miércoles, 30 de noviembre de 2016

El pentagrama tiene luz propia

Verónica Viola Fisher

(Buenos Aires,  Argentina, 1974)

Tatuaje sonoro


00000000 Aunque parezca un código de barras
el pentagrama tiene luz propia 0000000000000
00000000 una redonda es un coágulo de sangre
que al pasar por su nuca 0000000000000000000
00000000000000000000000000000000000000 suena

000000000 Siembra el círculo en cuatro tiempos
porque habrá otro 0000000000000000000000000000
00000000000 que remueva con martillo la dureza
y cultive la arena aunque nadie 00000000000000
000000000000000000000000000 coseche nunca
**
Convicción a dos voces

1

No sabe
(si bajarse los pantalones
es una buena estrategia)
no pregunta no responde no reflexiona
habla habla cada articulación
es una clavija los dos omóplatos dos
platillos su mirada un silencio
de pupila abierta un agujero
negro (como el secreto del que
no sabe)

entonces ¿cuál es
la mejor estrategia? (se agacha y)
si no siente nada
(está perdido)
está perdido


martes, 29 de noviembre de 2016

En manos solo de sus manos

María del Carmen Colombo
(Buenos Aires, Argentina, 1950)

 “Ahora, sentada frente al piano y mientras acaricia el teclado, se le ocurre que la música era algo así como una flecha, lanzada por las cuerdas ni bien apretaba las teclas con sus dedos. Una flecha esperanzada –se dice–, como toda flecha, en dar en el blanco, en herir a su presa. Así fue entonces, hasta que descubrió que la música, su música, a nadie iba a encontrar en el camino, que su trayectoria solo iba a conducirla a sí misma. Y es por eso que un círculo ocupa ahora el lugar de la flecha, un círculo de sueño, un círculo mágico.”
**
“Magdalena descubrió que cada objeto tenía un sonido propio, solo había que hacer silencio para distinguirlo. Con algunos, como la heladera, era muy fácil. Pero otros, como el caracol, había que llevarlos a la oreja –revela la narradora–. Con el tiempo pasó con los libros, cuando no entendía qué decían, suponía que era por el volumen demasiado bajo de la voz que hablaba en esas páginas. Entonces Magdalena acercaba su oreja a la página para escucharla mejor. Se quedaba dormida en el intento, sentada a la mesa de la cocina.”
**
"Lo que empezó como un juego se transformó en una fastidiosa obligación. Y después en un estado de necesidad que la impulsaba a tocar durante horas. Parecía que alguien quería sonar a través de ella. ¿Mozart? ¿Chopin? Sentía en su cuerpo la fuerza de una posesión. Alguien, o Algo, dirigía sus manos, las hacía volar sobre el teclado, muchas veces en contra de su voluntad. De ese estado de trance pasaba al agotamiento. Casi como una médium después de una sesión.”
**
"¿Y si su madre no la escucha?, ¿tocar para qué?¿Para acallar el sonido estridente de la sirena de barcos y fábricas?¿Para espantar los ruidos de la casa?¿Para tapar los sonidos de la discordia familiar?¿O acaso para aplacar los rumores de su cuerpo, los latidos de su corazón? Pero ella toca, toca el piano. Hunde sus manos en el teclado, los pies en los pedales. Está en el centro de la música, en manos solo de sus manos."


de El cuaderno de música, de Ediciones Cienvolando, 2016.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Era sed aquello que sentías

RAÚL GUSTAVO AGUIRRE

(Buenos Aires, Argentina,  1927-1983)

TU VIDA
Tu vida va,
sucede.
De pronto te despiertas
en el medio de un rayo.
Después vienen pequeños
fiscales a pedir
tu cabeza.
Y te confunden: la justicia
no era esta maldición
sino tu más íntimo y alto
sobreentendido.
Tu vida va,
sucede,
atraviesa lugares muy extraños,
graves dificultades, explosiones,
pero se las arregla
para seguir un poco más.
Grandes planicies numeradas
te desconciertan: era sed
aquello que sentías y agua pura
la que te abrió sus brazos,
la que vino a tu sed.
Tu vida va,
sucede
así, sin avisar, entre contratos
y explicaciones y sobreseimientos,
se va,
no queda casi nada,
ni medallas ni títulos
ni condecoraciones,
ninguna prueba que agregar
a la rama que ardió,
ninguna letra que cambiar
a la palabra que te hundió,
ningún antecedente
para saltar el muro
por un sitio mejor
que otro.
_____________________________
De “Antología”, Monte Ávila Editores, Caracas, 1978. 
Cortesía de Jonio González

sábado, 26 de noviembre de 2016

Las monedas tienen una mujer de un lado y un búfalo del otro

William Faulkner 
(New Albany, Mississippi, EE.UU., 1897-Oxford, id., 1962)


Mientras yo agonizo
(Fragmentos)

Recordaba que mi padre solía decir que la razón para vivir era prepararse para estar muerto durante mucho tiempo. Y cuanto tenía que verlos día tras día, cada cual con sus pensamientos egoístas y secretos, cada cual con su sangre distinta a la de los demás y a la mía, y pensaba que al parecer era mi único modo de prepararme para estar muerta, odiaba a mi padre por haberme engendrado. Solía estar deseando que cometieran alguna falta, para así poder zurrarles. Cuando la vara caía, podía sentirla en mi propia carne; cuando les levantaba cardenales y verdugones, era mi sangre la que corría, y a cada golpe de vara pensaba: ¡Ahora vais a saber quién soy! Ahora soy alguien en vuestras vidas secretas y egoístas, soy quien ha marcado para siempre vuestra sangre con la mía.
**
Uno se sentó a su lado y el otro se sentó enfrente de él de espaldas al viaje. Uno tenía que viajar de espaldas porque el dinero del estado tenía una cara para cada reverso y un reverso para cada cara y ellos viajan con el dinero del estado lo cual es incesto. Las monedas tienen una mujer de un lado y un búfalo del otro; dos caras y ninguna espalda.
***
Sobre la superficie incesante se alzan — árboles, cañas, enredaderas — sin raíces, cercenadas de la tierra, espectrales sobre una escena de desolación inmensa pero circunscrita llena de la voz del agua yerma y doliente.
**
...y como el sueño es no — es y la lluvia y el viento son era, eso no es. Pero la carreta es, porque cuando la carreta sea era, Addie Bundren no será. Y Jewel es, así que Addie Bundren tiene que ser. Y entonces yo tengo que ser, si no no podría vaciarme para dormir en una habitación extraña. Y entonces si todavía no me he vaciado es que soy es.
***
Y ahora me lo hacen pagar, a mí que no tengo ni un diente en la boca y esperaba levantar cabeza lo suficiente para que me arreglaran la boca y poder comer como Dios manda, y era una mujer sana y fuerte como la que más hasta aquel día. Las voy a pagar todas juntas por necesitar esos tres dólares. Las tengo que pagar porque los chicos se tengan que ir a ganar por ahí fuera. Y ahora puedo ver igual que si lo adivinara la lluvia espesa entre nosotros, apareciendo por ese camino como un hombre endemoniado, como si no hubiera otra casa en todas estas tierras encima de la que llover.
(del primer monólogo de Anse).

As I Lay Dying (1930).
Traducción: Mariano Antolín Rato.
Ediciones Cátedra, 1997, Madrid.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Como si mi oficio fuera de hueso

Emily Dickinson 
(Amherst, EE.UU., 1830-1886)





Tan lejos de la piedad como la queja

Tan lejos de la piedad, como la queja-
tan frío a la palabra -como la piedra-
inconmovible a la revelación
como si mi oficio fuera de hueso-

tan lejos del tiempo -como la historia-
tan cerca de uno mismo -hoy-
como niños, a las bufandas del arco iris-
a la puesta de sol a su juego amarillo

a los párpados en el sepulcro-
¡cuán mudo yace el danzarín-
cuando las revelaciones del color se rompen-
y resplandecen -las mariposas!

Versión de Silvina Ocampo
**

As far from pity as complaint
Emily Dickinson (1830-1886)

As far from pity as complaint,
As cool to speech as stone,
As numb to revelation
As if my trade were bone.

As far from time as history,
As near yourself to-day
As children to the rainbow’s scarf,
Or sunset’s yellow play

To eyelids in the sepulchre.
How still the dancer lies,
While color’s revelations break,
And blaze the butterflies!
**

Percibir un objeto cuesta

Percibir un objeto cuesta
la exacta pérdida del objeto
percibirlo en sí mismo es una ganancia
que responde a su precio.

Un objeto absoluto -no existe-
la percepción lo embellece
y luego reconviene perfecciones
los sitúa mas lejos.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Ay, ¿por qué escogiste esa estúpida flor?

Rita Dove
(Akron, Ohio, EE.UU., 1952-)

Geometría

Demuestro un teorema y la casa se expande:
las ventanas se sacuden para volar libremente cerca al techo,
el techo flota lejos con un suspiro.

Cuando las paredes se liberan de todo
menos de la transparencia, el olor de claveles,
se va con ellas. Yo estoy afuera al aire libre

y arriba las ventanas se han convertido en mariposas,
luz del sol que brilla donde se interceptan.
van a algún lugar verdadero e improbado.

Versión de Raúl Jaime Gaviria
**
Terso americano

Bailábamos; debió haber
sido un fox trot o un vals,
algo romántico, pero
que pedía discreción:
pleamar y bajamar,
ejecución precisa al deslizarnos
a la siguiente pieza sin parar,
dos pechos jadeantes alzándose
para dar una zancada
de siete leguas: agonía tan perfecta
que uno aprende a sonreír mientras la ejecuta,
mímica embriagante,
el sine qua non
de lo terso americano
Y porque estaba distraída
en el esfuerzo de
guardar la forma
(la inclinación hacia la izquierda
cabeza entornada justo para atisbar
detrás de tu oreja y siempre
sonriendo, sonriendo),
no me había dado cuenta
de lo quieto que te habías quedado
hasta que habíamos hecho
(¿por dos compases?,
¿cuatro?) alcanzando el vuelo,
esa ligera y tranquila
magnificencia,
antes de que la tierra
nos recordara quiénes éramos
y nos trajera de regreso.

Versión de Zulai Marcela Fuentes
**
Héroes

Una flor en un campo de malezas:
que sea una amapola. La recoges.
Porque comienza a marchitarse

corres hacia la casa más cercana
para pedir una jarra con agua.
La mujer en el porche comienza

a gritar: ¡que has arrancado la última amapola
de su miserable jardín, la que
le daba fuerzas para levantarse

cada mañana! Es demasiado tarde para disculpas
y aun cuando hagas lo esperado, ofreciendo
baratijas y un lugar jugoso en la historia escrita

ella no viviría para leer, de cualquier modo.
Así que la atacas, se golpea
la cabeza contra una piedra blanca,

y no queda nada por hacer
sino convertir la piedra en grava
para sostener la flor en la jarra robada

que debes llevarte
porque ahora eres un fugitivo
y no puedes dejar pistas.

Ya la historia comienza a desentrañarse,
la gente del pueblo se agita mientras tu corazón
late con fuerza en tu garganta. Ay, ¿por qué

escogiste esa estúpida flor?
Porque era la última
y tú sabías

que iba a morir.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Porque para volver a nacer necesitáis morir

Joan Salvat i Papasseit
(Barcelona, 1894-1924) 


Ballet

El sol
—–traicionando la siesta
holga con el rostro encendido en la cortina dormida

**

Hoy vuelan tan altas
——————-las gaviotas del puerto
que tan sólo planean:
el mástil más joven y delgado
del “Maria Angeleta”
——————-bajo la bola de oro
escucha el tintineo transparente de sus alas quietas.

De cara al sol
————cien velas;
y la roja banderola que rumbea a su orilla.

El vaporcillo pasea los bellos sueños atlánticos
———junto a los muelles en calma.

El hombre de las naranjas pasa con el carretón colmado.
**
Villa de Arles, domingo por la tarde

Villa de Arles, domingo por la tarde
– cuántas madrinas con cofias de nieve –
bajo la espaldaña inmortal, enhiesta,
canta el niño canciones de otro tiempo.

En cada puerta está escrito: serena,
con blanca tiza, cual la fresca cal.
Y una muchacha que pasa os contempla
y ya sois de Arles, pues suyo es el ánimo.

Una muchacha
—————y otra
———————y otra;
¡aldea de Arles, cuán adornada eres!
Tus mozos que a la guerra se marchaban
volverán tan sólo para ser novios.

Y una anciana que sube hasta la iglesia
y un extranjero que queda embobado;
toda la plaza con galas de fiesta
y un chocolate como jamás habéis probado.
**

Nada es mezquino
ni ninguna hora es huraña
ni es oscura la ventura de la noche.
Y el rocío es claro
que el sol sale y se fascina
y tiene deleite del baño:
que se refleja el lecho de toda cosa hecha.
Nada es mezquino,
y todo rico como el vino y la mejilla bronceada.
Y la ola del mar siempre ríe,
Primavera de invierno — Primavera de verano.
Y todo es Primavera:
y toda hoja verde eternamente.
Nada es mezquino,
porque los días no pasan;
y no llega la muerte ni si la habéis pedido.
Y si la habéis pedido os disimula un hoyo
porque para volver a nacer necesitáis morir.
Y no somos nunca un llanto
sino una sonrisa fina
que se dispersa como gajos de naranja.
Nada es mezquino
porque la canción canta en cada brizna de cosa.
—Hoy mañana y ayer
se deshojará una rosa:
y a la virgen más joven le vendrá leche al pecho.

Versión de Carlos Vitale
Por fpuigcarbo (joansalvat.wordpress.com)

martes, 22 de noviembre de 2016

Otredad no siempre es abandono

Eunice de Souza
(India, 1940)





© MADHU KAPPARATH FOR THE CARAVAN

Dulces dieciséis

Bueno, no se puede decir
que no lo intentaran.
Las madres nunca hablaron de la menstruación.
Una monja gritó: Ordinaria
no digas corpiño
di sujetador
Y le abrochó mangas de papel
a nuestros vestidos sin mangas.
El cura tronó:
Nunca salgan solas con un hombre
Solas nunca
y aunque estén comprometidas
besos sin ninguna pasión solamente.

A los dieciséis años, Phoebe me preguntó:
no te puede pasar cuando estás en un baile,
quiero decir, sabes
que te dé un embarazo, mientras
estás bailando?
Yo, con dieciséis, le aseguré que sí,
que podía pasarle.
**
Consejo para mujeres 

Tené gatos 
si querés aprender a pilotear 
la otredad de los amantes. 
Otredad no siempre es abandono – 
Los gatos vuelven a sus piedritas 
cuando lo necesitan. 
No putean por la ventana 
a sus enemigos. 
Esa mirada de sorpresa perpetua 
en esos enormes ojos verdes 
te enseñarán 
a morir sola.

Traducción de Aníbal Cristobo

lunes, 21 de noviembre de 2016

El tiempo es trabajado por el cuarzo

Elvira Hernández

María Teresa Adriazola 
(Lebu, Chile, 1951)


Un día como cualquier otro

I      entra el sol tajante por la ventana y nos divide en luz y sombra 

II     sentado alguien espera micro como espera un nuevo gobierno 

III    hojas que caen planean como palomitas 

IV    aparecen murallas con cicatrices alfabéticas 

                                           –la letra con sangre queda– 

V     el aire está irrespirable 

VI    las vitrinas viven en la apoteosis de la luz 

VII   el que canta la Canción Nacional sin reírse gana 

VIII  universidad norteamericana se adjudica obra inédita de Vicuña Mackenna 

IX    el tiempo es trabajado por el cuarzo 

X     alguien nos da un cuarto de hora y lo perdemos –el chileno es así–
**
Día 28

todo permanece igual 
es aterrador

**
De El orden de los días (1991)
Imagen tomada del Diario El Mercurio, Chile, 2016

domingo, 20 de noviembre de 2016

El alma, que está sola

Jorge Luis Borges
(Buenos Aires, Argentina, 1899-Ginebra, Suiza, 1986) 


Susana Bombal

Alta en la tarde, altiva y alabada, 
cruza el casto jardín y está en la exacta 
luz del instante irreversible y puro 
que nos da este jardín y la alta imagen 
silenciosa. La veo aquí y ahora, 
pero también la veo en un antiguo 
crepúsculo de Ur de los Caldeos 
o descendiendo por las lentas gradas 
de un templo, que es innumerable polvo 
del planeta y que fue piedra y soberbia, 
o descifrando el mágico alfabeto 
de las estrellas de otras latitudes 
o aspirando una rosa en Inglaterra. 
Está donde haya música, en el leve 
azul, en el hexámetro del griego, 
en nuestras soledades que la buscan, 
en el espejo de agua de la fuente, 
en el mármol de tiempo, en una espada, 
en la serenidad de una terraza 
que divisa ponientes y jardines.

Y detrás de los mitos y las máscaras, 
el alma, que está sola.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Todo esto está en mi nombre y en tu oído

Osvaldo Picardo
(Mar del Plata, Argentina, 1955)

F. Q.I: El pasado

Para que alguien todavía diga Fabio Quintiliano,
para que esos sonidos por un instante amable emerjan
y se hundan en los largos siglos de tapas y páginas empolvadas
hubo muerte más que nacimientos. Una Roma en llamas.
El recuerdo de los higos que Catón trajo de Cartago,
y el horror de Herculano y Pompeya.
Un Séneca con un alumno siniestro
y un Pedro y un Pablo que profesaron en una secta y repetían:
"una sola palabra tuya bastará para sanarme".

Todo esto está en mi nombre y en tu oído
trepa lento como el caracol sobre el vidrio
(detrás dicen haber visto una historia de salvación,
otra de progreso y ésta sin novedad). 
 **
México, junio de 1986
“Perdoname, estaban muy ricas, tan dulces y tan frías”
(William C. Williams)

¿Este sabor en la boca
entre ácido y algo dulce de una ciruela
no fue igual hace ya más de tres mil años?
Uno no sabe cómo explicar finalmente
esto que queda de la hinchada redondez
con que se llenó tu mano
ni tampoco ese duro deseo de durar
que resiste la copia de su podrida carne.
Una ciruela morada, casi negra
no es capaz de contener el universo.
Ni podrá hacer que nada cambie.
Ese sabor es una continua pausa
en que tropiezan la culpa y el perdón.
**

Pájaros que no parecen
pensar en la muerte.
Sustraídos al caos del universo
sin contratos ni plazos.
Casuales sobre tu cabeza
aunque irrazonablemente dueños
de un ser tan previsible.
En medio
de la deslealtad absoluta de las cosas
saltan.
**
Entre dos fondos, en la superficie del mar, todo pesa menos

Hay algo único en nadar
cuando se acerca una tormenta.
Sorprende y tranquiliza ver boca arriba
la velocidad con que el aire frota
las partículas de los cúmulos grises y blancos.
Se puede con cada brazada tocar
la intemperie, mar adentro.

Nadás de espaldas. Y tus ojos flotan
con tu cuerpo, sin resistirse,
en otras aguas, en un archipiélago de nubes
entre la visible consistencia
y la más transparente inconsistencia.
La corriente te lleva a donde quiere,
rendido a su deseo y su fuerza.

Pensás que también así debería flotar
tu pequeña historia, sobre el doble fondo,
entre toneladas de relámpagos
y el sordo respirar de los peces.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Y allá, un hilo de humo

Anne Talvaz

(Bruselas,  Bélgica, 1963)  

Pietá

¿Lo sostuvo contra su cuerpo
en la multitud que marchaba hacia la muerte maloliente?

¿Huyó de su chiquito en llanto
para reencontrarse con los vivos?

Sus manos, lo único que aún le pertenece,
y la luna que vierte sobre todo su ceniza inmaterial
le sirven de razón de ser

fuera de ella, y
la batahola de las cornejas
que se estrellan en el cielo…

Suenan las campanas.

El miedo que se suelda a la piel, la supuración
de las llagas,
mi corazón de cieno que todos pisotean.

Y allá, un hilo de humo.
Se disuelve en el cielo.

Suenan las campanas.
**
Requiem pour une enfant célèbre, 3

Ana, hermana mía, ¿nada ves venir?

Veo el sol que y los árboles que
y a través del hueco de las cortinas a los hombres que
y cuando voy al desván
a los pájaros que
veo al cielo que y que y que

Ana, hermana mía, no es eso lo que te pido

¿quieres acaso que lea la borra de café,
cuando hace tanto tiempo ya que no encontramos café?
¿sabes al menos que las líneas que cruzan el cielo
no son las de la mano de Dios?
**

Traducciones: Mirta Rosenberg y Jaime Arrambide y estos poemas fueron tomados de Diario de poesía, N° 65, año 2003.

jueves, 17 de noviembre de 2016

El silencio no para de sonar

EDUARDO MILEO
(Buenos Aires, Argentina, 1953)
Edvard Munch, Oslo


Aullidos
(Edvard Munch, 1863-1944)

Del otro lado de la calle
se escuchan todavía
los gritos.
Una sirena
le pone música
a la distancia.

Casi todos
los días
lo mismo:
el silencio no para
de sonar.

Pero esos gritos
hoy
y la sirena,
el estilete entrando en la garganta.

No es universo
todavía
mi angustia.
Pero siento ya el campo
sembrado.

Inédito

miércoles, 16 de noviembre de 2016

De boca contra el cielo junto a los platos

FERNANDO MÁRQUEZ
(Rosario,  Santa Fe, Argentina, 1987. Desde 2009 reside en la ciudad de Concordia, Entre Ríos, Argentina.)

MARTES 17 DE DICIEMBRE

paisaje: normal,

terrazas desiertas
música que suena en soledad
y la humedad
(de siempre)

hacia el este: la luz que se consume
más allá: en las veredas, debajo de las camas:
las hojas muertas
y acá (más acá): yo
y arriba: Nada, la
nada
el cielo vacío
mientras las nubes desaparecen
**
UN PÁJARO ANOCHE PASÓ Y NOS SALVÓ

sí, así como te lo digo
simplemente pasó, se fue
y nos abandonó
dejándonos
la cabeza ardiendo en diez, cinco, veinte
cincuenta mil pensamientos?

Él nos robó, nos fulminó
como un ángel, no?
 pero cómo decirlo
cómo describir el instante por el cual
un acontecimiento te vuela la cabeza
cómo retener lo que se te resiste,
se sacude, se te quema entre las manos
acaso tiene nombre?  fue la gracia?

no sé

anoche un pájaro entró y creyó ver un rostro
parecido a nuestras mentiras
sí, así como te lo cuento
apareció de la nada
como un rapto de ansiedad
intenso y puro
**
en el techo

cuelgan pedazos
de pintura.

con el tiempo y la gravedad
caen.
cuando los encuentro
les pongo nombres.

arriba, Dios. ahí estaba
sintiendo el peso
de lo que se pierde se hace cielo
**
sobre una mesa

crece y descansa el polvo, copas
en fila rota reflejando el color y la muerte
de las flores, unos cubiertos cruzados,
crucificando la superficie, las sombras
de una botella abierta
de boca contra el cielo junto a los platos unos
sobre otros apilados al borde de la nada, donde no hay
nada, ni arriba ni abajo ni costado, salvo
la plenitud del espacio
que sobrevuela una mosca, el fondo de los vasos, la mesa
en fin, nada fuera de lugar
las cosas dispuestas de tal manera
como piezas de una partida aún por resolver
**
el gesto volcado sobre las manos
para beber y comer de ellas
la fuente que todo lo sustenta

eso, es todo

De Museo de lo inútil, inédito
Imagen tomada de internet






martes, 15 de noviembre de 2016

El agua no es sensata ni insensata

Luisa Futoransky

(Buenos Aires, Argentina, 1939)

Delta

vengo de un río donde las aguas bajan turbias
y parecería que ni se movieran
es un légamo infestado de tarariras, lampalaguas
caimanes de ojos dorados
y en las orillas
pecio

por la fuerza
los amores se deshacen en ese agua barrosa
pútrida
se los traga la corriente
los brazos del río cuando llegan al delta
para respirar gimen, sollozan
se atragantan con los muertos

sin calificativos
sin aspavientos
el agua no es sensata ni insensata
el cariño y los detritus corren idéntica fortuna
se atoran y consumen en los ríos
los mismos gusanos corrompen las plantas, los animales y la gente

nada está hecho para durar, para quedarse, ni siquiera el mundo
no te apures
vos tranquila.

Inédito
Tomado de buenosairespoetry.com

lunes, 14 de noviembre de 2016

Despedida

Jorge Teillier
(Lautaro, Chile, 1935 - Viña del Mar, id., 1996)
De Archivo


...el caso no ofrece
ningún adorno para la diadema de las Musas.

Ezra Pound

Me despido de mi mano
que pudo mostrar el paso del rayo
o la quietud de las piedras
bajo las nieves de antaño.

Para que vuelvan a ser bosques y arenas
me despido del papel blanco y de la tinta azul
de donde surgían los ríos perezosos,
cerdos en las calles, molinos vacíos.

Me despido de los amigos
en quienes más he confiado:
los conejos y las polillas,
las nubes harapientas del verano,
mi sombra que solía hablarme en voz baja.

Me despido de las Virtudes y de las Gracias del planeta:
Los fracasados, las cajas de música,
los murciélagos que al atardecer se deshojan
de los bosques de casas de madera.

Me despido de los amigos silenciosos
a los que sólo les importa saber
dónde se puede beber algo de vino,
y para los cuales todos los días
no son sino un pretexto
para entonar canciones pasadas de moda.

Me despido de una muchacha
que sin preguntarme si la amaba o no la amaba
caminó conmigo y se acostó conmigo
cualquiera tarde de esas que se llenan
de humaredas de hojas quemándose en las acequias.
Me despido de una muchacha
cuyo rostro suelo ver en sueños
iluminado por la triste mirada
de trenes que parten bajo la lluvia.

Me despido de la memoria
y me despido de la nostalgia
-la sal y el agua
de mis días sin objeto-

y me despido de estos poemas:
palabras, palabras -un poco de aire
movido por los labios- palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Los dueños eran indios y los que atendían, criollos mestizos.

HEBE UHART
(Moreno, Buenos Aires, Argentina, 1936)


“¿Por qué se me ocurrió escribir sobre las comunidades indígenas en sus distintos contextos? Cuando tengo una inclinación, primero la sigo y después me pregunto por qué. En este libro cuento la visita a los wichis y a los quom, una inolvidable charla con don Haroldo Coliqueo, descendiente del gran cacique Ignacio Coliqueo. Visité Otavalo, Ecuador, donde los indios se han enriquecido y han desplazado a los mestizos del centro de la ciudad. En mis viajes reforcé mi creencia de que este mundo está hecho de mezcla y en todas las etnias que visité encontré lo antiguo mezclado con lo actual. En definitiva, quise saber más de aquellos que, teniendo en cuenta a la mayoría de los países de América Latina, forman más de la mitad de la población.”
**
 En Lima conocí indios aculturados de la selva peruana, de Pucallpa, también a una criolla casada
con un indio de la selva- un indio previamente pasado por los pastores, ¿viste que los pastores van a misionar y eso? Estaba todo de lo más bien. Me llevaron a un pueblo joven, ellos llaman “pueblo joven” a una villa miseria. Había una artesana buenísima que venía de la selva y hacía unas cosas hermosas: collares, pulseras. También anduve en Ecuador, donde viven los otavalo, que están ricos. Hay comunidades que están ricas. Se avivaron, en lugar de pedir tierra aprendieron a exportar.
El mestizaje, lo que traen, lo que tienen, hay un montón de cosas en todas las comunidades.
(...)
Hice una visita a Los Toldos. A cuatro horas de acá hay todos descendientes del Cacique
Coliqueo. Cerca de Junín. Y viajo sola y en este caso me tomé un micro. En Los Toldos me atendió Don Haroldo Coliqueo, fundador de la primera clínica del lugar. En ese pueblo se llaman todos Coliqueo. Calle Coliqueo, veterinaria Coliqueo… 
Como los Buendía de Macondo…
Sí, ¡son todos Coliqueo! Ellos se aculturaron en 1870, porque en la provincia de Buenos Aires lograron acorralarlos mucho. No sucedió igual en el sur, con los mapuches, porque rajaban
a Chile por la cordillera. Acá, en la provincia de Buenos Aires, los acorralaban porque estaban a cuatro horas de la capital. Y el bisabuelo de Don Haroldo, antes de morir, pidió que sus descendientes se acristianaran y fueran a la escuela. Y los descendientes cumplieron. El hijo de Don Ignacio
Coliqueo, está lanza en el suelo en la foto de que vi. Este Don Haroldo es un médico, es como un médico, nada más que de origen indio. Casado con una criolla. Un Coliqueo más. El veterinario se llama Coliqueo, la calle es Coliqueo, en la plaza hay un busto de Coliqueo. Y yo quería ver a Don Haroldo Coliqueo . En un pueblo chico, de diez mil habitantes, le  preguntás a la gente, ¿está Don Haroldo? “No, no está porque el coche no está”, te dicen. Y después, “venga, pase, pase al
livingcito de él”. El lugar era más bien pequeño. Ahí entrás en un hogar médico, Haroldo es el fundador de la primera clínica quirúrgica de Los Toldos. Entonces trabajó mucho por
la historia de la comunidad. Le digo, “Don Haroldo, ¿y la herboristería indígena?”… Me contesta “No, m´ hija – como si estuviera en la historia eso – ahora hay hepatogramas”. Mirá, justo este verano, yo cambié mi televisor por uno de pantalla plana. Yo tenía uno muy antiguo. Y me acordé de Don Haroldo, de cómo está modernizado, tecnologizado. Mirá, ahora me viene a la cabeza que, cuando estuve allá, le pregunté, “Don Haroldo, ¿a usted lo discriminan acá? No, qué van a discriminar, acá somos todos Coliqueos. En La Plata me discriminaron, donde fui a estudiar medicina. Había Pérez, Fernández… “¿y vos cómo te llamas?”, me decían.” Coliqueo“, contestaba. “¿Y de dónde son los Coliqueo?”.
¿Sabés cómo llegué hasta la casa de Don Haroldo? Por el camino, me bajé a fumar en una parada, en un pueblo anterior a Los Toldos, Chacabuco. Yo vi un tipo que tenía en el bolsillo de la camisa una etiqueta que decía “cacique”. Entonces me acerco y le digo: “¿Usted es cacique?” Lo empecé a indagar. “Organizo fiestas”, me dijo. Me dio la impresión de un tipo turbio. Luego lo vi entrando a una oficina, dando vueltas, lo vi raro. Entonces le dije: “Don Haroldo – me inspiró mucha confianza el médico, era muy linda persona- yo vi en Chacabuco un señor así y asá, llevaba en la camisa una etiqueta que decía “cacique”… Y me dijo “¿Y usted qué cree? Acá hay gente como en todos lados. No por ser indio va ser puro ni santo.”
(...)

Hay gente de todo tipo, hasta gente que pide tierras y se queda todo para ellos, cosa que pasa en Azul, con Martha Catriel, donde la comunidad está dividida. Ella es descendiente del cacique Catriel y está casada con un italiano. El hijo es abogado y vive en un country, aquí en Buenos Aires. Ella es logrera, logra para ella. Pide tierras y luego quema la leña, dice que la usa y en realidad la vende.
Yo fui con un escritor de allá y me quiso vender una rifa de un poncho, se la tuve que comprar y no voy a ver nunca ni al resultado de la rifa ni al poncho. Ella es así. Una parte de la comunidad está enojada con ella, claro, la consideran medio corrupta. Yo hablé con esa gente y me dijeron: “no sabe el idioma, es una vaga”. Porque, claro, la gente más empeñosa entre los pampas aprende el idioma, la gente más honesta, la que tiene que ver más con sus raíces. Yo le pregunté a Martha: “¿vos sabés hablar el idioma de tu gente?” Y me dijo: “No, porque si hablábamos en nuestro idioma, nos discriminaban en la escuela.” Una vez les dije a unos de la parte de esa comunidad que odiaban a la Martha Catriel: “Pero ella tiene una tarjeta que dice, ´Martha Catriel, cacique´” Y, con razón, me dijeron: “cualquiera puede hacerse una tarjeta”. Aunque, fíjate: cuando llega el día del indio, la llaman a ella. Los hijos le decían que no fuera. Ella, sin embargo, dijo: “yo me pongo la vincha y ya está… quizá un saquito para el frío“.
Pero bueno, ella es así. En su casa tenía una estufa y en la repisa había un indito y un blanco; era de 1900 la foto. Los dos azorados, el blanco y el indito, por el flash de la foto. Los dos azorados, tomaditos de la mano. “¿Y ellos quiénes son?”, le pregunté a Martha. “Esos son mis tíos bisabuelos”.
“Sí- le digo- el indito, sí. ¿Pero el blanco?” “Hijo de cautivo”, me dice. La historia de este país es… bueno, los peruanos tienen a los incas y los tienen internacionalizados.
Acá es asombrosa la cantidad que hay de personas mezcladas, ¡imaginate a esos dos, hermanados ante el terror! Y lo que habrá sido, yo no hice más que atisbar… Hay tanto para ver. Si vos entrás en un pueblo donde se dan estas mezclas entre indio, criollo y blanco, te quedás dos meses y te sacás una novela. Están todos enfrentados. Yo ya había empezado a atisbar las comunidades en el libro anterior. Ahora, más concretamente, fui a ver a los toba, en el norte. El director de la escuela toba nació en la selva, en el monte. Hasta los 10 años estuvo en el monte. Ahora estudia, es director, tiene un terciario. Lee lo mismo que nosotros: Galeano, Mafalda. El hombre me dijo: “Yo, hasta los diez años, no conocía las malas palabras. Es decir, conocía las palabras tabúes, pero no las malas palabras. Cuando llegó a la ciudad vio que los chicos hablaban mucho pero con poco contenido. Él es un toba lindo, moreno, ¿viste que son todos grandotes? Y a sus diez años no conocía ni los caramelos ni las malas palabras. ¡Si el padre pescaba a arpón!
(...)
Hablo de las comunidades de Perú, de los shipibos, los guajiros… esos son de Colombia, no los fui a ver pero tengo un material excelente. En Ecuador están los otavalos, a esos sí los visité y están riquísimos. Se avivaron, son medio capitalistas, aprendieron a exportar. Es la primera comunidad que está instalada en España. Igual, entre quienes están en Europa están los que tienen papeles y los que no. Los que tienen papeles ganan dinero. Si el hermano mayor no tiene papales y el menor sí, pues el hermano mayor se tiene que sujetar al menor.
El que tiene papeles se puede mover por toda Europa, el que no, tiene que trabajar para el que tiene papeles. Muchos, una vez que consiguen papeles, se van a Tokio, a Dubái. Están muy tecnificados y ricos. Yo estaba en un hotel hermoso, cuatro  estrellas, muy bien tenido: se llamaba “El indio inn”. Los dueños eran indios y los que atendían, criollos mestizos.
(...)
 Yo estaba en el medio de un festival de cine. Les mostraron una película muy buena de
un realizador indígena boliviano, San Jinés. Hablaba sobre Evo. La película habla de por qué Evo no fue ningún milagro. Bolivia tiene luchas desde el siglo XIX donde los baleaban, caían todos y venía más gente para ser baleada. Esa sí es una lucha de poner el cuerpo. Esa película pudo ser oportuna si el contexto era otro, ante los wichí, no: ellos no se pueden levantar. Igual, la inauguración fue emocionante, fue en un pueblo del Chaco, donde había una escuela muy linda, recién inaugurada. Y los asistentes eran 500 o más personas morenas, bien morenas, cantando el himno wichí. Eso me emocionó. Y la abanderada, con sus zapatillas blancas, limpias como una cara de cierta bronca que prometía. Eso era emocionante. Pero después, los cineastas deciden pasar a esa gente traída de otras comunidades en camiones, para hacer la ceremonia de inauguración. Una película de lo que hacían con los indios en el siglo XIX. Cómo los medían, cómo los pesaban. A ver: ese fue un momento de encuentro, de alegría. Al lado, yo tenía un señor wichí que estaba llorando. Si yo soy de una comunidad indígena y vienen los blancos a decirme qué hicieron los abuelos blancos con mis antepasados y te ponen el cajón de una nena cuando la llevaron a Alemania, y dijeron “la cabeza viene de una indiecita paraguaya”… ¡Me dio indignación! Le dije al cineasta que nos entristeció a todos. No me dio decepción, me dio indignación. Y a los mismos wichí que son muy pobres, ¿qué les pasaron?, fotos de los mapuches de la fábrica recuperada de Neuquén. Los wichí no tienen nada, están en medio del campo. Los mapuches tienen fábricas, ¡tienen una labia al hablar!
 Pero lo que quiero decir es que debieron ofrecerles algo que les alegrara la vida, no todo lo contrario. Luego, pasaron a una cantante mapuche, Aimé Painé, con un auto de novela, un chico de novela y un señor que hablaba de las tierras con unas botas preciosas. Ojo, también había gente muy piola.

De aquí para allá, Adriana Hidalgo, 2016.
Fragmentos extraídos del blog elanartista.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Dios es una política

Jorge Aulicino 
(Buenos Aires, Argentina, 1949)





Dios es una política.
Los pájaros hacen ruido cerca de la ventana,
vuelan sobre el cemento que clarea.
No das imagen a esos sonidos, pero sabés
allá fuera
en alguna parte los techos se confunden,
no se sabe dónde empieza o termina la propiedad,
y los pájaros cotorrean, chistan, arrullan, caminan sobre vigas
y cornisas, vuelan sobre el cemento que clarea.
La cara pálida de sueño, débil de deseo,
que asomara ahora a una terraza fresca
sería la cara de un dios.
**
[Una pipa africana]

Oscura pero tórrida,
sin dejo de la luz meridiana,
hecha de un material llamado meerschaum
que significa espuma de mar,
pero extraído lejos de la costa
a golpe de pico, y ahora negro y marrón;
trabajo humano condensado:
a la vez industria y lejanía,
labrada luego por artesanos que dibujaran ciempiés,
hojas de banano o helechos
en un sueño oscuro poblado de retumbes.

Una que es como se muestra:
objeto y apariencia.
**

Y aun eso: "respiramos y dejamos de respirar"
no es sino una admirable mezquita
o una base antártica del futuro con todos
sus ventanales encendidos;
pues las palabras son esa heroica construcción;
pues aun para decir que somos solo carne de venado
necesitamos palabras,
necesitás palabras para renunciar a lo vivo,
para internarte en el hielo,
para no ser, igualmente, necesitás palabras.

Para decir el aura de las palabras
que nos engrandece de nosotros mismos
necesitamos palabras.

Y es cierto que podríamos quedarnos con el aura
sin intentar decir. Cerrar el postigo,
dormir esta noche.


De Mar de Chukotka, inédito.
Imagen tomada del blog de Griselda García.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Los cuerpos como mapas políticos

Jimena Arnolfi
Tomada de Facebook

(Buenos Aires, Argentina, 1986. Actualmente reside en Entre Ríos, Argentina)

La boca del lobo

No es que quiera conseguir algo
pero necesito salir
de donde estoy.
Llamo, busco al tanteo
tengo el cuerpo dormido
pero la voz habla.
Espero con fe
delante de la puerta cerrada.
Abro la heladera con fe
me visto con fe
bailo cumbia con fe.
No pasa nada
cuando hago las cosas con fe
pero voy a insistir.
***
El servicio meteorológico anuncia temblores

Recuerdo la casa entre seis calles
donde dormimos vestidos.
En el oeste llueve antes
porque es la zona del tiempo
antes del tiempo. No sé si la memoria
quiere pensar en el uso de las cosas
como cuando hablás de las bondades
del masajeador de alambre
comprado en el tren a 10 pesos.
-Repaso el recorrido de la caricia
entrar con los dedos
subir desde el cuello hasta la nuca-.
Los cuerpos como mapas políticos
líneas punteadas que separan un país de otro
y así estamos.
***
Hibernación

En tiempos de autopromoción constante
lo mejor es esconderse
hibernar como un animal
de sangre caliente
entrar en un sueño profundo
que el latido sea más lento
que la temperatura descienda
ahorrar energías
usar las reservas almacenadas
de los meses más cálidos
mutar en una refugiada,
invencible.
**
Perdí por un numerito

Deja su cuerpo cansado
sobre el mostrador de la lotería
acerca su cara
dicta los números en voz baja
apenas empaña el vidrio
que lo separa de lo sobrenatural.

Casi siempre sale todo mal
pero la ínfima posibilidad
de acertar una sola vez
lo mantiene en movimiento.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Se me ocurre que yo soy América

Allen Ginsberg 
(EE.UU., 1926-1997)

AMÉRICA

América te lo he dado todo y ahora no soy nada.
América dos dólares y veintisiete centavos 17 de febrero de
     1956.
No resisto mis propios pensamientos.
¿América cuándo pondremos fin a la guerra humana?
Andá y hacete mierda vos misma metete tu bomba atómica en el orto.
No me siento bien no me molestes.
No escribiré mi poema hasta que mi mente no se serene.
 ¿América cuándo serás angélica?
 ¿Cuándo te quitarás la ropa?
 ¿Cuándo te observarás a ti misma a través de la tumba?
 ¿Cuándo merecerás a tu millón de Trotskistas?
 ¿América por qué tus bibliotecas están inundadas de lágrimas?
 ¿América cuándo enviarás tus huevos a la India?
Me enferma la locura de tus demandas.
 ¿Cuándo podré entrar a un supermercado y obtener aquello que  
                     necesito a cambio de mi belleza personal ?
América después de todo somos vos y yo los perfectos y no el
                              próximo mundo.
Tu maquinaria es demasiado para mí.
Has desarrollado en mí el deseo de santidad.
Debe de existir alguna otra manera de solucionar esta discusión.
Burroughs está en Tánger no creo que  regrese
                              esto es siniestro.
¿Deseás ser siniestra o ésta es sólo una de las formas de tu humor?
Trato de llegar al punto.
Me niego a olvidar mis obsesiones.
América no me presiones sé lo que hago.
América los pimpollos del ciruelo están cayendo.
Hace meses que no leo los diarios, todos los días alguien es sometido
                              a juicio por asesinato.
América los obreros industriales me transforman en un sentimental.
América en mi niñez fui comunista y no me arrepiento.
Fumo marihuana cada vez que tengo la oportunidad.
Me siento en mi casa durante días interminables y observo las rosas
                              en el ropero.
Cuando visito el Barrio Chino me emborracho y nunca tengo
            relaciones sexuales.
Mi mente está decidida habrá problemas.
Deberías haberme visto leyendo a Marx.
Mi analista dice que tengo toda la razón.
No diré las Oraciones del Señor.
Tengo visiones místicas y vibraciones cósmicas.
América todavía no te he dicho lo que le hiciste al tío Max después de
             que él llegó de  Rusia.

Escuchame te estoy hablando.
¿Vas a dejar que tu vida emocional sea dirigida por la revista Time?
Estoy obsesionado por la revista Time.
La leo todas las semanas.
Sus tapas me miran de reojo cada vez que paso por el quiosco de la        
                                                                                                  [esquina.
La leo en el sótano de la Biblioteca Pública de Berkeley.
Siempre me está hablando de responsabilidades.
Los hombres de negocios son personas serias.
Los productores cinematográficos son serios.
Todos son serios —excepto yo.
Se me ocurre que yo soy América.
Hablo conmigo mismo nuevamente.

Asia se rebela contra mí.
No poseo las oportunidades de un chino.
Será mejor que considere mis recursos nacionales.
Mis recursos nacionales consisten en dos porros de marihuana
     millones de genitales una impublicable literatura privada que  
     circula a 1400 millas por hora y veinticinco mil instituciones
     mentales.
No digo nada acerca de mis prisiones ni de los millones de seres sin    
     privilegios que viven en mis macetas bajo la luz de quinientos
                                                                                                [soles.
He abolido los prostíbulos de Francia, ahora le tocará el turno a
                                                                                        [Tánger.                                                                                                                                                                                  
Mi ambición es ser Presidente a pesar de que soy Católico.

¿América cómo puedo escribir santas letanías inspirándome en la  
          estupidez de tu estado de ánimo?
Proseguiré como Henry Ford mis estrofas son tan individuales como
          sus automóviles es más son todas de distinto sexo.
América venderé estrofas a $ 2.500 cada una $500 al contado por tu                                                                                                        
                                                                   [estrofa de segunda mano.
                                                                                                                                                                           
América liberá a Tom Mooney
América salvá a los Republicanos Españoles
América Sacco y Vanzetti no deben morir
América yo soy los muchachos de Scottsboro.
América cuando tenía siete años mi mamá me llevaba a
         las reuniones de una célula comunista ellos nos vendían
         garbanzos un puñado por cada bono y cada bono costaba una
         moneda y los discursos eran gratuitos todos eran angélicos y
         sentimentales respecto de los obreros todo era tan sincero que
         no tenés una idea de lo bueno que era el partido en 1835
         Scott Nearing era un gran anciano verdadero sabio la señora.
         Bloor me hizo llorar una vez vi la sencillez de Israel Amter.
         Todos deben de haber sido espías.
América en realidad no querés ir a la guerra.
América son ellos los malos, los rusos.
Ellos los rusos —los rusos y los chinos y ellos los rusos.
La Rusia nos quiere comer vivos. El poder de la Rusia está loco.
         Ella desea quitarnos los automóviles de nuestros garajes.
Sus deseos atrapar Chicago. Sus necesidades una Selecciones del
         Readers' Digest ROJA. Sus deseos nuestras plantas
         automotrices en Siberia. La gran burocracia administrando
         nuestras estaciones de servicio.
Eso no bueno.  Ugh. Ella hacer Indios aprender leer. Ella necesitar
        grandes oscuros negros. Hah. Ella hacer nosotros trabajar  
        dieciséis horas al día. Auxilio.
América esto es bastante preocupante.
América ésta es la impresión que obtengo luego de mirar
       televisión.
¿ América tengo razón?
Es mejor que me dedique al trabajo.
Es verdad, no deseo ingresar en el ejército ni ser tornero en una
       fábrica de instrumentos de precisión,  de todos modos soy corto de
       vista y psicopático.
América voy a poner  el hombro, mi hombro marica a la rueda.

Versión de Esteban Moore H.
Cortesía de Matías Rivas
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char