HENRI MICHAUX
(Namur, Bélgica, 1899-París, Francia, 1984)
LOS INACABADOS
Rostro que no dice, que no ríe
que no dice ni sí ni no
Monstruo.
Sombra.
Rostro que tiende
que va
que pasa,
que lentamente hacia nosotros brota
rostro perdido.
*
LES INACHEVÉS
Visage qui ne dit qui ne rit / qui ne dit ni oui ni non. / Monstre. / Ombre. / Visage qui tend, / qui va, / qui passe, / qui lentement vers nous bourgeonne... / Visage perdu**
ENTREVISTA
Por Vincenzo Caballero
Me lo encontré una agradable tarde otoñal en un puesto de los bouquinistes de la Rive Gauche, ya casi al final de los quioscos, llegando a la convergencia del boulevard Saint Germain. Había oído decir que él había estropeado su salud con el uso de alucinógenos. Sin embargo, salvo por cierta mirada algo desorbitada, como de miope, y su nervioso fumar, nada parecía delatar ese pasado. Rostro de rasgos acusados, un tanto germánico (había nacido en Bélgica), sin duda irradiaba una fuerte personalidad dentro de un físico un poco frágil.
¿Le hablo, o no le hablo…? Mi eterna inseguridad me hacía oscilar entre la emoción del encuentro y el deseo de entablar conversación, y el temor a resultarle molesto, a ser desairado. Pero es curioso cómo el estar en tierras ajenas lo libera a uno de inhibiciones. Se hace con naturalidad lo que en casa propia se haría de un modo más elaborado: desde piropear a una mujer, hasta interpelar a un desconocido o protestar en público por un servicio mal prestado. Decidí intentar la conversación, así que lo saludé con el infaltable “bonjour, Monsieur”. (Esto era muy importante: dirigirse a un desconocido en París, y olvidar la ritual cortesía del saludo, habría sido una gaffe imperdonable). ¿Es Usted quizá Henri Michaux…?, arriesgué, sintiéndome un poco como Stanley encontrando a Livingstone en el corazón del África. Asintió, mirándome de hito en hito, intrigado sin duda por mi mal francés, y con esa expresión de evaluación distante que ponen los parisienses cuando son interpelados por un desconocido. Le dije que había leído sus obras. Mentira de cortesía, a la que respondió con un ¿Ah, sí…?, como adivinando mi exageración. Decidí llevar la conversación hacia el terreno más seguro del único libro suyo que había leído. ¿Usted estuvo en China, no…? Esas experiencias me interesan mucho, ¿sabe?…Es que soy muy aficionado a las chinerías, como decía el poeta Rubén Darío, y encontrar a alguien que haya estado en la China premaoísta, y que tenga la lucidez suya para relatarlo, no es frecuente…
–Bueno, si lo que le interesa es China, tenga en cuenta que la revolución comunista ha barrido costumbres, maneras de ser, de obrar, y de sentir establecidas por los siglos. No pocas de las observaciones mías que usted ha leído ya no son válidas. ¡Qué iba yo a presentir lo que se estaba gestando allí! Lo que parecía permanente, se ha dislocado. Yo estuve allí a principios de los años treinta…en el siglo pasado. Fíjese si pasó agua bajo estos puentes del Sena… La China que yo conocí era una nación postrada. Esa década fue la peor de la desintegración nacional. Era la época de los “señores de la guerra”: cualquier sargento de milicias, con el apoyo de bandidos y contrabandistas se constelaba el pecho de medallas de latón, se ponía unos entorchados, adoptaba una expresión feroz (indispensable en la iconografía militar china), y se convertía en dueño y señor de vidas y haciendas, en una suerte de territorio feudal. La gente vivía con miedo, con un miedo muy real. La vida humana (que nunca significó gran cosa en un país en perpetua inflación demográfica), valía menos que nada. Por eso, quizá, yo a los chinos los veía esquivos… Si pedía un informe en la calle, mi interlocutor salía disparado, como si pensase “Es más prudente no mezclarse en asuntos ajenos; se empieza por informes, y se acaba a golpes”. Además, era un país presa del más abyecto desorden: prácticamente no se podía salir de una ciudad de la China, porque a unos veinte minutos de viaje ya lo habían asaltado.
–No importa, Maestro, si precisamente lo que yo quiero es sentir el sabor renovado de aquellos recuerdos suyos, como cuando uno hojea las antiguas fotografías color sepia de los recortes de diario que juntaba el abuelo…¡Allons! ¡Cuénteme algo de aquello, aunque más no sea como una gentileza para quien no ha tenido la oportunidad de viajar tanto como Usted. Dígame, los chinos…, ¿cómo eran los chinos?
–¿Usted se refiere al hombre de la calle, el chino corriente y moliente?
–Ni más ni menos.
–Bueno, pues modesto… más bien agazapado, acolchado, se diría flemático, con ojos de detective y pantuflas de fieltro, caminando en puntas de pies, las manos entre las mangas, jesuítico, con una inocencia cosida con hilo blanco, pero dispuesto a todo. Cara de gelatina, escurridizo como un ratón, con algo de borracho y de blando, con una especie de corteza entre el mundo y él…
–¿No le dije?…¡Si hasta me parece estar viendo una de esas viejas fotografías tomadas en las calles del viejo Shanghai, con los chinos caminando a pasitos rápidos, como bamboleándose, inescrutables.
–Sí, el chino se agazapa lejos, detrás de sus ojos , en los que su ser no llega a proyectarse nunca en su totalidad…El chino tiene el alma cóncava.
–¿Y físicamente, cómo los veía Ud en su conjunto, como pueblo?
–Son un pueblo viejo, pero sano. Ningún tipo deformado o de retrasado mental. Hasta los mendigos, bastante raros, conservan ese aire espiritual y de buena sociedad tal como si fueran retoños de una vieja familia aristocrática, debilitada por enlaces cosanguíneos…
–Y las mujeres? ¿Cómo eran las mujeres?
–Ah, las mujeres chinas tienen cuerpos admirables, con el trazo de una planta, y nunca el aire de ramera que la europea adquiere con facilidad. Cuando una mujer china se ha introducido en el lecho, se necesitan muchos días para desasirse… La china se ocupa de uno, siempre abrazada a uno, como la hierba que no sabe aislarse… Se ocupa de uno, como si estuviese haciendo una cura. ¡Es tan afectuosa! Se pone al servicio de uno, sin bajeza, con tacto e inteligencia. Es como una hormiga siempre en busca de trabajo, atendiéndonos, arreglando nuestras cosas, y haciéndolo tan bien que parece que lo que ella arregla ya no se puede desacomodar. Mire, hasta durmiendo de a dos, la china es admirable. Tiene una especie de sentido de la armonía que subsiste hasta en el sueño, y que la impulsa, con movimientos apropiados, a no apartarse nunca, a subordinarse siempre a lo que sería tan hermoso, a ser dos armoniosamente…
–Me pregunté para mis adentros si esta experiencia habría surgido de algún exótico romance, o más prosaicamente entre las linternas rojas de los barrios de placer. Pero hubiera sido muy descortés preguntarlo, así que cambié de tema.
¿Y la religión de los chinos? ¿Le parecieron creyentes?
–El chino no tiene, precisamente espíritu religioso. Es demasiado modesto. Además, es hombre práctico: si se ocupa de alguien del más allá, es de los demonios, sólo de los malos, y eso cuando hacen mal. Si no, ¿para qué? Fíjese que el mismo Confucio decía que no tenía interés en indagar los principios de cosas que escapan a la inteligencia humana, ni ejecutar acciones extraordinarias que pareciesen ajenas a la naturaleza del hombre.
–Me recuerda a Protágoras, cuando decía que “el hombre es la medida de todas las cosas”…
–Tal cual. Si usted va a un templo chino, verá que el chino está perfectamente cómodo. Fuma, habla, se ríe, y consulta a los adivinos que hacen rodar palitos en una caja; retira uno, y el adivino lee la suerte en un libro de oráculos impresos.
–¿El I-Ching, tal vez?
–No, en realidad alguno de los muchos sistemas oraculares tradicionales, aptos para el consumo vulgar, más bien parecido a una lotería de vaticinios.
–Entonces, ¿cómo enfrenta el chino el inquietante misterio de la muerte?
–El chino no mira la Muerte como algo trágico. Un filósofo chino declara muy simplemente: “Un viejo que no sabe morir es un golfo”. Así lo entienden.
–Cómo piensa Usted que fundamentan los chinos su moral, esa moral que las primeras misiones cristianas destacaban?
–Los primeros misioneros cristianos se esforzaban en pintar a sus potenciales prosélitos con color de rosa; no había otra manera de conseguir que se abriera la exigua bolsa de sus benefactores europeos primero, y norteamericanos después.
–Bueno, lo hicieron también los frailes con los indios americanos, para protegerlos de la codicia conquistadora.
–En lo que hace a los chinos, la verdad es que son un pueblo con moralidad de anémicos, que necesita, como los niños, de reglas de civismo y de buena conducta, de muchos rituales. El ritual chino es una institución singular, única. Para el que tiene que convivir con muchos otros, en un hormiguero humano como aquél, los ritos no pueden ser pasados por alto. Desde el último cooli hasta el primer mandarín, tratan de no perder la cara, su cara de palo, que a ellos les gusta, y en efecto, no teniendo principios, la cara es lo que vale. Porque, dicho sea de paso, los chinos son muy sensibles: una nada los hiere. Como los niños, tienen horror a las humillaciones. El miedo a sentirse humillados es lo que los hace ser tan corteses. Para no humillar a los demás. Se humillan antes, para no ser humillados. Sonríen. “Perder la cara”, quedar en situación de ridículo, es un temor enfermizo en ellos. ¡Jamás ser el hazmerreír! Por eso mismo , los chinos saben ofenderse como nadie, y su literatura contiene, como puede esperarse de hombres corteses y susceptibles, las insolencias más crueles e infernales.
–Pero, sin embargo, tengo entendido que, antes de la llegada del europeo, la honestidad del chino, sobre todo en el comercio, era célebre en toda Asia…
–Sin duda. Pero, por honesto que sea, al chino no le choca la deshonestidad. ¿Es deshonesta la oruga que extrae una tajada de parénquima en una hoja de cerezo? El chino no es honesto ni deshonesto. Si las circunstancias están dadas para ser honesto, adoptará la honestidad como se adopta un idioma: lo hablará con absoluta fidelidad a las reglas establecidas, incluso más que un nativo, que se daría el lujo de corromperlo con su “slang”.
–Usted es un escritor, y un sensible artista: ¿qué es lo que más le impresionó en ese campo?
–Quizá sea su música, aunque hay que acostumbrarse a esos acordes que a nosotros nos parecen un poco barulleros. Pero eso es lo netamente chino, como su afición a celebrarlo todo con petardos y detonaciones. A pesar de ese barullo, la música china es la más pacífica del mundo; ni dormida ni lenta, pero sí pacífica, exenta del deseo de guerra, de mando, exenta hasta de sufrimientos, afectuosa. Es humana, bonachona, infantil y popular, y muy “familiera”.
Después, está su teatro. Sólo los chinos saben lo que es una representación teatral. Poseen una extraordinaria capacidad de simbolización y, como los niños que arman un escenario con una tablita aquí, un baldecito allá, un palo de escoba acullá, ellos son capaces de armar con la imaginación un escenario nuevo cada tres minutos, que es lo que suele durar cada escena. Y sus asombrosas convenciones… Cada actor llega a escena con un traje y una cara pintada que dice en seguida lo que es. No hay trampa posible. Puede decir todo lo que quiera, que sabemos a qué atenernos. Tiene el carácter pintado en la cara. Rojo, es valiente; blanco con una raya negra atravesándole verticalmente el rostro, es traidor, y se sabe hasta qué punto; si no tiene más que un poco de blanco bajo la nariz, es un personaje cómico, etcétera. ¡Y la mímica! Es algo extraordinario. Cuando se ve servir, con el mayor cuidado, de un cántaro inexistente, agua inexistente sobre un lienzo inexistente, y frotarse el rostro y retorcer el lienzo inexistente , la existencia de esa agua invisible, y sin embargo evidente, se vuelve de algún modo alucinatoria; y si la actriz deja caer el cántaro (inexistente) y uno está en primera fila, se siente salpicado junto con ella.
Hay piezas de un movimiento continuo, incesante, donde se escalan muros inexistentes, para robar cofres inexistentes…
–Ahá… ¿Y de la literatura clásica que aún circulaba abundantemente por aquellos tiempos?
–Inconmensurablemente refinada. Los ayuda esa cosa tan peculiar que es el ideograma, que hace que cada palabra sea un paisaje, un conjunto de signos cuyos elementos, hasta en el poema más breve, promueven un sin fin de alusiones. Así la poesía china, casi telegráfica como es en su concisión gramatical, despierta un mundo de evocaciones. Son tantos sus sentidos implícitos, que se nos vuelve intraducible…
(Atardecía ya, y de pronto, al irse el sol, había ido cayendo ese frío precoz y brusco de los otoños en París. El librero se impacientaba, viendo que con mi charla le estaba distrayendo a su distinguido cliente, cerca de la hora de cierre. No quise abusar más de la atención que me había dispensado mi interlocutor, y consideré oportuno despedirme, agradeciéndole su cortesía.)
–“Salúdeme a sus compatriotas, allá en Buenos Aires”, me dijo con su formal sonrisa.
–Lo haré con todo gusto… (¡claro!, recordé de pronto…¡Si su libro fue traducido y editado por SUR, poco después de su viaje al Oriente, y él estuvo allá un buen tiempo!).
Tomada de sinaruspica.wordpress.com
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domingo, 7 de septiembre de 2014
miércoles, 6 de agosto de 2014
Y antes era una aglomeración de países formidables
HENRI MICHAUX
(Namur, Bélgica, 1899-París, Francia, 1984)
MI REINO PERDIDO
Antes tenía un reino tan grande que casi daba la vuelta completa a la Tierra.
Me molestaba. Quise reducirlo.
Lo logré.
Ahora no es más que una parcela de Tierra, una diminuta parcela sobre la cabeza de alfiler.
Cuando la veo, me rasco con ella.
Y antes era una aglomeración de países formidables, un Reino soberbio.
**
Su oído agudo, agudo, su único oído escucha una onda que llega, aguda, aguda, y una onda sucesiva que va a llegar de una lejanía de tiempo y de espacio para dirigir, conducir a la víctima que deberá dejarse manejar.
Su mano se prepara.
¿Y él? Mira actuar.
Cuchillo desde lo alto de la frente hasta el fondo de sí mismo, vigila, listo para intervenir, listo para cortar, para decapitar lo que no es, no será suyo, cercenar en el vagón que el Universo desbordante empuja hacia lo que no será “SU” víctima...
**
Este es el sitio del taciturno
y del enrollado
y de la reanudación indefinida.
Una mujer retira una camisa,
que deja ver otra camisa, que ella retira,
que deja ver otra camisa que ella retira,
que deja ver otra camisa que ella retira,
que deja ver otra camisa,
y el descanso de la desnudez
no llega nunca.
**
(Namur, Bélgica, 1899-París, Francia, 1984)
MI REINO PERDIDO
Antes tenía un reino tan grande que casi daba la vuelta completa a la Tierra.
Me molestaba. Quise reducirlo.
Lo logré.
Ahora no es más que una parcela de Tierra, una diminuta parcela sobre la cabeza de alfiler.
Cuando la veo, me rasco con ella.
Y antes era una aglomeración de países formidables, un Reino soberbio.
**
Su oído agudo, agudo, su único oído escucha una onda que llega, aguda, aguda, y una onda sucesiva que va a llegar de una lejanía de tiempo y de espacio para dirigir, conducir a la víctima que deberá dejarse manejar.
Su mano se prepara.
¿Y él? Mira actuar.
Cuchillo desde lo alto de la frente hasta el fondo de sí mismo, vigila, listo para intervenir, listo para cortar, para decapitar lo que no es, no será suyo, cercenar en el vagón que el Universo desbordante empuja hacia lo que no será “SU” víctima...
**
Este es el sitio del taciturno
y del enrollado
y de la reanudación indefinida.
Una mujer retira una camisa,
que deja ver otra camisa, que ella retira,
que deja ver otra camisa que ella retira,
que deja ver otra camisa que ella retira,
que deja ver otra camisa,
y el descanso de la desnudez
no llega nunca.
**
viernes, 24 de enero de 2014
No me volví duro, en efecto, sino lámina a lámina
HENRI MICHAUX
(Namur, Bélgica, 1899-París, Francia, 1984)
POEMA FINAL DE LA VIDA EN LOS PLIEGUES
Ha llegado con las lluvias, camarada, aquel a quien, por lo que dicen, lleva cada uno en la espalda.
Ha llegado con las lluvias, triste, y no se ha secado aún.
Yo he arrancado algunas veces desde entonces. He abordado unas cuantas orillas nuevas. Pero no he podido desentristecerlo. Me canso ahora. Mis fuerzas, mis últimas fuerzas... Su ropa mojada –¿dónde está la mía para empezar?– me da escalofríos. Ya va siendo hora de volver a casa.
***
SOY GONG
En mi canto de ira hay un huevo
Y en ese huevo están mi madre, mi padre y mis
hijos,
Y en ese todo hay alegría y tristeza mezcladas, y vida.
Fuertes tormentas que me han socorrido,
Gran sol que te me has opuesto,
Hay odio en mí, fuerte y antiguo,
Y de la belleza nos ocuparemos más tarde.
No me volví duro, en efecto, sino lámina a lámina;
Si supieran cómo he quedado blando en el fondo.
Soy gong y algodón y canto de nieve,
Lo digo y estoy seguro.
Versiones de Guillermo-Augusto Ruiz
***
Yo remo
Maldije tu frente tu vientre tu vida
Maldije las calles que tu andar recorre
Los objetos que recoge tu mano
Maldije el interior de tus sueños
Puse un charco en tu ojo que ya no ve
Un insecto en tu oreja que ya no oye
Una esponja en tu cerebro que ya no comprende
Te he enfriado en el alma de tu cuerpo
Te he congelado en tu vida profunda
El aire que respiras te sofoca
El aire que respiras tiene aire de sótano
Es un aire que ya ha sido expirado
Que ha sido expulsado por hienas
El hedor de ese aire ya nadie puede respirarlo
Tu piel está completamente húmeda
Tu piel rezuma el agua del gran miedo
Tus axilas desprenden desde lejos un olor a cripta
Los animales se detienen a tu paso
Los perros aúllan por la noche, levantando la cabeza hacia tu casa
No puedes huir
No tienes ningún hormigueo en la punta del pie
Tu cansancio pone raíces de plomo en tu cuerpo
Tu cansancio es una larga caravana
Tu cansancio llega hasta el país de Nan
Tu cansancio es inexpresable
Tu boca te muerde
Tus uñas te arañan
Ya no es tuya tu mujer
Ya no es tuyo tu hermano
Una serpiente furiosa le ha mordido la planta del pie
Han mancillado tu progenitura
Han mancillado la risa de tu niñita
Han mancillado al pasar el rostro de tu morada
El mundo se aleja de ti
Yo remo
Yo remo
Yo remo contra tu vida
Yo remo
Yo me multiplico en remeros innumerables
Para remar con mayor fuerza contra ti
Caes en lo impreciso
Estás sin aliento
Te cansas aun antes de hacer el menor esfuerzo
Yo remo
Yo remo
Yo remo
Te vas, ebrio, atado a la cola de un mulo
La ebriedad como un inmenso quitasol que oscurece el cielo
Y convoca a las moscas
La ebriedad vertiginosa de los canales semicirculares
Comienzo mal escuchado de la hemiplejía
La ebriedad ya no te abandona
Te tumba hacia la izquierda
Te tumba hacia la derecha
Te tumba sobre el suelo pedregoso del camino
Yo remo
Yo remo
Yo remo contra tus días
En la casa del sufrimiento entras
Yo remo
Yo remo
Sobre un lazo negro tus acciones se inscriben
Sobre el gran ojo blanco de un caballo tuerto rueda tu porvenir
Yo remo
Traducción de Julia Escobar
***
JE RAME
J’ai maudit ton front ton ventre ta vie/J’ai maudit les rues que ta marche enfile/Les objets que ta main saisit/J’ai maudit l’intérieur de tes rêves//
J’ai mis une flaque d’eau dans ton œil qui ne voit plus/Un insecte dans ton oreille que n’entend plus/Une éponge dans ton cerveau qui ne comprend plus//
Je t’ai refroidi en l’âme de ton corps/Je t’ai glacé en ta vie profonde/L’air que tu respires te suffoque/L’air que tu respires à un air de cave/Est un air qui a déjà été expiré qui a été rejeté par des hyènes/Le fumier de cet air personne ne peut plus le respirer//
Ta peau est toute humide/Ta peau sue la suée de la grande peur/Tes aisselles dégagent au loin une odeur de crypte//
Les animaux s’arrêtent sur ton passage/Les chiens, la nuit, hurlent, la tête levée vers ta maison/Tu ne peux pas fuir/Il ne te vient pas une forcé de fourmi au bout du pied/Ta fatigue fait une souche de plomb en ton corps/Ta fatigue est une longue caravane/Ta fatigue va jusqu’au pays de Nan/Ta fatigue est inexprimable//
Ta bouche te mord/Tes ongles te griffent/N’est plus à toi ta femme/N’est plus à toi ton frère/La plante de son pied est mordue par un serpent furieux//On a bavé sur ta progéniture/On a bavé sur le rire de ta fillette/On est passé en bavant devant le visage de ta demeure//
Le monde s’éloigne de toi//Je rame/Je rame/Je rame contre ta vie/Je rame/Je me multiplie en rameurs innombrables/Pour ramer plus fortement contre toi//
Tu tombes dans le vague/Te es sans soufflé/Tu te lasses avant même le moindre effort//
Je rame/Je rame/Je rame//
Tu t’en vas, ivre, attaché à la queue d’un mulet/L’ivresse comme un immense parasol qui obscurcit le ciel/Et assemble les mouches/L’ivresse vertigineuse des canaux demi-circulaires/Commencement mal écouté de l’hémiplégie/L’ivresse ne te quitte plus/Te couche à gauche/Te couche à droite/Te couche sur le sol pierreux du chemin//
Je rame/Je rame/Je rame contre tes jours//Dans la maison de la souffrance tu entres//Je rame/Je rame/Sur un bandeau noir tes actions s’inscrivent/Sur le grand œil blanc un cheval borgne roule ton avenir//
JE RAME//
Henri Michaux, Face aux verroux, Gallimard, 1954.
| Henri Michaux: Mouvement (1950-51). Private Collection |
(Namur, Bélgica, 1899-París, Francia, 1984)
POEMA FINAL DE LA VIDA EN LOS PLIEGUES
Ha llegado con las lluvias, camarada, aquel a quien, por lo que dicen, lleva cada uno en la espalda.
Ha llegado con las lluvias, triste, y no se ha secado aún.
Yo he arrancado algunas veces desde entonces. He abordado unas cuantas orillas nuevas. Pero no he podido desentristecerlo. Me canso ahora. Mis fuerzas, mis últimas fuerzas... Su ropa mojada –¿dónde está la mía para empezar?– me da escalofríos. Ya va siendo hora de volver a casa.
***
SOY GONG
En mi canto de ira hay un huevo
Y en ese huevo están mi madre, mi padre y mis
hijos,
Y en ese todo hay alegría y tristeza mezcladas, y vida.
Fuertes tormentas que me han socorrido,
Gran sol que te me has opuesto,
Hay odio en mí, fuerte y antiguo,
Y de la belleza nos ocuparemos más tarde.
No me volví duro, en efecto, sino lámina a lámina;
Si supieran cómo he quedado blando en el fondo.
Soy gong y algodón y canto de nieve,
Lo digo y estoy seguro.
Versiones de Guillermo-Augusto Ruiz
***
Yo remo
Maldije tu frente tu vientre tu vida
Maldije las calles que tu andar recorre
Los objetos que recoge tu mano
Maldije el interior de tus sueños
Puse un charco en tu ojo que ya no ve
Un insecto en tu oreja que ya no oye
Una esponja en tu cerebro que ya no comprende
Te he enfriado en el alma de tu cuerpo
Te he congelado en tu vida profunda
El aire que respiras te sofoca
El aire que respiras tiene aire de sótano
Es un aire que ya ha sido expirado
Que ha sido expulsado por hienas
El hedor de ese aire ya nadie puede respirarlo
Tu piel está completamente húmeda
Tu piel rezuma el agua del gran miedo
Tus axilas desprenden desde lejos un olor a cripta
Los animales se detienen a tu paso
Los perros aúllan por la noche, levantando la cabeza hacia tu casa
No puedes huir
No tienes ningún hormigueo en la punta del pie
Tu cansancio pone raíces de plomo en tu cuerpo
Tu cansancio es una larga caravana
Tu cansancio llega hasta el país de Nan
Tu cansancio es inexpresable
Tu boca te muerde
Tus uñas te arañan
Ya no es tuya tu mujer
Ya no es tuyo tu hermano
Una serpiente furiosa le ha mordido la planta del pie
Han mancillado tu progenitura
Han mancillado la risa de tu niñita
Han mancillado al pasar el rostro de tu morada
El mundo se aleja de ti
Yo remo
Yo remo
Yo remo contra tu vida
Yo remo
Yo me multiplico en remeros innumerables
Para remar con mayor fuerza contra ti
Caes en lo impreciso
Estás sin aliento
Te cansas aun antes de hacer el menor esfuerzo
Yo remo
Yo remo
Yo remo
Te vas, ebrio, atado a la cola de un mulo
La ebriedad como un inmenso quitasol que oscurece el cielo
Y convoca a las moscas
La ebriedad vertiginosa de los canales semicirculares
Comienzo mal escuchado de la hemiplejía
La ebriedad ya no te abandona
Te tumba hacia la izquierda
Te tumba hacia la derecha
Te tumba sobre el suelo pedregoso del camino
Yo remo
Yo remo
Yo remo contra tus días
En la casa del sufrimiento entras
Yo remo
Yo remo
Sobre un lazo negro tus acciones se inscriben
Sobre el gran ojo blanco de un caballo tuerto rueda tu porvenir
Yo remo
Traducción de Julia Escobar
***
JE RAME
J’ai maudit ton front ton ventre ta vie/J’ai maudit les rues que ta marche enfile/Les objets que ta main saisit/J’ai maudit l’intérieur de tes rêves//
J’ai mis une flaque d’eau dans ton œil qui ne voit plus/Un insecte dans ton oreille que n’entend plus/Une éponge dans ton cerveau qui ne comprend plus//
Je t’ai refroidi en l’âme de ton corps/Je t’ai glacé en ta vie profonde/L’air que tu respires te suffoque/L’air que tu respires à un air de cave/Est un air qui a déjà été expiré qui a été rejeté par des hyènes/Le fumier de cet air personne ne peut plus le respirer//
Ta peau est toute humide/Ta peau sue la suée de la grande peur/Tes aisselles dégagent au loin une odeur de crypte//
Les animaux s’arrêtent sur ton passage/Les chiens, la nuit, hurlent, la tête levée vers ta maison/Tu ne peux pas fuir/Il ne te vient pas une forcé de fourmi au bout du pied/Ta fatigue fait une souche de plomb en ton corps/Ta fatigue est une longue caravane/Ta fatigue va jusqu’au pays de Nan/Ta fatigue est inexprimable//
Ta bouche te mord/Tes ongles te griffent/N’est plus à toi ta femme/N’est plus à toi ton frère/La plante de son pied est mordue par un serpent furieux//On a bavé sur ta progéniture/On a bavé sur le rire de ta fillette/On est passé en bavant devant le visage de ta demeure//
Le monde s’éloigne de toi//Je rame/Je rame/Je rame contre ta vie/Je rame/Je me multiplie en rameurs innombrables/Pour ramer plus fortement contre toi//
Tu tombes dans le vague/Te es sans soufflé/Tu te lasses avant même le moindre effort//
Je rame/Je rame/Je rame//
Tu t’en vas, ivre, attaché à la queue d’un mulet/L’ivresse comme un immense parasol qui obscurcit le ciel/Et assemble les mouches/L’ivresse vertigineuse des canaux demi-circulaires/Commencement mal écouté de l’hémiplégie/L’ivresse ne te quitte plus/Te couche à gauche/Te couche à droite/Te couche sur le sol pierreux du chemin//
Je rame/Je rame/Je rame contre tes jours//Dans la maison de la souffrance tu entres//Je rame/Je rame/Sur un bandeau noir tes actions s’inscrivent/Sur le grand œil blanc un cheval borgne roule ton avenir//
JE RAME//
Henri Michaux, Face aux verroux, Gallimard, 1954.
sábado, 30 de octubre de 2010
El campo indiferente y el cielo sin intenciones
HENRY MICHAUX
(Namur, Bélgica, 1899-París, Francia, 1984)
MIS OCUPACIONES
Raras veces puedo ver a alguien sin abofetearlo,
Otros prefieren el monólogo interior. Yo, no. Más me gusta abofetear.
Hay gentes que se sientan frente a mí en el restaurante y no dicen nada; están allí
un buen rato porque han decidido comer.
Ahí tenéis a uno.
Yo me lo atraco, toc.
Me lo reatraco, toc.
Lo cuelgo en la percha.
Lo descuelgo.
Vuelvo a colgarlo,
Lo redescuelgo.
Lo pongo sobre la mesa, lo apilo y lo ahogo.
Lo ensucio, lo inundo.
Y vuelve a vivir.
Entonces lo enjuago, lo estiro (comienzo a enervarme, hay que terminar con él),
Lo comprimo, lo aprieto, lo resumo, lo introduzco en mi vaso, arrojo ostensiblemente
el contenido por el suelo y le digo al camarero: "Tráigame un vaso más limpio".
Pero me siento mal; arreglo al punto la cuenta y me voy.
***
LA SIMPLICIDAD
Lo que ha faltado sobre todo hasta el presente a mi vida, ha sido simplicidad. Poco a poco comienzo cambiar.
Ahora, por ejemplo, siempre que salgo, llevo mi cama conmigo, y cuando una mujer me agrada,
la tomo y me acuesto con ella al instante.
Si sus orejas o su nariz son feas y grandes, se las quito juntamente con la ropa y las pongo
debajo de la cama. Allí las encontrará ella al partir. Sólo guardo lo que me agrada.
Si su ropa interior ganara al ser cambiada, la cambio en seguida. Ese será mi regalo.
Si entretanto veo a otra mujer más agradable que pasa, me excuso ante la primera y la
hago desaparecer inmediatamente.
Personas que me conocen sostienen que no soy capaz de hacer eso que digo; que no tengo
suficiente temperamento para ello. Yo también lo creía así, pero era porque no hacía todo
como se me antojaba.
Ahora, paso siempre muy lindas tardes. (Por la mañana trabajo.)
Versiones de Enrique Eskenazi
***
Recuerdo
Parecida a la naturaleza, parecida a la naturaleza, parecida a la naturaleza,
A la naturaleza, a la naturaleza, a la naturaleza,
Parecida al plumón,
Parecida al pensamiento,
Y también de algún modo parecida al globo terráqueo,
Parecida al error, a la dulzura, a la crueldad,
A aquello que no es cierto, no vaciles, a la cabeza de un clavo hundido,
Al sueño que nos vence tanto más cuanto uno está ocupado en otra parte,
A una canción en lengua extranjera,
A un diente que sufre y permanece vigilante,
A la araucaria que extiende sus ramas en un patio,
Y que compone su armonía sin presentar la cuenta y no ejerce la crítica de arte,
Al polvo que hay en verano, a un enfermo que tiembla,
Al ojo que pierde una lágrima y de este modo se lava,
A nubes que se superponen, reducen el horizonte, pero hacen pensar en el cielo.
A las luces de una estación de noche, cuando uno llega, cuando uno ignora si todavía habrá trenes.
A la palabra hindú, para aquel que nunca estuvo allí donde se la encuentra en todas las calles,
A lo que se cuenta de la muerte,
A una vela en el Pacífico,
A una gallina bajo una hoja de banano, una tarde en que llueve,
A la caricia de una gran fatiga, a una promesa a largo plazo,
Al movimiento que hay en un hormiguero,
A un ala de cóndor cuando la otra ala ya está en la vertiente opuesta de la montaña,
A mezclas,
A la médula al mismo tiempo que a la mentira,
A un joven bambú al mismo tiempo que al tigre, que aplasta al joven bambú,
Parecida a mí por último,
Y más aún a lo que yo no soy.
By, tú que eras mi By…
Ecuador, 1929
Versión de Raúl Gustavo Aguirre
***
Después del accidente
El problema de la noche sigue intacto.
¿Cómo atravesarla, cómo atravesarla por completo cada vez?
¡Qué pesados son mis segundos! Nunca los hubiera creído tan pesados.
Instantes elefantiásicos.
Lejos de todo, nada a la vista y sin embargo como unos ruidos a través de un filtro…
Oigo palabras ininterrumpidas, como si dijeran sin cesar, como si repitieran:
Labrador, Labrador, Labrador, Labrador, Labrador, Labrador.
Una bolsa me sacude. Sin fondo. Sin puertas, y yo como una larga boa extraviada.
He perdido incluso a mis enemigos.Oh espacio, espacio abstracto.
Calma, calma que hace rodar trenes.
Calma monumentalmente vacía.
No más proa. Quilla empujada. Quilla mecida.
Versión Silvio Mattoni
***
La carta
Les escribo de un país en otro tiempo claro. Les escribo del país del manto y la sombra. vivimos desde hace mucho, vivimos en la Torre del pabellón a media asta. ¡Ah, verano! Verano envenenado. Y desde entonces el mismo día siempre, el día del recuerdo incustrado...
El pez fuera del agua piensa en el agua todo lo que puede. Todo lo que puede, ¿no es natural? En lo alto de una cuesta se recibe una lanzada de pica. En seguida, toda una vida cambia. Un instante echa abajo la puerta del Templo.
Nos consultamos entre nosotros. Ya no sabemos. Nadie sabe más que el otro, nadie sabe. Aquel, perturbado. El otro confundido. Todos, desamparados. La calma se ha ido. La sabiduría no dura el tiempo de una inspiración. Dime, ¿quién si recibe tres flechazos en la mejilla se presentará con un aire desenvuelto?
La muerte se apoderó de algunos. La prisión, el destierro, el hambre, la miseria se encargaron de los otros. Nos atraversaron grandes sables de escalofrío, lo abyecto y lo solapado después nos atravesaron.
¿Quién en nuestra tierra recibe todavía el beso de la alegría hasta el fondo del corazón?
La unión del yo y el vino es un poema. La unión del yo y la mujer es un poema. la unión del cielo y la tierra es un poema pero el poema que nosotros hemos oído ha paralizado nuestro entendimiento.
En la pena demasiado grande nuestro canto no pudo proferirse. Detenido el arte de huella de jade. Las nubes pasan, las nubes de contorno de rocas, las nubes de contorno de duraznos; nosotros, parecidos a las nubes, pasamos repletos de las vanas potencias del dolor.
Ya no amamos al día. Aúlla. Ya no amamos la noche, atormentada por los cuidados. Mil voces para hundirnos. Ninguna voz para sostenernos. Nuestra piel se fatiga de nuestra cara descolorida.
El acontecimiento es grande. También la noche es grande pero ¿qué puede hacer? Mil astros de la noche no iluminan un solo lecho. Los que sabían ya no saben. Saltan con el tren, ruedan con la rueda.
"¿Quedarse uno en uno mismo?" ¡No lo sueñes! La casa del solitario no existe en la isla de los papagayos. En la caída se mostró la maldad. El puro no es puro. Muestra lo que tiene de obstinado, de rencoroso. Algunos se manifiestan en el chillido. Otros en lo esquivo. la grandeza no se manifiesta.
Ardor en secreto, adiós a la verdad, silencio de la baldosa, grito del apuñalado, la conjunción del reposo helado y los sentimientos quemantes ha sido nuestra conjunción y nuestra ruta la ruta del perro perplejo.
No nos reconocimos en el silencio, no nos reconocimos en el aullido, ni en nuestras grutas, ni en los gestos de los extraños. A nuestro alrededor el campo indiferente y el cielo sin intenciones.
Nos hemos mirado en el espejo de la muerte. Nos hemos mirado en el espejo del sello insultado, la sangre que corre, el impulso decapitado, nos hemos mirado en el espejo tiznado de la afrenta.
Hemos regresado a las fuentes verdosas.
Versión de Octavio Paz
***
¿NÁUSEA O ACASO ES LA MUERTE QUE LLEGA?
Ríndete, corazón mío.
Hemos luchado bastante,
Que mi vida se detenga,
No hemos sido cobardes,
Hicimos lo que pudimos.
¡Oh, alma mía!
Te vas o te quedas,
Tienes que decidirte,
No palpes así mis órganos,
A veces con atención, otras con extravío,
Te vas o te quedas,
Tienes que decidirte.
Yo ya no puedo más.
Señores de la Muerte
No los maldije ni los aplaudí.
Tengan piedad de mí, viajero de tantos viajes sin maleta,
Sin dueño tampoco, sin riqueza, y la gloria que se fue a otra parte,
Ustedes son ciertamente poderosos y divertidos por encima de todo,
Tengan piedad de este hombre enloquecido que antes
de cruzar la barrera ya les grita su nombre,
Atrápenlo al vuelo,
Y después que se amolde a sus temperamentos y costumbres,
si es posible,
Y si les place ayudarlo, ayúdenlo, se los ruego.
Traducción s/d
***
La estatua y yo
En mis momentos perdidos le enseño a caminar a una estatua.
Dada su inmovilidad exageradamente prolongada, no es fácil.
Ni para ella. Ni para mí. Gran distancia nos separa, me doy cuenta.
No soy tan tonto como para no darme cuenta.
*
Pero no se puede tener todas las mejores cartas en nuestro juego. Así, pues, adelante.
*
Lo que importa es que su primer paso sea bueno.
Para ella todo está en ese primer paso. Lo sé. Demasiado lo sé. De ahí mi angustia.
Me ejercito en consecuencia. Me ejercito como nunca antes lo hice.
*
Colocándome cerca de ella, de forma estrictamente paralela,
con el pie levantado igual que ella y rígido como una estaca hundida en la tierra.
*
No, nunca es exactamente igual. O el pie, o la combadura, o el porte, o el estilo,
siempre hay algo que falta, y la salida tan esperada no tiene lugar.
*
Es por eso que llegué casi a no poder caminar por mí mismo, invadido por una rigidez,
sin embargo llena de impulso, y mi cuerpo fascinado me asusta y ya no me conduce a ninguna parte.
Traducción: Silvio Mattoni
**
Imagen: Henri Michaux
La estatua y yo
De La vida en los pliegues, 1949, tomada de worldpress.com
(Namur, Bélgica, 1899-París, Francia, 1984)
MIS OCUPACIONES
Raras veces puedo ver a alguien sin abofetearlo,
Otros prefieren el monólogo interior. Yo, no. Más me gusta abofetear.
Hay gentes que se sientan frente a mí en el restaurante y no dicen nada; están allí
un buen rato porque han decidido comer.
Ahí tenéis a uno.
Yo me lo atraco, toc.
Me lo reatraco, toc.
Lo cuelgo en la percha.
Lo descuelgo.
Vuelvo a colgarlo,
Lo redescuelgo.
Lo pongo sobre la mesa, lo apilo y lo ahogo.
Lo ensucio, lo inundo.
Y vuelve a vivir.
Entonces lo enjuago, lo estiro (comienzo a enervarme, hay que terminar con él),
Lo comprimo, lo aprieto, lo resumo, lo introduzco en mi vaso, arrojo ostensiblemente
el contenido por el suelo y le digo al camarero: "Tráigame un vaso más limpio".
Pero me siento mal; arreglo al punto la cuenta y me voy.
***
LA SIMPLICIDAD
Lo que ha faltado sobre todo hasta el presente a mi vida, ha sido simplicidad. Poco a poco comienzo cambiar.
Ahora, por ejemplo, siempre que salgo, llevo mi cama conmigo, y cuando una mujer me agrada,
la tomo y me acuesto con ella al instante.
Si sus orejas o su nariz son feas y grandes, se las quito juntamente con la ropa y las pongo
debajo de la cama. Allí las encontrará ella al partir. Sólo guardo lo que me agrada.
Si su ropa interior ganara al ser cambiada, la cambio en seguida. Ese será mi regalo.
Si entretanto veo a otra mujer más agradable que pasa, me excuso ante la primera y la
hago desaparecer inmediatamente.
Personas que me conocen sostienen que no soy capaz de hacer eso que digo; que no tengo
suficiente temperamento para ello. Yo también lo creía así, pero era porque no hacía todo
como se me antojaba.
Ahora, paso siempre muy lindas tardes. (Por la mañana trabajo.)
Versiones de Enrique Eskenazi
***
Recuerdo
Parecida a la naturaleza, parecida a la naturaleza, parecida a la naturaleza,
A la naturaleza, a la naturaleza, a la naturaleza,
Parecida al plumón,
Parecida al pensamiento,
Y también de algún modo parecida al globo terráqueo,
Parecida al error, a la dulzura, a la crueldad,
A aquello que no es cierto, no vaciles, a la cabeza de un clavo hundido,
Al sueño que nos vence tanto más cuanto uno está ocupado en otra parte,
A una canción en lengua extranjera,
A un diente que sufre y permanece vigilante,
A la araucaria que extiende sus ramas en un patio,
Y que compone su armonía sin presentar la cuenta y no ejerce la crítica de arte,
Al polvo que hay en verano, a un enfermo que tiembla,
Al ojo que pierde una lágrima y de este modo se lava,
A nubes que se superponen, reducen el horizonte, pero hacen pensar en el cielo.
A las luces de una estación de noche, cuando uno llega, cuando uno ignora si todavía habrá trenes.
A la palabra hindú, para aquel que nunca estuvo allí donde se la encuentra en todas las calles,
A lo que se cuenta de la muerte,
A una vela en el Pacífico,
A una gallina bajo una hoja de banano, una tarde en que llueve,
A la caricia de una gran fatiga, a una promesa a largo plazo,
Al movimiento que hay en un hormiguero,
A un ala de cóndor cuando la otra ala ya está en la vertiente opuesta de la montaña,
A mezclas,
A la médula al mismo tiempo que a la mentira,
A un joven bambú al mismo tiempo que al tigre, que aplasta al joven bambú,
Parecida a mí por último,
Y más aún a lo que yo no soy.
By, tú que eras mi By…
Ecuador, 1929
Versión de Raúl Gustavo Aguirre
***
Después del accidente
El problema de la noche sigue intacto.
¿Cómo atravesarla, cómo atravesarla por completo cada vez?
¡Qué pesados son mis segundos! Nunca los hubiera creído tan pesados.
Instantes elefantiásicos.
Lejos de todo, nada a la vista y sin embargo como unos ruidos a través de un filtro…
Oigo palabras ininterrumpidas, como si dijeran sin cesar, como si repitieran:
Labrador, Labrador, Labrador, Labrador, Labrador, Labrador.
Una bolsa me sacude. Sin fondo. Sin puertas, y yo como una larga boa extraviada.
He perdido incluso a mis enemigos.Oh espacio, espacio abstracto.
Calma, calma que hace rodar trenes.
Calma monumentalmente vacía.
No más proa. Quilla empujada. Quilla mecida.
Versión Silvio Mattoni
***
La carta
Les escribo de un país en otro tiempo claro. Les escribo del país del manto y la sombra. vivimos desde hace mucho, vivimos en la Torre del pabellón a media asta. ¡Ah, verano! Verano envenenado. Y desde entonces el mismo día siempre, el día del recuerdo incustrado...
El pez fuera del agua piensa en el agua todo lo que puede. Todo lo que puede, ¿no es natural? En lo alto de una cuesta se recibe una lanzada de pica. En seguida, toda una vida cambia. Un instante echa abajo la puerta del Templo.
Nos consultamos entre nosotros. Ya no sabemos. Nadie sabe más que el otro, nadie sabe. Aquel, perturbado. El otro confundido. Todos, desamparados. La calma se ha ido. La sabiduría no dura el tiempo de una inspiración. Dime, ¿quién si recibe tres flechazos en la mejilla se presentará con un aire desenvuelto?
La muerte se apoderó de algunos. La prisión, el destierro, el hambre, la miseria se encargaron de los otros. Nos atraversaron grandes sables de escalofrío, lo abyecto y lo solapado después nos atravesaron.
¿Quién en nuestra tierra recibe todavía el beso de la alegría hasta el fondo del corazón?
La unión del yo y el vino es un poema. La unión del yo y la mujer es un poema. la unión del cielo y la tierra es un poema pero el poema que nosotros hemos oído ha paralizado nuestro entendimiento.
En la pena demasiado grande nuestro canto no pudo proferirse. Detenido el arte de huella de jade. Las nubes pasan, las nubes de contorno de rocas, las nubes de contorno de duraznos; nosotros, parecidos a las nubes, pasamos repletos de las vanas potencias del dolor.
Ya no amamos al día. Aúlla. Ya no amamos la noche, atormentada por los cuidados. Mil voces para hundirnos. Ninguna voz para sostenernos. Nuestra piel se fatiga de nuestra cara descolorida.
El acontecimiento es grande. También la noche es grande pero ¿qué puede hacer? Mil astros de la noche no iluminan un solo lecho. Los que sabían ya no saben. Saltan con el tren, ruedan con la rueda.
"¿Quedarse uno en uno mismo?" ¡No lo sueñes! La casa del solitario no existe en la isla de los papagayos. En la caída se mostró la maldad. El puro no es puro. Muestra lo que tiene de obstinado, de rencoroso. Algunos se manifiestan en el chillido. Otros en lo esquivo. la grandeza no se manifiesta.
Ardor en secreto, adiós a la verdad, silencio de la baldosa, grito del apuñalado, la conjunción del reposo helado y los sentimientos quemantes ha sido nuestra conjunción y nuestra ruta la ruta del perro perplejo.
No nos reconocimos en el silencio, no nos reconocimos en el aullido, ni en nuestras grutas, ni en los gestos de los extraños. A nuestro alrededor el campo indiferente y el cielo sin intenciones.
Nos hemos mirado en el espejo de la muerte. Nos hemos mirado en el espejo del sello insultado, la sangre que corre, el impulso decapitado, nos hemos mirado en el espejo tiznado de la afrenta.
Hemos regresado a las fuentes verdosas.
Versión de Octavio Paz
***
¿NÁUSEA O ACASO ES LA MUERTE QUE LLEGA?
Ríndete, corazón mío.
Hemos luchado bastante,
Que mi vida se detenga,
No hemos sido cobardes,
Hicimos lo que pudimos.
¡Oh, alma mía!
Te vas o te quedas,
Tienes que decidirte,
No palpes así mis órganos,
A veces con atención, otras con extravío,
Te vas o te quedas,
Tienes que decidirte.
Yo ya no puedo más.
Señores de la Muerte
No los maldije ni los aplaudí.
Tengan piedad de mí, viajero de tantos viajes sin maleta,
Sin dueño tampoco, sin riqueza, y la gloria que se fue a otra parte,
Ustedes son ciertamente poderosos y divertidos por encima de todo,
Tengan piedad de este hombre enloquecido que antes
de cruzar la barrera ya les grita su nombre,
Atrápenlo al vuelo,
Y después que se amolde a sus temperamentos y costumbres,
si es posible,
Y si les place ayudarlo, ayúdenlo, se los ruego.
Traducción s/d
***
La estatua y yo
En mis momentos perdidos le enseño a caminar a una estatua.
Dada su inmovilidad exageradamente prolongada, no es fácil.
Ni para ella. Ni para mí. Gran distancia nos separa, me doy cuenta.
No soy tan tonto como para no darme cuenta.
*
Pero no se puede tener todas las mejores cartas en nuestro juego. Así, pues, adelante.
*
Lo que importa es que su primer paso sea bueno.
Para ella todo está en ese primer paso. Lo sé. Demasiado lo sé. De ahí mi angustia.
Me ejercito en consecuencia. Me ejercito como nunca antes lo hice.
*
Colocándome cerca de ella, de forma estrictamente paralela,
con el pie levantado igual que ella y rígido como una estaca hundida en la tierra.
*
No, nunca es exactamente igual. O el pie, o la combadura, o el porte, o el estilo,
siempre hay algo que falta, y la salida tan esperada no tiene lugar.
*
Es por eso que llegué casi a no poder caminar por mí mismo, invadido por una rigidez,
sin embargo llena de impulso, y mi cuerpo fascinado me asusta y ya no me conduce a ninguna parte.
Traducción: Silvio Mattoni
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Imagen: Henri Michaux
La estatua y yo
De La vida en los pliegues, 1949, tomada de worldpress.com
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
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