viernes, 19 de septiembre de 2014

Sóplale con tu aliento al novio

PETRA ERNÁNDES LÓPES
Tomada de www.indemaya.gob.mx


(Tzotzil, México, S/D)



Para que el perro no ladre al novio

Cerrame la boca del perro,
amarrame el hocico del chucho,

con una llave,
con un candado.

Tapame su vista,
cubrime sus oídos,

con doce velas, Kajval,
con una botella de aguardiente.

Amarrale una pata,
amarrale su otra pata.

Que se haga rosca en la superficie de la Tierra.
Que le entre profundo su sueño.

Ve caminando adelante del novio.
Sóplale con tu aliento al novio,

para que el perro no le huela sus pisadas,
para que el perro no le huela sus manos.

Que no le vaya a ladrar.
Que no le vaya a morder.

Este perro,
este chucho, Kajval.
**
Encantamiento para atraer un hombre

Que llegue con flores en su corazón el hombre.
Que llegue con todo su corazón.
Que hable con mi carne.
Que le duela su sangre por mí
cuando me ve en el camino al mercado.

Que nos visite con su madre,
la cabeza agachada
y un garrafón de trago para mi papá.

Que sea limpio su camino, blanco su andar.
Que no vaya a caer en el lodo.
Que no le vaya a salir una mala culebra.

Tú lo vas a mirar en su cara, Kajval.
Te lo estoy diciendo en tu nariz, en tu oído:

El hombre se llama Xun.

Ya hablé con tu cabeza.
Ya hablé con tus huesos.
Te llamé ya con mi boca.

Quiero juntarme con él.
Quiero que el hombre complete mi cuerpo.
**
Estos poemas (escritos originalmente en tzotzil y tzeltal) pertenecen al libro Conjuros y ebriedades, publicado en 1997 por el Taller Leñateros de San Cristóbal de Las Casas (Chiapas, México). Tomados del blog el placard.

jueves, 18 de septiembre de 2014

La muerte es un hueso triste, lleno de golpes, dirías

ANNE SEXTON

 (Norton, Massachusetts, EE.UU., 1928-Boston, id., 1974)

DESEANDO MORIR

Ahora que lo preguntas,
la mayor parte de los días no puedo recordar.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Luego la casi innombrable lascivia regresa.

Ni siquiera entonces tengo nada contra la vida.
Conozco bien las hojas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto al sol.

Pero los suicidas poseen un lenguaje especial.
Al igual que carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

En dos ocasiones me he expresado con tanta sencillez,
he poseído al enemigo, comido al enemigo,
he aceptado su destreza, su magia.

De este modo, grave y pensativa,
más tibia que el aceite o el agua,
he descansado, babeando por el agujero de mi boca.

No se me ocurrió exponer mi cuerpo a la aguja.
Hasta la córnea y la orina sobrante se perdieron.
Los suicidas ya han traicionado el cuerpo.

Nacidos sin vida, no siempre mueren,
pero deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce
que hasta los niños mirarían con una sonrisa.

¡Empujar toda esa vida bajo tu lengua!
que, por sí misma, se convierte en pasión.
La muerte es un hueso triste, lleno de golpes, dirías,

y a pesar de todo ella me espera, año tras año,
para reparar delicadamente una vieja herida,
para liberar mi aliento de su dañina prisión.

Balanceándose allí, a veces se encuentran los suicidas,
rabiosos ante el fruto, una luna inflada,
Dejando el pan que confundieron con un beso
Dejando la página del libro abierto descuidadamente
Algo sin decir, el teléfono descolgado
Y el amor, cualquiera que haya sido, una infección.

(Traducción: Griselda García)

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Dicen que este paisaje fue creado en la época de los dioses impetuosos

Matsúo Basho

(Ueno, provincia de Iga, Japón, 1644-1694)

De Sendas de Oku
(Fragmentos)

“El placer de vivir me hizo olvidar el cansancio del viaje y casi me hizo llorar.”

Los meses y los días son viajeros de la eternidad. El año que se va y el que viene también son viajeros. Para aquellos que dejan flotar sus vidas a bordo de los barcos o envejecen conduciendo caballos, todos los días son viaje y su casa misma es viaje.

Entre los antiguos, muchos murieron en plena ruta. A mí mismo, desde hace mucho, como jirón de nube arrastrado por el viento, me turbaban pensamientos de vagabundeo. Después de haber recorrido la costa durante el otoño pasado, volví a mi choza a orillas del río y barrí sus telarañas. Allí me sorprendió el término del año; entonces me nacieron las ganas de cruzar el paso Shirakawa y llegar a Oku cuando la niebla cubre cielo y campos. Todo lo que veía me invitaba al viaje; tan poseído estaba por los dioses que no podía dominar mis pensamientos; los espíritus del camino me hacían señas y no podía fijar mi mente ni ocuparme en nada. Remendé mis pantalones rotos, cambié las cintas a mi sombrero de paja y unté moka quemada en mis piernas, para fortalecerlas. La idea de la luna en la isla de Matsushima llenaba todas mis horas. Cedí mi cabaña y me fui a la casa de Sampu,  para esperar ahí el día de la salida. En uno de los pilares de mi choza colgué un poema de ocho estrofas.  La primera decía así:

Otros ahora
en mi choza - mañana
casa de muñecas.
**
Me pareció que no avanzaba al caminar; tampoco la gente que había ido a despedirme se marchaba, como si no hubieran querido moverse hasta no verme desaparecer.
**
Cerca de Kurobane se encuentra la Piedra-que-mata.  Como decidiese ir a verla, el administrador del Señorío me prestó un caballo y un palafrenero. Durante el trayecto aquel hombre de ruda apariencia me rogó que compusiese un poema. Me sorprendió tanta finura y escribí lo siguiente:

A caballo en el campo,
y de pronto, detente:
¡el ruiseñor!

Detrás de la montaña, junto al manantial de aguas termales, se halla la Piedra-que-mata. El veneno que destila sigue siendo de tal modo activo que no se puede distinguir el color de las arenas en que se asienta, tan espesa es la capa formada por las abejas y mariposas que caen muertas apenas lo rozan.
**
Cruzamos el río Natori y llegamos a Sendai. Era el día en que adornan los tejados con hojas de lirios cárdenos.  Encontramos una posada y allí nos alojamos cuatro o cinco días. En esta villa vive un pintor llamado Kaemon. Nos habían dicho que era un hombre sensible; lo busqué y nos hicimos amigos. El pintor me dijo que se ocupaba en localizar los lugares famosos que mencionan los antiguos poetas y que, por el paso de los años, ya nadie sabe dónde se encuentran. Un día me llevó a visitar algunos: en Miyagino los campos estaban cubiertos de hagi  e imaginé su hermosura en otoño; en Tamada y Yokono, lugares renombrados por sus azaleas, florecía el asebi;  penetré en un bosque de pinos adonde no llegaba ni una brizna de sol, paraje que llaman “Penumbra de árboles”, tan húmedo por el rocío de la arboleda que dio lugar a aquella poesía que comienza: “¡Ea, los guardias! ¡Su sombrero!” 
Después de orar en el templo de Yakusi-yi y en el santuario de Tenjin, contemplamos la puesta de sol. El pintor me regaló pinturas de paisajes de Matsushima y también, como despedida, dos pares de sandalias de cordones azules. Su gusto era perfecto y en esto se reveló tal cual era:

Pétalos de lirios
atarán mis pies:
¡correas de mis sandalias!

(Notas:  El día cinco de mayo, en la fiesta a que se alude en la nota 47, también se acostumbra adornar con hojas de lirio los tejados. Sus hojas tienen la virtud de alejar a los demonios. Por la noche la gente se baña en el agua en que se sumerge a las hojas. La costumbre perdura todavía.
  Hagi. Lespedeza bicolor Turez. Es una planta con flores purpúreas; florece en el otoño.
  Asebi: Pieris Japonica D., Don. Arbusto que da flores blancas y es parecido al madroño del Valle de México.
Poema anónimo de la antología Kokinshu:

¡Ea, los guardias!
Decidle al amo
que se ponga el sombrero:
rocío en Migayino,
¡chubasco y no rocío!)
**
Ya es un lugar común decirlo: el paisaje de Matsushima es el más hermoso del Japón. No es inferior a los de Doteiko y Seiko, en China. El mar, desde el sudeste, entra en una bahía de aproximadamente tres ri, desbordante como el río Sekiko de China. Es imposible contar el número de las islas: una se levanta como un índice que señala al cielo; otra se tiende boca abajo sobre las olas; aquélla parece desdoblarse en otra; la de más allá se vuelve triple; algunas, vistas desde la derecha, semejan ser una sola y vistas del lado contrario, se multiplican. Hay unas que parecen llevar un niño a la espalda; otras como si lo llevaran en el pecho; algunas parecen mujeres acariciando a su hijo. El verde de los pinos es sombrío y el viento salado tuerce sin cesar sus ramas de modo que sus líneas curvas parecen obra de un jardinero. La escena tiene la fascinación distante de un rostro hermoso. Dicen que este paisaje fue creado en la época de los dioses impetuosos, las divinidades de las montañas. Ni pincel de pintor ni pluma de poeta pueden copiar las maravillas del demiurgo.
**
El esplendor de tres generaciones de Fujiwara duró el sueño de una noche. Los restos de la entrada principal de la mansión están a la distancia de un ri del conjunto de las ruinas. El palacio de Hidehira  es un erial y sólo queda en pie el monte Gallo de Oro. Subí a las ruinas del palacio Takadate. Desde allí se ve al Kitakami, gran río que viene del sur; el río Koromo, tras de ceñir al castillo de Izumi, se le une bajo el palacio Takadate; las ruinas del castillo de Yasuhira, con el paso de Koromo, que está más adelante, guardan la entrada del sur y constituyen una defensa contra toda invasión. Aquí se encerraron los fieles elegidos.  De sus hazañas nada queda sino estas yerbas. Recuerdo el antiguo poema:

Las patrias se derrumban,
ríos y montañas permanecen;
sobre las ruinas del castillo
verdea la hierba, es primavera.

Me siento sobre mi sombrero y lloro, sin darme cuenta del paso del tiempo:

Hierba de estío:
combates de los héroes,
menos que un sueño.
**
Me senté sobre una roca y mientras descansaba descubría un árbol de cerezo de tres shaku de altura, ¡sus capullos estaban entreabiertos! Maravillosa lección la de ese cerezo tardío que no olvidaba a la primavera ni aun sepultado bajo la nieve. Flores y hielo me recordaron a aquellas flores de ciruelo bajo un cielo incandescente de que habla una poesía china; y también me hicieron pensar en el poema del maestro Gyoson -y aún con mayor intensidad:
La poesía de Gyoson (1057-1135) a que se refiere, figura en la colección Kinyoh (1127). Cuando el bonzo Gyoson se entregaba a sus ejercicios religiosos, en las profundidades del monte Yoshino, escribió este poema:

Haz como yo
y compréndeme,
cerezo silvestre:
nadie me conozca,
salvo tus flores.
**
Después de atravesar los lugares más abruptos del país del norte (esos con nombres como Hijo que reniega del Padre, Huérfano abandonado, Vuelta del Perro, Regreso del potro) me sentí agotado y me acosté en seguida. En la habitación contigua se oían voces que parecían ser de dos mujeres; después se les unió la de un anciano. Al escucharlas, adiviné que se trataba de cortesanas de Niigata; se dirigían al Santuario de Ise y el viejo las había acompañado hasta Ichiburi; al día siguiente regresaría aquel hombre a su tierra y ellas escribían recados y le daban pequeños encargos. Casi dormido seguía oyendo sus conversaciones: somos hijas de pobres pescadores, esas que llaman “blancas olas que corren a su ruina al caer sobre la playa”, cada noche una unión distinta y ninguna duradera, no hay promesas ciertas, malhaya sea nuestra suerte, ¿qué hicimos en nuestras vidas pasadas para merecer esto? A la mañana del otro día, al salir de nuestro albergue, nos dijeron llorando: “No conocemos el camino y nos da miedo el largo viaje; quisiéramos seguirlos, aunque sea a distancia; sean benévolos, llevan ropas de monjes peregrinos, ayúdenos a encontrar la senda del Buda”. Sentí piedad pero las dejamos diciéndoles: “Nos da mucha pena: tenemos que visitar muchos lugares y sería mejor que ustedes se uniesen a otros viajeros. Anden tranquilas, los dioses las protegen y las harán llegar sanas y salvas a su destino”. Y al despedirlas con estas palabras apenas podía contener mi compasión. Dije a Sora este poema y él lo escribió en su libro:

Bajo un mismo techo
durmieron las cortesanas,
la luna y el trébol.
**
La pena del que ya se va y la tristeza del que se queda son como la pareja de gaviotas que, separadas, se pierden en la altura. Yo también escribí un poema:

Hoy el rocío
borrará lo escrito
en mi sombrero.
**
De MATSÚO BASHO. SENDAS DE OKU. UNAM (1957)
TRADUCCIÓN: OCTAVIO PAZ Y EIKICHI HAYASHIYA.

martes, 16 de septiembre de 2014

Donde la memoria ha perdido las llaves

LILIANE WOUTERS
Tomada de espejodelviento.com

(Bélgica, 1930)


Morir habiendo vivido.

Es allí donde espero,
el instante de,
el momento en que.

Allí se trata de respirar
profundo.
**

Al final del amor está el amor.
Al final del deseo está la nada.
El amor no tiene comienzo ni fin.
Él no nace, resucita.
Él no encuentra, reconoce.
Él se despierta como después de un sueño
donde la memoria ha perdido las llaves.
Se despierta con los ojos claros
y se dispone a vivir su jornada.
Pero el deseo insomne muere con el alba
después de haber luchado toda la noche.
**

Hay que saber
perderlo todo, incluso a sí mismo,
y aún el recuerdo de sí, hay que
quitarse del lugar, salir del tiempo,
arrancarse los andrajos,
mudar las seis membranas, aceptar
que la séptima se pudra con el grano,
que el agua del río todo lo recubra,
que el sol seque esa agua, 
que el viento del desierto desdibuje
su huella sobre la arena.

(en “Círculo de Poesía”, 2012. Trad. del francés: Valeria Guzmán. Cortesía de Jonio González)

lunes, 15 de septiembre de 2014

Un grillo haciendo sonar sus alas

MACKY CORBALÁN

(Cutral Có, Neuquén, 1963-2014)
In Memoriam


Voy a decirte lo que vi:
sobre la noche cayó el silencio
y cubrió los rostros dormidos,
mientras los perros aullaban
de clarividencia y frío, sumando
al sueño otro sueño.
Recorrí las calles y una luz blanca
desde el cielo lo alumbraba todo,
todo lo volvía visible: las delgadas siluetas
de los árboles tocándose en las sombras;
pasos apagándose de pronto en las esquinas; y
los duros hombros de las casas, unos contra
otros apoyados, dándose ánimo.
Sólo el miedo daba al sonido de mis pasos, eco.
El vacío del mundo.
Un grillo haciendo sonar sus alas.
Los brotes nuevos, bajo tierra, tocando
la música más maravillosa
que yo hubiera oído.
**
Notas poéticas

No siempre es un hecho, o nunca
lo es: una atmósfera que descarga
su peso muerto sobre lo que camina,
o respira o intenta hacer ambos.
Pensar es ya un acto. ¿Entenderían
esto que digo los que pasan riéndose
por la calle? Escupen una mucosidad
grumosa de desesperanza, mientras
avanzan detenidos.

Ella dijo algo sobre el cuerpo
pero no puedo recordarlo.

El alma se atardece con el día, aunque
supera el rumor creciente de cogollos
y chicharras con su runrún de frustraciones
vociferantes. Y es que cada amanecer tiene
su propósito, que se desdibuja con el andar
cansino del día, con su arrastrar metálico
para llegar a la noche ya sin memoria, sólo
ese regusto, esa oscura y velozmente
desaparecida intuición de incompletud.

Ella dijo algo sobre el cuerpo
pero no puedo recordarlo.

Se rehoga a diario la lengua contra
el aceite hirviendo del lenguaje, un oleoso
incendio de vejez anticipada. Palabra que
escribe, cae en desuso antes de pronunciarla.
Hay una carcajada loca acompañando
todo intento. No sabe si es ella o lenguaje
quien ríe, aunque sospecha que por la
amargura que le supone el acto, no es
suya esa sonoridad alterada. Otra vez, la
carcajada y el abismo entre el principio
y el fin. Ojalá hubieran puentes de una
sola orilla, eso sería, para ella, poesía.

Y algo del cuerpo le fue dicho, algo
de su consumación, de su ausencia,
de su desaparición, pero
no puede recordarlo.
**
La danza

1
Una danza el amor, en la que cambia
la coreografía a cada paso. No hay certezas
con los años, las figuras se aprenden
en la práctica, aunque nunca han variado.
No es preciso entender, solo copiar
la regularidad de su dibujo, hacer
lo que todos: mantenerse en movimiento.

2
Y la música. Se escucha y no,
como cuando se dice sí,
con la cabeza y con furia se piensa
otra cosa. Y sentimos el asesinato
escocer los dedos.

3
A veces, la danza se interrumpe. Puede
hacerlo un instante o más, pero siempre
parecerá una vida.
***
ENTREVISTA
(Fuente: confinesdigital.com)

"Poesía es mi madama”

Macky Corbalán (Cutral Có, Neuquén, 1963) es una de las poetas argentinas más destacadas de su generación. Autora de una obra rigurosa, de intensa experiencia con el lenguaje, se destaca por su impecable escritura, delicada y feroz, pero también por su compromiso político y ético. Activista en grupos de lesbianas feministas, ha formado parte de las movidas que transformaron radicalmente la escena cultural de Neuquén y Río Negro, en especial complicidad con Raúl Mansilla. “Mi idea de la poesía, que no predico ni enseño, es que es una marca de intensidad en el lenguaje; como el verde de la planta en el paisaje. Es una forma de transformar el mundo, pero no una forma cualquiera, para mí es la forma, porque se centra en la cuestión del lenguaje. El lenguaje no nos hace humanos, sino el afán por el lenguaje”, asegura; y destaca que “Agua y fuego es el significado de Cutral Có en mapuche, elementos que, irreductibles en su contradicción fundante, crían a sus hij@s en la contención abrasadora de la vehemencia y el desenfreno. Poesía es mi madama, lo central de mi bio, el resto: anécdotas mínimas, afanes exiguos del vivir”. Esta entrevista para Confines – El Extremo Sur fue realizada a fines de abril, cuando Corbalán asistió en Comodoro Rivadavia a la presentación del número 8 de la plaqueta de poesía Peces del desierto.
Por Luciana Mellado, Mónica Baeza y Jorge Maldonado ◄

En tus libros y lecturas se traman y tensan muchas imágenes sobre la poesía en general y tu práctica poética en particular. ¿Podrías desarrollar tu perspectiva sobre este punto y contarnos hacia dónde creés que se dirige tu poesía, qué camino elige?
Creo –con una heterodoxa fe personal, que no busca evangelizar– en una poesía del momento, conjugada en un continuo presente. No tengo aspiraciones, no tengo objetivos ni finalidad con la poesía. Poesía es sinónimo de vida, de vida en el lenguaje; marca de intensidad suprema en el lenguaje, alejándolo de su ser primero: lenguaje del poder. Durante mucho tiempo pensé que era un arte separado de mí, y un arte en que privilegiaba la mirada. Concebía el poema como una manera de mirar el mundo y de situarse en él; aprendía de esa mirada. Después, a medida que fui creciendo en lucidez, me di cuenta de que no había diferencia entre respirar, comer, nutrirme, dormir y la poesía. Es entonces un arte orgánico, parte de mi organismo como entidad global y de todos sus aparatos.

 ¿Cómo fue evolucionando tu  práctica de la poesía a lo largo del tiempo, y tu manera de vivir junto con eso?
No hay ninguna decisión de mi vida que no pase por la poesía. Ella decide y, de alguna manera, me lo hace saber. Cuento una anécdota a manera de ejemplo. Tiempo atrás, estuve un par de años sin trabajo, pasándola muy mal –mi edad coincide con la generación que sufrió la flexibilización laboral de Menem, caí justo en esa época aciaga–. Trabajaba en diarios y me despidieron.  Entonces, hice de todo: vendí libros por las calles, cobraba cuotas de los planes de autos, atendía en una panadería medio tiempo. Cuando estaba en esa panadería trabajando, empecé a escribir cartas de solicitud laboral con muchos destinos y me enteré de que había una posibilidad de rendir en el Poder Judicial. En Neuquén, los judiciales tienen sueldos mayores que el resto de la Administración pública. Tenía mi título de trabajadora social y me presenté junto a un centenar de personas. Rendí una serie de pruebas y me fue muy bien, aunque yo tenía mis dudas. Finalmente gané uno de los puestos concursados; recuerdo que después estuve todo un mes huyéndole al oficial de justicia que me iba a notificar del trabajo. En todo ese tiempo me empezó a acosar la idea de que si ingresaba en una estructura tan cerrada, eso iba a afectar mi poesía. Yo no tenía un trabajo fijo, no tenía obra social, no tenía nada, hasta que un día me mandaron con un policía la notificación, y me notifiqué que no, que no lo iba a aceptar. Hoy en día estaría ganando un sueldo muy bueno, pero estoy segura de que yo no sería la misma si hubiera aceptado ese trabajo. Y esa decisión la toma la poesía, no yo.

¿Todas las decisiones vitales de tu vida han estado marcadas de esa manera?
Tengo la sensación de que la Poesía me guía a través de los textos. Como ciega, necia y sorda no me puede decir directamente: “ey, necesito de vos esto”, entonces te lo indica a través de los textos. Es en ese momento en que me doy cuenta, conscientemente, que llego a un límite, que necesito averiguar más sobre determinados temas. Esa búsqueda y reflexión me van cambiando, me van modelando, entonces, por ejemplo, me enloquezco hasta que leo todo Blanchot,  o Celan, o Nelly Sachs. Después, puede suceder que creo sentir que la Poesía me pide escribir versos cortos, con mayor carga de imágenes… y así. Todo a través de la lectura, la poesía y la práctica.

Además de tu práctica de escritura como hecho vital y central en tu vida, ¿en qué otras militancias sentís que te has comprometido a fondo junto con la poesía?
El mismo impulso me llevó a formar parte de un grupo de lesbianas feministas, como fue Fugitivas del desierto (hppt://lesbianasfugitivas.blogspot.com). En Fugitivas estaba fuertemente la poesía metida junto con la praxis política de acciones callejeras y de búsqueda de mayor libertad en la vida. Lo que hace poesía en mi vida en ese movimiento siempre indicando el camino de la liberación. 
En general, mi idea de la poesía, que no predico ni enseño, es que es una marca de intensidad en el lenguaje; como el verde de la planta en el paisaje. Es una forma de transformar el mundo, pero no una forma cualquiera, para mí es la forma, porque se centra en la cuestión del lenguaje. El lenguaje no nos hace humanos, sino el afán por el lenguaje.
La Poesía es un centro irradiador de intensidad único, de intensidad expresiva. Hasta llego a pensar que por la Poesía podría prescindir del lenguaje tal como lo conocemo. Poesía, veo su historia y es siempre una historia alejada del poder, y no sólo eso sino sobre todo en contra, encarnizada contra el poder, contra el Orden instaurado por el lenguaje. Y sigo viendo con mucha fascinación y contento, que sigue siendo así. Me parece que todas y todos los poetas de alguna forma oscura y muy confusa entrevemos que nos sigue dirigiendo la vida, con visiones, con imágenes, con epifanías, con música, pero nos sigue impulsando hacia un abismo dichoso. Acaso el súmmun expresivo sea la iluminación, el tránsito de una cosa a otra.

La poesía, tal como la describís, irreductible a ser sólo un modo de escribir, un género o un mecanismo discursivo, encarna una pulsión vital que reafirma la diferencia entre el literato y el poeta, y complejiza el vínculo con el lenguaje. Pensar la poesía en estos términos te empuja a pensar adónde, desde dónde, hasta dónde llega. Cuáles son, si existen, sus fronteras.
La diferencia entre el literato y el poeta está en vivir o no la pulsión vital. Si no te entregás sos un literato, no hay pulsión vital. Hay simulacro. Es como dice Meschonnic (Henri): para él la literatura es eso que asimila lenguaje y vida. Vibración vital es la poesía. 
Me interesa esto del antes y del después, no creo que existan en poesía estas categorías, pero si yo tuviera que inventar algo para acercarme a lo que pienso, sería decir que la Poesía opera en un exterior del lenguaje y desde ahí, como una guerrillera, una terrorista, ataca lo que tiene de hueco, de simulacro, de representación, una y otra vez. No soy yo la que habla a través de la poesía, soy hablada por ella. Decir que la Poesía me habla, es decir, la Poesía me vive.

 ¿Hay alguna significación real para la poesía de las fronteras, los límites geográficos?
Con respecto a las fronteras, no creo en ellas. No creo en los límites geográficos, no creo en ningún tipo de límites. Creo que hay límites que se respetan por una cuestión de supervivencia y sobre todo de costumbre pero no creo en las entelequias del poder. La poesía va a usar todos los disfraces que necesite para seguir operando desde lo subterráneo para socavar el poder. Nelly Richard, teórica chilena, en un encuentro de feministas habla de “un conjunto de intensidades”,  me gusta esa expresión para la poesía, poesía como un conjunto de intensidades, de prácticas, pero una intensidad no para seguir con un estado de cosas sino para implosionarlo, para hacerlo estallar. Veintiún siglos y seguimos sin tener en claro que es poesía, no se la puede agarrar, es imposible atraparla, circunscribirla, cada cual tiene su opinión, su práctica, la vive o no. Lo único que sé es que a diario me despierto dichosa porque me siento bendecida de que la poesía esté en mi vida.

 Señalaste la necesidad de construir la crítica como única posibilidad  de trazar puentes de memoria, vincular las prácticas poéticas y culturales entre generaciones. Sobre este espacio de las continuidades, del conocimiento en común y los proyectos grupales se funda una cartografía regional que nos une, pero que no siempre conocemos. ¿Es posible trazar un mapa de tus propias experiencias en lo que podríamos llamar campo cultural o literario de la Patagonia Norte, o más concretamente en Neuquén, durante las últimas décadas?
 Hago memoria. Cuando  llegué desde Cutral Có a Neuquén capital para estudiar era un imperativo social ir a estudiar a la Universidad, si es que eras de clase media. Elegí la carrera de Contador Público, pero siempre fui una apasionada lectora. No sé de dónde viene esta pulsión, puede haber construcciones culturales y familiares que te lleven a eso. En mi familia siempre se leyó, pero otro tipo de literatura, se leían más revistas, por ejemplo. Yo iba con mis cuadernitos y algunos libros seleccionados de los que me compraban mi papá y mamá por correo (antologías, colecciones del Centro Editor de América Latina, Losada, etc.). Yo les pedía poesía, estaba desesperada por poesía, no me pregunten por qué, porque podría haber derivado para cualquier lado. Llego con un bagaje chiquitito a Neuquén. Entonces, una de mis amigas del departamento que alquilábamos entre seis, se pone de novia con Raúl Mansilla, el poeta. Conocernos fue pegar onda instantánea, y la generosidad legendaria de Raúl ahí se puso en movimiento: me trajo libros y libros, me hizo música, todo tipo de materiales, me empezó a presentar a otros/as poetas. Estamos hablando de mediados de los 80.

 ¿Cómo era esa época en Neuquén, y cómo incidió en ustedes la transición política y cultural de la dictadura a la democracia?
Estar cerca de Coirón me abrió a un mundo nuevo. Salieron pocos números de la revista, pero era una actividad que no estaba separada de la práctica en la calle, de enlazar práctica poética y política. Cada vez que hubo una pulsión por juntarse entre los poetas, siempre tuvo que ver con leer ciertas atmósferas políticas que van encarnando en esos proyectos. Entonces, acompaño el proceso de la última Coirón, donde estaban Raúl Palma Moreno, Brion, Sarachu, Mercedes Rolla, Clara Vouillat, Nélida Vescovi, María Elena Lastra, entre otros. Terminada esa etapa, más cerca de los 90, formamos Poesía en trámite. Empezamos a dar talleres, con Mansilla, en un centro cultural que se llamaba Simón Bolívar, donde se hacía arte político, música, peñas, toda esa onda acorde con la recuperación de la democracia. Se forma Poesía en trámite, grupo con que el que hicimos un montón de lecturas, performances callejeras, espectáculos. Éramos más de veinte: Gabriela Prado, Mariela Lupi, Ángela Jerez, Gerardo Burton, Osvaldo Salas, Ricardo Costa, Raúl, yo, Aldo Novelli, etc.

 Ahí comienza entonces una etapa más profundamente política y de poner el cuerpo en la calle.
La consigna de Poesía en trámite era el arte en la calle y los recitales de poesía, leer mucha poesía. Siempre hacíamos puestas más teatrales, escenográficas, buscando que la lectura fuera un hecho estético en sí. Fue un grupo bastante reconocido, nos invitaban de todos lados y también tuvimos una pequeña publicación; fue una experiencia riquísima de poner tu poética a jugar con otras y desde allí devenir. Después de esa experiencia, notamos que repercutió en lo que escribíamos porque compartíamos lecturas, cada uno venía de distintos lugares y compartíamos muchas lecturas. Ya en el año 2000 aparece esta necesidad nuevamente, a través de una propuesta de la enorme poeta Susana Villalba. En Buenos Aires se estaba armando un proyecto de Casa Nacional de la Poesía, y nos llamó para proponernos una suerte de sede neuquina. Pensamos que era el momento de volver a juntarse y generar algunas cosas. Casa de la Poesía Neuquén hizo numerosas lecturas y dio talleres, se hizo un concurso poético también y se sacó un libro. Desde la disolución de aquel proyecto no ha habido en Neuquén grupos poéticos mixtos y grandes, que planeen juntos espectáculos, que compartan lecturas, que discutan poéticas. Estuvo sí el grupo Celebrios (encabezado por Raúl Mansilla) pero donde todos eran poetas varones, muy involucrados en recuperar lo oral y performático de la poesía. Este recorrido por los grupos poéticos de la Patagonia norte nos sirve para ver desde el big picture cómo van enlazándose con procesos históricos, culturales y políticos, con el movimiento de los pueblos. Quizás alguna / os en ese momento no lo vemos, y -en algún nivel menos cerca de la conciencia-, parece que fuera el cuerpo el que los interpretara el cuerpo y el que te mandara a la acción. De esa experiencia quedan maduraciones de poéticas y sobre todo amistades.

¿En qué proyectos de escritura estás trabajando ahora?
Actualmente estoy con tres proyectos escriturales abiertos, atravesados por tres temas: “Ritmo, Lenguaje y Poder”. Para ello, me sumergí en un montón de lecturas... y llega un momento en que te decís: “voy a compartir esas lecturas” porque si no lo hacés, sí que sos una voz predicando en el desierto.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Malos tiempos para la lírica

Golpes bajos
Tomada de imagenesdeposito.com

(Tema de Germán Coppini y Teo Cardalda)


El azul del mar inunda mis ojos,
el aroma de las flores me envuelve,
contra las rocas se estrellan mis enojos
y así toda esperanza me devuelve.
Malos tiempos para la lírica.

Las ratas corren por la penumbra del callejón,
tu madre baja con el cesto y saluda,
seguro que ha acabado tu jersey de cotton
...puedes esbozar una sonrisa blanca y pura.

Malos tiempos para la lírica.

Seguro que algún día cansado y aburrido
encontrarás a alguien de buen parecer,
trabajo de banquero bien retribuído
y tu madre con anteojos volverá a tejer.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Nada que pudiera encontrarse en el arte de la guerra

ALICIA GENOVESE

(Buenos Aires, Argentina, 1953)
(De Archivo)

GRABARÉ EN LA ROCA

he perdido el gesto de escribir
como quien graba en una roca

escritura vulnerada
en los cambios de persona
de escenario
martillada
en las desazones
en la pesadilla insistente
donde reptiles asaltan

el cuerpo se mueve por descargas
como letra manuscrita
ya no la imagen brillante
la contundencia de la roca

(De Anónima, Último Reino, 1992)
**
MUSEO VI (Giotto)
a María del Carmen Colombo

a la capilla degli Scrovegni
entra el Giotto

la señora de la feria
vestida de Magdalena
dice:
¡cómo puede ser
todo tan caro!

el ragazzino amable
de ojos almendrados
le habla a la gente como Cristo
(la humedad desteñirá su túnica)

un burro ocioso
monta el fresco
hacia Belén

lengua morada por infierno
la pincelada seca rápido ¡cazzo!

(de "Museos", Anónima)
***

LA OBTURACIÓN

más tarde volverá
a escribir
lo que ahora tacha
dejará de pelear
quizá olvide lo tachado
pero no aquel movimiento
donde la memoria
empuja ciega
sobre el silencio de lo borrado
se reanuda
hojas retoñan
en el tallo del rosal
la poda dejó cortes al sesgo

la luz del jardín amplifica
no selecciona
no descarta

(de "Arte poética", Anónima)

**

Para permanecer
saber del agua.    

La orquídea para vivir
necesita convencerse
de que puede morir

ni sol directo
ni agua anegadiza
la media sombra asfixiante
de la selva tropical
la sola humedad.

Desde su retiro, lejos
de aguaceros la orquídea
elige el resplandor,
el aire denso
y agua de nubes
filtradas por el bosque
como por un lienzo.

La perfección sensible
de esa vara
tolera más la falta
que el exceso.

De Aguas, Ed. Cuadro de tiza, Chile, 2012
***
LA ESTRATEGA                  

Mover las sombras es lo que se hace
cuando no es posible discernir lo que
está pensando el adversario.                                                                
MIYAMOTO MUSASHI

Fingir un ataque poderoso
para conocer en las reacciones
la intención del otro;
es lo que un maestro oriental llama
mover las sombras.

Pero no hubo respuestas;
los ejércitos no se desplegaron
en escuadra,
los barcos no izaron sus velas
en el viento de la furia,
ni partieron columnas de avanzada,
con sus petos inclinados
y su andar sigiloso.
Ningún guerrero solitario
saltó por detrás de la espesura
con una verdad afilada
como un sable legado por ancestros.

Nada que pudiera encontrarse
en el arte de la guerra;
apenas una contenida alteración
y unas palabras suaves
en el camino de los ojos;
sólo la palidez de quien intenta
relajar su movilidad;
una fineza experimentada
en el combate, que distingue
la clase de golpes,
por el pulso del corazón.

Un peligro mayor
deshacía su estrategia
y la del maestro oriental;
le descomprimía los músculos
y la invadía
con una inequívoca exudación;
estaba siendo amada,
más aún, debía aceptarlo.

De La Hybris, Bajo la luna, 2007
**

CRUZAR un puente
en tierra extranjera
no es costoso
no acarrea pasado;
cada tramo suelta una amarra
como un desecho
de inútil identidad
cada lugar donde amaneces
reclama el cuerpo,
su piel nocturna empacada
junto con sábanas y trastos,
despegada. Rielar
en la materia nueva que se interroga
y devuelve descontrolado
el propio yo

El puente es el lugar del nómade
la única construcción que se permite
su fuga, su visa
su salvoconducto

De Colorado recuerdo
un pueblito fantasma
abandonado al correrse
la frontera del oro:
mecedoras quietas en los porches
sin peso, sin cuerpos;
carril de detención,
en tu zona de baja velocidad
tu pueblito fantasma,
espacio sobrecargado
y nadie, lugares
de mala combustión
retardo, retorno
al paisaje ausente,
sustancia que no termina
de entenderse con el agua
ni se deja dócil traspasar

Pasos del Riachuelo,
garganta de agua pesada
que me vuelve costosamente a mí
(...)

A la pensión de San Cristóbal fueron
de civil, de casualidad
no estaba y ese mismo día
me mudé, dormí
en casas de amigos
que después fui perdiendo
Alrededor se deshacía
el espacio urbano
en centros y campos inhallables
de detención
Lo poco que nacía
parecía deshecho
en cada esquina, un patrullero
(...)

Y cómo se construyen puentes
hacia adentro,
hacia el agua sumergida
por esos gestos diarios, hoscos
o cerrados mostrándose amables
cómo hacia ese territorio submarino
renuente y ríspido
como un arrecife;
rojizos blancos
violáceos corales, sosegadas
hojas paleozoicas
que hieren al menor roce
Si un cuerpo sumergido
cuidadoso atraviesa la zona áspera
trae en su aire
el amarillo encendido de los peces
aterciopelados azules;
colores inexplicables
de intercambios enlazados
al tejido vivo;

pero el amor
es un raro acontecimiento

un cuerpo es un puente
en otro cuerpo
y las palabras
impensadas aparecidas, puentes

el resto una superficie alisada
durante meses
por la noche polar
una capa de hielo capaz de sostener
a una persona, a un elefante marino
y su familia
Dureza aplanada
que no resiste
si un susurro
se filtra
y abre
un puente:
tonos apenas audibles
que se criban
como granos orgánicos
para alimentar lo que sobrevive
a la lisura, ese desierto antártico
de formas;

estar
ahí abajo

como un bichito de bajas temperaturas
en su iglú, su casa en el polo
atenta
a que el hielo se cuartee
y anuncie
el cambio de estación:
un susurro, un puente;

para el cuerpo deshidratado por la invernada
puentes

(fragmentos de Puentes)

viernes, 12 de septiembre de 2014

Levanta una cortina de humo la Bandera de Chile

ELVIRA HERNÁNDEZ

(Lebu, Chile, 1951)


LA TOMA DE LA BANDERA

Nadie ha dicho una palabra sobre la Bandera de Chile
en el porte     en la tela
en todo su desierto cuadrilongo
no la han nombrado
La Bandera de Chile
ausente

La Bandera de Chile no dice nada sobre sí misma
se lee en un espejo de bolsillo redondo
espejea retardada en el tiempo como un eco
hay muchos vidrios rotos
trizados como las líneas de una mano abierta
se lee
en busca de piedras para sus ganas

Una ignorancia padre aurea a la Bandera de Chile
no importa ni madre que la parió
se le rinden honores que centuplean los infalibles mecanismos
incipiente la Bandera de Chile allí
cien .......... doscientos,......... novecientos
no tiene en otros el territorio de sus propios eriazos
no tiene en otros el fósil de su olla común
no tienen no tienen hasta decir so de colores andrajos
no tienen .......... no tienen ......... no son

La Bandera de Chile se parte en banderitas para los niños y saludan.

La Bandera de Chile es un pabellón dijo un soldado
........... y lo identifico y lo descubro y me descubro
..............................del Regimiento de San Felipe
dijo soñaba el pabellón mejor que su barraca
................................ dijo dijo dijo tres dormitorios
ducha de agua caliente cocinilla con horno
.............................. aplaudieron como locos los sin techo
................................La Bandera de Chile

Levanta una cortina de humo la Bandera de Chile
asfixia y da aire a más no poder
.......................................... es increíble la bandera
no verá nunca el subsuelo encendido de sus campos santos
..........................los tesoros perdidos en los recodos del aire
..........................los entierros marinos que son joya

veremos la cordillera maravillosa sumiéndose en la penumbra

............. ficticia ríe
....................... la Bandera de Chile


..................... En otros tiempos
representa la Bandera de Chile
un 15% allí donde brilla la estrella para el 10%
representa
de blancos un 20% de muy pálidos
representa la Bandera de Chile en rojos La Bandera de Chile
.........................nunca el 100% nunca
................el 100% del blanrrozul compacto
......................................hoy


Come moscas cuando tiene hambre La Bandera de Chile


en boca cerrada no entran balas

se calla


allá arriba en su mástil.

La Bandera de Chile es exhibicionista por naturaleza


A la Bandera de Chile la tiran por la ventana
la ponen para lágrimas en televisión
clavada en la parte más alta de un Empire Chilean
en el mástil centro del Estadio Nacional
pasa un orfeón .......... pasa un escalón
dos tres cuatro
La Bandera de Chile sale a la cancha
en una cancha de fútbol se levanta la Bandera de Chile
la rodea un cordón policial como a un estadio olímpico
(todo es estrictamente deportivo)
La Bandera de Chile vuela por los aires
................................. echada a su suerte


De LA BANDERA DE CHILEEditorial Libros de Tierra Firme, 1991

jueves, 11 de septiembre de 2014

Como lo arriesgó Adán

DENISE LEVERTOV
La guerra: Jackson Pollock

(Inglaterra, 1923-EE.UU., 1997)

OTRA PRIMAVERA

En la boca dorada de una flor
el olor negro de la tierra en primavera.
Basta de cráneos en el escritorio
solo el estudio
generalizado de la muerte -¿como si hicieran
falta nuevas maneras de morir? No,
no hacen ninguna falta
nuevas maneras de morir.
La muerte en nosotros sigue
probando el riesgo
salvaje de vivir
como lo arriesgó Adán.
Boca-dorada, la sonrisa torcida
de la luna hacia el oeste
en la ventana negra,
Calavera* de Primavera.
¿No me entendés?
Hablo de vivir,
de moverse de un momento
al otro, y al que viene
después, respirando
la muerte en el aire de la primavera, sabiendo
que aire también quiere decir
música para cantarle.

*N de la T: en español en el original.
**
NOTHER SPRING

In the gold mouth of a flower
the black smell of spring earth.
No more skulls on our desks

but the pervasive
testing of death – as if we had need
of new ways of dying? No,

 we have no need
of new ways of dying.
Death in us goes on

testing the wild
chance of living,
as Adam chanced it.

Golden-mouth, the tilted smile
of the moon westering
is at the black window,

Calavera of spring.
Do you mistake me?
I am speaking of living

of moving from one moment into
the next, and into the
one after, breathing

death in the spring air, knowing
air also means
music to sing to.

(de "Poems 1960-1967", New Directions Publishing Corporation, 1987.)
Versión en castellano de Sandra Toro

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Tú eres el más triste, por ser el más querido




DELMIRA AGUSTINI
(Uruguay, 1886-1914)

MIS AMORES

Hoy han vuelto.
Por todos los senderos de la noche han venido
A llorar en mi lecho.
¡Fueron tantos, son tantos!
Yo no sé cuáles viven, yo no sé cuál ha muerto.
Me lloraré yo misma para llorarlos todos.
La noche bebe el llanto como un pañuelo negro.

Hay cabezas doradas a sol, como maduras...
Hay cabezas tocadas de sombra y de misterio,
Cabezas coronadas de una espina invisible,
Cabezas que sonrosa la rosa del ensueño,
Cabezas que se doblan a cojines de abismo,
Cabezas que quisieran descansar en el cielo,
Algunas que no alcanzan a oler a primavera,
Y muchas que trascienden a las flores de invierno.

Todas esas cabezas me duelen como llagas...
Me duelen como muertos...
¡Ah!... y los ojos... los ojos me duelen más: son dobles!...
Indefinidos, verdes, grises, azules, negros,
Abrasan si fulguran,
Son caricias, dolor, constelación, infierno.

Sobre toda su luz, sobre todas sus llamas,
Se iluminó mi alma y se templó mi cuerpo.
Ellos me dieron sed de todas esas bocas...
De todas estas bocas que florecen mi lecho:
Vasos rojos o pálidos de miel o de amargura
Con lises de armonía o rosas de silencio,
De todos estos vasos donde bebí la vida,
De todos estos vasos donde la muerte bebo...
El jardín de sus bocas venenoso, embriagante,
En donde respiraba sus almas y sus cuerpos,
Humedecido en lágrimas
Ha rodeado mi lecho...

Y las manos, las manos colmadas de destinos
Secretos y alhajadas de anillos de misterio...
Hay manos que nacieron con guantes de caricia;
Manos que están colmadas de la flor del deseo,
Manos en que se siente un puñal nunca visto,
Manos en que se ve un intangible cetro;
Pálidas o morenas, voluptuosas o fuertes,
En todas, todas ellas, puede engarzar un sueño.

Con tristeza de alma,
Se doblegan los cuerpos
Sin velos, santamente
Vestidos de deseo.

Imanes de mis brazos, panales de mi entraña
Como a invisible abismo se inclinan a mi lecho...

¡Ah, entre todas las manos yo he buscado tus manos!
Tu boca entre las bocas, tu cuerpo entre los cuerpos,
De todas las cabezas yo quiero tu cabeza,
De todos esos ojos, ¡tus ojos solos quiero!
Tú eres el más triste, por ser el más querido,
Tú has llegado el primero por venir de más lejos...

¡Ah, la cabeza oscura que no he tocado nunca
Y las pupilas claras que miré tanto tiempo!
Las ojeras que ahondamos la tarde y yo inconscientes,
La palidez extraña que doblé sin saberlo,

Ven a mí: mente a mente;
Ven a mí: ¡cuerpo a cuerpo!

Tú me dirás qué has hecho de mi primer suspiro,
Tú me dirás qué has hecho del sueño de aquel beso...
Me dirás si lloraste cuando te dejé solo...
¡Y me dirás si has muerto!...

Si has muerto,
Mi pena enlutará la alcoba lentamente,
Y estrecharé tu sombra hasta apagar mi cuerpo,
Y en el silencio ahondado de tiniebla,
Y en la tiniebla ahondada de silencio,
Nos velará llorando, llorando hasta morirse
Nuestro hijo: el recuerdo.
**
BOCA A BOCA

Copa de vida donde quiero y sueño
Beber la muerte con fruición sombría,
Surco de fuego donde logra Ensueño
Fuertes semillas de melancolía.

Boca que besas a distancia y llamas
En silencio, pastilla de locura
Color de sed y húmeda de llamas...
¡Verja de abismos es tu dentadura!

Sexo de un alma triste de gloriosa;
El placer unges de dolor; tu beso,
Puñal de fuego en vaina de embeleso,
Me come en sueños como un cáncer rosa...

Joya de sangre y luna, vaso pleno
De rosas de silencio y de armonía,
Nectario de su miel y su veneno,
Vampiro vuelto mariposa al día.

Tijera ardiente de glaciales lirios,
Panal de besos, ánfora viviente
Donde brindan delicias y delirios
Fresas de aurora en vino de Poniente...

Estuche de encendidos terciopelos
En que su voz es fúlgida presea,
Alas del verbo amenazando vuelos,
Cáliz en donde el corazón flamea.

Pico rojo del buitre del deseo
Que hubiste sangre y alma entre mi boca,
De tu largo y sonante picoteo
Brotó una llaga como flor de roca.

Inaccesible... Si otra vez mi vida
Cruzas, dando a la tierra removida
Siembra de oro tu verbo fecundo,
Tú curarás la misteriosa herida:
Lirio de muerte, cóndor de vida,
¡Flor de tu beso que perfuma al mundo!
**
LAS ALAS

Yo tenía...¡dos alas!

Dos alas,
Que del Azur vivían como dos siderales
¡Raíces!
Dos alas,
Con todos los milagros de la vida, la Muerte
Y la ilusión. Dos alas,
Fulmíneas
Como el velamen de una estrella en fuga;
Dos alas,
Como dos firmamentos
Con tormentas, con calmas y con astros...
¿Te acuerdas de la gloria de mis alas?...

El áureo campaneo
Del ritmo; el inefable
Matiz atesorando
El Iris todo, mas un Iris nuevo
Ofuscante y divino,
Que adorarán las plenas pupilas del Futuro
(Las pupilas maduras a toda luz!...) el vuelo...

El vuelo ardiente, devorante y único,
Que largo tiempo atormentó los cielos,
Despertó soles, bólidos, tormentas,
Abrillantó los rayos y los astros;
Y la amplitud: tenían
Calor y sombra para todo el Mundo,
Y hasta incubar un más allá pudieron.

Un día, raramente
Desmayada a la tierra,
Yo me adormí en las felpas profundas de este bosque...
Soñé divinas cosas!...
Una sonrisa tuya me despertó, paréceme...
¡Y no siento mis alas!...
¿Mis alas?...

-Yo las vi deshacerse entre mis brazos...
¡Era como un deshielo!
**
Imagen: Auguste Rodin: La Danaïde.

martes, 9 de septiembre de 2014

Escapo de un rayo de luz que intenta tocarme hago equilibrio

DANIELA PASIK
(Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 1974)



Reina de la cantina

A las cosas las voy dejando de a poco y en general
miro el salón sin ver sólo para que sepan:
desatiendo a propósito a los que piden más
no hay sal, pan ni bendición esquivo demandas
enfoco la ventana y empieza a llover porque distingo
cómo se moja el pelo de la gente en la calle
nadie trajo paraguas, es que esta mañana
la idea original fue que salga el sol pero ahora
se nubló todo me acomodo en la banqueta incómoda
escapo de un rayo de luz que intenta tocarme hago equilibrio
apoyada en la barra noto cómo se hace lugar entre las varillas
mugrosas de la persiana que cierro no puedo con esto hoy.

Dejé la carne que es roja y la que cae de mis dedos
ya no la como no me muerdo los restos no me gusta
dejé eso afuera donde flotan fotos viejas
falsos retazos profetas pasan tachos cuadernos
ideas basura nada
un perro entre los autos.

Trabo la puerta me quedo un rato
con estos que viajan hacia ningún lugar pero cada tanto paran
en bares de carreteras perdidas y siempre
aceptan un poco más de café. Esta es mi cantina
sirvo la bola mazacote con tuco y agua turbia
trago con el resto no me interesa si vuelven
hace un rato regalé para el que sepa ver el momento
antes de la tormenta es mágico el mundo
parece estar en pausa aunque el viento
mueva los árboles y también les di el gusto de oír
la primera gota cuando toca una baldosa
puc
se rompe
después cae otra.

Si no les gusta salgan váyanse ahóguense también los dejo
tengo que volver a casa para que se haga de noche
y repasar la lista de cosas importantes que conseguí tener son
pros y contras sin casilleros no sé qué va en cada columna tazas grandes
de sopa o infusiones shots de whisky que dejé para retomar
dos gatos juego de copas rotas charlas pendientes
música en un servidor de internet la imagen reflejada

una decisión: dejo que salga o no el sol mañana.
**
Imagen: tomada de revista dinamo.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Pues qué esperaban

CRISTINA MORANO
Tomada de talent.paperblog.com

(Madrid, España, 1967)

Señoras

Por las mañanas acostumbro
a pasar por la cafetería,
me tomo dos cafés –uno contra mi espalda–
entre las limpiadoras que se duermen
sobre su propio desayuno.

Al otro lado de la barra
conversan las señoras,
las dueñas de las tiendas de mi barrio;
se llaman por teléfono,
son admiradas por ejecutivos,
hacen planes para pintarse las uñas.
Sus ojos no contienen desamparo,
sus cerebros no se deshacen
enhebrando palabras, ni átomos, ni perlas.
Las sigo y compro el Marie Claire,
las imito, finjo que soy respetable
en la cola del supermercado.
**
Los asesinos
 02

Qué feos los agonizantes:
la ropa revuelta, el pantalón caído
y esa lengua azul, fuera de la boca,
un palmo fuera de la boca.
Mas lo curioso son sus ojos,
con las pupilas dilatadas
como si el sitio adonde van
no tuviera luz.
                           Pues qué esperaban.
**
Emilia: madre de la autora

Mido metro y medio
pero mis pies calzan un 38;
me hicieron así para afianzarme
sólidamente sobre el suelo;
más que andar, deslizo el mundo.
Son grandes barcos
mis pies. No me tambaleo:
aguanto. Lo que más me gusta
es ver por la tele los campeonatos
de patinaje artístico.

He vivido ¿por qué?
He limpiado la casa donde nací
desde que nací. La heredarán
mis hijos: menudos piezas.
Paco es alto: calza un 46
pero es un pájaro o una flauta,
parece no casar bien con el mundo.
A Cris le puse nombre de reina,
a veces trata la gente como a súbditos;
ni su alma se ha librado del látigo.

Los hijos son poca cosa…
las casas, la calle del mercado,
los hospitales donde me han abierto
y me han cosido; de todos ellos saliendo
por mi propio pie, siempre;
ese esfuerzo: para sangrar de nuevo
tantas vueltas.
Las vueltas que hay que dar
para poder morirse.
**

No. No me incluyáis entre los que siguieron
su Palabra. No repetiré el gesto de los ganadores.
Rebajas de verano. Versos blancos. Espigas.
-Lloverá durante cuarenta días y cuarenta noches,
construirás un arca.
-No.

domingo, 7 de septiembre de 2014

“Un viejo que no sabe morir es un golfo”

HENRI MICHAUX 

(Namur, Bélgica, 1899-París, Francia, 1984)

LOS INACABADOS

Rostro que no dice, que no ríe
que no dice ni sí ni no
Monstruo.
Sombra.
Rostro que tiende
que va
que pasa,
que lentamente hacia nosotros brota
rostro perdido.
*
LES INACHEVÉS

Visage qui ne dit qui ne rit / qui ne dit ni oui ni non. / Monstre. / Ombre. / Visage qui tend, / qui va, / qui passe, / qui lentement vers nous bourgeonne... / Visage perdu
**
ENTREVISTA
Por Vincenzo Caballero 

Me lo encontré una agradable tarde otoñal en un puesto de los bouquinistes de la Rive Gauche, ya casi al final de los quioscos, llegando a la convergencia del boulevard Saint Germain. Había oído decir que él había estropeado su salud con el uso de alucinógenos. Sin embargo, salvo por cierta mirada algo desorbitada, como de miope, y su nervioso fumar, nada parecía delatar ese pasado. Rostro de rasgos acusados, un tanto germánico (había nacido en Bélgica), sin duda irradiaba una fuerte personalidad dentro de un físico un poco frágil.

¿Le hablo, o no le hablo…? Mi eterna inseguridad me hacía oscilar entre la emoción del encuentro y el deseo de entablar conversación, y el temor a resultarle molesto, a ser desairado. Pero es curioso cómo el estar en tierras ajenas lo libera a uno de inhibiciones. Se hace con naturalidad lo que en casa propia se haría de un modo más elaborado: desde piropear a una mujer, hasta interpelar a un desconocido o protestar en público por un servicio mal prestado. Decidí intentar la conversación, así que lo saludé con el infaltable “bonjour, Monsieur”. (Esto era muy importante: dirigirse a un desconocido en París, y olvidar la ritual cortesía del saludo, habría sido una gaffe imperdonable). ¿Es Usted quizá Henri Michaux…?, arriesgué, sintiéndome un poco como Stanley encontrando a Livingstone en el corazón del África. Asintió, mirándome de hito en hito, intrigado sin duda por mi mal francés, y con esa expresión de evaluación distante que ponen los parisienses cuando son interpelados por un desconocido. Le dije que había leído sus obras. Mentira de cortesía, a la que respondió con un ¿Ah, sí…?, como adivinando mi exageración. Decidí llevar la conversación hacia el terreno más seguro del único libro suyo que había leído. ¿Usted estuvo en China, no…? Esas experiencias me interesan mucho, ¿sabe?…Es que soy muy aficionado a las chinerías, como decía el poeta Rubén Darío, y encontrar a alguien que haya estado en la China premaoísta, y que tenga la lucidez suya para relatarlo, no es frecuente…
–Bueno, si lo que le interesa es China, tenga en cuenta que la revolución comunista ha barrido costumbres, maneras de ser, de obrar, y de sentir establecidas por los siglos. No pocas de las observaciones mías que usted ha leído ya no son válidas. ¡Qué iba yo a presentir lo que se estaba gestando allí! Lo que parecía permanente, se ha dislocado. Yo estuve allí a principios de los años treinta…en el siglo pasado. Fíjese si pasó agua bajo estos puentes del Sena… La China que yo conocí era una nación postrada. Esa década fue la peor de la desintegración nacional. Era la época de los “señores de la guerra”: cualquier sargento de milicias, con el apoyo de bandidos y contrabandistas se constelaba el pecho de medallas de latón, se ponía unos entorchados, adoptaba una expresión feroz (indispensable en la iconografía militar china), y se convertía en dueño y señor de vidas y haciendas, en una suerte de territorio feudal. La gente vivía con miedo, con un miedo muy real. La vida humana (que nunca significó gran cosa en un país en perpetua inflación demográfica), valía menos que nada. Por eso, quizá, yo a los chinos los veía esquivos… Si pedía un informe en la calle, mi interlocutor salía disparado, como si pensase “Es más prudente no mezclarse en asuntos ajenos; se empieza por informes, y se acaba a golpes”. Además, era un país presa del más abyecto desorden: prácticamente no se podía salir de una ciudad de la China, porque a unos veinte minutos de viaje ya lo habían asaltado.

–No importa, Maestro, si precisamente lo que yo quiero es sentir el sabor renovado de aquellos recuerdos suyos, como cuando uno hojea las antiguas fotografías color sepia de los recortes de diario que juntaba el abuelo…¡Allons! ¡Cuénteme algo de aquello, aunque más no sea como una gentileza para quien no ha tenido la oportunidad de viajar tanto como Usted. Dígame, los chinos…, ¿cómo eran los chinos?
–¿Usted se refiere al hombre de la calle, el chino corriente y moliente?

–Ni más ni menos.
–Bueno, pues modesto… más bien agazapado, acolchado, se diría flemático, con ojos de detective y pantuflas de fieltro, caminando en puntas de pies, las manos entre las mangas, jesuítico, con una inocencia cosida con hilo blanco, pero dispuesto a todo. Cara de gelatina, escurridizo como un ratón, con algo de borracho y de blando, con una especie de corteza entre el mundo y él…

–¿No le dije?…¡Si hasta me parece estar viendo una de esas viejas fotografías tomadas en las calles del viejo Shanghai, con los chinos caminando a pasitos rápidos, como bamboleándose, inescrutables.
–Sí, el chino se agazapa lejos, detrás de sus ojos , en los que su ser no llega a proyectarse nunca en su totalidad…El chino tiene el alma cóncava.

–¿Y físicamente, cómo los veía Ud en su conjunto, como pueblo?
–Son un pueblo viejo, pero sano. Ningún tipo deformado o de retrasado mental. Hasta los mendigos, bastante raros, conservan ese aire espiritual y de buena sociedad tal como si fueran retoños de una vieja familia aristocrática, debilitada por enlaces cosanguíneos…

–Y las mujeres? ¿Cómo eran las mujeres?
–Ah, las mujeres chinas tienen cuerpos admirables, con el trazo de una planta, y nunca el aire de ramera que la europea adquiere con facilidad. Cuando una mujer china se ha introducido en el lecho, se necesitan muchos días para desasirse… La china se ocupa de uno, siempre abrazada a uno, como la hierba que no sabe aislarse… Se ocupa de uno, como si estuviese haciendo una cura. ¡Es tan afectuosa! Se pone al servicio de uno, sin bajeza, con tacto e inteligencia. Es como una hormiga siempre en busca de trabajo, atendiéndonos, arreglando nuestras cosas, y haciéndolo tan bien que parece que lo que ella arregla ya no se puede desacomodar. Mire, hasta durmiendo de a dos, la china es admirable. Tiene una especie de sentido de la armonía que subsiste hasta en el sueño, y que la impulsa, con movimientos apropiados, a no apartarse nunca, a subordinarse siempre a lo que sería tan hermoso, a ser dos armoniosamente…

–Me pregunté para mis adentros si esta experiencia habría surgido de algún exótico romance, o más prosaicamente entre las linternas rojas de los barrios de placer. Pero hubiera sido muy descortés preguntarlo, así que cambié de tema.
¿Y la religión de los chinos? ¿Le parecieron creyentes?
–El chino no tiene, precisamente espíritu religioso. Es demasiado modesto. Además, es hombre práctico: si se ocupa de alguien del más allá, es de los demonios, sólo de los malos, y eso cuando hacen mal. Si no, ¿para qué? Fíjese que el mismo Confucio decía que no tenía interés en indagar los principios de cosas que escapan a la inteligencia humana, ni ejecutar acciones extraordinarias que pareciesen ajenas a la naturaleza del hombre.

–Me recuerda a Protágoras, cuando decía que “el hombre es la medida de todas las cosas”…
–Tal cual. Si usted va a un templo chino, verá que el chino está perfectamente cómodo. Fuma, habla, se ríe, y consulta a los adivinos que hacen rodar palitos en una caja; retira uno, y el adivino lee la suerte en un libro de oráculos impresos.

–¿El I-Ching, tal vez?
–No, en realidad alguno de los muchos sistemas oraculares tradicionales, aptos para el consumo vulgar, más bien parecido a una lotería de vaticinios.

–Entonces, ¿cómo enfrenta el chino el inquietante misterio de la muerte?
–El chino no mira la Muerte como algo trágico. Un filósofo chino declara muy simplemente: “Un viejo que no sabe morir es un golfo”. Así lo entienden.

–Cómo piensa Usted que fundamentan los chinos su moral, esa moral que las primeras misiones cristianas destacaban?
–Los primeros misioneros cristianos se esforzaban en pintar a sus potenciales prosélitos con color de rosa; no había otra manera de conseguir que se abriera la exigua bolsa de sus benefactores europeos primero, y norteamericanos después.

–Bueno, lo hicieron también los frailes con los indios americanos, para protegerlos de la codicia conquistadora.
–En lo que hace a los chinos, la verdad es que son un pueblo con moralidad de anémicos, que necesita, como los niños, de reglas de civismo y de buena conducta, de muchos rituales. El ritual chino es una institución singular, única. Para el que tiene que convivir con muchos otros, en un hormiguero humano como aquél, los ritos no pueden ser pasados por alto. Desde el último cooli hasta el primer mandarín, tratan de no perder la cara, su cara de palo, que a ellos les gusta, y en efecto, no teniendo principios, la cara es lo que vale. Porque, dicho sea de paso, los chinos son muy sensibles: una nada los hiere. Como los niños, tienen horror a las humillaciones. El miedo a sentirse humillados es lo que los hace ser tan corteses. Para no humillar a los demás. Se humillan antes, para no ser humillados. Sonríen. “Perder la cara”, quedar en situación de ridículo, es un temor enfermizo en ellos. ¡Jamás ser el hazmerreír!  Por eso mismo , los chinos saben ofenderse como nadie, y su literatura contiene, como puede esperarse de hombres corteses y susceptibles, las insolencias más crueles e infernales.

–Pero, sin embargo, tengo entendido que, antes de la llegada del europeo, la honestidad del chino, sobre todo en el comercio, era célebre en toda Asia…
–Sin duda. Pero, por honesto que sea, al chino no le choca la deshonestidad. ¿Es deshonesta la oruga que extrae una tajada de parénquima en una hoja de cerezo? El chino no es honesto ni deshonesto. Si las circunstancias están dadas para ser honesto, adoptará la honestidad como se adopta un idioma: lo hablará con absoluta fidelidad a las reglas establecidas, incluso más que un nativo, que se daría el lujo de corromperlo con su “slang”.

–Usted es un escritor, y un sensible artista: ¿qué es lo que más le impresionó en ese campo?
–Quizá sea su música, aunque hay que acostumbrarse a esos acordes que a nosotros nos parecen un poco barulleros. Pero eso es lo netamente chino, como su afición a celebrarlo todo con petardos y detonaciones. A pesar de ese barullo, la música china es la más pacífica del mundo; ni dormida ni lenta, pero sí pacífica, exenta del deseo de guerra, de mando, exenta hasta de sufrimientos, afectuosa. Es humana, bonachona, infantil y popular, y muy “familiera”.
Después, está su teatro. Sólo los chinos saben lo que es una representación teatral. Poseen una extraordinaria capacidad de simbolización  y, como los niños que arman un escenario con una tablita aquí, un baldecito allá, un palo de escoba acullá, ellos son capaces de armar con la imaginación un escenario nuevo cada tres minutos, que es lo que suele durar cada escena. Y sus asombrosas convenciones… Cada actor llega a escena con un traje y una cara pintada que dice en seguida lo que es. No hay trampa posible. Puede decir todo lo que quiera, que sabemos a qué atenernos. Tiene el carácter pintado en la cara. Rojo, es valiente; blanco con una raya negra atravesándole verticalmente el rostro, es traidor, y se sabe hasta qué punto; si no tiene más que un poco de blanco bajo la nariz, es un personaje cómico, etcétera. ¡Y la mímica! Es algo extraordinario. Cuando se ve servir, con el mayor cuidado, de un cántaro inexistente, agua inexistente sobre un lienzo inexistente, y frotarse el rostro y retorcer el lienzo inexistente , la existencia de esa agua invisible, y sin embargo evidente, se vuelve de algún modo alucinatoria; y si la actriz deja caer el cántaro (inexistente) y uno está en primera fila, se siente salpicado junto con ella.
Hay piezas de un movimiento continuo, incesante, donde se escalan muros inexistentes, para robar cofres inexistentes…

–Ahá… ¿Y de la literatura clásica que aún circulaba abundantemente por aquellos tiempos?
–Inconmensurablemente refinada. Los ayuda esa cosa tan peculiar que es el ideograma, que hace que cada palabra sea un paisaje, un conjunto de signos cuyos elementos, hasta en el poema más breve, promueven un sin fin de alusiones. Así la poesía china, casi telegráfica como es en su concisión gramatical, despierta un mundo de evocaciones. Son tantos sus sentidos implícitos, que se nos vuelve intraducible…
(Atardecía ya, y de pronto, al irse el sol, había ido cayendo ese frío precoz y brusco de los otoños en París. El librero se impacientaba, viendo que con mi charla le estaba distrayendo a su distinguido cliente, cerca de la hora de cierre. No quise abusar más de la atención que me había dispensado mi interlocutor, y consideré oportuno despedirme, agradeciéndole su cortesía.)
–“Salúdeme a sus compatriotas, allá en Buenos Aires”, me dijo con su formal sonrisa.
–Lo haré con todo gusto… (¡claro!, recordé de pronto…¡Si su libro fue traducido y editado por SUR, poco después de su viaje al Oriente, y él estuvo allá un buen tiempo!).

Tomada de sinaruspica.wordpress.com

sábado, 6 de septiembre de 2014

Esta especie de salvoconducto

Roger Wolfe

(Westerham, Kent, Inglaterra, 1962)

Café y cigarrillos 

Salgo del trabajo. Los huesos, el cuerpo entero
dulcemente dolorido, como -a veces-
después de un polvo de los buenos.
La luna, sajada en dos pedazos, me recuerda
el ojo ese famoso de Buñuel,
asomada un tanto tenebrosamente
por encima de los árboles.
El coche no me arranca. El parabrisas
es una roca enorme y congelada.
Así que vuelvo a casa andando,
velado el claqueteo de mis pasos
por la luna, la cabeza
llena de café caliente y cigarrillos.
Llego al portal y me detengo,
soplándome en las manos, bajo
el arco de luz que proyecta la ventana
sobre el hielo, la hierba sucia y abrasada.
Y al otro lado de esa luz te encuentras tú.

Y es que un hombre necesita en esta vida
otras cosas que no sean
lunas surrealistas, coches, oscuras
películas de Luis Buñuel.
**
A ninguna parte 

Los pensionistas hablan de trombosis
en los autobuses
o aguardan el final
en los bancos de los parques públicos
entre mierda de palomas y jeringas
ensangrentadas,
o me paran en la calle
ante escaparates llenos de electrodomésticos
para preguntarme la hora
e interesarse por la raza de mi perro.
Son las cinco de la tarde y todo
en la ciudad apesta a muerte.
Sé que es inútil. Llegar a casa,
ponerme aquí delante y redactar
quince o veinte líneas, qué más da,
esta especie de salvoconducto
a ninguna parte.
**
Nada de particular

Hundo la cuchara
en la blanda firmeza del yogur
y me lo como, lentamente, de pie, a la luz
de la nevera abierta. Paladeo
su frescor gratificante,
su suave y precisa consistencia.
Era el último.
Quizá por eso me recuerda ese poema
de Carlos Williams, el poema
en el que habla de las fresas. O tal vez
fueran ciruelas, no lo sé. Y constatar así
que, en efecto, no hay ideas
sino en las cosas. Es verdad:
en las ciruelas, las fresas, el yogur
que termino y desecho en la basura
antes de encaminarme hacia la cama
sin nada de particular en la cabeza.
**
Periodismo

Lanza la mierda
y lávate las manos.
**
Es tarde ya en la noche...

Es tarde ya en la noche
y la playa está desierta.
Rompe el mar
sobre las rocas.
Un aire cálido,
espeso de salitre
y de recuerdos,
me baña la cabeza.
Cierro los ojos.
Inhalo.
Me dejo llevar.
Y luego pienso,
como casi siempre
que me pasan estas cosas,
en Proust.
Pero no he leído
a Proust.
Qué importa.
La vida es bella.
Quién necesita
a Proust.

Versiones: sin datos.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Vivo aquí, en esta casa sin número

FRANCISCO GANDOLFO

(Argentina, Córdoba, 1921- Rosario, Santa Fe, 2008)

Mi dirección

Vivo aquí, en esta casa sin número
junto al fresno donde pían los gorriones, al otro lado del tilo donde duermen
los hijos de la calandria, quien les canta
para que se despierten y salgan a comer,
y nuevamente les canta y les habla
amorosamente cuando vuelven,
para que se acomoden a dormir.
**
Jubilados

Pedí turno a mi médico de cabecera
porque se me trastornó la cabeza
de tanto usarla para la poesía.

En la sala éramos muchos,
todos hablaban al mismo tiempo
quejándose de todo, pero yo no podía
porque mi cabeza no estaba bien.

Pensaba en estos versos de García Lorca:
“Noche de torsos yacentes
y estrellas de nariz rota
aguarda grietas del alba
para derrumbarse toda”.

Ese era mi ánimo, y un poco también
el de La metamorfosis de Kafka,
pero no en el sentido de transformarme en bicho,
sino en haberle perdido a mi mujer
el flamante carnet con que ella
cobra su jubilación.

De Versos de un jubilado. Ediciones Iván Rosado, 2013.
(Cortesía de Julia Enriquez)

jueves, 4 de septiembre de 2014

Huye, que sólo aquel que huye escapa

Fray Luis de León

(España, 1527-1591)

ODA III - A FRANCISCO DE SALINAS
A Francisco Salinas
Catedrático de Música de la Universidad de Salamanca

El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música estremada,
por vuestra sabia mano gobernada.

A cuyo son divino
el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida.

Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora;
el oro desconoce,
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca, engañadora.

Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es la fuente y la primera.

Ve cómo el gran maestro,
aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado,
con que este eterno templo es sustentado.

Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta;
y entrambas a porfía
se mezcla una dulcísima armonía.

Aquí la alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente
en él ansí se anega
que ningún accidente
estraño y peregrino oye o siente.

¡Oh, desmayo dichoso!
¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!
¡Durase en tu reposo,
sin ser restituido
jamás a aqueste bajo y vil sentido!

A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro,
amigos a quien amo
sobre todo tesoro;
que todo lo visible es triste lloro.

¡Oh, suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos
quedando a lo demás amortecidos!
**
ODA IX
LAS SERENAS 

A Cherinto 

No te engañe el dorado
vaso ni, de la puesta al bebedero
sabrosa miel, cebado;
dentro al pecho ligero,
Cherinto, no traspases el postrero

asensio; ten dudosa
la mano liberal, que esa azucena,
esa purpúrea rosa,
que el sentido enajena,
tocada, pasa al alma y la envenena.

Retira el pie; que asconde
sierpe mortal el prado, aunque florido
los ojos roba; adonde
aplace más, metido
el peligroso lazo está, y tendido.

Pasó tu primavera;
ya la madura edad te pide el fruto
de gloria verdadera;
¡ay! pon del cieno bruto
los pasos en lugar firme y enjuto,

antes que la engañosa
Circe, del corazón apoderada,
con copa ponzoñosa
el alma trasformada,
te ajunte nueva fiera a su manada.

No es dado al que allí asienta,
si ya el cielo dichoso no le mira,
huir la torpe afrenta;
o arde oso en ira
o, hecho jabalí, gime y suspira.

No fíes en viveza:
atiende al sabio rey Solimitano;
no vale fortaleza:
que al vencedor Gazano
condujo a triste fin femenil mano;

imita al alto Griego,
que sabio no aplicó la noble antena
al enemigo ruego
de la blanda Serena,
por do por siglos mil su fama suena;

decía comoviendo
el aire en dulce son: «La vela inclina,
que, del viento huyendo,
por los mares camina,
Ulises, de los Griegos luz divina;

allega y da reposo
al inmortal cuidado, y entretanto
conocerás curioso
mil historias que canto,
que todo navegante hace otro tanto;

Todos de su camino
tuercen a nuestra voz y, satisfecho
con el cantar divino
el deseoso pecho,
a sus tierras se van con más provecho.

Que todo lo sabemos
cuanto contiene el suelo, y la reñida
guerra te cantaremos
de Troya, y su caída,
por Grecia y por los dioses destruida.»

Ansí falsa cantaba
ardiendo en crueldad; mas él prudente
a la voz atajaba
el camino en su gente
con la aplicada cera suavemente.

Si a ti se presentare,
los ojos sabio cierra; firme atapa
la oreja, si llamare;
si prendiere la capa,
huye, que sólo aquel que huye escapa.

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char