domingo, 13 de junio de 2010

En el final morir de luces


JUANA ROGGERO*
(Buenos Aires, Argentina, 1980)



Ahí están los ídolos del rock and roll
mi rock canta durante las noches
llora algo recién morfado
casi recién casi ahora
no es digerido ese amor incendio
cosita mía menea tu cabeza y tu cuello
al son del Fuego
***

En el final morir de luces, señora, morir de luces. Quiebra que te quiebra, te da el ahora, te da permiso para subir el volumen. Me dijeron que hace frío, y, te escucho,
“compromiso”, te escucho. Digo “tremendas”, sueño ahora con mañana a la tarde cuando vuelva a no verme, cuando me llene de luces, de techos de carpas cosidas,
de puestos de verano de unas solas noches. ¡Olor! Olor Olor a quincho y parrilla,
a guitarra deseada, a canciones dedicadas. Rueda que te gira y te gira, te vuelve oblicua y sedienta. Porque me dicen que es verano, de los calientes, como esos que tienen carnaval. Bombo, matraca, gritos. Fuego que también baila. Digo “alegría” de no verme, no me formo, usted no entiende mucho, señora. Morir en la mitad y reventar de luces.
***

Vos me peyorás cuando me decís que ya me conocés. Y vos
me querés remendar después de pasar algunas horas en el
triste remiendo, mediocre remedio por haberme peyorado. Y
vos buscás a medias la nota que no, la que no es a medias de
mí, la traba de que ya me conocés y no hay más y me
convierto en zona explorada y conocida, sin secretos sin
baúles sin remiendos. Sin la nota esa que no, con tus horas
tristes y peyorativas y con tu traba. Y yo y la que no es a
medias de mí lloramos. Porque nos sentimos peyoradas.
Conocidas y tristemente peyoradas
* * *

Vuelta
del trayecto
del deshielo
del desconocido
al trayecto
taciturno, obvios
vuelta a la lágrima profunda
vueltas a los sentidos, a las arañas, a los lampiños, a los estallidos
calesitas azules
viento.
**
* Juana Roggero es una superviviente de la “tragedia de Cromañón” de Buenos Aires, ocurrida el 30 de diciembre de 2004 durante un recital de rock. En aquel lugar murieron alrededor de doscientas personas.

2 comentarios:

poesía del mondongo dijo...

Juana, me gustó mucho tu poesía, sentí transitar por un infierno hasta la salida,
hasta que la última palabra me dió el respiro.

Fernando

juanaroggero dijo...

muchas gracias por su comentario!

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char