jueves, 20 de mayo de 2010

Nos sentamos juntos, la montaña y yo


LI PO
(LI BAI, LI PO, LI BO, LI TAI-PEI, LI TAI PO)
(China, 701-762?)


Bebiendo solo a la luz de la luna
(Una versión)


Si el Cielo no tuviera amor por el vino,
no habría una Estrella del Vino en el cielo.
Si la Tierra no tuviera amor por el vino,
no habría una ciudad llamada Fuentes de Vino.
Como el Cielo y la Tierra aman el vino,
puedo amar el vino sin avergonzar al Cielo.
Dicen que el vino claro es un santo,
el vino espeso sigue el camino (Tao) del sabio.
He bebido profundamente de santo y de sabio,
¿qué necesidad entonces de estudiar los espíritus y los inmortales?
Con tres copas penetro el Gran Tao,
tomo todo un jarro, y el mundo y yo somos uno.
Tales cosas como las que he soñado en vino,
nunca les serán contadas a los sobrios.
***
Bebiendo solo a la luz de la luna
(Otra versión)


Entre las flores, un tazón de vino
bebo solo, ningún amigo está cerca.
Levanto mi Copa, invito a la Luna
y a mi sombra, y ahora somos tres.
Mas la Luna nada sabe de bebidas
y mi sombra se limita a imitarme,
pero así y todo, Luna y sombra serán mi compañía.
La primavera es época propicia para el goce.
Canto y la Luna prolonga su presencia,
bailo y mi sombra se enreda.
Mientras me mantengo sobrio, somos alegres juntos,
cuando me embriago, cada uno marcha por su lado
jurando encontrarnos en el Río de Plata de los Cielos.

Versión de Luis Enrique Délano
Tomados de a media voz
***
Pregunta y respuesta

¿Por qué vivo en la colina verde-jade?
Río y no respondo. Mi corazón sereno:
Flor de durazno que arrastra la corriente.
No el mundo de los hombres,
Bajo otro cielo vivo, en otra tierra.
***
El santuario de la cumbre

La cumbre, el monasterio.
Ya es noche. Alzo la mano
y toco las estrellas.
Hablo en voz baja: temo
que se despierte el cielo.

***
Enviando a mi esposa en mi viaje al sur, camino de Yelang

Yelang está más allá del cielo, maldita distancia.
Del pabellón al claro de luna casi no hay noticias.
Pronto los gansos de la primavera habrán vuelto al norte.
Desde mi viaje con rumbo hacia el sur no ha habido misiva.

De Cien poemas, trad. Anne Hélène Suárez, Pretextos.

***
Un día de verano, en la montaña

Agito suavemente un abanico de plumas blancas,
sentado, la camisa abierta, entre las hojas verdes.
Me quito el sombrero y lo cuelgo de un saliente en la roca;
Desde los pinos la brisa se desliza
sobre mi cabeza desnuda.
***

Los pájaros se han desvanecido en el cielo,
Y ahora la última nube escapa.

Nos sentamos juntos, la montaña y yo,
Hasta que sólo queda la montaña.
***
Imagen tomada de lagranepoca.com: “Al ver un insecto, una flor o una brizna de hierba, les deseo que se llenen de vida. ¿Cómo podría soportar, observar la destrucción de tanta bondad y tal belleza?”. Cita del pintor Qi Bai Shi, el creador de esta obra de arte. (De la colección de Tony y Mailing Dai)
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char