miércoles, 1 de septiembre de 2010

Si sonara la voz

Tres más de CESARE PAVESE
(Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, Italia, 1950)


La casa




El hombre solo escucha la voz calma
con los ojos entrecerrados, como una respiración
que alentara sobre el rostro, una respiración amiga
que remonta, increíble, desde el tiempo pasado.

El hombre solo escucha la voz antigua
que sus padres, en los tiempos, oyeron, clara
y ensimismada, una voz que como el verde
de los estanques y de las colinas oscurece a la noche.

El hombre solo conoce una voz de sombra
acariciante, que mana con tonos calmos
de un manantial secreto: la bebe absorto,
los ojos cerrados, y no parece que la tenga a su lado.

Es la voz que un día ha detenido al padre
de su padre, y a cada muerto de su sangre.
Una voz de mujer que suena secreta
en el umbral de la casa, al caer lo oscuro.

Versión: Jorge Aulicino
De Verrà la morte e avrà i tuoi occhi, Poesie, Mondadori, Milán, 1969
*
La casa
L'uomo solo ascolta la voce calma
con lo sguardo socchiuso, quasi un respiro
gli alitasse sul volto, un respiro amico
che risale, incredibile, dal tempo andato.

L'uomo solo ascolta la voce antica
che i suoi padri, nei tempi, hanno udito, chiara
e raccolta, una voce che come il verde
degli stagni e dei colli incupisce a sera.

L'uomo solo conosce una voce d'ombra,
carezzante, che sgorga nei toni calmi
di una polla segreta: la beve intento,
occhi chiusi, e non pare che l'abbia accanto.

E' la voce che un giorno ha fermato il padre
di suo padre, e ciascuno del sangue morto.
Una voce di donna che suona segreta
sulla soglia di casa, al cadere del buio.
***
El amigo que duerme


¿Qué le diremos esta noche al amigo que duerme?
La palabra más tenue nos trepa a los labios
desde la pena más atroz. Miraremos al amigo,
sus inútiles labios que no dicen nada,
hablaremos en voz baja.
La noche tendrá el rostro
del antiguo dolor, que resurge cada tarde,
vivo e impasible. El silencio remoto
sufrirá como un alma, mudo, en lo oscuro.
Hablaremos a la noche que respira en voz baja.

Oiremos cómo gotean los instantes en lo oscuro,
más allá de las cosas, en el ansia del alba,
que llegará súbitamente tallando las cosas
contra el muerto silencio. La luz inútil
revelará el rostro absorto del día. Los instantes
callarán. Y las cosas hablarán en voz baja.
*
L'amico che dorme
Che diremo stanotte all'amico che dorme?
La parola più tenue ci sale alle labbra
dalla pena più atroce. Guarderemo l'amico,
le sue inutili labbra che non dicono nulla,
parleremo sommesso.
La notte avrà il volto
dell'antico dolore che riemerge ogni sera
impassibile e vivo. Il remoto silenzio
soffrirà come un'anima, muto, nel buio.
Parleremo alla notte che fiata sommessa.

Udiremo gli istanti stillare nel buio
al di là delle cose, nell'ansia dell'alba,
che verrà d'improvviso incidendo le cose
contro il morto silenzio. L'inutile luce
svelerà il volto assorto del giorno. Gli istanti
taceranno. E le cose parleranno sommesso.
***
La voz

Cada día el silencio del cuarto solitario
se cierra sobre el leve rumor de cada gesto,
como el aire. Cada día la breve ventana
se abre, inmovil, al aire que calla. La voz,
ronca y dulce, no vuleve en el fresco silencio.

Se abre como el respiro de quien va a hablar
y calla, el aire inmóvil. Cada día es el mismo.
Y la voz es la misma, que no rompe el silencio,
ronca e igual por siempre en la inmovilidad
del recuerdo. La clara ventana acompaña,
con su vibración breve, la calma de entonces.

Cada gesto golpea la calma de entonces.
Si sonara la voz, volvería el dolor.
Volverían los gestos en el aire asombrado,
y palabras, palabras a la voz sometida.
Si sonara la voz, hasta el temblor breve
del silencio que dura, se haría dolor.

Volverían los gestos del inútil dolor,
golpeando las cosas a lo largo del tiempo.
Pero la voz no vuelve,
y el murmullo remoto no levanta el recuerdo.
La luz inmóvil da su hálito fresco.
Para siempre el silencio calla, ronco y sumiso,
en el recuerdo de entonces.


Traducción: s/d
Foto tomada de alejandraeldeseodelapalabrapizarnik...
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char