lunes, 1 de diciembre de 2014

Música amable al fin

Porque las hojas de ese arbolito brillan todavía,
imagino, allá, lejos, el bosque encantado de verano.
Hasta apuraría la noche, a que el bicherío inunde todo de música amable, al fin,
canto que se ríe de lo grave del mar, allá, a pocos pasos,
como el pobre se ríe,
como las chicharras y los grillos
y los sapos se ríen del mar, allá, lejos,
cuando es verano todavía.

De Música amable al fin. Ilustraciones: Cecilia Afonso Esteves; mágicas naranjas ediciones, octubre 2012.
**
Con este poemita, me despido por algunos días. Felicidad para cada uno, para todos a la vez
Irene Gruss

domingo, 30 de noviembre de 2014

Resignada como el ojo en la frente de una estatua

EMILY DICKINSON

(Amherst, Massachusetts, EE.UU., 1830 - 1886)


305

La diferencia entre Desesperación
Y Miedo –es como la que hay
Entre el instante del naufragio -
Y cuando el naufragio pasó -

La mente está serena –sin movimiento-
resignada como el ojo
En la frente de una estatua -
sabe –que no puede ver-
*
THE DIFFERENCE between despair 
And fear, is like the one 
Between the instant of a wreck, 
And when the wreck has been. 

The mind is smooth,—no motion— 5 
Contented as the eye 
Upon the forehead of a Bust, 
That knows it cannot see.

**
500

En mi jardín anda un pájaro
Sobre una rueda sencilla –
Cuyos rayos hacen una música giratoria
Como si fuera un molino -

Nunca se para, pero demora
En la rosa más madura –
Prueba sin descender
Y elogia al partir,

Hasta que prueba cada especia –
Luego su giro encantado
Se enrosca en atmósferas remotas –
Y me reúno a mi perro.

Y él y yo dudamos
Si fue real, si estuvimos,
O llevamos el jardín en la mente
Esta curiosidad –

¡Pero él, mejor lógico,
dirige mis torpes ojos
A las flores que aún vibran!
¡Exquisita respuesta!
*
Within my Garden, rides a BirdUpon a single Wheel- Whose spokes a dizzy Music make As ´twere a travelling Mill-He never stops, but slackens Above the Ripest Rose-Partakes without alighting And praises as he goes,Till every spice is tasted - And then his Fairy GigReels in remoter atmospheres- And I rejoin my Dog, And He and I, perplex usIf positive, ´twere we -Or bore the Garden in the BrainThis Curiosity-But He, the best Logician,Refers my clumsy eye-To just vibrating Blossoms! An Exquisite Reply!
**
688

“Discurso”- es una travesura del parlamento -
“Lágrimas”- un ardid de los nervios -
pero el corazón con la más pesada carga
No – siempre - se mueve –

Versiones s/d
***
'Speech'—is a prank of Parliament (688) 

'Speech'—is a prank of Parliament—
'Tears'—is a trick of the nerve—
But the Heart with the heaviest freight on—
Doesn't—always—move —

sábado, 29 de noviembre de 2014

Cuál será para mí la edad de la razón

MIGUEL GAYA
Tomada de revistaguka.wordpress.com


(Ayacucho, Prov. de Buenos Aires, Argentina, 1953-)

EL EMIGRADO

Un poeta que hablaba mi lengua
y no la de ustedes
pero a quien traiciono hablando como ustedes
para que ahora lo entiendan
decía:
“Mis ojos hace tiempo se niegan a ver claro,
desde el último mes, mis oídos son sordos,
la juventud perdida, ¿adónde iré a buscarla?

Sin embargo, yo, siendo joven,
tuve ojos que vieron sin entender
y oídos que fueron sordos a las voces de los hombres.
Mi juventud pasó entre gente extranjera
y la vejez no me traerá el consuelo de oír mi propia voz.
¿Cuál será para mí la edad de la razón,
quién me mirará alguna vez como a un hombre?

Espero la muerte
como quien llega al fin de una jornada sólo fatigosa.
¿Es mi corazón el único que palpita en esta tierra extraña?

(10-5-1979)

(en “Grupo Onofrio de Poesía Descarnada”, con Javier Cófreces y Jonio González, Ediciones en Danza)
Cortesía de Jonio González

viernes, 28 de noviembre de 2014

Calcinado resplandor puro espejismo

HORACIO ZABALJÁUREGUI

(América, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1955)

Crematorio

Voy  con mi hermano a cumplir con el trámite de cremación de los viejos.
Tal vez, ensimismados en su último gesto, ellos transcurren en la foto ciega de la eternidad
    pero de este lado, en el tiempo con vencimientos,
hay que liberar la cuadricula en el multitudinario catastro mortuorio.
Entonces, a mi hermano se le ocurre verificar el contenido de los ataúdes.
Una decisión caprichosa, tal vez plausible, pero intolerable;
me exaspera pero lo acompaño.
Consiento en ver para creer,
Como en un desafío infantil,  una puesta a prueba del valor personal.
El pedido sorprende y fastidia un poco al empleado municipal
Pasamos al  backstage de la incineración, una factoría de desguace de lo que va a dar al fuego.
Los operarios rompen a hachazos los ataúdes, en una operación brutal:
Distingo
el cráneo como de cuero ahora de mi padre sobre el que siguió creciendo el pelo.
Se lo peinaba tirándolo desde un costado.
Llevaba mal la calvicie
Las cuencas vacías de mi madre que se murió con menos años que los que tengo ahora.
Distingo los huesos, poco menos de lo que dejo el cáncer que la arrasó.
Su crucifijo con una cadenita le dan a mi hermano.
Mi padre esperó a que llegara y se murió en mis brazos un jueves a las cinco y media de la tarde en el Hospital Israelita.
Me despedí de mi madre susurrándole al oído, una noche
con la esperanza de que me escuchara en la otra orilla de su agonía.
El peso del mundo va de suyo en los restos,
y ahora estos despojos de película clase B,
pasan a ser su último recuerdo.
Calcinado resplandor puro espejismo
Cenizas quedan:
son polvo ya en una urna estándar
El olor de grasa dulzona, de repostería barata del crematorio,
me quedará impregnado en el olfato por un par de días.
**
Morgana

Morgana, la labradora negra arrastra las patas como horquetas,
la osamenta desvencijada;
ya no recupera, no trae de vuelta
presas, palos, botellas de plástico,
vaya a saber qué.
Presa ella en una jaula de niebla, se le borronea el mundo,
entumecido el impulso, el ímpetu, se pierde
del agua,
su ascendente.
Pero la retriever azabache
teje y traza el surco
que me lleva a la estampida del verano,
la transparencia remota
cegadora de ninfas aparecidas
y el tótem del estío
ardiendo.
Entonces Pepa, mi abuela, se lava la cabeza.
Se hace dos trenzas
y antes de que se armen en rodete,
descienden sobre sus hombros.
Su aspecto rejuvenece;
Pepa cuelga el batón del alambre.
Las gallinas miran desencajadas con los picos abiertos:
es la luz mala de la siesta;
no la fría, fosforescente, mala luz lunar
de los aparecidos de los huesos,
los locos solos.
Esta calcina
encandila y enciende las avispas;
Pepa mira el laurel con los ojos entrecerrados sin gafas.
Le pido a la perra negra que recupere la estampa,
el diorama que iluminan los estambres de la lámpara.
La linterna mágica,
las sábanas inmóviles, telones del verano.
Le grito: “traé!”
Vieja y todo,
me mira como nadie más sabe, castañetea los dientes,
y trae;
labra el rastro con el hocico frío y húmedo.
En una sonda de luz, entre los lienzos del tiempo,
a través de vaya a saber qué aguas…
-¿Estará Apolo en el cielo de América encegueciendo ninfas avispas y pitonisas y al indio que pasa golpeando el bastón blanco en la puerta del zaguán?-
Pura manía a ojo
recupera para mí,
a Pepa que se atreve en esta hora, la de desfallecer a la sombra
y trae:
el espinazo de la imagen,
bordado en la tela de luz del bastidor del tiempo.
Entonces ahora, pero ahí
Pepa como la Aleta del príncipe Valiente se hace las trenzas
entrecierra los ojos miopes y me saluda sonriendo;
a mí,
que la miro desde la penumbra;
recién levantado, un aparecido del sopor,
haciendo pie en la radiación de la vigilia.


De América, bajo la luna, 2014.

jueves, 27 de noviembre de 2014

El cero móvil de su boca

JOSÉ EMILIO PACHECO 
Tomada de internet

(México, 1938-2014)

El fuego
               
En la madera que se resuelve en chispa y llamarada
luego en silencio y humo que se pierde
miraste deshacerse con sigiloso estruendo tu vida
Y te preguntas si habrá dado calor
si conoció alguna de las formas del fuego
si llegó a arder e iluminar con su llama
De otra manera todo habrá sido en vano
Humo y ceniza no serán perdonados
pues no pudieron contra la oscuridad
—tal leña que arde en una estancia desierta
o en una cueva que sólo habitan los muertos
**
ECUACIÓN DE PRIMER GRADO CON UNA INCÓGNITA

En el último río
de la ciudad, por error
o incongruencia fantasmagórica, vi
de repente un pez casi muerto. Boqueaba
envenenado por el agua inmunda, letal
como el aire nuestro. Qué frenesí
el de sus labios redondos,
el cero móvil de su boca.
Tal vez la nada
o la palabra inexpresable,
la última voz
de la naturaleza en el valle.
Para él no había salvación
sino escoger entre dos formas de asfixia.
Y no me deja en paz la doble agonía,
el suplicio del agua y su habitante.
Su mirada doliente en mí,
su voluntad de ser escuchado,
su irrevocable sentencia.
Nunca sabré lo que intentaba decirme
el pez sin voz que sólo hablaba el idioma
omnipotente de nuestra madre la muerte.
**
LAS PALABRAS DE BUDA

Todo el mundo está en llamas: lo visible
arde y el ojo en llamas interroga.
Arde el fuego del odio.
Arde la usura.
Arden el nacimiento y la caída.
Arde el dolor.
El llanto, el sufrimiento
arden también.
La pesadumbre es llama.
Y una hoguera es la angustia
en la que arden
todas las cosas:
Llama,
arden las llamas,
arden las llamas,
mundo y fuego, mira
la hoja al viento, tan triste, de la hoguera.
**
Alta traición

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
  es inasible.
Pero (aunque suene mal)
  daría la vida
por diez lugares suyos,
  cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
  fortalezas,
una ciudad deshecha,
  gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
  montañas
y tres o cuatro ríos.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Víctima de sus buenas intenciones

Mercedes Álvarez
Tomada de eternacadencia

(Tandil, Prov. de Buenos Aires, Argentina, 1979)

Con un poco de orden es posible
poner las cosas
en su lugar
tipificar las horas
limpiar la casa
y dejar relucientes
las canillas del baño.
Con un poco de orden es posible
no olvidar las cosas
en los hoteles de paso
cerrar las ventanas a tiempo
para que no entre la lluvia
ventilar la casa
hacer ejercicio
dormir ocho horas.
Con un poco de orden es posible
escribir a todos los amigos
visitar a la madre
y mañana a la tía
tener dos
–o incluso tres–
amantes.
Con un poco de orden
hasta es posible
amar al prójimo como a uno mismo.
***
Recomendación a las futuras novias

Que sea blanco el vestido
para que destaque sobre él el rojo de la sangre
si por casualidad se pinchan un dedo.
Que sea azul la ropa interior
pero solo si sus ojos son azules
para poner en consonancia
lo que se ve con lo que no se ve.
Los zapatos, de taco fino.
De raso la cinta que anude
el talle –también fino–
de la cintura marcada
por los dedos de tantos impúdicos amantes.
Cásense si están hartas
de repetir siempre la misma ceremonia
pónganse la corona de flores
maten con su perfume el perfume del jazmín.
Como los perros
elijan al marido por olfato.
***
Las mujeres de mi familia siempre tuvieron...

Las mujeres de mi familia siempre tuvieron
para la tragedia
un gran sentido de la oportunidad.
Mi abuela murió un viernes a la noche
mi madre se accidentó un domingo al mediodía.
Los nietos y los hijos
viajamos con nuestros bolsos
desde nuestras casas
no tuvimos que salir corriendo
del trabajo o del gimnasio
parar un taxi en plena calle
maldecir el tránsito.
Llevamos nuestros celulares
nuestros cargadores
nuestra ropa interior
la ropa de abrigo
junto con la pena. Vi a mi madre
en el hospital
después de la tragedia
víctima de sus buenas intenciones
la cara lívida
y un ojo destrozado
por intentar salvar a un gato.
"Ese gato - le dije-
debería estar muerto".
Pero ella
que apenas podía moverse
me sonrió misteriosa
y su ojo sano tenía
el resplandor de fuego
de los ojos
de algunos animales heridos.

martes, 25 de noviembre de 2014

Todo aquello que viene después será restos

ANDI NACHON
Tomada del blog kriller71

(Buenos Aires, Argentina, 1970)



Nada tan arduo como cruzar este mapa, recorrido
repetido al infinito donde mi madre
todavía desespera cada tardanza y se esfuman

nombres y amigos. Tus hermanos
juegan simulacros de batalla, estrategias
de huida y camuflajes. Al tiempo

reclamarás precisiones, indicios
capaces de certificar tus fantasías
como eso: una mera fantasía más. Están los viajes
meses avanzando en auto la falta, están las mudanzas y papeles
sin nombre paterno. Nada más arduo que

el cruce de este viaje
lanzado a un espacio donde a veces
confiás en cierta clave que aparezca, alguna pauta
capaz de dar volumen o sentido
a tanto barullo inasible, casi viento

feroz de Comodoro y la obligación
imposible de atravesarlo. Al tiempo pedirás mapas
un entendimiento adulto o al menos
alguna teoría de la compensación. Todo

tanto más sencillo que admitir
la huida fue real, real el peligro
empujó y empujó al chevy siempre un poco
más allá: tu infancia fue esto

arduo –infinitamente arduo– el trabajo de cruzarla.
**

No despegan los misiles, no dibujan claros

centelleos por los aires: las batallas
se vuelven masacres
aunque otras. Crecemos en el miedo

como quien crece hacia adentro, en cierta
forma del aliento. Tal vez
mucho después mientas: no hay buenos ni malos

todos fantasmas
hasta que te cortan las manos. No

los misiles no despegan y la tierra
frente a la avidez de estos ojos se niega
y no logra estallar. Tan cerca

dicta la muerte sus sentencias

demasiado para que alguien afirme:
este cuerpo es mío, ésta
su retirada.
**

En el fin del mundo, el mundo
no termina. Ensenada, Bahía Inútil
Renegada. En el fin
el mundo

no deja de ser ni un segundo
aunque tu hermano, vos, la familia unida

pretendan renombrarlo. Agua del aire detenida
sobre el agua clara en la bahía: dos grises

en continuidad perfecta y sin
escisión posible. Hasta vos anhelarías eso
como instancia última. Tanta

belleza así visible donde acampa
al norte la tormenta y nada
tiene final. Cuando a Ushuaia vuelvas

serás una mujer en sus cuarenta, paradita ahí
frente a la calma, ahora hermana
de esa niña que fuiste y entendió cómo

aceptar qué cuestiones terminan, cuáles
no tienen fin.
**
Eco: gritás ¡Gerónimo! y el acantilado
devuelve amplificada
en escalofrío la voz. Eco de mí, mi eco
convoca una valentía que ha sido mía

no elegida: como ese cuerpo al borde

siempre de caerse y sin caer, porque sabe
la humanidad niña del precipicio desde ahí

decide y grita: ¡Gerónimo! Abajo el cañadón
lengas moradas como esta tarde
dando paso a la noche. Eco de vos, hermano

esta valentía niña no sabe

ya está caída, solita ahí en el borde
grita y grita.
**

Todo esto que viene después
es resto. Caminamos las aguas mansas de Rada Tilly
metros y metros mar adentro hasta alcanzar
cierta profundidad. Resto

estas olas transparentes y la altura
sobre los hombros del hermano mayor. Satisfecho
tu cuerpo es revoleado, cae y se sumerge. Nada importa

el terror anterior o los gritos
repetidos de la madre y la palabra perdedor. Ahora

los hermanos son un mismo titán
incontenibles luchan en un ring de espuma
y no hay ningún final. Si cerrás los ojos

todo aquello que viene después será restos,
extrañeza y restos.

De La III Guerra Mundial, Bajo la luna, 2014

lunes, 24 de noviembre de 2014

Quiero llegar a tiempo

SONIA SCARABELLI
Tomada de laanciondelpais

(Rosario, Santa Fe, Argentina, 1968)



El maestro de dibujo nos enseña que no hay totalidad
Al Maestro Julián Usandizaga

En la clase de hoy
el maestro nos enseña
que en lo que vemos
nunca hay totalidad

Y el mundo se reparte
en miles
de pequeños pedazos,
trocitos de visión,
instantes luminosos,
parpadeos

Estar parada y ver
se vuelve
un asunto distinto

Entro de su mano
al tiempo y al espacio
por un camino nuevo.
Una puerta inesperada
que se abre
mientras a mis espaldas
voy sintiendo
ese suave cerrar
de otras. Es
la vida,

y poder
salir serenos
por cada puerta hasta la última
sea quizás
el verdadero desafío

Por eso yo celebro
que hoy por hoy mi maestro
esté abriéndome una puerta
y me hable tan bellamente
del cristalino
y su soledad
ante las cosas

Ahora creo que puedo
ver con otros ojos
una vez más
cómo la forma es intocable
y su misterio
crece ante mí
como un capullo
que no ha de abrirse
hasta después

¿La encontraremos
por fin
en otra parte?
¿Nos esperará
completa y sonriente
y de una vez
seremos recibidos?

Ahí el maestro
se retira y sabiamente
nos suelta la mano.

A ese lugar
vamos solitos.
***
Lección

Sabernos ir,
dijo tu voz querida,
todo está ahí,
la clave del decoro
y la nobleza
ganada de una vida
se alcanza en ese gesto.

Cierre final
del círculo, encontrado
un poco de azar
y otro, por coherencia,
por hacerse
el ciego lazarillo
de sí mismo,
poniendo el corazón
al frente de los pasos.

Estas cosas se aprenden,
me dijiste,
en parte de los libros
sí, cuando la palabra
todavía es humana
y no ha perdido
su lustre tibieza,
pero más
te enseña la tenaz
partida de los otros.
Si se van
con dolor o con pericia,
no es lo que cuenta,
importa

ese último momento,
que sin decirse ocurre,
y dicho sonaría quizás
a: Sí, te dejo ahora
y no me quejo,
seguro hubiese
querido más,
qué hacerle,
no se pudo.

Entonces pasa,
justo ahí
se suelta el alma
como un barquito,
una pequeña
barca en aguas
que ni tan frías son
ni tan profundas como dicen.

Yo creo en todo esto,
dijo tu voz querida,
y de ahí tanto esfuerzo
por aprenderlo, tanto
apuro
por no apurarme: quiero
llegar a tiempo.
***
De El arte de silbar
(Bajo la luna, 2014)

Trato 

Ahora lo trato de vos al mundo.
Ahora que te hiciste el aire,
el viento de la mañana, la lluvia de ayer,
el color del cielo, la nube que no se cae.
Esas golondrinas en el techo
que cualquier día de estos
se van en una bandada azul, enorme.
Ahora que sos como el yuyito de las macetas,
pero si te arranco no importa, crecés de nuevo,
les hablo a todas las cosas como a vos
y cuando te encuentro
el mundo me parece más bueno.
**
El arte de silbar

Silbo y al rato un eco se desprende
y como si llegara alto, va y se queda
flotando en el aire.
Silbar no es de mujeres pero él
nos enseñaba a todos por igual,
mis hermanos y yo: silbar, nadar, pescar.
Después crecimos y recuerdo haber sentido
la soledad de ser una mujer
como quien marcha hacia el exilio.
Sobre todo del padre,
que en el sueño de anoche
se aparece de pronto en una ruta solitaria:
diferente y el mismo como siempre,
a la luz de los faros de un coche, dice:
hija, de la vida no se huye.
**
Afilada

No estoy lejos, estoy cerca,
pero me afilo
como un palito en la intemperie
y no me ven.
Desaparezco en la intemperie.
No me ve la tormenta
que se revuelca furiosa,
no me ve el rayo, no me acierta.
Soy un palito seco,
una ramita casi nada,
pero el sol me toca,
me lleva el agua flotando suave
y yo me hago lugar donde no hay lugar:
me voy con vos a ese mundo invisible,
y después volvemos en todas las cosas,
lo más tranquilos.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Acerca del taller Mario Jorge De Lellis y otras cuestiones

Unos cuantos...


Lo que copio abajo es eso que Matías Capelli llamó “Un ejercicio de ficción”; y que en realidad es un collage de respuestas que le dimos algunos de los integrantes del Taller Mario Jorge De Lellis, las que Capelli supo editar, mal o bien, a modo de
Imagen en Facebook de JA:Jorge Aulicino, Rubén Reches, Daniel Freidemberg y Raúl González Tuñón en 1973.
historia verídica o, mejor sea dicho, verosímil. Las alteraciones, los detalles no hacen a la cosa. Creo que sí es importante ver para dónde disparó la escritura de cada uno, visto y considerando que aún nos siguen envolviendo en obleas intituladas “objetivistas”, “coloquialistas”, “gelmanianos”, “etc.”, como si fuéramos o
De izq. a der.: Marcelo Cohen, Raúl González Tuñón, Daniel Freidemberg
hubiésemos sido una masa informe y pegoteada. De igual modo podría leerse la historia de la gente de los ’90, y sin embargo, en el recién salidito conjunto de entrevistas a
García Helder, Casas, Wittner, Raimondi, De Nápoli, Arteca, Villa, Franzetti, Gambarotta, Ainbinder, trabajo y compilación de Osvaldo Aguirre (La poesía en estado de pregunta, gog y magog, 2014), es interesante notar tanta diferencia entre uno y otro autor, a pesar de haber pasado, algunos de ellos, por la misma fuente. Es interesante, digo, cotejar lo que se dice o se ha dicho con lo que se ha escrito y se escribe, pasada tanta agua bajo demasiados puentes; así como lo que cada uno ha hecho, deshecho y/o renegado, y sigue haciendo con su obra, así como las teorías que apuntan o han apuntado en el mientras tanto (¿se cayeron?, ¿siguen en pie?, ¿coinciden con lo que dice la obra de cada cual?). Cotejar , digo, insisto. Y no poner nombre a lo que no lo tiene.

PD:         Me permito agregar unos datos que creo sí importan al collage o cadáver exquisito de Capelli: algunos de nosotros tuvimos el lujo, digo bien, el lujazo de charlar con Bayley, Madariaga, Orozco, Raúl Gustavo Aguirre, Molina, Ceselli, Tuñón, Biagioni, Giannuzzi, Beatriz Vallejos, Francisco Gandolfo, Juan L. Ortiz, Haroldo Conti, Paco Urondo, Alberto Girri, Élida Manselli, Roberto Juarroz, entre otros, y sin contar a los que aún viven. El honor de Freidemberg, por dar sólo un ejemplo, de haber hablado en el entierro de Raúl González Tuñón, como primera muesca, quizá, de su carrera o recorrido. La dicha de estar en una fonda y que se nos acercara Enrique Cadícamo a decirnos que él también era poeta:  "Yo escribí un tango que se llama Nieblas del Riachuelo"...

Irene Gruss

 ***

EL DE LELLIS: UNA RECAPITULACIÓN

Si mal no recuerdo el taller empezó en 1969. Al principio se llamaba “taller Aníbal Ponce” y se hacía los sábados en el barrio de Once, alrededor de una mesa en una oficina que nos prestaba el IFT, el teatro de la comunidad judía comunista. Casi todos caímos ahí por nuestro vínculo con la juventud del Partido. El que no era militante, simpatizaba: Gruss, Cohen, Asís, Freidemberg, Reches, Aulicino y yo éramos parte de un grupo de pendejos apasionados coordinado por José Murillo. Era una buena persona Murillo, muy elegante, de bigote recortado, siempre de traje, canoso y de ojos verdes, acento jujeño, pero con una visión literaria dogmática. Hubo una época en que se dedicó a la literatura infantil y publicaba cuentos con animales en el monte jujeño, buenos relatos, pero por ese entonces había pasado a escribir novelas proletarias que salían por alguna de las seis o siete editoriales del PC. Una de sus novelas se llamó Los traidores y era sobre el movimiento sindical, aparecía Vandor pero con otro nombre, porque él había trabajado en fábricas y sabía de eso. Lo apreciábamos aunque nos resultaba demasiado rígido y limitado, con bajadas de línea del tipo la literatura tiene que estar al servicio de la revolución, alumbrar la conciencia del hombre nuevo.
No recuerdo si fue producto de una defenestración de Murillo o si el IFT no pudo albergarnos más, lo cierto es que nos fuimos a la SADE, al caserón de la calle México, y ahí empezó a llamarse taller Mario Jorge De Lellis. Creo que fue el Turco Asís, que tenía mucha circulación por los cafés de Corrientes, quien vino y nos dijo que se había encontrado con Ulyses Petit de Murat, presidente de la SADE, y que este le había ofrecido un espacio para hacer el taller. Lo discutimos y aceptamos ir incluso teniendo aversión hacia la Sade. Era como dar un empuje de luz y de juventud, mal que bien.
Para nosotros De Lellis era un personaje legendario por las historias que de él se contaban. Era un tipo muy recio, socarrón, de perfil bajo, que representaba todo lo que era la porteñidad. Se pasaba las noches chupando en los boliches, muy de Almagro, del bar Gildo de Medrano y Corrientes, hincha fanático de Boca. Pero más allá del mito, la verdad es que no era un poeta al que admiráramos tanto como a Tuñón, por ejemplo, a quien íbamos a visitar. Además De Lellis había muerto dos o tres años antes. Le pusimos su nombre porque estábamos en esa corriente medio porteñista coloquialista, nos gustaba Gelman, y entonces en algún punto sí fue una declaración de principios. Fue una marca urbana, ideológica en cuanto a tener libertad y no estar atados.
Cuando nos mudamos a la Sade dejó de haber coordinador y cada reunión pasó a ser coordinada por un integrante del taller que se hacía cargo de distribuir el uso de la palabra cuando se comentaba un texto sometido a consideración. Era como se dice ahora un taller autogestionado. Alguien se proponía para ser leído en la siguiente reunión y traía fotocopias. Había poetas y narradores, la mayoría teníamos dieciocho, diecinueve años. Leíamos poemas, fragmentos de novelas, cuentos, y después venía la ronda de crítica, totalmente libre, en la que cada uno decía lo que opinaba. Había turbulencias dentro del taller porque éramos de hacer críticas muy duras, muy desbocadas; tal vez porque no teníamos muchos elementos teóricos terminábamos diciendo cualquier disparate. Todo era “no me gustó porque es una cagada”, “cómo escribís así”, etcétera. Eso sí: había mucha honestidad intelectual. Éramos muy apasionados, y muy crueles. Yo aprendí así, a los palos. Si hay algo que reivindico es haber aprendido que el poema es un objeto estético, no es a mí me pasó tal cosa y esto es lo que me salió. Éramos muy críticos y autocríticos, no se permitía la chantada, la cosa fácil. No queríamos seducir, queríamos conmover.

Teníamos una línea antinerudiana, provallejiana a full. Éramos muy de Girondo, de Huidobro, en cambio a Benedetti lo denostábamos mal. Nos interesaba la poesía yanqui, que no era tan conocida, toda la generación de Wallace Stevens, Williams C. Williams, muchísimo Eliot, Ezra Pound. Montale y Pavese fueron dos de nuestros maestros. No eran autores para Gelman o para Urondo, no era lo que ellos leían. Hubo un recambio; en ese momento leer a Dylan Thomas era rarísimo, no era una lectura de época. Novela se leía sobre todo la novela argentina que iba saliendo, lo que editaba Tiempo contemporáneo: Viñas, Rozenmacher, etcétera. Cada tanto, una vez por mes, había un invitado, por ejemplo un abogado que hoy es uno de los grandes abogados de derechos humanos, hasta trabajó para Naciones Unidas, Roberto Matarolo, en ese momento era poeta y vino a dar una clase de poesía francesa. O un poeta comunista paralítico de apellido Malamud, no era muy buen poeta pero daba una lección rara de creencia en la poesía y voluntad de sobrevivir. Y después los maestros, tipos que iban a dar una charla, a contestar preguntas: Isidoro Blaisten, Haroldo Conti, Abelardo Castillo, Liliana Heker, Humberto Costantini, Luis Luchi, Alfredo Carlino, Miguel Briante.
Mal que bien por ese entonces muchos sacaron su primer librito. Por esos años Aulicino publicó su primer libro,Reunión, del cual reniega; Freidemberg, Blues del que vuelve solo a casa; Cohen los cuentos de Los pájaros también se comen, del que reniega, él también. Y en ese momento era difícil sacar narrativa, salvo ser un Turco que convencía a cualquiera. El Turco tenía una labia impresionante, era muy hábil: sacó un libro de poemas, Señorita Vida, la novela Don Abdel Salim, el burlador de Domínico y los cuentos de La manifestación, en los que todos éramos personajes, nos escrachó. Un librito digno, igual. A finales del 72 salió una antología que se llamó Los que siguen. Era de ediciones Noé y tenía poemas de Lucina Álvarez, Guillermo Boido, Daniel Freidemberg, Guillermo Martínez Yantoro, Rubén Reches, Jorge Ricardo Aulicino, Manuel Ruano y también algunos poemas míos. A Gruss le dijeron lisa y llanamente vos todavía no estás, y ella acató.
En ese momento el que verdaderamente tenía una idea personal de la poesía era Reches, un poeta romántico tardío con unos poemas increíbles en que podía aparecer la palabra “rueca”. Tenía un hálito muy rimbaudeano, una voz muy linda. Era comunista hijo de comunistas, como Aulicino. Después en los ochenta publicó Arrabal de esferas, que le presentó Beatriz Sarlo, y en noviembre pasado editaron su poesía reunida, que son setenta páginas. A Reches lo había traído el Turco y era un poeta que no se parecía a nadie, de un lirismo triste, con una dicción muy clara y sin embargo, en fin. Otros que también se acercaron al taller a través del Turco, aunque eran más grandes que nosotros, fueron Oscar Barros y su mujer, Lucina Álvarez. Eran de esos noviazgos de los setenta de estar siempre en los cafés, horas de café por día leyéndose cosas. Barros era un intelectual de Corrientes que escribía pero nunca terminaba de escribir una novela demasiado cortazariana. Lucina había sido mujer, compañera nada menos que de De Lellis. Era mucho más joven que él y lo había cuidado en su agonía, De Lellis enfermo a los cuarenta y pico y ella de veinte. Por supuesto que tenía un aura por haber sido mujer del tipo. Muy hermosa, buena poeta, era impensable para cualquiera de nosotros, pero Barros no había tenido escrúpulos con el mito. Vivían en un departamento por Arenales y Coronel Díaz. Después los dejé de ver y en mayo del 76 los secuestró un grupo de tareas.
Matías Capelli (Buenos Aires, 1982)
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COMENTARIOS en FB tomados del muro de Marcelo Leites:
Daniel Freidemberg ¿Quién es Matías Capelli? No había nadie con ese nombre. Si es un seudónimo, no consigo reconocer quién es el que lo usa. La mayor parte de los datos son ciertos, pero también hay muchas equivocaciones. Si tengo tiempo voy a consignarlas.
·        Matías Capelli nació en Buenos Aires en 1982 (acabo de pedirle amistad por acá). Publicó el libro de relatos Frío en Alaska y la novela Trampa de luz, ambos por el sello Eterna Cadencia. FUENTE de la crónica y datos del autor: Revista EL ANSIA, Nº1, octubre de 2013.
·        https://fbcdn-profile-a.akamaihd.net/hprofile-ak-xfp1/v/t1.0-1/c0.0.32.32/p32x32/10801502_10205453325672115_512497260163146382_n.jpg?oh=92bdcfc5ee07dd935e6349dc51c9731c&oe=551734A0&__gda__=1427433609_c8c8f2f3b11818665ff3b957f11d2bdc
·        https://fbcdn-profile-a.akamaihd.net/hprofile-ak-xfa1/v/t1.0-1/c83.76.462.462/s32x32/428652_10201216801965307_1759790626_n.jpg?oh=6be2acc8fa6077b0dafa2baa4be162a4&oe=5519E7D5&__gda__=1423807805_96622f09d0a587676db1e89df0210e72
Daniel Freidemberg Pero no estuvo en el taller ni está entre los poetas de Los que siguen, y ahí el que habla en primera persona dice haber estado en los dos lugares. Acabo de revisar ese número de El Ansia y dice que es un ejercicio de ficción. No me parece que baste para justificar la confusión, aunque tampoco es algo que tenga verdadera importancia,.
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Marcelo Leites Dónde dice que es un ejercicio de ficción?
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Marcelo Leites El artículo está dedicado a Jorge Aulicino, a Irene Gruss y a Marcelo Cohen (al principio yo creí que era él quien escribía), porque está dentro de un dossier que la revista le dedica.
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Daniel Freidemberg En la página 36, en el copete de la nota, que termina diciendo "A continuación, un ejercicio de ficción recrea aquellos años".
Jorge Aulicino En efecto, Capelli me mandó algunas preguntas. Tengo entendido que también a Irene y a Marcelo Cohen. Creo que luego armó esto con todos los datos, creando un personaje narrativo imaginario. Las inexactitudes probablemente son nuestras, o fallas de memoria, o registros distintos. Pero, querido Marcelo Leites, creo que hay algo que podés cambiar sin mengua del relato ni del estilo; el primer taller al que alude el erzat creado por Capelli era el Aníbal Ponce, no "Ronce"
·        Daniel Freidemberg 1) En el principio estuvo el taller Aníbal Ponce (evidentemente, “Ronce” es un error de tipeo), que, como su nombre lo sugiere, estaba vinculado al Partido Comunista. Fue el primer taller literario del país, fundado por José Murillo, quien conoció la experiencia de los talleres literarios en la República Democrática Alemana, y secundado por dos poetas jóvenes, Mauricio Herzovich y Víctor Malamud. Todos los demás nos incorporamos después, yo entré en junio de 1969, invitado por Malamud, a quien conocí en la Facultad de Filosofía y Letras. No es cierto, por lo tanto, que Malamud haya ido alguna vez al taller como invitado: fue uno de sus fundadores.
2) Si bien éramos mayormente militantes del PC o la FJC, no es cierto que “el que no era militante simpatizaba”: ni Lucina Alvarez, ni Oscar Barros (su esposo) ni Leonardo Moledo ni Armando Najmanovich ni Jorge Zunino, entre otros, estaban vinculados al PC. Tampoco el turco Asís, en un principio: fue a través de su participación en el taller que luego se vinculó.
3) No es cierto que nos fuimos del IFT y del Aníbal Ponce a la SADE para fundar el De Lellis. Hubo un momento, mientras estábamos en el Ponce, en que vino el turco a proponernos fundar un taller en la SADE, debido a sus contactos con gente de esa institución, pero sin dejar el Ponce, y durante un tiempo funcionaron los dos talleres a la vez. Lo que no recuerdo es en qué momento dejó de funcionar el Ponce y quedó solamente el De Lellis, en el que entramos casi todos, menos Malamud y Herzovich, pero no porque hubiera habido alguna pelea o ruptura. Tampoco es cierto que tuviéramos aversión a la SADE.
4) A Tuñón no íbamos a visitarlo todos. Íbamos Aulicino, yo y dos o tres más. En cuanto al nombre De Lellis, se nos ocurrió porque poco antes se le había hecho un homenaje en el IFT, a lo que se agregó el hecho de que fue pareja de nuestra compañera Lucina Alvarez (luego desparecida, durante la dictadura, con Oscar Barros, ambos militantes del PRT).
5) Que yo recuerde, en el De Lellis nadie coordinaba las reuniones. No es cierto que se designaba un coordinador para cada reunión. No hacía falta, podíamos discutir sin necesidad de eso.
6) Ni Girondo ni Huidobro figuraban entre nuestras principales preferencias. Nos gustaban, sí, pero no eran los poetas con los que nos identificábamos. No es cierto tampoco que denostáramos a Benedetti. Incluso una vez fue invitado a conversar con nosotros en el taller, cuando ya éste funcionaba en la Galería Meridiana, creo que en 1974. Lo invitó el turco Asís, que se hizo amigo suyo, así como fue el contacto para que conociéramos a otros escritores más o menos renombrados.
7) No es cierto lo que se dice de nuestra afición por la poesía norteamericana. Conocíamos a la beat generation y nos gustaba, pero no a Stevens ni a Williams. Eliot un poquito (le gustaba sobre todo a Marcelo Cohen, y más tarde empezó a gustarnos a los demás). A Pavese, sí, lo teníamos entre nuestros maestros, pero a Montale recién lo estábamos empezando a conocer, entre otras cosas porque recién por esos años se publicó por primera vez un libro suyo en la Argentina: la antología de Fabril Editora. En Cambio Dylan Thomas sí era una lectura de época, muy conocido, o al menos nombrado, aunque no era fácil conseguir libros suyos.
8) Había invitados, pero no una vez por mes. Venían cuando les parecía bien o nos parecía bien a nosotros. Sí vinieron Isidoro Blaisten, Haroldo Conti, Abelardo Castillo, Liliana Heker, Humberto Costantini (que además era muy amigo del turco, y, a través de él, de todo el grupo), pero ni Luis Luchi ni Miguel Briante vinieron al taller. En cuanto a Carlino, no vino a dar una charla, simplemente participaba del taller como uno más, aunque era bastante mayor que nosotros, igual que Carlos Marcucci. Eso ya en la etapa del De Lellis, no del Ponce.
9) Mattarolo, que entonces firmaba Rodolfo Benasso, no vino a dar una clase de poesía francesa, sino un breve curso, que duró varias semanas. Tengo un recuerdo muy fuerte de una clase que dio sobre el romancero español. Y no fue en el De Lellis sino en el Ponce, convocado por Murillo.
10) Los que siguen no fue una publicación vinculada al taller. Alvares, Reches, Aulicino y yo estábamos en el taller, pero no Ruano ni Martínez Yantorno. En cuanto a Boido, no participaba del taller: nos encontrábamos con él en los bares, y Boido fue el que tuvo la iniciativa de publicar el libro, y el que invitó a Ruano y a Yantorno. El otro que participó de Los que siguen, y al que aquí no se lo nombra, era Armando Najmanovich, que sí era integrante del taller.
11) A Rubén Reches no lo trajo el Turco Asís. Al revés: Rubén, al que conocíamos del PC y de la facultad, lo trajo al turco, que no tenía nada que ver con ninguna de las dos pertenencias.
12) No es cierto que “la poesía de De Lellis no era sentimental tanguera, evocativa o nostalgiosa; era más exaltadora, celebradora de su época”. Era todo eso a la vez. Nada que ver entre De Lellis y Maiacovsky: De Lellis venía del neorromanticismo cuarentista, de una poesía con métrica tradicional y rima, un poco melancólica y muy tierna. Recién en sus últimos libros empieza a adoptar algunas audacias de escritura, notoriamente provenientes de Vallejo.
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Constantino Mpolás Andreadis ...calidoscopio...o caleidoscopio...ay la poesía siempre es joven !...
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Alicia Genovese Tanto Jorge como Daniel recuerdan muchas más cosas que yo que entré mucho después. En líneas generales coincido con las acotaciones, aunque me cuesta precisar a veces si un autor sí o no. Con Irene en esa época leíamos a Pizarnik, por ejemplo. Las iniciaciones no son tan lineales.
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Daniel Freidemberg En esa época, sí, leíamos todos, o casi todos, a Pizarnik
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Clelia Bercovich Y Leonardo Goloboff, hermano de Mario, no hacía teatro por entonces en el IFT?
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Marcelo Leites Corregido el error, que es de la revista, no de tipeo.
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Daniel Freidemberg Leonardo Goloboof fue profesor mío en el Ift. Pero no tenía nada que ver con el taller. El taller funcionaba en una oficina del edificio del Ift, pero no pertenecía al Ift.
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Gustavo Gottfried Me gustaría compartir esta historia -corregida y aumentada por sus protagonistas- de los talleres literarios y de una parte importante de la literatura en Argentina. Pero creo que, con los comentarios incluidos no se puede. En fin, me conformo con haberla leído. Oro en polvo, realmente. Gracias, MarceloDaniel y Alicia.
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Pedro Oblomov No sé por qué se piensa "que nos apropiamos". Yo llegué al Taller gracias a Malamud. Salíamos de una charla de Raúl de la Torre en el Comité Central del PC. Le pregunté a Víctor adonde iba. Me contestó al taller, ¿querés venir?. Bueno, ahí conocì
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Pedro Oblomov (Se me dispara el enter) a los "apropiadores". (No estoy provocando ninguna discusión, es algo fútil). Unos años después, yo cursaba Letras y el jefe del Departamento era Paco Urondo, Literatura latinaomerciana, Noé Jitrik, Teoría literaria, Josefina Ludmer (todos un ¡¡¡¡!!!) y aproveché para aplicar toda la onda del estructuralismo, el formalismo ruso en el Taller. Luis Alonso fue 'nuestro poeta' Un poeta excepcional que no tiene la transcendencia de Leonor....(to be continued)
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char