domingo, 8 de marzo de 2009

Tres poemas persas

De autor desconocido

Por eso el corazón tiembla ante el amor,
como si tuviera ante sí la amargura de la muerte.
Porque en donde el corazón despierta, muere
el yo, el sombrío déspota.


De Shakîr Wa'el (1232 o ‘34-¿?)

Oigo tus cabellos
cuando caen como lluvia
y me pregunto si tú lo sabes.


de Rudakí Samarcanda (859 d.C.-940 d.C.)

Vive felizmente con las de ojos negros
que el mundo no es nada más que viento y fábula.
Alégrate de lo que has conseguido
y no recuerdes el pasado.
Para mí aquel rizado y perfumado cabello,
para mí aquella cara de luna que es de raza de ángeles.
Afortunado es el que utiliza y obsequia,
desafortunado el que no utiliza y no ofrenda.
Este mundo de anhelo es como el viento y la nube,
acerca el vino, ¡pase lo que pase!

شاد زي با سياه چشمان شاد
كه جهان نيست جز فسانه و باد
زآمده شادمان ببايد بود
وز گذشته نكرد بايد ياد
من و آن جعد موي غاليه بوي
من و آن ماهروي حور نژاد
نيكبخت آن كسي كه داد و بخورد
شور بخت آن كه او نخورد و نداد
باد و ابر است اين جهان فسوس
باده پيش آر ، هرچه بادا باد
رودکی سمرقندی

3 comentarios:

huggh dijo...

el primero!!! pero los tres!!! muchas gracis señora...

Irene Gruss dijo...

Gracia a usté, Irene

Gabriela T dijo...

El segundo poema, bello y sutil en pocas palabras.
Me encantó..
Gracias.
:)

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char