jueves, 15 de marzo de 2012

Algo ya no será más

ANNE TALVAZ
(Bruselas, Bélgica, 1963)


Réquiem por una niña célebre

Ana, hermana mía, ¿nada ves venir?

Veo el sol que y los árboles que
y a través del hueco de las cortinas a los hombres que
y cuando voy al desván
a los pájaros que
veo al cielo que y que y que

Ana, hermana mía, no es eso lo que te pido

¿quieres acaso que lea la borra de café,
cuando hace tanto tiempo ya que no encontramos café?
¿sabes al menos que las líneas que cruzan el cielo
no son las de la mano de Dios?

Tomado de http://lavidaacuatica.blogspot.com
***
End of the world, 7

Hay puertas terribles
contra las que un hechizo nada puede;
rayos de luz peores que la oscuridad.

Hay puertas que deben demolerse,
modestamente, lentamente, ladrillo por ladrillo,
para poder dormir tranquila.
***
End of the world, 10

Hablás demasiado porque sabés que mañana
esto se acaba. La lluvia ya no perla las hojas del castaño,
una palada de carbón arrojada al fuego,

y que lo apaga. Y esta espera
que no termina más. Algo ya no será más

tal vez será en otra parte,

pero seguro será de otra manera. Es él,
o vos ―¿quién sabe? El miedo en el vientre, o la ansiedad:
porque es él, porque sos vos. Porque es mañana.
***
Gloria del mar

La Gloria del mar es venenosa,
ya se sabe, incluso hasta mortal:

esconde un dardo en los repliegues de sus carnes carentes de interés
que no se parecen a nada salvo a una ilustración de libro escolar
para retirarlas del todo hervir largamente.


De Confesiones de una Gioconda & otros poemas
Bajo la luna, 2008. Selección, traducción y prólogo: Mirta Rosenberg y Jaime Arrambide
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char