jueves, 2 de julio de 2015

Entendiendo la niebla

Patricia Verón 

(San Justo, Prov. de Buenos Aires, Argentina, 1965)

PREGUNTA RESPUESTA

¿Cuál es tu motivo?
Entender.
¿Y cuándo entendiste?
Entender más.
Entender mejor.
¿Y si no entendés?
Entro en campo de niebla
y nada hay más conocido que la niebla
opaca lo cercano
huye del sol.
¿Y cómo salís?
Entendiendo la niebla.
¿Y si no salís?
Siempre salí.
Pero supongamos que no.
No entiendo a dónde querés ir.
A ningún lado.
Supongo que a ningún lado
entonces.
**
MAÑANITAS

Lo mío es el sonido del viento
entre las chapas
las recurrentes palabras
hermanas de la noche
el transcurso del cielo,
el paso de las nubes
esta sensación sin objetivo.

miércoles, 1 de julio de 2015

Y, sin embargo, como y bebo

BERTOLT BRECHT

Alemania (1898-1956)

A los hombres futuros
[1938] 
I
Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.
Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa
revela insensibilidad. El que ríe
es que no ha oído aún la noticia terrible,
aún no le ha llegado.

¡Qué tiempos éstos en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque supone callar sobre tantas alevosías!
Ese hombre que va tranquilamente por la calle
¿lo encontrarán sus amigos
cuando lo necesiten?

Es cierto que aún me gano la vida
Pero, creedme, es pura casualidad. Nada
de lo que hago me da derecho a hartarme.
Por casualidad me he librado. (Si mi suerte acabara,
[estaría perdido).
Me dicen: «¡Come y bebe! ¡Goza de lo que tienes!»
Pero ¿cómo puedo comer y beber
si al hambriento le quito lo que como
y mi vaso de agua le hace falta al sediento?
Y, sin embargo, como y bebo.

Me gustaría ser sabio también.
Los viejos libros explican la sabiduría:
apartarse de las luchas del mundo y transcurrir
sin inquietudes nuestro breve tiempo.
Librarse de la violencia.
dar bien por mal,
no satisfacer los deseos y hasta
olvidarlos: tal es la sabiduría.
Pero yo no puedo hacer nada de esto:
verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.

II
Llegué a las ciudades en tiempos del desorden,
cuando el hambre reinaba.
Me mezclé entre los hombres en tiempos de rebeldía
y me rebelé con ellos.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
Mi pan lo comí entre batalla y batalla.
Entre los asesinos dormí.
Hice el amor sin prestarle atención
y contemplé la naturaleza con impaciencia.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

En mis tiempos, las calles desembocaban en pantanos.
La palabra me traicionaba al verdugo.
Poco podía yo. Y los poderosos
se sentían más tranquilos, sin mí. Lo sabía.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Escasas eran las fuerzas. La meta
estaba muy lejos aún.
Ya se podía ver claramente, aunque para mí
fuera casi inalcanzable.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

III
Vosotros, que surgiréis del marasmo
en el que nosotros nos hemos hundido,
cuando habléis de nuestras debilidades,
pensad también en los tiempos sombríos
de los que os habéis escapado.

Cambiábamos de país como de zapatos
a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos
donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.
Y, sin embargo, sabíamos
que también el odio contra la bajeza
desfigura la cara.
También la ira contra la injusticia
pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,
que queríamos preparar el camino para la amabilidad
no pudimos ser amables.
Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
en que el hombre sea amigo del hombre,
pensad en nosotros
con indulgencia. 

Versión de Jesús López Pacheco sobre la traducción directa del alemán de Vicente Romano.
**
 I

Wirklich, ich lebe in finsteren Zeiten!
Das arglose Wort ist töricht. Eine glatte Stirn
Deutet auf Unempfindlichkeit hin. Der Lachende
Hat die furchtbare Nachricht
Nur noch nicht empfangen.
Was sind das für Zeiten, wo 
Ein Gespräch über Bäume fast ein Verbrechen ist
Weil es ein Schweigen über so viele Untaten einschließt!
Der dort ruhig über die Straße geht
Ist wohl nicht mehr erreichbar für seine Freunde
Die in Not sind?
Es ist wahr: ich verdiene noch meinen Unterhalt
Aber glaubt mir: das ist nur ein Zufall. Nichts
Von dem, was ich tue, berechtigt mich dazu, mich satt zu essen.
Zufällig bin ich verschont. (Wenn mein Glück aussetzt
Bin ich verloren.)
Man sagt mir: iß und trink du! Sei froh, daß du hast!
Aber wie kann ich essen und trinken, wenn
Ich es dem Hungernden entreiße, was ich esse, und
Mein Glas einem Verdurstenden fehlt?
Und doch esse und trinke ich.
Ich wäre gerne auch weise
In den alten Büchern steht, was weise ist:
Sich aus dem Streit der Welt halten und die kurze Zeit
Ohne Furcht verbringen
Auch ohne Gewalt auskommen
Böses mit Gutem vergelten
Seine Wünsche nicht erfüllen, sondern vergessen
Gilt für weise.
Alles das kann ich nicht:
Wirklich, ich lebe in finsteren Zeiten!


                                   II

In die Städte kam ich zu der Zeit der Unordnung
Als da Hunger herrschte.
Unter die Menschen kam ich zu der Zeit des Aufruhrs
Und ich empörte mich mit ihnen.
So verging meine Zeit
Die auf Erden mir gegeben war.
Mein Essen aß ich zwischen den Schlachten
Schlafen legt ich mich unter die Mörder
Der Liebe pflegte ich achtlos
Und die Natur sah ich ohne Geduld.
So verging meine Zeit
Die auf Erden mir gegeben war.
Die Straßen führten in den Sumpf meiner Zeit
Die Sprache verriet mich dem Schlächter
Ich vermochte nur wenig. Aber die Herrschenden
Saßen ohne mich sicherer, das hoffte ich.
So verging meine Zeit
Die auf Erden mir gegeben war.
Die Kräfte waren gering. Das Ziel
Lag in großer Ferne
Es war deutlich sichtbar, wenn auch für mich
Kaum zu erreichen.
So verging meine Zeit
Die auf Erden mir gegeben war.


                             III

Ihr, die ihr auftauchen werdet aus der Flut
In der wir untergegangen sind
Gedenkt
Wenn ihr von unseren Schwächen sprecht
Auch der finsteren Zeit
Der ihr entronnen seid.
Gingen wir doch, öfter als die Schuhe die Länder wechselnd
Durch die Kriege der Klassen, verzweifelt
Wenn da nur Unrecht war und keine Empörung.
Dabei wissen wir ja: 
Auch der Haß gegen die Niedrigkeit
Verzerrt die Züge.
Auch der Zorn über das Unrecht
Macht die Stimme heiser. Ach, wir
Die wir den Boden bereiten wollten für Freundlichkeit
Konnten selber nicht freundlich sein.
Ihr aber, wenn es soweit sein wird
Daß der Mensch dem Menschen ein Helfer ist
Gedenkt unsrer
Mit Nachsicht.
*
De Poemas y canciones, Alianza editorial, 1975.


martes, 30 de junio de 2015

Un día más, sólo un minuto más, para estar vivo

 ENRIQUE MOLINA

(Buenos Aires, Argentina, 1910-1996)

Un oscuro mensaje

Criatura enigmática,
con el anillo verde del reino vegetal
y su respiración de silenciosa sombra,
sin pasiones,
una divinidad indescifrable.
Con su lenta explosión
el árbol me vigila
enfrente a mi ventana,
espía mis menores movimientos
a veces con un pájaro,
con un gemido solitario,
con un hilo de lluvia,
atento a mi presencia
sin que pueda acallar su interrogante.

Algo exige de mí,
algo que debo hacer pero que ignoro,
algo que debo olvidar
o quizás recordar toda la vida,
tal vez un nombre,
la luz de cierta noche
o tal vez el instante en que algo amado
desaparece también con un susurro.

Algo que pugna por surgir
como la mano del que se hunde en el mar,
algo impreciso aún,
sin duda vinculado al amor, a los astros,
y que por último
me será revelado en su raíz.
Quizás tan sólo sea
una nube, una brisa,
la misma ardiente música del mundo
oída siempre y siempre y siempre.

**
Adiós 

Un día más, sólo un minuto más, para estar vivo
y despedirme de cuanto amé.

Para decir adiós a las cosas que vi y toqué mientras moría
desde el instante mismo en que nací.

Y vino el niño con el premio que sacó en el colegio por su
sabiduría,
y el ala de la gaviota golpeando en lo infinito con su vuelo,
vino la cabellera derramada y el rostro de la misteriosa
mujer que estuvo a mi lado, en el lecho, sin que yo lo supiera,
y el río con su lenta corriente musculosa
a través de cada mueble, cada objeto y cada gesto
de quien me ve parir, ¡oh Dios mío!

Un instante más aún en el suelo que pisé,
en el aire de mi respiración
sofocada por el amor, en los vestigios de la pasión,
con cuanto -mosca o sol- me deslumbró en este extraño
planeta, donde perdure año tras año, presintiendo
este límite de espumas, este revuelto torbellino
de la despedida, yo, que tanto fui deslumbrado
por centelleante atracción de la tierra,
por cuanto fue caricia o solamente un espejismo del mundo
es mi destino.

Así, pues, despidiéndome de los caballos, de la canoa,
los pájaros, el gato y sus costumbres. Déjame
una vez más mirar las flores y la lluvia. Es éste
el trágico instante en que uno descubre
el delirio misterioso de las cosas, sus raíces secretas,
el instante supremo de decir adiós.
a cuanto se adoró en esta vida.

lunes, 29 de junio de 2015

Presumía de modesto

Elías Moro

(Madrid, España, 1959. Reside en Mérida desde 1982)

Ese inconcreto sabor a metal en la boca de cuando fracasas.


Presumía de modesto.


Tenía un pensamiento como de pulga de circo, siempre saltando de un lado para otro al compás de los aplausos.


Quienes escriben como en ara de sacrificio, quienes lo hacen como en púlpito de gozo.


Un auténtico y sincero autorretrato no se ahorraría el gesto de escupirse a la cara.

 Inéditos, tomados de Revista Microfilias.
 Blog La Isla de Siltolá, 2015.

domingo, 28 de junio de 2015

Las cicatrices o las marcas

CARLOS BATTILANA

(Paso de los Libres, Corrientes, Argentina, 1964)


Inclinado
el cuerpo
observando la procesión
de insectos y alimañas
descuidé
el jardín
y otros seres
han hecho con él
lo que ahora
es: matas de pasto
manchones de color
marrón
canteros
destrozados, plantas
raquíticas.

El viento
cruza el terreno
pero no es viento,
es brisa fría.

Me mojo
la cara
y veo
los papeles acumulados
las cicatrices o las marcas
concentradas
en el cuerpo
y sin detener el tiempo
recuerdo
que la vida existe
corre por algún lugar.

Celebrar
es también
inclinar el cuerpo
saber
que el día
acontece
en un plano
distante
a la retórica
de lo vital.
**

El frío
no llega. Es mayo.
Hace muchos
mayos
que el frío no llega.
Nos ha ganado
por efecto
de los cambios
el clima
subtropical. Ya no
será
posible
recordar a Arlt,
el frío de la
noche,
la garúa que
lastima la cara
de sus personajes,
una ola
de hielo
congelando
la ciudad.

Luego de las
épocas cruciales
-los 70, los 90-
atrapados en el dosmil
comprendo
el movimiento del aire
las hojas dispersas
y el cambio climático
que ha afectado,
progresivamente,
la base
de nuestra
naturaleza.
**
En la noche
sentí el olor de la nieve.

No sabía que un inmenso invierno comenzaba
y
que desde ese momento
sucedería
una larga historia
de
exploraciones.

La nieve duerme en mi memoria.
Me habla
durante los sueños.
De vez en cuando
emite
un largo suspiro
repleto de plumas.

Velocidad crucero y otros libros (Editorial Conejos, Buenos Aires, 2014).
**
EL DULCE PORVENIR

Cuando los mejores poetas de mi generación
curtidos por las drogas
la grasa y el vino excesivo
están haciendo pie
y pueden usar la palabra templanza
con toda propiedad

reunir poemas
evaluar con cierta distancia
sus tesoros
su cúmulo precioso

cuando cerca de los 50
la juventud
es una palabra
que ha sido usada
y se puede recordar
–sí, con alegría–
las viejas amistades
los duelos
los viajes pequeños
cuando
el poeta
de los grandes experimentos
pero de otros poemas
mejores aún
es una increíble
referencia
y ahora
puede
–finalmente–
distribuir
el aire
y la respiración
porque ha corrido tanto

yo aún
el poeta de la familia
el poeta que
literalmente
ha administrado la energía
el poeta del tenis
estoy cambiando a mi hijo
interminable
en el baño
posterior de la casa
y le digo
“te amo te amo”
y barro
bajo los signos y los hábitos
de antiguos mecanismos
la ropa la basura y me muevo
–ya ciego–
entre escombros de fuego
y no tengo, lo sé,
escapatoria
no puedo ni podré respirar

amo
con pobreza
como pude

pronuncio “te amo”
como una
invocación
como una oración religiosa
–polvo del camino–
la única propiedad
con base
en lo real.

De Un western del frío (Viajerio insomne, 2015)

Para lerr más, aquí

sábado, 27 de junio de 2015

La necesidad de misterio

Ken Kesey

(La Junta, Colorado, EE.UU., 1935-Pleasant Hill, Oregón, id., 2001)

De Alguien voló sobre el nido del cuco
(Fragmentos)

De cuando McMurphy se presenta ante los internos
—Caramba, qué grupo más lastimoso. A mí no me parecéis demasiado locos, chicos. 
Está intentando que se relajen, como el subastador que cuenta chistes para que el público se sienta a sus anchas antes de empezar a pujar. 
—¿Quién cree ser el más loco de todos? ¿Quién es el peor lunático? ¿Quién organiza estas partidas de cartas? Es mi primer día aquí y me gustaría producirle una buena impresión al jefe, si es capaz de demostrarme que él es quien manda aquí. ¿Quién es el gran lunático de esta sala?
Se dirige claramente a Billy Bibbit. Se inclina y le mira tan fijamente que Billy se ve obligado a balbucear
que todavía no es el gra-a-a-a-an lunático, pero que está en la li-i-i-i ista.
McMurphy le tiende una gran manaza y Billy no tiene más remedio que estrecharla. 
—Muy bien, amigo —le dice a Billy— me alegra que estés en la lista de grandes lunáticos, pero como tengo la intención de ponerme al frente de todo este tinglado, lo mejor será que hable con el primero de a bordo. 
Mira a su alrededor, hacia el rincón donde algunos Agudos han interrumpido su partida de cartas, y, al verlos, se cubre una mano con la otra y hace crujir todos los nudillos.—Veréis, amigos, mi intención es convertirme en una especie de rey del juego de esta galería, dirigir un pérfido juego de bacará. O sea que lo mejor será que me presentéis a vuestro jefe y decidiremos quién va a mandar aquí.
**
(...) Tenía los hombros, los senos y las caderas demasiado anchos y su sonrisa era demasiado franca y abierta para poder considerarla hermosa, pero era bonita, se la veía sana y llevaba colgada de un largo dedo el asa de una garrafa de vino tinto que balanceaba como si fuese un bolso.
**
Si no estamos alerta la gente nos obliga de un modo u otro a hacer lo que ellos creen que deberíamos hacer, o bien a ponernos tercos y hacer exactamente lo contrario, por puro despecho.
**
Nadie se queja de la niebla. Ahora ya sé por qué: aunque resulte molesta, permite hundirse en ella y sentirse seguro.
***

La respuesta nunca es la respuesta. Lo que es realmente interesante es el misterio. Si usted busca el misterio en lugar de la respuesta, siempre estarás buscando. Nunca he visto a nadie realmente encontrar la respuesta, pero creo que la tienen. Así que deja de pensar. Pero el trabajo es buscar misterio, evocar misterio, plantar un jardín en el que extrañas plantas crecen y florecen misterios. La necesidad de misterio es mayor que la necesidad de una respuesta. 

Ken Kesey, El arte de la ficción CXXXVI, The Paris Review, 1994.

viernes, 26 de junio de 2015

Soy inmortal, pues paso

RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN

(Buenos Aires, Argentina, 1905-1974)

BLUES DEL BARCO ABANDONADO
A Evita Botana

AQUÍ estoy desde el día en que varó la rosa.
Nadie podrá saber quién distrajo su rumbo.
Aquí fui destruyéndome y hoy, casi vuelto al árbol,
sólo la fiel madera permanece en su forma

La tempestad me trajo del pedrusco y el limo
que arrebaté al secreto de las aguas atroces.

Los náufragos partieron y el capitán, sin novia,
quedó en los arrecifes lejanos del olvido.

Cuando la luna saca mi mascarón a flote
la aventura vacía se puebla de recuerdos,
donde en el remolino de las ondas amargas
una paloma besa la frente de la noche.

Vuelvo a ver hondos puertos de carbón y de sal,
tiestos en la ventana del aduanero triste,
y oigo los acordeones que en los barcos de sombra
dicen dulces Italias en nostalgia de mar.

Vuelvo a ver marineros que cantan en las fondas,
deliciosos tatuajes con nombres de mujeres,
la cajita de música y el pontón fatigado
en donde el ángel vela su sueño de gaviota.

Vuelvo a ver horizontes de aldeas sumergidas,
lavanderas que lloran a los maridos muertos,
callejones con fondos de silueta de ahorcado
y el muelle, cuando atracan las ratas perseguidas.

He bordeado la isla de florida fragancia
la tarde en que me vieron pasar los pescadores.
Yo iba a recoger a sus hijos perdidos
en el feroz remanso que devoró la balsa.
Vencedor de la niebla, timonel del ojo astuto,
por los ríos famosos cargué placer y pena,
alegres contrabandos de amores fugitivos,
el jugador fullero y el leñador oscuro.

Ni los soles tremendos ni la bruma enervante
consiguen abatir mi esqueleto solemne.
Sólo turban la paz de mi prisión mecida
los asaltos furtivos de los niños salvajes.

Quisiera ser un puente, un andamio, un refugio
en la lluvia o el féretro de los exploradores.
No estar aquí tumbado, deshabitado, eterno.
Quisiera ser el arca del último diluvio.

A veces desde el tiempo, por la playa desnuda
viene Mary Celeste. Su adolescencia errante
bajo la Cruz del Sur se tiñe extrañamente
y me contempla, solo, desierto de la espuma.

Su clara aparición me hace amar esta orilla,
el otoño mojado y mi antigua congoja.
Entonces un albatros nace en alguna parte,
y se torna dorada mi magnífica ruina.
**
DESPUÉS DE LA MUDANZA

EL NIÑO triste mira con asombro
el patio donde había cielo.
La marca que dejó en el muro
la fotografía de la boda.
El sitio donde estuvo el piano
(su música, como la lluvia).
La ventana donde el otoño
daba su luz a los malvones.
¿Y cómo la verá un día,
vaga, distante, en el recuerdo?

La carta que cayó del mueble
como una hoja del tiempo.
**
EL OPTIMISMO HISTÓRICO

Yo sé que todo cambia,
que nada se detiene,
ni un árbol se detiene
y aun la piedra es viajera.

La soledad no existe,
el mundo es compañía.
Ni la muerte está sola.

Todo lo que es, es lucha.
Soy inmortal, pues paso.
Sólo la estatua queda.
Y aun ella se mueve.

En vano os empeñáis
en detener la historia.

¡Sé que llegará el día!
También lo sabe el sol.
**
La calle del agujero en la media

Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad
y la mujer que amo con una boina azul.
Yo conozco la música de un barracón de feria
barquitos en botellas y humo en el horizonte.
Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad.
Ni la noche tumbada sobre el ruido del bar
ni los labios sesgados sobre un viejo cantar
ni el afiche apagado del grotesco armazón
telaraña del mundo para mi corazón.
¡Ni las luces que siempre se van con otros hombres
de rodillas desnudas y de brazos tendidos!
-Tenía unos pocos sueños iguales a los sueños
que acarician de noche a los niños dormidos-.
Tenía el resplandor de una felicidad
y veía mi rostro fijado en las vidrieras
y en un lugar del mundo era un hombre feliz.
¿Conoce usted paisajes pintados en los vidrios?
¿Y muñecos de trapo con alegres bonetes?
¿Y soldaditos juntos marchando en la mañana
y carros de verduras con colores alegres?
Yo conozco una calle de una ciudad cualquiera
y mi alma tan lejana y tan cerca de mí
y riendo de la muerte y de la suerte y
feliz como una rama de viento en primavera.
El ciego está cantando. Te digo: ¡Amo la guerra!
Esto es simple querida, como el globo de luz
del hotel en que vives. Yo subo la escalera
y la música viene a mi lado, la música.
Los dos somos gitanos de una troupe vagabunda
alegres en lo alto de una calle cualquiera.
Alegres las campanas como una nueva voz.
Tú crees todavía en la revolución
y por el agujero que coses en tu media
sale el sol y se llena todo el cuarto de luz.
Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad,
una calle que nadie conoce ni transita.
Solo yo voy por ella con mi dolor desnudo
solo con el recuerdo de una mujer querida.
Está en un puerto. ¿Un puerto? Yo he conocido un puerto.
Decir, yo he conocido, es decir: Algo ha muerto. 
**

Para leer más del autor, aquí

jueves, 25 de junio de 2015

Palabras que acompañan aunque no estén

SANTIAGO SYLVESTER
(Salta, Argentina, 1942)



(lectura de Yeats)

En este cuarto leo a Yeats
y no pienso en Irlanda sino en este lugar donde estoy: los poemas
hablan para el lugar donde estoy
o no hablan en ninguna parte.
No sé por qué
llega hasta aquí una palabra que no está en el poema: hay
palabras que acompañan aunque no estén:
viven en estos alrededores
donde también estoy yo.
Sopla viento frío: en toda escritura
hay una post data, también en el poema de Yeats: ocultos
y elaborados lugares, no-lugares,
por donde se pasea nuestra suerte.
Una sentencia que nos condena o absuelve: sucede en un poema

y parece bastante.

De Los casos particulares. Ediciones del Dock. Buenos Aires. 2014.

miércoles, 24 de junio de 2015

En cruz estamos. Raya. Tachadura

ÁNGELA FIGUERA AYMERICH

(Bilbao, 1902 - Madrid, España, 1984)


La rosa incómoda

A esto nada menos hemos llegado, amigos,
a que una fresca rosa nos lastime la mano.
La tengo. Es inaudito. Es realmente una rosa.
Tan bella y delicada.
Oh, demasiado bella y delicada
para llevarla en triunfo por la calle,
para ponerla al lado de un periódico
para alternar con tanto futbolista
o viajar en las sucias apreturas del metro.
¿No veis? Es tan absurdo. Es casi un compromiso.
No sé qué hacer con ella.
Me nació. Y es tan mía que no puedo dejarla
marchitarse en la sombra de mi alcoba sin lluvia
ni meterla en asfalto
ni atarla en la veleta de cualquier rascacielos
ni echarla por la boca de alguna alcantarilla.
Y no puedo tampoco, tan viva y tan brillante,
prendérmela en el pecho,
igual que si llevara
mi corazón desnudo a los ojos extraños.
No sería decente.
Y menos colocarla en mis cabellos.
(Son ya grises, amigos). Bastante me he arriesgado
publicando mis años sin quitar una fecha
y mis largos poemas con la sangre en los bordes.
Lo confieso: me encanta contemplarla a hurtadillas,
tan tierna e inocente como antes de la culpa.
Como antes de esta paz y aquella guerra,
como antes de tan lindos sonetos a la rosa.
Tan clara y evidente como en los días santos
cuando las rosas iban con el hombre
sintiéndose seguras,
y el laurel y el olivo prosperaban en casa,
y era cosa admitida
que las aves bajaban a cantar sobre el hombro
de cualquier transeúnte.
Sí, me gusta mirarla. pero siento vergüenza.
Pero temo encontrarme con cualquier conocido.
¿Cómo estás? Muy bien, gracias. ¿Y esa rosa? ¿Esa rosa?
**
Libertad

Crecieron así seres de manos atadas.
Empédocles

A tiros nos dijeron: cruz y raya.
En cruz estamos. Raya. Tachadura.
Borrón y cárcel nueva. Punto en boca.

Si observas la conducta conveniente,
podrás decir palabras permitidas:
invierno, luz, hispanidad, sombrero.
(Si se te cae la lengua de vergüenza,
te cuelgas un cartel que diga “mudo”,
tiendes la mano y juntas calderilla.)

Si calzas los zapatos según norma,
también podrás cruzar a la otra acera
buscando el sol o un techo que te abrigue.

Pagando tus impuestos puntualmente,
podrás ir al taller o a la oficina,
quemarte las pestañas y las uñas,
partirte el pecho y alcanzar la gloria.

También tendrás honestas diversiones.
El paso de un entierro, una película
de las debidamente autorizadas,
fútbol del bueno, un vaso de cerveza,
bonitas emisiones en la radio
y misa por la tarde los domingos.

Pero no pienses “libertad”, no digas,
no escribas “libertad”, nunca consientas
que se te asome al blanco de los ojos,
ni exhale su olorcillo por tus ropas,
ni se te prenda a un rizo del cabello.

Y, sobre todo, amigo, al acostarte,
no escondas “libertad” bajo tu almohada
por ver si sueñas con mejores días.
No sea que una noche te incorpores
sonambulando “libertad”, y olvides,
y salgas a gritarla por las calles,
descerrajando puertas y ventanas,
matando los serenos y los gatos,
rompiendo los faroles y las fuentes,
y el sueño de los justos, porque entonces,
punto final, hermano, y Dios te ayude.


martes, 23 de junio de 2015

Como si mi oficio fuera de hueso / como si mi Negocio fuera el hueso

EMILY DICKINSON


Dos versiones
496

Tan lejos de la piedad, como la queja -
Tan fría a la palabra -como la piedra -
Tan insensible a la Revelación...
como si mi Negocio fuera el hueso –


Tan distante del tiempo -como la Historia -
Tan cerca de ti- Hoy - como los Niños
a la bufanda que lleva el Arco Iris -
o el Amarillo juego del Crepúsculo
a Sepultados párpados -


¡Qué mudamente la Bailarina yace -
mientras rompen Visiones de Color -
y destellan- las Mariposas!

Versión s/d
**
496

Tan lejos de la piedad, como la queja -
tan frío a la palabra -como la piedra -
inconmovible a la revelación
como si mi oficio fuera de hueso -

tan lejos del tiempo -como la historia -
tan cerca de uno mismo -hoy -
como niños, a las bufandas del arco iris -
a la puesta de sol a su juego amarillo

a los párpados en el sepulcro -
¡cuán mudo yace el danzarín -
cuando las revelaciones del color se rompen -
y resplandecen -las mariposas!

(POEMAS. Selección y traducción de Silvina Ocampo. Colección Fábula. Tusquets Editores)
***
As far from pity, as complaint --
As cool to speech -- as stone --
As numb to Revelation
As if my Trade were Bone --

As far from time -- as History --
As near yourself -- Today --
As Children, to the Rainbow's scarf --
Or Sunset's Yellow play

To eyelids in the Sepulchre --
How dumb the Dancer lies --
While Color's Revelations break --
And blaze -- the Butterflies!



lunes, 22 de junio de 2015

Aún tibia como una manta

Estela Figueroa

(Santa Fe, Argentina, 1946)

Esta noche
A José Luis Pagés

Esta noche va a helar
–pensé–
con una inexplicable congoja.

Miré las plantas del patio
que amagaron con florecer
después del “veranillo de San Juan”.

Esta noche va a helar.
Sí.
Pero ya heló sobre los que fueron
nuestros sentimientos de antaño
aquellas pasiones.

Va a helar.
Ya heló
–me dije–.

Quisiera extender
al menos mi mirada
aún tibia como una manta
sobre las plantas del patio
y protegerlas.

Comienzo a envejecer.


De La forastera. Recovecos, 2007.

domingo, 21 de junio de 2015

Buenas noches, lechuza

OLIVERIO GIRONDO

(Buenos Aires, Argentina, 1891-1967)

Persuasión de los días

Me parece que vivo,
que estoy entre los ruidos,
que miro las paredes,
que estas manos son mías,
pero quizá me engañe
y paredes y manos
sólo sean recuerdos
de una vida pasada.


He dicho "me parece".
Yo no aseguro nada.
**
Nocturno 6

Buenas noches, lechuza.
Me agrada la presencia de tus ojos callados,
y ver pastar las sombras debajo de los árboles.

Pero hay algo esta noche,
desazonado,
hueco,
latente,
inexpresado.

¡Ah! Lechuza. Lechuza.
¡Si tuviese tu quena!...
¿Será el viento,
la sombra?

Está aquí.
En la nuca.
A mi espalda.
En tus ojos.

¡Por favor!
No te rías.
No te rías, lechuza.

sábado, 20 de junio de 2015

Un obseso sin convicciones...

EMILE CIORAN
(Răşinari, Rumania, 1911-París, Francia, 1995)

De sus Cuadernos 1957-1972
(Fragmentos)

Cada vez que leo las traducciones de mis textos, comidas por la inteligibilidad, degradadas por el uso común, me sumo en la desolación y la duda. ¿Todo lo que escribí no contenía más que palabras? Lo brillante no puede traducirse a otra lengua; pasa lo mismo que con la poesía. ¡Qué lección de modestia y desaliento leerse en un estilo procesal, después de haberme afligido durante horas para encontrar cada vocablo! No quiero que se me traduzca más, que se me deshonre ante mis propios ojos.
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Después de una buena disputa, nos sentimos más ligeros y generosos que antes.
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El punto débil, el defecto de la coraza de cada uno de nosotros es lo que nos oculta. Nuestro secreto atormenta a los demás, y no podemos escamoteárselo por mucho tiempo. Cuanto más interés ponemos en ello, más se torna objeto de discusión y, finalmente, de escándalo. Por otro lado, nada más enriquecedor que someterse a una infamia (o lo que el mundo considera tal), pues entonces posiblemente no existiremos realmente más que por aquello que nos esforzamos en disimular. El secreto de cada uno de nosotros es su tesoro. Son dignos de lástima quienes no tienen revelaciones que temer.
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Hace dos meses que no escribo una palabra. Mi vieja pereza ataca de nuevo. No tengo otra ocupación que la nostalgia y el remordimiento. Cada día que pasa me hundo un poco más en el desprecio hacia mí mismo. Ideas que se deshilachan, proyectos que abandono apenas iniciados, sueños pisoteados con saña, sistemáticamente... Y sin embargo, no dejo de pensar en el trabajo, que es lo único que me reporta algo de salud. Si no logro rehabilitarme a mis propios ojos, estoy perdido sin remedio. He visto a mí alrededor los suficientes fracasados como para no temer que me convierta en uno. Aunque es posible que ya lo sea...
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Esos griegos, todos sofistas, qué abogados profundos.
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Un obseso sin convicciones...
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Spinoza tiene razón al sostener que la alegría es un paso hacia una perfección mayor. Porque es un triunfo sobre las fuerzas del mundo, sobre el destino..., un golpe a lo irreparable.
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Hace veintitrés años (en 1937) escribí todo un libro acerca de las lágrimas. Y después, sin derramar una sola, no he dejado de llorar.
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La verdadera poesía comienza más allá de la poesía; así como también de la filosofía, y de todo.
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Dios, “our old neighbour”, como le llama Emily Dickinson.
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De Cuadernos 1957-1972. Barcelona: Tusquets, 2004.

viernes, 19 de junio de 2015

“¿Duele?” y arrepentirse de quedar como tonta

Lorena Curruhinca

(Viedma, Provincia de Río Negro, 1981, Argentina. Reside en Bahía Blanca y Carmen de Patagones)

X-men

Nong Youhiu tiene los ojos azules, azules.
Le dicen niño-gato, porque ve en la oscuridad
y sus ojos brillan.
Nong puede cazar grillos 
sin necesidad de usar linterna.
Unos médicos lo encerraron en una habitación sin luz
le dieron cartas y una a una él indicó cuáles eran.

¿El fulgor que emite será como la bioluminiscencia
de las luciérnagas
o como el de los peces abisales? ¿Servirá de señal
de apareo o podrá utilizarlo de carnada?

¿Cómo vas a leer historietas de mutantes con un aparato con pilas,
tapado con sábanas de esos mismos seres evolucionados
si ya sos uno de ellos?
¿Tus pupilas se estrechan verticalmente, Nong?
¿Verás insectos, mascotas, parientes con visión infrarroja?
¿Podrás guiarnos según el calor que emitan nuestros cuerpos
hacia otros similares?

Un profesor nos dijo que en miles de años
se nos caerá el pelo y que no tendremos más dedos meñiques
en un salto evolutivo. Seguramente no calculó que alguien
vería donde nadie puede, acaso sin temer.
Mis hijos, entonces, ¿podrían desarrollar membranas interdigitales
como las ranas o los patos? Querrán ser como aquaman, o como Nong,
tener adaptaciones inusuales, nadar a una velocidad mayor,
soportar mayor presión acuática o tendrán miedo de ser llamados
por nombres que reverencien sus características y no poder alejarse
jamás de tener ojos azules, azules
y de que el mundo todavía no esté listo para dejar de temer a la oscuridad.
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Charlas de nenas casi adolescentes
-en un vestuario de algún lugar
destinado a los partidos de handball
de los torneos bonaerenses-
“¿puedo jugar mejor con esto?”
la inquietud de romper con la pureza,
meterse algo ahí.
“¿Duele?” y arrepentirse de quedar como tonta.

Se ven pelitos de algodón,
jugar con la textura, comprobar la suavidad.
Por unas horas se ignora la permeabilidad,
el movimiento, la obturación.

Tirar del hilo: asombro de la hinchazón;
toda la sangre contenida.
Angustia; una parte del cuerpo
se desecha.

jueves, 18 de junio de 2015

El resto corre por mi cuenta

Clara Muschietti

(Buenos Aires, 1978)

2
Un árbol que de tan grande no permite ver que hay detrás. Una imaginación demasiado poderosa.

3
Alguien que me consuele todo el tiempo, por lo que pasó, por lo que pudo pasar y por lo que va a pasar. Que me sostenga, lo más literalmente posible.

(...)

6
Un puente que separa lo mejor de la vida de lo peor. Cruzarlo sin sentir nada. Una anestesia generalizada en cada vena.

(...)

8
Una madre a veces, una madre a veces, una madre a veces.

9
La casa en obra. El baño y la cocina sin artefactos, sin pisos. Dos agujeros grises. Hay personas que no nacimos para ver el proceso de las cosas.

(...)

11
Un cajón que no se abre es un cajón que no se abre. El resto corre por mi cuenta.

12
Van a tirar la casa abajo Van a tirar la casa abajo Van a tirar la casa abajo. Nosotros quedamos.

(...)

14
Cuando algo importante se cae, se vuelve a caer todo lo importante que se cayó en el pasado.


De Podría llevar cierto tiempo, Bajo la Luna, Buenos Aires, 2015 (en preparación)

miércoles, 17 de junio de 2015

Un hada que se mueve y se disfraza

LAURA WITTNER 

(Buenos Aires, Argentina, 1967)



De noche

Cuando se hace de noche los gatos de mi barrio se juntan en la esquina.

“¿Y?”, dicen. “¿Hoy qué cenamos?”.

Para otros es la hora de salir a pasear.

Son todos bichos de nombre largo:

cucarachas, luciérnagas, murciélagos.

Un tren que pasa de noche con las ventanillas iluminadas

parece una hilera de fantasmitas apurados.

Un edificio de noche es como un tablero de ajedrez

con cuadrados que a veces se encienden y a veces se apagan.

Son más fuertes los olores a la noche:

jazmín en el balcón,

carne con papas que prepara la vecina,

tierra húmeda desde el jardín de al lado

que alguien riega en la oscuridad, silbando.

La noche tiene hada protectora.

Un hada que se mueve y se disfraza:

la luna entre los edificios,

en un charco, en las ramas

como un nido de hornero.

La luna finita,

la luna de oro,

la luna muy muy alta,

la luna acá nomás.


De While you sleep-1er premio del Silent Book Contest 2015.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char