Baldomero Fernández Moreno
(San Telmo, Buenos Aires, Argentina, 1886-1950)
¿De qué nido salieron,
tres golondrinas,
quién disparó esa flecha
de la escuadrilla?
¿A dónde, madre,
más allá de las nubes
irá a clavarse?
**
Flor de seibo
Coágulo de sangre
labio irritado,
¿cuántos besos de fuego
has y te han dado?
Y todavía
entre las hojas verdes
cómo palpitas.
**
Cardos
En el campo amarillento
donde ya no hay más que paja,
alzan los cardos valientes
su dura flor erizada.
Bajo el sol del mediodía
y cuando la ser abrasa
en sus copitas azules
ofrecen su trago de agua.
**
Seguidilla
Déjame que te llame
mi chiquitita,
aunque sepa de sobra
que es gran mentira.
El chiquitito
soy yo, señora mía,
y el pobrecillo...
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sábado, 21 de mayo de 2016
sábado, 5 de enero de 2013
La soma del amor: no pudo ser
BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO
(Buenos Aires, Argentina, 1886-1950)
Tráfago
Me he detenido enfrente del Congreso,
y en medio del urbano torbellino,
he soñado en un rústico camino
y me he sentido el corazón opreso.
Una tranquera floja, un monte espeso,
el girar perezoso de un molino,
la charla familiar de algún vecino,
¿no valen algo más que todo eso?
Se ahogaban en la esquina algunas flores;
a formidables tajos de colores,
abríase el asfalto humedecido
como esbozando trágica sonrisa.
¡Quién va a fijarse en mí, si hay tanta prisa!
¡Quién va a escuchar mi voz, si hay tanto ruido!
***
Breve elegía
Era la sombra del amor,
la sombra del amor: no pudo ser.
Ya pasó por mi vida otro dolor,
ya pasó otra mujer.
No era su pecho mi cabezal,
no eran sus manos las guiadoras
por el camino triste y fatal.
No era el consuelo para mis horas,
no era la fuente para beber,
ni el tronco firme donde enredarme,
dar unas flores y envejecer.
Era la sombra del amor,
la soma del amor: no pudo ser.
Ya pasó por mi vida otro dolor,
ya pasó otra mujer.
***
Ocre y abierto en huellas, el camino
separa opacamente los sembrados.
Lejos, la margarita de un molino.
***
Para leer algo más: aquí
martes, 16 de noviembre de 2010
Ni tú tienes derecho a decirme que no
BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO
(Buenos Aires, 1886-1950)
¡¡¡¡LE DIGO A UN SAUCE!!!!
Sauce: en verdad te digo que me das compasión;
Como si fuera un nido se te ve el corazón.
Tu pecho, verde claro, no puede guardar nada;
Te penetra hasta el fondo la primera mirada.
Cuando desciende el sol, ¡Oh sauce!, al iluminarte,
Te atraviesa como un puñal de parte a parte;
Y a través de tus ramas, perezosas y bellas,
Filtra toda la noche con su millón de estrellas.
Aprende, sauce, de ese ciprés fúnebre y mudo,
Grave como un secreto y prieto como un nudo.
***
Palabras
Me borré el doctor
hace mucho tiempo.
Borré la inicial
de mi nombre feo.
No quiero ser nada
ni malo ni bueno.
Un pájaro pardo
perdido en el viento.
***
Ved en sombras el cuarto, y en el lecho
desnudos, sonrosados, rozagantes,
el nudo vivo de los dos amantes
boca con boca y pecho contra pecho.
Se hace más apretado el nudo estrecho,
bailotean los dedos delirantes,
suspéndese el aliento unos instantes...
y he aquí el nudo sexual deshecho.
Un desorden de sábanas y almohadas,
dos pálidas cabezas despeinadas,
una suelta palabra indiferente,
un poco de hambre, un poco de tristeza,
un infantil deseo de pureza
y un vago olor cualquiera en el ambiente.
***
Tal vez haya soñado con un beso instantáneo...
Tal vez haya soñado con un beso instantáneo,
dos estrellas fundidas augustamente en una.
Un temblor en el cuerpo y un mareo en el cráneo
y un ponerse la sangre del color de la luna.
No, jamás me has besado ni siquiera la frente,
sólo has puesto los labios o los atraje yo.
Continuaré soñando, Alondra, eternamente.
Ni tú tienes derecho a decirme que no.
**
(Buenos Aires, 1886-1950)
¡¡¡¡LE DIGO A UN SAUCE!!!!
Sauce: en verdad te digo que me das compasión;
Como si fuera un nido se te ve el corazón.
Tu pecho, verde claro, no puede guardar nada;
Te penetra hasta el fondo la primera mirada.
Cuando desciende el sol, ¡Oh sauce!, al iluminarte,
Te atraviesa como un puñal de parte a parte;
Y a través de tus ramas, perezosas y bellas,
Filtra toda la noche con su millón de estrellas.
Aprende, sauce, de ese ciprés fúnebre y mudo,
Grave como un secreto y prieto como un nudo.
***
Palabras
Me borré el doctor
hace mucho tiempo.
Borré la inicial
de mi nombre feo.
No quiero ser nada
ni malo ni bueno.
Un pájaro pardo
perdido en el viento.
***
Ved en sombras el cuarto, y en el lecho
desnudos, sonrosados, rozagantes,
el nudo vivo de los dos amantes
boca con boca y pecho contra pecho.
Se hace más apretado el nudo estrecho,
bailotean los dedos delirantes,
suspéndese el aliento unos instantes...
y he aquí el nudo sexual deshecho.
Un desorden de sábanas y almohadas,
dos pálidas cabezas despeinadas,
una suelta palabra indiferente,
un poco de hambre, un poco de tristeza,
un infantil deseo de pureza
y un vago olor cualquiera en el ambiente.
***
Tal vez haya soñado con un beso instantáneo...
Tal vez haya soñado con un beso instantáneo,
dos estrellas fundidas augustamente en una.
Un temblor en el cuerpo y un mareo en el cráneo
y un ponerse la sangre del color de la luna.
No, jamás me has besado ni siquiera la frente,
sólo has puesto los labios o los atraje yo.
Continuaré soñando, Alondra, eternamente.
Ni tú tienes derecho a decirme que no.
**
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char

