jueves, 5 de mayo de 2011

Su pelo era, en griego, blanco como la nieve

Algo más de BEATRIZ VALLEJOS
(Santa Fe, Argentina, 1922-2007)


Undante U


soplo de arena al trasluz
que la palomita asistiera
nimbara ella la fronda
silencios que la evocan
ecos en la llovizna
irídeas mecidas peinadas
hierbas.
***
MARÍA UN CORDERITO TENÍA


–“María un corderito tenía,
su pelo era blanco como la nieve”
–En portugués “María un corderito tenía”,
–En el dulce dialecto de Flandes,
“su pelo era blanco como la nieve”
–Maschenka
–Un corderito tenía,
–“Su pelo era blanco como la nieve”
–María en hebreo un corderito tenía.
–Su pelo era, en griego, blanco como la nieve.
–María un corderito tenía
en el idioma de las gárgaras del rocío
–En el idioma del pan
–(¿es que hay un idioma del pan?)
–Su pelo era blanco como la nieve
–En inglés. ¿Quién un corderito tenía?
–María un corderito tenía en inglés.
–Tenía María un corderito, en el idioma
del ébano y de los tambores
–y también maravilla su pelo era
blanco como la nieve.
–Lo volveremos a cantar todos los días:
–El corderito era blanco como la nieve
y María una niña
en el idioma de las gárgaras del rocío,
en el idioma del corderito blanco como la nieve.
***
Por encima del silencio

Orillas del Salado
Santa Fe

Camalotes patéticos
por encima de latas
por encima de vidrios
por encima del silencio.

Quién sabe la piedad
la impiedad.
Quién sabe la vergüenza la exquisitez.
El paisaje sobre ruedas, quién sabe.
Casualmente de otros esotéricos
símbolos quién sabe, arrojados:
podridas gomas, podridas hojas.
Esa zapatilla en el barro
perdió su pie, quién sabe.

La poesía es una llama perenne.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char