domingo, 24 de julio de 2016

Deshazte de la luz, definiciones

                                          "La poesía es el tema del poema" 
                                                                                       W.S.

Pablo Picasso



Wallace Stevens
(Pennsylvania, 1879-Connecticut, EE.UU., 1955) 


El azul guitarra es una forma/descrita aunque difícil, y yo soy/meramente una sombra jorobada/sobre las cuerdas quietas como flechas.
**
Deshazte de la luz, definiciones/y sólo dime qué ves en lo oscuro,/dime de qué se trata, esto o aquello/pero no emplees los nombres podridos.

De El hombre de la guitarra azul. Traducción de Jiménez Heffernan.
***
I

En el lejano Sur el sol del otoño pasa
como Walt Whitman camina por la orilla rojiza.
Canta y entona sobre las cosas que forman parte de él,
los mundos que han sido y que serán, la muerte y el día.
Nada termina, él canta. Ningún hombre verá el fin.
Su barba es de fuego y su bastón una flameante llama.

II.

Suspira por mí, brisa nocturna, entre las hojas ruidosas del roble.
Estoy cansado. Duerme por mí, cielo recostado en la colina.
Grita por mí, fuerte, más fuerte, alegre sol, cuando salgas.

III.

Cuando los árboles quedaron sin hojas por primera vez en Noviembre
y de repente su negrura, a la vez, se hizo evidente,
comprendí que lo excéntrico es la base de todo diseño.

IV.
Debajo de la alfombra de la escarcha y sobre la alfombra de nubes.
Pero en el medio se encuentra la esfera de mi destino
y el destino de la escarcha y de las nubes,
todos por el igual, excepto las reglas de los rabinos,
hombres felices que distinguen entre nubes y escarcha.


 “Like Decorations in a Nigger Cemetery”. Traducción de ©Juan Arabia, 2016
Tomados de buenosairespoetry.com.

sábado, 23 de julio de 2016

Somos nosotras, mujeres pecadoras

KISHWAR NAHEED
Tomada de poemhunter.com


(Pakistán, 1940)

Hablando conmigo misma

Castígame por haber escrito el significado del sueño
en mi propia sangre he escrito un libro guiado por una obsesión
Castígame por haber pasado la vida santificando el sueño del futuro
he vivido soportando las tribulaciones de la noche
Castígame por haber impartido el conocimiento y las destrezas 
de la espada al asesino
y por haber demostrado a la mente el poder de la pluma
Castígame por haber desafiado al crucifijo del odio
Yo soy el resplandor de las antorchas que arden contra el viento
Castígame por haber liberado a la feminidad de la locura de la noche alucinada
Castígame porque si yo vivo tú puedes perder el rostro
Castígame porque si mis hijos levantan sus manos, llegará tu fin
Si una sola espada se desenvaina para hablar, llegará tu fin
Castígame por haber amado la vida nueva en cada respiración
Yo debo vivir mi vida y la habré de multiplicar más allá de sí misma
Castígame porque entonces, la sentencia de tu castigo llegará a su fin
Nosotras, mujeres pecadoras

Somos nosotras, mujeres pecadoras,
quienes no sentimos temor ante la
grandeza de aquellos, los señores de hábito.
Quienes no vendemos nuestras vidas,
quienes no inclinamos la cabeza,
ni juntamos nuestras manos en señal de devoción.

Somos nosotras, mujeres pecadoras;
mientras aquellos que venden la cosecha de nuestros cuerpos, 
se exaltan, se vuelven distinguidos,
se convierten en simples príncipes del mundo material.

Somos nosotras, mujeres pecadoras,
quienes salimos levantando la bandera de la verdad
contra la barricada de mentiras esparcida sobre las avenidas;
quienes encuentran historias de persecución
apiladas en cada umbral,
quienes se dan cuenta que esas
lenguas que podrían hablar,
han sido cercenadas.

Somos nosotras, mujeres pecadoras.
Incluso si la noche nos persigue
estos ojos no habrán de apagarse.
No insistan en volver a levantar
la pared ya construida.

Somos nosotras, mujeres pecadoras,
quienes no sentimos temor ante la
grandeza de aquellos, los señores de hábito.
Quienes no vendemos nuestros cuerpos,
quienes no inclinamos la cabeza,
ni juntamos nuestras manos en señal de devoción.
***
Un palacio de cera

Antes de casarme
mi madre solía
tener pesadillas.
Sus gritos de terror
me estremecían.
Yo la despertaba
para preguntarle:
“¿Qué sucede?”
Con los ojos en blanco,
ella me miraba fijamente.
No podía recordar sus sueños.

Una noche, una pesadilla la despertó,
mas ella no profirió ningún grito.
Yo le pregunté:
“¿Qué sucede?”
Me abrazó con fuerza, con temor silencioso.
Abrió los ojos y dio gracias al cielo.
“Soñé que te ahogabas”, me dijo,
“Y yo me tiraba al río para salvarte.”

Esa noche, un relámpago
mató a nuestro búfalo y a mi prometido.

*

Luego, una noche, mi madre se durmió
y yo permanecí despierta
mirando cómo abría y cerraba sus puños.
Trataba de asirse de algo
sin lograrlo y lo intentaba de nuevo.

La desperté,
pero se rehusó a contarme el sueño.

Desde ese día
no he podido dormir tranquila.
Y me mudé al otro patio.

Ahora ambas gritamos
en medio de nuestras pesadillas.

Y si alguien nos pregunta,
simplemente decimos
que no podemos recordar nuestros sueños. 


Traducciones de Ximena Londoño

viernes, 22 de julio de 2016

Confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista

César Vallejo

(Santiago de Chuco, Perú, 1892-París, Francia, 1938)

LOS DESGRACIADOS

Ya va a venir el día; da
cuerda a tu brazo, búscate debajo
del colchón, vuelve a pararte
en tu cabeza, para andar derecho.
Ya va a venir el día, ponte el saco.

Ya va a venir el día; ten
fuerte en la mano a tu intestino grande, reflexiona,
antes de meditar, pues es horrible
cuando le cae a uno la desgracia
y se le cae a uno a fondo el diente.

Necesitas comer, pero, me digo,
no tengas pena, que no es de pobres
la pena, el sollozar junto a su tumba;
remiéndale, recuerda,
confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista
a tu cadena y guárdala detrás de tu retrato.
Ya va a venir el día, ponte el alma.
Ya va a venir el día; pasan,
han abierto en el hotel un ojo,
azotándolo, dándole con un espejo tuyo...
¿Tiemblas? Es el estado remoto de la frente
y la nación reciente del estómago.
Roncan aún... ¡Qué universo se lleva este ronquido!
¡Cómo quedan tus poros, enjuiciándolo!
¡Con cuántos doses ¡ay! estás tan solo!
Ya va a venir el día, ponte el sueño.

Ya va a venir el día, repito
por el órgano oral de tu silencio
y urge tomar la izquierda con el hambre
y tomar la derecha con la sed; de todos modos,
abstente de ser pobre con los ricos,
atiza
tu frío, porque en él se integra mi calor, amada víctima.
Ya va a venir el día, ponte el cuerpo.

Ya va a venir el día;
la mañana, la mar, el meteoro, van
en pos de tu cansancio, con banderas,
y, por tu orgullo clásico, las hienas
cuentan sus pasos al compás del asno,
la panadera piensa en ti,
el carnicero piensa en ti, palpando
el hacha en que están presos
el acero y el hierro y el metal; jamás olvides
que durante la misa no hay amigos.
Ya va a venir el día, ponte el sol.

Ya viene el día; dobla
el aliento, triplica
tu bondad rencorosa
y da codos al miedo, nexo y énfasis,
pues tú, como se observa en tu entrepierna y siendo
el malo ¡ay! inmortal,
has soñado esta noche que vivías
de nada y morías de todo...

Cortesía de Marcelo Carnero
***
Vallejo Sabía Reír
Por Luis Aguirre


Vallejo murió con aguacero el 15 de abril de 1938. De ahí que la famosa fotografía tomada en Versalles en 1929 por Juan Domingo Córdoba -que muestra a un Vallejo fruncido, transido y pensativo desfigurándose el cachete con un puño haya armado un vínculo casi irremediable entre la poesía más tremebunda y adolorida del poeta y una personalidad sombría y hosca. Pero Vallejo sí reía.

Proyección ficticia aunque nada inverosímil de Vallejo en retoque de fotografía de 1929.

LA poesía de Vallejo fue recién asumida con devoción y orgullo después de su muerte en 1938. Desde entonces el imaginario popular -acicateado por una crítica algo solemne- ha internalizado a Vallejo no sólo como su poeta nacional, sino como el poeta llorón que retuerce sus tripas al son de "los golpes de la vida", "crece la desdicha" y "nací un día que Dios estuvo enfermo". Diversos testimonios hablan sin embargo del lado chispeante de Vallejo, último hijo de once hermanos, engreído y mimado por su familia en su tranquila y feliz vida norteña en Santiago de Chuco. "Los testimonios de sus amigos (señaladamente Orrego y Juan Espejo Asturrizaga)", dice el especialista Ricardo González Vigil, "coinciden en mostrarlo bromista y juguetón, como un niño (rodeado del cariño de los amigos, sacaba a relucir su emoción infantil)". Ciertamente este aspecto tiene un correlato en su obra poética, aunque sean aquellos versos los menos citados, actitud fiel a la extraña consigna de que la poesía cejijunta y deprimida tiene finalmente la virtud de la revelación. Vallejo sufrió sus penas -qué duda cabe de ello-, pero también ejercitó los placeres, el humor y un ludismo casi emparentado con la extravagancia.

Juan Domingo Córdoba publicó en 1995 "César Vallejo del Perú profundo y sacrificado", relato afectuoso y sincero de su vida en contacto con la de Vallejo entre 1927 y 1932 en Europa. En él cuenta sus primeros sobresaltos al enfrentarse a un Vallejo bastante disipado, que arrastraba a sus amigos de café en café "por los derroteros de la borrachera haciéndoles partícipes de sus consecuencias". Vallejo nunca tuvo buena cabeza para la bebida y perdía el control con facilidad. Córdoba apunta la contradicción del Vallejo siempre ocupado visitando los museos, conferencias, conciertos, teatro con esta explosión de furia etílica deambulante terminando a bailar en el "Gypsy" o en "Les Noctambules" del Quartier Latin. Alguna vez en "Les Noctambules", ebrio hasta las cachas, ingresó al lugar casualmente un argentino de vozarrón petulante que luego de un rato empezó a protestar por la calidad del whisky. Vallejó se paró al instante y violentísimo lo tomó de las solapas: "¡Ahora me las va a pagar todas este compadrito!". Al separarlos Vallejo explicó que la queja del argentino no hacía otra cosa que menospreciarlos, haciéndose el importante y adinerado para tomar luego a todas las chicas.
"La vida es corta y se vive una sola vez", solía decir Vallejo a su amigo Córdoba, "como dijo Whitman: ¡yo no llamo grande a esto, ni pequeño a esotro, ¡lo que llena su período y ocupa su lugar, es igual a cualquier otra cosa!" Vitalismo a cualquier precio, parecía rezar Vallejo en ese entonces, sin que su soledad le "nublara nunca la conciencia de estar vivo".
Por otro lado, se coligen de estas confesiones una vanidad intrínseca al personaje Vallejo, entregado sin tregua al viejo arte de la seducción, muchas de las veces con poco éxito. Antes de salir con sus amigos y su inseparable bastón "se daba un vistazo a los zapatos, volvía a cepillarse el traje acercándose al espejo se alisaba el cabello, para terminar con el examen de las manos de dedos largos y fuertes". Siempre alegre, "dicharachero, palomilloso con sus dichos, despropósitos, ocurrencias, observaciones y relatos reideros."

Bohemio César Vallejo en París con amiga Henriette y Carlos More en 1926. Al lado, César Vallejo (derecha) en pose de simio pensativo con Néstor Vallejo.

En el camino nunca dejaba de pasar una mujer atractiva. Y Vallejo no dejaba de inquietarse exclamando: "¿Se han dado cuenta, zorrillos, cómo me ha mirado?; seguro que se ha enamorado de mí, ¿y ustedes qué dicen?; ¿entonces creen, pero de verdad, creen?; no me estarán engañando" Y cuando perdía su oportunidad al ver que otro conquistaba a la dama, humano como cualquiera no dudaba en exclamar despechado: "Nada, nada, nada, la mejor carne se la come el perro". Otras veces ponía pies en polvorosa bajo el temor de que los amigos de las seducidas estuvieran merodeando y lo sorprendieran.


Las anécdotas divertidas y pícaras eran también parte de su repertorio. Tenía la historia del pequeño hijo curioso que merodeaba en la zona media y púdica de su madre frente a sus amigas y que al ser rechazado la delataba diciendo "ahí mi mamá tiene pelos". O la de su compañero escolar onanista en su pueblo natal que era acosado mientras daba rienda suelta a sus manipulaciones en un maizal con unos sonoros y sincronizados ¡hop, hop, hop!. No se puede concluir esta pequeña sección somática con la mención a un magistral pedo en medio de una función de cine experimental con audiencia copetuda y amanerada en París que para Vallejo fue la mejor crítica que se le pudo hacer a lo que estaba siendo proyectado. Si el autor de "España aparta de mí este caliz" fue velado protagonista de las anécdotas es algo que nunca queda claro.
No es esta una actitud nacida por la transformación generada por la distancia. Vallejo incubó siempre esto desde joven, siempre ironizando alrededor de la cultura y sus manifestaciones más respingadas. Así, con respecto a la literatura Vallejo a veces era un majadero. Cuenta Juan Espejo Asturrizaga en "Cesar Vallejo. Itinerario del hombre" que en Trujillo solía burlarse de poemas ajenos cambiándoles las rimas y los sentidos con tanto ingenio que divertía a todos, y era algo que duraba días. También hacía estos juegos con expresiones doctas, moralejas y máximas con una insistencia pueril. Su tendencia a ser desequilibrante lo llevaba incluso a denostar su propia condición de poeta -en tono divertido- presentándose a veces como vulgar y altamente monetarizado.

Una última. Haciendo cola en la Biblioteca Nacional Vallejo chocó accidentalmente al girar con un señor elegantemente vestido desarmándole la fachada adusta arrojando sus anteojos, su sombrero hongo y su bastón. Vallejó pidió disculpas pero el agraviado sólo le espetó su poca adecuada manera de comportarse en sitio de cultura. Vallejo, irritado por la reacción, volvió a excusarse, pero el señor continuó increpándolo hasta exclamar a voz en cuello: "¿Usted sabe con quién está tratando? ¿Sabe por ventura quien soy yo?" Vallejo lo observó perplejo. "¡Sepa usted que soy don Pedro de Osma!". Vallejo, ya sonriente e irónico le hizo una venia y respondió: "Y yo qué culpa tengo, señor...". gajes de poeta. (Luis Aguirre)

Fuente: http://www.caretas.com.pe/1999/1562/vallejo/vallejo.htm

jueves, 21 de julio de 2016

GREGORY CORSO

(EE.UU., 1930-2001)

Amigo

Conservar amigos
Ganar amigos
Y hasta recuperar a los amigos perdidos
El no tenía amigos se hizo amigo de todos
Un amigo te dará su vida
Los conocidos nunca pueden hacerse amigos
Algunos amigos quieren ser amigos de todo el mundo
Hay amigos que te alejan de los amigos
¡Los amigos creen en la amistad con una venganza!
Algunos amigos siempre te quieren hacer favores
Algunos quieren llegar siempre CERCA tuyo
No me puedes hacer esto Yo soy tu AMIGO
Mis amigos decía Roosevelt
Seamos amigos dice la U.R.S.S.
El viejo Scrooge conoció la alegría en una navidad sin amigos
¡Leopoldo y Loeb planeando en la noche!
Et tu Brute
Tengo muchos amigos y a veces no soy amigo de nadie
La mayoría de los amigos son varones
Las mujeres prefieren amigos varones
Los amigos saben cuando tienes problemas
¡Es lo que buscan!

Versión de Esteban Moore

miércoles, 20 de julio de 2016

Avanzo hacia el horizonte

Patricio Foglia

(Buenos Aires, Argentina, 1985)

Es medianoche y soy un autómata
mis pasos me pertenecen y no me pertenecen,
ya empiezo a sentir
la espuma en mis pies
cubriendo cada poro
de mi piel de hojalata.
Alrededor, cada átomo es una burbuja:
imantado, me dejo llevar
avanzo hacia el horizonte

(de la serie "La escafandra") 
***
La escafandra

Desde el muelle, parecía tener unos
quinientos años

Primero vi algo informe
acercándose
desde lo alto de un médano
y después descubrí
un antiguo traje submarino
que avanzaba con dirección a las aguas, al calor
del atardecer en la playa

(de La escafandra, Mágicas Naranjas, 2015)
***
Takashi

Después de varias jornadas de trabajo
las manos de los pescadores
terminan hinchadas, ásperas
como sogas de amarre.
-Antes tenía manos, cuando era un chico.
Ahora tengo patas de dragón, y mi esposa prefiere
que no trate de acariciarla, dice Takashi, y se ríe.
Un pescador no pasa mucho tiempo en casa,
debe dedicar dos de cada tres días a su oficio.
Cuando por fin desembarca en el puerto
toma un ómnibus en la Terminal, y si tiene suerte
consigue un asiento y se duerme
en su cabeza se confunden
el andar del micro con el mar
la sirena de una ambulancia
con el quejido del pulpo
los motores de los autos con las poleas
enormes, arrastrando el cuerpo inerte del animal
hasta la cubierta del buque, bajo la lluvia.

Tomado de eforyatocha.com

martes, 19 de julio de 2016

Que cierren la ventana nunca abierta

LILIANA PONCE

(Buenos Aires, Argentina, 1950)

Siesta

pedir al iris, a las pestañas húmedas,
que cierren la ventana nunca abierta,
la puerta nunca abierta,
cancelar el cerrojo

la fiebre marca el paso de enero –una esgrima
y el golpe de lejanas varas, martillos,
bajo la luz que entra en olas de fuego

sin equilibrio
de la mano y en el borde de la roca,
dormir en tramos de espacios
que vuelan al techo del cuarto
que equivale al puerto, al umbral
donde empezar a reconocer islas del después
que se escurre y desmenuza

De Fudekara (tsé-tsé, Buenos Aires, 2008).
***
Espiral

—Para considerar el método, su cumplimiento
y el despojado motivo que empieza.
—Para considerar el método, la explicación
que va a llegar al comienzo o al final
—indeseable y a la vez liberador—
el jardín seco,
la estación del caligrama en la arena,
la costa que sigue y sigue,
una cinta que envuelve y separa cada instante
como prisma que gira
y en cada cara un ojo-dios
que será representación de imperio.

Ahora ese punto donde estoy
fermenta la semilla de un comienzo
y es rama que va avanzando en capas
de palabras separadas de los cuerpos
que en vértigo esconden el sentido
—periferia al final porque siempre se encierra y se agota,
enredaderas de la nada en la laca del tiempo o su zumbido
desde el principio incompleto y llama de las causas.

Buenos Aires, 2014 (inédito)

lunes, 18 de julio de 2016

Se dice la espera cuando la letra está al borde

Pablo Romero

(Concepción, Tucumán, Argentina, 1999)

ROMPER UN VASO
Estaba al borde. Lo juro. Casi imperceptible,
atento a la ruina como a punto de darse muerte
como sabiendo el lugar exacto dónde hacer fuga.
Estaba al borde.
Tuve un amor alguna vez. Era como vivir de la sed,
darse contra el mar hasta romper el cuerpo.
Pero no era mi cuerpo lo que se fragmentaba
en la caída,
no esta vez. El vaso caía por el peso de su nombre,
dije vidrio y no necesité más para cortarme.
La poesía hace estas cosas.
***
POEMA
Escribir es deplorable, Cuerpo.
Pretendemos encontrar haciendo pérdida.
Inútiles.
Adoramos la poesía porque no es.
Nos odiamos porque somos.
Escribir es un parto porque siempre
hay un hijo y siempre se es padre aunque
nunca se sabe: querido hijo dos puntos.
Acá tienes el mundo. Es la hiedra que calo
entre tus huesos.
***
EL ÚLTIMO APAGUE LA LUZ

Oh, ser un capitán de quince años
Pere Gimferrer

Sin fuerzas de pertenecer un poco al mundo
cuando es la vida me dejo caer:
acá empieza mi nombre y termina mi sombra
hallarse de pronto con el cuerpo tendido
tu nombre en el lugar de la conciencia
contar uno a uno los años en el pecho,
de golpe, sin pedir permiso a la muerte.
Esto es la clemencia. Escribo porque
me ahogo y ya no sé quién soy
porque soy el mismo, todavía.
¿Qué se sentirá escribir una victoria,
tener las manos llenas?
Digamos que me voy.
Este es el exilio que hace de mi cuerpo
una luz enorme donde enceguecer la vida
una tumba azul para velar
lo que fue arrancado, a tientas,
de la tierra
***

domingo, 17 de julio de 2016

Poetas soñando su poema mientras se tragan un carozo

Leónidas Lamborghini 

(Buenos Aires, Argentina, 1927- 2009)

Seol

lo mortal
lo que se oye.
—oíd: el ruido de lo roto en el trono de la identidad
en
lo dignísimo.
—oímos
respondemos: el ruido de lo sagrado de lo unido en
lo dignísimo de
la identidad que se rompe.
oímos lo abierto a lo mortal, la salud rota en
lo mortal: el grito.
—oíd lo roto. lo mortal en libertad. la libertad de lo mortal.
oíd: la libertad de lo roto. el grito.
el trono. el ruido de lo mortal en el trono de lo sagrado
del trono de la identidad.
el ruido de lo roto: la identidad. el trono.
—respondemos: oímos en el ruido el ruido. oímos en el ruido el
ruido. lo sagrado roto o
lo que se une. la identidad en el trono de lo dignísimo o
lo que se rompe en lo unido que se rompe y
abre.
las cadenas rotas de la identidad que se rompe y une. oímos
en lo mortal lo mortal que oímos. lo que se abre a lo mortal:
el grito.
—oíd lo que se oye
oíd lo que se oye.
—oímos el grito de lo mortal de
lo roto de las cadenas. oímos el ruido de lo mortal
en el trono. oímos en el ruido el ruido de lo roto de
las cadenas. de la identidad unida que se rompe y
une: —respondemos
respondemos.
—oíd lo que se oye: en el camino su oíd la salud rota
en el trono. en sus cadenas.
las cadenas de la libertad de lo mortal en el trono
en lo que está coronado o de gloria que se rompe o
une.
—oímos en el ruido el ruido. oímos en lo roto lo
roto coronado que
se rompe.
—oíd lo que se oye.
—oíd lo que se oye.
—oímos lo que se abre: respondemos. lo que está abierto
en el ruido. respondemos respondemos.
oímos en el ruido el ruido. el grito. el trono
de la identidad que se abre a lo mortal. el ruido de
lo mortal. el ruido en
libertad de las cadenas. el trono en la gloria de lo
dignísimo de la identidad de
lo sagrado de la identidad coronado o
que se rompe. o que se abre
en el camino su de. y se rompe o une y se une y rompe.
respondemos respondemos.
—oíd lo que se oye. oíd
lo que se oye.
—oímos la libertad de lo unido o su gloria o lo roto
que se rompe o une, el ruido de la identidad unida que
se abre rota. lo mortal.
oímos en el ruido el grito. el trono en la gloria de
la identidad unida o en lo mortal abierto
a
lo que se rompe. el grito
de la identidad en el trono
de lo unido en su gloria o
que se rompe y une en el grito.
en lo dignísimo de la identidad o
lo roto que
—oíd lo que se oye.
—oíd lo que se oye.
—oímos en el ruido el ruido. oímos
en el ruido el ruido. oímos. respondemos.

Cortesía de Isaías Garde
***
POETARIO DE LOS SUEÑOS 

Parterre 1
Poetas soñando su poema antes de pronunciar la palabra Suiza.
Poetas soñando su poema después de pronunciar la palabra Suiza.
Poetas soñando su poema en el momento mismo de pronunciar la palabra Suiza.
Poetas soñando su poema poco antes de pronuncia la palabra Suiza.
Poetas soñando su poema poco después de pronunciar la palabra Suiza.
Poetas soñando su poema inmediatamente después de pronunciar la palabra Suiza.
Poetas soñando su poema inmediatamente antes de pronunciar la palabra Suiza.
Poetas soñando su poema mucho antes de pronunciar la palabra Suiza.
Parterre 2
Poetas soñando su poema mientras pronuncian la palabra Suiza.
Parterre 3
Poetas soñando su poema antes de ser cubiertos con una delgada capa de harina de trigo.
Poetas soñando su poema después de ser cubiertos con una capa de harina de trigo
Poetas soñando su poema en el momento mismo de ser cubiertos con una delgada capa de harina de maíz.
Parterre 4
Poetas soñando su poema inmediatamente después de recibir un golpe en la nuca.
Parterre 5
Poetas soñando su poema un poco antes de sentarse en una silla.
Poetas soñando su poema mucho después de sentarse en una silla.
Poetas soñando su poema después de haber caído en una zanja.
Poetas soñando su poema en el momento mismo de caer en una zanja.
Poetas soñando su poema poco después de sentarse en una silla.
Poetas soñando su poema inmediatamente después de sentarse en una silla.
Parterre 6
Poetas soñando su poema después de tragarse un carozo.
Parterre 7
Poetas soñando su poema inmediatamente antes de ser cubiertos 
con una delgada capa de harina de maíz.
Poetas soñando su poema poco antes de recibir un golpe en la nuca.
Poetas soñando su poema en el momento mismo de sentarse en una silla.
Poetas soñando su poema mucho después de ser cubiertos con una 
delgada capa de harina de maíz.
Parterre 8
Poetas soñando su poema mientras se tragan un carozo.
Poetas soñando su poema inmediatamente antes de tragarse un carozo.
Poetas soñando su poema en el momento mismo de recibir un golpe en la nuca.
Parterre 9
Poetas soñando su poema poco después de introducir su mano derecha
en una bolsa de polietileno.
Parterre 10
Poetas soñando su poema inmediatamente antes de hacer un tilde.
Poetas soñando su poema después de soplar en una cerbatana.
Poetas soñando su poema mucho después de soplar una cerbatana.

sábado, 16 de julio de 2016

Como el pensamiento se da

Allen Ginsberg 
(Newark, New Jersey, EE.UU., 1926-Nueva York, id.,  1997)


CANCIÓN


El peso del mundo
            es el amor.
Debajo de la carga
            de la soledad,
debajo de la carga
            de la insatisfacción

            el peso,
el peso que llevamos
            es el amor.

¿Quién lo puede negar?
            En sueños
toca
            el cuerpo,
en los pensamientos
            construye
un milagro,
            en la imaginación
se angustia
            hasta nacer
humano-

mira desde el corazón
            ardiendo de pureza-
porque el peso del mundo
            es el amor,

pero llevamos la carga
con agotamiento,
y así es que debemos descansar
en los brazos del amor
al fin,
debemos descansar en los brazos
            del amor.

No hay descanso
            sin amor,
no hay sueño
            sin sueños
de amor-
            estés loco o tiritando
obsesionado con ángeles
            o máquinas,
el último deseo
            es amor
-no puede ser amargo,
            no puede negarse,
no lo podemos retener
            si se niega:

su carga es demasiado pesada

            -debe dar
sin recibir
            como el pensamiento
se da
            en soledad
con toda la excelencia
            de su exceso.

Los cuerpos cálidos
            brillan juntos
en la oscuridad,
            la mano se mueve
al centro
            de la carne,
la piel tiembla
            de felicidad
y el alma viene
            alegre al ojo-

sí, sí,
            eso es
lo que quería,
lo que siempre quise,
lo que siempre quise,
            regresar
al cuerpo
            en donde nací.

                                                  San José, 1954

Versión de Tom Maver
**
SONG


The weight of the world
is love.
Under the burden
of solitude,
under the burden
of dissatisfaction

the weight,
the weight we carry
is love.

Who can deny?
In dreams
it touches
the body,
in thought
constructs
a miracle,
in imagination
anguishes
till born
in human—

looks out of the heart
burning with purity--
for the burden of life
is love,

but we carry the weight
wearily,
and so must rest
in the arms of love
at last,
must rest in the arms
of love.

No rest
without love,
no sleep
without dreams
of love--
be mad or chill
obsessed with angels
or machines,
the final wish
is love
--cannot be bitter,
cannot deny,
cannot withhold
if denied:

the weight is too heavy

--must give
for no return
as thought
is given
in solitude
in all the excellence
of its excess.

The warm bodies
shine together
in the darkness,
the hand moves
to the center
of the flesh,
the skin trembles
in happiness
and the soul comes
joyful to the eye--

yes, yes,
that's what
I wanted,
I always wanted,
I always wanted,
to return
to the body
where I was born.

San Jose, 1954

de Selected poems 1947-1995, Harper Perennial, New York, 1996.

viernes, 15 de julio de 2016

Como si la vida resultara más convincente silbando como una navaja

C.K. WILLIAMS

Charles Kenneth Williams 
(Nueva Jersey, EE.UU., 1936-2015)

CRISTAL

Pensaba que ahora ya habría pasado,
como todo pasa antes o después, pero aún me ocurre

que cuando de repente me topo con mi imagen en un cristal, siento una especie de sacudida, un temblor. Miro rápidamente a otro sitio.

Últimamente, desde que murió mi padre y me acerco a su edad,
lo veo primero a él, y tengo que fijar bien la vista para reconocerme.

He llegado a pensar que mi preciosa singularidad se estaba diluyendo,
pero aún más duro, más cruel que eso, es la manera en que, cuando era joven,

creía cuando mirabas debías poner en ello sentido,
algo más serio, con mayor sustancia: me fijaba en mi pobre rostro

y pensaba, "Todavía no está ahí". Parece que aún lo hago.
¿Qué es lo que no está? ¿La belleza? No es probable. ¿Sabiduría? Menos.

¿Acaso vivimos o intentamos vivir con la intención de embellecernos?
Todo lo que veo por mi parte son los restos de mis otros rostros fracasados.

Pero puede que lo que busquemos sea justamente una mirada menos hiriente:
No un "Todavía no está ahí", sino algo así como "Ya llegará, tranquilo".
***
Suciedad

Mi abuela me lava por dentro la boca
con jabón; ha pasado más de medio siglo
y todavía viene a mi
con aquella cruel, dura barra amarilla.
Todo por una palabra que dije,
que ni siquiera dije, sólo repetí,
pero Abre, dice, ¡abre la boca!
sujetándome la cabeza con la mano.

Ahora sé que su vida fue dura;
perdió tres hijos cuando eran bebés,
luego se murió su marido, también,
dejándola con hijos pequeños, sin dinero.
Me sostenía ante el fregadero para mear
porque nunca había sitio en el baño.
Pero, ¡oh, aquel jabón! ¿Fue quizá su acre sabor
lo que hizo de mí un poeta?

La calle en que vivía no estaba pavimentada,
un apartamento de dos habitaciones estrechas y
la fétida cocina en la que me cazó al acecho.
¿Me atrevo a admitir que después de aquello
nunca volví a quererla realmente?
Vivió hasta los cien, y ni así.
Fue una época triste, de penurias,
pero nunca, hasta ahora, la quise de nuevo.
***
PELIGRO

Difícil saber si el ser humano se muestra especialmente inquieto
con las crisis, calamidades, desastres, o si los desea inconscientemente.
Esos condicionantes tan horrendos, esos previsibles imprevistos,
los habitamos reculando, haciéndoles fintas,
endureciéndonos:
¿pero acaso no prevalece la corazonada sobre la inquietud?
¿acaso no resulta ese estar en guardia una señal del deseo?

¿Cómo podemos llegar a creer que la atención desmesurada
es el mejor modo de enfrentarse a las insinuaciones de la catástrofe?
Se estremece la conciencia: puede que el motivo no
sea tanto el miedo a lo que el futuro pueda o no pueda traernos
como el deseo de eso mismo mediante el miedo, la atención, el cuidado.
Como si la vida resultara más convincente silbando como una navaja.

Pero apenas nos precipitamos en los hechos más allá del tumulto doméstico,
que de por sí puede acarrear terribles consecuencias. Pocas
veces, por fortuna.
Y así sudamos fervorosamente
por los insípidos asuntos del honor y por las ambiciones
frustradas.
Perdemos la amistad. Perdemos la lujuria. Nos tragamos
nuestras pequeñas penas,
nos hacemos ver, ejecutamos nuestra danza de antipatías.

Siempre, "Esos gigantes inconcebibles".
Siempre, "¿Qué serían capaces de hacerme?"
Y así nos colocamos nuestra armadura mental,
nos doblamos y sentimos algo, el pago de la estricta atención
que siempre aguardamos.
Pero todavía una vigilancia tensa, la musculatura del peligro,
aún el secreto grito interior: ¿Qué más, no hay más?

De Reparación. Bartleby Ediciones, 2007. Traducción de Jaime Priede
***
ESTO OCURRIÓ

Una estudiante, una chica joven, en el pasillo del cuarto piso de su liceo,
sentada en el borde de una ventana abierta charlando con amigos
en un descanso entre clases;
pasa un profesor y le dice, ten cuidado, te puedes caer,
casi reprendiéndola en broma, te puedes caer,
y la joven, dieciocho, una niña casi, aunque ella no
piense así,
tan brillante como es, la primera de su clase, y hermosa, también, se lo dicen
a menudo,
le sonríe, y se inclina hacia la ventana abierta, que no estaría
abierta si fuera invierno,
si fuera invierno alguien la habría cerrado ya (¡Ciérrala!)
se inclina hacia la ventana, más y más, sonriendo, un poco más,
ocurre todo en menos tiempo que ahora, un instante realmente, y se deja
caer. Se deja caer.

Un impulso, un capricho, sin haberlo pensado antes, casi tampoco
en el momento de hacerlo…
No, más que un impulso, un capricho, la chica sabe bien lo que está haciendo,
la chica lo hace con sentido, quiere decir algo,
porque, se le ocurre justo en ese momento, sea hermosa o no, brillante
o no,
no se siente ella, no es la persona que es realmente, y el motivo, se da
cuenta de repente,
es que todo está demasiado premeditado en su mundo, demasiado
trazado previamente, demasiado planificado,
apenas hay personas auténticas ahí donde está, o si las hay, no es su caso, no
del todo,
un ser suplantado vive su propia vida, y al parecer cuando
piensa en ello,
sabe lo que está perdiendo: gracia, no premeditación sino gracia,
una forma espontánea de estar en el mundo, con gracia.

El peso del mundo sobre mí.
El peso de este yo que adornaba el mundo sin ser de verdad él mismo.
El peso de este yo que llevo a cuestas,
la liberación de todo eso es lo que deseo y lo que obtengo.
Y la chica recuerda, en ese instante infinito que le devuelve tantos otros
instantes,
el dolor que sintió una vez, sin apenas ser consciente de ello, sólo por habitarse
a sí misma.
Sí, la chica se tira, una caída absurda, baja a la tierra con el impulso de atraer
hacia sí todo ese tipo de caídas,
debe entender que es absurdo, aunque la chica cayendo no sea mi yo,
o aunque lo sea, pero un yo que tomo de mi propia volición hacia mí mismo.
Para siempre. Con gracia. Esto ocurrió.

C. K. Williams. EL CANTO. Edición bilingüe. Traducción de Jaime Priede. Bartleby Editores, Madrid, 2008.



Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char