martes, 25 de octubre de 2011

Como un agua sola

Jueves 27 de octubre a las 20


Los Mileo
(compuesto por el músico y compositor Raúl Mileo y el poeta Eduardo Mileo)


y Luis Mauregui Trío en concierto


en Centro Cultural Carlos Gardel, Olleros 3640
Se ruega puntualidad
***

De Irala, sueño de amor y de conquista
(La obra está estructurada con canciones, poemas y cartas. Letras de Eduardo y Raúl Mileo. La música es del compositor Raúl Mileo)

Irala sueña que sueña
(Del temor que la muerte da al sentido*)

Una mano
cortada por una espada
alza una copa de vino.
Domingo Martínez de Irala
bebe la luna sangrienta.
Su placer no es el fuego
que los astros encienden en su boca.
Adormecido por el dulce veneno
Irala sueña.
Fuego. Las chozas
son pupilas ardiendo.
La luna ensilla su potro y baja
sobre la ira de sus cascos.
Una mujer besa el anillo de una mano cortada.
Ha muerto el rey.
Las llamas iluminan el histórico convento.
El pueblo celebra en la plaza de armas
no la caída
sino la ebriedad.
Hace un frío eterno.
Domingo Martínez de Irala
enciende su lámpara de infancia y
penetra en la batalla.

*Verso del poeta catalán Ausias March (CXII, 221, Obra poética, Alfaguara, Madrid, 1978. Traducción de Pere Gimferrer)
***
Irala medita frente al mar
(De la pasión que provoca el amor fugitivo)

Oscura como Dios es esta noche
más alta y más profunda por umbría.
Un gran temor que hace desear el día.
Un trueno que maldice su derroche.

Me asfixia como un puño su alegría
de negro mar y soledad ansiosa,
y crece de su vientre, poderosa,
la mitad que completo con la mía.

Nada me dice, nada le respondo.
Es de silencio el lazo que nos ata
a un abismo a la vez crecido y hondo.

Los dos como de hielo y en las olas
nunca seremos el fuego enamorado
que nos disuelva como un agua sola.

2 comentarios:

huggh dijo...

me encantaría escucharlos... saludos llenos de buenos deseos: suerte y demás!

Irene Gruss dijo...

Serán dados si me es dado poder ir. Gracias, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char