miércoles, 22 de febrero de 2012

Una barcaza llega llena de mitos

 PATRICK KAVANAGH
(Inniskeen, 1904-Dublín, 1967)

Conmemórame donde haya agua,
agua de canal, a ser posible,
tan calma y verde en el hondo verano.
Hermano, conmemórame así, bello,
junto a una esclusa donde ruge un Niágara
de cascadas para el tremendo silencio
de quien se sienta a mediados de julio. No
hablará en prosa
quien encuentre el camino a estas islas-
Parnaso.
Un cisne inclina la cabeza con sus muchas
disculpas,
la fantástica luz cruza ojos de puentes…
y, mirad, una barcaza llega llena de mitos
de Athy y de otras villas remotas.
Conmemórame sin tumbas de héroes bravos,
basta un banco en el canal para el paseante.

de Versos escritos en un barco del gran canal, Dublín
***
Epopeya


He vivido en sitios importantes, en tiempos
en que grandes cuestiones se dirimían, de quién era
aquel octavo de acre pedregoso, una tierra de nadie
rodeada por reclamos defendidos con horquetas.
“Maldita sea tu alma” —escuché gritar a los Duffy—
y vi al viejo McCabe, desnudo hasta la cintura
pisar el terreno desafiando el acero:
“La marca son estas piedras rojizas”.
Ese era el año del asunto de Munich. ¿Cuál era más
trascendente?
Me inclinaba a perder la fe en Ballyrush y Gortin
cuando llegó el espectro de Homero, susurrando a mi conciencia.
“Hice la Ilíada de una riña local
como esa”, me dijo. Los dioses crean su propia importancia.

Traducción a cargo de Jorge Fondebrider y Gerardo Gambolini (Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1999)
***
Tuve un futuro

Tuve un futuro,
un futuro.

Dioses de la imaginación, revivid
la personalidad de aquellas calles,
no unas calles cualesquiera,
sino las calles de mil novecientos cuarenta.

Dadme los ojos miopes con los que miraba,
la mente con memoria de animal,
la niebla que iba atravesando hasta el espejismo
que era mi futuro.

Las mujeres que debía encontrar
no estaban a la vista.

Y después el dolor del alma ciega
que sin saberlo está en su propio reino.

Dadme algún detalle
de cómo sentía el dinero,
sin la ansiedad posterior,
había futuro.

Mostradme la cama plegable donde dormía
en un cuarto de Drumcondra Road.
Que  John Betjeman pase a buscarme en coche.

Es verano y el redoble oscuro
de la locura en Europa agita las alas
de las mariposas sobre el canal.

Tuve un futuro.

(De La hambruna y otros poemas.
Traducción de Fruela Fernández. Valencia,
Pre-Textos, Col. La Cruz del Sur, 1134, 2011).
***
La hambruna
(Fragmento)

Pero el campesino en sus pequeños campos se encuentra atado
A la matriz de su madre por un cordón umbilical endurecido por el viento
Como una cabra atada al tronco de un árbol-
Se mueve en círculos preguntándose por qué tiene que ser así.
Sin estrépito,
Sin drama,
Así es cómo ocurrió su vida.
No existe el ruido desenfrenado de caballos galopando en el cielo,
Sino los insípidos, desaboridos ingredientes de la verdadera tragedia -
Un caballo enfermo que busca lentamente un sitio limpio en el campo para morirse.

Traducido por Patrick H. Sheerin, editado por la Universidad de Valladolid.
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Foto: tomada de theruralsite.blogspot.com
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char