jueves, 12 de noviembre de 2009

Lo suficiente para abrir los ojos


STÉPHANE MALLARMÉ
(Francia, 1842-1898)
UN TIRO DE DADOS
NUNCA ABOLIRÁ EL AZAR


Prefacio

Me agradaría que esta Nota no fuese leída o que,
una vez transitada se la olvidase; ella enseña, al lector
hábil, poco que se sitúe más allá de su penetración:
Pero puede confundir al ingenuo antes de que
eche una mirada a las primeras palabras del Poema
para que las que siguen, dispuestas como están, lo
conduzcan a las últimas, todo ello sin mayor novedad
que un espaciamiento de la lectura. Los "blancos",
en efecto, adquieren importancia, son lo primero que
llama la atención; la versificación comúnmente los exigía,
como silencio circundante, hasta el punto de que
un fragmento, lírico o de pocos pies, ocupa, en el
medio, alrededor de una tercera parte de una página:
yo no transgredí esta medida, sólo la disperso. El
papel participa cada vez que una imagen, por sí misma,
cesa o vuelve, aceptando la sucesión de otras y, dado
que no se trata, como siempre, sino de rasgos sonoros
regulares o versos -más bien de subdivisiones
prismáticas de la Idea, en el instante que aparece y dura
su concurso, en alguna escenografía espiritual exacta-,
es en lugares variables, cerca o lejos del hilo conductor
latente, en razón de la verosimilitud, como se impone el
texto. La ventaja literaria, si me asiste el derecho de decirlo,
de esta distancia copiada que mentalmente separa grupos
de palabras o las palabras entre sí, parece ser acelerar
tanto como aminorar el movimiento, escandiéndolo,
convocándolo también según una visión simultánea de la
Página tomada ésta por unidad según lo es por otra parte
El Verso o línea perfecta. La ficción aflorará y se disipará,
rápidamente, conforme con la movilidad de lo escrito,
alrededor de las detenciones fragmentarias de una frase
capital introducida y continuada a partir del título. Agreguemos
que de este empleo al desnudo del pensamiento con retrocesos,
prolongaciones, huidas, o su dibujo mismo, resulta, para quien
quiere leer en voz alta, una partitura. La diferencia de
caracteres de imprenta entre el motivo preponderante, otro
secundario y los adyacentes, dicta su importancia a la emisión
oral y la situación, en el medio, hacia arriba, o hacia debajo de
la página, indicará que sube o desciende la entonación.
Sólo ciertas direcciones muy aventuradas, avances, etc.,
que forman el contrapunto de esta prosodia, permanecen
en una obra, que carece de precedentes, en estado elemental:
no es que ya crea que la oportunidad sólo se presta para
ensayos tímidos; pero no me es lícito salvo una paginación especial
o de volumen por mi cuenta, por más valiente, generoso
o estimulante que se muestre con las hermosas libertades, obrar
en un Periódico demasiado contrariamente al uso. Habré,
de todos modos, mostrado del Poema que sigue, mejor que
el esbozo, un "estado" que no rompe en todos los aspectos
con la tradición; su presentación en muchos sentidos, sólo se llevó
tan adelante como para no ofuscar a nadie: lo suficiente para
abrir los ojos.
Hoy, o bien sin presumir del porvenir que saldrá de aquí,
nada o casi un arte, reconocemos sin dificultad que la tentativa
participa, inesperadamente, de algunas indagaciones particulares
y caras a nuestro tiempo: el verso libre y el poema en prosa.
Su reunión se cumple bajo una influencia, lo sé, extraña, la de la Música
Escuchada en el concierto; se encuentran en ella varios procedimientos
que me pareció se encuentran en las Letras: los recupero. El género,
que por ello se convierte poco a poco en algo como la sinfonía,
en comparación con el canto personal, deja intacto el antiguo verso,
al que consagro un culto y atribuyo el imperio de la pasión y de los
ensueños; en tanto éste sería el caso de tratar, con preferencia
(tal como sigue) ciertos temas de imaginación pura y compleja
o intelecto: ya que no existe ninguna razón para excluirlos de la Poesía,
única fuente.
**
La chair est triste, hélas! et j'ai lu tous les livres

Babel Editora, de Córdoba, reeditó la traducción que en 1943 hizo Agustín Oscar Larrauri de "Un golpe de dados", de Stéphane Mallarmé (1842-1898), esa "especie de clásico de la modernidad", según define Eugenia Cabral en este volumen. Alguien que vio el libro sobre mi mesa, me dijo: "Este sí es el fundador de la poesía moderna". Pensé que el observador había leído este blog y las continuas referencias que contiene a dicho tópico. Como sea, su observación me hizo pensar en la reiteración de la fórmula, y su vaciedad, en primer lugar. Y en segundo lugar puso en cuestión un pensamiento que vagamente siempre he tenido acerca de que Mallarmé fue un desvío de la modernidad de Poe, de Baudelaire, de Rimbaud, hacia un pantano. Quise confirmar mi idea o la del observador y acudí al buen Arnold Hauser, cuya "Historia social de la literatura y el arte" realiza agudas consideraciones sobre el espíritu de épocas y obras.

Hauser habla largamente de Mallarmé en un capítulo dedicado al naturalismo y el impresionismo, el penúltimo.

Dice:

[Mallarmé] Descubrió, simplemente, la diferencia entre el símbolo y la alegoría, e hizo del simbolismo, como estilo poético, la meta consciente de sus esfuerzos.

...la alegoría no es es otra cosa que la traducción de una idea abstracta en forma de imagen concreta, por lo que la idea continúa en cierto modo siendo independiente de su expresión metafórica, mientras el símbolo reduce la idea y la imagen a una unidad indisoluble, de manera que la transformación de la imagen implica también la metamorfosis de la idea.

La alegoría es una especie de enigma cuya solución es obvia, mientras el símbolo puede ser interpretado pero no resuelto.

Mallarmé era un platónico que miraba la ordinaria realidad empírica como la forma corrompida de un ser absoluto ideal y atemporal, pero que quería realizar el mundo de las ideas, al menos parcialmente, en la vida terrenal. Vivió en el vacío de su intelectualismo, completamente separado de la vida práctica ordinaria, y casi no tuvo en absoluto relaciones con el mundo fuera de la literatura. Destruyó toda espontaneidad dentró de sí mismo y se convirtió en algo así como el autor anónimo de sus obras.

La vida del refinado, culto e inteligente Mallarmé terminó en un fiasco tan terrible como la existencia vagabunda de Rimbaud. Ambos desesperaron del significado del arte, de la cultura y de la sociedad humanas y es difícil saber cuál de los dos actuó de manera más consecuente.

De algún modo, Hauser confirmó lo que pensaba (Mallarmé se metió él, y con él a la poesía francesa, en un callejón sin salida), de modo tal que su archi citado verso "La carne es triste y todo lo he leído" termina por ser epitafio de su obra. La autonomía que magistralmente consiguió para la literatura desembocó en la nada, pues toda autonomía absoluta en ese terreno cae estrepitosamente cuando descubre que nada puede decir de inteligible.

Sin embargo, me pregunto, ¿no hay un arco que une ese titánico esfuerzo con las paradojales teorías de los poetas de cierto país bárbaro y pragmático sobre la naturaleza concreta de la poesía? ¿No es la misma exigencia del autor de "Un golpe de dados" la que escribe las palabras del norteamericano William Carlos Williams "para el poeta no hay ideas sino en las cosas..."? La "cosa", si pudiera ser fielmente representada, ¿no nos devolvería el eco de los dados de Mallarmé? Y si las cosas mismas son el golpe de dados (el cristal facetado del símbolo que puede ser interpretado pero no resuelto), ¿a qué imitarlas?


NUNCA
AUN LANZADO EN CIRCUNSTANCIAS ETERNAS
DEL FONDO DE UN NAUFRAGIO
SEA

que

el Abismo

blanqueare
calmo
furioso

planeare desesperadamente
bajo una inclinación

de su

propia ala

de

antemano afectada por la imposibilidad de levantar el vuelo
cubriendo los borbollones
cortando a ras los saltos

muy interiormente resume
la sombra oculta en la profundidad por esa vela alternativa

hasta adaptar
en la envergadura

su anchurosa profundidad mientras que el esqueleto

de un navío

se inclina de una a otra borda

EL MAESTRO

ha surgido fuera de los antiguos cálculos
en el sitio en que la maniobra con la edad olvidada

sugiere

que antaño empuñaba el timón

de esa conflagración

del horizonte unánime

que sucede
a sus pies
**
(De Un golpe de dados nunca suprimirá el azar, traducción de A. O. Larrauri. La disposición del poema en la página, a modo de "constelación", no ha podido ser respetada).
**
Copy: De "El estante maldito", blog del Diario Clarín. Publicado por Jorge Aulicino el 06/05/2008.

**
Imagen: Mallarmé según un retrato
de Édouard Manet (detalle)
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char