lunes, 20 de septiembre de 2010

¡Por suerte no soy yo!

ARTURO CARRERA

(Coronel Pringles, Buenos Aires, Argentina, 1948)

Carpe diem

sólo el misterio busca compañía.
Busca... su alianza cruel con la ignorancia real
del deseo,

y de las cosas que por únicas
repite el carpe diem del deseo,

yo hablé
yo soñé

algo que no quiere adherirse
ni al secreto de sí mismo,
ni a la comparación que se rehúsa a cada forma todavía

Cree que el bigote del gato egipcio
es la comparación.

sus bigotes de alcanfor que saben del equilibrio
más que su distante armonía.
Cuando yo balbucía y eras un hombre más pequeño,
tu voz más disonante más fiel a su secreto,

y la alegría de las formas se ofrecía a su indistinción.

Pero líbrame de las injurias fáciles,
de los fáciles fantasmas que confunden todavía
mi inocencia con mi frivolidad,
mi sexualidad ambigua y contenida
con un modo excesivo del impudor.

...descontentos con mi apuesta a volver
al murmullo de las ranas, a querer oír otra vez
el impulso de las ranas en su verdad,
en su mensaje de reclamo al viento,
a la insinuación.

Y que me libere de los que descreen
de mi creencia en ese grillo, en ese bazar,

abierto no sobre el lenguaje sino
sobre su vestigio en mí.

Que el deseo de los cuerpos hermosos
entrevistos en la calle Stegmann
no se duerma todavía,
ni el derecho a la blasfemia incoherente
amenaza indecente a quienes miran.

Al misterio.
Otra vez al misterio
de la dolorosa insistencia
del misterio.

Inocente

carpe diem
***
De Potlatch

III

no interceder
esperar
no hablar de la poesía
ignorar
la potencia de su falta
Aquel faunito de von Stuck, apartado,
que caminaba vacilante en la nieve
sangrando, por caer,
ahora parece renacer a las risas
en el poema de la extinción.
Cada palabra que se estropeó
se ovilla en el olvido de su mínima verdad.
Hace del mundo precario
su blanca calera trabajando
aunque es de noche.
***
Pringles, 4 de enero de 2004.

Viene un chico a la puerta y grita desde afuera:
"Señor, ¿tiene una monedita?"
Abro la mirilla grande de la puerta negra,
Le digo entre los relieves oscuros: "Sí, ya
Vuelvo!". Y voy hasta la caja donde guardo
Los títeres de guante; me calzo uno y
Lo llevo hasta la mirilla, ahora Boca del Teatrino:
—¿Síiiiiiiiiiiiii? –y el chiquito se ríe.
Y el títere de la moneda le da la moneda.
¡Por suerte no soy yo!
El títere le dice que todos los remordimientos
Son esa monedita trucha que le da.
Que todo el dinero del mundo
Es su mentira que le entrega.
Que toda la falsedad de la Tierra cabe
En nuestro dolor, en la mísera alegría
De ese instante sin rencor: "Gracias, Señor,
Hasta mañana!".

De Potlatch (Interzona, 2005)

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué alegría encontrar poemas de Arturo Carrera esta noche. Gracias, Irene.

Susana (San Pedro).

Irene Gruss dijo...

Gracias por pasar, Susana; Irene

Maria Taurizano dijo...

Qué bueno! Mi amiga Poeta de San Pedro me avisó del poema de Arturo, hoy todavía no había visitado mis blogs favoritos. Gracias Irene! Carpe noctem!
Maria

huggh dijo...

q bueno... ese poema último es... ah... bueno... Arturo! gracias Ire

Irene Gruss dijo...

Gracias, huggh, María; Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char