martes, 19 de mayo de 2009

Ars poéticas, para elegir


Jorge Luis Borges

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.
**

Vicente Huidobro
Ars poética

Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza :
el vigor verdadero reside en la cabeza.

Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!
hacedla florecer en el poema;
sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el Sol.

El poeta es un pequeño Dios.
**

Roberto Juarroz
29

Conflicto de olvidos
que no saben dónde instalarse.
Desconcierto de la paloma
que ignora de repente adónde regresar.
Vacío del tiempo que se arremolina
como un escarabajo extraviado
sobre una playa de arenas demasiado maduras.

Escandaloso trueque
de una memoria de figuras cambiadas
que confunde sus hilos
hasta hacernos presentir la justicia
de no poder ya ubicar en nosotros
nuestro propio nombre.

Desde un costado suplementario del tiempo
una imagen con nuestra misma figura
desbarata la trama de los equilibrios equívocos
y pone los olvidos en el lugar de los recuerdos
y los recuerdos en el sitio
donde la luz es un contrasentido.

Mientras tanto el hombre descubre el rincón del abismo
donde se juntan las sangres invisibles
que acreditan la integridad de su herida.

De Sexta poesía vertical
**

Johann Christoph Friedrich Schiller
(Fragmentos)

"Por eso hay que darles la razón, enteramente, a quienes declaran en absoluto indiferente y estéril lo hermoso y la disposición en que es colocado nuestro espíritu en relación con el conocimiento y el carácter. Tienen toda la razón porque la belleza no produce ningún resultado individual para el entendimiento ni para la voluntad; no realiza ningún fin particular, ni intelectual ni moral; no descubre ninguna verdad; no nos ayuda a cumplir ningún deber; y en una palabra, es igualmente incapaz de fundar el carácter y de ilustrar la mente.”
“Hay un arte bella de la pasión, pero un arte pasional y bella es una contradicción de términos, pues el efecto inevitable de lo bello es librarnos de las pasiones. No menos contradictorio es el concepto de un arte bella docente (didáctica) o reformadora (moral), pues nada es más contrario al concepto de belleza que darle al espíritu una tendencia determinada”
“Cuanto más general sea la disposición y menos limitada la dirección que se le da a nuestro espíritu mediante un género especial de las artes y mediante un producto determinado de las mismas, tanto más noble será aquella especie y tanto más excelente ese producto”.

2 comentarios:

huggh dijo...

elijo a todas... ah? se puede? saludos y gracias! hugo

Irene Gruss dijo...

Cómo no, gracias a ud, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char