sábado, 1 de mayo de 2010

Se levanta sin dios


Una vez más,
EDUARDO MILEO


De Poemas del sin trabajo

Paisaje con pescadores

Mediodía de lunes.
En la costanera los
pescadores disfrutan
del sosiego.
Soleado como Dios
el día los arrulla. Les
da la bienvenida.
Nada desafina pues
nadie canta.

Los diamantes del sol
caídos en el agua
reflejan el deseo
del sin trabajo.
El hilo de su luz lo va llevando.
Lo aleja de la costa.
Lo marea.
Lo tumba boca abajo.
Zamarrea
su ebria lucidez.
El gran desocupado toca tierra.
***
Paisaje del desamparo

Baja el dolor como del cielo
Llega desde el mar
desde la sombra.
Clama como un árbol,
contra el viento.
Se levanta sin dios,
amanece sin templo.
Es una gota de barro
en el desierto.

El que está sin amor
camina lentamente.
Hasta el aire lo hiende
de astillas y plumas.
Muerde la vergüenza,
mastica la desdicha,
y es la comida que rumia lentamente.

El que está sin trabajo
camina lentamente.
Y mira al sin amor
y lo cree sin trabajo.
“Somos como dos gotas
-dice-
de sangre”
Y el dolor baja del cielo
y clava su estalactita.
***
San Cayetano

Es un día de fuego.
Estalla en los ojos
el sol de la cúpula
y es un incendio de odio la campana.

Cantan los fieles una fe que se apaga.
San Cayetano tiene la espiga marchita.

Pero bailan como alambres
las filas de fidedignos,
las columnas encendidas de la grey.

Es un día de fuego
porque hay fuego en los ojos
porque es de fuego el rostro que confía.

Es de fuego y tiene hambre.
La sombra no se come.

Ya no se bendice el agua.
Dios no tiene perdón.

El que está sin amor
o el que está sin trabajo
abandona la fila de creyentes
y camina junto a las paredes
escritas por los herejes.
**

copy: EDUARDO MILEO
Imagen: Edvard Munch, Scream (Tomada de arte.idoneos.com)

2 comentarios:

huggh dijo...

q textos... impresionante don Mileo!!! un saludo, hl

Irene Gruss dijo...

¿Ha visto? Gracias por la visita, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char