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domingo, 23 de noviembre de 2014

Acerca del taller Mario Jorge De Lellis y otras cuestiones

Unos cuantos...


Lo que copio abajo es eso que Matías Capelli llamó “Un ejercicio de ficción”; y que en realidad es un collage de respuestas que le dimos algunos de los integrantes del Taller Mario Jorge De Lellis, las que Capelli supo editar, mal o bien, a modo de
Imagen en Facebook de JA:Jorge Aulicino, Rubén Reches, Daniel Freidemberg y Raúl González Tuñón en 1973.
historia verídica o, mejor sea dicho, verosímil. Las alteraciones, los detalles no hacen a la cosa. Creo que sí es importante ver para dónde disparó la escritura de cada uno, visto y considerando que aún nos siguen envolviendo en obleas intituladas “objetivistas”, “coloquialistas”, “gelmanianos”, “etc.”, como si fuéramos o
De izq. a der.: Marcelo Cohen, Raúl González Tuñón, Daniel Freidemberg
hubiésemos sido una masa informe y pegoteada. De igual modo podría leerse la historia de la gente de los ’90, y sin embargo, en el recién salidito conjunto de entrevistas a
García Helder, Casas, Wittner, Raimondi, De Nápoli, Arteca, Villa, Franzetti, Gambarotta, Ainbinder, trabajo y compilación de Osvaldo Aguirre (La poesía en estado de pregunta, gog y magog, 2014), es interesante notar tanta diferencia entre uno y otro autor, a pesar de haber pasado, algunos de ellos, por la misma fuente. Es interesante, digo, cotejar lo que se dice o se ha dicho con lo que se ha escrito y se escribe, pasada tanta agua bajo demasiados puentes; así como lo que cada uno ha hecho, deshecho y/o renegado, y sigue haciendo con su obra, así como las teorías que apuntan o han apuntado en el mientras tanto (¿se cayeron?, ¿siguen en pie?, ¿coinciden con lo que dice la obra de cada cual?). Cotejar , digo, insisto. Y no poner nombre a lo que no lo tiene.

PD:         Me permito agregar unos datos que creo sí importan al collage o cadáver exquisito de Capelli: algunos de nosotros tuvimos el lujo, digo bien, el lujazo de charlar con Bayley, Madariaga, Orozco, Raúl Gustavo Aguirre, Molina, Ceselli, Tuñón, Biagioni, Giannuzzi, Beatriz Vallejos, Francisco Gandolfo, Juan L. Ortiz, Haroldo Conti, Paco Urondo, Alberto Girri, Élida Manselli, Roberto Juarroz, entre otros, y sin contar a los que aún viven. El honor de Freidemberg, por dar sólo un ejemplo, de haber hablado en el entierro de Raúl González Tuñón, como primera muesca, quizá, de su carrera o recorrido. La dicha de estar en una fonda y que se nos acercara Enrique Cadícamo a decirnos que él también era poeta:  "Yo escribí un tango que se llama Nieblas del Riachuelo"...

Irene Gruss

 ***

EL DE LELLIS: UNA RECAPITULACIÓN

Si mal no recuerdo el taller empezó en 1969. Al principio se llamaba “taller Aníbal Ponce” y se hacía los sábados en el barrio de Once, alrededor de una mesa en una oficina que nos prestaba el IFT, el teatro de la comunidad judía comunista. Casi todos caímos ahí por nuestro vínculo con la juventud del Partido. El que no era militante, simpatizaba: Gruss, Cohen, Asís, Freidemberg, Reches, Aulicino y yo éramos parte de un grupo de pendejos apasionados coordinado por José Murillo. Era una buena persona Murillo, muy elegante, de bigote recortado, siempre de traje, canoso y de ojos verdes, acento jujeño, pero con una visión literaria dogmática. Hubo una época en que se dedicó a la literatura infantil y publicaba cuentos con animales en el monte jujeño, buenos relatos, pero por ese entonces había pasado a escribir novelas proletarias que salían por alguna de las seis o siete editoriales del PC. Una de sus novelas se llamó Los traidores y era sobre el movimiento sindical, aparecía Vandor pero con otro nombre, porque él había trabajado en fábricas y sabía de eso. Lo apreciábamos aunque nos resultaba demasiado rígido y limitado, con bajadas de línea del tipo la literatura tiene que estar al servicio de la revolución, alumbrar la conciencia del hombre nuevo.
No recuerdo si fue producto de una defenestración de Murillo o si el IFT no pudo albergarnos más, lo cierto es que nos fuimos a la SADE, al caserón de la calle México, y ahí empezó a llamarse taller Mario Jorge De Lellis. Creo que fue el Turco Asís, que tenía mucha circulación por los cafés de Corrientes, quien vino y nos dijo que se había encontrado con Ulyses Petit de Murat, presidente de la SADE, y que este le había ofrecido un espacio para hacer el taller. Lo discutimos y aceptamos ir incluso teniendo aversión hacia la Sade. Era como dar un empuje de luz y de juventud, mal que bien.
Para nosotros De Lellis era un personaje legendario por las historias que de él se contaban. Era un tipo muy recio, socarrón, de perfil bajo, que representaba todo lo que era la porteñidad. Se pasaba las noches chupando en los boliches, muy de Almagro, del bar Gildo de Medrano y Corrientes, hincha fanático de Boca. Pero más allá del mito, la verdad es que no era un poeta al que admiráramos tanto como a Tuñón, por ejemplo, a quien íbamos a visitar. Además De Lellis había muerto dos o tres años antes. Le pusimos su nombre porque estábamos en esa corriente medio porteñista coloquialista, nos gustaba Gelman, y entonces en algún punto sí fue una declaración de principios. Fue una marca urbana, ideológica en cuanto a tener libertad y no estar atados.
Cuando nos mudamos a la Sade dejó de haber coordinador y cada reunión pasó a ser coordinada por un integrante del taller que se hacía cargo de distribuir el uso de la palabra cuando se comentaba un texto sometido a consideración. Era como se dice ahora un taller autogestionado. Alguien se proponía para ser leído en la siguiente reunión y traía fotocopias. Había poetas y narradores, la mayoría teníamos dieciocho, diecinueve años. Leíamos poemas, fragmentos de novelas, cuentos, y después venía la ronda de crítica, totalmente libre, en la que cada uno decía lo que opinaba. Había turbulencias dentro del taller porque éramos de hacer críticas muy duras, muy desbocadas; tal vez porque no teníamos muchos elementos teóricos terminábamos diciendo cualquier disparate. Todo era “no me gustó porque es una cagada”, “cómo escribís así”, etcétera. Eso sí: había mucha honestidad intelectual. Éramos muy apasionados, y muy crueles. Yo aprendí así, a los palos. Si hay algo que reivindico es haber aprendido que el poema es un objeto estético, no es a mí me pasó tal cosa y esto es lo que me salió. Éramos muy críticos y autocríticos, no se permitía la chantada, la cosa fácil. No queríamos seducir, queríamos conmover.

Teníamos una línea antinerudiana, provallejiana a full. Éramos muy de Girondo, de Huidobro, en cambio a Benedetti lo denostábamos mal. Nos interesaba la poesía yanqui, que no era tan conocida, toda la generación de Wallace Stevens, Williams C. Williams, muchísimo Eliot, Ezra Pound. Montale y Pavese fueron dos de nuestros maestros. No eran autores para Gelman o para Urondo, no era lo que ellos leían. Hubo un recambio; en ese momento leer a Dylan Thomas era rarísimo, no era una lectura de época. Novela se leía sobre todo la novela argentina que iba saliendo, lo que editaba Tiempo contemporáneo: Viñas, Rozenmacher, etcétera. Cada tanto, una vez por mes, había un invitado, por ejemplo un abogado que hoy es uno de los grandes abogados de derechos humanos, hasta trabajó para Naciones Unidas, Roberto Matarolo, en ese momento era poeta y vino a dar una clase de poesía francesa. O un poeta comunista paralítico de apellido Malamud, no era muy buen poeta pero daba una lección rara de creencia en la poesía y voluntad de sobrevivir. Y después los maestros, tipos que iban a dar una charla, a contestar preguntas: Isidoro Blaisten, Haroldo Conti, Abelardo Castillo, Liliana Heker, Humberto Costantini, Luis Luchi, Alfredo Carlino, Miguel Briante.
Mal que bien por ese entonces muchos sacaron su primer librito. Por esos años Aulicino publicó su primer libro,Reunión, del cual reniega; Freidemberg, Blues del que vuelve solo a casa; Cohen los cuentos de Los pájaros también se comen, del que reniega, él también. Y en ese momento era difícil sacar narrativa, salvo ser un Turco que convencía a cualquiera. El Turco tenía una labia impresionante, era muy hábil: sacó un libro de poemas, Señorita Vida, la novela Don Abdel Salim, el burlador de Domínico y los cuentos de La manifestación, en los que todos éramos personajes, nos escrachó. Un librito digno, igual. A finales del 72 salió una antología que se llamó Los que siguen. Era de ediciones Noé y tenía poemas de Lucina Álvarez, Guillermo Boido, Daniel Freidemberg, Guillermo Martínez Yantoro, Rubén Reches, Jorge Ricardo Aulicino, Manuel Ruano y también algunos poemas míos. A Gruss le dijeron lisa y llanamente vos todavía no estás, y ella acató.
En ese momento el que verdaderamente tenía una idea personal de la poesía era Reches, un poeta romántico tardío con unos poemas increíbles en que podía aparecer la palabra “rueca”. Tenía un hálito muy rimbaudeano, una voz muy linda. Era comunista hijo de comunistas, como Aulicino. Después en los ochenta publicó Arrabal de esferas, que le presentó Beatriz Sarlo, y en noviembre pasado editaron su poesía reunida, que son setenta páginas. A Reches lo había traído el Turco y era un poeta que no se parecía a nadie, de un lirismo triste, con una dicción muy clara y sin embargo, en fin. Otros que también se acercaron al taller a través del Turco, aunque eran más grandes que nosotros, fueron Oscar Barros y su mujer, Lucina Álvarez. Eran de esos noviazgos de los setenta de estar siempre en los cafés, horas de café por día leyéndose cosas. Barros era un intelectual de Corrientes que escribía pero nunca terminaba de escribir una novela demasiado cortazariana. Lucina había sido mujer, compañera nada menos que de De Lellis. Era mucho más joven que él y lo había cuidado en su agonía, De Lellis enfermo a los cuarenta y pico y ella de veinte. Por supuesto que tenía un aura por haber sido mujer del tipo. Muy hermosa, buena poeta, era impensable para cualquiera de nosotros, pero Barros no había tenido escrúpulos con el mito. Vivían en un departamento por Arenales y Coronel Díaz. Después los dejé de ver y en mayo del 76 los secuestró un grupo de tareas.
Matías Capelli (Buenos Aires, 1982)
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COMENTARIOS en FB tomados del muro de Marcelo Leites:
Daniel Freidemberg ¿Quién es Matías Capelli? No había nadie con ese nombre. Si es un seudónimo, no consigo reconocer quién es el que lo usa. La mayor parte de los datos son ciertos, pero también hay muchas equivocaciones. Si tengo tiempo voy a consignarlas.
·        Matías Capelli nació en Buenos Aires en 1982 (acabo de pedirle amistad por acá). Publicó el libro de relatos Frío en Alaska y la novela Trampa de luz, ambos por el sello Eterna Cadencia. FUENTE de la crónica y datos del autor: Revista EL ANSIA, Nº1, octubre de 2013.
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·        https://fbcdn-profile-a.akamaihd.net/hprofile-ak-xfa1/v/t1.0-1/c83.76.462.462/s32x32/428652_10201216801965307_1759790626_n.jpg?oh=6be2acc8fa6077b0dafa2baa4be162a4&oe=5519E7D5&__gda__=1423807805_96622f09d0a587676db1e89df0210e72
Daniel Freidemberg Pero no estuvo en el taller ni está entre los poetas de Los que siguen, y ahí el que habla en primera persona dice haber estado en los dos lugares. Acabo de revisar ese número de El Ansia y dice que es un ejercicio de ficción. No me parece que baste para justificar la confusión, aunque tampoco es algo que tenga verdadera importancia,.
·        https://fbcdn-profile-a.akamaihd.net/hprofile-ak-xfp1/v/t1.0-1/c0.0.32.32/p32x32/10801502_10205453325672115_512497260163146382_n.jpg?oh=92bdcfc5ee07dd935e6349dc51c9731c&oe=551734A0&__gda__=1427433609_c8c8f2f3b11818665ff3b957f11d2bdc
Marcelo Leites Dónde dice que es un ejercicio de ficción?
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Marcelo Leites El artículo está dedicado a Jorge Aulicino, a Irene Gruss y a Marcelo Cohen (al principio yo creí que era él quien escribía), porque está dentro de un dossier que la revista le dedica.
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Daniel Freidemberg En la página 36, en el copete de la nota, que termina diciendo "A continuación, un ejercicio de ficción recrea aquellos años".
Jorge Aulicino En efecto, Capelli me mandó algunas preguntas. Tengo entendido que también a Irene y a Marcelo Cohen. Creo que luego armó esto con todos los datos, creando un personaje narrativo imaginario. Las inexactitudes probablemente son nuestras, o fallas de memoria, o registros distintos. Pero, querido Marcelo Leites, creo que hay algo que podés cambiar sin mengua del relato ni del estilo; el primer taller al que alude el erzat creado por Capelli era el Aníbal Ponce, no "Ronce"
·        Daniel Freidemberg 1) En el principio estuvo el taller Aníbal Ponce (evidentemente, “Ronce” es un error de tipeo), que, como su nombre lo sugiere, estaba vinculado al Partido Comunista. Fue el primer taller literario del país, fundado por José Murillo, quien conoció la experiencia de los talleres literarios en la República Democrática Alemana, y secundado por dos poetas jóvenes, Mauricio Herzovich y Víctor Malamud. Todos los demás nos incorporamos después, yo entré en junio de 1969, invitado por Malamud, a quien conocí en la Facultad de Filosofía y Letras. No es cierto, por lo tanto, que Malamud haya ido alguna vez al taller como invitado: fue uno de sus fundadores.
2) Si bien éramos mayormente militantes del PC o la FJC, no es cierto que “el que no era militante simpatizaba”: ni Lucina Alvarez, ni Oscar Barros (su esposo) ni Leonardo Moledo ni Armando Najmanovich ni Jorge Zunino, entre otros, estaban vinculados al PC. Tampoco el turco Asís, en un principio: fue a través de su participación en el taller que luego se vinculó.
3) No es cierto que nos fuimos del IFT y del Aníbal Ponce a la SADE para fundar el De Lellis. Hubo un momento, mientras estábamos en el Ponce, en que vino el turco a proponernos fundar un taller en la SADE, debido a sus contactos con gente de esa institución, pero sin dejar el Ponce, y durante un tiempo funcionaron los dos talleres a la vez. Lo que no recuerdo es en qué momento dejó de funcionar el Ponce y quedó solamente el De Lellis, en el que entramos casi todos, menos Malamud y Herzovich, pero no porque hubiera habido alguna pelea o ruptura. Tampoco es cierto que tuviéramos aversión a la SADE.
4) A Tuñón no íbamos a visitarlo todos. Íbamos Aulicino, yo y dos o tres más. En cuanto al nombre De Lellis, se nos ocurrió porque poco antes se le había hecho un homenaje en el IFT, a lo que se agregó el hecho de que fue pareja de nuestra compañera Lucina Alvarez (luego desparecida, durante la dictadura, con Oscar Barros, ambos militantes del PRT).
5) Que yo recuerde, en el De Lellis nadie coordinaba las reuniones. No es cierto que se designaba un coordinador para cada reunión. No hacía falta, podíamos discutir sin necesidad de eso.
6) Ni Girondo ni Huidobro figuraban entre nuestras principales preferencias. Nos gustaban, sí, pero no eran los poetas con los que nos identificábamos. No es cierto tampoco que denostáramos a Benedetti. Incluso una vez fue invitado a conversar con nosotros en el taller, cuando ya éste funcionaba en la Galería Meridiana, creo que en 1974. Lo invitó el turco Asís, que se hizo amigo suyo, así como fue el contacto para que conociéramos a otros escritores más o menos renombrados.
7) No es cierto lo que se dice de nuestra afición por la poesía norteamericana. Conocíamos a la beat generation y nos gustaba, pero no a Stevens ni a Williams. Eliot un poquito (le gustaba sobre todo a Marcelo Cohen, y más tarde empezó a gustarnos a los demás). A Pavese, sí, lo teníamos entre nuestros maestros, pero a Montale recién lo estábamos empezando a conocer, entre otras cosas porque recién por esos años se publicó por primera vez un libro suyo en la Argentina: la antología de Fabril Editora. En Cambio Dylan Thomas sí era una lectura de época, muy conocido, o al menos nombrado, aunque no era fácil conseguir libros suyos.
8) Había invitados, pero no una vez por mes. Venían cuando les parecía bien o nos parecía bien a nosotros. Sí vinieron Isidoro Blaisten, Haroldo Conti, Abelardo Castillo, Liliana Heker, Humberto Costantini (que además era muy amigo del turco, y, a través de él, de todo el grupo), pero ni Luis Luchi ni Miguel Briante vinieron al taller. En cuanto a Carlino, no vino a dar una charla, simplemente participaba del taller como uno más, aunque era bastante mayor que nosotros, igual que Carlos Marcucci. Eso ya en la etapa del De Lellis, no del Ponce.
9) Mattarolo, que entonces firmaba Rodolfo Benasso, no vino a dar una clase de poesía francesa, sino un breve curso, que duró varias semanas. Tengo un recuerdo muy fuerte de una clase que dio sobre el romancero español. Y no fue en el De Lellis sino en el Ponce, convocado por Murillo.
10) Los que siguen no fue una publicación vinculada al taller. Alvares, Reches, Aulicino y yo estábamos en el taller, pero no Ruano ni Martínez Yantorno. En cuanto a Boido, no participaba del taller: nos encontrábamos con él en los bares, y Boido fue el que tuvo la iniciativa de publicar el libro, y el que invitó a Ruano y a Yantorno. El otro que participó de Los que siguen, y al que aquí no se lo nombra, era Armando Najmanovich, que sí era integrante del taller.
11) A Rubén Reches no lo trajo el Turco Asís. Al revés: Rubén, al que conocíamos del PC y de la facultad, lo trajo al turco, que no tenía nada que ver con ninguna de las dos pertenencias.
12) No es cierto que “la poesía de De Lellis no era sentimental tanguera, evocativa o nostalgiosa; era más exaltadora, celebradora de su época”. Era todo eso a la vez. Nada que ver entre De Lellis y Maiacovsky: De Lellis venía del neorromanticismo cuarentista, de una poesía con métrica tradicional y rima, un poco melancólica y muy tierna. Recién en sus últimos libros empieza a adoptar algunas audacias de escritura, notoriamente provenientes de Vallejo.
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Constantino Mpolás Andreadis ...calidoscopio...o caleidoscopio...ay la poesía siempre es joven !...
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Alicia Genovese Tanto Jorge como Daniel recuerdan muchas más cosas que yo que entré mucho después. En líneas generales coincido con las acotaciones, aunque me cuesta precisar a veces si un autor sí o no. Con Irene en esa época leíamos a Pizarnik, por ejemplo. Las iniciaciones no son tan lineales.
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Daniel Freidemberg En esa época, sí, leíamos todos, o casi todos, a Pizarnik
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Clelia Bercovich Y Leonardo Goloboff, hermano de Mario, no hacía teatro por entonces en el IFT?
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Marcelo Leites Corregido el error, que es de la revista, no de tipeo.
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Daniel Freidemberg Leonardo Goloboof fue profesor mío en el Ift. Pero no tenía nada que ver con el taller. El taller funcionaba en una oficina del edificio del Ift, pero no pertenecía al Ift.
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Gustavo Gottfried Me gustaría compartir esta historia -corregida y aumentada por sus protagonistas- de los talleres literarios y de una parte importante de la literatura en Argentina. Pero creo que, con los comentarios incluidos no se puede. En fin, me conformo con haberla leído. Oro en polvo, realmente. Gracias, MarceloDaniel y Alicia.
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Pedro Oblomov No sé por qué se piensa "que nos apropiamos". Yo llegué al Taller gracias a Malamud. Salíamos de una charla de Raúl de la Torre en el Comité Central del PC. Le pregunté a Víctor adonde iba. Me contestó al taller, ¿querés venir?. Bueno, ahí conocì
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Pedro Oblomov (Se me dispara el enter) a los "apropiadores". (No estoy provocando ninguna discusión, es algo fútil). Unos años después, yo cursaba Letras y el jefe del Departamento era Paco Urondo, Literatura latinaomerciana, Noé Jitrik, Teoría literaria, Josefina Ludmer (todos un ¡¡¡¡!!!) y aproveché para aplicar toda la onda del estructuralismo, el formalismo ruso en el Taller. Luis Alonso fue 'nuestro poeta' Un poeta excepcional que no tiene la transcendencia de Leonor....(to be continued)

jueves, 16 de febrero de 2012

¿X = NN?


Mi tío R, que en paz descanse (rígido funcionario del PC argentino), leía el diario La Prensa porque, decía, había que saber qué y cómo habla el enemigo. Hoy en día, no basta esa idea. He tratado de buscar cómo tratan los medios libres del término "opositor" la represión en Catamarca o a los ex convictos, por ejemplo, en la 9 de Julio, y juro que no lo encuentro. Mucho menos encuentro qué y cómo opinan acerca del Proyecto X, aparentemente ejecutado sólo desde Gendarmería Nacional, para "fichar" a los dirigentes sindicales, estudiantiles, participantes de marchas varias...


Casualmente, he visto un documental acerca de cómo resurgen las especies vegetales y animales luego de los huracanes, tifones, etc., en las islas del Caribe. En canal Encuentro, de paso. Hete aquí que dicho documental muestra cómo iguanas (reptiles que evocan sobremanera a los dinosaurios) que habitaban en sitios lejanos aparecen, traídas por Viento y Mar, y se reproducen rápidamente en estas islas.


De verdad, creo que esto es más que preocupante: la necedad, digo, el interlineado. Aun así, pienso que la injusticia, a diferencia de la justicia, buena vista tiene; y anota. 
I.G.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Musas

Acerca de "Un poeta a su amada"
de W.B. Yeats


Yo te traigo con manos reverentes
los libros de mis sueños incontables,
blanca mujer que la pasión gastó
igual que gasta a las arenas grises
como palomas la marea, y con
el corazón más viejo que aquel cuerno
lleno del fuego pálido del tiempo,
blanca mujer de sueños incontables,
yo te traigo mi rima apasionada.
**
O sea, la blanca mujer está gastada y gris, tiene el corazón más viejo que aquel cuerno, etc.; parece que encima soñó demasiado. Por todo ello, lo único que le "trae" el tipo, no le da sino que le trae, son libros y una rima apasionada.
¡Tráele un jazmín, un vinillo, un cuaderno!

lunes, 24 de octubre de 2011

Reflexiones de un escéptico

¿Habrá lugar para los escépticos desde hoy en la Argentina?

Fuente: Diario Clarín, 24/10/11
Por JORGE AULICINO
Análisis

¿Habrá lugar para los escépticos desde hoy en la Argentina? Los escépticos tienen modos extraños y muy mala prensa, en realidad esperan con una pasión poco escéptica que sus argumentos sean respondidos... para probar la existencia de la dialéctica. En otras palabras: si su prédica es tomada como traición al valor más alto del mercado político –en este momento, el progresismo y no ya el progreso; el cambio y no ya la revolución; el modelo y no la épica electrificación de Rusia–, si esa prédica es considerada blasfema, entonces la dialéctica no existe. El escéptico ve confirmada su presunción. Pero el escéptico no quisiera verla confirmada, el escéptico es un desesperado: quisiera estar en la manada para demostrar que la manada no debe existir, sino un estado de organización superior, polémica. La lucha por la respuesta dialéctica es su pasión. El escepticismo quiere su lugar. Paradojalmente, oblicuamente.


Es afortunado este gobierno porque tiene a la mayor parte de la clase media intelectual consigo. Pero digamos al paso unas palabras respecto de intelectuales y clase media: cuando devienen intelectuales, aun los hijos de obreros devienen clase media. Tienen instrumentos intelectuales, tienen un capital, tienen propiedades que han adquirido en la universidad pública o privada o por sus medios: abstractas, pero propiedades.


El intelectual no puede salir de este orden. Tal vez el autodidacta es el que puede ignorarlo sin culpa. El intelectual revolucionario lo ha sido pasando por alto la cuestión y tomando el toro por las astas sin vergüenza, asumiendo que la conducción de la revolución debía ser obra de intelectuales; asumiendo que aun los intelectuales obreros lo eran, en tanto se convertían en cuadros de partido, y dándoles a los intelectuales propios y ajenos precisas funciones-camiseta: o intelectual del partido, o del enemigo. Por supuesto, el escéptico no tenía nada que hacer allí.


El escéptico era el filisteo –el que llegó a cierto punto y se detuvo, o insistió en él– cuando no el enemigo diabólico, pero jamás el enemigo lúcido. Jean-Paul Sartre, Albert Camus, eran en cierto modo escépticos; Pier Paolo Pasolini lo era y criticó el comisariato político de Sartre cuando éste era aliado de los soviéticos. No lo fueron, en cambio, el poeta Ezra Pound o Enrique Santos Discépolo.


Pound utilizó la radio fascista de Mussolini para predicar la necesidad de que su país, los Estados Unidos, no participara de la Segunda Guerra. Cuando fue juzgado en Washington se amparó en un argumento republicano: había ejercido la libertad de expresión para opinar sobre la política internacional del gobierno estadounidense. No sabemos cuál fue la evaluación de los jueces ante esta defensa, sabemos que, debido al prestigio internacional de Pound, optaron por considerarlo mentalmente insano y lo encerraron en un hospital psiquiátrico, en lugar de fusilarlo, que era la pena correspondiente al delito de traición a la patria.


A Discépolo, su personaje radial Mordisquito le costó una amargura en sus últimos años. Defendió con convicción y mordacidad el gobierno de Perón, escarneció a los opositores y muchos de sus colegas escarnecidos le hicieron el vacío después.


Aunque el gobierno no tiene la totalidad de los intelectuales, la fuerza moral de esa presencia en sus filas es un poderoso argumento de propaganda y un elemento dinamizador de su discurso.
Pero su relación con este poder no ha sido, no es y difícilmente sea de respeto y beneficio mutuo. El poder, y mucho más concretamente, los poderosos, no tuvieron casi nunca una relación de esa naturaleza con los intelectuales. Los políticos desconfían del ánimo crítico de éstos. No saben por cuánto tiempo contarán con ellos y rara vez saben qué pueden obtener de su militancia.


Sólo dos representantes de uno y otro campo, Charles De Gaulle y su ministro de Cultura entre 1959 y 1969, André Malraux, se admiraron mutuamente y mantuvieron una sólida y fluida relación. Ni siquiera pensaban igual. Por ese entonces, y bendecido por el general De Gaulle como “nuestro moderno Voltaire”, Sartre escapaba del ala del poder y se empecinaba en su posición crítica, a la que llevó casi hasta el grotesco cuando adhirió, anciano, al maoísmo.
De Gaulle dimitió a causa del estado de asamblea en que se mantuvo París en el mayo de 1968, cuando la chispa explotó en la Sorbona. Pero lo cierto es que Pompidou ganó las elecciones del 69, no la izquierda.


El triunfo gaullista en el país que había encendido la protesta estudiantil no impidió que en Italia la izquierda continuara progresando; en 1970 Pasolini consideraba seriamente la posibilidad de volver al PC, porque al fin y al cabo era el partido que los obreros querían. Para el más crítico de los intelectuales italianos de la posguerra, lo que se presenta como una posibilidad en un poema de su último libro, Transhumanar y organizar, es una especie de esquizofrenia intelectual: Eh, es natural que debería entonces adaptarme a esta disociación. Cada cálculo la implica, cada pacto, cada degradación: estaré dividido: callado y oficial en las acciones, crítico y solo al escribir poesía. ¿No es esta separación la que siempre se ha querido -tal vez justamente?

Desde el día de abril de 1930 en que una bala disparada por su propia mano partió el corazón de Vladimiro Maiacovski en el callejón Lubianski, de Moscú, el poder ha tenido –al contrario de lo que sucedió en toda la Edad Media y el Renacimiento– una relación complicada con los intelectuales. No importa qué poder sea. No importa con cuánta lucidez defina la función del intelectual orgánico. Los intelectuales modernos, y la clase media culta sobre la que irradian, no han nacido al parecer para participar del poder, sino para ejercer su crítica. ¿Pero cuántas veces la clase media intelectual sintió en la Argentina que participaba de un gobierno? Tal vez sea la hora de hacer la experiencia que otros países hicieron a lo largo de todo el siglo pasado. Y ojalá la haga sólo en los términos de simulacro en que lo hizo hasta ahora, cuando juega a que libra una guerra que no se está librando, a no ser por algún que otro daño aún menor, como amenazar a los medios, retener libros en la Aduana o desgañitarse a gritos contra la derecha porteña; o mayor, como el fusilamiento de un militante de izquierda.


Mi vaticinio es que tarde o temprano habrán de ver lo que han sido preparados para ver: “La verdad”, ha dicho Camus, “no es de derecha ni de izquierda”. En criollo: “La única verdad es la realidad”. Y en términos leninistas: “Los tozudos hechos”.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Salvando las distancias

Motivada por el poema inigualable de Susana Thénon que transcribo abajo, y a propósito de la visita de aquellos extranjeros que suelen aparecer por nuestra comarca, piensan sólo en sí mismos, y a los que más de uno atienden, guían, soban y les consiguen lu qui venga, se me ocurrió el pseudo poema que figura más abajo todavía. I.G.

SUSANA THÉNON

(Buenos Aires, Argentina, 1935-1991)

La antología

¿tú eres
la gran poietisa
Susana Etcétera?
mucho gusto
me llamo Petrona Smith-Jones
soy profesora adjunta
de la Universidad de Poughkeepsie
que queda un poquipsi al sur de Vancouver
y estoy en la Argentina becada
por la Putifar Comissión
para hacer una antología
de escritoras en vías de desarrollo
desarrolladas y también menopáusicas
aunque es cosa sabida que sea como fuere
todas las que escribieron y escribirán en Argentina
ya pertenecen a la generación del 60
incluso las que están en guardería
e inclusísimamente las que están en geriátrico
pero lo que importa profundamente
de tu poesía y alrededores
es esa profesión –aaah ¿cómo se dice?–
profusión de íconos e índices
¿tú qué opinas del ícono?
¿lo usan todas las mujeres
o es también cosa del machismo?
porque tú sabes que en realidad
lo que a mí me interesa
es no sólo que escriban
sino que sean feministas
y si es posible alcohólicas
y si es posible anoréxicas
y si es posible violadas
y si es posible lesbianas
y si es posible muy muy desdichadas
es una antología democrática
pero por favor no me traigas
ni sanas ni independientes

***

¿Tú eres el gran poeta galés?, ¿quieres
beber whisky, vino?, ¿qué te place?,
qué alegría conocerte, ¿así que has sufrido mucho y
reparaste en nosotros?, ¿te interesa
nuestra lengua?, ven, acomódate aquí, ¿deseas
más vino?, cómo no, sírvete; sí, es posible,
hay algunas, no muchas editoriales, ponte
en nuestro lugar; mas sí, es posible, me encantó
tu traducción, yo creo que te editarían, claro,
¿cómo?, sí, también te financiarían, cómo no, ¿conocer el sur 
y el norte de nuestro país?, déjame que hable con Fulano,
a Mengano también le encantaría conocerte,
es tan bueno lo que haces; ¿pediste así jugoso tu bistec?, ¿estás a gusto?,
¿más vino?, cómo no. Antologías, sí,
puedo facilitarte esta y esta otra para que compares,
aquí te doy mis libros, no me sobran pero contigo, es
un honor, te los acomodo aquí mismo, no pesan, verás,
no, aquel autor no conviene, te recomiendo mejor a
Mengano, ese no te ocasionará problemas y además
conoce tu idioma, a la perfección, sí, madre y padre
anglosajones, así que no hay problema,
tu poesía es más que interesante, será un hito,
verás, aquí todo el mundo quiere ser traducido
pero pocos lo valen, ¿las Cataratas del Iguazú?, aguas termales, sí,
una belleza el paisaje, y el hotel, de primera.
La Fundación, sí, ellos se ocuparían, claro; no, el gobierno no
porque… ¿comprendes lo que digo?, ¿ahora un whisky?, cómo no.

I.G.
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Para leer más de Susana Thénon, haga clic aquí y/o aquí
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char