sábado, 13 de marzo de 2010

Es un bosque la conversación


FLORENCIA FRAGASSO
(Buenos Aires, Argentina, 1975)


El claro

encuentro tu cara después
de mover una caña
-es un bosque la conversación-
que al mismo tiempo me cerraba
y abría el paso
***

Y al final era un pedazo iluminado
tan ínfimo que podía latir en una palma.

Había que escribirlo
porque corría el riesgo de esfumarse temprano,
antes de que tuviéramos el tiempo de entender que moría.

Que así era la muerte, una cosa bella
que late hasta que nace.
***
El engaño

Cada momento tiene su historia incluso éste
cuando veo y oigo chillar a unos pájaros
de alas blancas y negras como cebras

miento
cito de memoria el momento presente
como si no tuviera que irlo a buscar
con red
y una linterna
***
12

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las cortinas, se hinchan el pecho y recuperar, ese olor
trazar la línea con la mano y la cruz que
con los pies
se despliegan los paquetes, se
de cada viaje de recuerdo en el pecho
de cajones de

(De vuelta en casa

Corré las cortinas, Infla el pecho y ese olor recupera
traza cruzala la mano y con La Línea
con los Pies
Abrí los paquetes, Distribuí
cada recuerdo de viaje en tu cómoda
cajonera)
***
2

El segundo desayuno sirve para aplacar la ansiedad que crece como helio
entre el primero y ese instante, subte de por medio,
de -todavía esperanzada- creer que el día puede tener pulpa, contenido
más allá del paratiempo que en finas capas de hojaldre
lo rodea

2 comentarios:

Cuper dijo...

hermosos poemas!

saludos

fm

Irene Gruss dijo...

Gracias, Cuper; Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char