sábado, 30 de julio de 2011

Porque la vida no es un párrafo

EDWARD ESTLIN CUMMINGS

(Cambridge, Massachusetts, EE.UU., 1894-North Conway, EE.UU., 1962)


entre los pechos
de la bestial
Marj hay voluminosos
hombres que elogian

el atacable cuerpo de esquinas limpias
de Marj los dedos de estos
hombres arrojan troncos

barajan sacos ruedan barriles se
acurrucan
amorosos
alrededor
de cervezas

el mundo tiene
las manos de estos hombres pero
sus cuerpos grandes y alcohólicos
pertenecen a

Marj
el bolso verde y delgado de cuyo
rostro se abre
en una dorada y obesa

sonrisa
hurra
hurra por los voluminosos
hombres que hay

entre los pechos
de la bestial Marj
por los hombres fuertes
que
duermen entre las piernas de Lil

Traducción: s/d
***

porque el sentimiento está primero
quien preste atención
a la sintaxis de las cosas
nunca va a completamente besarte;

completamente ser un tonto
mientras la Primavera está en el mundo

mi sangre aprueba,
y los besos son un mejor destino
que la sabiduría
señora lo juro por todas las flores. No llores,
-el mejor gesto de mi cerebro es menos que
el revoloteo de tus párpados que dice
que somos para el otro; luego
ríe, recostándote en mis brazos
porque la vida no es un párrafo
Y la muerte yo creo no es ningún paréntesis

Versión de Ana Laura Magis Weinberg
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
e.e. cummings, Complete Poems 1904-1962, ed. George J. Firmage, Liveright, Nueva York, 1991.
***
Estás cansada
Estás cansada
(yo creo)
del perpetuo enigma de vivir y sus afanes;
y yo también.

Ven conmigo, pues,
y partiremos muy lejos
(sólo tú y yo, ¿comprendes?).

Tú has jugado
(yo creo)
y has roto tus juguetes más queridos,
y ahora estás algo cansada;
cansada de las cosas que se rompen,
cansada, eso es todo.
Yo también.

Pero vengo con un sueño en mis ojos esta noche,
y llamo con una rosa
a la desolada verja de tu corazón.
¡Ábreme!
Que yo te mostraré lugares que nadie conoce
y, si tú quieres,
las perfectas regiones del Sueño.

¡Ah, ven conmigo!
yo te encenderé esa maravillosa burbuja, la luna,
que perenne flota.
Te cantaré la canción jacinto
de las probables estrellas,
y buscaré en las apacibles estepas del Sueño,
hasta encotrar la Flor Única,
que sustentará (yo creo) tu tierno corazón
mientras la luna se eleva desde el mar.
***
Si te gustan mis poemas, déjalos...

si te gustan mis poemas, déjalos
caminar en el atardecer, un poco detrás de ti
entonces la gente dirá
“A lo largo de esta senda vi pasar a una princesa
en ruta a encontrarse con su amante (era
hacia el anochecer) con sirvientes altos e ignorantes”.

Tomados de poemaseninglés
***
La Guerre

I

el gran tamaño del cañón
es hábil
pero yo he visto
la voz enorme e inteligente de la muerte
que refugia una fragilidad
de amapolas...

digo que a veces
en estos largos animales parlanchines
se esconden puños de más silencio.

Yo he visto todo el silencio
lleno de vívidos muchachos sin ruido

en Roupy
he visto
entre barreras,

las absolutas y maduras y calladas niñas de la noche.

II

Oh dulce y espontánea
tierra cuántas veces
los
dedos
punteros de
lascivos filósofos te pincharon
y empujaron

el pícaro pulgar
de la ciencia vejó
tu

belleza cuántas
veces las religiones te han
puesto sobre sus rodillas huesudas
apretándote y

pegándote para que pudieras concebir
dioses
(pero
fiel

a la incomparable
cama de la muerte tu
rítmico
amante
tú les contestaste

solamente con
la primavera)

Versión de Marcelo Covian
***
Señora del silencio...

Señora del Silencio
de la dulce jaula de
tu cuerpo
se alzó
en la sensitiva
noche
en
pájaro veloz

(tierna sobre
el prodigioso rostro de lo oscuro
tu
voz
extiende alas colmadas de
perfume
escoltando de pronto
con soleados
pies

la punzante belleza de la aurora)

Versión de Alfonso Canales
-e.e. Cummings poemas- Alberto Corazón, Editor, 1969

1 comentario:

Cuper dijo...

cansada de las cosas que se rompen.

un abrazo

fer

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char