martes, 28 de diciembre de 2010

Eugenios, Equis, Clauditos, perritos de ceniza

Algo más de FRANCISCO MADARIAGA
(Argentina, 1927-2002)

REHÉN DE LA COLINA


Oh candoroso embriagado entre loros,
entre isletas subiendo hasta el nivel de la colina,
canta en tu boca el canto ardiente de otra boca,
y cuando la sangre sube hasta tus ojos es
porque están quebradas todas las fulguraciones
del sollozo en tu pecho.
Canta, viejo rehén de la colina.
Arde, candoroso de alcohol negro, que con palmas
salvajes tienen hijos que retornan al viento,
al gemido del clima en el olor áspero y cruel
de las arañas del estero,
en aquel paisaje de cristal desprendido del fuego.

Asombra al mundo en un paisaje de enero,
oh demente,
oh luz de la humedad.
Ah colgado sediento de unos ojos,
duerme, duerme bajo la luz del padre al otro
extremo del poder y la delicadeza.
En tus ojos la berlina del viaje amarillo arde
helada.
Beso tras beso el pasajero toca la raya de ácido
caliente del retorno.
Sé piadoso con el otro limite de tu fragilidad,
padre aletargado por el sol,
presión de la locura de una tierra suspendida en
la tela del agua y del fuego.
***
Tembladerales de oro

In memoriam Alfredo Martínez Howard

El dolor ha abierto sus puertas al agua de oro del oro que
arde contra el oro el oro de los ocultos tembladerales
que largan el aire de oro hacia los rojos destinos
pulmonares con el acuerdo de los fantasmas de oro
coronados por los juncos de oro bebiendo los
caballos de oro los troperos de oro envueltos en los
ponchos de oro -a veces negro a veces colorado
celeste verde- y el caballero que repasa las lagunas de
los oros naturalmente populares el que se embarca
en las balsas de oro con todos los excesos de
pasajeros de oro que manejan los caballos de oro con
los rebenques de oro bebiendo en la limetilla de oro
del barro de oro de los sueños de los frescos del
oro entre la majestad de las palmeras de oro y de los
ajusticiados y degollados en las isletas de oro bajo de
yacarés de oro del oro del Amor.
***
Puente Florencia

a Oscar Portela y Florencia Madariaga

I

Todo se olvida.
El rumor es un puente.
El color es un puente.
La mirada de un ciervo que olfatea un tesoro,
es un puente,
y vuela con el ave que se aleja del invierno natal.

Vuelan todos los puentes.
Las comunicaciones estallan en fuego y transparencia.
Solo nos queda el puente del olor del infinito.,
la pasarela para el tigre de los sueños.
***
Canciones en un viaje a caballo



1

Los caballos nacen para amar secretamente como
las madrugadas.

2

Los caballeros viajan con ponchos de cueros de
ciervos celestes manchados de sangre.

3

Un dolor como el trino de un pájaro de agua,
perdido en la infinitud.

4

El amor de un guerrero cuya lanza tiene el acero
del agua.

5

El terror de los paisajes que se hundieron con
los tesoros del Diablo.

6

Hay cierta agua de oro en la infinitud:
solo la conocieron Jesucristo y Rimbaud.

7

Conservar siempre una tinaja con esa agua.
***
ARTE POÉTICA


No podríamos sostenernos con esta piel y este polvo gemebundo, guitarrera de
[grandes desgracias.
Sólo no hay trampa para la orden de hacer fuego hasta que todo arda.
Los puentes están artillados y sólo los cruzan caballeros blancos vestidos con
[el aire de un muerto que posee la victoria final.
Totalmente entorpecidos por la belleza de su sangre.

El pequeño patíbulo, 1954.
***
LOS POETAS OFICIALES

¿Amoldáis vuestra esfera a lo más mínimo del porvenir?
Perros enanos entecos, tenéis a vuestro servicio
los escribientes nacionales, pajarracos de la patria.
Canasteros de los frutos del odio, no estoy
arrepentido de tener a mi servicio las joyas y los frutos del deseo.
Principitos destronados de toda sangre de composición en la naturaleza.
Eugenios, Equis, Clauditos, perritos de ceniza.

Las jaulas del sol, 1960.
***
NUEVA ARTE POÉTICA

No soy el espectral, ni el sangriento, ni el cautivo, ni el libre, ni el trompudo de labios de lata, ni el acordeón del mal-ayer, ni la blancura del futuro, ni el bobalicón del espacio, ni la academia de los astros, ni el planetario de las correspondencias.

el que tiene los deseos del celo de la tierra.
Aquel que tiene los cabellos del lado del amor.
El peinador de los pocos retratos de desgracia.
El cacique de la boca arrojada sobre el lecho de la mujer que sangra.
¡Manantial para mis heridas!, que no son más que cosas de hadas.
¡Buen beber para mis ojos!, que no son más que sombras de desgracias,
[devueltas por el agua.
¡Loor terrestre a mis amigos y hermanas con temblores de bocas de duraznos,
[besadas por el agua!

El delito natal, 1963

2 comentarios:

Carlos Saul dijo...

Este blog es patético, de una discusiòn acalorada, pasa a la poesía de siempre. El ballenato de la poesía tiene estos giros sorpresivos.

huggh dijo...

grande M.!!! gracias Irene. saludos!!!

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char