domingo, 19 de febrero de 2017

Los poemas están hechos por bufones como nosotros

Joyce Kilmer 
(New Brunswick, New Jersey, EE.UU., 1886-I Guerra Mundial, cerca del pueblo de Seringes-et-Nesles, Francia, 1918)

Árboles
(Dos versiones)

Creo que nunca veré
un poema tan hermoso como un árbol.
Un poema cuya boca hambrienta esté pegada
al dulce seno fluyente de la tierra;
un árbol que mira a Dios todo el día.
Y alza sus brazos frondosos para rezar.

Un árbol que en verano podría llevar
un nido de petirrojos en sus cabellos;
en cuyo pecho se ha recostado la nieve;
quien vive íntimamente con la lluvia.

Los poemas están hechos por bufones como nosotros.
Pero solo Dios puede hacer un árbol.

Versión de Alexander Best
**

Nunca veré un poema
tan bello como un árbol.

Al seno de la tierra
hambrienta boca opresa;

elevados sus brazos
en oración a Dios;

en verano, las aves
anidan en su pelo;

reposa en él la nieve;
convive con la lluvia.

Locos, hacemos versos:
sólo Dios hace un árbol.

De 101 poemas. Antología bilingüe de la poesía norteamericana moderna. Compilador/Editor: Salvador Novo. Editorial Letras, México, 1965.
*
Trees
I think that I shall never see 
A poem lovely as a tree. 

A tree whose hungry mouth is prest 
Against the earth’s sweet flowing breast; 

A tree that looks at God all day, 
And lifts her leafy arms to pray; 

A tree that may in Summer wear 
A nest of robins in her hair; 

Upon whose bosom snow has lain; 
Who intimately lives with rain. 

Poems are made by fools like me, 
But only God can make a tree.
***
LOCURA
(Madness)
(Para Sara Teasdale)

La granja solitaria, la calle llena de gente,
El palacio y el barrio,
Le dan bienvenida a mis pies silenciosos
Cuando, con regalos, vengo.

Anoche un mendigo se agachó solo,
Una criatura desamparada, andrajoso;
Lo puse en un trono de rayo de luna -
Hoy él es un rey.

Anoche un rey con un lucero y una corona
Recibió a la corte con espléndida alegría;
Hoy él rasga su vestido púrpura
Y gime y grita de miedo.

Ni barrotes de hierro, ni lanzas centelleantes,
Ni la tierra, ni el cielo, ni la mar,
Tampoco la artillería de lágrimas de amor
Puede conseguir, extraer o tener algo de mí.

Sereno, inmutable, siempre justo,
Sonrío con regocijo secreto
Y en una red tener mi cabello
Golpeo la tierra cautiva.

Versión de J. Diego Amoroz E.

sábado, 18 de febrero de 2017

Lenguaje raro y ágil como la verdad

ADRIENNE RICH
(Baltimore, EE.UU., 1929-Santa Mónica, California, EE.UU., 2012) 



Para esto

Si he alargado la mano para coger tus versos  
         (sí lo he hecho)
             como cartas de los muertos que remueven los nervios
sofocándote como para un manantial
             que regara mi sed
cavado en mi abono esqueletos y pétalos 
                 tú ciertamente querías atrapar la luz:
–trabajando en mi carcomido subterráneo de vigas podridas
                 subterráneo sin patria
                              ¿puedo pedir clemencia?
Si te he tocado el dedo
                con una lengua voraz
                              lamido de  la palma una grieta de sal
si te he soñado o pensado
                una jauría de sangre      recién sacada  
                              colgando rojo oscuro de un gancho
más alto que mi corazón
               (tú que entiendes transfusión)
                              dónde más debería apelar?
Una luz de situación está bajo
              mientras que las llamas de mecheros de gas duermen
                              (un gato alejado a pataditas desde el horno
al hielo nocturno)
              lenguaje raro y ágil como la verdad
                              derrite el silencio más inextricable
La ética de un vigilante de faro:
              cuidas a todos o a nadie
                             para esto puede que prendas fuego a tus muebles
Un esto sobre el que hemos metido la pata
             como si la lámpara pudiera apagarse a tu antojo
                             el rescate denegado para algunos
y todavía un faro sea.
                                                Traducción de Emilia del Río                                          

viernes, 17 de febrero de 2017

Dicho sea de paso, ¿vos quién sos?

KENNETH KOCH 
(EE.UU., 1925-2002)


PARADISO

No hay modo de no exaltarse

cuando lo que te desilusionó levanta la cabeza
de entre sus brazos y parece querer hablarte otra vez.
Te olvidás de tu casa y de tu familia
y salís en tu coche o a pie
y vas donde creés que habita esa forma
de realidad. Al no encontrarla, rechazás
cualquier contacto posterior
hasta que estás de nuevo tratando de olvidar
la única cosa que (parece) te conmovió y te dio lo que va a ser tuyo para siempre
pero en la forma de una desilusión.
Sin embargo, muchas veces, mirando el horizonte
hay ese algo —¿adverso?— que no encontraste nunca
y eso que, sin los que vinieron antes, nunca te podrías imaginar.
¿Cómo se te ocurrió pensar que había una persona que podía hacerte
feliz y que esa felicidad no era el fenómeno
inconsistente que sabías que era? ¿Por qué seguís creyendo en esa
realidad tan subordinada al tiempo permitido
que tiene menos que ver con el exilio de tu edad
que con todo lo demás que la vida te prometió que podías?
***
PARA VARIAS PERSONAS DICHO A TODAS A LA VEZ

Ustedes me ayudaron a no perder la cabeza,
me gustaría que se quedaran quietos.
Dejen de hablar o de hacer cualquier otra cosa por un minuto.
No. Por favor. Por tres minutos, cinco quizás.
Díganme qué camino hay que tomar en la colina.
¿Hay un puente? ¿Voy a querer compañía?
Háblenme de la gente que construyó el puente.
¿Qué es la "economía japonesa"?
¿Dónde esconden las cuentas del médico?
¡Cómo te admiro!
¿Me podés ayudar a quitarme esto?
¿Te puedo ayudar a quitarte eso?
¿Terminaron con este punto?
¿Quién es el vendedor de autos?
La cucha que hicimos para el perro.
Necesito un abrazo interminable.
El mar no queda tan lejos.
¿Y venís al oeste con este clima?
Estuve sentado en casa descalzo.
¡Tenés una cruz!
¡Ese banco, mirá! ¡Abajo hay unos cachorros!
¿Puedo tomar un traguito de escocés?
Supongo que te quería impresionar
Está nevando.
El Hombre de Revlon viene del otro lado del océano.
Este barullo es un fastidio.
No quisimos traer al nene por el halcón.
¿Qué estás leyendo?
¿En qué estilo te gustaría explicar la humedad?
Me importa, pero no mucho. Podés fumar un cigarro.
Autenticidad es una palabra que no usaría jamás.
¡Pero qué falda más corta! ¿Tenés una cámara?
La luna es un marisco.
Con la mayoría de las personas no puedo hablar. Me comen vivo.
Dicho sea de paso, ¿vos quién sos?
Te quiero mirar todo el día, porque sos mía.
¿No se te antoja un paseíto hasta el Pizza Hut?
Gracias por decirme tu signo.
¡Este sol me llena de alegría!
La tortuga avanza pero el bogavante se queda atrás. ¡El silencio ganó el partido!
¡Bueno, al carajo vos y el termómetro!
No quiero llamar al doctor
No sabía lo que querías decir cuando me dijiste eso.
Está refrescando, pero tengo una pereza terrible.
Si querés podemos ir allá
donde hay un poco más de luz.

Versiones en castellano de Sandra Toro
***
Estética de ser un pájaro

Come bruscamente
Con la boca medio cerrada;
Cuando otro hable, levanta la vista
Pero no respondas.
Cuando hayas comido
Despega
Y canta
Canciones portuguesas –un fado, si te place.
***

PERROS LADRANDO EN LA NIEVE

Perros ladrando en la nieve! El buen tiempo está llegando!
El buen tiempo está llegando para los perros que ladran en la nieve.
Un hombre sólo cambia de a poco. Y el invierno aún no ha terminado.
Ladren, perros, y llenen los valles
De blanco con sus horribles lamentos.
***
El sacramento humano
¿No hay nada nuevo que sea sagrado? El libro, el cielo,
Las mujeres en el biombo azul y rojo
Pintado en Japón hace más o menos quinientos años. Alguien
Tiró el biombo al suelo. Yo lo voy a volver a levantar
Poniendo toda la emoción en la cosa sentida por la cosa hecha. Un
espejo puede ser más claro
Que un perro, pero un perro pequeño puede correr. Sagrada
Es quizás la reacción que provocó
que mi hija naciera. ¿Pero es ella sagrada?
Ella es una mujer con el brazo de alguien
Alrededor de sus hombros. Ella es de este mundo
como lo es una tubería, que va desde el pozo hasta la casa,
Y como lo es la hierba que en esta estación salta por todas partes,
Y como lo es el cigarrillo que el jardinero tira sobre la hierba.
¿Tiene una llama sagrada? La tubería yendo hasta la casa.
Después, ¿quien sabe?
Lo sagrado es el sacramento. Y es lo que
Una vez nosotros quisimos ser-
Dame un poco más de café,
Un poco más de leche, un poco más de pan, ¡Un poco más de
desayuno!
¿No hay nada nuevo que sea sagrado? El biombo está de pie
Mi hija y su bebé vienen a tomar el té. El bebé viene por la leche.
Llegan en el momento justo.
De Perros ladrando en la nieve. Antología poética bilingüeTraducción de Aníbal Cristobo y Silvia Galup. Kriller71 ediciones. 

jueves, 16 de febrero de 2017

Y no es más que un manojo de anhelo

MARY OLIVER 
(EE.UU., 1935)


LA MANERA EN QUE EMPIEZA

Un cachorro es un cachorro es un cachorro.
Probablemente esté en una cesta junto a otro puñado
de cachorros.
Entonces se hace un poco más grande
y no es más que un manojo de anhelo.
Él ni siquiera puede entender lo que está pasando.
Alguien lo levanta y dice:
"Quiero éste".
**
PERCY (2002-2009)

Esto -le dije a Perry cuando me levanté
de la cama y fui
al sofá del salón donde
no estaba haciendo nada, aparentemente- esto
se llama pensar.
Es algo que hacen las personas,
no como el resto de las criaturas de la tierra,
como un perro, un árbol o una flor.
Sus ojos me cuestionaban.
“Bien, de acuerdo”, dijo. “Si tú lo haces, estará bien.
Pero ahora
prefiero un beso”.
Y junto a mí,
escondió su cabeza rizada
y, dulce como una flor, durmió.
***
Una entrevista,  aquí

miércoles, 15 de febrero de 2017

Desde donde veía con tanta sed la copa

Teresa Amy

(Montevideo, Uruguay, 1950-id., 2017)

Una película del Este

fue altísima,
un torbellino sostenido de escorpiones
al centro debatiéndose y débil ya
por la succión en los muslos las piernas
formidables cazadores ajustaban las ligas como
a través de un tul petrificado pasaban
las imágenes ¿sería para siempre?
¿sólo esa noche? ¿la doble condición de casa y sangre?
¿muda? No había cañaveral hacia abajo ni
piedras firmes ni agua bendecida:
un estertor se disolvía y escapaba cada vez más fuerte
desde donde veía con tanta sed la copa: la medida del duelo
el hilo de un reflejo que iba penetrando
sin importar ya nada ya lejos sin remedio
**
Príncipe valiente

una lanza, una espada barroca, la daga veneciana una noche                                                     de
niebla

no son nada
la armadura en Damasco, un escudo de esparta, los            estandartes
púrpura

no son nada
una guerra Cruzada, las batallas perdidas en Germania, todas
                                                                      las luchas
no son nada
un castillo pagano, las torres erizadas, la comba perfecta de la                                                                            flecha
son nada
si no es por tu valor
el silencioso valor de tus heridas

martes, 14 de febrero de 2017

El poema tiene el aspecto geométrico de la poesía

Algo más de Alfredo Veiravé 

(Gualeguay, Entre Ríos, 1928-Resistencia, Chaco, Argentina, 1991)

Reportajes sobre la realidad

Al ver caer las flores rosadas del lapacho sobre las
                                      [imágenes
de este árbol que anuncia en sus cielos la actividad de la
mirada sentimental, el elogio simple de un espectáculo que
no es sintáctico, cualquier novelista diría que ellas (las
                                                              [flores)
son personajes delicados, seres emergentes de voces que
                                                              [descubren
la realidad de los objetos, en este caso hermosos para la
                                                             [escritura
de las estaciones del año, el recuerdo guardado en el
                                        [pecho de sus criaturas
inventadas. El poeta que transgrede los géneros literarios
cerraría los ojos y en sus frases respondería con otros
                                                         [resultados
a la ansiedad de sus lecturas compartidas en un reportaje
circular: ¿qué es lo que veo, qué es lo que quiero ver,
                                                    [qué es lo que
no puedo ver de estas flores del lapacho sobre
la alfombra rosada de la vereda, que aquí se ha formado
                                                        [hoy como
una metáfora de la vida o de la muerte?

La idea simple de una alfombra tejida de rosadas flores
                                                             [volátiles
es una antinomia de la realidad, una respuesta posible al
                                                        [cuestionario,
una metáfora de la imaginación o de la inteligencia,
                                                          [quizás,
simplemente, un homenaje al amor distante de quien las
                                                                  [mira:
—El significado de un poema sólo puede ser otro poema,
                                                          [pero ¿cómo
diferencia usted a la poesía de estas flores del lapacho?
—Es muy simple, porque el poema tiene el aspecto
                                                   [geométrico
de la poesía.
—¿Y cómo la reconoce?
—A primera vista, por el sonido mental de ese momento,
                                                             [y además
porque la poesía nos enriquece la realidad, como el
                                                     [lapacho.

 **
La última cena o el juego de lo posible

Yo cumplo un luminoso y secreto destino,
lejos, en un país solar joven y extraño.
Raúl Gustavo Aguirre

 Aquella noche fue:
(cómo diría)
inolvidablemente dócil a los afectos
porque nadie habló de la circulación de los planetas.
Y la situación al terminar otro año
era simplemente común a cualquier reunión de poetas
que han crecido juntos
según las condiciones de la época.
                             Conversaciones
en los espacios del departamento
(también se habló de algunos premios
que favorecían a las circunstancias, no a la poesía)
                                 lejanías
que nos trasladaban hacia otros tiempos/oscuridades
y también risas de la amistad
que cuando es así nos dice todo
sin preguntar desde afuera
                                               ¿quiénes son éstos?
Espejos,
organismos emotivos, borrosas fronteras de un país
                                                         [político.
Todos sentiríamos quizás
el goce de esta certidumbre ¿no es acaso una forma
                                                      [privilegiada
de la edad no tener que explicar a los demás quiénes
                                                           [somos?
Por supuesto, había copas de vino blanco, una de pie
entre los libros, otras con las
piernas cruzadas, inocentemente desprevenidas
entre los giros de la luz a la deriva, y al no sentarnos
a una mesa, picábamos como pájaros esto y aquello,
dando vueltas a la llave
de las anécdotas o de la inteligencia vital del poema no
                                                             [escrito.
        La alegría
quizás fue la culpable, o la invención del porvenir
la situación desventajosa porque sin que nadie lo
                                                              [advirtiera
          ¿cómo podría habérsenos ocurrido?
ella también estaba en esa cena,
mirando entre el juego de lo posible esas cabezas
—algunas medio calvas, otras canosas, más bien
experimentadas— y entre la fusión
de las palabras de la reunión que se iba terminando
(cuando algunos amigos se despidieron con un beso de
                                                              [hombre
como se hace en la ciudad, porque uno nunca sabe si se
                                                              [volverá
a encontrar), ella, la oscura y desdeñada,
eligió a uno de nosotros y dijo,
con su dedo largo: éste.
Creo que lo hizo delicadamente para que
nuestras mujeres no se dieran cuenta. Cosa rara
porque ellas siempre saben antes que nosotros,
aunque sea en sueños.
El cuerpo del poema en cambio, el organismo del
                                                               [poema,
la acomodación del poema en cambio, seguramente
sintió un roce que ninguno de nosotros advirtió.
El poema sabe más que nosotros de la vida
y percibe antes que nosotros el dedo de la muerte.
**
Fasten seat belt

Ajustar el cinturón porque cualquier obra del artista
    lo puede hacer saltar del asiento y salir por la
                                                  [ventanilla
             o el ojo de buey hacia las algas que anuncian
                                                          [la cercanía
    de la tierra o hacia la sorpresa de relaciones personales
                                del arte, aliado con las ciencias.
Ésa es una posibilidad de sobrevivir ahora que la
                                                   [tormenta
                       se despliega en lo inestable, aun cuando
siempre me he preguntado ante el parentesco de los
    peligros con los exorcismos,
si un asiento al que estamos atados por la orden de los
    avisos, nos puede hacer borrar
del jardín de la memoria —como si tuviéramos la
                         [sensibilidad de los insectos—
todas las intrigas del poder que sirven, por ejemplo,
para saber que a un hombre lo arrojan maniatado
desde una ventana del sexto piso de un edificio en
                                         construcción. Cosas así,
que se pueden relatar en un cuento afortunado
para lectores del horror en una pesadilla de fondo, o en
                                                           [un poema
errático que se mueve entre pozos de aire todos los días
                                                                       [al
                                                          abrir el diario.
    ¿Cómo entonces, salir de la tormenta, si sabemos que
   el cartel rojo también puede desaparecer con nosotros?
Es claro, está la posibilidad de estar hablando de otra
                                                                [cosa,
                     de los pantalones azules o el pullover azul
                                                                [(oscuro)
                o del encefalograma que no registra jamás las
                                                          [ondulaciones
   de la pasión vivida en un tiempo mítico, o de los
                                                 [monstruos de Goya,
o bueno, para darle a la historia un carácter más amable,
                                                         [naturalmente,
    hablar de: Idi Amin presidente de Uganda o de una
                                                [relación de amor
en Hiroshima/porque la desnudez de la pareja como
                                     [ocurre en la memoria/
    es capaz de ampliar el tiempo de ella en él, más allá de
                                                             [la muerte.
Hablar de otra cosa quiere decir que el lector sabe las
    trampas proustianas con las cuales se evita el censor
                                                                 [fortuito
a través de un código que mañana morirá cuando nadie
                                                                   [pueda
                               saber con qué términos se soñaba
    al acumular proyectos de vida; datos insatisfechos
    que dan rienda suelta
    a un macabro tiempo extravagante.
Continúan sin embargo atados a su asiento. La parábola
                                                                   [de la
                           ballena blanca, la excitación notoria
    de una palabra que a tientas se sumerge y vuelve a
                                                            [cantar,
    algunas idolatrías retóricas, digresiones narrativas que
                                          [a nuestro costado flotan
    se mueven como las nubes negras
    de la historia, y muchas veces es el miedo el que nos
                                                                     [hace
que perdamos la razón. La razón de las palabras digo.
Hablar de otra cosa para sobrevivir, ajustar el cinturón, y
                                                                   [no ver
debajo de las colinas un país oscuro bajo la lluvia,
sus cabellos mojados con las crines de una mujer
que cabalga desnuda frente a los soldados antes de la
                                                           [batalla.
¿Y si efectivamente la realidad imita al arte?

lunes, 13 de febrero de 2017

Y todo lo que saludablemente leo o invento o confundo

Alfredo Veiravé 

(Gualeguay, Entre Ríos, 1928-Resistencia, Chaco, Argentina, 1991)

Retrato de Filodendro

Si Monet pintó varias veces una parva de heno
en el mismo día para demostrar que la luz cambia el
                                              [color de las parvas,
por qué yo no voy a escribir otro poema al filodendro
                                                             [de mi casa
si siempre los amigos que llegan lo entrevistan
y le toman fotografías y él crece orgulloso contra la
pared igual que una vedette del cine mudo
porque el orgullo es objeto de la vanidad y eso se le nota
en los días de lluvia cuando desdeña las gotas pequeñas
y sólo deja caer sobre sus hojas art nouveau o de medusa
                                                                             [verde,
las gotas grandes y las más sonoras, ah, hijo, le reprocho
                                                             con Hipócrates:
la vida es corta, el arte largo, la ocasión fugitiva,
la experiencia falaz, el juicio dificultoso…
y él me sonríe y me cuenta que otra planta que no me
                                                                   [quiere
nombrar lo ama tiernamente en el jardín de las
                                                               [penumbras.

Además, agrega, la felicidad consiste en saber disfrutar
lo que no se tiene, y no sé por qué enredos vegetales
                                                           [manifiesta
ahora un poco serio: “por eso yo no me mezclo en
                                         [rencillas de palacio".
**
Historia clínica con datos verdaderos y prosaicos

No hagas poemas con problemas personales.
Drummond de Andrade

Hace años me hicieron un personal injerto de tibia
en la columna (Mal de Pott), y luego me extrajeron un riñón
(órgano que no es fácil de colocar en un poema)
hace poco
me pusieron un marlex en el cuerpo:
ya parezco el Vizconde Demediado de Calvino.
Pero esa razón, quizás, él resucita y ama más la vida
y el sol del jardín rejuvenece y tranquilo
y feliz como el destino sereno de las plantas,
yo pienso a mis amigos, a la enferma Katherine, y se llena
de energías vitales subterráneas y abro al azar
por ejemplo
las cartas de Herman Hesse o los versos de Ortiz.
Y todo lo que saludablemente leo o invento o confundo
en el Chaco o Nueva York (perdonen los lectores
la experiencia) son discursos simulados
de la imagen / "Puesto que estos misterios nos rebasan
finjamos ser sus organizadores" (¿y por qué no agregar que la poesía
es una abreviada forma personal de la ansiedad?)

Yo bebo en consecuencia a grandes sorbos en la copa transparente
que me sirve la vida, en el rosado vino
(médico-científico) del amor natural.
**
Carta inconclusa a Juan L. Ortiz bajo la noche de Gualeguay

Ahora estás bajo la noche de nuestro pueblo—estrella de la
       luz de la noche, y está bien que así sea, Juan, porque
       ese fue tu mayor deseo durante tu larga vida.
Ahora estás bajo la tierra de Gualeguay que es liviana para tus
       anhelos de danzarín del alba, el parque y el río,
escala alada que no tiene nombre sino simplemente
                                        algunas repeticiones
                                    como la flor del aromito
                                   como el grito del chingolo
                                como el darse la mano de dos hombres sociales
                               como el hilo de las enredaderas
                           como el campo de La Carmencita,
como aquellas palmeras donde anidaban para ti los pájaros ruidosos al caer la                                                                                                                                                                                                [tarde.
Toda una red de sensaciones de percepciones de motivos
       aéreos, que dejaste para la perfección de otros
       genes animales donde soñarán en el sueño
       hasta reconocerse
       la delicada sombra de una perfección
       humana, el sabio conocimiento de la
       vida.
A veces sientes, me dices, las tropillas del viento por las cuchillas
       de Victoria, las verdes quintas de Gualeguay,
       el murmullo del agua que rompe toda su red melódica
       en un sauce; el grito de las ranas en el costado de los ranchitos.
Pero he aquí que advierto que ahora lo estoy tuteando
       como usted me pedía siempre y en verdad jamás pude saltar ese
       puente de los pronombres, ¿sabe por qué? Porque desde mi adolescencia
       sentí a su lado que estaba en presencia de la poesía misma,
       sagrada, mistérica, tan profunda que se nos hacía
       casi insoportable en los vértigos de las profundidades,
que usted, usted abría con su mano huesuda moviéndose en el aire
       de Paraná, frente al Parque Urquiza,
       que a veces recorríamos y donde usted me hacía sentir
       o escuchar o percibir aquella "brisa del otoño" que
       en pleno verano se había refugiado entre la fresca
       sombra de los árboles, según el movimiento de las hojas.
¿Cree Juan que yo percibí su muerte cuando usted murió?
                            aunque estaba en esos minutos
                                  últimos, muy lejos, casi en
                                             otro continente.
¿Y creerá que esa misma noche de septiembre algunos amigos
       me vieron salir de su casa de Paraná?
       ¿Y que, finalmente, Gerarda fue a ocupar la misma casa donde
       yo nací, frente al viejo correo de Gualeguay, y donde ella
       había colocado su cabeza flotante de yeso?
Por supuesto que no solamente creerá estos milagros del azar
       o de la mente, sino que los explicaría orientalmente,
       como lo hace un maestro zen
       con el silencio.
Pero volvamos a esta noche bajo la cual usted
       duerme el sueño de los justos, de los bienaventurados.
Una noche sobre la cual mañana caerá la luz rosada del amanecer
       "cuando el cielo palidece y se franja"
       y sus gatos y su perro Prestes y sus jacarandaes despierten
       cuando los toque con sus dedos finos y comiencen otra vez
       a hablarnos desde las corrientes de las profundidades
       en esta conversación interminable,
       en el "aura" de nuestro paisaje.

"Aura" como usted la llamaba y que era un resplandor,
       un tipo de conocimiento sobrenatural
       en dos espacios al mismo tiempo, uno que provenía aparentemente, de lo real,
       y otro del alma que se desplaza en sueños
       o en vigilias trascendentes como las suyas.

Ahora comprendo Juan que aquella aparente manía de su letra liliputiense
       no era sino la leve pisada de un insecto mágico
       que deslizaba ideogramas, interrogaciones,
       aptos para un idioma del susurro o ese cantito que usted
       murmuraba entre nosotros,
       antes de abrirse
       hacia el mundo.

domingo, 12 de febrero de 2017

Tela, tela del día

CIRCE MAIA

(Montevideo, Uruguay, 1932. Reside en Tacuarembó, id.) 

I
Nos llaman. Llaman de todos lados
voces, tareas.
Desde los patios, calles, ventanas
se alzan las voces
agitadas, dispersas.

Tela, tela del día.
Antes eras un lienzo de color indeciso.
(Decíamos: qué haremos
qué haremos de esta noche
esta luz, este tiempo?)

Ahora tienes siempre
un decidido corte y un color definido
Eres como un vestido
para usarte y gastarte.

Tela, tela del día,
luz hilvanada en fuertes
trabajosas puntadas
cuando por fin de noche
se sueltan tus costuras
flotas ante los ojos
-ya por dentro del sueño-
flotas, te sueltas, caes.

sábado, 11 de febrero de 2017

Ignora cómo decir: “Yo soy”

ALBERTO GIRRI

(Buenos Aires, Argentina, 1919-1991)

Cuando la idea del yo se aleja:

De lo que va adelante 
y de lo que sigue atrás,
de lo que dura y de lo que cae,
me deshago,
abandonado quedo
del fuerte soplo,
del suave viento,
y quieto, las espaldas
vueltas las manos hacia arriba,
apoyo en el suelo,
corazón
abjurando de armas, faltas,
de oraciones donde borrar las faltas,
blando organismo, entidad
que ignora cómo decir: “Yo soy”
y en la enfermedad y la muerte,
vejez y nacimiento,
ya no encontrarán lugar,
como no lo encontraría el tigre
para meter su garra,
el rinoceronte el cuerno,
la espada su filo.

Antes hacía, ahora comprendo.

viernes, 10 de febrero de 2017

Pequeñas sardinas...

Rosa Luxemburgo
(Rusia, 1871 -Alemania, 1919)





“Lo más notable de esto es que todos los afectados, el conjunto de la sociedad, consideran y tratan a la crisis como algo fuera de la esfera de la voluntad y el control humanos, un golpe fuerte propinado por un poder invisible y mayor, una prueba enviada desde el cielo, parecida a una gran tormenta eléctrica, un terremoto, una inundación.”
**
La justicia de las clases burguesas fue nuevamente como una red que permitió escapar a los tiburones voraces, atrapando únicamente a las pequeñas sardinas.
***
Mi ideal es el régimen social en el que pudiera con la conciencia tranquila amar a todo el mundo. Tendiendo hacia este fin y en su nombre, sabré quizás algún día también odiar.
**
«Por lo demás, todo sería más fácil de soportar si no me olvidara la ley fundamental que me he prefijado como regla de vida: ser buenos, he ahí lo esencial. Ser buenos, muy simplemente. Es eso lo que abarca todo y vale más que toda la pretensión de tener razón.»
**
«En lo profundo de mí me siento más en casa en un pedacito de jardín como aquí, o en un campo entre los abejorros y la yerba, que… en un congreso de partido… No obstante todo espero morir en la trinchera: en una batalla callejera o en la cárcel. Pero en la parte más intima soy más afín a las avecillas canoras que a los “compañeros”»
**
 La feminista que no es socialista, carece de estrategia. El socialista que no es feminista, carece de profundidad. 

jueves, 9 de febrero de 2017

Por qué era siempre así...

Louise Glück 
 (Nueva York, EE.UU., 1943) 




Agosto

Mi hermana se pintaba las uñas de fucsia,
con un color que tenía nombre de fruta.
Todos los colores tenían nombres de alimentos:
escarchado de café, sorbete de mandarina.
Nos sentábamos en el jardín a esperar que nuestras vidas reanudaran
el ascenso interrumpido por el verano:
triunfos, victorias para las que la escuela
era una suerte de práctica.
Los profesores nos sonreían, mirándonos con
superioridad, al concedernos la distinción.
Y en nuestra cabeza, éramos nosotras las que les
concedíamos una sonrisa de superioridad.
Teníamos la vida almacenada en la cabeza.
Aún no había empezado: ambas estábamos seguras
de que cuando empezara lo sabríamos.
Seguramente no era esto.
Nos sentábamos en el jardín trasero, observando cómo cambiaban nuestros cuerpos:
de un rosa brillante al principio, después bronceados.
Yo me pasaba aceite para bebés sobre las piernas; mi hermana
frotaba quitaesmalte sobre las uñas de su mano izquierda,
probaba otro color.
Leíamos, escuchábamos la radio portátil.
Obviamente la vida no era esto, estar sentadas
en coloridas sillas de jardín.
Nada estaba a la altura de los sueños.
Mi hermana seguía probando para encontrar un color de su gusto:
era verano, todos eran escarchados.
Fucsia, naranja, madreperla.
Alzaba la mano izquierda ante sus ojos,
de un lado a otro la movía.
Por qué era siempre así...
los colores tan intensos en sus envases de vidrio,
tan definidos, y en las uñas
casi exactamente iguales,
una tenue película plateada.
Mi hermana sacudió el envase. El naranja
no dejaba de acumularse en el fondo; tal vez
ese fuera el problema.
Lo sucedió una y otra vez, lo alzó a la luz,
estudió las palabras de la revista.
El mundo era un detalle, una cosita que aún
no estaba exactamente bien. O como una ocurrencia de último momento,
todavía rudimentaria o aproximada.
Lo real era la idea:
Mi hermana añadió otra capa, acercó el pulgar
al envase del esmalte de uñas.
Seguíamos creyendo que veríamos
disminuir la diferencia, aunque en realidad persistía.
Cuando más tenazmente persistía,
tanto más intensa nuestra convicción.

De Las siete edades. Traducción de Mirta Rosenberg
Cortesía de Mario Molfino

miércoles, 8 de febrero de 2017

Como quien dice nada

Víctor Pesce

(San Francisco (Córdoba), Argentina, 1952)


Luna, tanto desnuda
(A lívida agua duermes),
Como desangelada
(Quedo vaho lejano),
Sal seca de la bruma.
Echa luz en círculo
Sobre aquel espinillo.
Cuelga en el limonero.
Ahora al campo vienes
Como quien nada quiere,
Como quien dice nada
En casa sin ventanas.
Felicidad entonces
Retraída, a los aires
Dejas vaya a saber qué
Estilos desdeñados.

(De Hoja de eucalipto. Ediciones en Danza.)
**
Que no te ate
el tumulto
de la pena
ni te desate
la candidez
de la euforia.
Mantente
en bote.

(Inédito)

martes, 7 de febrero de 2017

Cien habían muerto de alegría

ODVEIG KLYVE

(Noruega, 1954)

En un día de septiembre del siglo XX Colombia le ganó a Argentina cinco a cero Cien mil personas mareadas por el triunfo celebraron la hora la tarde la noche
el pasado el futuro Cuando el sol salió mil
seguían en la calle tendidos sangrando de júbilo y cien habían muerto de alegría
Los restantes regresaron sigilosos
al frío de la guerra a los códigos de corrupción con los restos de las victorias que marean
las esperanzas que marean.

De Balístico. Traducción al español de Zingonia Zingone.

lunes, 6 de febrero de 2017

Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte

WILLIAM FAULKNER
William Faulkner, David Levine

(New Albany, EE UU, 1897-Oxford, id., 1962)


“99 % de talento… 99 % de disciplina… 99% de trabajo –repetía Faulkner dando su fórmula para ser un buen novelista en la entrevista que mantuvo en 1956 con Jean Stein–. El novelista nunca debe sentirse satisfecho con lo que hace. Lo que se hace nunca es tan bueno como podría ser. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno sabe que puede apuntar. No preocuparse por ser mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Tratar de ser mejor que uno mismo. (…) El único ambiente que el artista necesita es toda la paz, toda la soledad y todo el placer que pueda obtener a un precio que no sea demasiado elevado. Un mal ambiente sólo le hará subir la presión sanguínea, al hacerle pasar más tiempo sintiéndose frustrado o indignado”.
(….) El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel. Que yo sepa, nunca se ha escrito nada bueno como consecuencia de aceptar dinero regalado. El buen escritor nunca recurre a una Fundación. Está demasiado ocupado escribiendo algo. Si no es bueno de veras, se engaña diciéndose que carece de tiempo o de libertad económica. (…) Nada puede destruir al buen escritor. Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte”.
**
“El ruido y la furia” – confesaba Faulkner en 1972 a “Southers Review”– es la única de las siete novelas que escribí sin que la acompañase ningún sentimiento de impulso o esfuerzo, o sin que la acompañase ningún sentimiento de agotamiento o alivio o desagrado. Cuando la empecé no tenía ningún plan en absoluto. Ni siquiera estaba escribiendo un libro. Estaba pensando en libros, en publicar, sólo en pasado, en decirme a mí mismo, No me tendré que preocupar en absoluto de si a los editores les gusta o no les gusta éste. Cuatro años antes había escrito “La paga de los soldados”. No me había llevado mucho escribirlo y se publicó rápidamente y me dio unos quinientos dólares. Dije, Escribir novelas es fácil. Escribí “Mosquitos”. No fue tan fácil de escribir y no se publicó tan rápido y me hizo ganar unos cuatrocientos dólares. Aparentemente el ser un novelista es algo más que escribir novelas, algo que antes no tenía tan claro. Escribí “Sartoris“. Me llevó mucho más, y el editor lo rechazó enseguida”.
**

Un año después,  en 1973, Faulkner, en Mississippi Quarterly”, incidía en ese momento de su vida : “Me dediqué a enviar esa novela durante casi tres años de editor en editor con una especie de terca y menguante esperanza de al menos justificar el papel que había usado y el tiempo que había pasado escribiéndola. Esta esperanza al final tuvo que morir, porque un día de repente pareció como si una puerta se hubiese cerrado silenciosamente y para siempre entre mí y todas las direcciones de editores y listas de libros y me dije a mí mismo, ahora puedo escribir. Ahora sólo puedo escribir”.

 Tomado de /misiglo.wordpress.com

domingo, 5 de febrero de 2017

Las palabras nos fatigan

Salvatore Quasimodo

(Modica, 1901-Nápoles, Italia, 1968)

Olvidad, oh jóvenes, las nubes de sangre
que ascienden de la tierra, olvidad a los padres:
sus tumbas se sumergen en la ceniza,
y pájaros negros, el viento, cubren su corazón.
**
Oboe sumergido

Avara pena, tarda tu don
en esta mi hora
de suspirados abandonos.

Un oboe gélido deletrea de nuevo
alegría de hojas perennes,
no mías, y olvida;

en mí anochece:
el agua tramonta
en mis manos herbosas.

Alas oscilan en ronco cielo,
lábiles: el corazón transmigra
y yo estoy yermo,

y los días son escombros.

Versión sin datos
*
Oboe sommerso. Avara pena, tarda il tuo dono / in questa mia ora / di sospirati abbandoni. // Un òboe gelido risillaba / gioia di foglie perenni, / non mie, e smemora; // in me si fa sera: // l’acqua tramonta / sulle mie mani erbose. // Ali oscillano in fioco cielo, / labili: il cuore trasmigra / ed io son gerbido, / e i giorni una maceria.  
* * *
Ninguno

Tal vez soy un niño:
los muertos le causan pavura.
Sin embargo, a la muerte le clama
soltarlo de toda criatura
-niño, árbol, bestezuela-
de tantas cosas en que pulsan
corazones roídos de tristeza.

Es que no tiene ya qué dar
y las calles oscuras están,
y no encuentra, Señor, ser alguno
que logre, a tu vera,
ponerlo a sollozar.

Versión de Carlos López Narváez
***
Ríe la urraca, negra sobre los naranjos

Tal vez es un signo verdadero de la vida:
en torno a mí muchachos con ligeros
movimientos de cabeza danzan en un juego
de cadencias y de voces a lo largo del prado
de la iglesia. Piedad del ocaso, sombras,
reencendidas sobre la hierba tan verde,
bellísimas al fuego de la luna.
Memoria os concede breve sueño;
ahora, despertaos. He aquí que cruje el pozo
con la primera marea. Esta es la hora:
no más mía, abrazados, remotos simulacros.
Y tú, viento del sur, fuerte de azahares,
empuja la luna adonde desnudos duermen
muchachos, fuerza al potro sobre los campos
húmedos de pisadas de yeguas, abre
el mar, levanta las nubes de los árboles:
ya la garza se adelanta hacia el agua
y husmea lenta el barro entre las espinas,
ríe la urraca, negra sobre los naranjos.

Versión sin datos
*
Da Nuove poesie (1936-1942). Ride la gazza, nera sugli aranci. Forse è un segno vero della vita: / intorno a me fanciulli con leggeri / moti del capo danzano in un gioco / di cadenze e di voci lungo il prato / della chiesa. Pietà della sera, ombre / riaccese sopra l’erba cosí verde, / bellisime nel fuoco della luna! / Memoria vi concede breve sonno; / ora, destatevi. Ecco, scroscia il pozzo / per la prima marea. Questa è l’ora: / non più mia, arsi, remoti simulacri. / E tu vento del sud forte di zàgare, / spingi la luna dove nudi dormono / fanciulli, forza il puledro sui campi /umidi d’orme di cavalle, apri / il mare, alza le nuvole dagli alberi: / giá l’airone s’avanza verso l’acqua / e fiuta lento il fango tra le spine, / ride la gazza, nera sugli aranci.  
***
Dar y tener

Nada me das, no das nada
tú que me escuchas. La sangre
de las guerras se ha secado,
el desprecio es un deseo puro
y no provoca ni el gesto
de un pensamiento humano,
fuera de la hora de la piedad.
Dar y tener. En mi voz
hay al menos un signo
de geometría viva,
en la tuya, una concha
muerta con lamentos fúnebres.

Versión sin datos
*
Da Dare e avere (1959-1965) Dare e avere. Nulla mi dai, non dai nulla / tu che mi ascolti. Il sangue / delle guerre s’è asciugato, / il disprezzo è un desiderio puro / e non provoca un gesto / da un pensiero umano, / fuori dall’ora della pietà. / Dare e avere. Nella mia voce / c’è almeno un segno / di geometria viva, / nella tua, una conchiglia / morta con lamenti funebri.
***
Acaso el corazón

Se hundirá el olor acre de los tilos
en la noche de lluvia. Será vano
el tiempo de la dicha, su furor,
aquel mordisco de rayo que explosiona.
Apenas queda abierta la indolencia,
el recuerdo de un gesto, de una sílaba,
pero como de un vuelo lento de aves
entre vapores de niebla. Y aún aguardas
no sé qué cosa, mi extraviada; quizá
una hora que decida, que recuerde
el principio o el fin; similar suerte,
ahora. Aquí negro el humo de los incendios
seca aún la garganta. Si  puedes,
olvida  aquel sabor de azufre
y el temor.  Las palabras nos fatigan,
rebrotan de una lapidada agua;
acaso nos quede el corazón, acaso el corazón…
 
Versión sin datos

sábado, 4 de febrero de 2017

Una persona está compuesta por muchos detalles

Henning Mankell

(Estocolmo, Suecia, 1948-Göteborg, id.,  2015)

La quinta mujer
(Fragmentos)

Una persona está compuesta por muchos detalles. Nos parece que recordamos con mucha rapidez. Como si la memoria volase. En realidad es al contrario. Imagínate un objeto que casi puede flotar. Que se hunde en el agua extraordinariamente despacio. Así funciona la memoria.
(...)
«El hombre es un animal que vive para esforzarse», pensó. «En este preciso instante, es como si yo no fuera ya capaz de hacerlo». Se sentó en el borde de la cama. El
suelo estaba frío bajo sus pies. Se miró las uñas de los pies. Necesitaban un
corte. Todo él necesitaba una renovación profunda. Un mes antes había estado en
Roma reponiendo fuerzas. Ahora estaban agotadas. En menos de un mes, se habían agotado. Se obligó a incorporarse. Luego fue al cuarto de baño. El agua fría fue como un bofetón. Pensó que un día también acabaría con eso. Con el agua fría que le ponía en
funcionamiento. Se secó, se puso el batín y fue a la cocina. Siempre lo mismo. El agua del café, luego, a la ventana; el termómetro. Llovía. Cuatro grados sobre cero. Otoño, el frío estaba empezando a imponerse. Alguien en la comisaría había anunciado que se
acercaba un intenso y largo invierno.
(...)
Se sentó en una butaca antigua cuyos brazos terminaban en cabezas de dragón. El escritorio era una cómoda en la que la tabla de escribir podía funcionar como tapa abatible del armario. En la parte superior pudo ver fotografías enmarcadas. Katarina Taxell de
pequeña. Aparece sentada en el césped. Al fondo, muebles de jardín blancos. Figuras borrosas. Alguien lleva un sombrero blanco. Katarina Taxell está sentada junto a un perro grande. Mira directamente a la cámara. Un gran lazo en el pelo. El sol cae oblicuo por la
izquierda. Otra foto: Katarina Taxell con su madre y su padre. El ingeniero de la
refinería azucarera. Lleva bigote y da la impresión de estar muy seguro de sí mismo. De aspecto, Katarina Taxell se parece más a su padre que a su madre. Wallander sacó la fotografía y la miró por detrás. No había fecha. La foto era de un estudio de Lund. La siguiente era de cuando terminó el bachillerato. Gorra blanca, flores en torno al cuello. Está más delgada, más pálida. El perro y el ambiente de la foto del césped quedan
lejos. Katarina Taxell vive en otro mundo. La última fotografía, en el extremo. Es antigua, los bordes han palidecido. Se ve un paisaje árido junto al mar. Un hombre y una mujer mayores miran fijamente a la cámara. Al fondo, lejos, un barco con tres mástiles, anclado, sin velas. 
(...)
Wallander descorrió una cortina para que entrara más luz. De repente descubrió un corzo
pastando entre los árboles del jardín. Se quedó completamente inmóvil. El corzo levantó la cabeza y le miró. Luego continuó pastando con tranquilidad. Wallander siguió quieto con la sensación de que nunca se olvidaría de ese corzo. No sabía cuánto tiempo estuvo mirándolo. Un ruido que él no percibió hizo que el corzo prestase atención. Luego dio un salto y desapareció. Wallander miró por la ventana. El corzo se había ido.
(...)
En el mundo de la novela hay cierta libertad. Lo que se describe pudo haber ocurrido exactamente como está descrito. Pero tal vez ocurrió, a pesar de todo, de una manera algo distinta. En esta libertad entra también el que uno pueda trasladar un lago, cambiar un cruce de carreteras o reconstruir una Maternidad. O añadir una iglesia que quizá no existe. O un cementerio. Cosa que he hecho.

Henning Mankell,
Maputo, abril de 1996

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char