jueves, 18 de enero de 2018

Los seres queridos sonríen en las fotos

Carina Sedevich
(Santa Fe, Argentina, 1972. Reside en Córdoba, Argentina)

2

Algo en el fondo de los otros
me repele íntimamente:
el reflejo de mi propia humanidad.

*

Sin embargo, hija,
estoy bendita:
la materia de tu alma
ya me es propia.
El hombre aquel
que me leyó las manos
pudo verlo,
como hoy te veo
en el cabello
de otros niños.
Te escucho enumerar
los grillos cada noche.

*

Así
mi revulsiva humanidad
consigue mantenerme viva.
(...)
PRIMER SOL INTENSO de septiembre.
Los niños corren en el parque.
Los seres queridos sonríen en las fotos
lejos, abrazando a otros.
**

Primera mañana de diciembre.
Me detengo bajo un árbol y lo anoto:
Buen trabajo. Los seres que he querido
han podido alejarse de mí.
***
Oración para la piedra de la mesa
(Fragmento)
El viento se mueve.
Mi corazón se mueve
pero ansía ser como la piedra
constelada
que sostiene mis brazos
mientras mis brazos
sostienen mi frente.

*

Piedra de la mesa
perfumada en verano
por partículas de sal.
Demasiado dura
para estar con otros.
Demasiado vieja
para no callar.

*

Piedra de la mesa
dulce como un muerto:
hace mucho tiempo
no miro mis manos.

*

Piedra de la mesa:
olvida mis palabras.
Seres amados:
olviden mis palabras.
Campanas de la catedral:
escriban
sobre mis palabras.
Caireles de la florería:
eleven sus palabras
por mi niña.

-Pájaros:
busquen el agua.
Es domingo.-

De Lavar a la madre. Ed. Buena Vista, 2017.

miércoles, 17 de enero de 2018

martes, 16 de enero de 2018

Si tuviera el infinito largas cintas

ALEJANDRO SCHMIDT

(Córdoba, Argentina, 1955)

Si tuviera nombre el pensamiento

Si tuviera nombre el pensamiento
Nombre las lágrimas
Los rayos centrales de la vida humana

Algunas piedras que mueren sin raíz!

Caminos el aire!
El mar!

Y en cada juicio fuera casa el corazón
La divina quietud
O rota la opinión diera plegarias
Cómo llamaríamos entonces
De dos en dos
De diez en diez
A cada enigma ausente de su devoción

Si tuviera el infinito largas cintas
No habría esta luz
De persignar las sombras
Tras cada condición opuesto resultado…

Con lluvia comenzó el año y cierto desagrado en los zapatos
La soledad es eso que todos escribimos alguna vez
Si tuviera un nombre cada pensamiento
Podría llevar un millón de pesos o un millón de dólares en un bolso verde
O armas o cocaína o el ajuar de una niña delicada
O un matrimonio desvanecido tras la búsqueda internacional del...
O la representación gremial del silencio
O la reina de las hadas o el desorden
El tenor que se acabe la hoja
O la cabeza de Alfredo García
O las piezas de una mudanza
O un Buddha

Si tuviera nombre
Y cada nombre una callle
Que diera a los bares
O a la mesa del mate
O a las calculadoras de los centros de investigación

Y un sentimiento lo cubriera todo como una manta raya
O peor o mejor

Que sencilla serían estas bibliotecas
Estos herbarios
Donde algún yo
Algún vos
Caminara para atrás y se encontraría con sus padres
Tomados de la mano
Como quien pasaba por ahí exactamente
A la hora
De los crímenes o en todo caso
De los accidentes
De los deslizamientos

Porque pensar y pensar y pensar
Y que no quede nada o peor
Quede
Algún refrito
Alguna carta al futuro ante posterior
Pero casi nada de nada

es triste es muy triste

porque no puede uno
muy sentado
o haciendo pie en cualquier montaña famosa
o contrayendo una enfermedad infecciosa
o en el fondo de la pieza del fondo
decir un nombre
y que acudan todos los pensamientos
de la insolación
 el detergente
el reino
 o algo

no tienen nombre

uno quiere pensar
y todo se va se va
como siendo de este o aquella

de un perro o un gato
o una estatua
o pensamientos que salen no se sabe
de cementerio
o fuentes
o de una cocinera que se distrajo
pensamiento descuidados

porque es como un no querer
que tengan bautismo
y llamarlos por ejemplo
cacho
o chiquita

 y llegara
adentro de cacho
o de deodoro
todo el río de heráclito
y todo el pensar del río de heráclito


y nada mas

y nada menos
**
Tomado de su blog romanticismo y verdad.
Imagen: tomada de letras libres

viernes, 12 de enero de 2018

Y la mañana será fría, y el crepúsculo, gris.

Christina Rossetti

(Inglaterra, 1830-1894)

Vanidad de Vanidades, dice el Predicador,
Todas las cosas son Vanidad.
El ojo y el oído no pueden llenarse
Con imágenes y sonidos.
Como el primer rocío, o el aliento
Pálido y súbito del viento,
O como la hierba arrancada del monte,
Así también es el hombre,
Flotando entre la esperanza y el miedo:
¡Qué pequeñas son sus alegrías,
Qué diminutas, qué sombrías!
Hasta que todas las cosas terminen
En el lento polvo del olvido.
Hoy es igual que ayer,
Mañana uno de ellos ha de ser;
Y no hay nada nuevo bajo el sol:
Hasta que la antigua Raza del Tiempo corra
El viejo espino crecerá en su cansado tronco,
Y la mañana será fría, y el crepúsculo, gris.
**
Recuerda

Recuérdame después de haberme ido 
cuando, bajo la tierra silenciosa 
no me alcance tu mano temblorosa 
ni pueda desandar lo recorrido. 
Recuérdame sin más cuando perdido 
el sueño que soñaste, cual la rosa, 
se deshoje, pues ya ninguna cosa, 
promesa o ruego, llegará a mi oído. 
Mas si me olvidas por un tiempo, amado, 
al reparar en ello no te aflijas. 
Si la muerte y los vermes han dejado 
algún vestigio de mi pensamiento, 
prefiero que me olvides si contento 
estás a que me evoques y te aflijas. 

Versiones sin datos

miércoles, 10 de enero de 2018

Pero el sueño se acuerda de nosotros

Linda Pastan
(Nueva York, Estados Unidos, 1932)

VOCES

Juana oyó voces,
y por ello ardió.
Mientras conduzco en la oscuridad
escribo poemas.
Anoche pensando
en cómo espaciar los versos
me pasé una señal de stop.
Cuando me justifiqué
el policía asintió,
y me puso
una multa.
Un entendido me dijo
que los escritores tienen un plazo de quince años:
luego llega la repetición,
incluso la locura.
Como Midas, supongo que
todo lo que tocamos se convierte
en un poema
cuando el hechizo existe.
Pero piensa en el poeta después de ese plazo
tocando los árboles que
siempre ha tocado,
pero esta vez no ocurre nada.
Imagínatelo yendo de un tronco
a otro, magullándose
las manos con la áspera corteza.
Sólo quedan cinco años.
A veces entierro
mis poemas en el jardín,
reservándolos
para los fríos días venideros.
De todos modos
te quemas por ello.

De Las cinco fases del dolor, 1975. Traducción de Rosa Lentini y Susan Schreibman.
**
Luciérnagas

Ya aquí
luciérnagas

con su estacato en
luz

pequeños faros
tiemblan

silencio
entre el pasto

cortadas
constelaciones

al cielo
negro

(el ansia así 
transforma

al más simple
de todos)

o flashes de intuición
que estallan

un momento
y luego mueren.

Versión del inglés de Julia Santibáñez

©2015 Linda Pastan. Poemas reproducidos con permiso 
de Linda Pastan, representada por Jean V. Naggar 
Literary Agency, Inc. (permissions@jvnla.com)
**
Lo que queremos

Lo que queremos
nunca es sencillo.
Nos movemos entre las cosas
que pensamos que necesitábamos:
un rostro, una habitación, un libro abierto
y esas cosas tienen nuestro nombre...
ahora, nos necesitan.
Pero lo que necesitamos se aparece
en sueños, lleva disfraces.
Descendemos,
tendemos los brazos
y por la mañana
nos duelen.
No recordamos el sueño,
pero el sueño se acuerda de nosotros.
Está ahí todo el día
igual que un animal está ahí
debajo de la mesa,
igual que las estrellas están ahí
aun cuando el sol brilla


De Carnival Evening: New and Selected Poems, 1968-1998, W. W. Norton, Nueva York, 1999
Versión de Jonio González

martes, 9 de enero de 2018

Este puente que ves te deja sólo a la mitad del camino

SHEL SILVERSTEIN

(Chicago, Illinois, EE.UU., 1932-1999)

EL CAMPAMENTO DE LAS MARAVILLAS

Me voy al campamento de las Maravillas,
el que se encuentra junto al lago Paraíso,
al otro lado de la montaña de la Dicha,
allá lejos, en el valle del Optimismo.
Dicen que es verde y que siempre luce el sol,
que los ángeles lo hicieron en una noche
y que su lema es «Alegría y buen humor.»
Estoy seguro de que no hay quien lo soporte.
**
PRINGUE

Una cosa pegajosa pisé
que al zapato se me adhirió,
con un palo quitarlo intenté,
pero el pringue no se desprendió.
Traté de apartarlo del palo,
pero se me pegó a la mano.
Traté de lavarme la mano:
el pringue se pegó al lavabo.
Le pedí ayuda a mi perro:
el pringue se le pegó al pelo.
El perro se restregó contra el gato:
él también quedó pegado.
Mis amigos vinieron a ayudar
pero sólo se consiguieron pegar.
Ya veis lo peligroso que es
tener algo pegajoso en los pies.
**

Habrá que lustrar las estrellas,
pues tienen un aspecto un tanto mortecino.
Habrá que subir a lustrar las estrellas,
pues las gaviotas, las águilas, los estorninos
se quejan de verlas tan deslucidas y apagadas.
Dicen que compremos nuevas, pero son tan caras
que, por favor, id a por trapos
y lustres en botellas,que habrá que subir a lustrar las estrellas.
**

Este puente que ves te deja sólo a la mitad del camino
de las lejanas tierras que anhelas, de esos parajes
con sus campamentos gitanos, bulliciosos bazares beduinos,
y bosques de luz de luna donde los unicornios corren salvajes.
Ven, camina un poco conmigo, pues yo ya he sido peregrino
y te mostraré mundos maravillosos por laberínticos repechos,
mas este puente te deja sólo a la mitad del camino.
Tú solito deberás emprender el último y breve trecho.

De Hay luz en el desván. Ediciones B: Barcelona.
Y de Batacazos ( Falling Up). Traducción es de Daniel Aguirre Oteiza (Barcelona, Ediciones B, 1999).

lunes, 8 de enero de 2018

Me dicen que me detenga en la forma

Maria Borio
(Perugia, Italia, 1985)

EL CIELO

Sé que αρμονία significa también enlace,
conexión, unión. “Mientras los maderos estén
sujetos por las clavijas, seguiré aquí,
y sufriré los males que haya de padecer”
(Odissea, V, 361-362)

 Las nueces abiertas sobre la mesa
son todavía sonido
—el movimiento brillante de los ojos
de la puerta a la mesa:
el trabajo, el peso que no existe,
las ligeras ansias para las personas—
como si la belleza no tuviera un origen.
Estas nueces han hecho ruido,
me quitan los pensamientos
(nacen y son ya de todos,
todos los pensamientos…),
me reclaman al cuerpo,
a lo que nombro sabor
(las ideas nunca tienen cuerpo,
¿son parte de todos?),
me retienen contando los restos,
reuniéndolos sobre la mesa
(y mis pensamientos ¿a quién
han hecho feliz?).
Las cáscaras rotas pertenecen a estas manos
en la cavidad, en las líneas de las palmas,
puntas de semillas —nace una vida
al instante dentro de estas manos.
No tener pensamientos.
**

Han pasado días como voces,
las voces útiles al aire cuando se llena.
Han pasado días demasiado míos
a los que hablo cortocircuito.
Y los tuyos —aquellos de
él, del otro, del otro,
otras voces
yo de ellos, ellos
de mí y nadie
de nadie.
Se me aparecían rostros de mujer
en el mármol de la fachada,
llenos de luz de diciembre
y demasiado ligeros para entender
si son jóvenes o viejos, criaturas
innaturales o animales.
Aparecía la geometría
las ficciones, y todos los residentes,
resbalando cerca, secretos,
agrietados por el sol resbalando
de boca en boca de cuerpo en cuerpo,
se unían a las personas reales,
me hacían personaje.
Contar es lo único,
reconocerlas en la luz exacta
las voces que no parecen auténticas,
que deseas transparentes,
inocentes o simples—
y te hacen más única
de una persona sola.

Versiones de Pablo López Carballo
**
Pantalla

Me dicen que me detenga en la forma,
observarla y preguntar no a la forma
sino a todo lo que es fuera de ella,
esta escritura o las uñas delgadas,
las biografías anónimas o las palabras anónimas.
Me dicen que puede ser la forma de este libro en la pantalla
dónde ves vidas en fragmento o una luz maravillada.

La forma es la pantalla como una casa azul,
estadística y figuras o aquel ritmo que ata los hombres
en mi mente. La forma es, no es eso que quieren
que yo dé. Es, no es el futuro. Es deshacerse, a veces.

La forma, sólo la imagen, me has dicho, pero la borro
y la reescribo: letras, les digo, piensen, en cada letra
vean una palabra como el pie de un niño
apoyado en la mano de la madre y aquella mano
en el vientre y el vientre en un pensamiento.

A veces sigo este recorrido para que una escena ocurra
y no sea sólo forma sino vientre, mano, pie
que no ven, incluso en las imágenes desordenadas
en el éter como un libro de caras los sigo siempre,
un avión silencioso que reingresa en un hangar
o el ciego que llega a la última señal del braille.

Me han dicho, de nuevo, que me detenga en la forma,
la forma que se escribe o se vive nunca es la misma.
Con los pensamientos como uñas ato vidas
desunidas en la pantalla.

Traducción de Mario Pera

De L´altro limite, Lieto Colle, 2017.

viernes, 5 de enero de 2018

La parálisis del paisaje

RAQUEL CANÉ
(Santa Fe, Argentina)


Si la cacería empezara
por la presa quieta, aún tibia
las manos que voltean
para mirar espejos sin brillo
Si la cacería empezara
por los músculos dolidos
cansados de sostener
abandonando el metal ardiente
Si la cacería empezara
en el silencio que huele a pólvora
la parálisis del paisaje
que nos deja ausentes
Si la cacería empezara
por inclinarnos, vencidos
¿Qué sería del miedo?
¿En qué cuerpo habitaría el disparo?


Imagen: de la autora, perteneciente a Niña.

miércoles, 3 de enero de 2018

Como el alma atiza el fuego

MARGUERITE YOURCENAR
(Bruselas-Capital, Bélgica, 1903-Northeast Harbor, Maine, Estados Unidos, 1987)


El poema del yugo
(De Archivo)

Las mujeres de mi país llevan sobre los hombros un yugo;
Su corazón pesado y lento oscila entre esos dos polos;
A cada paso, dos grandes baldes de leche chocan
Uno con otro contra sus rodillas;
El alma materna de las vacas, la espuma del pasto masticado,
Brotan en olas nauseosas dulces.

Soy igual que la sirvienta de la granja;
A lo largo del dolor me avanzo de un paso firme;
El balde del lado izquierdo está lleno de sangre;
Puedes beber y saciarte de ese pujante jugo.
El balde del lado derecho está lleno de hielo;
Puedes inclinarte y contemplar tu rostro laso.
Así voy entre mi destino y mi suerte,
Entre mi sangre caliente y líquida y mi amor límpido muerto.
Y cuando esté segura que ni espejo ni bebida
Pueden ya distraer o sosegar tu corazón salvaje,
No quebraré el espejo resignado,
No volcaré el balde donde sangró toda mi vida.
Iré llevando mi balde de sangre en la noche negra
Allí donde están los muertos que en él a beber vendrán.
Iré donde están las olas con mi balde de hielo;
El breve gemido de la orilla será menos dulce que mi llanto;
Un rostro pálido grande se asomará a la duna
Y ese espejo, que ya no quieres, reflejará la faz calma de la luna.

Versión de Silvia Barón-Supervielle
**
Erótico

Tú la avispa y yo la rosa;
Tú el mar, yo la escollera;
En la creciente radiosa
Tú el Fénix, yo la hoguera.
Tú el Narciso y yo la fuente,
En mis ojos tú brillando;
Tú el río y yo el puente;
Yo la onda en mí nadando.
Y tú el sol y la sal
Y en los labios el caudal
Del rumor meciendo el juego.
Yo el pájaro y el cielo
Azul cruzando su vuelo,
Como el alma atiza el fuego.

Versión de Silvia Barón-Supervielle
**
Escritos al dorso de dos cartas postales

Una sirena llora
La salida de un barco
Sobre el agua que borra.

Yo sufro la ausencia
Y el espacio duro;
La pena es un muro.

La ruta es una trampa:
Ni trenes, ni navío;
El viaje está vacío.

(...) 

Reflejo, que tu lanza
Traspase la distancia
Y pegue con dulzor.

(La miel de las heridas
Embalsama el amor).
1934

Versión de Silvia Barón-Supervielle
Publicados por Fausto Marcelo Ávila Ávila.

martes, 2 de enero de 2018

Y entonces ella viene a soñar que es el árbol

HART CRANE 
(Ohio, EE.UU., 1899; desapareció en aguas del Golfo de México en 1932)

No me digas que el cielo está cerca
Hay cosas que te atraen
como si la Tierra fuera redonda
Ya te lo decía el poeta
es redonda es redonda
y el cielo un enorme corral de estrellas
Pero no me digas que el cielo esta cerca.
**
Extracto del jardín

La manzana en su tallo es el deseo de ella,
suspensión brillante, mímica del sol.
El tallo ha capturado el aliento de ella, y su voz,
silenciosamente articulada en la inclinación y la subida
de rama en rama hacia arriba, enturbia sus ojos.
Está presa del árbol y de sus dedos verdes.
Y entonces ella viene a soñar que es el árbol,
el viento poseyéndola, trenzando sus nervaduras jóvenes,
alzándola hasta el cielo y su azul vivo,
sumergiendo la fiebre de sus manos en la luz del sol.
No tiene memoria ni miedo ni esperanza
más allá de la hierba y las sombras a sus pies.

Publicado por Fausto Marcelo Ávila Ávila.
**
En la tumba de Melville

Lejos de este arrecife, a veces, bajo la ola
Los dados de los huesos de los muertos
Vio llegar un mensaje, al contemplarlos
Batir la orilla, en polvo oscurecidos.
Sin campanas cruzaban barcos náufragos.
El cáliz de la muerte generosa
Devolvía un disperso, lívido jeroglífico,
Envuelto en espiral de caracolas.
Luego en la calma de una vasta espira,
amarras hechizadas, y en paz ya la malicia,
Había escarchados ojos que elevaron altares;
Por los astros reptaban las calladas respuestas.
Ni cuadrante ni brújula imaginan
Más distantes mareas… Y por la azul altura
El canto no despierta al marinero.
Que su mítica sombra sólo el mar la conserva.

De El puente (Traducción de Jaime Priede). Ed.Trea, Gijón, 2007.

lunes, 1 de enero de 2018

Todo es tan poco siempre cuando se mira lejos


MARIANA FINOCHIETTO
(General Belgrano, Provincia de Buenos Aires, 1971. Reside en City Bell, Buenos Aires, Argentina)




No es fácil ser feliz.
Nunca fue fácil
sostenerse en el alambre,
comprender
el misterio de la tensión
entre lo malo y lo bueno.
Entendamos
que la alegría requiere un protocolo,
una pequeña ceremonia de iniciación
para ser carne
y hueso.
Cierto heroísmo
en entregarse al goce
que no todos poseen,
que no todos merecemos.
**
Es tan pequeña cosa la palabra.
Tan limitada a su oficio,
tan certera.
Precaria, yo también,
frente al espejo,
me cubro y me descubro de signos,
buscando no se qué
o la felicidad.
Me permito decir.
Soy la que nombra de este lado del mundo,
donde los cuartos aún conservan el frío,
pero el sol ya está entibiando las ventanas.
**

En las tierras oscuras donde el miedo era rey
construí una casa con el barro del río.
Sometí a la materia, la moldee entre mis manos,
le di forma de hombre, de ventana, de hijo.
Con mis ojos de amor parí cada mañana
un sol para entibiarme en los días más fríos.
Vi crecer las glicinas, florecer, derramarse,
convertirse en manojos de violencia azulada.
Vi pasar a los pájaros en su huida hacia el sur.
Los contemplé al volver en la urgencia del nido.
Todo es tan poco siempre cuando se mira lejos.
Tan poco y diminuto y lejano y perdido.

Debo dar las gracias a mis pequeñas muertes
por este cuerpo mío de vida generosa.
Llevo la cicatriz del que ha perdido todo de una perra vez.
Como todo el que aprende, yo también aprendí
que uno es apenas la suma
de todos los demonios que se ha devorado.
***
Imagen: tomada del blog masticar rabia.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Escriba del vacío de una testa

JORGE AULICINO
(Buenos Aires, Argentina, 1949)

[Dite]

El mal del mundo no es Satán.
Lo maneja con una inteligencia humana
aprendida en el Cielo, pero no es él.
Deberíamos inquirir sobre sus desafíos,
pero también sobre sus charlas con Dios
en el metrobús, en ese cafecito con sillas
plegables bajo un toldo, donde esta mañana
lloraba una enfermera.
***
[AHAB]

¿Qué hiciste de tu vida, muchacho?
Me has seguido sin que te ofreciera nada
excepto un moneda clavada al mástil
y un rito. Sabías que la vida,
contrariamente a lo que afirman en las tabernas puritanas
no pasa la cuenta, no reclama:
todo está sujeto a las mareas de tu libre hacerte o destruirte.
Por eso he preferido el demonio,
así sea un demonio blanco en mares cálidos.
Como si hasta allí hubiese navegado el ártico
y nosotros detrás.
Lo he dicho: percibí su blancura como una injuria,
como un muro detrás del cual puede no haber nada,
pero qué importa.
La nada que ocultaba no era el objetivo: el objeto era
el propio límite blanco.
Quise destruirlo con mi mano, yo que hubiese golpeado
el rostro de Dios si se interponía.
No el gozne, no la grieta: el golpe.
Y atado al arpón por el hilo de algún nervio,
soñé deshielos, despeñaderos, la catástrofe como política.

Mas no resultó, tú, el que se deja llamar Ismael,
estabas ahí para dar fe,
escriba del vacío de una testa
y de una cicatriz real,
desde la ceja a la femoral.
***
[Aristóteles]

Un cálculo infinitesimal es siempre un cálculo.
Destilado a través de una red capilar
de pensamiento, de alambiques dorados,
construye un pensamiento que es una ciudad.
Y la ciudad es pensamiento y cálculo:
una cuarta parte herreros y artesanos,
un octavo comerciantes,
dos cuartas partes magistrados y soldados;
muy poco, pero decisivo porcentaje
de filósofos y aedos, porque es este el alimento
del líquido amniótico que nos contendrá cívicamente
y en el que nos moveremos como peces.
Es, en efecto y de esta guisa, útero la ciudad.
Nunca así seremos extranjeros.
Tolle, legge. Cf. Política: muchacho,
con diez mil a lo sumo
el dispositivo del Estado funcionará
como un sistema de pesas y poleas.

Preveo, sí, el barro del Támesis, los cadáveres del Destripador,
-un destripador aristotélico, si cabe, un lector de Política-,
las favelas de Río de Janeiro, las Fábricas de Muerte del Reich,
los telares animistas del Sudeste Asiático, los decapitados
en la frontera de México... Para, stop.
En medio de ello, también Marx verá sus esferas,
su aparato delicado que se desarma
y arma sin perder aceite ni agua,
y es, aun de sangre manchado, ecuánime:
bitácora en el helado norte, en la caótica selva eslava.

De Mar de Chukotka (e-book), Edit. Op.cit, 2017.

martes, 26 de diciembre de 2017

Se aprende el agua por la sed

Emily Elizabeth Dickinson 
 (Amherst, Massachusetts, 1830-ibídem, 1886)


135

Se aprende el agua por la sed.
La tierra - por los mares navegados.
Por el dolor, el rapto -
La paz - por sus batallas referidas -
El amor, por el marco del recuerdo -
Por la nieve, los pájaros.

c. 1859
**
288

¡Soy nadie! ¿Tú quién eres?
¿Eres - nadie - también?
¿Ya somos dos, entonces?
¡No lo digas! podrían descubrirnos - ya sabes.

¡Qué fastidio - ser - alguien!
¡Qué impudicia - lo mismo que una rana -
Decir tu nombre - todo el santo junio -
A un pantano pasmado!

c. 1861
**
516

La belleza -no es causada- sólo es -
Dale caza, se eclipsa -
No la caces, se queda -

Atrapan las arrugas

En los prados - el viento
Le desliza sus dedos -
La deidad velará
Para que nunca lo hagas -

c. 1862
**
644

Me dejaste - Dios mío - dos legados -
Un legado de amor -
Un padre celestial habría bastado
De habérselo ofrecido -

Me dejaste fronteras de dolor -
Extensas como el mar -
Entre el tiempo y lo eterno -
Tu inteligencia - y yo -

c. 1862
**
686

Dicen que "el tiempo aplaca" -
Nunca el tiempo ha aplacado -
Un sufrimiento de hoy se fortalece
Igual que los tendones, con la edad -

El tiempo es una prueba del dolor -
Y no un remedio -
Si esto se prueba, también prueba
Que no existía enfermedad -

c. 1863
**
1233

De no haber visto el sol
Podría yo sobrellevar la sombra -
Pero la luz un más joven desierto
Mi desierto ha creado -

c. 1872
**
1251

Silencio es todo nuestro miedo.
Hay un rescate de una voz -
Silencio, empero, es infinito.
Él mismo no posee rostro.

c. 1873
**
1379

Su mansión en la charca
Abandona la rana -
Se sube sobre un leño
Y da sus conferencias -
Su auditorio, dos mundos
(Descontándome a mí) -
El orador de abril
Está ronco actualmente -
Lleva en los pies mitones
Y carece de manos -
Su elocuencia, burbuja
Como ha de ser la fama -
Aplaudidlo y veréis
Para disgusto vuestro
Que se esfuma Demóstenes
En aguas verdinosas -

c. 1876

Versiones de Andrés Sánchez Robayna
Tomados de teresadelgadod.blogspot.com.ar

domingo, 24 de diciembre de 2017

Porque el principio debe recordarnos el fin

Thomas Stearn Eliot 
(Saint Louis,  EE.UU., 1888 - Londres, Inglaterra, 1965) 




Dos versiones de "El cultivo de árboles de Navidad"

Hay distintas actitudes con respecto a la Navidad;
Podemos pasar por alto algunas de ellas:
La social, la torpe y patéticamente comercial,
La tumultuosa (los pubs permanecen abiertos hasta la medianoche),
Y la pueril -que no es la de los niños,
Para quienes la vela es una estrella, y el ángel dorado
Que abre sus alas en la punta del árbol,
Es un ángel, no un adorno.
El niño se maravilla ante el árbol de Navidad:
Dejemos que continúe en ese espíritu de maravilla
En la fiesta no concebida como pretexto;
Para que el éxtasis esplendoroso, ese estupor
Del primer árbol de Navidad que recordamos,
Para que las sorpresas, el deleite de nuevas posesiones
(Cada cual con su particular y excitante perfume)
Y la espera por ganso o el pavo
Y el asombro ante su aparición,
Para que la veneración y el regocijo,
No sean olvidados en la experiencia posterior,
En el aburrido acostumbramiento, la fatiga, el tedio,
La conciencia de la muerte, el conocimiento del fracaso,
O en la piedad del converso,
Que puede corromper con la arrogancia,
Desagradable a Dios e irrespetuosa con los niños
(Y acá recuerdo, también con gratitud,
A Santa Lucía, su villancico, su corona de fuego):
Para que, antes del final, en la octogésima Navidad,
(Con "octogésima" quiero decir la última)
Las memorias acumuladas de esa emoción anual
Puedan concentrarse en un gran regocijo
Que será a la vez un gran temor, como cuando
El miedo llegue a cada alma:
Porque el comienzo nos hará recordar el final
Y la primera venida, la segunda venida.
Versión de Isaías Garde
**

De las muchas actitudes ante la Navidad,
hay algunas que debemos rechazar:
la social, la torpe, la comercial,
la desordenada (la de los bares abiertos hasta medianoche)
y la infantil que no es la del niño
para el que la vela es una estrella
y el ángel dorado que despliega sus alas
en la cima del árbol, no decoración, sino ángel.
El niño ante el árbol se asombra.
Dejémosle que siga en su espíritu
con la Fiesta que es tal y no pretexto.
De ahí que el rapto brillante, la maravilla
del primer árbol de Navidad que se recuerda,
de ahí que las sorpresas, las delicias
de las nuevas posesiones (cada una
con su peculiar olor y emocionante),
la espera del ganso o del pavo
y el alborozo de su llegada.
De ahí que la alegría y la reverencia
no deban olvidarse en la experiencia posterior,
en la cotidianeidad o el tedio o la fatiga,
en la certeza de la muerte o la conciencia del fracaso
o en la piedad del converso
que puede corromperse por la vanidad
que no gusta a Dios y desagrada a los niños
(y aquí recuerdo con gratitud a Santa Lucía,
su villancico y su corona de fuego):
De ahí que antes del fin, la navidad número ochenta
(y “ochenta” significa la que sea la última)
los recuerdos acumulados de la emoción anual
deben concentrarse en inmenso gozo
que será también inmenso temor
como en la ocasión en que descienda
el terror a cada alma:
porque el principio debe recordarnos el fin
y la primera venida, la segunda.

Traducción: José Luis Justes Amador
***
The Cultivation of Christmas Trees
There are several attitudes towards Christmas,
Some of which we may disregard:
The social, the torpid, the patently commercial,
The rowdy (the pubs being open till midnight),
And the childish – which is not that of the child
For whom the candle is a star, and the gilded angel
Spreading its wings at the summit of the tree
Is not only a decoration, but an angel.
The child wonders at the Christmas Tree:
Let him continue in the spirit of wonder
At the Feast as an event not accepted as a pretext;
So that the glittering rapture, the amazement
Of the first-remembered Christmas Tree,
So that the surprises, delight in new possessions
(Each one with its peculiar and exciting smell),
The expectation of the goose or turkey
And the expected awe on its appearance,
So that the reverence and the gaiety
May not be forgotten in later experience,
In the bored habituation, the fatigue, the tedium,
The awareness of death, the consciousness of failure,
Or in the piety of the convert
Which may be tainted with a self-conceit
Displeasing to God and disrespectful to children
(And here I remember also with gratitude
St.Lucy, her carol, and her crown of fire):
So that before the end, the eightieth Christmas
(By “eightieth” meaning whichever is last)
The accumulated memories of annual emotion
May be concentrated into a great joy
Which shall be also a great fear, as on the occasion
When fear came upon every soul:
Because the beginning shall remind us of the end
And the first coming of the second coming.

lunes, 18 de diciembre de 2017

¿Has olvidado dar cuerda al reloj?

Laurence Sterne

(Clonmel, Irlanda, 1713–Londres, Inglaterra, 1768)


La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy (1759-1767) 
Fragmentos

Espíritu amable del más fragante humor que haya inspirado nunca la fácil pluma de mi idolatrado Cervantes. Tú que te has deslizado cada día a través de su reja convirtiéndolo con tu presencia en sol radiante la luz crepuscular de su prisión. Tú que has teñido el agua de su jarra con el néctar celestial y que durante todo el tiempo en que escribió sobre Sancho y su amo desplegaste sobre él, sobre su mustio muñón y sobre todos los males de su vida tu manto místico. ¡Vuelve hacia mí tus ojos, te lo imploro! ¡Contempla mis calzones! Son todo lo que tengo en este mundo. Ese lastimoso rasgón me lo hicieron en Lyon.
(...)
Ojalá mi padre o mi madre, o mejor dicho ambos, hubieran sido más conscientes, mientras los dos se afanaban por igual en el cumplimiento de sus obligaciones, de lo que se traían entre manos cuando me engendraron; si hubieran tenido debidamente presente cuántas cosas dependían de lo que estaban haciendo en aquel momento, que no sólo estaba en juego la creación de un ser racional sino que también posiblemente, la feliz formación y constitución de su cuerpo, tal vez su genio y hasta la naturaleza de su mente. 
(...)
 -Por favor, querido -diría mi madre- ¿Has olvidado dar cuerda al reloj? -¡Por Dios! -dijo mi padre profiriendo una exclamación, aunque cuidando al mismo tiempo de bajar la voz- ¿Es que desde que existe el mundo puede haber mujer alguna que interrumpa a un hombre con tan estúpida pregunta? Pero, por favor, me preguntarán, ¿qué es lo que estaba diciendo su padre?
-Nada, no decía nada.
***
El 5 de noviembre de 1718, fecha que para el caso era tan cercana, a los nueve meses naturales, como mi padre podía razonablemente esperar, aparecí yo, el caballero Tristram Shandy, en este ruin y desastroso mundo. Yo hubiera preferido nacer en la Luna o en cualquiera de los planetas (salvo Júpiter o Saturno cuyo clima no resultaría soportable), pues no podría haberme ido peor en ellos (no me pronunciaré acerca de Venus) que en este vil y cochino planeta que, en mi sentir -sea dicho con el mayor respeto-, me parece hecho de los desperdicios y retazos de todos los demás. No porque el planeta en sí no resulte bien, siempre, claro, que uno nazca con un buen título o en una buena casa o sea llamado a desempeñar un buen cargo público, empleo, dignidad o potestad. Como éste no es mi caso y cada cual habla de la feria tal como le fue en ella, insisto en que resulta uno de los más miserables mundos que se haya jamás construido. Y digo esto porque puedo afirmar con todo convencimiento que desde la primera hora en que alenté en él hasta el presente, en que apenas puedo hacerlo gracias al asma que contraje con el viento de Flandes, no he sido más que un juguete de lo que el mundo llama la Fortuna. Y aunque no voy a ganar nada con agraviar de palabra a esta diosa, lo cierto es que en todo lugar me ha hecho sentir el peso de todo mal grande o señalado. Aun con el mejor humor del mundo, no puedo sino decir de ella que en cada etapa de mi vida, en cada vuelta y revuelta de su camino, cuando pudo mostrarse amable conmigo, esta antipática diosa no ha hecho más que abrumarme con la más copiosa granizada de lastimosas desventuras y de infaustos accidentes que jamás héroe alguno haya podido soportar.

Traducción de José Antonio López de Letona
*** 
De Viaje sentimental


«Es cierto que me he pasado la vida enamorado de una u otra princesa; y espero seguir así hasta que me muera, pues estoy convencido de que si algún día cometo alguna acción mezquina será en el intervalo de una pasión a otra. Durante el interregno siento mi corazón como cerrado con llave; no encuentro en él ni una moneda que darle a la miseria.»
**
Más de un filósofo peripatético podrá haber advertido que la naturaleza establece, de su propia e indiscutible autoridad, ciertos límites y vallados para circunscribir el disgusto humano, y ha ejecutado su plan de la manera más sencilla, imponiendo al hombre la obligación, casi insuperable, de procurarse el sustento y aguantar los reveses de la fortuna dentro de su patria. Sólo allí proporciona la naturaleza al hombre aquellos objetos acomodados a compartir su felicidad o a ayudarle con el peso de esa desgracia que en todos los tiempos y lugares ha parecido excesiva para un par de brazos. Verdad es que también estamos dotados de cierta facultad restringida que nos permite expandir nuestra felicidad más allá de sus límites. Pero el desconocimiento de las lenguas, la falta de relaciones y dependencias, la diversidad de la educación, hábitos y costumbres, a tal punto nos impiden comunicar nuestras sensaciones fuera de nuestro mundo habitual, que a veces aquel don queda reducido a la más completa impotencia.
**
CALAIS
Cuando hube terminado de comer, bebí a la salud del rey de Francia para demostrarme a mí mismo que no le guardaba ningún rencor, sino más bien al contrario: lo honraba en suma por la humanidad de su carácter. Y me crecí unos centímetros por mi favorable conclusión.
«No —pensé—, los Borbones no son en modo alguno una estirpe cruel. Tal vez se hayan dejado engatusar como otro pueblos, pero llevan la bondad en la sangre.»
Mientras era consciente de ese rasgo, sentí cómo me invadía una sensación más delicada que cualquier otra en las mejillas, más cálida y agradable para el hombre que el calor que podría haber provocado el borgoña (uno de al menos dos libras la botella, como el que yo había estado bebiendo).
—¡Por Dios! —exclamé, apartando de una patada mi baúl de viaje—, ¿qué hay en las posesiones de este mundo que aguzan nuestro espíritu y provocan que tantos de nuestros hermanos de buen corazón se enfrenten cruelmente?
Cuando el hombre está en paz con su prójimo, ¡cuánto más ligero que una pluma es el más pesado de los metales en su mano! Saca su bolsa y, levantándola con displicencia y manteniéndola abierta, mira a su alrededor como si buscara un individuo con quien compartir su contenido. Al reflexionar sobre ello, sentí que hasta el último vaso sanguíneo de mi organismo se dilataba; las arterias bombeaban alegremente y al unísono, y toda la energía que alimenta la vida se generaba con tan poca fricción que habría confundido a la précieuse2 más destacada de Francia; pese a todo su materialismo, difícilmente podría haberme calificado de máquina.
«Estoy seguro —me dije— de que habría trastocado sus creencias.»
La ocurrencia de esa idea transportó mi naturaleza, en ese momento, al punto más elevado que podía conquistar. Si antes estaba en paz con el mundo, esto me concilió con mi propio ser.
—Ahora bien, de ser yo el rey de Francia —exclamé—, ¡qué momento para que un huérfano me reclamase el baúl de viaje de su padre!
Traducción de Verónica Canales
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char