martes, 2 de junio de 2009

La sede de un albur


Algunos poemas de PAULA JIMÉNEZ


El arrebato

Una vez más hay que dejarlo todo,
como la tarde
cuando la luna, transparente todavía,
recuerda el seguimiento.
Obediente, la luz
agacha la cabeza y abandona
los contornos y colores de los árboles,
las piedras, las montañas.
Se descubre que el mundo puede ser
un sitio oscuro, pero su vibración
no cambia.
El bramido es el mismo a cualquier hora
y juega porque avanza,
porque en su juego nada se detiene
con él
el corazón camina hacia su fuga
hacia el punto final de una promesa
que no será cumplida.
Pero aun así
lo deja todo cada vez
y es un secreto que comparte con las aves
cuando migran
cuando en bandadas forman
inútiles figuras que desdibuja el viento.
Y el viento dejará todo después
al amainar sus fuerzas, ya agotado,
aunque más tarde
y de un plumazo vuelva
a borrar otra vez el sendero de hojas
caídas de las ramas, el eco de los silbos,
del mar o las chicharras.
Ese es el remolino
que impulsó el pobre viento
no de inexperto, sino de arrebatado.
(inédito)

Desencanto

1.

Donde quiera que vaya
tomo agua,
porque hay cosas
que son inalterables, más largas
que vos y yo
que nuestro tiempo.
A veces miro
un horizonte y me pregunto
cuántos atardeceres más veremos.
Otras sigo de largo, continúa
el agua circulando al lado mío
un hecho cotidiano o la creencia
de que igual al caudal
para mí
correrá la vida.
Nunca sé
más de lo que veo, soy
del mundo la experiencia sensitiva
la que no puede
imaginar lo disipado
lo disuelto,
la que peca
de no haber sido como el árbol
carente de voluntad.
Nada sucederá mañana, pienso
y siento
responsabilidad sobre mi muerte,
como si hubiésemos perdido en estos años
la oportunidad de dios.

4.

El cuento de la cabra que reencarna
en el hombre que azotará a la cabra
no me deja tranquila,
el círculo que nadie corta,
pero si un día estallara este planeta,
el calor de su centro lo incendiara
o el agua lo anegara hasta pudrirlo
¿a dónde iría a parar
nuestra energía, toda esa muerte
con tanto porvenir?

9.

Algunas veces, pensar en el final
no nos condujo a nada
pero otras
fue bueno vislumbrar las consecuencias,
saber que estábamos
en pleno movimiento y éramos
pura órbita, un campo o una esfera,
en fin, la superficie
donde se desarrollaban,
en apariencia, ciertos hechos,
la sede
que un albur eligió para expresar
los detalles de una trama innecesaria.

De Espacios naturales
Editorial bajo la luna (próximo a salir)
Tomados de www.besotaiwanes.blogspot.com
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char