jueves, 23 de junio de 2011

Aria del agua

PEDRO DONANGELO


(Buenos Aires, Argentina, 1949)


vi a mi vida en las alturas,
desplegada en un zig-zag de ramas del Jardín Botánico

sus puntos de quiebre, arriba y abajo
como disonancias, particularmente hoy
que vi a mi vida en un punto agudo, en
un punto de mi estómago más cercano y de inmediato
recado para Él por ella

hay ramas que declinan,
brevemente rectas o de contravueltas,
ramas como falanges,
ramas para cada vida.

por ejemplo, la de mi vecino Martín,el verdulero
para quien las ramas no escatimarían reverencias
como a majestades.
***
fluye, pero no tanto,
como la fuente de un río,
entre las piedras y a borbotones.

Fluye de pronto.
Ni la hoja seca navega los rápidos, ni la tapa
de una gaseosa.
En la carrera desde la panadería
contra Languidez, se revela la maravilla
de una mañana bien temprano:

rumor de cascada,
aria del agua,

felicidad
que la pendiente de la calle
precipita al sumidero.

(para Silvia Camerotto)
***
Mi vida es una línea recta

nueve menos cuarto en el reloj de la Torre de los Ingleses.
El día, chato como el anterior,
se vislumbra. Más adelante,
tuerzo otra vez la mirada hacia las grutas en cuadriculas.:
Un blasón con tres letras:
esperpentos cuelgan cabeza abajo
en la vereda de enfrente de las ruinas:
cartoneros duermen bajo las arcadas de un ex Banco
Ya me bajo en la parada El Pasado.
Mi madre recorre la enciclopedia
y me señala las madonas de Leonardo.
Entonces,
yo intentaba doblegar el trazo en escorzos de cabezas
y atisbar el volumen, atisbar lo profundo.
Me señala el triángulo eterno
y en el fondo, los árboles esfumados.
Copio cabezas desde todos los ángulos.
Dibujo palabras
de alguien que viajó a lo largo y ancho del mundo,
ir hasta el fondo,
sobre una raya pegada al papel.

2 comentarios:

Ignacio Uranga dijo...

Este Pedro me anda haciendo leer cada día en pantalla a la busca de lo que escribe. Digo esto porque no entiendo qué espera para editar, porque los sus versos merecen formato libro, pues son, a mi ver, buenísimos.

irene gruss dijo...

Vaya a su blog y dígaselo. Gracias, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char