miércoles, 21 de septiembre de 2011

Las silentes sílabas, como un murmullo de abejas

JOHN KOETHE
(EE.UU., 1945)




Domingo a la tarde

Ideas como cristales y la lógica del violín:
otra vez las intrincadas evasiones se preparan
para avanzar sobre lo inarticulado. Y pronto
comienza la melodía matinal, las naranjas y el té,
la caminata introspectiva por el barrio,
el ruido ambiente, el grave lengüetazo de agua sobre piedras.
La paz que uno consigue lo encuentra a uno solo,
en recuerdos de libros, de partes de canciones,
o en los dulces encantos del modo pasivo:
dudar, cavilar, demorarse en la biblioteca y finalmente,
como de una silla verde y soleada, levantarse y partir.
Los mediodías parecen más oscuros, y los adolescentes
que siempre andaban por el estacionamiento ya no están.
Más agua en los ojos, más músicos desentonados en los subtes,
y desde la fuente de sentido un constante canturreo incidental.
Es una especie de reconfiguración, y el ejercicio solitario
que busca reafirmar su nombre suena hueco. En el cielo, el sol
está más bajo,
y cuando uno se vuelve hacia lo que sentía el hogar,
las ventanas empiezan a llamear con una luz desamorada,
como si las alcobas que ocultan estuvieran vacías. ¿Es así
el paraíso? ¿La misma perspectiva desde otra habitación,
poblar un paisaje visto desde el balcón de alguien
en un instante suspendido –un avión plateado asciende silencioso
y la vida, al menos la que uno ha conocido, se va alejando?

Yo pensaba que la gente entendía estas cosas.
Padecen la intrusión gradual de un vasto,
impersonal sistema de intercambios en el más íntimo dominio
donde cada objeto se refería a otro, cantándose entre ellos
en una hermosa regresión de olvido. La naturaleza como idioma
fiel a sus términos, pero con una cara casi humana
que tomó los románticos, oscuros movimientos de deseo, amor y pérdida
y les dio cuerpo, y los puso a la vista;
reemplazados por emblemas de lo más sublime,
como el Paraíso de Cantor, o Edward Witten con la vista perdida
mientras las hojas caen y un perrito corre entre ellas en el parque.
¿Algo de eso era mío? ¿Fue alguna vez de alguien?
El tiempo vuelve las cosas más sólidas de lo que eran,
sin embargo, estas cosas imaginarias –delfines y campanas, la soleada
terraza
y las alas verdes y brillantes, el islote lejano sobre el lago –
nunca fueron barreras, sino simples condiciones de ser, una niebla encantadora
que envuelve y como blanda sorpresa cede,
como si las cosas contra las que uno había empujado fueran cascotes de
espacio.
El aire de la tarde parece más dulce. La luna,
surgiendo de un laberinto de nubes en el cielo abierto,
arroja una luz tenue sobre los árboles. Infinitamente lejos,
uno casi cree oir –como si los dedos de un gigante solitario
dibujaran el puro y abstracto esquema de esas cuerdas
en un momento privado de deleite –las ambiguas ondulaciones
de las silentes sílabas, como un murmullo de abejas.
**
Sunday Evening Ideas as crystals and the logic of a violin: / The intricate evasions warming up again / For another raid on the inarticulate. And soon / The morning melody begins, the oranges and the tea, / The introspective walk about the neighborhood, / The ambient noise, the low lapping of water over stones. / The peace one finds encounters one alone, / In the memories of books, or half-remembered songs, / Or in the mild enchantments of the passive mood: / To hesitate, to brood, to linger in the library and then, / As from some green and sunny chair, arise and go. / The noons seem darker, and the adolescent / Boys who used to hang around the parking lot are gone. / More water in the eyes, more dissonant musicians in the subways, / And from the font of sense a constant, incidental drone. / It is a kind of reconfiguration, and the solitary exercise / That seeks to reaffirm its name seems hollow. The sun is lower in the sky, / And as one turns towards what had felt like home, / The windows start to flicker with a loveless flame, / As though the chambers they concealed were empty. Is this / How heaven feels? The same perspective from a different room, / Inhabiting a prospect seen from someone else's balcony / In a suspended moment – as a silver airplane silently ascends / And life, at least as one has known it, slides away?

I thought that people understood this things. / They show the gradual encroachment of a vast, / Impersonal system of exchanges on that innermost domain / In which each object meant another one, all singing each to each / In a beautiful regress of forgetting. Nature as a language / Faithful to its terms, yet with an almost human face / That took the dark, romantic movements of desire, love, and loss / And gave them flesh and brought them into view; / Replaced by emblems of a rarefied sublime, / Like Cantor's Paradise, or Edward Witten staring into space / As the leaves fell and a little dog raced through them in the park. / Was any of that mine? Was it ever anyone's? / Time makes things seem more solid than they were, / Yet these imaginary things – the dolphins and the bells, the sunny terrace / And the bright, green wings, the distant islet on the lake – / Were never barriers, but conditions of mere being, an enchanting haze / That takes one in and like a mild surprise gives way, / As though the things that one has strained against were shards of space. / The evening air feels sweeter. The moon, / Emerging from a maze of clouds into the open sky, / Casts a thin light on the trees. Infinitely far away, / One almost seems to hear – as though the fingers of a solitary giant / Traced the pure and abstract schema of those strings / In a private moment of delight – the soundless syllables' / Ambiguous undulations, like the murmur of bees.
***
El lago de flores blancas

Era un ideal limitado,
que hacía una virtud de su propia deficiencia:
oscuro, inerte, y silencioso en el núcleo,
y aun así rodeado de una delicada penumbra de ideas
y sensaciones chocándose entre ellas
en una vaga niebla de especulación.
Todo parecía tan libre y sin esfuerzo,
tan a salvo de cosas como el conocimiento
o la carga de la experiencia. Los años por venir
estaban aún sin formular, mientras que sus palabras
pasaban por mi mente como pequeños bips,
como un cielo azul con un friso de pájaros. Y
ahora parecen emblemas de otra era,
una era de aquiescencia y descubrimiento,
llena de interminables conversaciones,
interminables noches, y canciones como florecimientos
momentáneos que mudaban de forma en forma
en una ola misteriosa que me hacía feliz.
Yo pensé que sabía lo que significaban,
pero no. Los poemas de conocimiento
hablan con precisión y gravedad y gracia,
y proyectan una sombra común. Éstas eran adorables
de modo incidental, sin magnificencia.
Pero todavía pienso que algunas eran verdaderas.

The Lake of White Flowers
It was a limited ideal, / That made a virtue of its own deficiency: / Dark, inert, and silent at the core, / Yet surrounded by a delicate penumbra of ideas / And sensations jostling one another / In a vague haze of speculation. / It all seemed so effortless and free, / So unconstrained by anything like knowledge / Or the burden of experience. The years to come / Were still unformulated, while their words / Passed like little blips across my mind, / Like a blue sky with a frieze of birds. And / Now they seem like emblems of another age, / An age of acquiescence and discovery, / Filled with interminable conversations, / Interminable nights, and songs like momentary / Blooms that moved from shape to shape / In a mysterious wave that made me happy. / I thought I knew what they meant, / But I didn't know. Poems of knowledge / Speak with accuracy and gravity and grace, / And cast a common shadow. These were lovely / In an incidental way, without magnificence. / But I still think that some of them were true.

Traducción: Laura Wittner
***
Albada

Es temprano pero reconozco este lugar.
Reconozco el sentimiento tras una infinita
mañana de mañanas en América, de regresar
al hogar que uno no deja nunca en realidad,
atascado en sus rutinas. Camino hacia lo que
me intento decir a mí mismo que es trabajo,
entrando a la habitación de siempre al terminar el día
como el hombre en Dead of Night,
la cena, el DVD de Netflix,
la bebida antes de dormir y despertar
en lo más oscuro de la noche como Philip Larkin
y cruzar lo oscuro a las cuatro para mear
en casa con la realidad de envejecer
sin haber madurado. Me levanto
una hora después, como, desayuno, leo y escribo:
un hombre cuyo país es un estado mental,
una comunidad de uno sólo preocupada por el tiempo,
dejándome con no mucho que hacer
salvo escribir a partir de la experiencia, la experiencia
de una conciencia voluntaria a las cinco a. m.,
consciente de nada salvo del zumbido
de su propia voz y una campo visual
de perros y corredores en el parque.

Aubade

It’s early, but I recognize this place.
I recognize the feeling, after an endless
Week of mornings in America, of returning
To the home one never really leaves,
Mired in its routines. I walk to what I try to
Tell myself is work, entering at the end of the day
The same room, like the man in Dead of Night—
The dinner, the DVD from Netflix,
The drink before I go to sleep and wake alone
In the dead of night like Philip Larkin
Groping through the dark at 4 a.m. to piss,
At home in the reality of growing old
Without ever growing up. I finally get up
An hour later, run, eat breakfast, read and write—
A man whose country is a state of mind,
A community of one preoccupied with time,
Leaving me with nothing much to do
But to write it off to experience—the experience
Of a rudimentary consciousness at 5 a.m.,
Aware of nothing but the drone
Of its own voice and a visual field
Composed of dogs and joggers in a park.

Trad.: s/d.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char