domingo, 8 de agosto de 2010

¿Por qué un punto en la duna luego nada?

MARÍA MALUSARDI
(Buenos Aires, Argentina, 1966)


I – diálogo con pescadores

uno sabe que no puede convertirse en nada descabellado al viento cuando dialoga con un pescador uno sabe que el mar es silencio y rebeldía en la inacción uno sabe que perderse en otra piel es desandarse de uno mismo está escrito sellado en la arena

por qué un punto en la duna luego nada?: perderte luego encontrarte luego perderte: detrás de cada instante de placer la vida trama una pequeña desilusión

qué espera el pescador más que una mujer triste atareada en la escama? barcos que la mujer de sus ojos desquita? su cara astillada en la arena? un poema que desahucia en el caracol?

el pez como la palabra arqueándose en su desesperación por formarse enaltecerse impregnar esos sitios deformidad semántica o la danza macabra de los anzuelos

no hay diálogo con pescadores hay un vacío de hilos metálicos resonando al viento hay peces como violoncellos nerviosos hay úteros puro desparramo la orilla he parido medusas vomitado la última marea descanso ahora en el soliloquio del pájaro te presiento en su descripción

lobos de mar en la arena como sobretodos vacíos (vos? yo?) a quiénes abrigan mientras secan sus entrañas? ojos rotos: embriones entre las grietas cómo cada muerte hace del mundo un lugar más solitario
***
descanso de nadadores


si quito el polvo de la postal la ropa mojada me
salpica ni mujer ni hombre se intranquilizan el
mar ocupa un pequeño fragmento de mi
tragedia las ventanas tiemblan si estuve allí he
dejado el rostro entre las piedras aquella
resignada belleza me lastima de paz
***
padres nunca sabrán: sus hijos se hundirán burgueses o se eximirán insectos cantan mientras defecan desprolijo contratiempo la tristeza resolverán la vida en un pañuelo la enfermedad del mundo en el poema llorarán la intrepidez la imprudencia escribirán la última carta y dirán: he cambiado de parecer he fortalecido mi aspecto he aprendido a cantar bajo la cáscara la tumba de la humedad el infierno de las flores pútridas mi madriguera
***
el que de mí no ha nacido lee en la tristeza una
novela él mismo escribirá cuando amanezca
denunciará su cansancio ante el espejo la esterilidad
su madre lo conmueven besa ese campo equivocado
yermo ensaya aquí el poema: su familia final
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Foto tomada de gentedellibro.ning.com
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char