miércoles, 19 de mayo de 2010

Entonces abdico de ser un caballo


Más de CLARICE LISPECTOR
Fragmentos de "Seco estudio de caballos"


ÉL Y YO

Intentando poner en frases mi más oculta
y sutil sensación —y desobedeciendo mi
necesidad exigente de veracidad—, yo
diría: si pudiese haber escogido, me habría
gustado nacer caballo. Pero —quién sabe—
quizás el caballo no sienta el gran símbolo
de vida libre que nosotros sentimos en él. ¿Debo concluir entonces que
el caballo sería sobre todo para ser sentido por mí? ¿El caballo representa
la animalidad bella y suelta del ser humano? ¿Lo mejor del caballo el ser humano ya lo tiene? Entonces abdico de ser un caballo y con gloria paso
a mi animalidad. El caballo me indica lo que soy.
***
EL CABALLO PELIGROSO

En el pueblecito del interior —que se convertiría un día en una pequeña ciudad— todavía reinaban los caballos como prominentes habitantes.
Bajo la necesidad cada vez más urgente de transporte, levas de caballos habían invadido el lugar, y en los niños todavía salvajes nacía el secreto deseo de galopar. Un bayo joven dio una coz mortal a un niño que iba a montarlo. Y el lugar donde el niño audaz habla muerto era mirado por la gente con una censura que en verdad no se sabía a quién dirigir. Con las cestas de compras bajo el brazo, las mujeres se paraban a mirar. Un periódico se enteró del caso y se leía con cierto orgullo un artículo con el título de "El crimen del caballo". Era el crimen de uno de los hijos de la pequeña ciudad. El lugar entonces ya mezclaba a su olor de caballeriza la conciencia de la fuerza contenida en los caballos.
***

"Líbrame, roba deprisa el caballo real mientras es hora, mientras todavía no anochece, mientras es de día sin tinieblas, si es que todavía hay tiempo, pues al robar el caballo tuve que matar al Rey, y al asesinarlo robé la muerte del Rey. Y la alegría orgiástica de nuestro asesinato me consume de terrible placer. Roba deprisa el caballo peligroso del Rey, róbame antes de que la noche venga y me llame."
**

Traducción de Cristina Peri Rossi para la Editorial Grijalbo Mondadori
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char