jueves, 9 de septiembre de 2010

En una mano las cosas y en la otra su sombra

VILMA VARGAS ROBLES
(San José de Costa Rica, Rep. de Costa Rica, 1961)

Clamor

Era aquí.
Yo decía mi nombre.
Quería romper el cuello que me ceñía.
Vivir era un pequeño deseo,
un parto confuso entre garras.
¿Qué se hicieron los ojos,
el temblor tímido que me arropaba?
Crecí con un beso andrajoso,
crecí dormida en las llamas,
no sé de dónde llegó el dolor,
está aquí después de todo,
recoge su furia y vuelve;
¿dónde dijeron los padres que podía dejarlo?,
¿dónde están mis hermanos?
Les pido que sonrían cuando puedan.
***
Borde

Y yo me había ido.
Las voces del mundo tenían el sonido de un muro.
Como una boca seca una campana chasquea.
No hay puertas.
Miro al cielo con impaciencia.
En el borde del bosque el viento se oye,
toca la memoria como un violín.
Las hojas caen. Se tienden contra el cielo.
***
Sortilegio

El mundo clava sus golpes,
los repite.
Lejos de mí vuelvo a recogerme.
Comprendo,
en una mano las cosas y en la otra su sombra.
Los que me hirieron también están desnudos.
Nada me arrebataron:
amé un sortilegio,
conservé su belleza,
dejé un retrato elevándose de la tierra.
***
Figuras

Cerca está el tiempo.
En la arcilla se refrescan algunas formas;
un hombre trabaja un cantero.
Alguien levanta la voz
que reposa en las piedras,
oculto dice una alabanza
a los jardines que un día recorrió,
con la mitad del cuerpo hundida en la luz
y la otra mitad hundida en la sombra.
Se sonríe despacio.
Y pobre es el regreso.
***
El Pan Nuestro

La gente se amotina de una ventana a otra.

El último sol cae en la calle como un perro.
La ciudad arde,
se arrastra encendida hasta la noche.

¿Cómo vas a ganarte la vida?
Llaga la calle con tu alma que va rodando,
pero muéstrale los dientes al plumaje del mundo.
**
Foto tomada del blog albumnocturno

2 comentarios:

Poveda María dijo...

Hola Irene, qué lindas poesías. En especial "Sortilegio"! Gracias. Te conecté a través del blog de Agustina Roca. Saludos. María Pía.

Irene Gruss dijo...

Gracias, María Pía; Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char