lunes, 10 de mayo de 2010

Olvidar, hacer el silencio, ser un eco perfecto


PAUL CÉZANNE
(Francia,1839–1906)


Monet es el “ojo cabrón”, el maravilloso ojo, de acuerdo con su pintura. Yo me quito el sombrero ante él. Es el mejor Impresionista. Es el “ojo” único, la mano única, el único al que obedece el crepúsculo con sus diáfanos matices y sus colores bien ajustados, sin que, en cambio, sus cuadros parezcan obedecer a un método.
***

Si pienso mientras pinto, si intervengo, ¡catacroc!, todo sale despedido […]. El artista es un simple receptáculo de sensaciones […]. Toda su voluntad ha de ser de silencio. Debe hacer callar en él todas las voces de los prejuicios, olvidar, olvidar, hacer el silencio, ser un eco perfecto. Entonces se inscribirá todo el paisaje en su placa sensible.
***

La naturaleza no está en la superficie, sino en la profundidad. Los colores son la expresión de esa profundidad en la superficie. Surgen de las raíces del mundo. Son su vida, la vida de las ideas.
***

Usted sabe que todas las pinturas realizadas dentro del estudio nunca serán tan buenas como las que se ejecutan al aire libre. Cuando las escenas exteriores son representadas, los contrastes entre las figuras y el suelo son impresionantes y el paisaje es magnífico. Yo veo algunas cosas soberbias y tengo que hacer que mi mente sólo trabaje en los exteriores. Estoy seguro de que todas las pinturas de los antiguos maestros que representaron sujetos en el exterior solamente pudieron haber sido hechas con habilidad, porque todo lo que para mí parece tener verdad y sobre todo lo original, lo provee la naturaleza.

Cézanne a Emile Zola, octubre de 1866.
***

Tened buenas compañías, es decir, id al Louvre. Pero, tras haber visto a los grandes maestros que allí descansan, es preciso apresurarse a salir de allí y vivificar en uno mismo, al contacto con la naturaleza, los instintos, las sensaciones artísticas que residen en nosotros.

Cézanne a Camoin en 1903.
***

El Louvre es el libro en que aprendemos a leer. Sin embargo, no debemos contentarnos con retener las bellas formas de nuestros ilustres predecesores. Salgamos de él para estudiar la hermosa naturaleza, tratemos de extraer el espíritu de ésta e intentemos expresarnos según nuestro temperamento personal. El tiempo y la reflexión, por otra parte, modifican poco a poco la visión, y por fin nos llega la comprensión.

Carta a Emil Bernard, Aix 1905. Paul Cézanne (edición de John Rewald), Correspondencia, Madrid, Visor, 1991, p. 389. Emil Benard (1868-1941), pintor amigo de Gauguin y Van Gogh, escribió de Cézanne en 1892.
***

Permítame repetirle lo que le dije ya...: aborde la naturaleza a través del cilindro, la esfera, el cono, todo ello puesto en perspectiva, de modo y manera que cada lado de un objeto o plano se dirija hacia un punto central. Las líneas paralelas al horizonte dan extensión, es decir, una sección de la naturaleza o, si Ud. prefiere, del espectáculo que el Pater Omnipotens Aeterne Deus despliega ante nuestros ojos. Las líneas perpendiculares a este horizonte dan la profundidad. Ahora bien, la naturaleza se halla, para nosotros los hombres, más en profundidad que en su superficie, de ahí la necesidad de introducir en nuestras vibraciones de luz, representadas por los rojos y amarillos, una suma suficiente de azulados, con objeto de hacer sentir el aire.

Carta a Emil Bernard, Aix en Provence, 15 de abril de 1904. Paul Cézanne, op. cit., p. 371.
***

Tengo que empeñarme todo el tiempo para no conseguir esa perfección final que se ganaría la admiración de los imbéciles. (…) Pintar no es copiar servilmente lo objetivo; es captar una armonía entre relaciones numerosas, es trasponerlos a una gama propia desarrollándolos según una lógica nueva y original.

Cit. por GASQUET, J., Cézanne. "Lo que vi y lo que me dijo", Madrid: Gadir, 2005
***
Imagen: Paul Cézanne - Naturaleza Muerta con Cupido. Courtauld Institute of Art.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char