martes, 6 de septiembre de 2011

Él amaba la pulsación de las sílabas

Créd.: elmundo.es
EUGENIO DE ANDRADE
José Fontinhas
(Póvoa de Atalaya, Beira Baixa, Portugal, 1923-Oporto, íd., 2005)

POEMA A MI MADRE


En lo más hondo de ti,
Se que te traicioné, madre

Todo porque ya no soy
el niño adormecido
en el fondo de tus ojos.

Todo porque ignoras
que hay lechos donde el frío no se demora
y noches rumorosas de aguas matinales.

Por eso a veces, las palabras que te digo
son duras, madre.
y nuestro amor es infeliz.

Todo porque perdí las rosas blancas
que apretaba contra el corazón
en el retrato enmarcado.

Si supieras cómo amo aún las rosas
tal vez no ocuparas las horas de pesadillas.

Pero tú olvidas muchas cosas;
olvidaste
que mis piernas crecieron,
que todo mi cuerpo creció,
y hasta mi corazón se hizo enorme, madre

Mira, ¿quieres oírme?
a veces aún soy el niño
que se adormeció en tus ojos;

aún aprieto contra el corazón
rosas tan blancas
como las que tienes en el retrato;

aún oigo tu voz:
Era una vez una princesa
en medio de un naranjal...

pero tú sabes, la noche es enorme,
y todo mi cuerpo creció.
Y salí del retrato,
di a beber mis ojos a las aves.

No me olvidé de nada, madre.
Guardo tu voz dentro de mí.
Y te dejo rosas.
Buenas noches, me voy con las aves.
***

Ahora vivo más cerca del sol, los amigos
no saben el camino: es bueno
ser así de nadie
en las altas ramas, hermano
del canto exento de algún ave
de paso, reflejo de un reflejo,
contemporáneo
de cualquier mirada desprevenida,
solamente este ir y venir con las mareas,
ardor hecho de olvido,
polvo dulce a la flor de la espuma,
eso apenas.

Versión de Aníbal Núñez
***

La lluvia cae en el polvo igual que en el poema
de Li Po. En el sur
los días tienen ojos grandes
y redondos; en el sur el trigo ondula,
sus crines danzan en el viento,
son la bandera
descamisada de mi embarcación;
en el sur la tierra huele a lino blanco,
a pan en la mesa,
el fulvo ardor de luz invade el agua,
cayendo sobre el polvo, leve, encendida.
Igual que en el poema

Versión de Aníbal Núñez
***
La pulsación de las sílabas

Él amaba la pulsación de las sílabas,
algunos acentos. cuarta, octava, décima.
Buscaba en ella lo que no sabía,
lo que nunca supo, o sospechara:
un sentido, la señal de la gracia, el frágil
hilo que condujese a la vida,
tan acá del deseo de vivirla.
Cuánta melancolía, cuánta incertidumbre
fue siempre la suya en lo que hacía,
allá donde el cuerpo se hace alma
o el alma se hace cuerpo ¿cómo saberlo?
El tiempo casi nada le enseñó,
pero proseguía, insatisfecho
o inseguro, que ni eso sabía.
Entre impulsos, crispaciones, reticencias,
perseguía el ritmo de la música más suya
con el mismo empeño que lo que fuera antes
pura delicia, caricia breve. Sólo la mano
no había cambiado -siempre tan leve.

Versión: s/d
***
Hacer de una palabra un barco
es todo mi trabajo
o de flor del lino el espejo
donde la luz del rostro cae
excesiva.

Traducción Pedro Gandía
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char