martes, 9 de junio de 2009

Sueño y morir no tienen atributos


NELLY SACHS
(Alemania, 1891-Suecia, 1970)


Hace mucho que hemos olvidado el escuchar

Si Él –en otro tiempo– nos hubiera plantado,
plantado como hierba de dunas, en el mar eterno,
creceríamos en pasturas tupidas,
como la lechuga crece en el huerto.
Aunque tengamos asuntos
que nos lleven más allá
de Su luz,
aunque bebamos el agua de cañerías
que se acerque muriendo
a nuestra boca, eternamente sedienta,
aunque caminemos por una calle
bajo la cual la tierra ha sido llevada al silencio
por un empedrado...
no debemos vender nuestro oído,
oh, nuestro oído no debemos vender.
También en el mercado,
en el cálculo del polvo,
más de uno da –rápidamente– un salto
sobre la cuerda de la nostalgia;
porque él escuchó algo,
dio el salto fuera del polvo
y sació su oído.
Apretad; oh, apretad –en el día de la destrucción–
a la tierra el oído que escucha,
y escucharéis, a través del sueño
escucharéis
cómo en la muerte
empieza la vida.

Viene uno...

Viene uno
de lejos
con un idioma
que quizás encierra
el laúd
con el relincho de la yegua
o
con el piar
de los jóvenes mirlos negros
o
también como una crujiente sierra
que corta toda proximidad

Viene uno
de lejos
con movimientos del perro
o
quizá de la rata
y es invierno
por tanto vístelo caliente
también puede ser
que tenga fuego bajo las suelas
(quizá cabalgó
sobre un meteoro)
por tanto no lo riñas
si acaso tu alfombra acribillada chilla.

Un extraño lleva siempre
su patria bajo el brazo
como una huérfana
para la que él quizá nada
nada busca sino una tumba.

Versión de Javier Tubía
**
¿Quién llama?

¿Quién llama?
¡La propia voz!
¿Quién responde?
¡Muerte!
¿Se hunde la amistad
en el campamento del sueño?
¡Sí!
¿Por qué no canta ningún gallo?
¡Está esperando a que el beso del romero
nade en el agua!

¿Qué es eso?

¡El instante de abandono
del cual el tiempo se suprime
asesinado de eternidad!

¿Qué es eso?

Sueño y morir no tienen atributos.
**

MARIPOSA
(Traducción: José Luis Reyna Palazón)


QUÉ hermoso más allá
está pintado en tu polvo.
A través del núcleo de llamas de la tierra,
a través de su caparazón de piedra
llegaste,
tejido de adiós en la medida de la caducidad.

¡Mariposa,
buenas noches de todos los seres!
Los pesos de la vida y de la muerte
se posan con tus alas
sobre la rosa
que se marchita con la luz que madura hacia la casa.

Qué hermoso más allá
está pintado en tu polvo.
Qué signos de reina
en el secreto del aire.
**
OTRA VERSIÓN:
Mariposa


Qué bello más allá
está pintado en tu polvo.
A través del núcleo de la llama de la tierra,
a través de tu chal de piedra
has sido ofrecida,
red de despedida en la medida del pasado.

Mariposa
¡a todos los seres buenas noches!
las importancias de vida y muerte
se hunden con tus alas
sobre la rosa abajo
que se marchita con el arco de luz que madura hacia casa.

Qué bello más allá
está pintado en tu polvo.
Qué signo real
en el secreto del aire.

Versión de Javier Tubía
****
Nota: La correspondencia entre Nelly Sachs y Paul Celan (ambos sobrevivieron a las persecusiones del nazismo) se extiende a lo largo de casi dieciséis años, desde la primavera de 1954 hasta finales de 1969. Poetas y exiliados, ambos se vieron forzados a vivir y escribir fuera del ámbito cultural y geográfico de la lengua alemana. Los dos llevaron existencias atormentadas y experimentaron la suerte de su salvación como una culpa. «La vida tiene la misericordia de rompernos», escribió una vez Sachs a Celan. Y también: «Querido Paul Celan, nosotros queremos seguir aportándonos la verdad el uno al otro. Entre París y Estocolmo se extiende el meridiano del dolor y del consuelo».

*Paul Celan mantiene con su colega una discusión, el 26 de mayo de 1960, en Zürich, hacia las 4 de la madrugada:
Sachs: «Yo soy creyente».
Celan: «Yo solo espero poder blasfemar hasta el final».
Sachs: «No se puede saber qué es lo que vale».

Cuatro días después, Paul Celan escribe este poema:

ZÜRICH, ZUM STORCHEN


Para Nelly Sachs

La conversación fue sobre demasiado, sobre
demasiado poco. Sobre Tú
y pero Tú, sobre
el enturbiamiento por la claridad, sobre
lo judío, sobre
tu Dios.
Sobre
eso.
En el día de una Ascención el
Monasterio se erguía al otro lado, se vino
con un poco de oro sobre el agua.
Sobre tu Dios fue la conversación, yo
hablé en contra de él, yo
hice esperar al corazón que yo tenía
su más alta, estentórea, su
endurecida palabra:
Tu ojo me miró, soslayó,
tu boca habló con el ojo, yo escuché:
«Nosotros
no sabemos, sabes,
nosotros
pues no sabemos
lo que
vale...».

París, 30 de mayo 1960
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char