miércoles, 24 de marzo de 2010

Como un ladrón de frutas


MARÍA JULIA MAGISTRATTI
(Azul, provincia de Buenos Aires,
Argentina, 1976)


A Irma Alejandrina Pérez
esposa de Santo Glorioso,
mi abuela


1

No sabe que está muerta,
sin mirada donde ir a parar;
atravesada por
la arruga mayor
con que se ha desvestido su cara.

La muerte es doble:
en una parte huele
y en la otra crece.

La muerta se sofoca
se apabulla
como un ladrón de frutas,
se desagua.

Y el cuerpo que no puede quedarse.

La muerta ahora nace
atraviesa el huevo
que ha madurado en tierra,

lo primero que ve
son fondos de casas,
objetos vistos desde atrás.
***
6

Sueña con armarios
sueña con estantes
donde dejar sus cosas:

Cuanto más llena
está su vida
menos pesa.
***
7

A Juan José Hernández

No es que cesa la vida
cesa el movimiento,

un vértigo siempre tentado
por la extinción.

Lo muerto es sobresalto

aturdidos pájaros
que juntos comieron una miga
y desaparecieron en el aire.
***
La hija barre

La muerta sabe que a esa hora
no tendrá lugar,
por eso deja
que su hija barra la casa

que sepa que ella anda por ahí
doliéndole al espacio.

El polvo desaparece del ojo
el viento en otro lado.

Mental,
la muerta no ensucia.
***
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char