martes, 9 de noviembre de 2010

¡Morir... quedar dormidos...!

Otra vez, WILLIAM SHAKESPEARE
(Stratford-upon-Avon, Warwickshire, Reino Unido, 1564-ib., 1616)


De Macbeth (fragmento )

"Me pareció oír una voz que gritaba: «¡No dormirás más!… ¡Macbeth ha asesinado el sueño!» ¡El inocente sueño, el sueño, que entreteje la enmarañada seda floja de los cuidados!… ¡El sueño, muerte de la vida de cada día, baño reparador del duro trabajo, bálsamo de las almas heridas, segundo servicio en la mesa de la gran Naturaleza, principal alimento del festín de la vida! (...)"
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De Sueño de una noche de verano (fragmento)

“Que brille la casa con luz indecisa junto a la lumbre medio apagada. Cada duende y espiritu encantado salte tan ligero como ave sobre zarzal…
...mano en mano, con gracia hechicera, cantaremos y bendeciremos este sitio……..
ahora hasta rayar el día, que cada hada vague por este hogar a su capricho…. cada hada póngase en movimiento y bendiga las divinas habitaciones de este palacio con dulce paz. Reinará mansa quietud y el dueño será bendito…. Si nosotros, vanas sombras, los hemos ofendido, piensen sólo esto: que se han quedado aqui durmiendo mientras han aparecido esas visiones. Y esta débil y humilde ficcion no tendrá sino la inconsciencia de un sueño.”
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De El soliloquio de Hamlet (fragmento)

Morir, dormir, no despertar más nunca, poder decir todo acabó; en un sueño sepultar para siempre los dolores del corazón, los mil y mil quebrantos que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara concluir así!

¡Morir... quedar dormidos...! ¡Dormir... tal vez soñar! -¡Ay!, allí hay algo que detiene al mejor. Cuando del mundo no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños vendrán en ese sueño de la muerte!
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Imagen tomada de 4.bp.blogspot.com
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char