sábado, 30 de agosto de 2014

Con las crines sin fin del argonauta

ANDRÉ BRETON

(Tinchebray, Francia, 1896-París, 1966)

La casa de Yves

La casa de Yves Tanguy
Donde se entra sólo de noche

Con la lámpara-tempestad

Afuera el país transparente
Un adivino en su elemento

Con la lámpara-tempestad
Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve

Y la tela estampada del cielo
–Vamos, lo sobrenatural al suelo

Con la lámpara-tempestad
Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve
Con todas las estrellas del infierno

Hecha de lazos y jambajes
Color de cangrejo en el oleaje

Con la lámpara-tempestad
Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve
Con todas las estrellas del infierno
Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables

El espacio encadenado, el tiempo disminuido
Ariana en su aposento-cofrecillo

Con la lámpara-tempestad
Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve
Con todas las estrellas del infierno
Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables
Con las crines sin fin del argonauta

El servicio está a cargo de falenas
Que se cubren los ojos con telas

Con la lámpara-tempestad
Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve
Con todas las estrellas del infierno
Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables
Con las crines sin fin del argonauta
Con el moblaje fulgurante del desierto

Allí Se mata allí se cura
Y sin tapujos se conspira

Con la lámpara-tempestad
Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve
Con todas las estrellas del infierno
Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables
Con las crines sin fin del argonauta
Con el moblaje fulgurante del desierto
Con las señales que intercambian los amantes desde lejos

Ésa es la casa de Yves Tanguy.

Versión de Aldo Pellegrini***Girasol
A Pierre Reverdy

La viajera que atravesó les Halles a la caída del verano
Caminaba sobre la punta de los pies
La desesperación hacía girar en el cielo sus grandes yaros tan bellos
Y en el bolso de mano se hallaba mi sueño ese frasco de sales
Que únicamente aspiró la madrina de Dios
Los entorpecimientos se desplegaban como el vaho
En el Perro que fuma
Donde acababan de entrar el pro y el contra
La muchacha sólo podía ser vista por ellos mal y al sesgo
Tenía yo que vérmelas con la embajadora del salitre
O con la curva blanca sobre fondo negro que llamamos pensamiento
El baile de los inocentes estaba en su apogeo
Los farolillos se encendían lentamente entre los castaños
La dama sin sombra se arrodilló en el Pont au Change
Calle Gît-le-Coeur los timbres ya no eran los mismos
Las promesas de las noches por fin se cumplían
Las palomas mensajeras los besos de socorro
Se unían a los pechos de la bella desconocida
Lanzados bajo el crespón de las significaciones perfectas
Una granja prosperaba en medio de París
Y sus ventanas daban sobre la vía láctea
Pero nadie la habitaba aún a causa de los aparecidos
De los aparecidos que como se sabe son más devotos
que los desaparecidos
Algunos como esta mujer aparentan nadar
Y en el amor penetra un poco de su substancia
Ella los interioriza
Yo no soy el juguete de ninguna potencia sensorial
Y sin embargo el grillo que cantaba en los cabellos de ceniza
Una tarde cerca de la estatua de Etienne Marcel
Me hizo un guiño de entendimiento
André Breton me dijo pasa.
***
El penacho 

Si solamente hiciera sol esta noche
Si en el fondo de la Ópera dos senos claros y resplandecientes
Compusieran para la palabra amor la más maravillosa capitular viviente
Si el pavimento de madera se abriera sobre la cima de las montañas
Si el armiño mirara con gesto suplicante
Al sacerdote de vendas rojas
Que regresa de la prisión contando los coches cerrados
Si el eco lujoso de los ríos que atormento
Sólo arrojara mi cuerpo en la hierba de París
Que no se hiela en el interior de las joyerías
Por lo menos la primavera ya no me causaría miedo
Si solamente fuera una raíz del árbol del cielo
Por fin el bien en la caña de azúcar del aire
Qué ves tú hermosa silenciosa
Bajo el arco de triunfo del Carrusel
Si el placer gobernara bajo el aspecto de una eterna transeúnte
Estando las Cámaras surcadas sólo por la mirada violeta de los paseos
Qué no daría yo porque un brazo del Sena
Se deslizara bajo la Mañana
Que está de todas formas perdida
No me resigno no a las salas acariciantes
Donde suena el teléfono de las multas de la noche
Al partir he prendido fuego a una mecha de cabellos
que es la mecha de una bomba
Y la mecha de cabellos excava un túnel bajo París
Si solamente mi tren
Penetrara
Por ese túnel.

Versiones de Manuel Álvarez Ortega

viernes, 29 de agosto de 2014

Andaré, pero no tras heroicas huellas


Retrato de Emily Brontë pintado por su hermano Branwell.
Tomado de Wikipedia


EMILY BRONTË
(Yorkshire, Inglaterra, 1818-1848)

A menudo rechazada, pero siempre de regreso
a los sentimientos primeros que nacieron conmigo,
y dejando la caza afanosa de riqueza y de saber
por sueños ociosos e imposibles que abrigo:

hoy no buscaré la región de la penumbra;
lúgubre se consume su frágil vastedad;
y las visiones alzadas, legión tras legión,
acercan misteriosamente el mundo irreal.

Andaré, pero no tras heroicas huellas
ni por los senderos de la moral empinada,
ni entre rostros casi indiscernibles,
formas brumosas de una historia pasada.

Iré por donde me lleve mi naturaleza -
me irritaría que me guiase otro cualquiera -,
adonde grises rebaños pacen entre helechos,
adonde el viento indómito sopla en las laderas.

¿Qué revelan estos montes solos que valga la pena?
No alcanzo a decir cuánta gloria y desconsuelo:
la tierra que mueve a sentir a un corazón humano
puede contener los mundos del Cielo y el Infierno.
**
A la imaginación

Cuando agotados de la extensa jornada,
Y del terrenal cambio del dolor por el dolor,
Perdida, dispuesta a la desesperación,
Tu cálida voz me convoca de nuevo;
Mi sincero amigo, nunca estoy sola
Si tu presencia y ese tono me acompañan.

Sin esperanzas descansa el mundo sin ti,
El mundo sin este doble de mí;
Tu mundo de astucias, odios y duda,
De frías sospechas sin lugar,
Donde tú, yo y la Libertad
Disfrutan una soberanía muda.

Lo que importa es que todo alrededor,
Peligro, angustia y oscuridad,
No rompen las cadenas de nuestra soledad
Donde habita el cielo en su esplendor,
Alimentado por diez mil rayos eternos
De soles que no han conocido el invierno.

La Razón sin dudas habrá de objetar
Por la triste realidad de la naturaleza,
Explicando que el sufrimiento del corazón es vano,
Y que sus preciados sueños deben perecer;
La Verdad con rudeza busca asolar
Las flores de la fantasía que tímidas asoman.

Pero tú siempre serás el que trae
Las cerradas visiones que retornan,
El aliento de nuevas glorias caídas en primavera,
Llamando a la vida de la muerte,
Susurrando con la divina voz
De un mundo real y brillante como tú.

No confío en la dicha de tu fantasma,
Pero en las horas quietas de la noche,
Con un incesante agradecimiento
Te doy la bienvenida, bendito aliento,
Fiel asistente de los humanos deseos,
La más brillante esperanza
Allí donde la esperanza muere.

Versiones s/d

jueves, 28 de agosto de 2014

Eso, no miento, no, me sobresalta

SAFO

(Eresos, isla de Lesbos, 650 a.C.)


Me parece el igual de un dios, el hombre
      que frente a ti se sienta, y tan de cerca
      te escucha absorto hablarte con dulzura
      y reírte con amor.
      Eso, no miento, no, me sobresalta
      dentro del pecho el corazón; pues
      te miro un solo instante, ya no puedo
      decir ni una palabra,
       la lengua se me hiela, y un sutil
      fuego no tarda en recorrer mi piel,
      mis ojos no ven nada, y el oído
      me zumba, y un sudor

          frío me cubre, y un temblor me agita
      todo el cuerpo, y estoy, más que la hierba,
      pálida, y siento que me falta poco
      para quedarme muerta.
                       **    
  Ἔρος δ’ ἐτίναξέ μοι                            
φρένας ὠς ἄνεμος κὰτ’ ὄρος δρύσιν ἐμπέτων.  

      Eros me sacudió el alma
      como un viento que en monte sobre los árboles cae.

(Traducción: Juan Ferraté, de Los líricos griegos)
**
Un epigrama 

Estas son las cenizas de Timade. Muertas antes de la boda, fue a parar al oscuro tálamo de Perséfone. Y una vez que ella pereció, con un acero recién afilado, todas sus compañeras colocaron aquí como ofrenda la graciosa cabellera de sus cabezas.

VIII 

Morirás, bella joven;
ni servirá ser bella,
ni quedará memoria
de ti sobre la tierra,
porque las frescas rosas
no has gozado de Pieria:
y así desconocida
irás a las cavernas
del horroroso Dite,
ni será quien te vea
cuando en las vanas sombras
des fugitivas vueltas.
**
¡Habla, lira divina, y de cantar no dejes…!
**
Fragmento

Afrodita de policromo trono
hija de Zeus, urdidora de engaños, te lo ruego,
no me oprimas con penas ni con sufrimientos.
Señora, el ánimo.
Ven aquí si algún día también en otro tiempo
escuchando de lejos mi palabra
me atendiste, y dejando la casa de tu padre
dorada, te presentaste
luego de uncir tu carro. Lindos gorriones
te llevaban veloces sobre la oscura tierra
agitando las alas, desde el cielo, incesantes, por el
centro del éter
y al instante llegaron. Y tú, la Felicísima,
rompiste a sonreír con tu rostro inmortal y preguntabas
qué me pasaba entonces y por qué entonces
yo te llamaba,
y qué quería más que otra cosa, que sucediera
con alma loca. <<¿A quién deseas que yo persuada
que te conduzca a su amor de nuevo? ¿Quién es, oh Safo,
la que te agravia?
Que si te huye, no tardará en seguirte;
si tus dones no acepta, ella te los dará;
si no te ama, no tardará en amarte
mal que le pese?>>
Ven hoy también a mí y libérame
de los duros pesares, y lo que quiere mi alma
que llegue a término, cúmplemelo, y tú en persona
sé mi aliada.                                                        

miércoles, 27 de agosto de 2014

Ese oscuro hasta cuándo la cena durará

CÉSAR VALLEJO

(Perú, 1892-Francia, 1938) 

La cena miserable 

Hasta cuándo estaremos esperando lo que
no se nos debe… Y en qué recodo estiraremos
nuestra pobre rodilla para siempre. Hasta cuándo
la cruz que nos alienta no detendrá sus remos.

Hasta cuándo la Duda nos brindará blasones
por haber padecido
                                                Ya nos hemos sentado
mucho a la mesa, con la amargura de un niño
que a media noche, llora de hambre, desvelado…

Y cuándo nos veremos con los demás, al borde
de una mañana eterna, desayunados todos.
Hasta cuándo este valle de lágrimas, a donde
yo nunca dije que me trajeran.
                                    De codos
todo bañado en llanto, repito cabizbajo
y vencido: hasta cuándo la cena durará.

Hay alguien que ha bebido mucho, y se burla,
y acerca y aleja de nosotros, como negra cuchara
de amarga esencia humana, la tumba…
                                    Y menos sabe
ese oscuro hasta cuándo la cena durará!

martes, 26 de agosto de 2014

Euclides no siempre tenía razón

Robert James Waller
Tomada de radaris.com

(Rockford,  Iowa, EE.UU., 1939)

Los puentes de Madison County
(Fragmentos)

La caída de la dimensión Z
Robert Kincaid

Hay antiguos vientos que todavia no comprendo, aunque ahora me parece que siempre he cabalgado en su lomo.
Me muevo en la dimensión Z; el mundo pasa por otro lugar, en otro plano de las cosas, paralelo a mi, como si con las manos en los bolsillos e inclinándome un poco hacia adelante, lo viera en el interior del escaparate de una gran tienda… En la dimensión Z, hay momentos extraños. Después de una curva larga y lluviosa en Nuevo México, al oeste de Magdalena, la carretera lleva a un camino y el camino a un sendero de animales.
Un movimiento del limpiaparabrisas y el sendero se transforma en un bosque, en el que nadie ha entrado nunca.
Otra vuelta del limpiaparabrisas y otra vez algo más atrás. Esta vez es una vasta zona helada.
Avanzo a través de los pastos cortos vestido con pieles, con el cabello enmarañado y una lanza, delgado, duro como el hielo mismo.
Todo músculo e impecable astucia. Más allá del hielo, siempre mucho más atrás, en la medida de las cosas, estan las profundas aguas saladas en las que nado, cubierto de agallas y escamas.
No veo nada más, sólo que más allá del planetón está el dígito cero… Euclides no siempre tenía razón. Pensaba que las paralelas seguían paralelas hasta el infinito.
Pero también es posible un modo de vida NO Euclidiano, en la que las paralelas se tocan, allá muy lejos. Un punto en el que todo desaparece. La ilusión de la convergencia, pero sé que es más que una ilusión.
A veces es posible la unión, la fusión de una realidad con otra. Una especie de suave enlazado. Sin intersecciones nítidas en un mundo de precisión, sin el murmullo de la lanzadera, sólo… sólo la respiración.
Y me muevo lentamente, por encima de esta otra realidad y junto a ella y debajo y alrededor de ella, siempre con fuerza siempre con potencia y sin embargo siempre entregándome a ella.
Y el otro ser lo percibe, se acerca con su propia potencia y a su vez se entrega a mí.
En algún lugar, dentro de la respiración, suena la música y entonces empieza la curiosa danza en espiral, con un ritmo propio que derrite al hombre de hielo y el cabello desordenado.
Y lentamente, girando y rodando en adagio, siempre en adagio, el hombre de hielo cae…desde la dimensión Z… y dentro de ella.
**

¿Sabe? El otro día apunté una cosa. Lo hago a menudo cuando estoy en la carretera. Más o menos venía a decir: "Los viejos sueños eran buenos sueños. No se realizaron pero me alegro de haberlos tenido". No sé bien qué significa pero pensé que lo utilizaría algún un día.

lunes, 25 de agosto de 2014

El ligustro sin podar resplandece





EAMON GRENNAN 
(Dublín, Irlanda, 1941)

Mujeres en invierno
1.

Ella te encuentra en fuga, /
en intervalos a la madrugada /
de luz y sombra. /

Vainas que se empluman de su aliento / brotan en el aire férreo.  Sus
pechos / crean dos pequeñas marcas en el algodón.
Su corazón, ves, marca el tiempo /
entre ambos, tartamudea una /
lengua.  Granitos de sudor iluminados /

puntean su frente y sus mejillas sonrojadas, / quemando el puente
detrás de ti. Frío / y por tu propio camino, flagrante /

camarada, pruebas esa sal mortal.
*
1.

She meets you on the run /
through early morning intervals /
of light and shade. /

Feathering pods of her breath /
burst on the iron air. Her breasts /
make two small dents against cotton. /

Her heart, you see, beats time /
between you, a stuttering /
tongue. Lit pimples of sweat /

stipple her forehead and flushed cheeks, / burning the bridge behind you. Cold / and going your own way, flagrant /

comrade, you taste that mortal salt.

De "Women in Winter / Mujeres en invierno" por Eamon Grennan. Incluido en La luz que hay (What Light There Is), 1987.
Versión de Iván Ivanissevich 
**
Los pintores de cavernas

Sosteniendo sólo un manojo de luz
ellos se apretujaban en la oscuridad, en cuclillas
hasta que la gran cámara de piedra
florecía a su alrededor y se paraban
en un enorme vientre de
luz parpadeante y penumbra, un lugar
para comenzar. Manos alzadas proyectaban sombras
sobre las formas más elegantes del resplandor.

Dejaron atrás el mundo de clima y pánico
y siguieron, dibujando la oscuridad
en su estela, pulsando como una sola vibración
hacia el centro de la piedra. Los pigmentos mezclados en grandes caparazones
minerales molidos, pétalos y pólenes, bayas
y los jugos astringentes que destilaban
de las cortezas elegidas. Las bestias

comenzaban a formarse desde manos y matas de hojas
(empapados en ocre, manganeso, garanza, blanco malva)
trazando sobre la roca agreste, permitiendo a cuestas y contornos
moldear aquellas formas por azar, convenciendo
a inclinaciones rigurosas, pliegues y bultos
prestarse para ser cuellos, vientres, ancas hinchadas
una frente o un giro de cuerno, colas y melenas
encrespándose en un loco galope.

Propósito y humanidad, ellos atan
al mineral, vegetal, animal
reino de sí mismos, inscribiendo
la única línea continua
todo depende de, desde
ese centro impenetrable
hacia los espacios intangibles de luz y aire, hasta
la velocidad del caballo, el miedo del bisonte, el arco
de ternura que esta vaca panzona
curva sobre su ternero-eje, o el ritual
de muerte con lanzas
que se eriza en la ijada golpeada
del ciervo. En esta línea ellos dejan
una figura humana hecha con palos, cabeza de pico
y una pequeña mano calcárea.

Nunca sabremos si trabajaron en silencio
como gente rezando- la forma en que nuestros monjes
Iluminaron sus propias eras oscuras
en sombreados claustros de roca,
donde ideaban un conectado
laberinto de encendidas afinidades
para discernir en el encaje y fábula de la naturaleza
su consciente, deslumbrante sexto sentido
de un dios de las sombras- o si (como pájaros
trazando su gran linaje alrededor del globo)
sostuvieron un constante chisme
de alabanza, estímulo, reclamo.

No importa: sabemos
ellos fueron con canales de luz
hacia la oscuridad; acordaron
con el mundo dado; debieran haber tenido
-cuando sus manos se movían incesantemente
a la luz de la telaraña- un deseo que
reconoceríamos: ellos -antes de seguir
más allá de la zona limítrofe, ese ningún lugar
que está ahora aquí- dejarían detrás algo
erguido y brillante, en la oscuridad.

The Cave Painters from Out of Sight: New & Selected Poems. 2010 by Eamon Grennan
Versión: Marina Kohon
**
Abandonando el Jardín

Tiempo de recordar otra vez
la última mirada que mi padre le dio al jardín,
de pie junto a la puerta para retenerlo todo
y todo lo que sabía del mismo
antes de ser acomodado lentamente en el auto
hacia el hospital. Los primeros narcisos de marzo
florecen deslumbrantes,
el ligustro sin podar resplandece
y unas rosas tenaces siguen inclinando
su cabeza hacia él mientras se va.
Verá la huella oscura de unas babosas
deslizándose en el pasto,
pero no dirá nada,
dejando que todo se desvanezca detrás de sí
como un dibujo de juventud-un rostro
que amó pero que no recuerda bien-
al igual que un nadador cede su cuerpo
al oleaje- un detalle
en la marea poderosa-
sintiendo su vastedad, su contenida
violencia y extraña paz. Así,
abandonando el control ya que las cosas
tenían que pasar, mi padre deserta
y se aleja de este pequeño espacio cercado
de brillo exhuberante que empieza
a resistir otra vez
lo que los días hacen, yendo y viniendo.

Eamon Grennan, Poesía Irlandesa Contemporánea, Tierra Firme, 1999
Versión: Gerardo Gambolini
*
Leaving the Garden

Time to remember again
the last look my father gave  the garden
standing at the gate to take it all
and all he knew of it in
before being slowly eased into the car
for the hospital. Early March
daffodils are in raving bloom
the untrimmed  privet bush glistens,
and some hardy heads at him as he goes.
he'll notice the dark finger-shapes
of a dozen slugs slithering
over grass, but says nothing,
letting it all fall behind him
like an early draft, a face
he loved but he cant´t quite remember-
the way a swimmer lets the swell
take his body with it- a detail
in that mighty
rise and fall-
feeling its hugeness, its contained
violence and curious peace. So
letting go his hold on where
things had to happen, my forsaking father
turns himself away
from this hedged-in small space
of hearty brightness that begins
to weather all over again
what the days do, coming and going.
***
Elemental

El sueño todo agua, un viaje
Dios sabe dónde, una partida
a través de los barrotes de esta clara ventana
más allá de la que parpadea una mezcla
de tránsito a la hora pico, gansos charlatanes, cielo deslucido.
Esta mañana después, luego, alcanzas a ver
elevándose desde el agua turbia,
a una garza de color barro levantándose
entre dos elementos y convirtiéndose con alas extendidas
en un tercero, dejando una pequeña huella
del fuego que la alimenta
en el resplandor del humo que fue
su aliento. Lo que deseas, contemplativo,
es una vida justa entre los elementos:
para estar allí en ese presente perfecto
absoluto, arrojarte a ti mismo imprudente
hacia el futuro, rememorando el pasado—
convirtiéndote sencillamente en el mundo
mientras este se vuelve tú,
siendo cualquier cosa que haya sido llevada
hasta este momento tal como es
sobre un ala extendida: un equilibrio aconteciendo.
*
Elemental

The dream all water, a voyage
to God knows where, a setting off
through bars of this bright-mullioned window
beyond which twinkles a mix
of rush-hour traffic, yapping geese, tattered sky.
This morning after, then, you catch sight of—
rising out of muddy water—
a mud-colored heron lifting itself
out of two elements and vaulting broad-winged
into a third, leaving a little sign
of the fire that feeds it
in the gleam of steam its breath
had been. What you wish for, watching,
is a life so right among the elements:
to be there in that perfect present
absolute, be a self flung headlong
into the future, past looking back—
simply becoming the world
as it becomes you,
becomes whatever has been brought
to this moment as it is
on extended wing: a balance happening.

Versión © Silvia Camerotto

domingo, 24 de agosto de 2014

Y una flor otra flor

BEATRIZ VALLEJOS

(Santa Fe, Argentina, 1922-2007)


Bajo la copa de todo amanecer

Cedía el aire su pequeño paso,
los tréboles el malva
y una flor otra flor.

Las torcacitas
Caminaban de a dos.
***
Antes del poema

en cada rama

antes
   antes

Sólo allí quiso ser
***
Revés del cielo

bogan
ropitas de los sueños
retablillo de Él.
***
Fácilmente demostrable

El vivir
es eso que sabes
mejor que yo.

Qué les diera a las palabras
batir poemas, ilusorios afiches,
superestructuras de la sangre
que late, late, late, late?

sábado, 23 de agosto de 2014

En las horas más ruidosas de la razón

Samuel Taylor Coleridge

(Inglaterra, 1772-1834)

BALADA DEL VIEJO MARINO
       IV
«¡Te tengo miedo, anciano Marinero!
        Me da miedo tu mano descarnada;
Y además eres larguirucho, y flaco, y muy tostado
        como lo es la ondulada arena del Mar.

«Te temo a ti y a tus ojos relucientes
        y a tu mano descarnada tan oscura—»
«¡No temas, no temas, invitado de la boda!
        Que no cayó sin vida este cuerpo.

«Solo, solo, en verdad completamente solo
        solo en la ancha inmensidad del Mar;
y Cristo no habría de tener compasión
        de mi alma en agonía.

«¡Tantos hombres tan hermosos,
        y todos ellos yacían muertos!
Y un millón de millones de cosas repugnantes
        seguían vivas—como yo.

«Miré hacia el Mar putrefacto,
        y al instante retiré los ojos;
miré hacia la cubierta fantasma,
        y allí yacían los muertos.

«Miré al Cielo, e intenté rezar;
        mas en cuanto había terminado una oración,
un susurro maligno me alcanzaba y me volvía
        el corazón tan seco como el polvo.

«Cerré los párpados y los mantuve bien cerrados,
        hasta que los globos de los ojos me latían intensamente;
porque el cielo y el mar, y el mar y el cielo
sobre mis ojos cansados pesaban como una carga insoportable,
        y los muertos estaban a mis pies.

«El sudor frío se fundía en sus cuerpos:
        ni se descomponían, ni apestaban;
la mirada con la que me contemplaban,
        nunca jamás se me ha olvidado.

«La maldición de un huérfano al Infierno arrastraría
        a un espíritu de lo alto:
Mas, ¡ah!, ¡más terrible es que todo eso
        la maldición de los ojos de un muerto!
Durante siete días y siete noches contemplé aquella maldición,
        y a pesar de ello morir no pude.

«La Luna inquieta caminaba por el cielo
        y en ningún lugar se detenía:
con calma iba ascendiendo
        con una estrella o dos al lado.

«Sus rayos imitaban el sofoco de las aguas,
        como escarcha matutina se extendían;
mas allí donde se extendían la sombra enorme del barco,
las aguas encantadas siempre ardían
        con un rojo tranquilo y terrible.

«Más allá de la sombra del navío
        contemplaba las serpientes de las aguas:
se movían dejando estelas de blanco resplandor;
y cuando se erguían, la luz encantada
        se convertía en copos canos.

«Dentro de la sombra del navío
        contemplaba su atavío tan suntuoso:
azules, de un verde brillante, y de negro terciopelo
se enroscaban y nadaban, y cada estela
        era un relámpago de fuego dorado.

«¡Ah felices criaturas vivientes! no hay lengua
        que declarar pueda su belleza:
¡un torrente de amor brotó de mi corazón,
        y las bendije sin haberme dado cuenta!
De seguro que mi santo patrón se apiadó de mí,
        y las bendije sin haberme dado cuenta.

«En aquel preciso instante fui capaz de rezar;
        y de mi cuello entonces liberado
se desplomó el Albatros, y se hundió
        como plomo en el mar.»
Miré al cielo e intenté rezar;
pero antes de que pudiera elevar la plegaria
vino hacia mí un susurro impío
que seco como el polvo dejó mi corazón.
Estuve un buen rato con los ojos cerrados
que, como si tuvieran pulso, palpitaban;
pues el cielo y el mar, el cielo y el mar
yacían cual carga en mis ojos cansados
y todos los muertos estaban a mis pies.

Un sudor frío surgía de sus miembros
que no se pudrían ni emanaban hedor:
la mirada con que se miraban
ni un solo instante me dejaba.

La maldición de un huérfano llevaría al infierno
a un espíritu bueno;
pero, ¡oh!, ¡es mucho más horrible
la maldición que anida en los ojos de un muerto!
Y vi esa maldición siete días y noches
y, sin embargo, no llegué a morir.

Escalaba el cielo la errante Luna
sin detenerse nunca:
flanqueada de una o dos estrellas
lentamente ascendía.

Se burlaban sus rayos del sofocante mar,
esparcidos como en Abril la escarcha blanquecina;
pero adonde llegaba la gran sombra del barco
las calmas aguas hervían hechizadas
con un rojo de espanto.

Contemplé las serpientes marinas
más allá de la sombra del barco:
avanzaban en estelas de fúlgido blancor
y cuando se erguían derramaban
su luz hechizada en copos níveos.

En la sombra del barco
contemplé sus ricos atavíos:
azul, verde brillante y negro terciopelo
se encogían, nadaban; y era cada estela
un vivo resplandor de áureo fuego.

¡Qué felices seres vivos! No hay lengua
que pueda proclamar su hermosura:
una fuente de amor manó de mi corazón
y, sin querer, los bendije:
tuvo piedad de mí el ángel de la guarda
y, sin querer, los bendije.

Y pude rezar en aquel mismo instante;
y libre ya el Albatros
cayó de mi cuello e igual que plomo
se hundió en el mar.

Versión s/d
***
Helada a medianoche

La helada cumple su secreto oficio
sin ayuda del viento. Un búho deja
su chillido en la noche -escucha- inmensa.
Todos descansan ya y me entrego a esa
soledad que propicia el desvarío.
Tan sólo queda junto a mí, en su cuna,
el reposado sueño de mi hijo.
¡Es tan tranquilo! Tanto que perturba
el pensamiento con su extremo y raro
silencio. ¡Mar, colina y arboleda,
junto a este pueblo! ¡Mar, colina y bosque
con los hechos diarios de la vida,
inaudibles cual sueños! La azul llama
se aquieta en el hogar y ya no tiembla;
sólo esa cinta interrumpe la calma,
agitándose aún sobre la verja.
Su meneo en la calma de esta escena
le da una semejanza con mi vida,
la toma una amistosa forma cuyo
endeble flamear hace un juguete
del pensamiento y es interpretada
a su modo por el alma, que busca
en cada cosa espejo de sí misma(...)

Versión de Gabriel Insuasti
***

¿Y si durmieras?
¿Y si en tu sueño, soñaras?
¿Y si al soñar fueras al cielo
y allí recogieras una extraña y hermosa flor?
¿Y si cuando despertaras tuvieras la flor en tu mano?
Ah, ¿entonces qué?
**
What if you slept 
And what if 
In your sleep 
You dreamed 
And what if 
In your dream 
You went to heaven 
And there plucked a strange and beautiful flower 
And what if 
When you awoke 
You had that flower in you hand 
Ah, what then?
***
La presencia del amor

Y en las horas más ruidosas de la razón,
Todavía existe un incesante susurro: Te amo;
Único consuelo y soliloquio del corazón.

Tú moldeas mi esperanza, vestida en mi interior;
Liderando todas mis palpitaciones, fluyendo en mi dolor.
Tú yaces en mis muchos pensamientos, como la luz,
Como la dulce luz del crepúsculo,
O la visión anticipada del verano rompiendo en el arroyo,
Nubes reflejadas en un lago.
Y mirando hacia el cielo que se arquea sobre ti,
Muy a menudo, bendigo al dios que me ha hecho amarte así.

Versión s/d

viernes, 22 de agosto de 2014

Con tanta tiniebla dentro

DIEGO E. SUÁREZ

(Posadas, Provincia de Misiones, Argentina, 1979)

Para quien está al lado

Para quien está al lado
los días pasan pesadamente
arrastrando los pies.
A no ser por los ciclos de la luna
y los resignados amaneceres
cualquiera pensaría: esto
es un mal sueño que nunca termina
de empezar. Después de todo
quien está al lado sabe que está
ahí para algo: asiste a otro cuerpo
(al sufrimiento de otro en su cuerpo)
y al asirlo por dentro se siente carcomer
a medida que en su roce contra el suelo
cada hora levanta una polvareda insoportable.
***
VI.

Cada vez duele más el pinchazo
de lo no logrado habiendo podido,
lo tronchado por manos ineptas.

Duele más que cualquier espera.

Sea en el lugar que sea
un vacío asfixiante
acecha nuestros pasos.

¿Podemos volver para atrás?

Debe haber una senda
por donde regresar hacia delante.
La cuestión es hallarla
con tanta tiniebla dentro.

(Al menos tenemos nuestro amor
como lámpara de emergencia.)
**
VIII.

–¿Cuánto falta para que esto termine?

Una pregunta alcanza
para nublar cielo y tierra.

Con la lengua adormecida
no por los psicotrópicos sino
por la religión la ciencia el arte y otros opios
miro tus ojos de un día después sin querer
recordar alguna respuesta.
**
XI.

Por las noches despierto empapada
en sudor, las manos crispadas,
las mandíbulas tensas. Mientras
en la habitación contigua mi hijo
se me va de las manos. 
**
De Sufrimiento de otro en su cuerpo. Editorial Serapis. Rosario. 2013.

jueves, 21 de agosto de 2014

Se lamenta de mí

SANDRA ISABEL RAGUSA

(Punta Alta, provincia de Buenos Aires, Argentina; se crió en Mar del Plata. Actualmente reside en San Carlos de Bariloche, Río Negro, Argentina

Gris

en vano clama
la tristeza
por su leche tibia

esta espera
es arena
entre los dientes

y en un velero
de papel
mi alma

masculla su endeblez
se lamenta de mí
**
Tres preguntas
(Fragmento)

¿en dónde
sobre qué cosa
hay que
poner
este amor
de madre
nuevo
mío?

¿qué
pasará
si se pudre
como
el sueño
aquél?

¿por qué
no realizar
el transparente
impulso
de ponerlo
sobre mí?
*
Madre

recíbeme
he estado pedida

enamorada del mar
y la razón

atravesé
el Caos

ciega
sola

aún pudiendo
parir
como hija tuya
yo misma

busqué a Eros
me nutrió

entonces

ya es hora
Madre

de pedir
tu amor
la plenitud

de abrirme

a tu abundancia
redonda
terrena
**
Herencia

yo sé
que uno puede
morirse
de no querer
vivir más

si respiro hondo
esa idea
se extiende
sobre mí
como una frazada

mi padre
me la legó

para que la arrastrara

yo la uso
para abrigarme
con ella

De Devuelta del rito, Ediciones de La Eterna, 2013.

miércoles, 20 de agosto de 2014

De todos modos canto

"Tom O'Bedlam"
Tomada de jacket2.org

Anónimo
(Impreso por primera vez en un libro de 1620)

De la bruja y el duende voraz
que podrían dejaros en harapos,
el espíritu que en el Libro de las Lunas
va con el desnudo pido que os defienda,
para que nunca os abandonen
los cinco lúcidos sentidos
ni vaguéis con Tom lejos de vosotros
mendigando tocino en otras tierras,
mientras yo canto: comida o alimento,
ropas, bebida, algún sustento,
acércame sin miedo, seas doncella o dama,
que el humilde Tom no te hará nada.

De treinta años completos
veinticuatro he vivido enfurecido
y, de cuarenta, cuarenta y cuatro
en firme cárcel he pasado preso
en el señorial desván de Bedlam
con barba suave y primorosa,
fieros grillos, látigo cantor,
y hambre suculenta y aun copiosa,
y ahora canto: comida o alimento
ropas, bebida, algún sustento,
acércame sin miedo, seas doncella o dama,
que el humilde Tom no te hará nada.

Me engatusó una Magdalena
y con un tazón de hierbas estofadas
que me dio un enano, bendito sea Dios,
vine a dar en este alelamiento.
No he dormido desde la Conquista;
antes nunca había estado en vela
hasta que el pilluelo del amor
me halló tumbado y me dejó en cueros.
Y ahora canto: comida o alimento
ropas, bebida, algún sustento,
acércame sin miedo, seas doncella o dama,
que el humilde Tom no te hará nada.

Cuando me haya recortado bien las cerdas
y apurado la bota hasta el final
en una taberna empeñaré el pellejo
como si un atuendo de oro fuera;
tengo a la luna por amada constante
y por camarada al adorable búho;
el flamígero dragón y la lechuza
entonan la melodía de mi pena.

Pero yo canto: comida o alimento
ropas, bebida, algún sustento,
acércame sin miedo, seas doncella o dama
que el humilde Tom no te hará nada.
Se me paralizaría el pulso
si os robara un pollo o un marrano,
me llevara una paloma o dejara sin pareja
al gallo o a la gallina clueca.

Cuando quiero una pitanza, ceno
con Humphrey, y luego me voy a reposar
en el camposanto de Saint Paul
sin miedo a las almas en pena.
Por eso mientras canto, comida o alimento
ropas, bebida, algún sustento,
acércame sin miedo, seas doncella o dama,
que el humilde Tom no te hará nada.

Sé más que Apolo, pues a menudo,
cuando él duerme, veo que las estrellas
heridas por guerras sanguinarias
en el firmamento se echan a llorar.
La luna abraza a su pastor
y la Reina del Amor a su guerrero;
una cornea al astro matutino
y la otra al herrero celestial.
Mientras, yo canto: comida o alimento
ropas, bebida, algún sustento,
acércame sin miedo, seas doncella o dama,
que el humilde Tom no te hará nada.

Nada quiero saber de la amistad
de los gitanos Pedro y el Tramposo,
desdeño a la puta y maldigo al timador
y el alarde de la pandilla callejera.
Los mansos, los cándidos y bondadosos
pueden venir, tocarme, no evitarme;
pero al que enfade al Rinoceronte Tom,
más le valdrá ser ágil cual pantera.

Pero yo canto: comida o alimento
ropas, bebida, algún sustento,
acércame sin miedo, doncella o dama
que el humilde Tom no te hará nada.

Con un tropel de fantasías furiosas
que obedecen a mi mando
con lanza de fuego y un caballo de aire
vago por páramos salvajes.
Un caballero de sombras y fantasmas
me convoca a singular torneo
diez leguas más allá del fin del mundo:
me parece que no es gran cosa el viaje.
De todos modos canto: comida o alimento
ropas, bebida, algún sustento,
acércame sin miedo, doncella o dama
que el humilde Tom no te hará nada.

Traducción de Marcelo Cohen.
**
From the hag and hungry goblin
That into rags would rend ye,
The spirit that stands by the naked man
In the Book of Moons defend ye,
That of your five sound senses
You never be forsaken,
Nor wander from your selves with Tom
Abroad to beg your bacon,
While I do sing, Any food, any feeding,
Feeding, drink, or clothing;
Come dame or maid, be not afraid,
Poor Tom will injure nothing.

Of thirty bare years have I
Twice twenty been enragèd,
And of forty been three times fifteen
In durance soundly cagèd
On the lordly lofts of Bedlam,
With stubble soft and dainty,
Brave bracelets strong, sweet whips ding-dong,
With wholesome hunger plenty,
And now I sing, Any food, any feeding,
Feeding, drink, or clothing;
Come dame or maid, be not afraid,
Poor Tom will injure nothing.

With a thought I took for Maudlin
And a cruse of cockle pottage,
With a thing thus tall, sky bless you all,
I befell into this dotage.
I slept not since the Conquest,
Till then I never wakèd,
Till the roguish boy of love where I lay
Me found and stript me nakèd.
And now I sing, Any food, any feeding,
Feeding, drink, or clothing;
Come dame or maid, be not afraid,
Poor Tom will injure nothing.

When I short have shorn my sow's face
And swigged my horny barrel,
In an oaken inn I pound my skin
As a suit of gilt apparel;
The moon's my constant mistress,
And the lowly owl my marrow;
The flaming drake and the night crow make
Me music to my sorrow.
While I do sing, Any food, any feeding,
Feeding, drink, or clothing;
Come dame or maid, be not afraid,
Poor Tom will injure nothing.

The palsy plagues my pulses
When I prig your pigs or pullen,
Your culvers take, or matchless make
Your Chanticleer or Sullen.
When I want provant with Humphrey
I sup, and when benighted,
I repose in Paul's with waking souls
Yet never am affrighted.
But I do sing, Any food, any feeding,
Feeding, drink, or clothing;
Come dame or maid, be not afraid,
Poor Tom will injure nothing.

I know more than Apollo,
For oft, when he lies sleeping
I see the stars at bloody wars
In the wounded welkin weeping;
The moon embrace her shepherd,
And the Queen of Love her warrior,
While the first doth horn the star of morn,
And the next the heavenly Farrier.
While I do sing, Any food, any feeding,
Feeding, drink, or clothing;
Come dame or maid, be not afraid,
Poor Tom will injure nothing.

The gypsies, Snap and Pedro,
Are none of Tom's comradoes,
The punk I scorn and the cutpurse sworn,
And the roaring boy's bravadoes.
The meek, the white, the gentle
Me handle, touch, and spare not;
But those that cross Tom Rynosseros
Do what the panther dare not.
Although I sing, Any food, any feeding,
Feeding, drink, or clothing;
Come dame or maid, be not afraid,
Poor Tom will injure nothing.

With a host of furious fancies
Whereof I am commander,
With a burning spear and a horse of air,
To the wilderness I wander.
By a knight of ghosts and shadows
I summoned am to tourney
Ten leagues beyond the wide world's end::
Methinks it is no journey.
Yet will I sing, Any food, any feeding,
Feeding, drink, or clothing;
Come dame or maid, be not afraid,
Poor Tom will injure nothing. 

martes, 19 de agosto de 2014

Te usaré con ternura, hierba curva

WALT WHITMAN
 (West Hills, condado de Suffolk, Nueva York, EE.UU., 1819-Camden, Nueva Jersey, 1892)

CANTO DE MI MISMO
(Song of Myself)

6

Un niño me preguntó: ¿Qué es la hierba?, trayéndola a manos llenas,
¿Cómo podría contestarle? Yo tampoco lo sé.

Sospecho que es la bandera de mi carácter tejida con esperanzada tela verde.

O el pañuelo de Dios,
Una prenda fragante dejada caer a propósito,
Con el nombre del dueño en alguna punta, para que lo veamos y lo notemos y nos preguntemos, ¿de quién?

O sospecho que la hierba misma es un niño, el recién nacido de la tierra.

O un jeroglífico uniforme,
Que significa: crezco por igual en las regiones vastas y en las estrechas,
Crezco por igual entre los negros y los blancos,
Canadiense, piel roja, senador, inmigrante, a todos me entrego y a todos los recibo.

Y ahora se me figura que es la cabellera suelta y hermosa de las tumbas.
Te usaré con ternura, hierba curva.
Acaso hayas brotado del pecho de los jóvenes,
Acaso, si estuvieran aquí, yo los amaría,
Acaso hayas brotado de los ancianos, o de niños arrancados del regazo de la madre,
Y ahora eres el regazo de la madre.

Esta hierba es demasiado oscura para haber brotado de los cabellos blancos de las madres ancianas,
Más oscura que las descoloridas barbas de los ancianos,
Demasiado oscura para haber brotado de sus pálidos paladares.

¡Ah! Percibo al fin otras tantas lenguas que hablan,
Y comprendo que no han nacido en vano de esos paladares y de esas bocas.

Querría traducir las insinuaciones sobre los muchachos y las muchachas muertas,
Y las insinuaciones sobre los ancianos y las madres y de los niños arrebatados de sus regazos.

¿Qué piensas que ha sido de los jóvenes y de los ancianos?
¿Qué piensas que ha sido de las mujeres y de los niños?

Están sanos y buenos en algún lado,
El retoño más débil prueba que no existe la muerte,
Y que si alguna vez existió lo hizo para impulsar la vida, y no espera que lo destruya el fin,
Y no ha cesado en el momento que surgió la vida.

Todo progresa y se dilata, nada se viene abajo,
Y morir es algo distinto de lo que muchos supusieron, y de mejor augurio.
**
A child said What is the grass? fetching it to me with full hands;
How could I answer the child? I do not know what it is any more than he.

I guess it must be the flag of my disposition, out of hopeful green stuff woven.

Or I guess it is the handkerchief of the Lord,
A scented gift and remembrancer designedly dropt,
Bearing the owner’s name someway in the corners, that we may see and remark, and say Whose?

Or I guess the grass is itself a child, the produced babe of the vegetation.

Or I guess it is a uniform hieroglyphic,
And it means, Sprouting alike in broad zones and narrow zones,
Growing among black folks as among white,
Kanuck, Tuckahoe, Congressman, Cuff, I give them the same, I receive them the same.

And now it seems to me the beautiful uncut hair of graves.

Tenderly will I use you curling grass,
It may be you transpire from the breasts of young men,
It may be if I had known them I would have loved them,
It may be you are from old people, or from offspring taken soon out of their mothers’ laps,
And here you are the mothers’ laps.

This grass is very dark to be from the white heads of old mothers,
Darker than the colorless beards of old men,
Dark to come from under the faint red roofs of mouths.

O I perceive after all so many uttering tongues,
And I perceive they do not come from the roofs of mouths for nothing.

I wish I could translate the hints about the dead young men and women,
And the hints about old men and mothers, and the offspring taken soon out of their laps.

What do you think has become of the young and old men?
And what do you think has become of the women and children?

They are alive and well somewhere,
The smallest sprout shows there is really no death,
And if ever there was it led forward life, and does not wait at the end to arrest it,
And ceas’d the moment life appear’d.

All goes onward and outward, nothing collapses,
And to die is different from what any one supposed, and luckier.

De Hojas de Hierba. Selección, traducción y prólogo de Jorge Luis Borges.
Editorial Lumen, edición bilingüe.
**

Cuando escuché al docto astrónomo,
cuando me presentaron en columnas
las pruebas y guarismos,
cuando me mostraron las tablas y diagramas
para medir, sumar y dividir,
cuando escuché al astrónomo discurrir
con gran aplauso de la sala,
qué pronto me sentí inexplicablemente
hastiado,
hasta que me escabullí de mi asiento y
me fui a caminar solo,
en el húmedo y místico aire nocturno,
mirando de rato en rato,
en silencio perfecto a las estrellas.

Traducción de León Felipe
**
When I heard the learn’d astronomer,
When the proofs, the figures, were ranged in columns before me,
When I was shown the charts and diagrams, to add, divide, and measure them,
When I sitting heard the astronomer where he lectured with much applause in the lecture-room,
How soon unaccountable I became tired and sick,
Till rising and gliding out I wander’d off by myself,
In the mystical moist night-air, and from time to time,
Look’d up in perfect silence at the stars.

lunes, 18 de agosto de 2014

Una canción que se derrama, como agua fría, sobre la cabeza

ELIZABETH BISHOP

(EE.UU., 1911-1979) 

Soneto

Necesito de la música que pueda flotar
Sobre las inquietas puntas de mis dedos,
Sobre mis amargos y manchados, temblorosos labios,
Con melodía profunda, clara y lentamente líquida.
Oh, el curativo balanceo, viejo y humilde,
De alguna canción que sonó para el descanso del alma agotada,
Una canción que se derrama, como agua fría, sobre la cabeza
¡Y sobre estremecidos miembros, los sueños salen a caminar!

Hay algo mágico creado por la melodía:
Un hechizo de tranquilidad, una quieta respiración
Y un corazón fresco que se sumerge atravesando colores marchitos
Hacia la honda, sumergida tranquilidad marina,
Y que flota siempre en un charco, verdoso por la luna,
Alzado en brazos por el sueño y el ritmo.

Traducción de Luis Benítez

domingo, 17 de agosto de 2014

La desgracia del Precio

EMILY DICKINSON 

(Amherst, Massachusetts, EE.UU., 1830 - 1886)

Publicar...

Publicar -es la Subasta
De la Mente del Hombre-
La Pobreza -Justifica
Una cosa tan tonta
Es posible -pero nosotros- preferiríamos
Ir desde Nuestro Desván
Blanco -Al Blanco Creador
Ataviar -Nuestra Nieve-

Los Pensamientos pertenecen a Aquel que los dio-
Entonces -es Aquel quien soporta
Su Corpórea ilustración –Vende
El Aire Real
En el Envoltorio -Sé el Mercader
De la Gracia Divina-
Sin reducir el Espíritu Humano
A la Desgracia del Precio.
**
Publication – is the Auction

Of the Mind of Man -
Poverty – be justifying
For sofoula thing

Possibly – but We – would rather
from Our Garret go
White – unto the White Creator -
Than invest – Our Snow -

Thought belong to Him who gave it -
Then – to Him Who bear
It´s Corporeal illustration – sel
The Royal Air -

In the Parcel – Be the Merchant
Of the Heavenly Grace -
Buy reduce no Human Spirit
To disgarce of Price -

sábado, 16 de agosto de 2014

Es un pecado tener el alma sin cuerpo

ARSENI TARKOVSKY

(Rusia, 1907-1989)

Segundo Poema

Te esperé ayer desde el alba,
se dieron cuenta de que ya no vendrás.
¿Te acuerdas qué tiempo tuvimos?
Fue una fiesta. Yo salí sin abrigo.
Llegaste hoy, y nos han preparado
un día singularmente sombrío,
la lluvia y una particular hora tardía.
Y corren las gotas por las ramas heladas
que ni las palabras podrían frenar,
ni secar siquiera un pañuelo.
**
Cuarto Poema

El hombre tiene un solo cuerpo,
como una celda incomunicada,
el alma ya está harta
de esa envoltura apretada,
con los ojos y los oídos
de tamaño tan escueto,
con la piel -pura cicatriz-
que viste el esqueleto.
A través de la retina vuela
hacia el manantial del cielo,
hacia el eje helado,
hacia la carroza de pájaro,
y oye desde las rejas
de su prisión viviente,
el parloteo de bosques y prados,
la trompeta de los siete mares.
Es un pecado tener el alma sin cuerpo,
es lo mismo que un cuerpo sin camisa,
como si no tuviera ni obra, ni proyecto,
ningún designio, ni una sola línea.
Puros enigmas sin ninguna clave.
Pues, quién volvería hacia atrás
después de haber bailado
donde nadie bailaría jamás.
Y sueño con un alma diferente,
vestida de otra manera,
que arde, recorriendo siempre
el camino entre la timidez y la espera,
como una llamada seca, sin reflejo,
que corre al ras del suelo
y como un recuerdo, nos deja
el ramo de lilas en la mesa.
Corre, niño; no te apiades
de Eurídice desdichada,
echa rodar por el mundo
tu aro de cobre con una vara,
mientras, apenas audible
pero respondiendo a cada paso,
la tierra suena en los oídos
tan alegre y austera.

Traducción de Irina Bogdaschevski.
De El espejo
**

Elegí el siglo a mi altura.
Fuimos al sur, levantando polvaredas sobre la estepa;
las hierbas malas humeaban, el saltamontes retozaba,
tocando las herraduras con su bigote y profetizaba,
y, como monje, me amenazaba con la muerte.
Até mi destino a la silla de montar,
también hoy, en tiempos venideros,
me levanto cual niño en los estribos.

Me basta con mi inmortalidad,
para que mi sangre fluya de siglo en siglo.
Por un rincón fiel del calor bien conservado
pagaría con mi vida obstinada,
mas su aguja voladiza
me lleva por el mundo, como el hilo de Ariadna.

Traducción Enrique Turover

viernes, 15 de agosto de 2014

Figurillas quemadas de palabras y números

VLADIMIR MAIAKOVSKI

(Baghdati, Georgia, Rusia, 1893-Moscú, id., 1930)

La nube en pantalones

A vuestros pensamientos que sueñan

sobre sus sesos reblandecidos
como un gordo lacayo sobre un sofá grasiento
quiero irritarlos
con un jirón sangriento de mi corazón,
me burlaré hasta hartarme, mordaz y atrevido.

¡No tengo en el alma ni una sola cana
ni tampoco hay en ella ternura senil!
Ensordeciendo al mundo
con el poder de mi voz avanzo hermoso,
con mis veintidós años de existencia.

¡Los delicados
tocan el amor con tiernos violines!
Pero el rudo se sirve de timbales.
Prueben, como yo,
a darse vuelta como un guante
y ser todo labios.

Salga a aprender
desde su sala de batista
la ceremoniosa funcionaria de liga angelical.

Y también la que hojea en silencio sus labios
como una cocinera un libro de recetas.

Si lo desean
comeré carne hasta ponerme rabioso
-y, como el cielo, mudaré de tonos-; si lo desean
seré impecablemente tierno.
No un hombre,
¡sino una nube en pantalones!

No creo que exista una Niza florida.
Por mi conducto otra vez serán loados
todos los hombres que yacen como un hospital
y todas las mujeres gastadas como un refrán.

I

¿Tal vez creen que la malaria me hace delirar?

Esto ocurrió,
ocurrió en Odessa.
<>, dijo María.

Dieron las ocho.
Las nueve.
Las diez.

Y la noche
escapó de la ventana
al horror nocturno,
sombrío,
decembrino.

A mi decrépita espalda carcajean y relinchan
los candelabros.

Nadie podría reconocerme ahora:
esta mole musculosa
gime,
se retuerce.
¿Qué querrá esta mole?
Pues esta mole es mucho lo que quiere.

Porque para uno mismo no importa
ser de bronce
o tener un corazón de hierro frío.
Pero por la noche uno quiere
esconder su tañido
en algo blando,
femenino.

Y aquí me tienen
enorme,
doblado en la ventana
fundiendo con mi frente el hielo del cristal.
¿Habrá amor o no habrá amor?
¿Cómo sera?
¿Grande o pequeño?
¿Pero cómo un cuerpo así tendría uno grande?
Deberá ser pequeño,
un amorcito dócil.
Que saltará, asustado, al claxon de los autos
y amará las campanillas de los tranvías tirados por caballos.

Metiendo todavía más
mi rostro
en el rostro picado de la lluvia
espero
salpicado por la estruendosa pleamar citadina.

La medianoche, apuntándome con un cuchillo,
me alcanzó,
me apuñaló.
(Te lo tienes merecido)
Y cayeron las doce
como la cabeza de un condenado cae del cadalso.

En los cristales gotitas grises
se fundían en una
mueca inmensa
como si aullaran las quimaeras
del Notre-Dame de París.

¡Maldita!
¿No te basta con esto?
Pronto los gritos lastimarán mi boca.

Y oigo esto:
silenciosamente,
como baja un enfermo de su cama,
salta un nervio.
Primero
camina un poco
y luego
comienza a correr
nervioso,
con paso firme.
Y ahora este y otros dos más
se lanzan a un zapateo desesperado.
Se desprende el enlucido en el piso de abajo.

Nervios
grandes y
pequeños,
muchos ahora,
galopan enloquecidos
hasta que
a ellos mismos les fallan las piernas.

La noche se extiende como limo en mi cuarto
y en ese limo se hunden mis ojos ya pesados.

De pronto la puerta comienza a rechinar
como si al hotel
le castañearan los dientes.

Entraste tú,
rotunda como un  «ahí tienen»,
torturando la gamuza de tus guantes
dijiste:
«¿Sabe usted?
Me caso.»

¿Qué tiene? Cásese.
No importa.
Resistiré.
¿No ve usted lo tranquilo que estoy?
Como el puso
de un difunto.

¿Recuerda?
Usted decía:
«Jack London,
dinero,
amor, pasión»,
pero yo sólo veía esto:
¡Usted es una Gioconda
que alguien debe robar!

Y así ocurrió.

Otra vez enamorado, entraré al juego,
iluminando con fuego la curva de mis cejas.
Pero ¿qué tiene de extraño?
¡Hasta en una casa consumida por el fuego
a veces viven los vagabundos!

¿Se burla de mí?
«Posee menos esmeraldas de locura
que kopeks un indigente.>>
¡Pero no olvide
que Pompeya pereció
cuando irritó al Vesubio!

¡Ey!
Señores
amantes
de los sacrílego,
del crimen,
¿han visto lo
más terrible!
¿Mi rostro
cuando
estoy
del todo calmo?

Y ya siento que
mi  «yo»
me queda estrecho.
Que alguien pugna por salir de mí.

¡Hola!
¿Quién habla?
¿Mamá?
Vuestro hijo está bellamente enfermo.
¡Mamá!
¡Sufre un incendio de su corazón!
Dígale a sus hermanas, a Liuda y a Olia,
que ya no tiene adónde ir.
Cada palabra suya
hasta la broma
que regurgita de su boca requemada,
se lanza afuera como una prostituta desnuda
de un prostíbulo en llamas.

¡La gente husmea
y les huele a quemado!
Trajeron a ciertos tipos.
¡Relucientes!
¡Con cascos!
¡¿Pero adónde van con esas botas?!
Háganle saber a los bomberos
que a un corazón ardiente se sube con caricias.
Déjenme, mejor yo mismo
achicaré mis ojos llorosos con barriles.
Permítanme apoyarme en la costilla.
¡Voy a saltar! ¡Voy a saltar! ¡Voy a saltar!
Y sólo caen los bomberos.
¡No es posible dejar de un salto el corazón!

En el rostro quemado,
de entre las grietas de mis labios,
un beso abrazado quiere alzarse.

¡Mamá!
¡No puedo ya cantar!
En la pequeña iglesia de mi corazón se quema el coro.

Figurillas quemadas de palabras y números
abandonan mi cráneo
como niños un edificio en llamas.
Así el miedo,
queriendo agarrarse del cielo,
elevaba
sus ardientes manos en el Lusitania.
Ante las gentes temblorosas
en la paz de sus casas
un resplandor de mil ojos se desgajaba del muelle.
¡Un último grito:
tú al menos
clama a los siglos que me abraso!

 II

¡Glorifíquenme!
No puedo compararme a los grandes. Y en todo lo que han hecho pongo «nihil».
Jamás
quiero volver a leer nada. ¿Un libro?
¡Qué me importan los libros!
Antes creía
que los libros se hacían de este modo:
llegaba el poeta,
entreabría fácilmente los labios
y al momento comenzaba a cantar el simplón inspirado ¡ahí les va! Pero resulta
que antes de que se comience a cantar
caminan largo rato, les salen callos de tanto fermentarse,
y en silencio chapotea en el limo del alma
el tonto pez de la imaginación.
Y mientras hierven, revolviendo con rimas
cierto guiso de amor y ruiseñores,
la calle se retuerce atrofiada, sin lengua,
sin tener con qué gritar ni conversar.

Orgullosos, levantemos de nuevo
las torres de Babel de las ciudades
mientras Dios
destruyendo ciudades
crea pastos
y mezcla la palabra.
La calle cargaba en silencio su tormento. Un grito le asomaba del gaznate. Se erizan, atravesados de través en taxis regordetes y huesudas calesas. Le han apeatonado el pecho. ¡Peores que la tisis!

La ciudad cerró el paso con tinieblas.

¡Y cuando!…
¡De todos modos!…
La calle escupió la turba a la plaza
sacándose el atrio que aprisionaba su garganta,
he pensado:
entre un coro de arcángeles Dios, saqueado, va a castigar.

Y la calle se sentó y lanzó un grito: «Vamonos a llenar la panza».

Maquillan a la ciudad los Krupps y los kruppitos, amenazan enarcando las cejas. En la boca
se pudren los cadáveres de palabras muertas,
sólo dos viven y engordan:
«canalla»
y alguna otra más, «borsh», creo.

Los poetas
reblandecidos en llanto y en sollozos abandonan la calle, los cabellos hirsutos: ¿cómo tan sólo con esas dos cantarles a las señoritas, al amor,
y a las florecitas cubiertas de rocío?

Y tras los poetas
los millares que habitan la calle:
estudiantes
prostitutas
capataces.
¡Señores!
¡Deténganse!
Dejen de comportarse como indigentes,
no se atrevan a pedir limosnas.

Nosotros, los robustos,
que caminamos a trancos,
no debemos obedecerlos, sino arrancarlos
a todos ellos,
a los que se aferran como un apéndice
gratis a cada cama matrimonial.
¿Pedirles a ellos dócilmente «ayúdame»?
¿Rogarles con un himno, un oratorio?
Creémoslas nosotros mismos como un ferviente
himno entre el ruido de las fábricas
y los laboratorios.

¡¿Qué me importa si bajo el fuego artificial
de los cohetes Fausto se desliza con Mefistófeles
por el parquet del cielo?!
¡Sé
que tengo un clavo en la bota,
una pesadilla mayor que las fantasías de Goethe!

Yo
el pico de oro,
de quien cada palabra
renueva el alma
y celebra el cuerpo,
les digo:
¡la más diminuta mota de lo vivo
es más valioso que lo que he hecho y haré!

¡Escuchen!
Predica
convulso y quejoso
Zaratustra, el labio-gritón de hoy.
Nosotros
con cara como sábanas soñolientas,
con labios colgantes como lámparas,
nosotros,
presidiarios de ciudades-leprosarios,
donde el oro y el lodo han llagado a la lepra,
¡estamos más limpios que el azul celeste de Venecia
que bañan a diario los mares y el sol!

¡Me importa un bledo
que ni en Homero ni en Ovidio
aparezcan gentes como nosotros,
picados por la viruela del hollín.

que el sol palidecería
si pudiera ver las reservas de oro que guardan nuestras almas.

Más seguros que los rezos son los tendones y los músculos.
¿Por qué habríamos de rogar una limosna al tiempo? ¡Nosotros,
cada uno de nosotros,
sostenemos en nuestras cinco
las correas de transmisión del mundo!
Esto me aupó al Gólgota de los auditorios
en Petrogrado, en Moscú, en Odessa, en Kiev, y no hubo ni uno que
no gritara: «¡Crucifíquenlo, crucifíquenlo!».
Pero para mí todas las gentes
(y también aquellas que me ofendieron)
son lo más querido y cercano.

¿No han visto cómo un perro
lame la mano que lo ha golpeado?

Yo,
escarnecido por las tribus de hoy
como un chiste largo y escabroso,
veo cómo avanza a través de montañas de tiempo
alguien para todos invisible.
Donde el ojo de los hombres se desploma segado,
cual un jefe de hordas hambrientas
con la corona de espinas de las revoluciones
llegará el año dieciséis.
Yo soy su profeta entre las gentes,
estoy donde está el dolor: en todas partes;
me he crucificado
en cada lágrima.
Ya no puedo perdonar nada.
He quemado almas donde cultivaban la ternura.
¡Algo más difícil que tomar
miles y miles de Bastillas!

Y cuando,
proclamando con una revuelta su arribo,
salgan a recibir al salvador, yo
me sacaré el alma, la pisotearé
¡para hacerla más grande!,
y así ensangrentada se la daré como estandarte.

III

¿Qué sentido tiene todo esto?
¿De dónde aparece en la luminosa
alegría este blandir los puños sucios?

Llegaste,
y tu desespero corrió sobre mi cabeza
una cortina que me evitó pensar en el manicomio.

Y
como en la tragedia de un acorazado
entre espasmos asfixiantes
los marineros se lanzan por la escotilla abierta:
a través de
mi ojo desgarrado hasta el grito
salía, enloquecido, Burliuk.
Casi ensangrentados sus sufridos párpados
salió,
se incorporó, se acercó
y con ternura inesperada en
un hombre grueso de pronto dijo: «¡Qué bueno!».

¡Qué bueno cuando una blusa amarilla protege
tu alma de las miradas ajenas! ¡Qué bueno
si cuando te lanzan a los dientes del patíbulo
alcanzas a gritar:
«Tomen cacao de Van Gutten»!

Y este segundo fuego de bengala, sonoro,
no lo cambiaría por nada ni por mi propio pico

Y entre el humo de tabaco, como una copa de licor,
se alarga la cara abotagada-ebria de Severianin.

¿Cómo se atreve a llamarse poeta
y gorjear tan gris como una codorniz?
Hoy
hace falta
pegarle duro al cerebro del mundo con una manopla.

Usted
a quien inquieta este solo pensamiento

«¿bailo elegantemente?» mire cómo me divierto yo:
¡chulo de plaza y tahúr de naipes!

A ustedes
por el amor reblandecidos,
que durante siglos
sólo han vertido lágrimas,
los dejaré,
me pondré el sol de monóculo en el ojo bien abierto.

Y ataviado de este modo increíble iré por la tierra
para gustarles aunque los queme y atado a una cadenita,
abriéndome camino, pasearé a Napoleón como a un dogo enano.

La tierra entera se tenderá como una mujer,
agitará sus carnes, ansiosa por entregarse.
Sus ropas cobrarán vida
y los labios de sus ropas
sisearán zalameros:
«¡Precioso, precioso, precioso!».

De pronto
los nubarrones
y todo lo demás nuboso
levanta en el cielo una gran agitación
como si obreros vestidos de blanco se dispersaran
tras declararle una airada huelga al cielo.
De detrás de una nube, un trueno, furioso,
salió y se sonó las narices desafiante.
El rostro del cielo se crispó por un segundo
con la mueca severa del férreo Bismark.

Y alguien
enredado en los lazos del cielo alargó
sus brazos a un café: de una manera algo femenina,
como tiernamente,
y también como la cureña de un cañón.

¿Usted piensa que el sol, tierno,
palmea la mejilla del café?
Pues no, es el general Galiffet
que va a fusilar a los rebeldes.

Saqúense, transeúntes,
las manos de los bolsillos:
cojan una piedra, un cuchillo, una bomba,
y si alguien no tiene manos
que venga a golpear con su frente.

¡Vayan los hambrientos, los sudorosos, los sumisos,
los podridos en lo pulgoso y sucio!
¡Vengan
los lunes y los martes,
coloreémoslos con sangre como días feriados!
¡Que la tierra se acuerde al sentir
los cuchillos de aquellos que quiso ultrajar!
¡La tierra,
cebada como una amante
de las ya usadas por Rothschild!

Para que los estandartes restallen en el ardor de
la metralla como en cada fiesta
que se digne de serlo: levanten
a la altura de los faroles
los cuerpos ensangrentados de los tenderos.

Blasfemando,
implorando,
acuchillando,
pasando por sobre alguien,
para hundir sus dientes en el costado,

en el cielo, rojo como la marsellesa,
temblaba, palmándola, el crepúsculo.

La locura absoluta.
Pero no pasará nada.

Caerá la noche, morderá algo, y se lo tragará.

¿No ve
que el cielo vuelve a ofrecer como un Judas
un puñado de estrellas salpicadas de traición?

Y por fin cae la noche.
Festeja como Mamai,
posando su trasero sobre la ciudad.
Esta noche, tan negra como Azef,
no habrá ojos que la atraviesen.

Encogido en el fondo de tabernas,
me erizo. Riego con vino mi alma y el mantel
y veo:
en un rincón -mis ojos redondos como platos-
los ojos de la Virgen se me meten en el corazón.
¡Qué sentido tiene ofrecer
su resplandor pintado a esta turba tabernaria!
¿No ves que otra vez en lugar de al ultrajado
en el Gólgota prefieren a Barrabás?
Quizá yo, a propósito,
entre el amasijo humano,
no muestro un rostro más nuevo.
Aunque yo,
quizá,
sea el más hermoso de todos tus hijos.

Dales a ellos
enmohecidos en su alegría
la muerte rápida del tiempo.
Para que haya niños los jóvenes deben
crecer, hacerse padres,
las jóvenes, embarazarse.

Y a los recién nacidos déjenles
crecer las escrutadoras canas de los magos,
y vendrán
y bautizarán a los niños
con nombres tomados de mis versos.

Yo, que he cantado la máquina y a Inglaterra,
acaso, simplemente,
en el más común de los Evangelios,
soy el decimotercer apóstol.
Y mientras mi voz obscenamente ulula
hora tras hora, días enteros,
Jesús Cristo, quizá,
aspira el olor del nomeolvides de mi alma.

IV

¡María! ¡María! ¡María!
Déjame entrar, María,
¡no puedo vivir en las calles!
¿No quieres?
¿Esperas
que mis mejillas se hundan, que degustado por todos, soso, venga
y masculle sin dientes que hoy
«seré asombrosamente honesto»?

María, ¿ves?,
ya comienzo a encorvarme.

Por la calle
las gentes agujerean la grasa en sus buches de cuatro pisos,
asoman por allí unos ojos
raídos por el trajín de cuarenta años
y chismorrean socarrones
porque entre mis dientes sostengo
-¡otra vez!-
el panecillo seco de una caricia de ayer.

La lluvia cubrió de llanto las aceras.
Como un pillo atrapado entre los charcos,
mojado, el cadáver olvidado de un adoquín lame la calle
y en las cejas grises,
¡sí!,
en las cejas de los carámbanos
hay lágrimas,
¡sí!,
y en los ojos entornados de las cañerías de desagüe.

La jeta de la lluvia ha chupado a todos los transeúntes. En los carruajes un atleta sigue a otro atleta gordo. Revientan las gentes de tanto comer
y a través de sus grietas gotea el sebo un río turbio que fluye de los carruajes junto con un panecillo cubierto de saliva y la masa masticada de viejas croquetas.

¡María!
¿Cómo hacer entrar en sus oídos grasientos una sencilla
palabra? El pájaro
pide limosnas con sus trinos; canta,
hambriento y sonoro,
pero yo soy un hombre, María,
un hombre simple,
que la tísica noche escupió en la sucia mano de la calle.

María, ¿quieres a alguien así? ¡Déjame entrar, María!

¡Mis dedos crispados aprietan la garganta de hierro del timbre en tu puerta!

¡María!

Se enfurece el pastizal de las calles.
En el cuello tengo rasguños de una turba de dedos.
¡Abre!
¡Me duele!

¿No ves que tengo clavados en los ojos alfileres de sombreros de mujer?

¡Has abierto!

No temas, criatura,
si ves en mi cuello,
como una bestia sudorosa, la montaña húmeda de
mujeres: es que yo arrastro por la vida millones de amores puros, enormes, y un millón de millones de sucios amorcitos. No temas si otra vez desgraciado e infiel vuelvo a sobar las caritas preciosas «de las miles que aman a Maiakovski», esas que ya son una dinastía de reinas entronizadas en mi alma de loco.

¡Ven, María, acércate!

Desnuda y sin pudor,
o quizá mínimamente temblorosa,
y dame el jamás marchito encanto de tus labios.
Mi corazón y yo nunca hemos llegado a mayo,

y en toda mi vida
hay sólo un centésimo abril.

¡María!
El poeta de sonetos canta a Tiana
pero yo,
hecho sólo de carne, hombre todo, sólo pido tu cuerpo, como un cristiano pide: «Danos el pan nuestro de cada día».

¡Dámelo, entonces, María!

¡María!
Temo olvidar tu nombre
como el poeta teme olvidar
la palabra nacida
en el tormento de la noche
y que le recuerda a Dios por su grandeza.

Amaré, cuidaré de tu cuerpo como el soldado recortado por la guerra, inútil,
solitario,
cuida su única pierna.

María, ¿no quieres?
¿No?

¡Ja!
Bien: otra vez, entonces, sombrío y cabizbajo tomo mi corazón bañado en lágrimas para llevármelo, como el perro que arrastra hasta su cubil
la pata aplastada por un tren.
Riego el camino con sangre de mi corazón
que se pega como flores de polvo en la guerrera.
Como la hija de Herodías,
el sol danzará mil veces rodeando la tierra,
como al cráneo del Bautista.

Y cuando haya danzado hasta el final los años que me tocan,
millares de gotas de sangre cubrirán el camino que lleva a la casa del Padre.
Saldré entonces
sucio (de todas las noches pasadas en las cloacas)
y me pondré muy junto a Él,
me inclinaré
y le diré al oído:
«¡Escuche, señor Dios!
¿Cómo no le aburre
en esa jalea nebulosa
mojar cada día sus bondadosos ojos?
¿Por qué no, sabe usted,
arma un carrusel
con el árbol del estudio del bien y del mal?».

Ubicuo, estará en cada armario y pondremos vino por toda la mesa, para que hasta al taciturno apóstol Pedro le entren ganas de bailar el ki-ka-pu.

Y otra vez llenaremos el paraíso de Evitas:
una palabra tuya y
esta misma noche
te traeré las más bellas muchachas
de los bulevares.

¿Quieres?

¿No?
¿Sacudes la cabeza, desgreñado?
¿Enarcas tu ceja canosa?
¿De verdad crees que ese
detras de ti, ese alado, sabe qué es el amor?

Yo también soy un ángel, lo fui:
como un corderito azucarado miraba a los ojos
pero me cansé de regalar a las yeguas
floreros hechos con sufrimiento de Sévres.
Todopoderoso, tú inventaste las manos,
hiciste
que cada uno tuviese una cabeza
¿por qué, entonces, no eliminaste el tormento
de besar, de besar, de besar?

Yo pensaba que eras un diosazo omnipotente
y no eres más que un alumno retrasado, un diosecillo minúsculo.
Mira cómo me agacho,
me saco de la bota
una navaja.
¡Bellacos alados!
¡Acurruqúense en el paraíso!
¡Larguen sus plumas temblando de miedo!
A ti, oloroso a incienso, te daré un navajazo
desde aquí hasta Alaska!

¡Déjenme ir!

No me detendrán.
Les miento,
no sé si con razón,
pero no puedo estar tranquilo.
Miren:
¡han decapitado de nuevo a las estrellas
y la matanza ha ensangrentado todo el cielo!

¡Eh, ustedes! ¡Cielo!
¡Quítense el sombrero! ¡Voy a entrar!

Silencio.

El universo duerme apoyando en la pata,
garrapateada de estrellas, la oreja enorme.

(1914-1915)
Versión s/d

jueves, 14 de agosto de 2014

¿Dónde hallar una brizna de hierba buena?

ALDA MERINI

(Milán, Italia, 1931-2009)

ABRO EL CIGARRILLO
como si fuera una hoja de tabaco
y aspiro ávidamente
la ausencia de tu vida.
Es tan hermoso sentirse fuera,
deseoso de verme
y nunca escuchado.
Soy cruel, lo sé,
pero la jerga de los poetas es ésta:
un largo silencio encendido
después de un larguísimo beso.
**
PADRE, SI ESCRIBIR ES UNA CULPA
¿por qué Dios me ha dado la palabra
para hablar con trémulos lenguajes
de amor a quien me escucha?

Ya vieja de años y senescente
¿dónde hallar una brizna de hierba buena?
¿Qué sabes de mis conventos, de la gracia
madura de las santas, de las grandes
almas locas? ¿Qué puedo yo encontrar
entre los vivas del hombre de cultura?
en otra parte está el canto, en otra parte la palabra
y Dios no la pronuncia.
***
ARRANCAD LA POESÍA DEL CANTO,
el árbol de las voces,
las quimeras del sueño,
arrancadme a mí de mí misma,
para que vea mi corazón, latido
sanguíneo y dulce,
bajar al valle.
Mis misterios fueron los de Orfeo
y de otros pitagóricos ascetas
con su mensaje de paz
por pantanos deshechos.

Traducción al español de Emilio Coco

miércoles, 13 de agosto de 2014

Yo levanto mi copa/ por ese día que no llega nunca

NICANOR PARRA
(San Fabián, Provincia de Ñuble, Chile, 1914)

A Margarita Aliguer
Último Brindis


Lo queramos o no
Sólo tenemos tres alternativas:
El ayer, el presente y el mañana.

Y ni siquiera tres
Porque como dice el filósofo
El ayer es ayer
Nos pertenece sólo en el recuerdo:
A la rosa que ya se deshojó
No se le puede sacar otro pétalo.

Las cartas por jugar
Son solamente dos:
El presente y el día de mañana.

Y ni siquiera dos
Porque es un hecho bien establecido
Que el presente no existe
Sino en la medida en que se hace pasado
Y ya pasó...,
.................. como la juventud.

En resumidas cuentas
Sólo nos va quedando el mañana:
Yo levanto mi copa
Por ese día que no llega nunca

Pero que es lo único
De lo que realmente disponemos.
***
TEST

Qué es un antipoeta:
Un comerciante en urnas y ataúdes?

Un sacerdote que no cree en nada?
Un general que duda de sí mismo?
Un vagabundo que se ríe de todo
Hasta de la vejez y de la muerte?
Un interlocutor de mal carácter?
Un bailarín al borde del abismo?
Un narciso que ama a todo el mundo?
Un bromista sangriento
Deliberadamente miserable?
Un poeta que duerme en una silla?
Un alquimista de los tiempos modernos?
Un revolucionario de bolsillo?
Un pequeño burgués?
Un charlatán?
.................... un dios?
................................. un inocente?
Un aldeano de Santiago de Chile?
Subraye la frase que considere correcta.

Qué es la antipoesía:
Un temporal en una taza de té?
Una mancha de nieve en una roca?
Un azafate lleno de excrementos humanos
Como lo cree el padre Salvatierra?
Un espejo que dice la verdad?
Un bofetón al rostro
Del Presidente de la Sociedad de Escritores?
(Dios lo tenga en su santo reino)
Una advertencia a los poetas jóvenes?
Un ataúd a chorro?
Un ataúd a fuerza centrífuga?
Un ataúd a gas de parafina?
Una capilla ardiente sin difunto?

Marque con una cruz
La definición que considere correcta

martes, 12 de agosto de 2014

Y de noche lo mismo que Nerón admiraremos el incendio de las ciudades

GUILLAUME APOLLINAIRE

(De nombre real Wilhelm Apollinaris de Kostrowtizky; Roma, Italia, 1880-París, Francia, 1918)

Tuve el valor de mirar hacia atrás...

Tuve el valor de mirar hacia atrás
Los cadáveres de mis días
Marcan mi camino y les voy llorando
Unos se pudren en las iglesias italianas
O en pequeños bosques de limoneros
Que florecen y fructifican
Al mismo tiempo y en todas las estaciones
Otros días lloraron antes de morir en las tabernas
Donde ardientes ramos rodaban
Ante los ojos de una mulata que inventaba la poesía
Y las rosas de la electricidad se abren aún
En el jardín de mi memoria

Versión de Claire Deloupy
**
Porvenir

Cuando tiemblen de pánico los poderosos ricos
cuando en señal de miedo levanten sus manos
serenas ante el fuego las casas se derrumben
los desnudos cadáveres tirados por los caminos
iremos a contemplar la sonrisa de los muertos
caminaremos muy lentamente con los ojos cautivados
registrando con los pies bajo los patíbulos de las mandrágoras
sin pensar en los heridos sin lamentar sus vidas.
Correrá la sangre y sobre los rojos pantanos
inclinados contemplaremos serenamente nuestros rostros
miraremos en los trágicos espejos la muerte de los amantes y la caída de las casas
tendremos mucho cuidado en conservar puras nuestras manos
y de noche lo mismo que Nerón admiraremos el incendio de las ciudades
el desplome de los muros
y como él con indolencia cantaremos
cantaremos el fuego la nobleza de las fraguas
la fuerza de los zagales
los gestos de los ladrones
la muerte de los héroes
y la gloria de las antorchas
que forman una aureola alrededor de cada frente
la belleza de la primavera y los amores fecundos
la dulzura de los ojos azules que la sangre satisface
el alba que despunta y el frescor de las olas
la dicha de los niños y la eterna existencia.
Pero no cantaremos más
ni el mirto de las viudas
ni el honor de obedecer
ni el son de los cañones
ni el pasado
pues la claridad del nuevo día, no hará que vibre siquiera la estatua de Memmon
luego bajo el sol se pudrirán los cadáveres
y muchos otros hombres que morirán en libertad
el sol y los muertos en las tierras que se siembran darán la belleza rubia y la fecundidad
y más tarde cuando la peste haya purificado la tierra
en dulce paz viviremos los bienaventurados hombres, apacibles y puros
pues los lagos y los mares serán suficientes para lavar la sangre de las manos.

Versión s/d
**
El bestiario o cortejo de Orfeo

I. El dromedario
Teniendo cuatro dromedarios
Don Pedro de Alfarubeira
Fue por el mundo y lo admiró.
Él hizo lo que hiciera yo
Teniendo cuatro dromedarios.

2. La cabra del Tíbet
Los pelos de esta cabra, y esos
Dorados, el embeleso
De Jasón, nada son al lado
De los que me han enamorado.
     
3. La langosta
Es esta la esbelta langosta,
El alimento de San Juan;
Ojalá mis versos, como ella,
De buenas gentes sea el pan.

4. El delfín
Delfines, jugáis en el mar,
Pero las olas son amargas.
¿A veces brota mi alegría?
La vida es siempre despiadada.

5. El cangrejo
Incertidumbre, iremos lejos
y alegres, sin volver jamás,
Así como van los cangrejos;
De para atrás... de para atrás...

6. La carpa
En los estanques y en las charcas,
Cuánto tiempo vivís, ¡áh carpas!
¿Acaso la muerte os olvida,
Peces de la melancolía?

Versión de Otto de Greiff
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char