viernes, 24 de marzo de 2017

Una emoción de ayuno encadenada

César Vallejo
 (Santiago de Chuco, Perú, 1892 - París, Francia, 1938)



EL PAN NUESTRO

Se bebe el desayuno… Húmeda tierra
De cementerio huele a sangre amada.
Ciudad de invierno… La mordaz cruzada
De una carreta que arrastrar parece
Una emoción de ayuno encadenada!

Quisiera tocar todas las puertas,
Y preguntar por no sé quién; y luego
Ver a los pobres, y, llorando quedos,
Dar pedacitos de pan fresco a todos.

Y saquear a los ricos sus viñedos
Con las dos manos santas que a un golpe de luz
Volaron desclavadas de la Cruz!
Pestaña matinal, no os levantéis!
¡El pan nuestro de cada día dánoslo, Señor…!

Todos mis huesos son ajenos;
Yo talvez los robé!
Yo vine a darme lo que acaso estuvo
Asignado para otro;

Y pienso que, si no hubiera nacido,
Otro pobre tomara este café!
Yo soy un mal ladrón… A dónde iré!

Y en esta hora fría, en que la tierra
Trasciende a polvo humano y es tan triste,
Quisiera yo tocar todas las puertas,
Y suplicar a no sé quién, perdón,
Y hacerle pedacitos de pan fresco
Aquí, en el horno de mi corazón…!

jueves, 23 de marzo de 2017

Gustos crepusculares

ALBERTO GIRRI

(Buenos Aires, Argentina, 1919-Buenos Aires, id., 1991) 

En la agonía romántica

En el mismo escenario
donde hasta avanzado el siglo
los enamorados todavía se buscaban
y estrechaban por lo idílico,
                                                    posándose
"cada día sobre la ramita
que puede morir",
                                elevóse gradualmente un marco
de gustos crepusculares,
                                                       por las prostitutas de lujo
                                                       titilante rococó,
                                                       baudelaireanas correspondencias,

      y allí acechaban
las Lou Andreas Salomé, Alma Malher,
proponiendo que a partir de sus romances,

exaltación de luminarias en ciernes
                                             (el casto Nietzsche, Rilke el joven,
                                             atraídos hacia la órbita de un texto
                                             diáfano ya la vez temible),
caducarían todos los estereotipos
femeninos hasta entonces conocidos,

                                              y en trance ya de esfumarse
                                              para siempre hasta el más leve
                                              rastro del bíblico infundio
                                              que asegura que la mujer no tiene
                                              potestad sobre su cuerpo.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Hay una voluntad en la ausencia

Laura López Morales

(Villa Dolores. Reside en Río Ceballos, Córdoba, Argentina, 1976) 
       
Respirar donde antes hubo un bosque
te deja sin aliento

aprendí a caminar
entre los tocones talados
por eso pierdo el equilibrio 
deambulo 
porque no sé esquivar 
lo que antes estuvo ahí
y ocupó un lugar
y tuvo un nombre

dijiste o insinuaste 
que hay una voluntad en la ausencia 
que tuviera cuidado
que de tanta frondosidad 
podrías perderme de vista
**

de esta tierra era el ángel
con el ala rota a cascotazos
cuidando los muertos de un pueblo del sur
de esta tierra era
pero lo traje aquí
donde el agua no alcanza a ser nieve
y no cuajan las formas
ni el nombre de las cosas
fue un acto de egoísmo
dejarlo mirar estos escombros
estas flores infames
proclives a la más mínima redención
al más ínfimo suspiro
pero quién podrá culparme
de querer un ángel para mi sed
el humo en que cae y se pulveriza
su manera de ser inhumada
**

los puntos de intensidad son ahora
unas cuantas gotas
brillando en los alambres
por algún lado 
da fin el aguacero
la tormenta de nubes rojas y eléctricas 
que hace cantar a los pájaros


martes, 21 de marzo de 2017

No podéis saber lo feliz que he sido en este patio

Nazim Hikmet

(Turquía, 1902-Rusia, 1963)


Chicas como hilos de oro...

Chicas como hilos de oro
en esta ciudad europea
se pasean con babuchas como las nuestras.
Sobre el Estambul que llevo dentro el cielo está despejado.
Un ciprés, una fuente, Üsküdar.
Aunque me echara a correr, no alcanzaría
no alcanzaría el vapor que está saliendo del muelle.
**
Mi entierro

¿Mi entierro saldrá de nuestro patio?
¿Cómo vais a bajarme del tercer piso?
El ataúd no cabe en el ascensor
Y las escaleras son demasiado estrechas.

Tal vez el patio esté inundado de sol y haya palomas
Tal vez nieve en medio de los gritos de los niños
Tal vez llueva y esté mojado el asfalto.
Y como siempre los cubos de basura estarán en el patio.

Si como acostumbran aquí me suben al furgón con la cara descubierta
Puede caerme algo de una paloma en la frente: trae suerte.
Venga o no una banda de música habrá niños a mi lado
Los niños siempre sienten curiosidad por los muertos.

La ventana de nuestra cocina me seguirá con la mirada.
Nuestro balcón me acompañará con la ropa tendida.
No podéis saber lo feliz que he sido en este patio.
Vecinos míos a todos os deseo una larga vida...

(Moscú, abril de 1963)

De "Últimos poemas 1959-1960-1961"
Versión de Fernando García Burillo 
(Ediciones del oriente y del mediterráneo -Madrid 2000)
**

El más bello de los mares
es aquel que no hemos visto.
La más linda criatura
todavía no ha nacido.
Nuestros días más hermosos
aún no los hemos vivido.
Y lo mejor de todo aquello que tengo que decirte
Todavía no lo he dicho.

lunes, 20 de marzo de 2017

No hay modo de descifrar

Fernanda García Lao 
(Mendoza, Argentina, 1966)




Para mí, un poema es como una adivinación. Un acto en los límites del lenguaje. Pero además, tiene que hablarme al oído. Es como una conversación nocturna, el tren en movimiento. Cada tanto ves la luz de las estaciones. Y volvés a la oscuridad.
F.G.L
**
Las palabras son más que un cuerpo:
el sonido
llama al diablo
que duerme en cada una
no hay modo de descifrar
si la locura se ocultará en algún pliegue
pero ni el miedo me salva
del vicio de verlas llegar.
**
Principio de felicidad
las hojas movidas por el viento
cabeza de gato y atrás
alita enervada
o vertical, renga
de vuelo
el cuerpo es un trozo
de carbón
que bombea la muerte
hombre pájaro
en desorden
se paraliza frente a un cielo
ajado
de nubes mamíferas
movimiento simple
de un objeto
más

De Carnívora (Edulp), 2016.

domingo, 19 de marzo de 2017

Aquello que debe permanecer está siempre lejos

ELFRIEDE JELINEK
(Mürzzuschlag, Estiria, Austria, 1946)


Las amantes
(Fragmento)

"Así, en el transcurso de los años, se creó un círculo natural: nacer y empezar y casarse y salir y tener a la hija, la ama de casa o vendedora, generalmente ama de casa, la hija empieza, madre estira las patas, hija se casa, sale, se lanza del estribo, ella da a luz a la siguiente hija, la tienda de subsistencias populares es el centro del círculo natural de la naturaleza, en sus frutas y verduras se reflejan las estaciones del año, se refleja la vida humana en sus múltiples formas de expresión, en su único escaparate se reflejan las caras atentas de las vendedoras reunidas aquí para esperar el matrimonio y la vida. Pero el matrimonio siempre llega solo, sin la vida. Terrible, esta agonía lenta. Los hombres y las mujeres agonizan juntos, el hombre siquiera tiene un poco de diversión, vigila a su esposa como mastín desde fuera, la vigila en su agonía. La mujer vigila desde dentro al hombre, a las turistas en verano, a su hija y el dinero para el gasto, no dedicado a la borrachera. Y el hombre vigila desde fuera a su esposa, a los turistas, a la hija y el dinero para el gasto para apartar algo para emborracharse. Y así agonizan mutuamente. La hija ya no puede esperar poder agonizar también, y los padres hacen sus compras para la muerte de la hija: sábanas y toallas y trapos y un refrigerador usado, se conservará muerta pero fresca."

Tomado de elpoderdelapabra
***
AL MARGEN, discurso que leyó ELFRIEDE JELINEK cuando recibió el Premio Nobel.
¿Es escribir la facultad de plegarse a la realidad, de acomodarse a ella? Nos encantaría acomodarnos, pero ¿qué me sucede entonces? ¿Qué les sucede a aquellos que no conocen realmente la realidad? Está tan enredada. No hay peine que pueda alisarla. Los poetas la atraviesan y recogen desesperádamente sus cabellos en un peinado que rápidamente por la noche les espanta. Algo no funciona en la apariencia. La cabellera, bien recogida, aún puede ser expulsada de su casa de los sueños, pero ya no se deja domar. O bien de nuevo se derrumba y se aferra como un velo delante de la cara y a penas puede ser manejada. O bien se pone de punta sobre la cabeza, aterrada por lo que sucede sin cesar. Simplemente no se deja peinar. No quiere. Aunque pasemos tantas veces como queramos el peine con algunos dientes arrancados, simplemente no quiere. Ahora es aún peor. Lo escrito, cuando habla de lo que pasa, se escabulle entre los dedos, como el tiempo, y no solamente el tiempo durante el que se ha escrito, durante el que no se ha vivido. Nadie pierde nada cuando no ha vivido. Ni el vivo, ni el tiempo muerto, y el muerto menos. El tiempo, cuando aún se escribía, penetró en las obras de los otros poetas. Como es el tiempo, lo puede todo a la vez: penetrar en su propio trabajo y en el de los otros, en los peinados enredados de los otros, pasa como un viento fresco, incluso si es malo, que se ha elevado, repentino e inesperado, desde la realidad. Cuando se ha elevado una vez, puede no calmarse tan rápidamente. El viento de rabia sopla y lo arrastra todo con él. Lo arrastra todo, poco importa dónde, pero nunca vuelve a esta realidad que debe ser representada. Por todas partes salvo ahí. La realidad es lo que va bajo los cabellos, bajo las faldas y precisamente: arrastra hacia cualquier otra cosa. Cómo puede el poeta conocer la realidad si es ella la que pasa en él y lo arrastra siempre hacia el margen. Desde allí, por una parte ve mejor, por otra él mismo no puede permanecer sobre el camino de la realidad. Allí no hay sitio para él. Su sitio está siempre en el exterior. Sólo lo que dice desde el exterior puede ser recibido y eso porque dice ambigüedades. Y allí surgen dos posibilidades adecuadas, dos verdades que recuerdan que nada sucede, dos que interpretan en direcciones diferentes, lo reducen hasta su fundamento inestable, que falta desde hace tiempo como los dientes arrancados al peine. Una de las dos. Verdadero o falso. Tenía que acabar por llegar, puesto que el suelo como terreno para construir era cuando menos muy inadecuado. ¿Cómo construir sobre un agujero sin fondo? Pero lo inadecuado, que entra en su campo visual, les basta a los poetas para producir algo que podrían igualmente abandonar. Podrían abandonar y también abandonan. No lo matan. Sólo lo miran con ojos confusos, pero no se vuelve arbitrario por esa mirada poco clara. La mirada toca con precisión. Lo que es tocado por la mirada dice aún al derrumbarse, aunque apenas haya sido mirado, aunque aún no haya sido expuesto a la vista afilada del público, lo que es tocado no dice jamás que también podría haber sido otra cosa, antes de ser víctima de esta descripción. Significa precisamente lo que permanecería mejor no-dicho (¿Porque habríamos podido decirlo mejor?), lo que debería permanecer siempre turbio y sin razón. Demasiados se han deslizado hasta el vientre dentro. Son arenas movedizas, pero no mueven nada. Sin fondo, pero no sin fundamento. Arbitrario, pero nunca amado.
Lo exterior sirve a la vida que no se haya precisamente ahí, sino no estaríamos todos en pleno centro, en lo pleno, en la vida humana plena, y sirve a la observación de la vida que se encuentra siempre en otra parte. Allí dónde no estamos. Por qué insultar a alguien porque no encuentre el camino del viaje, de la vida, del viaje de la vida, si ha sido deportado -y deportado no es deportar con otro, ni llevar, sino simplemente desplazado por azar como el polvo de los zapatos perseguido inexorablemente por la limpiadora, siquiera un poco menos inexorablemente que el extranjero por los autóctonos. ¿Qué significa como polvo? ¿Es radioactiva o simplemente activa por si misma? Sólo lo pregunto porque deja ese extraño rastro luminoso sobre el camino. ¿Es el camino lo que corre al lado y no se reúne jamás con el escritor, o es el escritor el que corre al lado, al margen? No es diferente, pero está aislado. Desde ahí ve a los que son diferentes a él, pero entre ellos también, en su diversidad, para representarlos en su simplicidad, para darles forma, porque la forma es lo más importante, desde allá lejos se ve mejor. Pero se le guarda rencor, entonces ¿son rastros de tiza y no partículas de materia luminosa lo que marca el camino de la escritura? En todos los casos es una marca que muestra y al mismo tiempo vela y ella misma borra cuidadosamente el rastro que ha dejado. No estamos en absoluto presentes. Pero a pesar de todo sabemos lo que ha pasado. Ha sido dicho desde lo alto de la pantalla, por caras deformadas de dolor, embadurnadas de sangre, sonrientes bocas maquilladas, hinchadas por el maquillaje u otras bocas que han respondido correctamente a una pregunta del Quiz, o gente nacida boca, mujeres que no pueden nada y que no tienen nada que añadir, que se han levantado y se han quitado el vestido, para mostrar a la cámara su pecho frescamente endurecido, que ha pertenecido a los hombres. Cantidad de gargantas exhalan cantos como un mal aliento, pero aún más fuerte. Es lo que podría ser visto en el camino, si estuviéramos aún en él. Seguimos nuestro camino fuera del camino. Podemos verlo lejos, ahí donde permanecemos solos y satisfechos porque el camino se quiere ver pero no coger. ¿Ha hecho un ruido el sendero? ¿No quiere mediante ruidos, no sólo luces, llamar la atención de la gente que grita, de las luces chillonas? ¿El camino que no podemos coger tiene miedo de no ser tomado, él que sin embargo han tomado tantos pecados sin cesar, torturas, crímenes, robos, duras coacciones, forzada dureza, para la creación de los memorables destinos mundiales? Al camino le importa poco. Lo lleva todo, con firmeza, incluso si es infundado. Sin fundamentos. Sobre el suelo perdido. Mis cabellos se levantan sobre mi cabeza, como decía, y ninguna permanente podría forzarles a bajar. Tampoco hay permanencia en mí. Ni sobre mí ni dentro de mí. Si se está al margen, debemos estar siempre preparados para saltar más y más, en la Nada que se encuentra al lado del margen. Y el margen inmediatamente ha traído su trampa de margen lista en todo momento, la grieta, para atraer a alguien aún más lejos. Atraer es tirar al interior. Por favor, ahora no querría perder de vista el camino sobre el que no estoy. Querría describirlo, por lo menos, bien y sobre todo correcta y precisamente. Si lo describo ya tiene que servir para algo. Pero este camino no me ahorra nada. ¿Qué es lo que me queda pues? Incluso en camino está bloqueado para mí, no puedo apenas desplazarme. Estoy lejos y al mismo tiempo no salgo. Y ahí querría por seguridad estar protegida de mi propia incertidumbre pero también de la incertidumbre del suelo sobre el que me encuentro. Mi lengua, por seguridad, no sólo para protegerme, corre a mi lado, y controla que lo haga correctamente, que lo haga correctamente falso, describir la realidad, porque debe ser descrita siempre falsamente, no puede ser de otra forma, tan falsamente que cada uno que la lea u oiga vea inmediatamente su falsedad. ¡Miente! Esta perra lengua que debe protegerme, es para eso que la tengo, me agarra ahora. Mi protección quiere morderme. Mi única protección contra el hecho de ser descrita, la lengua que a la inversa está ahí para describir algo, que no soy yo – es por eso que relleno tanto papel, mi única protección se vuelve contra mí. Puede ser que sólo la tenga para que, bajo pretexto de protegerme, se lance sobre mí. Porque busqué la protección en la escritura, este ser en camino, la lengua que en el movimiento, la palabra, me parecía ser un abrigo seguro, se vuelve contra mí. Ningún milagro. Sin embargo, Inmediatamente desconfié. ¿Qué es ese camuflaje que está ahí, para que no nos volvamos invisibles sino siempre más legibles?
La lengua llega a veces por error al camino, pero no va por fuera del camino. No es un proceso arbitrario, la palabra de una lengua, involuntariamente arbitraria, lo queramos o no. La lengua sabe lo que quiere. Lo que es bueno para ella, en efecto, no lo sé, no sé los nombres. La verborrea, el discurso discurre ahora siempre más, porque es siempre un mar de discurso, sin principio ni fin, pero no es un habla. Discurre del otro lado, allí donde siempre están los otros porque no quieren estar, están muy ocupados. Allí, del otro lado. Yo no. Ella, la lengua que se aleja a veces de mi, hacia la gente, no la otra gente, sino los reales, los verdaderos, alejada allá lejos en el camino bien balizado (¿quién puede perderse aquí aún?), les sigue como una cámara en todos sus movimientos para que al menos ella, la lengua, aprenda cómo es la vida, porque en este momento preciso, no es la vida, lo que es, y además hace falta describir lo que ella no es. Discurramos sobre el hecho que debíamos ir una vez más al examen profiláctico. Pero de un solo golpe, hablamos de pronto, en rigor, como alguien que tiene la elección de no hablar más. Suceda lo que suceda, sólo la lengua habla de mi, yo misma me ausento. La lengua va. Yo permanezco, pero lejos. No en el camino. Estoy seccionada de mi lengua.
No, está aún ahí. ¿Ha estado ahí todo el tiempo?, ¿ha reflexionado sobre qué podría reflexionar? Ahora me ha visto y me llama de repente al orden, esta lengua. Se ha arriesgado a esa arrogancia de maestro contra mí, me levanta la mano, no me quiere. Habría querido gente amable sobre el camino, al lado de las cuales correr como el perro que es, simulando obediencia. En realidad, es desobediente, no solamente conmigo, sino también con todos los demás. Ella es para sí misma. Grita en la noche, porque han olvidado colocar al borde del camino luces, no tienen sol para alimentarlas y no necesitan de ninguna corriente, o darle un nombre de sendero adecuado al sendero. Por ello, hay tantos nombres que no llegaríamos a seguir las denominaciones, si lo intentáramos. Grito en mi soledad, andando con pasos pesados sobre las tumbas de los muertos, porque como corro al lado, no puedo a la vez prestar atención a lo que piso, lo que aplasto, sólo quiero llegar donde mi lengua ya está y, burlona, se ríe de mi. Sabe que si intentara vivir por una vez, me lo haría pagar inmediatamente. Me lo haría pagar por adelantado, pero algo rebajado. Bien. Si esparzo aún sal sobre el camino de los otros, la echo del otro lado para que el hielo se funda, la sal que esparzo, para que haya un fundamento más seguro para la lengua. Aunque hace tiempo que no tiene fundamento. Una insolencia insondable por ella misma. Si no me encuentro sobre un fundamento seguro mi lengua tampoco debe estarlo. ¡Hace bien! ¿Por qué no se ha quedado cerca de mí, al margen, por qué se ha separado de mí? ¿Quería ver más que yo? En el gran camino, allí, del otro lado, donde hay más gente, antes que nada más agradables, que charlan entre ellos amablemente. ¿Quería saber más que yo? Ya sabía más que yo pero siempre hace falta más. Se suicidará devorándose a sí misma, mi lengua. Se zampará la realidad. ¡Hace bien! La he escupido, pero ella no escupe nada, de todas maneras no engorda. Mi lengua me llama al margen, llama gustosa al margen, allí no tiene que apuntar bien, no lo necesita, porque de todas formas alcanza su objetivo no diciendo cualquier cosa, sino hablando con el “rigor del Dejar-ser”, como dice Heidegger de Trakl. Me llama, la lengua, todo el mundo lo hace hoy, porque todo el mundo tiene su lengua con él en un pequeño aparato, para poder hablar -¿Por qué pues lo habría aprendido?- me llama allí, en la trampa en la que estoy y grita y patalea, no, no es cierto, no es mi lengua la que me llama, ella, lejos de mí, he sido decapitada de mi lengua, entonces tiene que llamar, me grita en la oreja, poco importa el aparato, ordenador, móvil, cabina telefónica, me aúlla en la oreja que no tiene sentido expresar algo, ella misma lo hace, yo sólo tengo que repetir lo que ella me susurra; porque tendría aún menos sentido vaciar el bolso cerca de un ser querido que se derrumba y del que nos podemos fiar porque está derrumbado y no puede levantarse inmediatamente y no puede seguirme para charlar un poco. No tiene sentido. Las palabras de mi lengua, allá lejos, sobre el camino agradable (sé que es más agradable que el mío que no es realmente un camino, pero no puedo verlo de manera distinta, sin embargo sé que estaría bien también allí), las palabras de mi lengua, separándose de mí, de pronto se han convertido en expresiones. No, no explicaciones para alguien. Expresiones. Se escucha a sí misma expresándose, mi lengua, se corrige a si misma porque la expresión puede siempre ser mejorada; sí, siempre puede ser mejorada, está ahí para ser mejorada y encontrar nuevas reglas de lenguaje, pero sólo para mofarse de las reglas. Entonces se devienen la nueva vía hacia una disolución, por supuesto pienso solución. Una vía sin salida. Por favor, querida lengua ¿no quieres escuchar antes al menos una vez? Para que aprendas algo, para que aprendas al fin las reglas de expresión… ¿Qué gritas tú allá lejos, que farfullas? ¿Haces eso para volver cerca de mí? ¡Pensaba que no querías volver cerca de mí! No has dado ninguna señal de tu intención de volver a mí, aunque eso habría sido absurdo, no habría comprendido el signo. ¿Te habrías convertido en lengua sólo para escapar de mí y tranquilizarme sobre mis progresos? No es seguro. Sobre todo de ti, tal como te conozco. No te reconozco en absoluto. ¿Quieres realmente volver a mí? Ya no te quiero coger. ¿Qué dices ahora? El camino está lejos. Lejos no es un camino. Entonces, si mi soledad, si mi falta permanente, mi descarte permanente vinieran personalmente para traer la lengua para que, bien instalada conmigo, al fin en casa, llegue a un bonito sonido, que podría emitir, me rechazaría aún más, siempre más al margen con ese sonido, ese aullido penetrante, estridente, de una sirena en la que penetra el aire. Por la reacción de esta lengua que he producido yo misma y que huye de mi (¿o la he producido yo para eso, para que huya inmediatamente ante de mí porque yo misma no he logrado huir a tiempo?), sería arrojada cada vez más lejos a ese espacio al margen. Mi lengua se revuelca con placer en su poza, la pequeña tumba provisional sobre el camino, y mira a lo alto hacia la tumba de aire, se revuelca sobre la espalda, un animal confiado que quiere gustar a la gente como toda lengua conveniente, se revuelca y abre las piernas, probablemente para dejarse acariciar, sino para qué. Está drogada de caricias. Eso le impide mirar los muertos de los que yo debo ocuparme, eso siempre me incumbe a mí. Es por eso que no he tenido tiempo de dominar mi lengua que se revuelca ahora descaradamente en manos del que la acaricia. Hay simplemente demasiados muertos que debo mirar para ocuparme de ellos, es el termino técnico austriaco para eso, bien tratar, somos conocidos por bien tratar a todo el mundo. El mundo se ocupa ya de nosotros no hay que preocuparse. No nos preocupamos. Pero cuanto más fuerte resuena esa invitación a mirarlos, a los muertos, menos puedo controlar mis palabras. Debo mirar a los muertos, mientras que los paseantes acarician y ensortijan la querida buena lengua, lo que no vuelve a las palabras más vivas. Nadie es culpable. Yo también, desgreñada como lo estamos yo y mis cabellos, no soy culpable de que los muertos sigan muertos. Quiero que al fin la lengua deje de hacerse esclava de manos extranjeras, aunque le hagan bien, quiero que empiece a no plantear ninguna exigencia sino que sea ella misma una exigencia al fin, que vuelva a mí, no por caricias, sino por exigencia porque la lengua debe siempre detenerse, ella no lo sabe y no me escucha. Debe detenerse, porque la gente que quiere aceptarla, en el lugar de un niño, es tan mona cuando se la quiere tanto, la gente no se para jamás, decretan, pero no se detienen, muchos han destruido su llamada al orden de la sociabilidad, la han desgarrado, han quemado la bandera. Cuanta más gente hay para aceptar la invitación de mi lengua para rascarle el vientre, algo para desgreñar, para aceptar afectuosamente su confianza, más sigo yo tropezando, he abandonado definitivamente mi lengua a aquellos que la tratan mejor, casi estoy volando, ¿dónde estaba ese camino que necesito para bajar rápidamente? ¿Cómo llego, por qué, dónde? ¿Cómo llego al lugar donde desembalo mi herramienta, pero en realidad puedo también embalarla? Allá lejos reluce algo claro bajo las ramas, ¿es el lugar o mi lengua les adula, les acuna con seguridad, sólo para ser acunada ella misma afectuosamente al fin una vez? ¿O todavía quiere morder? Siempre quiere morder solo que los otros no lo saben aún, pero yo la conozco bien, hace mucho tiempo que está conmigo. Antes nos hemos mimado y besuqueado, este animal aparentemente amaestrado que de todas formas todos tienen en casa ¿por qué deberían buscarse un animal extranjero en casa? ¿Por qué esta lengua debería ser otra que la que ya conocen? Y si fuera otra, sería peligroso acogerla en la propia casa. A lo mejor no se entiende con la que ya tienen. Cuanta más gente extranjera amable, que sabe vivir, y sin embargo no comprenden sus vidas porque siguen proyectos de caricias, porque siempre tienen que perseguir algo, menos mi mirada adivina el camino de vuelta a la lengua. Miles and more. ¿Quién podría adivinar, sino la mirada? ¿El habla quiere también asumir la mirada? ¿Hablaría antes de mirar? Se revuelca, ahí, tentada por manos, bramada por vientos, mimada por tempestades, ofendida por la escucha hasta que ya no oye nada. ¡Entonces que todo el mundo escuche! El que no quiera oír debe hablar sin ser oído. Casi todos no son oídos cuando hablan. Yo soy oída, aunque mi lengua no me pertenece, aunque apenas pueda verla. Se dicen muchas cosas de ella. Así no tiene mucho que decir de si misma, muy bien. La escuchamos repetirse lentamente mientras que en alguna parte es presionado un botón rojo que desencadena una terrible explosión. No nos queda más que decir: Padre nuestro que estas. No puede pensarme así, aunque yo, al fin, padre de mi lengua, entonces: soy madre. Soy el padre de mi lengua materna. La lengua materna estaba ahí desde el principio, estaba en mi, pero no había padre a quien hubiera pertenecido. Mi lengua era a menudo inconveniente, me lo hicieron entender bien, pero yo no quería entenderlo. Culpa mía. El padre ha abandonado esta pequeña familia con la lengua materna. Tenía razón. En su lugar yo tampoco me habría quedado. La lengua materna ha seguido al padre, ahora está lejos. Está, como decía antes, del otro lado. Escucha a la gente por el camino. Por el camino del padre que se ha ido demasiado pronto. Ahora sabe algo que tú no sabes que ha sabido. Pero cuanto más sabe, más insignificante se vuelve. No deja de decir cosas, pero es insignificante. La soledad toma vacaciones. No es utilizada. Nadie ve que yo aún estoy ahí, en la soledad. No se me presta atención. Me estiman, puede ser, pero no me prestan atención. ¿Cómo consigo que todas estas palabras digan algo de mí que pudiera decirnos algo? No mientras hablo. No puedo hablar en absoluto, mi lengua, desgraciadamente, no está en casa. Allí, del otro lado, ella dice algo de otro que no le he confiado, pero desde el principio ha olvidado lo que le había pedido. No me lo dice aunque me pertenece. Mi lengua no me dice nada, ¿cómo podría entonces decir algo a los otros? Sin embargo no es insignificante ¡reconózcanlo! Dice tanto más cuanto más lejos está de mí, sólo entonces osa decir algo que quiere decir, entonces osa no obedecerme, se opone a mi. Cuando miramos, cuanto más tiempo miramos, más nos alejamos del objeto. Cuando hablamos, lo asimos, pero no podemos retenerlo. Se desprende y quiere atrapar su propia designación, todas esas palabras que he hecho y que he perdido. Suficientes palabras cambiadas, el cambio es horriblemente malo, no es más que malo. Digo algo y es olvidado desde el principio. Ha sido aspirado, quería estar lejos de mi. Lo indecible es dicho todos los días, pero lo que yo digo, eso no debe ser dicho. Es injusto por parte de lo Dicho. Es muy injusto. Lo Dicho no quiere siquiera pertenecerme. Quiere ser hecho para que se pueda decir: dicho y hecho. Estaría contenta si negara pertenecerme, mi lengua, pero aún así debería pertenecerme. ¿Cómo puedo esperarla para que se ligue al menos un poco a mí? A los otros no la ata nada, así pues me ofrezco a ella. ¡Vuelve! ¡Vuelva por favor! Pero no. Del otro lado, en el camino, oye secretos que yo no debo saber y se los cuenta a otros, esos secretos que no quieren oír. Me gustaría, tendría derecho, me parece, si se quiere, pero ella no se para a hablarme, eso tampoco lo hace. Está en el vacío que se distingue precisamente por eso y difiere de mí porque hay muchos allí. El vacío es el camino. Estoy incluso al margen del vacío. He dejado el camino. Nunca he hecho otra cosa más que repetir. Se dicen muchas cosas de mí, pero casi todo es falso. Sólo he repetido, y afirmo que esa es mi habla. Como he dicho – ¡he dicho demasiado! No se han dicho tantas cosas desde hace tiempo. Ni siquiera llegamos a escuchar aunque haga falta escuchar para poder algo. A este respecto, que es en realidad el hecho de apartar los ojos de mí misma, no se puede decir nada de mí, porque no hay nada, no sale nada. Siempre miro la vida pasar, mi lengua me vuelve la espalda para poder tender su vientre a los otros que la miman descaradamente, a mí me vuelve la espalda, si es que vuelve algo. Demasiado a menudo no me hace ningún signo y tampoco dice nada. A veces no la veo en absoluto, allí, del otro lado, y ahora, ni siquiera puedo decir “como decía”, lo he dicho mucho, pero ahora no puedo decirlo, me faltan las palabras. A veces veo sus espaldas o las plantas de sus pies con los que no pueden andar correctamente, las palabras, pero más deprisa que yo, desde hace tiempo, y siempre más. ¿Qué hago aquí? ¿Es para esto que se ha tendido a una cierta distancia de mí, la querida lengua? Así será más rápida que yo, saltará y saldrá corriendo cuando venga de mi Margen para buscarla. No se por qué debería buscarla. ¿Para que ella no me busque a mí? ¿Puede ser que lo sepa, ella que me huye? ¿Quién no me sigue? Quien sigue ahora la palabra de los otros y que no se puede confundir conmigo. Son de otra manera porque son los otros. Sin otra razón que ser los otros. Eso le basta a mi palabra. Lo principal, no lo hago: hablar. Los otros, siempre los otros, para que yo no sea aquella a quien pertenece, la dulce lengua. Me gustaría también acariciarla, como los otros, allí, si solamente pudiera atraparla. Pero está allí, lejos, para que no pueda atraparla.
¿Cuándo se marchará dulcemente? ¿Cuándo se marchará un poco para que el silencio sea? Cuanto más lejos se va la lengua allá, del otro lado, más fuerte se la oye. Está en todas las bocas, sólo en mi boca no está. Estoy loca. No soy inconsciente, pero estoy loca. Estoy agotada de verificar mi lengua como un faro en el mar que debe aclarar y no está a la luz, que al girar revela siempre otra cosa de la oscuridad que está ahí, se ilumine o no, es un faro que no ayuda a nadie aunque deseemos tanto no morir en el agua. Cuanto más intento encenderlo, más se obstina ella, la lengua, en no encenderse. Ahora apago mecánicamente esta llama de habla , le doy a la llama de ahorro pero cuanto más intento ponerle un apagador al final de ese palo largo con el que se apagaban las velas de la iglesia en mi infancia, más intento apagar esta llama, más aire parece tener. Más fuerte grita, revolcándose entre miles de manos que le hacen el bien, que desgraciadamente yo no lo he hecho nunca, yo misma no se lo que me haría bien, entonces ahora grita para permanecer lejos de mi. Grita a los otros para que griten como ella, para que sea más fuerte. Grita que no debo acercarme a ella. Nadie debe pues acercarse al otro. Y lo que se dice no debe tampoco acercarse demasiado de lo que se quiere decir. No debemos estar demasiado ligados a nuestra propia lengua, es una Afrenta, es capaz tan fácilmente de repetir algo por ella misma, muy fuerte para que no oigamos lo que dice, le habrá sido dicho antes. Incluso me hace promesas, para que permanezca lejos de ella. Me promete todo si no me acerco a ella. Millones pueden acercársele, ¡No yo! ¡Pero es mía! ¿Qué les parece? No puedo decirles lo que me parece a mí. Esta lengua ha olvidado sus inicios, de otra forma no puedo explicármelo. Debutó modestamente conmigo. ¡Y cómo ha crecido! No la reconozco en absoluto. La conocía cuando era taaaaan pequeña. Cuando estaba tan calmada, cuando la lengua era aún mi niño. Ahora se ha hecho inmensa de golpe. Ya no es mi niño. El niño no ha crecido pero se ha hecho grande, no sabe que aún no es suficientemente grande, pero ya está despierto. Está tan despierto que se cubre a sí mismo con su grito, y también los otros que gritan más fuerte que la lengua. Entonces sube a alturas increíbles. Créanme, ¡no quieren oír nada parecido! No estoy orgullosa de este niño, créanme, ¡se lo ruego! Al principio quise que se quedara, tan silencioso como antes, cuando no hablaba. Ahora no quiero que lo barra todo como una tempestad, lleve a los otros a aullar aún más fuerte y levantar los brazos y arrojar objetos duros que mi lengua no puede alcanzar, porque ella nunca ha sido deportista, por mi culpa. No alcanza nada. Lanza, cierto, pero no puede alcanzar. Yo me quedo atrapada, si ella no está. Soy la prisionera de mi lengua que es mi guardiana de prisión. Cómico -¡No me vigila! ¿Tan segura está de mí? ¿Tan segura está de que no voy a huir?, ¿piensa que va a escapar? Pero llega alguien, ya muerto, y me habla aunque no lo pretendiera. Puede, ahora muchos muertos hablan con sus voces asfixiadas, ahora osan porque mi propia lengua ya no me vigila. Porque sabe que no es necesario. Aunque me huya no me pierde. Estoy a su disposición, pero la he perdido. Me quedo. Pero lo que queda no es el hecho de los poetas. Lo que queda está lejos. La grandeza se ha detenido. No ha llegado nada ni nadie. Y si, sin embargo, contra toda expectativa, algo que ni siquiera ha llegado, quisiera quedarse un momento, lo que sigue siendo lo más fugitivo, la lengua, desaparece. Ha respondido a una nueva oferta de empleo. Aquello que debe permanecer está siempre lejos. En cualquier caso no está aquí. Que es lo que nos queda.

Cortesía de Matías Rivas, vía facebook.

sábado, 18 de marzo de 2017

Adiós, aquí, no importa dónde

Arthur Rimbaud

(Charleville, Francia, 1854-Marsella, id., 1891)

Dos poemas en prosa




Ciudad
Soy un efímero y no demasiado descontento ciudadano de una metrópoli considerada moderna porque eludió todo gusto conocido en el amoblamiento y el exterior de las casas así como en el trazado de la ciudad. Aquí no señalarías la huella de ningún monumento de superstición. ¡La moral y la lengua, en fin, han sido reducidas a su más simple expresión! Estos millones de personas que no necesitan conocerse manejan tan parejamente la educación, los oficios y la vejez, que el curso de sus vidas debe ser varias veces menos largo que el atribuido a los pueblos del continente por una estadística loca. Así como desde mi ventana, veo espectros nuevos girando a través del espeso y eterno humo del carbón —¡nuestra sombra de los bosques, nuestra noche de verano!— Erinias nuevas, frente a mi casita que es mi patria y todo mi corazón puesto que aquí todo se parece a esto: la Muerte sin lágrimas, nuestra activa hija y servidora, un Amor desesperado y un bello Crimen lloriqueando en el barro de la calle.
**
Democracia
La bandera va hacia el paisaje inmundo, y nuestra jerga ahoga el tambor.
En los centros alimentaremos la más cínica prostitución. Masacraremos las revueltas lógicas.
¡En los países picantes y empapados al servicio de las más monstruosas explotaciones industriales o militares!
Adiós, aquí, no importa dónde. Reclutas de buena voluntad, tendremos una filosofía feroz; ignorantes para la ciencia, libertinos para el confort; que reviente el mundo que sigue. Esta es la verdadera marcha. ¡Adelante, mar!

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viernes, 17 de marzo de 2017

¡Eh, sabueso!

JACK KEROUAC

(EE.UU., 1922-1969)

Poema

Claramente
vi
el esqueleto debajo
de
todo
este
espectáculo
de la personalidad
¿qué queda
de un hombre y de todo su orgullo
sino sus huesos?
Y todos sus sandwiches nocturnos
perdidos…
y las bañaderas repletas de licor
que atravesaron su garganta
…huesos—Él se desanima
en la sepultura,
sus rasgos faciales
transformados por los gusanos
*
de él
no escucharás
palabra alguna
***
Un día estarás tumbado…
1
Un día estarás tumbado
allí en un delicioso trance
y de pronto una caliente
brocha enjabonada te será
aplicada en la cara
—lo tomarás a mal
—un día el
empleado de la funeraria te afeitará

2
Dulce amor monstruañoso
De los mimos de mamá
¡Eh!
Llama Dios a la Madre
Para detener esta lucha

3
Yo eso repetí & agoté
el metro & perdí 2 centavos
Yo que fui multado
Para ser gallardo
Y refinado
¡Ay!
Yo que fui
¡Aúúúú!
El búho
En la ventana

4
Vieja cagada de perro navajo, tú
tus bienes son los mejores
bienes que he visto nunca ¿por qué
parece loco tu perro
cuando ladra?
¡Eh, sabueso!
no te comas crudo ese conejo muerto
delante de mis narices
—caliéntalo un poco.

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jueves, 16 de marzo de 2017

¡Cómo no han de callar los astros!

Edgar Allan Poe 

(Boston, EE.UU., 1809-Baltimore, id., 1849)

No hace mucho, el autor de estas líneas...

No hace mucho, el autor de estas líneas
afirmaba, con loca vanidad intelectual,
«el poder de las palabras», y descartaba
que en el cerebro humano cupieran
pensamientos ajenos al dominio de la lengua.
Ahora, como burlándose de tal jactancia,
dos palabras -dos suaves bisílabos foráneos
de ecos italianos, labrados sólo para los labios
de ángeles que, bajo la luna, sueñan «en rocío
que pende del Hermón como perlas hilvanadas»-
han emergido de los abismos de su corazón, como
impensados pensares que son el alma del pensamiento,
como visiones más ricas, más agrestes y divinas
que cuantas Israfel, el serafín del arpa («aquel que,
de todas las criaturas de Dios, tiene la voz más dulce»),
pudiera querer articular. ¡Y se han roto mis hechizos!
Impotente, la pluma cae de mi mano temblorosa.
Si el texto ha de ser, como me pides, tu dulce nombre,
no puedo escribir, no puedo hablar o pensar,
ay, ni sentir; pues no creo que sea un sentimiento
esta inmovilidad que me retiene frente al dorado
portal de los sueños abierto de par en par,
con la mirada absorta en la espléndida vista,
extasiado y conmovido al comprobar que a un lado
y a otro, a todo lo largo y ancho,
entre vapores purpúreos, y aún más allá
de donde acaba el panorama... sólo estás tú.
**
El día más feliz

El día más feliz, la hora más dichosa, los ha 
conocido mi corazón agotado y marchito; pero 
siento que ha desaparecido ya mi más alta esperanza 
de orgullo y de poderío. 

¿He dicho de poderío? Sí. Pero desde hace 
largo tiempo, ¡ay de mí! se han desvanecido 
los bellos ensueños de la juventud; han pasado 
ya: dejémoslos que se desvanezcan! 

Y tú, orgullo, ¿qué haré de ti ahora? Otra 
frente puede bien heredar el veneno que me 
has dado. Que por lo menos mi espíritu permanezca 
tranquilo. 

El día más hermoso, la hora más feliz que mis 
ojos hayan visto y hayan podido ver jamás, 
mi más brillante mirada de orgullo y de poderío, 
todo eso ha existido pero ya no existe; yo 
lo siento. 

Y si esa esperanza de orgullo y de poderío 
me fuera ofrecida ahora acompañada de un 
dolor semejante al que experimento, no quisiera 
revivir esa hora brillante. 

Porque bajo su ala llevaba una oscura 
mezcla y mientras volaba, dejaba caer una 
esencia todopoderosa para consumir un alma que 
tan bien la conocía. 
**
Solo

Desde el tiempo de mi niñez, no he sido 
como otros eran, no he visto 
como otros veían, no pude sacar 
mis pasiones desde una común primavera. 
De la misma fuente no he tomado 
mi pena; no se despertaría 
mi corazón a la alegría con el mismo tono; 
y todo lo que quise, lo quise solo. 
Entonces -en mi niñez- en el amanecer 
de una muy tempestuosa vida, se sacó 
desde cada profundidad de lo bueno y lo malo 
el misterio que todavía me ata: 
desde el torrente o la fuente, 
desde el rojo peñasco de la montaña, 
desde el sol que alrededor de mí giraba 
en su otoño teñido de oro, 
desde el rayo en el cielo 
que pasaba junto a mí volando, 
desde el trueno y la tormenta, 
y la nube que tomó la forma 
(cuando el resto del cielo era azul) 
de un demonio ante mi vista.

Versiones sin datos
**
Israfel

Vive en el Edén un alma, 

"de su corazón las cuerdas
un laúd entrelazaron".
Cantar más bello no existe
que el del ángel Israfel.
Dice el mito que los astros
acallan su estelar himno
ante su voz y su hechizo.

En el cielo,
temblorosa,
la luna embelesada
de amor se sonroja.
Para escuchar su lira
el relámpago
(con las siete Pléyades)
su fuego demora.

Todos ellos dicen (el coro
de estrellas y los otros que escuchan):
que arde de Israfel la lira
y al pulsar las vivas cuerdas
un trémulo canto brota.

Pero es en las alturas
que el ángel
pasa sus días,
donde las ideas
sólo pueden ser puras
y el Dios Amor ha crecido,
donde el mirar de las huríes
se embarga del esplendor
que adoramos en los astros.

Israfel, aciertas tu arte
al despreciar ese canto
entonado sin pasión.
Tuyos son los laureles:
¡Eres el más grande sabio!
¡Vive eterno y plenamente!

Tus dones brillan perfectos
en el éxtasis supremo.
Tu pena, tu honda dicha,
tu amor, tu desesperanza
en tu laúd resplandecen,
¡cómo no han de callar los astros!

Son, sí, tuyos los cielos.
Pero la Tierra está hecha
de pesares y alegrías.
Nuestras flores se marchitan
y de tu encanto la sombra
es el sol que nos cobija.

Si donde Israfel yo fuese
y él mi morada habitara,
tal vez no sería tan bella
su terrenal melodía.
Tal vez mi lira tocase
desde los sagrados cielos,
oda más audaz que ésta.


Versión: Daniela Rodrigues Gesualdi y Daniela Camozzi

miércoles, 15 de marzo de 2017

Con los ojos abiertos en la oscuridad

Mirta Rosenberg 
(Rosario, Santa Fe, Argentina, 1951)

"Siempre me imaginé la poesía como un territorio / mejor aun, una isla. / Es como si fuese una reserva / a donde todos podríamos recurrir / cuando haya escasez de sentimiento en el mundo / e incluso de pensamiento."
M.R.
                                                                     **
Utilidad de la poesía a las tres de la mañana

Con los ojos abiertos en la oscuridad
pienso rimas: de silencio 
todo lo que reverencio; 
de naturaleza su delicadeza
o su fortaleza, aunque nada
me da.
**
Traducir poesía
es una tarea de poetas,
difícil pero posible. Traducir poesía es necesario
para leer a Homero si uno no sabe griego
o a Dante cuando se ignora el italiano.
Traducir poesía es
imprescindible
para darle aire a la poesía en nuestra lengua, ahorrarle tiempo,
dejarle elegir
su camino en la poesía universal, inventar. El traductor, protegido
como está
por San Jerónimo de Estridón, e igualmente expuesto
a la misma fricción con la lengua que es el centro de su labor,
busca una tregua entre lo que el otro dijo y lo que digo yo.


De Cuaderno de oficio. Bajo la luna. Buenos Aires. 2016.
***
Entrevista, por Mauro Libertella
(Fuente: clarin.com)

–Nunca estuvo en las peleas internas de la poesía, que suelen ser terribles.
–No, nunca. Y tampoco fui objetivista ni neobarroca, ni nada. Sigue sin interesarme. Sí me interesa la buena poesía, sea de la tendencia que fuere.
Durante años integró el Diario de Poesía, un lugar de grandes debates.
–No eran tan fuertes los debates. Ocupó, eso sí, un lugar muy importante. Está en la historia de la literatura argentina. No hubo otra cosa como esa. Hubo algunos líos, pero no eran para tanto. En el Diario yo me ocupé mucho de la parte de traducciones, para liberarme de esas disputas y peleas internas que mencionabas, que nunca me interesaron.
–¿Qué le aporta la traducción a una poeta como usted?
–Traducir te abre la cabeza. Te saca de la idea de que hay que escribir una sola cosa. Además, yo soy de la opinión que puede haber más de una buena traducción de algo. Lo que sí: yo no me pondría a traducir los cuatro cuartetos de T. S. Eliot porque no le voy a ganar a Juan Rodolfo Wilcock. Ya lo sé. Y no le voy a aportar nada a esa traducción.
–Siempre se dice que Borges llevaba las traducciones a su propio estilo, ¿usted qué opina?
–Está bien. Yo no lo hago, pero Borges lo hacía a propósito. Por ejemplo, en Las palmeras salvajes (de William Faulkner) hay, sobre un alambrado, un carancho. Y en Estados Unidos no hay caranchos. El lo hacía ex profeso. Son operaciones culturales. Yo no me hubiera animado –en ese caso– a poner un carancho. O quizás a mí no me hubiera parecido necesario hacer eso; a él sí, era otra época. A mí lo que me interesa que se note es que es una traducción. Borges además tenía esa idea de que como nosotros somos un país periférico, disponemos de toda la literatura universal para hacer lo que queremos con ella.
–En algún texto habla de la poesía como un reservorio de emociones. ¿A qué se refiere?
–Yo digo que la poesía es como si fuera una gran reserva. Está la reserva donde siguen existiendo ciertas especies de plantas y de animales, por ejemplo, y en la reserva de la poesía siguen existiendo los sentimientos. Cuando hay barbaridades, cuando hay guerra, cuando hay aniquilación, la poesía ayuda a la gente, procura consolarlos de lo inconsolable. Estoy segura de eso. Si a todo el mundo le llueve derecho, la poesía no sirve. El cariño por tu hija cuando vos vivís bien es uno. Pero el valor de tu amor por tu hija cuando hay una guerra cambia, y eso está en la poesía.
–A principios de los noventa usted fundó la editorial Bajo la Luna, que ahora sigue a cargo de su hijo. ¿Fue difícil armarla?
–Mi hijo dice: “Mi mamá fundó una editorial y después la fundió”. Es exactamente así. Yo no tenía idea de como llevar la parte más dura, la de la comercialización. Sabía que había cosas que tenía que publicar, pero no es suficiente para una editorial.
–¿Está escribiendo actualmente?
–Estoy escribiendo algo que se llama Cuaderno de oficio y es eso: hablar de cuál es mi oficio. Estoy contenta con eso. Son poemas, prosas, cuadernos. Sobre la práctica y cosas que a mí me interesan. Por ejemplo, tengo dos retratos de mujeres artistas. Se llama Cuaderno de oficio por eso: qué cosas se me ocurren a mí, con las herramientas que dispongo, para pensar la poesía.

martes, 14 de marzo de 2017

Ficticio, al lado triste de la irrealidad

Francisco Larios
Tomada de otroparamo

(Nicaragua s/d.; reside actualmente en Estados Unidos)






Carnicero

…”we’re no longer compelled to devour our
enemies’ brains, thanks to our butcher”
                             C.K. Williams

Si de algo se libra el carnicero es de la culpa.
Sus manos no están salpicadas de vísceras.
No tuvo que ver los ojos de la bestia ante el destino.
Nada de sentimentalismos amargos e innecesarios.
Porque el ciclo de la vida y el de la muerte se cruzaron
hace ya mucho tiempo y nada
que no sea el corte preciso y la sonrisa
y ¡Gracias! ¿Algo más?
puede cambiar la rutina.  Nada sabremos nunca
de la carne aterrada.
**
PERO ES TAN BELLO VER FUGARSE LOS CREPÚSCULOS (1)

Some say a cavalry corps, some infantry, some, 
again, will maintain that the swift oars of our fleet 
are the finest sight on dark earth; but I say 
that whatever one loves, is.  
Sappho

Ficticio, al lado triste de la irrealidad,
desde que habito la visión que escapa,
las miradas del mundo no me atañen:
los extraños protocolos de lo oscuro,
las imágenes, el brillo, el triunfo y amarguras.

Fanfarrias a la pena real, a los que viven,
a los que pueden perder de vista aquello
que han amado,
con dulce brevedad
y en silencio.

1. León de Greiff, “Tergiversaciones”.
**
medi tación 
interrumpida por pensamiento flotante 
sobre Jim Morrison

cuando
la lluvia
cae,
uno
celebra
que ella
reduzca
las ideas
a un
reluciente
hueso
verdoso.

Llueve. Por la gran oquedad
se escapa todo. Vuela.
Se ha quedado sin pausa
la lluvia. Jim Morrison in Paris;
termina todo. Il pleut.

lunes, 13 de marzo de 2017

El dolor es el negocio de la esquina

Rae Armantrout
(Vallejo, California, EE.UU., 1947)




El lamento de la vieja en otoño
                                                                           Para WCW

El dolor es el negocio de la esquina
Donde los globos de halloween 
se colocan con el último helio
El mostrador es dorado 
Con bolsas numeradas
De caramelos Werthers
Nadie es Werther
Ayer por la noche un periodista
Mencionó a una “víctima anciana”
No me llames así
Soy vieja
Y obstinada.

Traducción de Patricio Grinberg
**
Hablando del oficio

Pues lo mejor que podías hacer, aparentemente, era entrar en la máquina que es el lenguaje y ver qué quería o qué sería capaz de hacer en cualquier momento, e intervenir solo esporádicamente.

Lo mejor era dejar que el lenguaje se sacase lo suyo del pecho mientras estabas en él —no exactamente como un caballero en armadura, ni como mascota deportiva en disfraz de pollo.

Lo mejor era crear en la lectora u oyente cierta incertidumbre sobre el origen de la voz que ella escuchaba, para asustarla un poco.

¿Por qué querría asustarla?

Hoy no estás
interesado en ella,

sólo
en saber
dónde ha estado.

Del dossier Poesía norteamericana actual, preparado por Francisco Larios. Tomado de circulodepoesia.com 

domingo, 12 de marzo de 2017

Así te amo yo a ti, vida enigmática

LOU ANDREAS-SALOMÉ

(Rusia, 1861-1937)


El mundo no te regalará nada, créeme.
Si quieres tener una vida, róbala.
                            Lou Andreas Salomé

Igual que cada amigo ama a su amigo,
así te amo yo a ti, vida enigmática.
Tanto si me haces gritar de gozo que llorar,
tanto si me das penas  o placeres.
Yo te amo en la aflicción y en la alegría.
Y si alguna vez quieres  acabar conmigo,
me arrancaré de tus brazos con dolor
como se arranca el amigo del pecho de su amigo.

Con todas mis fuerzas yo te abrazo.
Deja que en tu llama arda mi espíritu.
Y que en el fragor de la lucha
 encuentre yo la clave al enigma de tu ser.
Quién tuviera siglos para existir, para pensarte.
Abrázame con fuerza entre tus brazos.
 Si no te queda ya felicidad que darme,
de acuerdo, dame ese sufrimiento que aún te queda.

Traducción de Antonio Pau
**
Como ya lo dijo Freud también, el amor a los objetos tiene su origen en un exceso de libido que no encuentra donde derramarse, entonces nos precipitamos a los objetos para salir de tal soledad y angustia. Este es un proceso dual de autoafirmación y desintegración del yo, pues en la medida que gana identidad, pierde unidad con el todo: “Sólo con la carga de objeto se destaca la libido como algo para sí, sólo en los contornos del objeto se perfila, por tanto, para nosotros, libidinosamente.”
(...)
“Sigue siendo el narcisismo el punto del que se derivan incluso las elaboraciones más espirituales y universales, él, el nacido del cuerpo, vuelve a tener, aunque de otro modo, un suelo real bajo sus pies: la objetividad es el glorioso fin humano que, en definitiva, le hace señas, al narcisismo como desde los sueños de la infancia, en su condición de Eros transformado y puesto al servicio de la investigación o del progreso, del arte o de la cultura.”

(Andreas-Salomé, El narcisismo como doble dirección, 1921)
**
 De su autobiografía:

“En el transcurso de mi vida, el estudio y demás ocasiones me han llevado repetidas veces a terrenos de especialidad filosófica e incluso teológica, que por mi propio impulso me resultaban atractivos. Aquello, sin embargo, no guardó nunca ningún tipo de relación con mi original modo de ser «piadoso», ni a la inversa, con su posterior abandono. Jamás las cosas del pensamiento removieron en mi vieja fe de antes –como si ésta no se hubiera atrevido a inmiscuirse en un «pensamiento adulto»-. En consecuencia todos los campos del pensamiento, también los teológicos, persistieron para mí en el mismo plano de puro interés intelectual […] Dios se había convertido en su vivencia primera y última en todo lo visible. ¿Qué otra cosa podría comparársele como contenido vital?”
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char