lunes, 24 de octubre de 2011

Antes de caer

Saddhu: tomado de http://www.tarrdaniel.com/
JORGE NAPARSTEK
(Cabana, Unquillo, provincia de Córdoba, 1953)

epicentro

tres dedos debajo del ombligo
en china buscan signos
en el vuelo de los patos
un caracol trepa
el revoque blanco
no mires cómo tiemblo
el movimiento
en el sueño se diluye
***
caja negra

hasta los juegos de la voz
recorren hilos invisibles
lanzadera ciega
guiada por el tacto
el golpe seco
aprieta el tejido
lo envuelve
acepta:
bienvenido a ese mundo
de criaturas imprevistas
ésa
lleva tu sonrisa
aquel otro
mira
como alguien que conocí
cicatrices que escapan a los ojos
no engañan al faro de la piel
cada pensamiento
fraguado al rojo
deja una marca
conciencia sin conciencia
así
como se adelanta la sombra de una mano
la boca
busca un pasadizo que ceda
trepar la franja del espectro
hacia distancias más cálidas
todas ellas registradas
el pájaro reconoce
la porción de cielo
ocupada por su aliento
reverso del fuego
hacia su extinción
maquillaje de ceniza
en la frente del saddhu
río y soledad
todo grabado
en memoria provisoria
antes de caer
***
posología

azul sobre negro
cuatro cortos oasis
puntúan su día
busca la dosis de eternidad
debajo de la cama
zapatos, arañas y polvo
miedo a la demencia
¿no es ya su confirmación?
mejor mirar la tarde
lila sobre verde
ella espera
sentada
entre pétalos caídos
sobre un árbol invisible
un carpintero repite su llamado
**
Para lee más de Jorge Naspartek, aquí
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char