Laura López Morales
(Villa Dolores. Reside en Río Ceballos, Córdoba, Argentina, 1976)
si se ve el molino
es porque estamos llegando
después aparece el algarrobo
la empalizada
la casa de la abuela
tan bajita como ella
adentro
un póster de Perón en su caballo
estoy en La Médula
acá todo se cocina al fuego
el sur aparece a veces
por una ventana triangular y mínima
**
no busques con desesperación
porque no está escrito
ni siquiera dicho
florece para nadie
inmensamente roja
hábil
esplendente
un pequeño artilugio para mirar el cielo
y ver con más nitidez
apenas eso
ver con más nitidez
para nada
para nadie
**
Despertamos a leer las marcas
las pisadas de la noche
en la arena amanecida
un hombre con sus perros
un caballo
el puma en las proximidades
y una vaca suelta
arrastrando la soga y la rama
a la que fue atada
**
aquí la intemperie es este espinal
esta greda partida y reseca
los horcones de sostener los días y los hijos
el corral de palos
el desmonte
aquí la intemperie
trenza el lazo alrededor del cuello
lo ciñe sobre el espejito de peinarse
sobre el fuentón
que junta la sangre del cabrito muerto
en el brasero
incandescente en los despojos
y en las gallinas desbandadas
que vuelven por su árbol
de dormir la noche
De La médula. Borde Perdido Editora, Córdoba, Argentina, 2016.
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jueves, 1 de junio de 2017
miércoles, 22 de marzo de 2017
Hay una voluntad en la ausencia
Laura López Morales
(Villa Dolores. Reside en Río Ceballos, Córdoba, Argentina, 1976)
Respirar donde antes hubo un bosque
te deja sin aliento
aprendí a caminar
entre los tocones talados
por eso pierdo el equilibrio
deambulo
porque no sé esquivar
lo que antes estuvo ahí
y ocupó un lugar
y tuvo un nombre
dijiste o insinuaste
que hay una voluntad en la ausencia
que tuviera cuidado
que de tanta frondosidad
podrías perderme de vista
**
de esta tierra era el ángel
con el ala rota a cascotazos
cuidando los muertos de un pueblo del sur
de esta tierra era
pero lo traje aquí
donde el agua no alcanza a ser nieve
y no cuajan las formas
ni el nombre de las cosas
fue un acto de egoísmo
dejarlo mirar estos escombros
estas flores infames
proclives a la más mínima redención
al más ínfimo suspiro
pero quién podrá culparme
de querer un ángel para mi sed
el humo en que cae y se pulveriza
su manera de ser inhumada
**
los puntos de intensidad son ahora
unas cuantas gotas
brillando en los alambres
por algún lado
da fin el aguacero
la tormenta de nubes rojas y eléctricas
que hace cantar a los pájaros
(Villa Dolores. Reside en Río Ceballos, Córdoba, Argentina, 1976)
Respirar donde antes hubo un bosque
te deja sin aliento
aprendí a caminar
entre los tocones talados
por eso pierdo el equilibrio
deambulo
porque no sé esquivar
lo que antes estuvo ahí
y ocupó un lugar
y tuvo un nombre
dijiste o insinuaste
que hay una voluntad en la ausencia
que tuviera cuidado
que de tanta frondosidad
podrías perderme de vista
**
de esta tierra era el ángel
con el ala rota a cascotazos
cuidando los muertos de un pueblo del sur
de esta tierra era
pero lo traje aquí
donde el agua no alcanza a ser nieve
y no cuajan las formas
ni el nombre de las cosas
fue un acto de egoísmo
dejarlo mirar estos escombros
estas flores infames
proclives a la más mínima redención
al más ínfimo suspiro
pero quién podrá culparme
de querer un ángel para mi sed
el humo en que cae y se pulveriza
su manera de ser inhumada
**
los puntos de intensidad son ahora
unas cuantas gotas
brillando en los alambres
por algún lado
da fin el aguacero
la tormenta de nubes rojas y eléctricas
que hace cantar a los pájaros
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char

