domingo, 20 de abril de 2014

Creo en la palabra

Mirta Rosenberg 

(Rosario, Santa Fe, Argentina, 1951)

"La única pasión de mi vida ha sido el miedo."
                                                               Hobbes

El origen de la acción

La pasión más fuerte

                   de mi vida

ha sido el miedo.

Creo en la palabra

                 (dilo)

y tiemblo.


De Pasajes, 1984; del libro El árbol de palabras. Obra reunida 1984 / 2006. bajo la luna editorial

sábado, 19 de abril de 2014

Hasta que el sentido se me salía

EMILY DICKINSON

(EE.UU., 1830-1886)


Yo sentí un funeral en mi cerebro,
y dolientes yendo y viniendo
marcharon, marcharon, marcharon hasta
que el sentido se me salía.

Y cuando todos ya estaban sentados,
los oficios como un tambor
sonaron, sonaron, sonaron hasta
que mi mente se oscurecía.

Y los oí levantar una caja
y crujir a través de mi alma
con sus zapatos de plomo de nuevo.
Y el espacio empezó a doblar,
como si fuera el cielo una campana
y el ser solamente un oído,
y yo y el silencio una raza extraña,
naufraga, solitaria, aquí.

viernes, 18 de abril de 2014

¿Qué tiene esto que ver con la guerra en Europa?

William Carlos Williams 

(Rutherford, Nueva Jersey, EE.UU., 1883-1963)

POEMA

Cómo subió
el gato
al

armario de la mermelada
primero la pata delantera
derecha

con cuidado
luego bajó
las traseras

hasta el fondo
del florero
vacío.
**
EL BRUTO DURMIENTE

Durante tres años al anochecer
ha venido el gorrión
a dormir bajo el tejado del porche.

¿Qué tiene esto que ver
con la guerra en Europa? Durante
tres años invierno

y verano el mismo gorrión
con la cabeza cubierta
dormido entre las sombras grises.
**
POETA CON CABEZA DE CERDO

Todo lo que hago
todo lo que escribo
me aleja
de quienes quiero

Si es bueno
quedan confundidos
si es malo
avergonzados

Corro un riesgo enorme
hacia el amor que me tienen
camino descalzo
por arenas movedizas.

[Traducción de Luis Marigómez]

jueves, 17 de abril de 2014

Gloria a ese violento dormitar de un pájaro

JAVIER ADÚRIZ

(Buenos Aires, Argentina, 1948-2011)

Arde la luna, arde igual que un garfio,
con tanto filo que lastima el aire.
-Honor, honor al lago que tiembla
y es el modo de un sueño. Gloria
a ese violento dormitar de un pájaro.
Gloria mucha…a la mañana que llega.

Algo desata el nudo de las apariencias,
la entraña alta de las apariencias
-No un nombre, no el camino,
no el santón de ojitos en la nuca.
Nada de lo que suceda en vano. Gloria…
A esta furia que cede con el sol naciendo.

A Jorge Aulicino

De Canción del samurai (2004)
***
Nosotros, los que mentimos a diario,
los que encarnamos el difícil arte
de la locuacidad vacía,
nosotros, los embaucadores
de sordos,
temblones mediocres del infinito
abismo, los artistas consumados
de la transmutación y la astucia,
raza de enanos
irredentos, de perdularios
a domicilio, nosotros,
los sabios, los mezquinos, paralíticos
de la alegría, los entusiastas
del odio, los magníficos,
los elegidos desde siempre
para juzgar y condenarnos.

Deliciosa inteligencia.

De Canción del samurai (2004)
***


El punto quizás sea dirimir la naturaleza de lo poético. Por eso ingreso sin querer en el gabinete del “hombre de dos cabezas”. Caramba, me digo, y me hallo notoriamente inquieto. El hombre tiene justamente dos cabezas, como dos balones y no es chiste, aparte de que dialogan bastante raro entre sí. El sujeto profesa un narcisismo insoportable. Ahí es cuando me pierdo, en el instante en que ambas caras se entregan a discutir consigo mismas la valía del Preste Juan. Fetén, fetén, exclamo, y me retiro – como decían los viejos – en los pies de un trote.

Quietud. Los autos
No dejan de pasar
Por la avenida

De Esto es así (2009)

miércoles, 16 de abril de 2014

¿Qué carne, Emily, es la que necesitamos?

ANNE CARSON
Tomada de lasmanerasderecogerseelpelo.blogspot.com


(Toronto, Canadá, 1950)


El ensayo de vidrio
(Fragmento)
Versión de Eugenio Polisky

YO

Yo puedo oír pequeños chasquidos dentro del sueño.  
La noche gotea su grifo plateado
a lo largo de la espalda.
A las 4 de la madrugada me despierto. Pensando

en el hombre que  
me dejó en septiembre.  
Se llamaba Law.

Por mi cara en el espejo del baño
descienden vetas blancas.
Me enjuago la cara y regreso a la cama.
Mañana voy a visitar a mi madre.

ELLA 

Ella vive en un páramo del norte.
Ella vive sola.
La primavera ahí se abre como una navaja.
Viajo todo el día en trenes y traigo conmigo muchos libros—

algunos para mi madre, algunos para mí
incluidas Las obras completas de Emily Brontë.  
Ésta es mi autora favorita.

Además de mi temor principal, que tengo la intención de enfrentar.  
Cada vez que visito a mi madre  
siento que me estoy convirtiendo en Emily Brontë,

mi solitaria vida a mi alrededor como un páramo,
mi desgarbado cuerpo rengueando por los cenagales con una mirada de transformación
que muere cuando llego a la puerta de la cocina.
¿Qué carne, Emily, es la que necesitamos?


TRES

Tres mujeres silenciosas en la mesa de la cocina.
La cocina de mi madre es oscura y pequeña pero del otro lado de la ventana  
está el páramo, paralizado con hielo.
Se extiende hasta donde alcanza la vista

a lo largo de kilómetros planos hasta un cielo blanco sólido no iluminado.  
Mamá y yo estamos masticando lechuga cuidadosamente.
El reloj de la pared de la cocina emite un bajo zumbido irregular que salta

una vez en el minuto justo de las doce.
Tengo a Emily pág. 216 abierta y apoyada sobre la azucarera  
pero furtivamente estoy observando a mi madre.

Miles de preguntas chocan contra mis ojos desde adentro.  
Mi madre está estudiando su lechuga.  
Paso a la pág. 217.

“En mi fuga a través de la cocina tropecé con Hareton  
quien ahorcaba una camada de cachorros  
desde el respaldo de una silla en la puerta. . .”

Es como si a todas nos hubieran bajado dentro de una atmósfera de vidrio.  
De tanto en tanto un comentario atraviesa el vidrio.  
Impuestos en el lote de atrás. No es un buen melón,

falta para los melones.
La peluquera del pueblo encontró a Dios, cierra la tienda cada martes.  
De nuevo hay ratones en el cajón de los repasadores.
Pequeñas bolitas. Mordieron  

los bordes de las servilletas, si supieran  
lo que cuestan las servilletas de papel hoy en día.  
Esta noche llueve.

Mañana llueve.
Ese volcán en las Filipinas otra vez activo. Esa que no me acuerdo el nombre  
Anderson se murió no Shirley no

la cantante de ópera. Negra.  
Cáncer.
No estás comiendo tu guarnición, ¿no te gustan los pimientos?

Por la ventana puedo ver hojas muertas que atraviesan las tierras planas  
y residuos de nieve herida por la mugre de los pinos.  
En el centro del páramo

donde la tierra desciende hacia una depresión,  
el hielo ha comenzado a abrirse.  
Llegan aguas abiertas y negras

cuajadas como la ira. Mi madre habla repentinamente.  
Esa psicoterapia no te está ayudando tanto, me parece.  
No lo estás superando.

Mi madre tiene esa manera de resumir las cosas.  
A ella nunca le había gustado Law
pero le gustaba la idea de que yo tuviera un hombre y que continuara con mi vida.

Pues él es de los que toman y tú de las que dan espero que funcione,  
era todo lo que dijo después de haberlo conocido.  
Dar y tomar eran sólo palabras para mí

en ese momento. Nunca antes había estado enamorada.  
Era como una rueda que bajaba rodando una colina.  
Pero temprano esta mañana mientras mamá dormía

y yo estaba abajo leyendo la parte de Cumbres Borrascosas
donde Heathcliff se aferra a la celosía durante la tormenta sollozando  
¡Entra! ¡Entra! al fantasma del tesoro de su corazón,

caí de rodillas sobre la alfombra y también sollocé.  
Ella sabe cómo ahorcar cachorros,  
esa Emily.

No es como tomarse una aspirina, sabes, le respondo débilmente.  
La Dra. Haw dice que el duelo es un proceso prolongado.  
Ella frunce el ceño. ¿Y qué se logra

con todo ese remover el pasado?  
Oh—extiendo las manos—
¡Yo me impongo! La miro directamente a los ojos.  
Ella sonríe. Sí lo haces.

**
The Glass Essay
By Anne Carson



I can hear little clicks inside my dream.   
Night drips its silver tap 
down the back. 
At 4 A.M. I wake. Thinking 

of the man who   
left in September.   
His name was Law. 

My face in the bathroom mirror 
has white streaks down it. 
I rinse the face and return to bed. 
Tomorrow I am going to visit my mother. 

SHE 

She lives on a moor in the north. 
She lives alone. 
Spring opens like a blade there. 
I travel all day on trains and bring a lot of books— 

some for my mother, some for me 
including The Collected Works Of Emily Brontë.   
This is my favourite author. 

Also my main fear, which I mean to confront.   
Whenever I visit my mother   
I feel I am turning into Emily Brontë, 

my lonely life around me like a moor, 
my ungainly body stumping over the mud flats with a look of transformation 
that dies when I come in the kitchen door. 
What meat is it, Emily, we need? 


THREE 

Three silent women at the kitchen table. 
My mother’s kitchen is dark and small but out the window   
there is the moor, paralyzed with ice. 
It extends as far as the eye can see 

over flat miles to a solid unlit white sky.   
Mother and I are chewing lettuce carefully. 
The kitchen wall clock emits a ragged low buzz that jumps 

once a minute over the twelve. 
I have Emily p. 216 propped open on the sugarbowl   
but am covertly watching my mother. 

A thousand questions hit my eyes from the inside.   
My mother is studying her lettuce.   
I turn to p. 217. 

“In my flight through the kitchen I knocked over Hareton   
who was hanging a litter of puppies   
from a chairback in the doorway. . . .” 

It is as if we have all been lowered into an atmosphere of glass.   
Now and then a remark trails through the glass.   
Taxes on the back lot. Not a good melon, 

too early for melons. 
Hairdresser in town found God, closes shop every Tuesday.   
Mice in the teatowel drawer again. 
Little pellets. Chew off   

the corners of the napkins, if they knew   
what paper napkins cost nowadays.   
Rain tonight. 

Rain tomorrow. 
That volcano in the Philippines at it again. What’s her name   
Anderson died no not Shirley 

the opera singer. Negress.   
Cancer. 
Not eating your garnish, you don’t like pimento? 

Out the window I can see dead leaves ticking over the flatland   
and dregs of snow scarred by pine filth.   
At the middle of the moor 

where the ground goes down into a depression,   
the ice has begun to unclench.   
Black open water comes 

curdling up like anger. My mother speaks suddenly.   
That psychotherapy’s not doing you much good is it?   
You aren’t getting over him. 

My mother has a way of summing things up.   
She never liked Law much 
but she liked the idea of me having a man and getting on with life. 

Well he’s a taker and you’re a giver I hope it works out,   
was all she said after she met him.   
Give and take were just words to me 

at the time. I had not been in love before.   
It was like a wheel rolling downhill.   
But early this morning while mother slept 

and I was downstairs reading the part in Wuthering Heights 
where Heathcliff clings at the lattice in the storm sobbing   
Come in! Come in! to the ghost of his heart’s darling, 

I fell on my knees on the rug and sobbed too.   
She knows how to hang puppies,   
that Emily. 

It isn’t like taking an aspirin you know, I answer feebly.   
Dr. Haw says grief is a long process.   
She frowns. What does it accomplish 

all that raking up the past?   
Oh—I spread my hands— 
I prevail! I look her in the eye.   
She grins. Yes you do. 

martes, 15 de abril de 2014

Pero yo, Magdalena, la descalza

MARÍA DEL CARMEN COLOMBO 

(Buenos Aires, Argentina, 1950)

Por qué habría de extender
sus alas el águila
envejecida
dijo

el águila
envejecida
extendiendo
sus alas

porque tengo esperanza de volver
porque tengo esperanza
de volver al lugar
del que nunca
me he ido
este lugar

porque tengo esperanza
sobre la línea desafinada
de los techos
lloro y canto.

De La muda encarnaciónÚltimo Reino, 1993.
***
MENSAJE

Las escrituras me sujetan
al orden de mi hermano
pero yo, Magdalena, la descalza,
en sueños soplo
y con mi llanto deshago
las hojas cinceladas
de la gran catedral

Ah mi querido Pedro
cuánto darían por llorar
sobre tu nombre seco de vigilias
los hacedores de este mundo
breve e inasible

Mejor mi pelo
emocionado en su caída
que tu acabado monumento
hacia el cielo

Precario el que padece tu perduración
Yo solo resucito.


En El Jabalí, revista ilustrada de poesía, Nº 13, Año VIII, 2001.
***
La Montaña

Si fuera segura 
como una montaña –las cosas 
claras, la palabra 
precisa–. Si fuera calma, una 
piedra de quietud, mi derrotero 
culminaría –seguramente– 
en la cima de cordura 
y así colmada miraría 
desde allí 
un ojo de vértigo, el otro 
abismo. 


**
Recomiendo esta lectura.

lunes, 14 de abril de 2014

Qué instante de dolor y de intelecto

 HILDA HILST 

 (Brasil, 1930-2004)

III

Tu sueño no es un sueño común.
Extiendes la vigilia
y aprendes a través de la oscuridad.
También así
el mar reposa.
                         de Pequenos funerais cantantes ao poeta Carlos Maria de Araújo [1967]
***
III

Descansa.
El hombre ya se hizo
el oscuro ciego rabioso animal
que pretendías.
                         de Amavisse [1989]
 ***
X

Ardiente. Oscuro. Tu ardiente soplo
sobre la oscura cerrazón de la garganta.
Palabras que pensé atrincheradas
resurgen delante del toque nuevo:
Carrascales. Gárgolas. Emergiendo del luto
viene llegando un lago de sorprendimiento
recreando musgo. Vuelven las seducciones.
Vuelve mi propia cara seducida
por tu doble rostro: mitad raíces
oquedades y pozo, mitad lo que no sé:
Eternidad. Y vuelve la ferviente languidez
las sales, el mal que ha sido esta lucha
en tu arena crispada de puñales.
Y de estos versos, y de mi propia exuberancia
y exceso, ha de quedar en ti lo más sombrío.
Dirás: qué instante de dolor y de intelecto
cuando soñé los poetas en la Tierra. Carne y polvo
Lo perecible, exudando resplandor.

de Sobre a tua grande face (1986)
***

No es verdad.
No todo fue tierra y sexo
en mí
si soy poeta
es porque también
sé hablar de amor
suavemente.

Y como nadie sé
acariciar
la cabeza de un perro
en  la  madrugada.
***

Somos iguales a la muerte. Ignorados y puros.
Y mucho después (cuando el cansancio brote de
nuestras alas) seremos pájaros blancos
en procura de un Dios.

Traducción: Leo Lobos
Imagen: Cartel diseñado por Dado Motta para el espectáculo poético Hilda Hilst. O Espírito da Coisa, concebido y realizado por Rosaly Papadopol bajo la dirección de Rui Cortez, y presentado en el Teatro
do Centro da Terra de Sumaré (São Paulo) en mayo y junio de 2009.

domingo, 13 de abril de 2014

Para vino, un dólar. Para un aforismo se requieren dos

Tomas Venclova

(Lituania, 1937)

La baigneuse* 

Quién sabe si fue vida o no fue vida,
pero me ilumina en la estrecha orilla
un reflejo bruñido de agua hendida,
una barca, un romo arado, labra el canal
y yace la ciudad, desde los puentes
hasta las techumbres goteantes
como un fruto partido en dos

sobre el cristal fangoso. Frescas encrespaduras
(mejor diría silencio) baten con terquedad
la orilla. Una ola arrolla un anónimo jirón
de laguna. Celestes telas cortan sesgadamente
ladrillos mohecidos. Oscurece el color,
y está Guardi en la retina, espetado por el viento.

Calli, campi, campielli. Una piedra atezada,
en las arcadas, un húmedo carácter lagunar,
cielos de rancios siglos. Una Clío cegada
no percibió estos muros, ajados por los limos,
agua alta y gravedad terrestre. Los cimientos
se hunden sin apremio en el quieto elemento

y la ciudad vadea el espacio. Sube hasta las calles
de fachadas de mármol, con vahos de podredumbre
y malolientes légamos, una cálida espuma de mar,
y en lo alto, donde apenas alcanza la mirada,
un león blanco con el más sabio de los libros,
henchido de compasión por los muertos y los vivos,

mas la revelación le es confiada a él, y no a nosotros,
aquélla a la que obedece la duración del tiempo
y de todas las formas, del ángel al trilobites,
y la concha incrustada y ahusada en el frontón,
y la isla, donde la hierba recubrió los huesos
en espera de la mañana sin alba del Señor.

El siroco raspa los resquicios de los muros. Oculta
el rostro tras una máscara (un rostro que no es), arroja
la acritud oscura de la cúpula y el cobre de las veletas.
Nada la ciudad en el fondo primigenio, donde reina
una fauna acuórea y viscosa:
rayas, platijas, ascidiáceos, frutti di mare.

Una copa de vino, al anochecer, en la taberna.
Más allá de la plaza, el monocromo e inclemente
abismo, que resiste en las tinieblas de los párpados,
arca nupcial, templo anguloso; las campanadas
sobrecogen la cúpula, y la mano asida a otra mano,
tensa, es capaz de aniquilar al dolor y al tiempo.

* Se refiere a la ciudad de Venecia (nota del autor). 
***
Hommage to Shqipëria [1]

Aprecia ese cielo desplomadizo del anfiteatro.
El semicírculo rocoso y los rayos como pausas
en el monólogo. La escena poco menos que ideal.
Nos hace señas el parásito de la más celebrada
comedia de Plauto. Una vez estuvo aquí Epidamnos,
en este pobre país, tan realista ahora.

Lo que queda: papel de estraza en la palma de la mano
con el perfil de un monte y dos palabras: pesë lekë [2]
y una locomotora negra que existe sólo, al parecer,
en los billetes de banco. Luego ventanas huecas y podridas,
paja en las pestañas del camino y la sombra de un búnquer
junto a la giba parda y deslucida de un asno.

En la hondonada donde flamea el Flegetonte
rompen el espejo lampiños oteros armados.
Europa, digámoslo así, es un sistema solar
(oscilaciones de planetas, eco de conjunción de esferas)
y este país, aun siendo ardiente, resulta ser Plutón,
refugiado en la brecha y el silencio.

Se está bien aquí, donde yo no estoy. Me aferro una vez más
a esta sentencia. Los granados no han madurado
y se han malogrado las milgranas. He sobrevivido
a tres dictadores y a otros tres vi a prudente distancia
en el exilio. Pero el que medra aquí es digno
de seis o siete como él. Parece haber dado portazos

acá y acullá. Crujen los cristales bajo los pies.
Las huellas de metralla son como iris pútridos
en calaveras de marcianos. La malla del refugio
se clava en la caliza para que las generaciones del futuro
recuerden que esto nunca será paraíso o purgatorio,
ni aire, ni agua, pero sí, al menos, será fuego.

A la hora del ocaso, al olfato remilgado llegarán
indolentes efluvios de basura, heces, rakia [3] y ratas.

La constelación crepita bajo un hilo de ceniza.
¡Cómo susurran las muertas y blancuzcas hojas del acanto!
¡Cómo atrae el vacío! Pide prestado el peso
de los cuerpos y madura quedamente en el espacio.

Sobre el árido mármol se pudren cáscaras de fruta
y se dibuja el perfil del viejo cómico
en el humo del tabaco. Escucho en sueños:
“Donde hubo rebalse es donde insiste el panta rhei:
y nadie sabe, ni siquiera Dios, lo que conviene.
Para vino, un dólar. Para un aforismo se requieren dos”.

[1] Composición dedicada a Albania, el más pobre y aislado de los estados poscomunistas. La ciudad de Durrës (Epidamnos), que conserva los restos de un anfiteatro romano, es el lugar donde se desarrolla la acción de la comediaMenaechmi (‘Los gemelos’) de Plauto. Uno de sus protagonistas, llamado Peniculus (en la traducción lituana, Šepetis), aparece en la primera estrofa del poema, y en la última se parafrasea a Heráclito y Sócrates (nota del autor)
[2] En albanés, ‘cinco leks’. El lek es la unidad monetaria de Albania (nota de los traductores)
[3] Aguardiente característico de los Balcanes (nota de los traductores).


Traducción del lituano de Pietro U. Dini y Albert Lázaro-Tinaut
Tomados de impedimentatransit.blogspot.com.ar

sábado, 12 de abril de 2014

El paciente contempla su calzado vacante

CÉSAR VALLEJO

(Perú, 1892-Francia, 1938) 

XXXI

Esperanza plañe entre algodones.
Aristas roncas uniformadas
de amenazas tejidas de esporas magníficas
con porteros botones innatos.
¿Se luden seis de sol?
Natividad. Cállate, miedo.
Cristiano espero, espero siempre
de hinojos en la piedra circular que está
en las cien esquinas de esta suerte
tan vaga a donde asomo.
Y Dios sobresaltado nos oprime
el pulso, grave, mudo,
y como padre a su pequeña,
apenas,
pero apenas, entreabre los sangrientos algodones
y entre sus dedos toma a la esperanza.
Señor, lo quiero yo...
Y basta!

De Trilce
***
Las ventanas se han estremecido...

Las ventanas se han estremecido, elaborando una metafísica del universo. Vidrios han caído. Un enfermo lanza su queja: la mitad por su boca lenguada y sobrante, y toda entera, por el ano de su espalda.
Es el huracán. Un castaño del jardín de las Tullerías habráse abatido, al soplo del viento, que mide ochenta metros por segundo. Capiteles de los barrios antiguos, habrán caído, hendiendo, matando.
¿De qué punto interrogo, oyendo a ambas riberas de los océanos, de qué punto viene este huracán, tan digno de crédito, tan honrado de deuda derecho a las ventanas del hospital? Ay las direcciones inmutables, que oscilan entre el huracán y esta pena directa de toser o defecar! Ay! las direcciones inmutables, que así prenden muerte en las entrañas del hospital y despiertan células clandestinas a deshora, en los cadáveres.
¿Qué pensaría de si el enfermo de enfrente, ése que está durmiendo, si hubiera percibido el huracán? El pobre duerme, boca arriba, a la cabeza de su morfina, a los pies de toda su cordura. Un adarme más o menos en la dosis y le llevarán a enterrar, el vientre roto, la boca arriba, sordo el huracán, sordo a su vientre roto, ante el cual suelen los médicos dialogar y cavilar largamente, para, al fin, pronunciar sus llanas palabras de hombres.
La familia rodea al enfermo agrupándose ante sus sienes regresivas, indefensas, sudorosas. Ya no existe hogar sino en torno al velador del pariente enfermo, donde montan guardia impaciente, sus zapatos vacantes, sus cruces de repuesto, sus píldoras de opio. La familia rodea la mesita por espacio de un alto dividendo. Una mujer acomoda en el borde de la mesa, la taza, que casi se ha caído.
Ignoro lo que será del enfermo esta mujer, que le besa y no puede sanarle con el beso, le mira y no puede sanarle con los ojos, le habla y no puede sanarle con el verbo. ¿Es su madre? ¿Y cómo, pues, no puede sanarle? ¿Es su amada? ¿Y cómo, pues, no puede sanarle? ¿Es su hermana? Y ¿cómo, pues, no puede sanarle? ¿Es, simplemente, una mujer? ¿Y cómo pues, no puede sanarle? Porque esta mujer le ha besado, le ha mirado, le ha hablado y hasta le ha cubierto mejor el cuello al enfermo y ¡cosa verdaderamente asombrosa! no le ha sanado.
El paciente contempla su calzado vacante. Traen queso. Llevan sierra. La muerte se acuesta al pie del lecho, a dormir en sus tranquilas aguas y se duerme. Entonces, los libres pies del hombre enfermo, sin menudencias ni pormenores innecesarios, se estiran en acento circunflejo, y se alejan, en una extensión de dos cuerpos de novios, del corazón.
El cirujano ausculta a los enfermos horas enteras. Hasta donde sus manos cesan de trabajar y empiezan a jugar, las lleva a tientas, rozando la piel de los pacientes, en tanto sus párpados científicos vibran, tocados por la indocta, por la humana flaqueza del amor. Y he visto a esos enfermos morir precisamente del amor desdoblado del cirujano, de los largos diagnósticos, de las dosis exactas, del riguroso análisis de orinas y excrementos. Se rodeaba de improviso un lecho con un biombo. Médicos y enfermeros cruzaban delante del ausente, pizarra triste y próxima, que un niño llenara de números, en un gran monismo de pálidos miles. Cruzaban así, mirando a los otros, como si más irreparable fuese morir de apendicitis o neumonía, y no morir al sesgo del paso de los hombres.
Sirviendo a la causa de la religión, vuela con éxito esta mosca, a lo largo de la sala. A la hora de la visita de los cirujanos, sus zumbidos nos perdonan el pecho, ciertamente, pero desarrollándose luego, se adueñan del aire, para saludar con genio de mudanza, a los que van a morir. Unos enfermos oyen a esa mosca hasta durante el dolor y de ellos depende, por eso, el linaje del disparo, en las noches tremebundas.
¿Cuánto tiempo ha durado la anestesia, que llaman los hombres? ¡Ciencia de Dios, Teodicea! si se me echa a vivir en tales condiciones, anestesiado totalmente, volteada mi sensibilidad para adentro! ¡Ah doctores de las sales, hombres de las esencias, prójimos de las bases! Pido se me deje con mi tumor de conciencia, con mi irritada lepra sensitiva, ocurra lo que ocurra aunque me muera! Dejadme dolerme, si lo queréis, mas dejadme despierto de sueño, con todo el universo metido, aunque fuese a las malas, en mi temperatura polvorosa.
En el mundo de la salud perfecta, se reirá por esta perspectiva en que padezco; pero, en el mismo plano y cortando la baraja del juego, percute aquí otra risa de contrapunto.
En la casa del dolor, la queja asalta síncopes de gran compositor, golletes de carácter, que nos hacen cosquillas de verdad, atroces, arduas, y, cumpliendo lo prometido, nos hielan de espantosa incertidumbre.
En la casa del dolor, la queja arranca frontera excesiva. No se reconoce en esta queja de dolor, a la propia queja de la dicha en éxtasis, cuando el amor y la carne se eximen de azor y cuando, al regresar, hay discordia bastante para el diálogo.
¿Dónde está, pues, el otro flanco de esta queja de dolor, si, a estimarla en conjunto, parte ahora del lecho de un hombre?
De la casa del dolor parten quejas tan sordas e inefables y tan colmadas de tanta plenitud que llorar por ellas sería poco, y sería ya mucho sonreír.
Se atumulta la sangre en el termómetro.
¡No es grato morir, señor, si en la vida nada se deja y si en la muerte nada es posible, sino sobre lo que se deja en la vida! ¡No es grato morir, señor, si en la vida nada se deja y si en la muerte nada es posible, sino sobre lo que se deja en la vida! ¡No es grato morir, señor, si en la vida nada se deja y si en la muerte nada es posible, sino sobre lo que pudo dejarse en la vida!

De Poemas en prosa

viernes, 11 de abril de 2014

Ahora que no hablo y tengo sólo los ojos

ANTONELLA ANEDDA
Tomada de casadellapoesia.org

(Anedda-Angioy)
(Roma, Italia, 1958; reside entre Roma y Cerdeña)

Al ángel, después de la expulsión

Me empujas diciendo "se está bien en la oscuridad".
Miro los geranios sobre la ventana ciega
pienso: los regaré de todos modos
hasta el clarear de una hoja
la uña de un color,
pero la lengua que hace un momento me has cortado
no puede pensar mucho tiempo.
"¿Por qué?", había preguntado al comienzo.
Ahora que no hablo y tengo solo los ojos
dices que estoy hecha para las tinieblas
lees con tu voz de ladrillo ronco
lo que está escrito en la pared para mí, para ti, todos nosotros
"esparzo las obras, se las doy de comida a los pájaros
con el mijo en el balcón. A ustedes les basta un poco de pan,
un escabel. Tal vez lo hayan olvidado: es una prisión."

**
All’angelo, dopo la cacciata

Mi spingi dicendo “si sta bene al buio”.
Guardo i gerani sulla finestra cieca
penso: li annaffierò comunque
fino alla schiarita di una foglia
all’unghia di un colore,
ma la lingua che a un tratto mi hai tagliato
non può pensare a lungo.
“Perché?” avevo chiesto all’inizio.
Adesso che non parlo e ho solo gli occhi
dici che sono fatta per le tenebre
leggi con la tua voce di mattone rauco
cosa è scritto sul muro, per me, per te, noi tutti
“spargo le vostre opere, le do in pasto agli uccelli
col miglio sul balcone. Vi basta un po’ di pane
uno sgabello. Forse avete dimenticato: è una prigione.”
***
Amor y cuervo

He visto un cuervo bajar
sobre un escalón de la escalera:
ha sido un milagro de negritud luciente
un largo escrito sobre el blanco de la piedra.
La entera bajada -mía y del cuervo- sabía a abedul y miel.
Nuestros cuerpos -el del cuervo y el mío- eran esbeltos y viejos.
-Mirándolo moverse noté
cuán ofuscado estaba el negro
algunas manchas y el andar incierto. También mis piernas, aquí y allá
   manchadas por la edad y el sol,
eran un signo como para él ese ciego andar a los saltitos.
Sin embargo los dos en amor amábamos: él sus pocas plumas brillantes, yo
   un residuo de gracia:
el ahusarse de las piernas hacia los pies y los pies ligeramente contraídos
frágiles (como los suyos) con garras carmesí.
Ahora volamos, él hacia el cielo y yo hacia la tierra
allá abajo la escalera me espera:
un limbo aún sin color, pero con musgo y piedras
un continente inexplorado.

Es un bien que vacila.

El cielo llama al cuervo.
La piedra hace crujir bajo mis pasos una orquesta de grava.
Devora partes de mí. Roe los talones.
**
Amore e corvo

Ho visto un corvo abbassarsi 
su uno dei gradini della scala:
è stato un miracolo di nerità lucente
un lungo inchiostro sul bianco della pietra.
 L’intera discesa – mia e del corvo – sapeva di betulla e miele.
 I nostri corpi - del corvo e mio - erano svelti e vecchi.
- Guardandolo muoversi mi accorsi
    di quanto il nero fosse offuscato
di qualche macchia e di come l’andatura fosse 
incerta. Anche le mie gambe, qua e là macchiate dall’età e dal sole
erano un segno come per lui quel cieco saltellare.
Eppure entrambi in amore amavamo: lui le poche lucide piume
 io un residuo di grazia:
l’affusolarsi delle gambe fino ai piedi e i piedi  leggermente contratti
fragili (come i suoi) con artigli cremisi. 
Ora voliamo lui verso il cielo e io verso la terra
laggiù sotto la scala che mi aspetta:
un lembo ancora senza colore, ma con muschio e pietre
un continente inesplorato.

E’ un bene che vacilla. 

Il cielo chiude il corvo.
La pietra mi scricchiola sui passi un’orchestra di ghiaia.
Inghiotte parti di me. Rode i talloni.
** De Dal balcone del corpo,  2007. 
De próxima aparición en Hilos Editora.
Versiones: Jorge Aulicino
**
Antonella Anedda (Anedda-Angioy) nació en Roma en 1958 y vive entre Roma y Cerdeña. Se graduó en historia del arte moderno y actualmente colabora con el Master de italianística en la Universidad de Lugano y con el cotidiano Il Manifesto. Publicó los libros de poesía Residenze invernale (1992), Notti di pace occidentale (1999, Premio Montale 2000), Il catalogo della gioia (finalista del Premio Viareggio en 2003), Dal balcone del corpo (2007, por el que recibió los premios Dedalus, Dessi y Nápoles) y Salva con nome (2012). Asimismo ha publicado los libros de ensayo Cosa sono gli anni (1997), La luce delle cose (2000), La lingua disadorna (2001), Come solitudine (2003) y La vita dei dettagli (2009). Sus traducciones de poetas clásicos y modernos fueron reunidas en el volumen Nomi distanti (1998).

jueves, 10 de abril de 2014

Nosotros los amados

JACQUES PRÉVERT

(Francia, 1900 - 1977)

En la florería

Un hombre entra en la florería
y escoge unas flores
la florista las envuelve
el hombre se lleva la mano al bolsillo
para buscar dinero
dinero para pagar las flores
pero al mismo tiempo se lleva
repentinamente
la mano al corazón
y cae

Al mismo tiempo que cae
el dinero cae al suelo
y también las flores caen
al mismo tiempo que el hombre
al mismo tiempo que el dinero
y la florista queda allí
ante el dinero que rueda
ante las flores que se estropean
ante el hombre que muere
evidentemente todo esto es muy triste
y es necesario que la florista
haga algo
pero no sabe qué hacer
no sabe
por dónde comenzar

Hay tanto por hacer
con ese hombre que muere
esas flores que se marchitan
y ese dinero
ese dinero que rueda
que no deja de rodar.
***
Este amor

Este amor
Tan violento
Tan frágil
Tan tierno
Tan desesperado
Hermoso como el día
Y malo como el tiempo
Cuando el tiempo es malo
Este amor tan verdadero
Este amor tan hermoso
Tan feliz
Tan alegre
Y tan irrisorio
Tembloroso de miedo como un elefante en la oscuridad
Y tan seguro de sí
Como un hombre tranquilo en medio de la noche
Este amor que inspiraba temor a los demás
Que los hacía hablar
Que los hacía palidecer
Este amor acechado
Porque nosotros los acechábamos
Acorralado herido pisoteado acabado negado olvidado
Porque nosotros los habíamos acorralado herido
pisoteado acabado negado olvidado
Este amor todo entero
Tan viviente aún
Y radiante de sol
Es el tuyo
Es el mío
El que fue
Ese amor siempre nuevo
Y que no ha cambiado
Tan verdadero como una planta
Tan trémulo como un pájaro
Tan cálido tan viviente como el verano
Podemos los dos
Ir y venir
Podemos olvidar
Y luego volver a dormirnos
Despertarnos sufrir envejecer
Dormirnos otra vez
Soñar con la muerte
Despertarnos sonreír y reír
Y rejuvenecer
Nuestro amor está allí
Terco como una mula
Viviente como el deseo
Cruel como la memoria
Tonto como las quejas
Tierno como el recuerdo
Frío como el mármol
Hermoso como el día
Frágil como un niño
Nos mira sonriendo
Y nos habla sin decir nada
Y yo lo escucho temblando
Y le ruego
Ruego por ti
Ruego por mí
Te suplico
Por ti por mí por todos aquellos que se aman
Y que son amados
Sí yo le ruego
Por ti por mí y por todos los otros
A quienes no conozco
Quédate allí
Allí donde estás
Allí donde estabas antes
Quédate allí
No te muevas
No te mueras
Nosotros los amados
Te hemos olvidado
Tú no nos olvides
Sólo a ti te teníamos en la tierra
No dejes que nos pongamos fríos
Mucho más lejos cada vez
Y no importa dónde
Danos señales de vida
Mucho más tarde en el rincón de un bosque
En la selva de la memoria
Aparece de pronto
Tiéndenos la mano
Y sálvanos.
***
A dónde voy, de dónde vengo...

¿A dónde voy?, ¿de dónde vengo?,
¿Por qué estoy mojado?
Veamos, esto se ve bien.
Llueve.
La lluvia es por la lluvia.
Voy abajo, y después,
después eso es todo.
Seguid vuestro camino
como yo sigo el mío.
Porque me gusta
chapoteo en el barro.
La lluvia, me hace reír.
Me río absolutamente de todo.
Si lloráis por cualquier cosa
mejor quedaos en vuestra casa,
llorad por vosotros,
pero dejadme.
Dejadme, dejadme, dejadme, dejadme.
No quiero oír el sonido de vuestra voz,
seguid vuestro camino
como yo sigo el mío.
El único hombre que amaba,
me lo habéis matado,
aporreado, pisoteado... rematado.
He visto su sangre correr,
correr en el arroyo.
Seguid vuestro camino
como yo sigo el mío.
El hombre que amaba
está muerto, la cabeza en el barro.
Por esto puedo odiaros,
odiaros... es exagerado... exagerado... es exagerado.
Y os enterneceréis conmigo,
sois muy buenos para mí,
demasiado buenos, creedme.

Sois buenos, buenos como el perro ratonero es bueno para la rata…
pero un día… vendrá un día en que la rata os muerda…
Seguid vuestro camino,
hombres buenos… hombres de bien.
***
El camino recto

A cada kilómetro
cada año
viejos muy limitados
señalan a los niños el camino
con un gesto de cemento armado.

miércoles, 9 de abril de 2014

La escritura no debe producir la impresión de que el escritor está tratando de ser “poético.”

W.G. SEBALD
Tomada de corsinocolekivlin.blogspot.com

 (Wertach im Allgäu, Baviera, 1944-Norfolk, Reino Unido, 2001)

"Si Newton pensaba, dijo Austerlitz señalando por la ventana hacia abajo, a la curva de agua, deslumbrante al último reflejo del día, que rodea la llamada isla de los Perros, si Newton creía realmente que el tiempo era un río como el Támesis, ¿dónde estaba el nacimiento y en qué mar desembocaba finalmente? Todo río, como sabemos, está necesariamente limitado a ambos lados. Visto así, ¿cuáles serían las orillas del tiempo? ¿Cómo serían sus cualidades específicas, parecidas por ejemplo a las del agua, que es fluida, bastante pesada y transparente? ¿De qué forma se diferenciaban las cosas sumergidas en el tiempo de las que el tiempo no rozaba? ¿Por qué se indicaban en un mismo círculo las horas de luz y de oscuridad? ¿Por qué estaba el tiempo eternamente inmóvil en un lugar y se disipaba y precipitaba en otro?"

De Austerlitz, Anagrama.
**
“De vez en cuando ocurría aún que se perfilara en mi cabeza un razonamiento con hermosa claridad, pero sabía ya, mientras eso sucedía, que no estaba en condiciones de retenerlo, porque, en cuanto tomara el lápiz, las infinitas posibilidades del idioma, a las que antes podía abandonarme con confianza, se convertirían en una mescolanza de frases de pésimo gusto. No había giro de frase que no resultara ser una lamentable muletilla, ni palabra que no sonara vacía y falaz. Y en ese espantoso estado de ánimo me pasaba horas y días mirando a la pared, me atormentaba el espíritu y aprendía poco a poco a comprender lo horrible que es que incluso la tarea o el deber más nimio, como, por ejemplo, ordenar un cajón de cosas diversas, pueda ser superior a nuestras fuerzas. Era como si alguna enfermedad ya latente en mí se dispusiera a declararse, como si algo desmoralizador y obstinado se hubiera metido en mi interior y, poco a poco, lo paralizara todo. Sentía ya tras mi frente la infame apatía que precede al desmoronamiento de la personalidad, sospechaba que en realidad no tenía memoria ni capacidad intelectual, ni una verdadera existencia, que durante toda mi vida sólo me había ido extinguiendo y apartando del mundo y de mí mismo. Si alguien hubiera venido para llevarme al patíbulo, hubiera permitido tranquilamente que me ocurriera lo que fuera sin decir palabra, sin abrir los ojos, lo mismo que las personas sumamente mareadas, cuando, por ejemplo, van en vapor por el Mar Caspio, tampoco oponen la menor resistencia si alguien les comunica que las van a tirar por la borda. Pasara lo que pasara dentro de mí, la sensación de pánico en que me sumía el estar a punto de escribir una frase, sin saber cómo empezar esa frase o, en general, cualquier otra, se extendió pronto a la operación, en sí más sencilla, de leer, hasta que, inevitablemente, al intentar comprender una página entera, caía en un estado de la mayor confusión. Si se puede considerar al idioma como una antigua ciudad, como un laberinto de calles y plazas, con distritos que se remontan muy atrás en el tiempo, con barrios demolidos, saneados y reconstruidos, y con suburbios que se extienden cada vez más hacia el campo, yo parecía alguien que, por una larga ausencia, no se orienta ya en esa aglomeración, que no sabe ya para qué sirve una parada de autobús, qué es un patio trasero, un cruce de calles, un bulevar o un puente. Toda la estructura del idioma, el orden sintáctico de las distintas partes, la puntuación, las conjunciones y, en definitiva, hasta los nombres de las cosas corrientes, todo estaba envuelto en una niebla impenetrable. Tampoco entendía lo que yo mismo había escrito en el pasado, sí, especialmente eso. Sin cesar pensaba únicamente: una frase así es algo que sólo supuestamente tiene sentido, en realidad, en el mejor de los casos, provisionalmente, una especie de excrecencia de nuestra ignorancia con la que, como algunas plantas y animales marinos con sus tentáculos, tanteamos a ciegas en la oscuridad que nos rodea. Precisamente lo que, por lo común, puede dar la impresión de una inteligencia metódica, la exposición de una idea por medio de cierta habilidad estilística, me parecía entonces nada más que una empresa totalmente arbitraria o demencial. En ninguna parte veía ya una conexión, las frases se disolvían en palabras aisladas, las palabras, en una sucesión arbitraria de letras, las letras en signos inconexos y éstos en una huella gris azulada, que brillaba plateada aquí o allá y que algún ser reptante había segregado y arrastrado tras sí, y cuya vista me llenaba cada vez más de sentimientos de horror y vergüenza. Un atardecer saqué de la casa todos mis papeles, atados y sueltos, los libros de notas y cuadernos de notas, los archivadores y legajos de mis clases, todo lo que estaba cubierto de mi escritura, y lo tiré al extremo más lejano del jardín en el montón de estiércol, cubriéndolo con capas de hojas podridas y unas paladas de tierra. Es cierto que luego me creí durante unas semanas, mientras arreglaba mi cuarto y repintaba el suelo y las paredes, aligerado de la carga de mi vida, pero enseguida me di cuenta de que las sombras se extendían sobre mí. Sobre todo en las horas del crepúsculo vespertino, que normalmente habían sido siempre mis preferidas, me invadía una especie de angustia, al principio difusa pero luego cada vez más densa, que hacía que el hermoso espectáculo de los colores que iban desvaneciéndose se tornase en una palidez malvada y sin luz, el corazón se me encogiera en el pecho hasta una cuarta parte de su tamaño natural y en mi cabeza sólo quedara un pensamiento: en el rellano de la escalera, en un tercer piso de cierto edificio de Great Portland Street en el que hacía años, después de una visita al médico, había tenido un extraño arrebato, precipitarme por encima de la barandilla en la oscura profundidad del pozo.”

De Austerlitz, Anagrama.
***

“Allí fuera [Kafka y una joven, ambos enfermos en un sanatorio cercano al hotel del anterior fragmento] se cuentan historias de sus enfermedades, los dos, podría decirse, llevados por una buena mejoría provisional y una sensación de letargo pacífico. El Dr. K. desarrolla una teoría fragmentaria del amor incorpóreo según la cual no cabe diferenciar entre acercamiento y lejanía. Dice que si abriéramos los ojos sabríamos que la naturaleza es nuestra felicidad y no nuestro cuerpo, el cual hace tiempo ya no pertenece a la naturaleza. Por ello, continúa, todos los falsos amantes, y casi sólo los hay de este tipo, mantienen los ojos cerrados mientras están amando, o, lo que es lo mismo, los mantienen abiertos con la brusquedad que ha provocado el ansia. Los seres humanos, afirma, nunca están más desamparados y son más irracionales que en este estado. Ya no se puede gobernar la imaginación. Se subyace a un imperativo de variación y repetición en el que, como él mismo había experimentado con suficiente frecuencia, todo, incluso la imagen de la persona amada a la que uno se intenta aferrar, se dispersa. En cualquier caso es extraño, dice, que él sólo haya sabido remediar un estado semejante, en su opinión rayano en la locura, cubriendo su conciencia con un imaginario sombrero negro de general napoleónico. Pero por el momento, concluye, nada le era menos necesario que uno de estos sombreros napoleónicos, pues aquí afuera, en el lago, eran casi incorpóreos, y disfrutaban de un entendimiento natural de la futilidad de su propio significado.”

De Vértigo, Anagrama.
***
Consejos para escritores

“W. G. Sebald dio su último taller de escritura en la Universidad de East Anglia, en el otoño de 2001. En el mundo literario estaba ganando rápidamente renombre: había sido un éxito de crítica con sus primeros tres libros y después vino la publicación a principios de año de su Austerlitz. En el aula, donde David Lambert y yo éramos dos de dieciséis estudiantes, Sebald era discreto, casi tímido y pidió que le llamásemos Max. Cuando discutía el trabajo de los estudiantes siempre estaba lleno de anécdotas y asociaciones, era más cuentista que técnico. Tenía unos ojos cansados que hacían tentador identificarlo con los melancólicos narradores de sus libros, pero también una gentil amabilidad y un irónico sentido del humor. Nos cautivó. Murió tres días después de la clase final.
Hasta donde sé, nadie en aquel momento recogió sistemáticamente las palabras de Max. Sin embargo, tras su muerte, David y yo nos encontramos repasando nuestras notas, donde habíamos escrito muchos de sus comentarios. Seleccionamos y compartimos éstos con nuestros condiscípulos. Aún así, desearía que hubiéramos sido más diligentes, más exhaustivos. Los comentarios aquí recogidos representan tan sólo una pequeña porción de la contribución de Max a la clase.”

David Lambert & Robert McGill.
**
Sobre la aproximación:

La ficción debe tener una presencia fantasmal en alguna parte, ser algo omnisciente. Crea una realidad diferente.

Escribir es descubrir cosas no vistas con anterioridad. De otra forma no vale la pena el proceso.

Sed experimentales por todos los medios, pero dejad al lector ser parte del experimento.

El expresionismo fue en realidad una especie de voluntarioso vanguardismo, tras la Primera Guerra Mundial, un intento de retorcer el lenguaje en una forma que normalmente no tiene. Aún así, debe tener un objetivo. Ha pasado pocas veces en inglés pero es bastante común en alemán.

Escribid sobre cosas oscuras pero no escribáis oscuramente.

Existe un cierto mérito en dejar a oscuras algunas partes de vuestra escritura.

Es difícil escribir algo original sobre Napoleón, pero uno de sus ayudante es caso aparte.

Sobre narrativa y estructura:

En el siglo XIX el autor omnisciente era Dios: totalitario y monolítico. El siglo XX, con todos sus horrores, fue más demótico. Aceptó los recuentos de la gente; de pronto existían otras opiniones. En las ciencias naturales el siglo [XX] vio la refutación de Newton y la introducción de la noción de relatividad.

En el siglo XX sabemos que el observador siempre afecta lo que es observado. Así, escribiendo ahora una biografía, tenéis que hablar de dónde obtuvisteis vuestras fuentes, como hablar a aquella mujer en Beverly Hills sobre el problema que tuvisteis en el aeropuerto.

Los físicos ahora dicen que no existe el tiempo: todo coexiste. La cronología es enteramente artificial y esencialmente determinada por la emoción. La contigüidad sugiere capas de cosas, de alguna manera fundiéndose o coexistiendo el pasado y el presente.

El presente simple encaja con la comedia. El pasado es algo ido y naturalmente melancólico.

Hay un tipo de narrador, el cronista; es desapasionado, lo ha visto todo.

No podéis atribuir un fallo en un texto al estado en que se encuentra uno de sus personajes. Por ejemplo, “no conoce el paisaje de forma que no puede describirlo”, “esta borracho, de forma que no puede conocer esto o aquello.”
Sobre el detalle:

El “detalle significativo” da vida a situaciones que de otra manera serían mundanas. Necesitáis observaciones agudas, implacables.

Las rarezas son interesantes.

Los personajes necesitan detalles que los anclen en nuestra mente.

El uso de mellizos y trillizos virtualmente indistinguibles entre sí puede dar un filo espeluznante y asombroso. Kafka lo hace.

Siempre es gratificante aprender algo cuando se lee ficción. Dickens fue quien inició esto. El ensayo invadió la novela. Pero tal vez no debemos confiar en los hechos de la ficción. Se trata, después de todo, de una ilusión.

La exageración es la base de la comedia.

Es bueno incluir varias patologías no reconocidas y enfermedades mentales en vuestras historias. El campo está lleno de patologías no declaradas. Por el contrario, en el ambiente urbano, la aflicción mental no es reconocida.

El dialecto hace que palabras normales parezcan distintas, extrañas y asperas. Por ejemplo, ‘Jeziz’ en vez de Jesús.

Disciplinas concretas tienen una terminología especializada que forma su propio lenguaje. Puedo traducir una página de Ian McEwan en media hora —pero el equipamiento del golf es otro tema. Dos administrativos de Sainsbury hablando entre sí son una especie aparte.

Sobre la lectura y la intertextualidad:

Leed libros que no tengan nada que ver con la literatura.

Apartaos de los caminos transitados; no veréis nada ahí. Por ejemplo, la Crítica de Kant es aburrida pero sus escritos menores son fascinantes.

Tiene que existir un deseo libidinoso de encontrar cosas y meterlas en vuestros bolsillos.

Que los criados trabajen por vosotros. No debéis hacer todo el trabajo vosotros mismos. Debéis pedir información a otra gente, y robar implacablemente lo que os den.

Nada de lo que inventéis será tan escalofriante como las cosas que otra gente os cuente.

Debo animaros a robar todo lo que podáis. Nadie se dará cuenta nunca. Debéis mantener una libreta de notas con pedacitos, pero no anotéis las atribuciones, al cabo de un par de años podéis volver sobre la libreta de notas y emplear el material como propio sin culpabilidad.

No tengáis miedo de traer citas raras, elocuentes, e insertarlas en vuestra narración. Enriquecen la prosa. Las citas son como la levadura u otro ingrediente que uno añade.

Mirad en las viejas enciclopedias. Tienen una perspectiva distinta. Intentan ser completas y estructuradas pero de hecho son sólo cosas recogidas de manera completamente aleatoria que se suponen representan nuestro mundo.

Es muy bueno escribir sobre otro texto, de forma que escribas a partir del mismo y conviertas tu obra en un palimpsesto. No tienes que declararlo o decir de dónde viene.

Una estructura rígida abre posibilidades. Tomad un patrón, un modelo establecido o un subgénero, y escribid a partir del mismo. A la hora de escribir, la limitación te da libertad.

Mirando atentamente podeis encontrar problemas en todos los escritores. Y eso debe llenaros de esperanza. Y cuando mejor os volváis identificando esos problemas, mejor seréis a la hora de evitarlos.

Sobre el estilo:

Cada frase por sí sola debe significar algo.

La escritura no debe producir la impresión de que el escritor está tratando de ser “poético.”

Es fácil escribir prosa rítmica. Te arrastra consigo. Al cabo de un rato se vuelve tediosa.

Las frases largas te ahorran el tener que nombrar repetidamente al sujeto (Gertie hizo esto, Gertie sintió que, etc…).

Evitad frases que sólo sirven para introducir frases posteriores.

Emplead la palabra “y” lo menos posible. Buscad la variedad en las conjunciones.

Sobre las revisiones:

No reviséis demasiado o se convertirá en un conjunto de parches.

Muchas cosas se resuelven por sí mismas simplemente dejándolas en el cajón un tiempo.

No escuchéis a nadie. Ni siquiera a nosotros. Es fatal.

W.G. Sebald.

Traducción: Juan Carlos Castillón

martes, 8 de abril de 2014

Me siento en esa mesa que está detrás de todo

LAURA GARCÍA del CASTAÑO 

(Córdoba, Argentina, 1979)

El simple gesto de irme

Esta noche en que todo es real, un estado del mundo,
Vivir es una palabra mal pronunciada pero bien escrita.
El silencio es la palabra más corta y el sentido más extenso de la verdad.
Tomo el vino que otro sirve,
la música insiste en su complicidad de beber.
Las horas pasan de una calma a otra
como de un túnel subfluvial a otro.
Viven y mueren en la misma calma.
La tristeza ha crecido casi a la par
es precaria e iluminada como una casa humilde,
es tranquila y espaciosa como la nada absoluta.
Yo me ocupe de esta ausencia, viví en ella.
En esta noche en que todo es infalible
como el cálculo mortal
de poner una piedra en el centro de una mesa,
la muerte es lo único pendiente.
Me siento en esa mesa que está detrás de todo.
La uso para llamar a mis muertos,
para rodearme de sus vicios,
para abrir la lluvia como el telón de un acto maldito.
En el centro de lo visible: lo invisible. Lo obstinado.
El que se dirige de todas partes, el bendito, el viajero
el que ensancha los caminos, el siempre mudo.
La piedra es blanca y está limpia
porque ha sido desenterrada de su corazón.
La tierra del corazón es antigua y es secreta.
Espero la herencia del padre,
montado sobre el león que mató al hijo.
El día es un animal sediento que viene a beber el agua
de mi corazón.
De dónde sacaré más agua?
De qué fondo o herida, de que hueco o trampa?
Brota como la sangre cuando es turbia y es lógica.
Me pinto, y mientras lo hago pienso
que este maquillaje también es mi fondo.
Que nada hay detrás de esta piel que estos rubores no griten.
Los labios rojos marcan el camino del odio
Los ojos están delineados pero la mirada sin delinear
Un hilo oscuro que separa un resto de ceguera
no despierta.
La sombra del mundo, su obstinado prejuicio empapa mis mejillas.
El tiempo es una injuria que ya no desmiento
Mis manos de trabajar están atadas
Mis manos de acariciar sin curtir
Mi historia es una desmemoria de lo que no incluí en ella
Mi nombre es la exclusión de los nombres
que no se atreven a nombrarme.
Esta noche, desde este centro y esta mesa
emprenderé el viaje,
pero no será más que un detenimiento,
una inmovilidad a cuestas
Esta noche
me iré por algo
que realmente me despierte
o por el simple gesto del irme.

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char