jueves, 29 de julio de 2010

¡Oh espléndida miseria!

JORGE CALVETTI

(Maimará, provincia de Jujuy, Argentina, 1916-2002)


Una vez le pidieron a Jorge Calvetti los datos de su biografía. Entonces escribió tres palabras: "Nací en Jujuy".



FUNDACIÓN EN EL CIELO

a Santiago y César Dávobe

Yo no he querido a nadie en el mundo
ni he cuidado amorosamente una esperanza.
He derivado mi destino ante el funesto esplendor de las palabras
y soy el testigo de mi desdén por los firmes destellos de la vida.
He recorrido campos,
la puna inhóspita y odiada
con pájaros que viven la libertad
y gentes de alma silenciosa.
He visto caballos buscando la sombra mísera del cacto
y perros durmiendo a la sombra del caballo.
He respirado el aire sucio de las ciudades
y he aborrecido el día que me dio luz para mirar los hombres engañados.
He vivido en las noches borrosos gabinetes
con espejos que muestran el pasado y el dolor de todos los hombres,
en ellos he mirado con obcecación y sín lástima el latido horrible de mis sienes,
mi dolorosa imagen de hombre sin tiempo para llorar su descreimiento.
Yo no he mirado las cosas con cariño.
Soy el testigo de mi desdén
por los firmes y vanos destellos de la vida.
Sólo sé de la muerte que ordena las figuras
que mueve mareas ocultas del corazón
y me entrega palabras que yo digo en las noches
para borrar el mundo del sueño de los hombres.
***
Maimará

Este es mi pueblo.
Su nombre quiere decir: “Estrella que cae”.
Hasta aquí llegan pocas noticias del mundo.
Recibo cartas de mis amigos; me dicen que todo marcha bien, que en
algunos países se vive una vida verdadera
Y que en otros, la esperanza crece.
Yo no sé nada. Me alegro por momentos
Y me encierro otra vez en mi pueblo.

Todo se habla de soledad.
El viento sacude las noches como árboles.
Los mismos pájaros despiertan las mismas mañanas.
El tiempo golpea las casas
Y las casas golpean contra el tiempo.

Aquí he vivido mi infancia.
Era feliz. Ignoraba hermosamente la vida.
La infancia...
Los recuerdos más viejos vagan por la memoria, como doña Melchora por el
pueblo.
Tiene ciento cuatro años. Habla sola, como los recuerdos.
Cuando me ve, me dice: buenas tardes maestro...
Aquí estoy,
Buscado y dejado y encontrado por el amor.
Pero no crea que puede hablar de soledad.
Todos tenemos mucho que hacer en el mundo y no hay tiempo para estar
solos.
Es que el futuro está subiendo desde el fondo de la tierra,
Lo veo crecer en mi hijo. Mira con los ojos de mi hijo.

Sí, ya lo sé. Son hermosos, los carnavales y los pájaros y la fastuosa
inocencia de los pájaros...
Pero sé también que el canto y la alegría y el coraje de muchos amigos
del pueblo están durmiendo en una botella de vino
¡y nosotros tenemos mucho que hacer!

Yo por lo menos,
Trataré de luchar con mis palabras.
Tengo que decir a mis amigos que no estamos solos y que debemos trabajar
para que el mundo sea mejor.

Este pueblo es muy chico.
Un carnavalito puede envolverlo.
El golpe de un caballo es demasiado para él.
¡Qué hermoso sería levantar su estrella y llamarnos, con verdad,
hermanos en un mundo sin justicia!

Mi pueblito es muy chico.
Así deben ser todos los pueblos chicos del mundo.
Por la calle de mi casa veo pasar la vida;
La desgracia, el amor, la humildad, los borrachos...
Pero creo que nadie piensa en nadie.
Nadie sale de sí mismo.
Todos casi todos, están ahogados en ellos mismos y es necesario cambiar.

Aquí sigue todo igual...

Si subiera a las cumbres, estoy seguro, vería pasar los años como esos
perros que acezando y husmeando el miedo pasan interminablemente
ocupados en sus sensaciones y eso no puede ser, ¡no puede ser!
***
EL DESEO

Está naciendo siempre
como el sol y la pena;
es turbio o transparente
como el agua y la niebla,
duele en el pensamiento
y en el recuerdo, quema.

Yo existo mientras duerme
y muero si despierta;
porque afanosamente
me busca, me pelea,
me arrastra por los cuartos
y conmigo se acuesta
y quedo hecho cenizas,
pesadumbre, tristeza,
después de haber gozado.
¡Oh espléndida miseria!
todo lo que la sangre
devotamente anhela.

A veces lo imagino
de una infausta belleza,
como una mujer loca
que loca me siguiera,
como un golpe de viento
o como un ala negra.

Otras veces es suave
como una enredadera;
con sigilosos pasos
de ladrón, se me acerca
y delicadamente
llega como le llega
la madurez al fruto
o la luna a la tierra.

Contra él nada puedo;
le doy todas mis fuerzas
para ver si me olvida
y de una vez, se aleja.
Me tiento en el cansancio
como el mar en la arena
pensando que ya nunca
se acercará a mi puerta
pero él vuelve, acontece,
y me toca, y me besa,
¡Dios quiera que se vaya
y que no vuelva!
***
LA BASURA

Yo saco la basura a la calle
envuelta con papel y cuidado.
Quedan allí mezcladas, las sobras de la vida,
cáscaras del tiempo y recortes del alma.
Las dejo en la vereda con tristeza
porque son restos de fruta, de comida,
y de literatura
con las cuales
uno jugó a vivir, o se creyó existente.
Y también porque, acaso sin nosotros saberlo,
alguien nos haya envuelto
con papeles de cielo, con nubes de cuidado
y estamos a la orilla del universo
y nadie nos despide.
Yo saco la basura, la dejo en la vereda,
y le digo: Adiós.
***
GLOSA DEL ZAFRERO

Me tengo que ir al Ramal,
la caña me está esperando;
entre todos mis paisanos
solo yo estaré faltando.

No quiere acabar mi mal,
ya está jugada mi suerte
hasta que llegue la muerte
me tengo que ir al Ramal

Volveré yo no sé cuándo,
si Dios quiere, volveré.
con el calor y la sed
la caña me está esperando.

A nuestro destino, hermanos,
la caña lo echó a perder
mas lo hemos de componer
entre todos los paisanos.

Aquí me quedo cantando
aunque aquí mi canto sobre.
De toda la gente pobre
sólo yo estaré faltando.
***

Como un animal voraz
la muerte me anda siguiendo.
Voy a entregarle mi cuerpo
y voy a seguir viviendo
**
Imagen tomada del blog de Reynaldo Castro

3 comentarios:

huggh dijo...

gracias!!!

Irene Gruss dijo...

Gracias, huggh, siempre, por tus comentarios, Irene

Joaquin vidal oliver dijo...

YA,YA !!!!!.

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char