sábado, 21 de marzo de 2009

¡Es una roca... un pico... un cabo!










Un monólogo
de Cyrano de Bergerac
de Edmond Rostand

Fragmento

“Sois poco inteligente, jovenzuelo. Pueden decirse muchas más cosas sobre mi nariz variando el tono. Por ejemplo, agresivo: «Si tuviese una nariz semejante, caba­llero, me la cortaría al momento»; amigable: "¿Cómo bebéis; metiendo la nariz en la taza o con la ayuda de un embudo?»; descriptivo: « ¡Es una roca… un pico… un cabo…! ¿Qué digo un cabo?… ¡es toda una península!»; curioso: «¿De qué os sirve esa nariz?, ¿de escritorio o guar­dáis en ella las tijeras?»; gracioso: «¿Tanto amáis a los pájaros que os preocupáis de ponerles esa alcándara para que se posen?»; truculento: «Cuando fumáis y el humo del tabaco sale por esa chimenea… ¿no gritan los vecinos; ¡fuego!, ¡fuego!?»; prevenido: «Tened mucho cuidado, porque ese peso os hará dar de narices contra el suelo», tierno: «Por favor, colocaros una sombrilla para que el sol no la marchite»; pedante: «Sólo un animal, al que Aristóteles llama hipocampelefantocamelos, tuvo debajo de la frente tanta carne y tanto hueso»; galante: «¿Qué hay, amigo? Ese garfio… ¿está de moda? Debe ser muy cómodo para colgar el sombrero»; enfático: «¡Oh, magistral nariz!, ¡ningún viento logrará resfriarle!»; dramático: « ¡Es el mar Rojo cuando sangra!»; admirativo: « ¡Qué maravilla para un perfumista!»; lírico: «Vuestra nariz… ¿es una concha? ¿Sois vos un tritón?»; sencillo: «¿Cuándo se puede visitar ese monumento?»; respetuoso: "Permitidme, caballero, que os felicite; ¡eso es lo que se llama tener una personalidad!»; campestre: "¿Que es eso una nariz?… ¿Cree usted que soy tan tonto?… ¡Es un nabo gigante o un melón pequeño!»; militar: «Apuntad con ese cañón a la caballería!»; práctico: «Si os admitiesen en la lotería, sería el premio gordo». Y para terminar, parodiando los lamentos de Píramo: « ¡Infeliz nariz, que destrozas la armonía del rostro de tu dueño!» Todo esto, poco más, es lo que hubierais dicho si tuvieseis ingenio o algunas letras. Pero de aquél no tenéis ni un átomo y de letras únicamente las cinco que forman la palabra «tonto». Además, si poseyeseis la imaginación necesaria para dedicarme, ante estas nobles galerías, todos esos piropos, no hubieseis articulado ni la cuarta parte de uno solo, porque, como yo sé piropearme mejor que nadie, no os lo hubiese permitido”.

© Rostand Edmond Cyrano de Bergerac, Acto Primero. Escena IV.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char