jueves, 19 de noviembre de 2009

Sol a rabiar


Algunos poemas de
ANNE HÉBERT
(Canadá, 1916-2000)


Canto de campanas

Un canto de campanas
En la hondanada del valle
Sube como una humareda oscura
Atraviesa la montaña
Se mezcla con las nubes
Da la vuelta al mundo
Herida mi alma adormecida
En un pliegue del sueño

Chant de cloches

Un chant de cloches
Au creux de la vallée
Monte comme une fumée brune
Franchit la montagne
Se mêle aux nuages
Fait la tour de la terre
Atteint mom âme dormante
Dans un repli de songe

***
El corazón escardado

El corazón escardado
A pleno sol
Este amor que es preciso
Arrancarse de entre los costales
A mediodía
En medio del fuego del verano

Le coeur sarclé
Le coeur sarclé
En plein soleil
Cet amour qu’il faut
S’arracher d’entre les côtes
A midi
Parmi le feu de l’été

***
Bello verano

Sol a rabiar
Sobre la mar a mediodía
Flechas de oro
Encendida locura
Me arrojo bajo el agua verde
En busca del alma del fuego
Que brilla entre las algas

Bel été

Soleil à tue-tête
Sur la mer à midi
Flèches d’or
Ardente déraison
Je file sous l’eau verte
À la recherche de l’ame du feu
Qui brille parmi les algues

***
Encierro el agua

Encierro el agua como un lecho
Extiendo el agua lisa sin arrugas
Sueño con la euforia del nadador
En la velocidad de su fluido corazón
Del otro lado del mundo
En el desperezarse de su alegría
La vida extraña refulge en sus cabellos
Blanca como la sal

Referme l’eau

Referme l’eau comme un lit
Tire l’eau lisse sans un pli
Songe à l’euphorie du nageur
À la vitesse de son cœur fluide
De l’autre côté du monde
Dans l’étirement de sa joie
La vie étrange luit dans ses cheveux
Blanche comme le sel


Traducción de Walter Romero
***
Misterio de la palabra

En un país tranquilo hemos recibido la pasión del mundo,
espada desnuda sobre nuestras dos manos posada

Nuestro corazón desconocía el día cuando el fuego
[nos fue así entregado,
y su luz hizo un surco en la sombra de nuestros rasgos

Era ante todo flaqueza, la caridad estaba sola
[adelantándose al
miedo y al pudor

Inventaba el universo en la justicia primera y éramos
partícipes de esta vocación en la extrema vitalidad
[de nuestro amor

La vida y la muerte en nosotros recibieron derecho
[de asilo, se miraron
con ojos ciegos, se tocaron con manos precisas

Unas flechas de olor nos alcanzaron, atándonos a la tierra
como heridas en nupcias excesivas

Oh estaciones, río, alisos y helechos, hojas,
[flores, madera
mojada, hierbas azules, todo nuestro haber sangra su
[perfume,
bestia olorosa en nuestro flanco

Los colores y los sonidos nos visitaron en tropel
[y en pequeños
grupos fulminantes, mientras que el sueño duplicaba
[nuestro
encanto como la tormenta eléctrica cierne el azul
[del ojo inocente

La alegría se puso a gritar, joven parturienta
[de olor salvajino
bajo los juncos. La primavera liberada fue
[tan hermosa que nos tomó
el corazón con una sola mano

Los tres golpes de la creación del mundo
[repicaron en nuestros
oídos, vueltos iguales a los latidos de nuestra sangre

En un solo deslumbrar se hizo el instante.
[Su relámpago nos recorrió
el rostro y recibimos la misión del fuego y de la
[quemadura

Silencio, ni se mueve, ni dice nada, se funda la palabra,
[levanta
nuestro corazón para asir el mundo en un solo gesto
[de tormenta, nos
adhiere a su aurora como la corteza al fruto

Toda la tierra vivaz, el bosque a nuestra derecha,
[la profunda ciudad
a nuestra izquierda, en pleno centro del verbo,
[avanzamos en la
punta del mundo

Frentes de cabellos ensortijados donde se corrompe
[el silencio en pelambres almizclados,
todas las muecas, viejas cabezas, mejillas de niño,
[amores, arrugas,
alegrías, duelos, criaturas, criaturas, lenguas de fuego
[en el solsticio de
la tierra

Oh hermanos míos los más negros, todas las fiestas
[gravadas en secreto;
pechos humanos, calabazas que son músicas
[y donde se exasperan
voces cautivas.

2 comentarios:

huggh dijo...

sol a rabiar sol a rabiar... lo que es ser ignorante, uno aprende... chas gracia señora!!

Irene Gruss dijo...

No tiene por qué, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char