jueves, 21 de mayo de 2009

No, no cortes esa flor



ANDRÉ GIDE
(París, Francia, 1869-id., 1951)


Perséfona
Traducción de Jorge Luis Borges

Cuadro primero

EUMOLPO (en primer plano antes de levantarse el telón)

Diosa de los mil nombres, Démeter
poderosa que cubres de mieses la
tierra, ¡oh tú! dispensadora del trigo,
celebremos aquí tus misterios ante todo
este pueblo congregado.

El telón se levanta sobre una pradera a la orilla del mar; a la derecha de un talud de césped y de flores donde se abre la gran flor del narciso; a la izquierda, el desfiladero rocoso (que lleva a los Infiernos) donde se arriesgará Perséfona.

A la ninfas has encomendado a
Perséfona, tu hija querida, que hace
la primavera sobre la tierra y se
alegra con las flores de las praderas.
Cómo te fue arrebatada, he ahí
lo que nos cuenta Homero.

Démeter advertida por Mercurio que la lleva, dice adiós a Perséfona y la recomienda a las ninfas.

EL CORO DE LAS NINFAS

Quédate con nosotros, princesa Perséfona.
Tu madre Démeter, reina del bello estío,
te ha confiado a nosotros entre los pájaros y
las flores, los besos de las aguas, las caricias
del aire; ¡mira el sol que se ríe sobre la ola!
Quédate con nosotras en la felicidad.
Es la primer mañana del mundo.

PERSÉFONA (sentada aún y como dormida)

La brisa vagabunda ha acariciado
las flores.

El coro de las Ninfas se cierra en torno de Perséfona, que se levanta lentamente.

EL CORO DE LAS NINFAS

¡Ven! Juega con nosotros, Perséfona...
La brisa ha acariciado las flores; es la
primer mañana del mundo; todo es
alegre como nuestros corazones, todo
ríe sobre la tierra y sobre la ola. ¡Ven!
Juega con nosotras, Perséfona: La brisa
ha acariciado las flores.

PERSÉFONA (hablado)

Yo te escucho de todo corazón, canto de
la primer mañana del mundo.

EL CORO DE LAS NINFAS

Embriaguez de la mañana,
rayo naciente, pétalos desbordando licor.
Cede sin más demora al consejo más
tierno y deja al porvenir dulcemente invadirte.

PERSÉFONA (hablado)

Ahora es tan furtiva la caricia
tibia del día que la más temerosa
de las almas se abandonaría al amor.

EL CORO DE LAS NINFAS

Verbena, ancolina, jacinto, azafrán,
amapola gota de sangre,
y todas las flores de la primavera...

EUMOLPO

De todas las flores de la primavera,
el narciso es la más hermosa. El que
se inclina sobre cáliz, el que respira
su olor, ve el mundo desconocido de los Infiernos.

El coro gira, bailando de modo que Perséfona no pueda alcanzar el narciso. Perséfona rompiendo el círculo de las Ninfas se ha acercado a la flor y se ha inclinado sobre el cáliz.
EL CORO DE LAS NINFAS

Desconfía, guárdate siempre de seguir,
hosca lo que miras con demasiado
amor. No te acerques demasiado al
narciso, no, no cortes esa flor.

EUMOLPO

El que se inclina sobre el cáliz,
el que respira su olor, ve el desconocido
mundo de los Infiernos.

PERSÉFONA (inclinada sobre la flor)

Sobre los prados sembrados de
asfodelos veo errar las sombras
lentamente. Van, pasan. Pasan
quejosas y fieles. Veo errar
todo un pueblo sin esperanzas, triste,
inquieto, descolorido.

El coro ha rodeado solícito a Perséfona y se ha inclinado ansiosamente hacia ella. na inquietud desconocida se ha deslizado en la orquesta que expresaba hasta entonces una pura alegría. El coro trata, a pesar de la nueva inquietud, de recuperar su alegría y de arrastrar a Perséfona.

EL CORO DE LAS NINFAS

No cortes esa flor, Perséfona.
Desconfía, guárdate siempre de
seguir, hosca lo que miras con
demasiado amor. ¡Ven!, juega
con nosotras, Perséfona.

Un gran lamento invade la orquesta. Perséfona ha cortado la flor. Su danza expresa la inquietud y la desolación. Baja lentamente de la colina verde donde se abría la flor del narciso y se acerca a las rocas hacia la izquierda.
Las ninfas quieren retenerla, pero ella se adelanta, hosca, fija los ojos en la flor del narciso que lleva en la mano. Todo el rol de Perséfona es hablado.


EUMOLPO

Perséfona, un pueblo te espera, todo
un pueblo doliente que no conoce la
esperanza, al que ninguna primavera sonríe.
Perséfona, un pueblo te espera.
Ya tu piedad te promete a Plutón,
el rey de los Infiernos. Bajarás
hacia él para consolar las sombras.
Tu juventud hará menos sombrío su
pesar, tu primavera encantará su invierno
incesante. ¡Ven! reinarás sobre
las sombras.

PERSÉFONA

Ninfas, hermanas mías, dulces compañeras,
¿cómo podría con vosotras, reír y
cantar, despreocupada, ahora que he
visto, ahora que sé que un pueblo insatisfecho sufre y
vive en la espera?
Oh pueblo doloroso de las somhras, me
atraes. Iré hacia ti ...

Cuadro segundo

La escena se ha oscurecido. Música continua. Telón.

EUMOLPO

Así fue, nos cuenta Homero, como
el Rey de los inviernos, el infernal
Plutón, arrebató Perséfona a su madre,
y a la tierra su primavera.

El telón se levanta. La escena representa los Campos Elíseos. A la derecha, la puerta del palacio de Plutón. Perséfona acostada en un lecho de gala, erigido bajo un dosel que soportan columnas. Cerca, dormido aún, el coro de las Sombras. A la izquierda, las orillas de un río sobre el cual se doblan las ramas de un árbol inmenso. Cerca del río, el coro de las Danaides. Sacan infinitamente el agua del río y vuelcan de una a otra sus urnas. El fondo de la escena interceptado por nubes.

EL CORO

En el lecho reposa y no me atrevo a turbar su
reposo. Semidormida aún, oprime sobre el
corazón, el narciso cuyo aroma la ha ganado
para la lástima.

PERSÉFONA (acostada)

¿En qué extrañeza me despierto?... ¿dónde estaré?
¿Llegó la tarde? ¿O se acerca el fin de la noche?

EL CORO

Aquí nada se cumple, aquí
cada uno sigue, todos
siguen sin tregua lo que huye
y se derrama...

EUMOLPO

Aquí la muerte del tiempo hace eterna la vida.

PERSÉFONA

¿Qué hago yo aquí?

EUMOLPO

Reinas sobre las sombras.

PERSÉFONA

¿Qué hacéis, sombras dolientes?

EL CORO DE LAS DANAIDES

Solícitas, en las márgenes de la eternidad,
sobre las ondas poco profundas del
río Leteo, saquemos una
por una en nuestras urnas,
esa aguas van de las fuentes que siempre huye.

PERSÉFONA

Descansad, sombras dolorosas.
(Repetición de: «Nada se cumple», etc.)

PERSÉFONA

¿Qué puedo yo para vuestra dicha?

EL CORO DE LAS DANAIDADES

No somos desdichadas. Sin odio
y sin amor, sin pena y sin deseo,
no tenemos otro destino que
repetir infinitamente el gesto
insensato de la vida.

EL CORO DE LAS SOMBRAS

Háblanos de la primavera, Perséfona inmortal.

PERSÉFONA

Démeter, madre mía, que bella era la tierra cuando el
amoroso estallido de nuestras risas mezclaban flores a las
espigas de oro y a la leche perfumes. Lejos de ti,
Démeter, yo, tu hija extraviada, me maravillo de que en el
infinito decurso del día único nazcan flores pálidas donde
mi mirada se posa y la márgenes del Leteo se
alegren de rosas blancas y, en la sombra de la tarde, las
sombras se encanten con el reflejo incierto de un estío
subterráneo.

EL CORO

Háblanos, háblanos. Perséfona inmortal.
Silencio en la orquesta.

PERSÉFONA (deteniéndose sorprendida)

¿Quién me llama?

EUMOLPO

Plutón. Vienes para mandar, no para
apiadarte, Perséfona. No esperes
ayudarnos. Nadie, aunque fuera un
dios, eludirá el Destino. Tu destino
es ser reina. Acepta. Y para olvidar
tu piedad bebe esta copa de Leteo
que los Infiernos te ofrecen con todos
los tesoros de la tierra.

Sombras embozadas de negro (las Danaides están vestidas de un verde ceniciento). Salen del Palacio de Plutón, cargadas de galas, de joyas; una de ellas tiende una copa a la última de las Danaides. Ésta la llena de agua del Lateo. Luego la sombra se aproxima a Perséfona.

PERSÉFONA (que ha tomado las alhajas y las ha mirado tristemente, las rechaza)

No, guardad estas piedras, prefiero
engalanarme con las flor más frágil de las praderas.

EUMOLPO

¡Ven, Mercurio! Venid, horas del día y de la noche.

Las nubes, al fondo de la escena se entreabren para dejar saltar a Mercurio, seguido del cortejo de las horas. (Mercurio, rol mudo). Cada hora vestida de tonos sucesivos, color de alba, de aurora, de día, etc., trae un regalo para Perséfona.

EUMOLPO

Perséfona confusa, rechaza todo lo que le encanta.
Mercurio espera, sin embargo,
que en recuerdo de su madre,
la tentará una fruta, una fruta que cuelga de la
rama que se inclina sobre la sed fatal de Tántalo.
Corta una granada madura en la
que brilla un resto de sol.
La tiende a Perséfona, que
se maravilla y se asombra
de encontrar en su noche, un
eco de la luz de la tierra, de
los colores bellos del placer.
Ya está más confiada y más
risueña. Cede al deseo, toma
la granada madura, la muerde...
en seguida Mercurio
se vuela y Plutón sonríe.

Ritmo acelerado de la música, estridente e irónica en el momento en que Mercurio, según el canto de Eumolpo, salta para apoderarse de la granada. La tiende a Perséfona que quiere agarrarla. Perséfona ha tomado la granada y la muerde. Con las últimas palabras de Eumolpo, el cortejo de la horas y Mercurio se han retirado. Sólo se ve a Perséfona y al coro de las sombras.

PERSÉFONA

¿Dónde estoy?... ¿qué he hecho? ¿Qué desesperación me
sorprende? ¡Hermanas sostenedme! La granada mordida me ha
devuelto el gusto de la perdida tierra.

EL CORO

Si miraras el cáliz del narciso, quizá verías, otra vez
los prados abandonados y tu
madre como ya aconteció
sobre la tierra cuando te
visitó el misterio del mundo infernal.

PERSÉFONA

Rodeadme, protegedme, sobre fieles. Esta
flor de los prados, la más bella, la única
reliquia primaveral que llevo a los infiernos,
¿qué podría mostrarme, si interrogante,
me inclinara sobre ella?

EUMOLPO

El invierno.

Perséfona, rodeada por el coro de las Sombras, al frente de la cena, ha tomado la flor del narciso que guardaba en la cintura, y mira.

PERSÉFONA

¿Donde habéis huido, perfumes, canciones, escoltas
del amor?... Sólo veo cosas muertas.
Los prados vacíos de flores y los campos de
mieses dicen la nostalgia de la risueña estación
y las pastoriles flautas de las colinas, no
pueblan el boscaje de claras músicas. De todo
se desprende un lento gemido, la vuelta de
la primavera es esperada en vano. Juntemos
los acentos afligidos de nuestras voces.

EL CORO

Cuenta ¿qué ves?

PERSÉFONA

... Detenerse los ríos, cesar
la huida en lágrimas de los arroyos, y sus
voces ahogarse bajo el hielo. En los bosques
nocturnos, veo a mi madre errante,
vestida en harapos, reclamando su pérdida
Perséfona. Por las malezas, sin
sendero, sin guía, camina y lleva una
antorcha en la mano. Espinas, piedras
cortantes, vientos, nudosas ramas, ¿por
qué lastimáis su marcha dolorosa? Madre,
no busques más. Tu hija que te ve, habita
los infiernos y ya no es nada tuyo. ¡Ay de
mí!... si la menos mi palabra perdida...

EL CORO

No, Démeter ya no oirá más tu voz, Perséfona...

EUMOLPO

Pobres sombras desesperadas, tampoco
el invierno es eterno.

(A partir de este momento la música comienza un largo crescendo, o aclaramiento -en fin, la ascención que debe seguir hasta el final del cuadro preparando la solemnidad gozosa del último.)

EUMOLPO

En el palacio de Eleusis donde ha llegado
Démeter, el rey Seleuco le confía el cuidado
de un niño póstumo; Demofonte
que seré un día Triptolemo.

PERSÉFONA

Sobre una cuna de tisones y llamas veo...
yo veo a Démeter inclinarse sobre él.

EUMOLPO

¿Acaso te propones arrancarlo al destino
de los humanos, Diosa?... ¿Harías de un
mortal un dios? Lo alimentas y le das de
beber no leche, sino ambrosía y néctar.
Así el niño prospera y sonríe a la vida.

EL CORO

Así renace la esperanza en nuestra alma extasiada.

PERSÉFONA

En la playa, imitando la cadencia de las
olas, mi madre lo mece en los brazos.
Ya humedecida de aire salino su nariz,
lo expone desnudo a la brisa del mar.
¡Qué hermoso es, radiante de sol y de
salud se lanza se precipita a la inmortalidad!
¡Salve, Demofonte en quien mi corazón
confía! ¿Veré por ti reflorecer la
tierra? Los hombres aprenderán de ti la
labranza que te enseñó mi madre.

EUMOLPO

Gracias a tu esfuerzo, devuelta a su amor
Perséfona revive y renace a la luz.

PERSÉFONA

¿Entonces, escaparé al horror subterráneo?
¿Llenará los prados mi sonrisa? ¿Seré reina?

EL CORO

De la primavera terrestre y no de los Infiernos.

PERSÉFONA

Me esperas, Démeter, tus brazos se abren
para acoger al fin a tu hija rediviva al pleno
sol que hace magníficas las sombras. ¡Venid!
¡Venid! Forcemos las puertas de la muerte;
no, el oscuro Plutón no nos detendrá. Pronto
veremos, regida por los vientos, la delicada
oscilación de las ramas. ¡Oh mi esposo
terrestre, radiante Triptolemo que me llamas,
acudo! Te pertenezco. Te amo.

Perséfona se ha dirigido al fondo de la escena que se ilumina, mientras el frente se oscurece.

Cuadro tercero

EUMOLPO (durante el cambio de escena)

Así fue (nos cuenta Homero)
como el esfuerzo de Demofonte restituyó
Perséfona a su madre y a la tierra
su primavera.

Al fondo, una colina dominada por un templo dórico. En el primer plano, a la izquierda, un túmulo coronado de encinas verdes. En su flanco, se ve la entrada de un sepulcro, cerrada por pesados batientes de piedra, a la manera de las tumbas etruscas. Ante el fúnebre pórtico está el genio de la muerte, con una antorcha apagada en la mano.

Sobre el monte que domina el presente y el porvenir,
los griegos han erigido un templo a Démeter
que ve acudir un pueblo feliz. A su
lado está Triptolemo, cuya hoz resplandece, y fiel el
coro de las Ninfas los sigue.

Un coro de adolescentes sube al encuentro del coro de las Ninfas.

EL CORO DE LAS NINFAS

Acercáos, hijos de los hombres.

EL CORO DE LOS NIÑOS

Acogednos, hijas de los dioses.

LOS DOS COROS

Traemos nuestras ofrendas
de guirnaldas, lirios, azafranes,
iris, ranúnculos, anémonas...
Ramilletes para Perséfona, espigas para Démeter.
Aún está verde el
trigo, pero ya rubia la cebada.

EL CORO DE LOS NIÑOS

Démeter, reina de los estíos,
dispénsanos tu serenidad.

EL CORO DE LAS NINFAS

¡Vuelve a nosotras, Perséfona, rompe
las puertas de la tumba! Arcángel
de la muerte, vuelve a encender
tu antorcha. Démeter te espera. Triptolemo
arranca el manto de luto que
la cubre aún y esparce flores cerca del ataúd.

LOS COROS MEZCLADOS

Abríos, puertas fatales. Antorchas
apagadas, llamas muertas, revivid.
Ya es tiempo. Ya es tiempo de que
salgas de las cavernas de la noche, Primavera.

Los batientes de piedra giran sobre sus goznes. Perséfona surge de la tumba.

EUMOLPO

Despierta apenas, Perséfona
maravillada sale del atrio
siniestro. Vacilante, y como
ebria de noche, dudas aún de
vivir, y sin embargo, vives.

EL CORO DE LOS NIÑOS

Vacilante Perséfona, aún demora
tus pasos la sombra,
como una red; pero donde se
posa tu pie, nace una rosa y
se eleva el canto de un pájaro.
Cada ademán te suelta y
tu danza es un idioma que
propaga el abandono, la confianza
y la dicha. El rayo
se promete al pétalo de la
flor. En la naturaleza todo
ríe y se sacia de luz. Tú saltas hacia el día.

EL CORO DE LAS NINFAS

¿Pero, por qué, tan grave,
te quedas silenciosa cuando
el amor te acoge?

Perséfona se ha unido al coro de las Ninfas, Démeter y Triptolemo en lo alto de la colina que domina el templo. Nupcias místicas.

EL CORO DE LOS NIÑOS

Habla. Perséfona, cuenta lo que los inviernos ocultan.

Silencio en la orquesta.
EL CORO DE LAS NINFAS

¿Qué secreto sube contigo, del fondo
de los entreabiertos abismos?

Silencio.

LOS COROS MEZCLADOS

Di, ¿qué has visto en los Infiernos?

PERSÉFONA

Madre, tu Perséfona se ha rendido a tu voz.
Tu túnica de duelo, que ensombreció el invierno,
ha recuperado sus flores y su esplendor
perdido. Y vosotras, Ninfas, hermanas mías,
vuestro asiduo coro huella un césped nuevo
bajo el boscaje verde. ¡Oh mi esposo terrestre,
labrador Triptolemo! Demofonte, la semilla
que siembras ya germina, prospera y ríe en
mieses fecundas. .. No detendrás el curso de las
estaciones. La noche sucede al día y el invierno
al otoño. Soy tuya. Tómame. Soy tu Perséfona,
pero también la esposa del oscuro Plutón.
A pesar del amor y del corazón desgarrado,
nunca tu fuerte abrazo impedirá mi fuga, para
responder al destino que me llama. Iré hacia el
mundo sombrío donde sé que se sufre.
¿Piensas que un corazón ebrio de amor puede
inclinarse impunemente sobre el abismo
del doloroso infierno? Yo he visto lo que se
esconde y se rehúsa al día y no puedo olvidarte,
verdad desoladora. Aquí está Mercurio,
me llevará rendida. No necesito una orden;
voy de mi propia voluntad donde más
que la ley mi amor me lleva y quiero paso a
paso y poco a poco descender al fondo de la
indigencia humana.

Perséfona ha tomado de manos de Mercurio la antorcha encendida. Guiada y precedida por Mercurio, desciende lenta y solemnemente hacia la puerta sepulcral, que ante ella se abre. Las Ninfas rodean a Démeter y a Triptolemo. El coro de los niños y Eumolpo quedan en el flanco de la cuesta.

EUMOLPO

Hacia la sombra subterránea te encaminas
a pasos lentos, portadora de
la antorcha y reina de los vastos países
lánguidos. Tu destino es llevar a
las sombras un poco de la claridad
del día, una tregua a sus males innumerables,
a su miseria un poco de
amor. Si la primavera ha de renacer,
la semilla debe resignarse a morir
bajo tierra, para reaparecer mañana
en mieses de oro.


**
Nota: En 1930, Igor Stravinsky puso música al texto de André Gide. La traducción al castellano de Jorge Luis Borges apareció por primera vez en 1936, en la revista Sur.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char