jueves, 28 de enero de 2010

Lo mismo que un alma


JAVIER CÓFRECES
(Buenos Aires, Argentina, 1957)


Alma de acero
a Muñoz

Lo peor de los fierros
Es que se oxidan
Y la herrumbre avanza
Hacia el interior del metal

Los fierros mueren
De afuera hacia adentro
Como muchas personas
Como muchas almas

Yo creo en las almas
Pero no en la de los muertos
Aunque haya rezado el credo
Que me enseñó el padre Arce

El alma del fierro
Está en la resistencia
El alma de las personas también

En lo que resisten
Hasta quebrarse
Como una varilla del 8
Como un eje
Como un pistón

El fierro aguanta
Hasta que aguanta

Lo mismo que un alma.
***
Visita a la casa de Ana Ajmátova
Cómo es que preguntaste
Desde El sótano del recuerdo
¿Dónde es mi casa, dónde mi cordura?

Ana Ajmátova

Pocos pasos mediaban entre
la habitación que ocupamos
una semana de junio en San Petersburgo
y la antigua casa que habitara
Ana Andreievna Gorenko
convertida en museo desde la Perestroika
Sólo había que cruzar el canal Fontanka
no muy lejos de su unión con el Neva.

Al pórtico se accede
desde un parque
pulmón de manzana
con típico diseño soviético.
Una puerta sencilla conduce
a los recintos del hogar
que contuvo a la poeta enferma.
Sumida en la angustia
del terror a Yezhov
el fusilamiento de su esposo
y el encarcelamiento de su hijo.
Los años blindados oscurecieron
las noches blancas de Leningrado
y dieron luz al famoso Réquiem
que susurraba la mujer
más famosa de la ciudad
junto a otras madres
que visitaban hijos presos y torturados:
De ellas me acuerdo siempre por doquier
Ni en las nuevas desgracias las olvidaré
Y si me amordazan la boca de tormento atrita
Por la que un pueblo de cien millones grita
Que sea posible que ellas en su pensar me eleven
En la víspera del día que a la tierra me lleven.

***
Durante Alighieri reflexiona frente a su propia casa

a Angelo Recalcatti

“Las noches, las noches
no podía soportar las noches
golpeaba mi cabeza
contra esos malditos muros
Beatrice, Beatrice
repetía inconsolable
por mi amor
no correspondido
Las horas del día
se me hacían tolerables
yendo de aquí para allá
de las clases de laúd
en lo de Belaqua
a las de lengua
en lo de Brunetti Latini
Las tardes fluían
entre cacerías y cabalgatas
entre jaurías y halcones
Conversaciones con Cavalcanti
con Manetto Portinari
el hermano de mi bella
y las melodías
de Casella de Pistoia
Más tarde, hasta un rato antes
de que cayera el sol
me distraían
los juglares de la plazoleta
con sus glosas y sus rimas
Pero cuando el bullicio acababa
y la ciudad se llamaba a sosiego
llegaba todo el dolor
Las noches, las noches
no podía soportar las noches
golpeaba mi cabeza
contra esos malditos muros
Beatrice, Beatrice
repetía inconsolable
por mi amor
no correspondido
Mi padre solía hacerme entrar
de madrugada y a la fuerza
cansado de gritos
y de golpes de testa
que retumbaban en la casa
Me sacudía con una vara
que blandía en mi espalda
para que no me partiera el cráneo
no despertara al vecindario
y lo dejara dormir en paz
Pasados los meses
con la frente amoratada
me llamé a sosiego
y dejé de golpearme
la cabeza contra los muros
Beatrice había abandonado
el mundo para siempre
Escribí La vida nueva
tenía entonces dieciséis años
El resto de la historia
es conocido por todos
me apodaron Dante
Florencia se rindió a mis pies
y compuse La Comedia.”
***
En busca de la Ética de Spinoza

a Muñoz

Querido Alberto
lamento comunicarte que no conseguí
el libro que me encargaste
antes de mi partida rumbo a Ámsterdam
No es que no haya invertido tiempo
en buscar el tomo por las calles del Dam
o en los puestos callejeros de Westermarkt
También consulté a un librero
a la vuelta de los almacenes de Bijenkorf
pero no hubo caso
Querido Alberto
te cuento que en Ámsterdam
no aparece la Ética de Spinoza
pero reluce una estética
que la redime de ausencias
y males incurables
Ni las salas del Rijksmuseum
ni la fábrica de Heineken
ni las hierbas de los coffeeshops
ni las vidrieras del Barrio Rojo
superan el encanto del Amstel
y los canales que le impiden
lanzarse al mar embravecido
como los antiguos corsarios
que exhibe el Maritime Museum
Amparados por un agua bendita
los parques, los home boats
los viejos botes de madera
las casas torcidas, las bicicletas
las panaderías, los puentes
el humor de la gente
y los quesos pasados
sugieren postales
que nadie olvida
como a los viejos textos
que se pierden
Querido Alberto
quiero que sepas
que gastaría la vida
rastreando en Ámsterdam
el Spinoza que no aparece
Escribiendo poemas ridículos
como trivial excusa
para hablar de esta ciudad
a la que volví
a declararle mi amor
y a buscar el libro
que no encontré.
**
(Estos dos últimos poemas fueron tomados de elitoral.com)
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char