martes, 29 de julio de 2014

Incluso las olivas sangran

CHARLIE DONELLY

(Dungannon, condado de Tyrone, norte de Irlanda, 1914-España, 1937)

En julio de 1936, nada más estallar la guerra civil en España, el Congreso Republicano comenzó a movilizar voluntarios para las Brigadas Internacionales. Charles Donnelly regresó a Dublín con la intención de organizar a los voluntarios irlandeses. A finales de 1936, se enroló en las Brigadas. Entró en España el 7 de enero de 1937 instalándose en Albacete, donde se incorporó al contingente irlandés dirigido por su amigo Frank Ryan y conocido como la Columna Connolly.

El 15 de febrero de 1937, después de recibir una formación militar rudimentaria, el Batallón Abraham Lincoln y la Columna Connolly, integrados en la XV Brigada, hicieron su bautismo de fuego en la batalla del Jarama, cerca de Madrid. Donnelly entró en contacto con el frente el 23 de febrero, cuando lo nombraron comandante de la compañía. El 27 de febrero, su unidad fue enviada al asalto frontal de las posiciones franquistas del cerro denominado El Pingarrón. Donnelly y su unidad se encontraron bajo el fuego de ametralladoras todo el día, con enormes bajas. Al anochecer, los franquistas iniciaron el contraataque. Un veterano canadiense recordó:

… corrimos para cubrirnos y Charlie Donnelly, el comandante de una compañía irlandesa, se cubrió detrás de un olivo. Cogió un puñado de olivas de la tierra y las fue exprimiendo. Lo sentí decir algo lacónicamente, en un respiro en el fuego de las ametralladoras: Even the olives are bleeding (“Incluso las olivas sangran”).
**
LA TOLERANCIA DE LOS CUERVOS

La muerte llega abundante desde problemas
resueltos sobre el mapa, desde sabias disposiciones,
desde ángulos de elevación y de tiro;

llega inocente desde artilugios que los niños
querrían usar y guardar bajo su almohada,
e inocentemente empala cualquier cuerpo.

Tras la carne cae también la mente,
sale el pensamiento de la mente y se tronchan
los proyectos enfocados a la meta ansiada.

Se detiene el avance del veneno en los nervios.
Colapso de la disciplina.
El cuerpo sólo espera la tolerancia de los cuervos.

Traducción extraída del libro Bob Doyle: memorias de un rebelde sin pausa.
**
Corazones heroicos

El hielo de los corazones heroicos sella la tierra ensangrentada
Donde las cosas absurdas toman forma
Para mostrar en fragmentos de amabilidad lo que el tiempo ha enterrado
Y llorar a la música bajo una tormenta de aviones.

Haciendo que las firmes cabezas sean sacudidas, que los músculos tiemblen
E intentar que la boca recuerde la ternura de viejas habilidades
El hielo de los corazones heroicos sella con hierro la mente.

Allí nuevos miembros creados para abrazar la amistad
Se derriten como la cera. Allí sólo (hay) plantas sin hojas
Y una tierra que recuerda con desinterés.

Aunque encadenadas a la tierra,
se mueven entusiastas sobre el mapa grabado en esta
Corriente de acero. Sacudiendo sapos, columnas armadas
Rompen por muros de piedra o hueso sin aviso.

Mandíbulas encuentran un nuevo destino con la carne, la cintura
Cimentados y ciegos, el nuevo destino de las mujeres.

En Las mujeres y las guerras, de Mary Nash y Susanna Tavera. Icaria 2003.
(Charles Donnelly murió en el frente en 1937)

lunes, 28 de julio de 2014

Existe un pecado: decir que una hoja verde es gris


G.K. Chesterton
(Inglaterra, 1874-1936)

La espada de la sorpresa

Separado yo de mis huesos, ¡oh!, espada de Dios,
Hasta que ellos permanezcan de pie y ajenos,
como los árboles;
Yo, cuyo corazón sube volando hacia los bosques
Y puede maravillarse tanto como ellos.

Separado yo de mi sangre que, en la oscuridad,
Escucha al ancestral río correr,
Y cómo los ríos subterráneos se confunden en el mar
Pero nunca el sol ven.

Dame ojos milagrosos para ver mis ojos
Espejos rodantes que viven en mí,
Cristales terribles más increíbles
Que todas las cosas que vi.

Separado yo de mi alma, que puedo ver
Los pecados como heridas sangrantes, valientes golpe de vida,
Hasta que a un extraño en la calle
Salve como yo mismo me salvaría.
**
El esqueleto

El pinzón que parlotea y la brisa
No son más felices que yo;
Aquí yazco entre flores
Con mi eterna risa.
No; para nada cómodamente;
Aunque claro, amigos, por pensar de prisa
No supuse la muerte, que el buen rey
Ocultó como broma… cuidadosamente.
**
Eclesiastés

Existe un pecado: decir que una hoja verde es gris,
por el que el sol se estremece en el cielo.
Existe una blasfemia: implorar la muerte,
porque Dios solo conoce lo que vale la muerte.

Hay un credo: bajo el ala de ningún terror
las manzanas se olvidan de crecer en los manzanos.
Hay una cosa necesaria –todo-
el resto es vanidad de vanidades.
**
Canto de la extraña ascesis

Si hubiese sido pagano,
Habría ensalzado la vid purpúrea,
Mis esclavos habrían labrado los viñedos
Y yo bebería vino.
Pero Higgins es el pagano,
Y sus esclavos crecen famélicos y encanecen;
Quizás él pueda beber un poco de leche tibia
Unas dos veces al día.

Si hubiese sido pagano,
Habría coronado los rizos de Neaera,
Y colmado mi vida de aventuras amorosas
Y mi casa con muchachas que bailan;
Pero Higgins es el pagano,
Y diserta a fuerzas en sus aposentos,
Donde sus tías que no están casadas
Exigen divorciarse.

Si hubiese sido pagano,
Habría enviado mis ejércitos por delante,
Y por la retaguardia arrastraría
A los Jefes del Norte.
Pero Higgins es el pagano,
Y esgrime con pesar la pluma,
Para prestar a los pobres dinero divertido
Lo que lo hace aún más pobre.

Si hubiese sido pagano,
Habría colocado mi pira en lo alto,
Y un gran torbellino rojo
Rugiendo se iría al cielo;
Pero Higgins es el pagano,
Y es más rico que yo:
Pero ellos son los que lo pusieron en un horno,
Como si fuera un pastel.

Ahora quien corra por ahí puede leer
El enigma que escribo,
De por qué este pobre viejo pecador
Debe pecar sin deleite.
Sin embargo yo, yo no puedo leerlo
(Por más que corro y corro),
Pues ellos carecen de fe
Y nunca se divertirán.
**
La balada del suicidio

El patíbulo en mi jardín, dice la gente,
Es nuevo, pulcro y tiene la altura adecuada;
Ato la cuerda de la consabida manera
Como quien anuda su corbata a una pelota;
Pero justo cuando todos los vecinos —desde
la pared—
Esbozan un largo suspiro y gritan "¡Albricias!"
Soy presa de un extraño capricho… Después
de todo
Pienso que hoy no me ahorcaré.

Mañana será el día de mi paga
La espada de mi tío pende en el vestíbulo
Veo una pequeña nube, rosa y gris toda;
Tal vez la madre del rector no llamará —imagino
Que tuve noticias del Sr. Gall.
Esos hongos podrían haberse cocinado de otra forma,
Nunca leí las obras de Juvenal.
Pienso que hoy no me ahorcaré.

Habrá otro día para que el mundo se lave;
Los decadentes decaen; los pedantes, insípidos;
H. G. Wells ha descubierto que los niños juegan,
Y Bernard Shaw que tienen rachas,
Los racionalistas crecen racionales
Y tras los espesos bosques encuentro un arroyo perdido
Tan secreto que el mismo cielo parece pequeño
Pienso que hoy no me ahorcaré.
**
Una pequeña letanía

Cuando Dios se salió de la eternidad y joven fue,
Antiguos días, creció un poco para su propia alegría
(Como bajo el horizonte es luminosa la tierra)
Y a través suyo me asomé, puerta de cielo —y vio
la tierra.

Acallando por un momento sus brillantes cielos
Construyó cerca de él una casa de oro
Para en paredes imaginarias ver su acontecido mundo
Y a él regresar como quien dice un cuento.

Allí encontró su espejo; el único vidrio
Que no se rompería con tan insufrible luz
Hasta que en una esquina de la alta casa oscura
Dios se parecía a Dios,
Cual fantasmas que en la noche se saludan.

La estrella de la mañana, esa estrella no caída
En ese extraño vuelco estrellado del espacio
Cuando tierra y cielo intercambiaron su lugares
por una hora
Y el cielo parecía más de rostro humano.

Joven, sobre sus fuertes rodillas se levantó,
La sabiduría, cuya voz está en la calle, lloró
Más que el crepúsculo del biforme querubín
Que hizo de su trono un misericordioso asiento.

De tu pálido dobladillo del hábito, surgido
de la escena,
Dios crece venturoso del reposo de todo el tiempo,
Tu alto cuerpo la torre de marfil toca
Y la rosa mística besa tu boca.

Versiones: s/d

domingo, 27 de julio de 2014

Pero no te complazcas en la pena, ojo de ratón del petirrojo



John Berger
(Londres, 1926)

Prefacio

Tengo la sensación de que mis poemas no están datados, que todos 
fueron escritos en un mismo momento intemporal. Sin embargo, 
aquí aparecen en un orden más o menos cronológico, solo porque no 
encuentro otro que tenga más sentido. Ordenarlos, por ejemplo, por 
temas, sería negar la poesía misma. Podría agruparlos en torno a los 
lugares, los pueblos, las ciudades y las estaciones de ferrocarril donde 
los escribí. Pero ¿dónde está uno realmente cuando llega un poema? 
En ningún lado, sin duda.
De modo que parece que lo mejor es ensartarlos cronológicamente en 
el hilo de la vida, como si fueran cuentas. Este hilo abarca un periodo 
de unos cincuenta años, desde 1955, cuando todavía no había cumplido 
los treinta (los apasionados poemas escritos con anterioridad a esa 
fecha se han perdido), hasta 2008, cuando ya tengo más de ochenta. 
La palabra inglesa para «cuenta» o «abalorio» es bead y se deriva 
de la forma medieval bede, bed, gebed, que significaba «oración».
**
Despedidas

Los huéspedes más alegres han partido
desaparecieron los verdes atavíos
la luz sin sombra acepta de mala gana
la escarcha en los cristales.
Donde amantes y hierbas
gastaron sus semillas
en grietas de hierro
ahora el hielo hace las camas.
Pero no te complazcas en la pena,
ojo de ratón del petirrojo,
silencio reptante,
estas cautelosas líneas,
en sus circunloquios
son silenciosos testigos
de la persistente
ocupación del hombre.
**
Palabras emigrantes

En un puñado de tierra
he enterrado todos los acentos
de mi lengua materna
allí yacen
como agujas de pino
reunidas por las hormigas
Puede que algún día el llanto balbuciente
de otro vagabundo
las incendie
entonces caliente y consolado
oirá toda la noche
la verdad como una nana.

De Poesía. John Berger. Traducciones de Pilar Vázquez, Nacho Fernández R. y José María Parreño. Círculo de Bellas Artes. Madrid, 2014.
Fuente: cultura.elpais.com

sábado, 26 de julio de 2014

Conozco el mobiliario

ANNE SEXTON

(EE.UU., 1928-1974)

Aquellos tiempos...
A los seis años
vivía en un cementerio lleno de muñecas,
eludiéndome a mí misma,
a mi cuerpo —el sospechoso
de esta morada grotesca.
Todo el día encerrada en mi cuarto tras rejas,
una celda.
Fui el exilio
sentado todo el día en un nudo.

Hablaré de las pequeñas crueldades de la infancia,
pues soy la tercera,
la última en ser dada
y la última en ser tomada
—de las humillaciones nocturnas cuando mi Madre
me desnudaba,
de la vida del día, encerrada en mi cuarto—
la no deseada, el error
que mi Madre cometió para alejar a mi Padre
del divorcio.
¡Divorcio!
Los amigos del romántico,
románticos que sobrevuelan mapas
de otros países,
caderas y narices y montañas,
hasta la Selva Negra y Asia,
o cautivos en 1928,
el año del yo,
por error,
no por divorcio
sino en su lugar.

El yo que se negó a mamar
en pechos que no podía complacer,
el yo cuyo cuerpo crecía inseguro,
el yo pisando las narices de las muñecas
que no podía romper.
Pienso en las muñecas
tan bien hechas,
tan perfectamente ensambladas
que contra mí estrechaba,
besando sus boquitas imaginarias.
Recuerdo la piel tersa,
de las recién llegadas,
la piel rosada y los serios ojos de porcelana azul;
venían de países misteriosos
sin dolores de parto
bien nacidas en silencio
El closet fue el lugar donde ensayé mi vida,
cuando deseaba ir de visita;
todo el día entre zapatos,
lejos del foco brillando en el techo,
lejos de la cama y de la pesada mesa,
de la misma rosa terrible repitiéndose en las paredes.

No lo ponía en duda.
Me escondí en el closet como quien se esconde en un árbol.
Crecí en él como raíz
y sin embargo fraguaba cada plan de fuga,
creyendo que elevaría mi cuerpo al cielo,
arrastrándolo a cuestas como a una cama enorme.
Y a pesar de ser torpe
tenía la certeza de que llegaría o al menos
subiría como sube un elevador.
Con tales sueños,
almacenando su energía como un toro,
planeaba mi crecimiento y mi feminidad
como quien pone coreografía a una danza.
Sabía que si esperaba entre los zapatos
dejarían de ser de mi tamaño:
los pesados oxford, los toscos rojos para ejecutar,
zapatos que yacían como consortes,
los tenis engrosados por el blanqueador;
y luego los vestidos balanceándose sobre mi cabeza,
siempre encima, vacíos y sensatos
con cintas y olanes,
con cuellos y anchos dobladillos
y malos augurios en los cinturones

Todo el día me sentaba
retacando mi corazón en una caja de zapatos,
rehuyendo la preciosa ventana
como un terrible ojo
por donde tosían los pájaros
encadenados a los árboles erguidos,
rehuyendo el papel tapiz del cuarto
donde una vez y otra las lenguas floreaban
saliendo de los labios como capullos marinos
—y así pasaba el día esperando
que mi madre,
la grande,
llegara a desvestirme por la fuerza.

Yacía silenciosa,
atesorando mi pequeña dignidad.
Sin preguntar acerca de la reja, o del closet.
Sin poner en duda el ritual para acostarme
cuando, sobre el mosaico frío del baño,
me extendían a diario
buscando faltas.

No sabía
que mis huesos,
esos sólidos, esas piezas de escultura
no se astillarían.
Nada sabía de la mujer que sería
ni de la sangre que cada mes
brotaría en mí como una flor exótica,
ni de las niñas,
dos monumentos,
que se abrirían paso entre mis piernas
—dos niñas acalambradas respirando tranquilas,
cada cual dormida en su menuda belleza—.
No sabía que mi vida, al fin,
como camión arrollaría la de mi madre
y que lo único que quedaría
del año en que tuve seis
sería un agujero pequeño en mi corazón, un punto sordo,
para poder oír
más claramente lo nunca dicho

Junio de 1963
(de Live or Die)
Traducción de Elisa Ramírez Castañeda***Mercy Street

En mi sueño,
perforando en el tuétano
de mi hueso entero,
mi verdadero sueño,
andando de arriba para abajo Beacon Hill
buscando una señal de la calle
a saber CALLE PIEDAD.
No allí.

Trato la Bahía trasera.
No allí.
No allí.
Y todavía me sé el número.
45 de Calle Piedad.
Conozco la ventana de vidrio manchado
del vestíbulo,
los tres pisos de la casa
con sus suelos de parquet.
Conozco el mobiliario y
madre, abuela, bisabuela,
los criados.
Conozco el armario de Spode
el barco de hielo, plata sólida,
donde la mantequilla se sienta en cuadrados ordenados
como los dientes de un gigante extraño
en la mesa de caoba grande.
Lo conozco bien.
No allí.

¿Dónde te fuiste?
45 de Calle Piedad,
con la bisabuela
arrodillándose en su corsé de hueso de ballena
y rezando suavemente pero ferozmente
al lavamanos,
a las cinco de la mañana.
en mediodía
dormitando en su mecedora wiggy,
abuelo tomando siesta en la despensa,
abuela tocando la campana para la criada de abajo,
y Nana meciendo a Madre con una flor de gran tamaño
en su frente para cubrir el rizo
de cuando ella estaba bien y cuando ella era...
Y donde ella fue procreada
y en una generación
la tercera que ella procreará,
yo,
con el florecimiento de semilla del forastero
en la flor llamada Horroroso.

Camino en un vestido amarillo
y una cartera blanca llena de cigarrillos,
bastantes píldoras, mi cartera, mis llaves,
y tener veintiocho, ¿o son cuarenta y cinco?
Camino. Camino.
Sostengo fósforos en los letreros de calles
ya que es oscuro,
tan oscuro como los muertos curtidos
y he perdido mi Ford verde,
mi casa en los suburbios,
dos pequeños niños
sorbidos como polen por la abeja en mí
y un marido
quien ha borrado sus ojos
para no ver mi revés
y estoy caminando y mirando
y este no es un sueño
sólo mi vida aceitosa
donde la gente son coartadas
y la calle es inencontrable durante una
vida entera.

Cierra las cortinas en las ventanas
¡No me importa!
Cierra la puerta, piedad,
borra el número,
rasga el letrero de la calle,
lo que lo puede importar,
lo que le puede importar a este mezquino
¿quién quiere poseer el pasado
que salió en un barco muerto
y me dejó sólo con papel?

No allí.

Abro mi cartera,
como las mujeres hacen,
y nado de acá para allá
entre los dólares y los pintalabios.
Los elijo,
uno tras otro
y los lanzo a los letreros de la calle,
y arrojé mi cartera
al Charles River.
Después llevo a cabo el sueño
y golpeo en la pared de cemento
del calendario torpe
Vivo en,
mi vida,
y sus remolcados
cuadernos.

Versión: s/d
**
MERCY STREET

In my dream, drilling into the marrow of my entire bone, my real dream, I'm walking up and down Beacon Hill searching for a street sign -- namely MERCY STREET. Not there. I try the Back Bay. Not there. Not there. And yet I know the number. 45 Mercy Street. I know the stained-glass window of the foyer, the three flights of the house with its parquet floors. I know the furniture and mother, grandmother, great-grandmother, the servants. I know the cupboard of Spode the boat of ice, solid silver, where the butter sits in neat squares like strange giant's teeth on the big mahogany table. I know it well. Not there. Where did you go? 45 Mercy Street, with great-grandmother kneeling in her whale-bone corset and praying gently but fiercely to the wash basin, at five A.M. at noon dozing in her wiggy rocker, grandfather taking a nap in the pantry, grandmother pushing the bell for the downstairs maid, and Nana rocking Mother with an oversized flower on her forehead to cover the curl of when she was good and when she was... And where she was begat and in a generation the third she will beget, me, with the stranger's seed blooming into the flower called Horrid. I walk in a yellow dress and a white pocketbook stuffed with cigarettes, enough pills, my wallet, my keys, and being twenty-eight, or is it forty-five? I walk. I walk. I hold matches at street signs for it is dark, as dark as the leathery dead and I have lost my green Ford, my house in the suburbs, two little kids sucked up like pollen by the bee in me and a husband who has wiped off his eyes in order not to see my inside out and I am walking and looking and this is no dream just my oily life where the people are alibis and the street is unfindable for an entire lifetime. Pull the shades down -- I don't care! Bolt the door, mercy, erase the number, rip down the street sign, what can it matter, what can it matter to this cheapskate who wants to own the past that went out on a dead ship and left me only with paper? Not there. I open my pocketbook, as women do, and fish swim back and forth between the dollars and the lipstick. I pick them out, one by one and throw them at the street signs, and shoot my pocketbook into the Charles River. Next I pull the dream off and slam into the cement wall of the clumsy calendar I live in, my life, and its hauled up notebooks.

viernes, 25 de julio de 2014

Recuerda todo lo bueno

Rupert John Cornford

(Cambridge, Inglaterra, 1915-Lopera, Jaén, España, 1936)

A Margot Heinemann

Alma del mundo desalmado,
alma mía, tu recuerdo
es el dolor que siento en mi costado,
la sombra que ensombrece cuanto veo.

Al atardecer se alza el viento
a recordarnos que el otoño viene,
yo, yo tengo miedo a perderte,
y tengo miedo a mi miedo.

Camino de Huesca, en el último tramo,
última barrera para nuestro honor,
tan tiernamente pienso en ti, mi amor,
como si tú estuvieras a mi lado.

Y si la suerte acaba con mi vida
dentro de una fosa mal cavada,
acuérdate de toda nuestra dicha;
no olvides que yo te amaba.

(Traducción de José Agustín Goytisolo)
**
OTRA VERSIÓN

A Margot Heinemann

Corazón de este mundo sin corazón.
Querido corazón, pensar en tí
es un dolor a mi lado,
la sombra que enfría el paisaje.
El viento se levanta al atardecer,
recordando que el otoño está cerca.
Tengo miedo de perderte,
tengo miedo de mi miedo.
En el último kilómetro hacia Huesca,
la última barrera de nuestro orgullo,
piensa amablemente, cariño,
que siento que estás a mi lado.
Y si la mala suerte abatiera mi vigor
en una tumba poco profunda
recuerda todo lo bueno,
no te olvides de mi amor.

De “Voluntarios de la libertad: 50 poemas sobre las Brigadas Internacionales“. Edición: AABI. Madrid. 2001.
**
Poem

Heart of the heartless world,
Dear heart, the thought of you
Is the pain at my side,
The shadow that chills my view.

The wind rises in the evening, 
Reminds that autumn is near.
I am afraid to lose you,
I am afraid of my fear.

On the last mile to Huesca,
The last fence for our pride,
Think so kindly, dear, that I
Sense you at my side.

And if bad luck should lay my strength
Into the shallow grave,
Remember all the good you can;
Don't forget my love.
**
Luna llena en Tierz, antes de el asalto a Huesca

En los campos de Huesca
donde la luna llena lanza sombras claras
como la luz,
la inocencia de esta llanura silenciosa
pronto se deshará con sudor y sangre y dolor
cuando nuestra posición se gane o se pierda.
La misma noche cae sobre Alemania
Y la imparcial belleza de las estrellas
ilumina desde el cielo insensible
Oraniemburgo, y las cicatrices de la libertad.
No podemos hacer nada para aliviar el dolor
más que demostrar que la agonía no ha sido en vano,
entendamos lo antes posible
que la libertad nunca se defiende sin luchar.
**
Full moon at Tierz: before the storming of Huesca
The past, a glacier, gripped the mountain wall,
And time was inches, dark was all.
But here it scales the end of the range,
The dialectic's point of change,
Crashes in light and minutes to its fall.

Time present is a cataract whose force
Breaks down the banks even at its source
And history forming in our hands
Not plasticine but roaring sands,
Yet we must swing it to its final course.

The intersecting lines that cross both ways,
Time future, has no image in space,
Crooked as the road that we must tread,
Straight as our bullets fly ahead.
We are the future. The last fight let us face.

© Rupert John Cornford. All rights reserved

jueves, 24 de julio de 2014

La luz roe donde no hay reparo

ANTONELLA ANEDDA

(Anedda-Angioy)
(Roma, Italia, 1958; reside entre Roma y Cerdeña)

NOMBRE. NO TENER NOMBRE.
Ser una inicial que no conoce vanidad o fatiga
contraerse en una sola letra
cuyo esplendor turba solo fugazmente
perdido entre las hileras de los muertos.
Ser un rasguño indiferente
pero en comunión con la garganta marcada
rojo de sangre retenida
destinada a desaparecer sin cicatriz.

Tú, ni herida ni quemadura
sombra de hacha, espectro de zarza.
*
NOME. NON AVERE NOME.
Essere un’iniziale che non conosce vanità o fatica
contrarsi in una sola lettera
il cui splendore turba solo fugacemente
perché perduto tra le schiere dei morti.
Essere un graffio indifferente
ma in comunione con la gola segnata
rosso di sangue trattenuto
destinato a sparire senza cicatrice.

Tu né ferita, né ustione
ombra di ascia, spettro di roveto.
**
Coro
¿El miedo nos hace más fuertes?
Somos mortales mortalmente aterrorizados
temblamos como zorros y perros,
nos volvemos la jauría de nosotros mismos
Basta un sueño errado
y la luz roe donde no hay reparo.
Derrapamos entre los objetos esperando que sean verdaderos.
Apretamos los párpados intentando dormir en pleno día
diciendo: aqui, y pensando allá
ofreciendo sacrificios mientras desplazamos muebles
y tronchamos con las tijeras los geranios.
A la noche alargamos las mesas para los húespedes
y con la madera comenzamos a marchitarnos.
Ponemos con cuidado las servilletas y desde el lino se elevan los demonios.
Volviendo la cabeza aquí, pensamos: allá,
como sucede en verdad a todo perseguido.
Abrimos ventanas de par en par con la excusa del humo. El viento huele a basura
pero es una tregua. El propio viento en la belleza es una ruina.
La sabiduría nos confunde como cera.
Respiramos con dificultad.
Nos quedamos inmóviles
la sangre se acelera entre la nuca y la espalda
nos volvemos serpientes
que se limpian entrelazándose.
*
Coro
La paura ci rende più forti ?
Siamo mortali mortalmente spaventati
tremiamo come volpi e cani
diventando la muta di noi stessi
Basta un sogno sbagliato
e la luce rode dove non c'è riparo.
Sbandiamo tra gli oggetti sperando siano veri.
Stringiamo gli occhi provando a dormire in pieno giorno
dicendo: qui e pensando là
offrendo sacrifici mentre spostiamo mobili
e tronchiamo con le forbici i gerani.
La sera allunghiamo i tavoli per gli ospiti
e dal legno cominciamo ad appassire.
Posiamo con cura i tovaglioli e dal lino si sollevano demoni.
Voltando la testa qui, pensiamo: là
come succede davvero a ogni inseguito.
Spalanchiamo finestre con la scusa del fumo. Il vento sa d’immondizia
ma è una tregua. Lo stesso vento nella bellezza è una rovina.
La saggezza ci confonde come cera.
Stentiamo a respirare.
Restiamo immobili
il sangue scatta tra la nuca e la schiena
torniamo serpi
ci puliamo intrecciandoci.

De Antología, traducción de Jorge Aulicino,
Hilos Editora, Buenos Aires, 2014.

miércoles, 23 de julio de 2014

Alverre vaca

María del Carmen Colombo 
(Buenos Aires, Argentina, 1950)


La mujer sigue siendo gata y pájaro.
O, en el mejor de los casos, vaca.
F. Nietzsche


I

un caballo
en la pampa
de papel

nervioso inquieto
movimiento
del sonido
sin parar en la noche

en el desierto pozo oscuro
el eterno


II

en el inmenso sitio pampa
un caballo

de luz un espejismo
fluyendo
sin parar

llama de coces voces

ese torrente
ese sonoro
llamado
caballo


III

un modo de montar
cuando fundo la palabra
confundo caballo con
jinete: una sola cosa

cuando la cosa sólo
es una: el modo
la manera de montar
un oscuro caballo

cuando sola y mortal
confundo
la montura y fundo
el eterno
caballo del fluir

cuando una sola cosa


IV

pobre mortal montura
que al eterno caballo
del fluir enamora

y se adormila con la luz
arena diamantina
de su ingenua oscuridad


V

triste yovaca
gimes tu condición
de alverre: dar

vueltas y vueltas
la que no fue
alrededor de la casa
de la pampa oscura
ser la que no
alverre vaca


VI Caída

de la tara del árbol
de la duda
vaca yendo
a su suelo de tierra
a su lugar
cayendo
va cavando el
suelo de la tara de
su tierra dura
duda y abierta herida
en su cavar: hueco
que va llenando
lleno por donde vaca
yendo herida
abierto cielo de su herida
desierto suelo de su dolor
sentido
duelo consuelo
a su vacar que a cábala
llenando
valle nando

De La muda encarnación (1993), segunda edición, Aurelia Rivera, Buenos Aires, 2006

martes, 22 de julio de 2014

Y hay noche por afuera hasta el fin de la vida

Conrado Nalé Roxlo

(Buenos Aires, Argentina, 1898-1971)

EL MURO

Pongo la mano sobre el blanco muro,
pongo la mano sobre el muro helado,
y siento que en la noche, al otro lado,
pesa otra mano sobre el muro oscuro.

Hay un silencio inquieto, un inseguro
silencio de paraje despoblado.
Y mi alma es un pájaro clavado
por mi amarilla mano al muro duro.

Tierra y cal nos separan, tierra escasa
y fría cal. Y hay noche por afuera
hasta el fin de la vida. Ya traspasa

la mano el muro como blanda cera.
Estalla el miedo en la desierta casa,
y asido a un grito vuelvo a mi ribera.



De Antología básica contemporánea de la poesía iberoamericana, Tomo I. Ediciones Nereo Pulitzer, 1978.

lunes, 21 de julio de 2014

Las capillas están ardiendo

Juan Anselmo Leguizamón
Tomada del blog poetassigloveintiuno

(Santiago del Estero, Argentina, 1971)



# 50 TWEETS PARA JAVIER ADÚRIZ

       Sabía percibir como nadie el olor a cucarachas, a la casa Usher la hubiese prendido fuego antes de terminar el cuento.

  1. Varios de los suyos quisieran
    ser Bogart pero él daba un James Dean: mirada de relojeo, rocanrol y no
    hubiese sido raro verlo con la solapa de la campera levantada.
.
Con los primeros cristianos ganándose a los leones para luego echarlos en el césped de esta civilidad tranqui de ciudad sitiada.




Instrucciones para la generación del poema con la brillantez de una bala de plata.



  1. El que limpia su ballesta para
    tirar una flecha en llamas contra un viejo mapamundi.



  1. Del verso libre a que el verso
    te libre.



  1.  Y si “la verdad se mueve” ¡muévete!



  1. No es esto, no es eso, no es
    aquello... Dale por ahí, “metele arte, gordo”, tampoco te la creas ¿quién
    sos? Jugatelá al núcleo… Le pifiaste ¿y qué? ¿Para qué venimos?



  1. Para escribir poesía después de
    Hiroshima.



  1. Paleando nieve fluorescente con
    el historiador Mosca de El eternauta.



  1. Los que están ebrios de lo que
    no han bebido –una definición de los místicos.



  1. No la iba de canchero y menos
    de yuta de la poesía.



  1. Un dialogador post-socrático
    pero sin sofistería ni teocracia.



  1. Hay verdad, hay violencia, hay
    vencidos, hay invicto, hay belleza.



  1. Debería decir samurai pero tengo que decir jedi.



  1. No le pude preguntar qué onda
    con Pat Morita (Sr. Miyagi) pero sería algo así: “nene, andá a pintar las
    verjas para aprender a hacer poemas”.



  1. A pesar de los cantos
    primordiales, en el principio es el Diálogo -y te tratará de “vos”.



  1. No a ese añorar melanco de un orden, una delirada
    casta de Hogwarts o una armonía de dios como si dios no pudiese ser el
    caos.



  1. No a la restauración patética
    de qué valores de los “draculines”, bajo cuya voluntad se entregaran
    toneladas de carne para alienistas y crápulas del siglo veinte.



  1. Contra el decente literato ¿No
    ven que se nos incendia todo, baldío y paraíso?



  1. Vivan los gansos, los putos,
    los yetis, los indies, las fieras, los yiros, los
    wachis y lo que está por delante, que lo de atrás viene truncado.



  1. Las capillas están ardiendo.



  1. Decir lo velado del orden,
    tirar al ruedo lo real, el trastabilleo, el ultrasonido de la poiesis en ignición primicia antes
    de apaciguarse en “lo literario”.



  1. Un buen boxeador bien debe
    bailar (también la curte de gasista y puede tener un taller de motores)



  1. Ahora podrá preguntarle al
    notario siciliano cómo fue eso del primer soneto aquél mediodía del mil
    doscientos y pico.



  1. Si hubiese sido inglés: uno de
    los Smiths, francés: Belmondo, español: Antonio Vega, italiano: Jacopo da
    Lentini, alemán: abad okupa en
    Berlín oriental.



  1. La revolución es “en las
    circunstancias” o no es. Si ocurre, salvo rajar con Pancho Villa será
    referida tirando diagonales en el poliedro de la realidad.



  1. La política esta ahí, pero no
    la parlanchina, discursera, de programa, sino la entrañable, visceral, la
    dura, la verdadera.



  1. No el orden sino la ley en
    mudanza.



  1. Una entrevista que no dio:
    “agarrar al poema de las pelotas” –no, demasiado compadrito, muy callejón
    ¿Será hendir la flor hasta soltar gemido? También y tampoco.



  1. Salir a andar, afuerear, ahí
    entre todos está el cenobita conversador.



  1. No al repliegue mustio, sí a lo
    que se abra en cualquier otra dirección.



  1. Con o sin Eliot, salvaremos de
    la devastación (a) el asombro de la vida (b) en el lenguaje (c) con la
    “radical incongruencia de la libertad”.



  1. El poema es un motor, enciende
    o no, funciona o no.



  1. Lo otro, el otro, el kósmos -de ahí viene y ahí va.



  1. El poema: convivio provisional
    entre ideolectos errantes, habitantes del lenguaje y la historia;
    ocasional banquete por dación mutua de logos
    gozante.



  1. Física posclásica: fisión
    nuclear del legado histórico y cultural -“riqueza abandonada” donde
    abrevar de manera dispar- con la aceleración de la furia actual.



  1. Un arte de la “voladura de tejas”
    controlada, con foco en la “incesante constitución del presente”.



  1. Insumisos a la Gran voz pero bajo el
    sinuoso albedrío de escuchar aún la vieja voz de la poesía occidental,
    energía insistente que corre por las napas del lenguaje.



  1. Sí, irse, zarparse (descender,
    volar o darle por las laterales) pero volver para contarlo.



  1. La metalurgia: aleaciones
    imperfectas de res y verba en cada vuelta, en cada tiro
    de dados del arte.



  1. Lo ternario, la tríada, el
    triduo: “arte o ingenio: cualquier combinación o énfasis; contenido o
    forma: no hay sutura; utilidad o deleite: lo deleitable es lo útil”.



  1. El piercing de la pulsión versus el afecto por la abstracción
    comparten un faso.



  1. Del cruce generacional al
    anudamiento Peirceano: el desequilibrio dinámico del menage à trois entre
    “representamen- objeto- interpretante”.



  1. Entre sus compañeros de armas
    tallaron caballeros de insinuaciones libertarias.



  1. La literatura es una
    conversación en el zaguán cerca de un parque para ir a trepar a los
    árboles.



  1. Si hay vanguardia que no se
    note.



  1. Cuando allá llegan las lluvias
    aquí la seca y viceversa -y en tercer cuadrante se entrecruzan las
    estaciones en gran quilombo. Es así, hay más mundo de lo que se cree.



  1. Una vez traspasada la “zona
    invicta” nos saluda con el puño en alto.



  1. El frontis reza: “La joya es lo
    diverso”.


Juan Anselmo
Leguizamón

Santiago del Estero, febrero 2012.

domingo, 20 de julio de 2014

Ni debe extrañarnos, ni debe pesarnos de ello

MIGUEL DE UNAMUNO Y JUGO 


                         (España, 1864-1936)

Fui a ver a don Catalino. Recordarán ustedes que don Catalino es todo un sabio; esto es, un tonto. Tan sabio, que no ha sabido nunca divertirse, y no más que por incapacidad de ello. Lo que no quiere decir que don Catalino no se ría; don Catalino se ríe y a mandíbula batiente, pero hay que ver de qué cosas se ríe don Catalino. ¡La risa de don Catalino es digna de un héroe de una novela de Julio Verne! Y no diría yo que don Catalino no le encuentre divertido hasta jocoso, amén de instructivo, ¡por supuesto!, al tal Julio Verne, delicia de cuando teníamos trece años. Don Catalino es, como ven ustedes, un niño grande, pero sabio; esto es, un tonto.
Don Catalino cree, naturalmente, en la superioridad de la filosofía sobre la poesía, sin habérsele ocurrido la duda—don Catalino no duda sino profesionalmente, por método—de si la filosofía no será más que poesía echada a perder, y cree en la superioridad de la ciencia sobre e1 arte. De las artes prefiere la música, pero es porque dice que es una rama de la acústica, y que la armonía, el contrapunto y la orquestación tienen una base matemática. Inútil decir que don Catalino estima que el juego del ajedrez es el más noble de los juegos, porque desarrolla las funciones intelectuales. También le gusta el billar, por los problemas de mecánica que en él se ofrecen.
Un amigo mío y suyo dice que don Catalino es anestético y anestésico. Pero anestésicos son casi todos los sabios. Al cuarto de hora de estar uno hablando con ellos, se queda como acorchado y en disposición de que le arranquen, sin dolor alguno, el corazón.

(Miguel de Unamuno, Don Catalino, hombre sabio)
**
Entre mis recortes de periódicos guardo uno de El Imparcial que se titula así: "Perfiles del día. Sólo al público". En él se dice en sustancia que los homenajes públicos son en España al político, y rara vez al literato, el artista o al hombre de ciencia.

En ese artículo se cuenta que, hablando de don Juan Valera un vecino de Cabra con un literato, y al exclamar éste ¡qué grande hombre!, replicaba aquél: Sí, un hombre grande, un gran escritor... ¡pero si viera usted que allí en el distrito, cuando fue diputado... no hizo nada! (Puedo yo añadir que fue senador por Salamanca, y en su vida estuvo en Salamanca, según se lo oí a él mismo.)

En el mismo articulito se dice que refería don Pedro Antonio de Alarcón que, habiendo escrito desde el año 59 de la Restauración multitud de libros que hubieran alcanzado éxito muy grande, jamás sus paisanos de la Alpujarra se habían acordado de él para felicitarle ni para dedicarle el menor obsequio. "Pero me nombró Cánovas Consejero de Estado, y recibí no sé cuántos cientos de telegramas y cartas de felicitación. Es, sin duda, que hay mayor cantidad de gloria en el derecho a dar una credencial que en el de escribir el Itinerario de Madrid a Nápoles."

Todo esto me recuerda lo que contaba Blasco Ibáñez, de que habiendo preguntado en Milán por Edmundo de Amicis, no supieron darle la razón de él, hasta que uno dijo: Amicis... Amicis... ¡ah!, ¡sí, el concejal! Todo esto es perfectamente natural y no debe extrañarnos ni poco ni mucho a los que nos dedicamos a las bellas letras. Ni debe extrañarnos, ni debe pesarnos de ello.

Cada cual debe contentarse con la recompensa acomodada a su trabajo. El político trabaja para el día y por regla general se preocupa muy poco -no siendo los de muy primera fila, los que tengan alma de estadistas- de que su nombre pase o no a la historia. Su ambición se cifra en ejercer el poder e influencia mientras vive, en obrar sobre aquellos que le rodean, en repartir mercedes, en ser jaleado por las hojas volanderas de la prensa. Justo es, pues, que todos aquellos que han recibido o esperan recibir sus mercedes le festejen ostentosamente en vida. A cambio de esto es casi seguro que esos mismos que así le obsequian le olviden a los cuatro meses de acaecida su muerte.

La gloria del político, de lo que ordinariamente llamamos político, se parece a la gloria del actor. Todo lo que cosecha en aplausos de los que le oyen, lo pierde en admiración duradera. Es de ordinario un cómico, y como a tal cómico le tratan los espectadores.

En cierta ocasión le echaba en cara un literato al famoso melodramaturgo francés D'Ennery el que sus melodramas eran unos verdaderos esperpentos juzgados con criterio rigurosamente estético. Y D'Ennery le respondió: "Estos señores literatos son insaciables e insoportables; quieren la gloria y además la fortuna. Partamos las cosas: yo renuncio a la gloria, renuncio a que mi nombre figure en los futuros manuales de historia de la literatura francesa, y busco la fortuna con mis obras. Que se contenten ellos con la gloria, que les cedo de muy buena gana, y no pretendan disputarme también la fortuna". Y hablaba como un sabio, la verdad.

Apenas concibo a un joven dedicado al cultivo del arte o de la poesía que no lo haga ante todo y sobre todo por la gloria, y si luego se queja de que esa gloria no llega tan pronto como esperaba, si se queja de no oír los aplausos del público, es que se siente actor, es que quiere la gloria de una noche, la gloriosa.

Los artistas y las gentes de letras no deben olvidar nunca aquella profundísima sentencia de Gounod: la posteridad es una superposición de minorías. Y con esto se consolarán de que su público esté formado por una exigua minoría. Y lo cierto es que una de las cosas más piadosas y más nobles que puede hacerse en este mundo es buscar consuelo para nuestras adversidades todas. Por aquello de quien no se consuela es un tonto.

Por mi parte puedo decir que he recibido alguna vez regalos de personas a quienes había hecho yo algún favor traductible en provecho material o que ellos se figuraban que se lo había vendido yo, y todavía no he recibido un solo regalo de nadie a quien haya dado un buen rato de placer espiritual por algo que haya yo escrito. Y me parece muy natural esto y en mi vida se me ocurrirá quejarme por ello.

Y hasta el escritor y el artista, cuando son festejados en vida y ostentosamente, es por algo poco duradero, por algo circunstancial o de época, por algo destinado a perecer. Lo que más se aplaude con ruido es eso que por llamar de alguna manera llaman acto ("ha hecho un acto"), el cual acto suele reducirse a palabras. Y luego los que hacen actos son los que más desdeñosamente hablan de las palabras, repitiendo aquello de: "¡palabras.... palabras.... palabras!", frase que puso en moda un insigne y estupendo palabrero, Shakespeare.

Está, pues, muy bien que apenas se festeje sino a los políticos, y que cuando se festeje a los artistas y literatos sea por lo que, de un modo o de otro, tengan de políticos, de una o de otra clase. Ni los de Cabra tenían por qué cuidarse del valor literario de Valera, ni los alpujarreños del de Alarcón.

A Valera y a Alarcón se les lee y leerá y seguirá leyendo aunque Cabra y las Alpujarras se despoblasen.

De Lo pasajero, Nuevo Mundo, Madrid, 1905, recogido en Obras Completas, VII, Escelicer, 1967, Madrid

sábado, 19 de julio de 2014

Abrazados los dos y los dos muertos

EDGAR MORISOLI

(Acébal, Santa Fe, en 1930. Desde muy joven se radicó en La Pampa, Argentina)

Ni paloma ni río

“La distancia no es aire, ni paloma, ni río;
ni siquiera doradura de adiós sobre la frente.
La distancia no late sino quema: escarcha que
va arando la tibieza de un pecho...”

Y uno escribe la carta prometida. Se trata
de ser puntual, de que no crezca olvido, Por eso, simplemente
semana tras semana el alejado
escribe. Se inventa o se desangra
en cada carta; miente
un poco; se repite, ¡y es pálido, es
remoto el fuego de la vida al trasluz de esas páginas
que viajarán después. plegadas, confundidas
a tantas otras páginas de secreta escritura
que llevan cólera y nostalgia, dicha o rutina, padecimientos
y raras veces la visión!
-Todas, sí, cada una
con su sediento filo de misterio y su luna
viva, mortal.

Alguien la espera, lejos,
semana tras semana. Y la distancia
se mide por la arena del silencio, la arena
oscura del silencio, solitaria. ¡Viviente
flor o nombre de flor
que tan callado
crece,
de una carta a otra carta, de un destello
a otro destello, a otro
fulgor de adiós que la azul bengala deslumbrará en la noche de banderas
fugitivas: en la mano tendida y obstinada cuya palma sostiene sin el menor
temblor esa brasa terrible que lentamente la calcina y se llama
distancia!
**
GENERAL ACHA / PARÍS, 1889

a Cristina Ércoli
María Quenupil y Remigia Solana,
entregaron sus finas labores de telar
y de pluma, al garrido doctor y Secretario de la Gobernación,
allí, en General Acha,
para ser enviadas… ¿a quién? ¿a dónde? ¿a París de Francia?
De cualquier modo, lejos. Muy lejos, tras la mar, tras el Agua
Grande… ”Habrá una feria”, les dijeron.

Y hubo una feria, inmensa, “universal”,
se inauguró la Torre Eiffel, y en alguna vitrina
del Pabellón Argentino, sector  Pampa Central y medio ocultas,
lucirían las finas labores de telar
y de pluma de choique, el arte de la tierra que aportaron
María Quenupil y Remigia Solana.                                                    
                                                                            (En esa misma feria, prisioneros
en una enorme jaula con barrotes de hierro,
se exhibieron al público como fieras salvajes
–supuestos “antropófagos”–
una familia entera de indígenas fueguinos. Eran selk’nam, los hijos
del Sur que fue un gigante: el silente Tarémkelas,
y de una seductora irresistible: la Bóveda Celeste.)

En los toldos y ranchos de la planiza, en Acha
–entonces, como ahora, barrio del pobrerío–,
María Quenupil y Remigia Solana
nada supieron de esto. ¿Qué fue de aquellas fajas
tejidas, de las plumas, de los sabios colores logrados con raíces
y cortezas del monte? ¿Acaso conocieron o llegó hasta sus manos
el lujoso catálogo bilingüe
que registró sus nombres?
                                                           (A los selk’nam cautivos
los pudo rescatar la Embajada Chilena
previo pago –”compensación de gastos”–,
al abyecto raptor.)

María Quenupil y Remigia Solana,
ignoraron que fuese el Centenario
de una Revolución traicionada hacía tiempo.
Liberté. Egalité. Fraternité.
María y Remigia. Hoy nadie las recuerda.
**
LA ÚLTIMA TARJA

Tarja tras tarja lo marcó la vida
y nadie nunca le escuchó una queja
ni menos un lamento. Pampa vieja
corría por sus venas. Repetida

jornada del peón fue su jornada
y algún domingo, el pueblo. Ya tordillo
se acollaró. Para cambiar de trillo
buscó un mallín remoto en la Mesada

y allá pobló, no lejos del menuco.
Vinieron los cachorros. Parecía
que la suerte cambiaba. ¿Lograría

ganar, jugando el bueno de ese truco?
Capaz que eso pensaba cuando un día
salió a rastrear al león. . . Los encontraron

al pie del barderío, en el desierto
amanecer, y así me lo contaron:
abrazados los dos y los dos muertos.

viernes, 18 de julio de 2014

Un mirlo y tres luces

Pilar Martín Gila
Tomada de Facebook

(Aragoneses, Segovia, 1962)

Ni otra noche
ni ninguna otra mañana
sino ésta en la que va ardiendo
lo posible a la luz de un candil,
la tráquea de los insectos
y la palabra de los locos
en tres grandes gritos
de tantas formas dicha y desmentida,
el desierto y el estruendo sentados
a la mesa del comedor.
**

Ella tiene la sombra
de las ventanas
y devana un ovillo
entre el futuro y lo cierto,
una soledad que no conoce
y una promesa
que se cumplirá hecha añicos,
porque el viejo Borgen se acurruca
sobre el suelo de las pocilgas
entre los animales
sin esperanza, el peso de la piedra,
el declive que guarda en un bolsillo
y consulta a solas.
**

Llamábamos hogar
a ese tiempo del resguardo.
La transparencia de los niños
cuyo ruido es igual que la luz,
la noche igual de transparente
que el frío y el sueño, al amanecer
un mirlo y tres luces
en otro rincón a esas horas
también transparentes como ventanas
cerradas y el miedo a quedarse solo
y sostenerse en el ir y venir.

jueves, 17 de julio de 2014

El insignificante y anecdótico deseo

MARIFÉ SANTIAGO BOLAÑOS
Tomada de www.bne.es

(Madrid, España, 1962)

PALABRAS PARA GAMONEDA

Éste es el único día digno de ser vivido ya que todos los otros días fueron días de negación.
Los sacerdotes hicieron negación y los comerciantes y los hombres de honor hicieron negación;

y hubo negación en los niños y en los que resistían la tortura por causas justas y en los que estaban poseídos por la amistad;

y los muslos que yo conocí con mi lengua se cerraron y los pezones que estuvieron en mis labios se endurecieron como sílice.

Hubo un tiempo habitado por madres y por iluminaciones pero después sucedieron días en que los cuerpos se buscaban y cada cuerpo acudía con su fuerza y entonces hubo delación y algunos murieron y otros retrocedieron hasta sus madres

y las madres estaban ciegas en sus vientres

y no existía lugar en aquel país

y cada hombre lloró en esta enseñanza y abandonó la ciudad y no se supo de él durante mucho tiempo.

De Descripción de la mentira (1975-1976)
**
III

Niñez desnuda, ¿seis, siete años? Al aire toda, sólo una braguita clara y, sobre la cabeza, un barreño lleno de ropa sucia. Llora a gritos, sin perder el paso descalzo, sin que se le caiga al suelo el castigo.
No sé, la que va tras ella puede tener doce: ya le han crecido los pechos y las caderas, ya se cubre el cuerpo con una tela de colores
y azota, furiosa,
las piernas de la chiquitina que no para de llorar:
llora ignorada por los muchachos ociosos que retozan en el río,
llora ignorada por estas madres de ojos mustios,
llora ignorada por los adolescentes que exhiben su exigente virilidad
a las niñas fértiles.
Aquí no extraña tanto desconsuelo, ni verte erguida y que las lágrimas no vuelquen el barreño. Aquí, no.
Mi piragua se aleja de ti pero yo sigo oyéndote el llanto. Verás: es que este poema deja marcas y escuece.
Tú querías jugar
con la luz del atardecer
en el Níger: eso era todo.
**
XII

Domesticar: a la cama, recoged los juguetes. Tragarte el daño; por el miedo, quédate despierta y escucha el llanto de tu corazón.
Tú: la ausencia de nombre, que la vida te robe la manta, que te destape, que se duerma en tu estómago
el dolor, ese
despótico e indolente
vagabundo.

Tú, también:
Delicadeza de las mujeres, lentitud del gesto suspendido en la copa del árbol,
como en la densidad y el vaho de los cuerpos: sudor,
ingrávido el destino donde la Nodriza Cósmica recita
compromisos:
memoria del trigo, abejas, las espigas, el insignificante y anecdótico deseo.
Mañana, pan y la picadura de una estrella
en los hombros,
pasteles de mundo, digo:
masticas almas, como todas las madres: luego, a la boca del hijo esa papilla de saliva y amor.

Una historia esperando
en la tarde de África,
limpiar de sombra oscura
cada claro de luz.

La Vida escribe un salmo en las acacias y en los cafetales, en el bosque de la libertad y en los pájaros: la tarde en África encendida de amor: collares de mariposas sedientas, la nada, heridas que engalanan a las mujeres dulces, estar en el amor:
intercambiamos la tristeza:
cristales de colores, semillas engarzadas, paquetitos de ternura, pulseras de silencio, la tarde africana, húmeda:
cierro las ventanillas
para que no entre
en el coche sucio
de agravios y barro
la palabra que este
trayecto no evita,
la que tú te llevabas en la cesta,
sobre la cabeza,
erguida,
olvidándome ya…

miércoles, 16 de julio de 2014

Spleen

CHARLES BAUDELAIRE

(Francia, 1821-1867)

  ¡Qué penetrante es el final de los días de otoño! ¡Ah, penetrante hasta el dolor! Pues hay ciertas sensaciones deliciosas, cuya vaguedad no excluye la intensidad; y no hay punta más acerada que la del Infinito.

    ¡Gran delicia la de ahogar la mirada en la inmensidad del cielo y del mar! La soledad, el silencio, la incomparable castidad del azul, la pequeña vela que se estremece en el horizonte, y que por su pequeñez y su aislamiento imita mi irremediable existencia, la melodía monótona del oleaje; todas esas cosas piensan por mí, o yo pienso por ellas (¡pues en la grandeza de la meditación, el yo se pierde rápido!); esas cosas piensan, digo, pero musical y pintorescamente, sin argucias, sin silogismos, sin deducciones.

    No obstante, esas ideas, ya salgan de mí o broten de las cosas, se toman bien pronto demasiado intensas. La energía dentro dé la voluptuosidad crea un malestar y un sufrimiento positivos. Mis nervios demasiado tensos sólo producen ya vibraciones dolorosas y chillonas.

    Y ahora, la profundidad del cielo me consterna; me exaspera su limpidez. Me sublevan la insensibilidad del mar, la inmutabilidad del espectáculo ...

    ¿Habrá que sufrir eternamente, o eternamente huir de lo bello? ¡Déjame, Naturaleza, hechicera sin piedad; rival siempre victoriosa! ¡Cesa de tentarme, en mis deseos y en mi orgullo! El estudio de la belleza es un duelo en el que el artista grita de espanto antes de ser vencido.

De Spleen de París
Traducción de Nydia Lamarque. 1º edición, 1961, México, Editorial Aguilar.
**
Spleen (I)
(1857)

Pluvioso, irritado contra la ciudad entera,
De su urna, en grandes oleadas vierte un frío tenebroso
Sobre los pálidos habitantes del vecino cementerio
Y la mortandad sobre los arrabales brumosos.

Mi gato sobre el ladrillo buscando una litera
Agita sin reposo su cuerpo flaco y sarnoso;
El alma de un viejo poeta vaga en la gotera
Con la triste voz de un fantasma friolento.

El bordón se lamenta, y el leño ahumado
Acompaña en falsete al péndulo acatarrado,
Mientras que en un mazo de naipes lleno de sucios olores,
Herencia fatal de una vieja hidrópica,
El hermoso valet de coeur y la dama de pique
Charlan siniestramente de sus amores difuntos.

Traducción de Eduardo Marquina, 1905
**
Spleen

Yo soy como ese rey de aquel país lluvioso,
rico, pero impotente, joven, aunque achacoso,
que, despreciando halagos de sus cien concejales,
con sus perros se aburre y demás animales.
Nada puede alegrarle, ni cazar, ni su halcón,
ni su pueblo muriéndose enfrente del balcón.
La grotesca balada del bufón favorito
no distrae la frente de este enfermo maldito;
en cripta se convierte su lecho blasonado,
y las damas, que a cada príncipe hallan de agrado,
no saben ya encontrar qué vestido indiscreto
logrará una sonrisa del joven esqueleto.
el sabio que le acuña el oro no ha podido
extirpar de su ser el humor corrompido,
y en los baños de sangre que hacían los Romanos,
que a menudo recuerdan los viejos soberanos,
reavivar tal cadáver él tampoco ha sabido
pues tiene en vez de sangre verde agua del Olvido.

Versión de Ignacio Caparrós
**
Spleen (2)

Yo tengo más recuerdos que si tuviera mil años.

Un gran mueble de cajones atiborrado de facturas,
De versos, de dulces esquelas, de procesos, de romances,
Con abundantes cabellos enredados en recibos,
Oculta menos secretos que mi triste cerebro.
Es una pirámide, una inmensa cueva,
Que contiene más muertos que la fosa común.
-Yo soy un cementerio aborrecido de la luna,
Donde, como remordimientos, se arrastran largos gusanos
Que se encarnizan siempre sobre mis muertos más queridos.
Yo soy un viejo gabinete lleno de rosas marchitas,
Donde yace toda una maraña de modas anticuadas,
Donde los pasteles plañideros y los pálidos Boucher,
Solos, exhalan el olor de un frasco destapado.

Nada iguala en longitud a las cojas jornadas,
Cuando bajo los pesados flecos de las nevadas épocas
El hastío, fruto de la melancólica incuria,
Adquiere las proporciones de la inmortalidad.
-Desde ya tú no eres más, ¡oh, materia viviente!
Que una peña rodeada de un vago espanto,
Adormecida en el fondo de un Sahara brumoso;
Una vieja esfinge ignorada del mundo indiferente,
Olvidada sobre el mapa, y cuyo humor huraño
No canta más que a los rayos del sol poniente.

Versión s/d
*
Otra versión

Albergo más recuerdos que si tuviera siglos.

Un gran aparador repleto de facturas,
Versos, cartas de amor, romances y procesos,
Con pesados cabellos que envolvieran balances,
Menos secretos guarda que mi aciago cerebro.
Es como una pirámide, como una inmensa cueva
Que contiene más muertos que la fosa común.
—Yo soy un camposanto que aborrece la luna
Donde como pesares se arrastran los gusanos
Que sin piedad se ceban con mis muertos más caros.
Soy un viejo boudoir lleno de ajadas rosas
En el que se entremezclan modas de un solo día;
Lamentables pasteles y un Boucher desvaído
Aspiran el aroma de un corrompido frasco.

Nada más insufrible que las rengas jornadas
En que, bajo los copos de nevadas eternas,
El tedio producido por el desinterés,
De la inmortalidad toma las proporciones.
—Desde ahora ya no eres, ¡oh viviente materia!
Más que una mole pétrea rodeada de espanto
Dormida en el confín de un Sahara brumoso;
Una ignorada esfinge del mundo indiferente,
Olvidada en el mapa, y cuyo arisco humor
A los rayos del sol poniente sólo canta.

Versión de Antonio Martínez Sarrión
**
Spleen [LXXVIII]

Cuando como una losa pesa el cielo plomizo
sobre el alma gimiente de un largo hastío presa,
y que abrazando el círculo de todo el horizonte
vierte un día más negro y triste que la noche;

cuando en húmeda celda la tierra se convierte,
donde, como un murciélago la Esperanza revuela,
golpeando los muros con sus alas medrosas,
y dando en los podridos techos con su cabeza;

cuando la lluvia extiende sus inmensos regueros
imitando las rejas de una vasta prisión,
y de infames arañas un pueblo mudo tiende
sus telas en lo más profundo del cerebro,

las campanas con furia saltan súbitamente
y lanzan hacia el cielo un aullido horroroso,
igual que los espíritus errantes y sin patria
que se echan a gemir obstinados y largos.

-Y pasan coches fúnebres, sin tambores ni música,
por mi alma lentamente; la Esperanza, vencida,
llora, y la Angustia atroz y despótica planta
su negro pabellón en mi cráneo abatido.

Baudelaire, Las flores del mal.
Traducción: Luis Martínez de Merlo
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char