viernes, 13 de agosto de 2010

Una ceniza que se llama tiempo

ALFREDO VEIRAVÉ

(Gualeguay, Entre Ríos, Argentina, 1928, Resistencia, Chaco, íd., 1991)

POÉTICA Y LINGÜÍSTICA

Hoy he leído es un decir un formidable treno fúnebre
que cantan las mujeres del Peloponeso alrededor del
féretro
del difunto /
un formidable tratado del exiliado ruso Roman
Jakobson
acerca de la lingüística y la poética /
un tratado científico para ponerse serios
y no reír en las estepas del oso salvaje
que se pasea impaciente adentro de nosotros /
todo lo cual nos obliga a dejar que la boca cerrada
siga comiendo
las aberturas de la palabra "nieve".
De este modo la distribución de los acentos y los
significados
crean una curva ondulatoria regresiva
que nos permite dejarnos ir por la puerta de hierro
hacia
los planetas
donde las máscaras del carnaval (veneciano para
colmo)
se refriegan las antenas y se encienden como
luciérnagas por el deseo.
Pero de pronto
recordé el sombrero de una dama muy viuda
amante de los románticos alemanes traducidos que,
ofendida por mi sonrisa inoportuna en esa lectura de
poemas
no me quiso pasar la azucarera
en una ceremonia inglesa del té
de las 5 de la tarde en Buenos Aires. ¿Y por qué
hay que respetar a la poesía de esa manera? me
pregunté angustiado
antes de tirarme debajo de la mesa donde pude ver
finalmente
tus piernas (hermosas)
desaforadamente abiertas sin prendas interiores
como en una fotografía de Playboy.
***
PALABRA CAZADA AL VUELO

No he sido nunca un cazador de perdices porque la
muerte de
un animal pequeño me sacude como el viento del
campo a los pastos extraños,
pero soy cazador de la palabra en vuelo, lo cual
constituye una estética desdeñada por Valéry entre
otros.
¿De dónde viene esta cetrería sin halcones?
Debe ser, supongo, una fuerza que sale de la propia
voz callada
que comienza a hablar dentro de uno, en cualquier
momento;
el lujo de la bandada que cruza el cielo en una
tarde espectacular,
cuando el papel en blanco nos mueve los dedos,
articulados
en una mano que golpea las teclas.
Quizá la poesía no esté allí, sino en los entresueños
cuando
despiertos, miramos con los ojos cerrados
una ceniza que se llama tiempo, quizá la mentalidad
del oído que oye murmullos entre los muertos.
Por eso nada habrá cuando me haya caído en la
sombra
ya que todo es instantáneo, súbito,
y los poemas inéditos se han roto para siempre.
Como poeta repentista asumo estas obligaciones y
también esos defectos.
Quede para otra ocasión la posibilidad de que la vejez
dicte en otras personas el murmullo de una flor de
coral
que asoma debajo de las aguas.
***
LOS SÍMBOLOS


Existe un jardín de la memoria: mirad sus plantas
mojadas en la lluvia incesante, acercad el rostro ahora
a una hoja áspera y húmeda desde el suelo
contemplad cómo se levantan desde sus raíces
los monumentos que la vegetación cubre con su olvido.
Existe otro jardín sin embargo
más cerca, al lado de uno: impenetrable en sus huesos
y sus órganos secretos, allí la vida parece ver sus
relaciones
aunque se nutre solo, anda y goza en los momentos
separados.
(Sólo el enfermo ve su cuerpo en la transparencia
necesaria,
sólo en la fiebre, el enfermo adivina el rostro de esa esfinge
que se desmorona)
Lo cierto es que allí, la destrucción se cumple.
**
Imagen: flor del lapacho

2 comentarios:

huggh dijo...

grande grande grande!!! adoro a este hombre. gracias

Irene Gruss dijo...

Gracias a usted. Grande, sí, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char