida, a su sangre afluyen lo mismo nuestros sentimientos buenos que los malos. Se nutre de nosotros y crece en nosotros.

Tomado de mondoescrito.com
**
MEMORIA

La gente va y viene por las calles,
hace sus compras, camina a sus asuntos
con los rostros vulgares y felices,
con el grato bullicio de costumbre.
Levantaste el lienzo para mirar su rostro,
te inclinaste a besarlo con el gesto de siempre.
Y era el rostro de siempre, pero era la última vez,
quizá tan solo un poco más cansado.
Su ropa también era la de siempre.
Y los zapatos eran los de siempre. Y las manos
eran las manos que partían el pan,
vertían el vino y la alegría.
Todavía hoy cada minuto que pasa
vuelves a levantar el lienzo,
a mirar su rostro por última vez.
Si caminas por las calles, no hay nadie junto a ti.
Si tienes miedo, nadie te coje la mano.
Y no es tuya la calle, no es tuya la ciudad
alegre y confiada y de los otros,
de los hombres que van y vienen
comprando el pan, la fruta y el periódico.
Puedes asomarte a la ventana
contemplar en silencio el oscuro jardín:
nadie vendrá a tu lado,
nadie te dará fuerzas para entrar en la noche.
Antes cuando llorabas había una voz serena,
antes cuando reías alguien reía contigo.
Pero una puerta se ha cerrado para siempre,
para siempre se ha apagado un fuego,
tu juventud es ya una casa vacía
para siempre.

Traducción de José Luis García Martín
**
No podemos saberlo

No podemos saberlo. Nadie lo ha dicho.
Quizás allá no quede más que una red desfondada, 
cuatro sillas de paja desflecadas y una galleta vieja
mordida de ratones. Es posible que Dios sea un ratón
y que corra a esconderse tan pronto nos vea entrar.
Y es posible que en cambio sea esa galleta vieja
mordisqueada y mohosa. No podemos saber.

Quizá Dios tiene miedo de nosotros y escape, y largamente
deberemos llamarlo y llamarlo con los nombres más dulces
para inducirlo a volver. Desde un punto lejano del cuarto
él nos mirará fijo, inmóvil.

Quizá Dios es pequeño como un grano de polvo,
y podremos verlo solamente al microscopio,
minúscula sombra azul detrás del cristalito, minúscula
ala negra perdida en la noche del microscopio,
y nosotros allí en pie, mudos, contemplándolo, en vilo.
Quizá Dios es grande como el mar, y lanza espuma y truena.

Quizá Dios es frío como el viento de invierno,
tal vez brama y retumba en un rumor que ensordece,
y deberemos llevar las manos a los oídos,
y agachados, temblando, replegarnos al suelo.
No podemos saber cómo es Dios. Y de todas las cosas
que quisiéramos saber, esta es la única verdaderamente esencial.

Quizá Dios es tedioso, tedioso como la lluvia
y aquel paraíso suyo es un tedio mortal.

Quizá Dios tiene anteojos negros, un echarpe de seda,
dos mastines a los flancos. Quizás use polainas
y está sentado en un rincón y no dice palabra.
Quizá tiene el pelo teñido, una radio a transistores
y se broncea las piernas en la terraza de un rascacielos.
No podemos saber. Ninguno sabe nada.
Quizá no bien lleguemos nos mandará al espacio
a comprarle pan, salame y una damajuana de vino.

Quizá Dios es tedioso, tedioso como la lluvia
y aquel paraíso suyo es la consabida música
un revolar de velos, de plumas, y de nubes
y un aroma de lirios y un tedio de muerte,
y cada tanto una media palabra para pasar el tiempo.
Quizá Dios es dos, una réplica de esposos
librados al sopor de una mesa de hotel.

Quizá Dios no tiene tiempo. Dirá que nos vayamos
y volvamos más tarde. Nosotros nos iremos de paseo,
nos sentaremos sobre un banco a contar trenes que pasan,
las hormigas, los pájaros, las naves. De aquella alta ventana
Dios se asomará a mirar las calles y la noche.

No podemos saber. Nadie lo sabe.
Es posible incluso que Dios tenga hambre y nos toque saciarlo,
quizás muere de hambre, y tiene frío, y tiembla de fiebre,
bajo una manta sucia, infestada de pulgas
y deberemos correr en busca de leche y de leña,
y telefonear a un médico, y quién sabe si a tiempo
encontraremos un teléfono, y la guía, y el número 
en la noche demente, quién sabe si tenderemos suficiente dinero.

Trad. Leopoldo Brizuela.

sábado, 14 de octubre de 2017

Los ojos aun mojados de barro celeste

ELSA MORANTE

(Roma, Italia, 1912-id., 1985)

"El amor por mi madre era algo sagrado y denigrante al mismo tiempo, semejante al sentimiento de un salvaje ante una aparición mágica. Para mí, su grandeza era tal que no me habría sorprendido verla sentada en un trono. Ni siquiera se me pasaba por la cabeza pensar que las señoras y las damas de más categoría, entre las cuales yo la habría considerado reina, pudiesen darle de lado o despreciarla (…) Su brusca y seca severidad me tenían en un estado de perpetua sumisión y angustia. Pero lo raro es que este sentimiento no me resultaba odioso; todo lo contrario, anhelaba continuamente la compañía de mi tirana. La verdad es que, cuando el corazón me latía fuerte, no era solo por miedo; sentía un incurable deseo de conquistar su cariño, qué digo, incluso su admiración.”

(De Mentira y sortilegio, Lumen).
**
La comedia química 
9

Y así me vuelvo chica. Reconozco
la boca saliente y el color huraño
los ojos aun mojados de barro celeste
la imposibilidad de llorar
el tierno puño animal que no deja la presa
la alegría del pecho desnudo bajo el delantal de la escuela
el muslo incontaminado por el fuego de julio
el vientre incestuoso e infantil.
Para la ambigua visitación
el cuerpo de amor está listo.

 Y la oración de la espera será lavada
silabeada en las procesiones suburbanas.
La bárbara plaga virginal mezclará sus artífices
con las infecciones del barrio humillado
Lloraba siempre que dormía sola ...
Las mandolinas
serán masacradas en el grand-guignol trivial
de las revoluciones, las hierbas asesinas y el hambre,
cuando una medianoche, entre adorables blasfemias,
la estrella en forma de cometa se desprenderá
del carro de Bootes.

¡Oh adolescentes, bufones de Dios!
Incluso las galas piratescas de la prostitución
serán el domingo pueriles.

Versión de Gabriel Martino (tomada de su blog)

viernes, 13 de octubre de 2017

Te he permutado, amor, por palabras

Otras versiones y otros poemas de

CRISTINA CAMPO
Seudónimo de Vittoria Guerrini (Bolonia, Italia, 1923-Roma, id., 1977)

Devota como una rama
Curvada de muchos nervios
Alegre como fogata
Por colinas de olvido.
Si agudísimas espigas
En blanca malla de ortigas
Te enseñaré, mi alma,
Este pasaje de adiós.

Versión de Angel Faretta
***
Paso de adiós

For year’s words belong to last year’s language 
and next year’s words await another voice.
T.S. Eliot

Se doblan los blancos vestidos de verano
y tú desciendes al reloj de sol,
suave octubre, y a los nidos.

Tiembla el último canto en la azotea
donde era sol la sombra y sombra el sol,
entre los afanes sosegados.

Y mientras, tibia, se rezaga la rosa
la amarga baya destila ya el sabor
de sonrientes adioses.

Traducción de Clara Janés.
***
Nobilísimos hieráticos

Nobilísimos hieráticos
gracias por el silencio,
la privación, la santa
gnosis de la distancia,
el ayuno de los ojos, el veto de los velos,
la negra cuerdita que anuda a los cielos
con ciento cincuenta veces siete de nudos de seda
cada temblor del pulso,
el augusto canon del amor inconmovible,
la danza divina de la reserva:
incendio imperial que enciende
como en Teófano el griego y en Andrés Diácono,
los miles Tabor de oro de vuestras cúpulas,
abre ojos en el corazón de las azulísimas explanadas,
reviste los torreones de Sangre…
Que la proximidad extingue
como lluvia de cenizas.

Versión de Ángel Faretta
**
Cristina Campo, seudónimo de Vittoria Guerrini (Bolonia 1923-Roma 1977). Este poema fue publicado en Conoscenza Religiosa, I, 1977, p.97, dirigida por Elémire Zolla, pocos días antes de la muerte de la autora
Versión de Ángel Faretta
Nota del traductor:
Quien firmara Cristina Campo fue una escritora italiana, muy religiosa, confinada en buen parte de su vida por una enfermedad; que tradujera a Simone Weil al italiano y que diera a conocer su obra. Se relacionó con el pensador también más que confidencial y esquivo, Andrea Emo, con quien mantuvo una extensa correspondencia. Férrea opositora a las modificaciones cultuales introducidas por el así llamado “concilio vaticano segundo”, y compañera vital e intelectual de Elémire Zolla en sus últimos años se inclinó, como en este poema, por la liturgia bizantina como más fiel al ritual católico.
Desde hace unos años se ha vuelto “escritora de culto”; pero ella no tiene la culpa. Su compañero Elémire Zolla ha dicho (2002) que en vida, y tras los años del ‘68 en adelante, nadie le tocaba el timbre, y que tras su muerte fue silenciada por toda la prensa llamada “cultural”. Una excepción, Roberto Calasso que escribiera su necrológica para el Corriere della Sera.


Ver Lo imperdonable, Selecciones de Amadeo Mandarino, 2006
***

Amor, hoy tu nombre
escapó de mis labios
como del pie el último peldaño...
Derramada está ahora el agua de la vida
y la larga escalera habrá
que subir otra vez.

Te he permutado, amor, por palabras.

Oscura miel aún fragante
en los diáfanos vasos
bajo mil seiscientos años de lava—

Te reconoceré por el inmortal
silencio.

Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán
***

Flotaba la nieve entre la noche y las calles
como el destino entre la mano y la flor.


En un dilecto y dulce son
de campanas llegaste...
Como una vara ha florecido la vejez de estas escalas.
¡Oh tierna tempestad
nocturna, rostro humano!

(Toda la vida está ahora en mi mirada,
estrella sobre ti, sobre el mundo que vuelve a cerrar tu paso.)

Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán

jueves, 12 de octubre de 2017

Las bacterias no tienen idea de la fonética inglesa

Stanisław Lem

(Lvov, Polonia, 1921-Cracovia, 2007)

“En estos libros he intentando imitar diferentes estilos: las reseñas, los prólogos, los elocuentes discursos de agradecimiento (como aquellos que reciben el Nobel) y similares. Todos ellos son como ‘cajas’ que apiladas unas sobre otras me permiten subir al primer piso, que es donde comienza el Golem.” S. Lem
***
De cómo realizar pornografía con rayos X.

De cómo los ordenadores son capaces de escribir obras literarias de alto nivel.

De cómo un científico consigue que ciertas bacterias se comuniquen con el hombre en código Morse, incluso adivinando el futuro (quizás el más entretenido de los cuatro).

De cómo es posible realizar y vender una enciclopedia en la cual se pueden encontrar no sólo aspectos e historias pasadas, sino futuras (y con una probabilidad de éxito de más del 99%).

Yo te engañaré y tú me lo agradecerás; yo te haré una promesa solemne, sin pensar siquiera en cumplirla, y tú quedarás satisfecho, o por lo menos fingirás, con una maestría digna de la causa, que lo estás. Y a los lerdos que pretendan anatemizarnos a ambos, les dirás que se habían extraviado en el espíritu de nuestra época y caído en los vertederos de vetusteces escupidas por la Realidad que no tiene tiempo que perder.
***
¿No nos amenaza un diluvio informativo? ¿Y no consiste su monstruosidad en el hecho de que aplasta la belleza con lo bello y anula la verdad con lo verdadero? Y así es, en efecto, porque la voz de un millón de Shakespeares provocaría el mismo infernal estruendo que la de una manada de búfalos en la estepa (...) De la misma forma, una ingente cantidad de significados en conflicto traen al pensamiento no el honor, sino la perdición. Y ante tal fatalidad, ¿no será el Silencio la única salutaria Arca de la Alianza posible entre Creador y Lector, puesto que el primero gana en mérito absteniéndose de idear cualquier tema, y el segundo, aplaudiendo esa manifestación de renuncia? (...) Por tanto, mis prólogos son anuncios de unos pecados que no voy a cometer.
***
"Los cortos poemitas compuestos por el bacilus coli eran muy triviales y, además, no servían para ser recitados en voz alta, ya que, por razones obvias, las bacterias no tienen idea de la fonética inglesa. Debido a esto, sólo podían dominar la métrica del verso, pero no los principios del arte de rimar. La poesía bacteriana no producía nada mejor que dípticos como éste: "Agar agar is my love as were (1) stated above".
(1) Error debido a las bacterias.
***
 Las máquinas producen también neologismos en los llamados ejes semánticos; en esta clase de creación escogemos unos ejemplos fáciles de comprender sin consultar el diccionario:
(...)
"embrutido", fiambre en malas condiciones;
"alameta", finalista;
"piolencia", fanatismo religioso.
***
"VESTRAND BOOKS se sienten felices de poder ofrecerle a usted, señor(a), la suscripción a la
MÁS FUTURA 
Extelopedia que jamás se haya editado. (...) Las enciclopedias tradicionales, de uso universal desde hace dos siglos, entraron en una Grave Crisis en los años setenta debido al hecho de que las informaciones que contenían eran anticuadas ya en el momento de terminar de imprimirse."(...)
¿POR QUÉ ES TAN EXACTA?
¿Por qué puede usted tener una confianza tan absoluta en la presente edición? Porque para confeccionarla nos hemos servido (anticipándonos a todo el mundo) de dos Nuevos Métodos de Sondeo del Porvenir, el Método SUPLEXIVO y..."

De Magnitud Imaginaria. Impedimenta, Madrid, 2010.
Traducción de Jadwiga Maurizio

miércoles, 11 de octubre de 2017

A esta hora, quién sabe

Valeria Pariso 

(Muñíz, Buenos Aires, Argentina, 1970)

Hay cosas fáciles de contar.
Por ejemplo:
cuántas manzanas hay sobre la mesa.
Y más:
cuántas rojas, cuántas verdes.
Todo es sencillo mientras el sol 
no apunte a lo indecible
y proyecte sombras.
Yo no sé
si la sombra de una manzana cuenta como sombra
o la sombra de una manzana cuenta como manzana.
A esta hora, quién sabe
cuántas manzanas hay.
Cuántas rojas, cuántas verdes,
cuántas manzanas negras sobre la mesa.
Ah. Las manzanas negras.
La cosa se complica cuando hay sombras.
Yo caminé hasta apretar mi corazón.
Alguien dirá que esto no cuenta como muerte.

Tomado de su facebook.

martes, 10 de octubre de 2017

Un vocablo ocre, grueso, masculino

Carina Sedevich

(Santa Fe-Argentina, 1972. Reside en Córdoba, Argentina)

Para desear un silencio perfecto
basta escuchar una paloma en celo.-
***

AH, LOS POCOS GRILLOS del feliz febrero.
Escurren su azul entre las alas fibrosas.
Mi alma se pliega en fina filigrana:
un sobre traslúcido que guarda un tesoro.

Me vuelvo la hija de mi hermana en sus brazos.
Me vuelvo mi madre tendida en su cama
-y el agua de la cava donde nada su padre
y la planta oscura que crece en su cuadra

al borde de las vías, al fondo de la casa,
recogida de noche por abuelas dolientes.
La planta milagrosa que se denominaba
con un vocablo ocre, grueso, masculino.-

PRIMERA MAÑANA de diciembre.
Me detengo bajo un árbol y lo anoto:
Buen trabajo. Los seres que he querido
han podido alejarse de mí.
*** 
Canción para tener mi hija

1
Hija: algo tienen que ver las campanas con dios.
Los monjes azotan sus badajos en la torre más alta de la iglesia.
El aire se vuelve luminoso en el grito opaco del metal.
El cielo reverbera, más humano.

*

-Aquí, tu pobre madre, como el valle,
posee apenas dos vestidos.-

*

Hija: es el viento.
Mueve las flores amarillas.
Se entibia en esa incandescencia.
Los pájaros parece que sonrieran,
siguiéndolo.
Es el viento de la primavera.
Hoy me puse
ese perfume antiguo en las muñecas.
Extraño el tiempo de las cosas nuevas.
Mi vientre está hinchado
pero sólo de pena.
Yo quería mostrarte las semillas
de las primeras sandías del verano.
Ya pasó, querida, nuestro tiempo.
Tu madre tiene canas y se cansa
pero querría escucharte cada día.
Es el viento, hija. Va a llover.
*
El viento se mueve.
Mi corazón se mueve
pero ansía ser como la piedra
constelada
que sostiene mis brazos
mientras mis brazos
sostienen mi frente.

lunes, 9 de octubre de 2017

Y es bella la noche que queda

Fernando Pessoa

(Portugal, 1888-1935)

Si yo pudiera

Si yo pudiera morder la tierra toda
y sentirle el sabor
sería más feliz por un momento…
Pero no siempre quiero ser feliz
es necesario ser de vez en cuando infeliz
para poder ser natural…
No todo es días de sol y la lluvia
cuando falta mucho, se pide.
Por eso tomo la infelicidad con la felicidad.
Naturalmente, como quien no se extraña
con que existan montañas y planicies
y que haya rocas y hierbas…
Lo que es necesario es ser natural y calmado
en la felicidad o en la infelicidad.
Sentir como quien mira
pensar como quien anda,
y, cuando se ha de morir,
recordar que el día muere
y que el poniente es bello
y es bella la noche que queda.
Así es y así sea.

Versión de Teodoro Llorente
**
¡Ah! La angustia

Ah! La angustia, la abyecta rabia, la desesperación
De no yacer en mí mismo desnudo
Con ánimo de gritar, sin que sangre el seco corazón
En un último, austero alarido!

Hablo -las palabras que digo son nada más un sonido:
Sufro -Soy yo.
Ah, extraer de la música el secreto, el tono
De su alarido!

Ah, la furia -aflicción que grita en vano
Pues los gritos se tensan
Y alcanzan el silencio traído por el aire
En la noche, nada más allí!

Versión de Rafael Díaz Borbón

sábado, 7 de octubre de 2017

Donde el Amor es un Dios ya anciano

EDGAR ALLAN POE
(Boston, EE.UU., 1809-Baltimore, id., 1849)

Israfel

En el Cielo mora un espíritu,
cuyas cuerdas del corazón son un laúd;
ninguno canta mejor, ni con tal frenesí
como el ángel Israfel,
y las estrellas vertiginosas,
así lo afirma la leyenda,
deteniendo sus himnos,
escuchan el encantamiento de su voz,
todas en silencio.
Dudando en lo alto de su meridiano,
la luna apasionada se sonroja de amor,
mientras, para oírle, el mismo rayo
(y con él las veloces Pléyades)
se detienen en el cielo.
Y dicen que el fervor de Israfel
se debe al sortilegio de su lira,
al trémulo alambre vivo de sus cuerdas;
donde los pensamientos profundos son un deber,
donde el Amor es un Dios ya anciano,
donde los ojos de las huríes
brillan con la adorada belleza de los astros.
Tienes razón, Israfel,
en despreciar todo canto que no sea apasionado.
¡A ti los laureles, bardo el mejor
y el más sabio!
¡Larga y gozosa vida para ti!
Los altos éxtasis caen con las ardientes notas,
con tu dolor, tu alegría, tu odio, tu amor,
el fervor de tu laúd.
¿Qué hay de extraño en que las estrellas
eternas permanezcan mudas?
Sí, tuyo es el Cielo,
pero este es un mundo de dulce amargura,
nuestras flores son sólo flores,
y la sombra de tu inmensa beatitud
es la luz de nuestro sol.
Si yo pudiese habitar en el reino de Israfel,
y él en donde yo habito,
no podría el ángel cantar una melodía terrenal,
mientras yo, en cambio, podría lanzar al firmamento
una nota más plena que esta triste canción
que brota de mi lira.
**
Annabel Lee

Fue hace ya muchos, muchos años,
en un reino junto al mar,
habitaba una doncella a quien tal vez conozcan
por el nombre de Annabel Lee;
y esta dama vivía sin otro deseo
que el de amarme, y de ser amada por mí.

Yo era un niño, y ella una niña
en aquel reino junto al mar;
Nos amamos con una pasión más grande que el amor,
Yo y mi Annabel Lee;
con tal ternura, que los alados serafines
lloraban rencor desde las alturas.

Y por esta razón, hace mucho, mucho tiempo,
en aquel reino junto al mar,
un viento sopló de una nube,
helando a mi hermosa Annabel Lee;
sombríos ancestros llegaron de pronto,
y la arrastraron muy lejos de mí,
hasta encerrarla en un oscuro sepulcro,
en aquel reino junto al mar.

Los ángeles, a medias felices en el Cielo,
nos envidiaron, a Ella a mí.
Sí, esa fue la razón (como los hombres saben,
en aquel reino junto al mar),
de que el viento soplase desde las nocturnas nubes,
helando y matando a mi Annabel Lee.

Pero nuestro amor era más fuerte, más intenso
que el de todos nuestros ancestros,
más grande que el de todos los sabios.
Y ningún ángel en su bóveda celeste,
ningún demonio debajo del océano,
podrá jamás separar mi alma
de mi hermosa Annabel Lee.

Pues la luna nunca brilla sin traerme el sueño
de mi bella compañera.
Y las estrellas nunca se elevan sin evocar
sus radiantes ojos.
Aún hoy, cuando en la noche danza la marea,
me acuesto junto a mi querida, a mi amada;
a mi vida y mi adorada,
en su sepulcro junto a las olas,
en su tumba junto al rugiente mar.
**
El gusano vencedor

¡Ved!; es noche de gala en estos últimos
años solitarios. Una multitud de ángeles alados,
adornados con velos y anegados en lágrimas,
se halla reunida en un teatro para contemplar
un drama de esperanzas y de temores mientras
la orquesta suspira por intervalos la música de
las esferas.

Actores creados a la imagen del Altísimo,
murmuran en voz baja y saltan de un lado al
otro; pobres fantoches que van y vienen a órdenes
de vastas creaturas informes que cambian
la decoración a su capricho, sacudiendo con sus
alas de cóndor a la invisible desgracia.
                                  
Este drama abigarrado —estad seguro de que
no será olvidado— con su fantasma perseguido
siempre por una muchedumbre que no puede
atraparlo, en un círculo que gira siempre sobre
sí mismo y vuelve sin cesar al mismo punto;
ese drama en el cual forman el alma de la intriga
mucha locura y todavía más pecado y horror!….

Pero ved, a través de la bulla de los actores
como una forma rampante hace su entrada!
Una cosa roja, color sanguinolento viene retorciéndose
de la parte solitaria de la escena.
¡Cómo se retuerce! Con mortales angustias
los actores constituyen su presa, y los ángeles
sollozan viendo esas mandibulas de gusano
teñirse en sangre humana.

Todas las luces se apagan, todas, todas.
Sobre cada forma todavía tiritante, el telón,
como un paño mortuorio, desciende con un ruido
de tempestad. Y los ángeles, todos pálidos
y macilentos se levantan y cubriéndose afirman
que ese drama es una tragedia que se
llama «El Hombre» de la cual el héroe es el
gusano vencedor….!

Versiones sin datos

viernes, 6 de octubre de 2017

Juego de especialistas

Michel Houellebecq

(Saint-Pierre, isla de La Reunión, departamento de ultramar de Francia, 1956)

Sin reconciliarse

Mi padre era un imbécil bárbaro y solitario;
Ebrio de decepción, solo ante el televisor,
Rumiaba unos planes frágiles y muy raros,
Su mayor alegría era verlos fracasar.
Me trató siempre como a una rata a la que perseguir.
La mera idea de un hijo, creo, lo asqueaba.
No soportaba pensar que le aventajase un día,
Solo por seguir vivo cuando él reventara.
Se murió en abril, gimiente y perplejo;
Su mirada delataba una cólera infinita,
Cada tres minutos, insultaba a mi madre,
Criticaba la primavera, hacía bromas procaces.
Al final, justo antes de acabar su agonía,
Una calma breve recorrió su pecho.
Sonrió al decir “estoy nadando en orina”,
Y después se apagó con un ligero estertor.
***

Tengo que echarme
Y dormir un poco,
Tendría que intentar
Limpiarme los ojos.

Dígame quién soy
Y míreme a los ojos
¿Es usted mi amiga?
¿Me hará usted feliz?

La noche no ha acabado
Y la noche está ardiendo
¿Dónde está el paraíso?
¿Dónde se han metido los dioses?
***
No es eso…

No es eso. Trato de conservar mi cuerpo en buen estado. Quizás esté muerto, no lo sé. Hay algo que habría que hacer y que no hago. No me lo han enseñado. Este año he envejecido mucho. He fumado ocho mil cigarrillos. Me ha dolido, a menudo, la cabeza. No obstante debe haber una manera de vivir; algo que no se encuentra en los libros. Hay seres humanos, hay personajes; pero de un año al otro apenas si reconozco las caras.
No respeto al hombre; sin embargo, lo envidio.
***
El amor, el amor

En una sala porno, jubilados jadeantes
Contemplaban, escépticos,
Los brincos mal filmados de parejas lascivas;
Sin ningún argumento.

He aquí, yo me decía, el rostro del amor,
El auténtico rostro.
Seductores, algunos; esos siempre seducen,
Los otros sobrenadan.

El destino no existe ni la fidelidad,
Mera atracción de cuerpos.
Sin apego ninguno, sin ninguna piedad,
Juegan y se desgarran.

Seductores algunos, por ende, codiciados,
Llegarán al orgasmo.
Hartos ya, tantos otros, no tienen ni siquiera
Deseos que ocultar;

Sólo una soledad que acentúa el impúdico
Goce de las mujeres;
Tan sólo una certeza: "Eso no es para mí",
Pequeño drama obscuro.

Morirán es seguro algo desencantados,
Sin ilusiones líricas;
Practicarán a fondo el arte de despreciarse,
De modo bien mecánico.

A quienes nunca fueron amados me dirijo,
A quienes no gustaron;
A los ausentes todos del sexo liberado,
Del placer ordinario;

No temáis nada, amigos, mínima es vuestra pérdida:
No existe, no, el amor.
Es sólo un juego cruel cuyas víctimas sois;
Juego de especialistas.

Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char