lunes, 21 de junio de 2010

Invierno vino

SENTIR FRIO

Sentir frío,
solamente
el frío,
la luz seca del frío.
Y una calle redonda
y un sonido torpe, el del dolor
goteando en un pozo,
y un árbol helado
como todo y muerto,
apretando el cielo.

De La luz en la ventana
***
La hormiga

Venía invierno,
y me propuse cargar
la hoja brillante o seca
para guardar haber; era esbelta,
sostuve
la hebra
o el bulto incomprensible de llevar,
tenía el para qué, tracé
caminos para ir y
volver, e ir de vuelta,
verdes brillantes,
hojarasca, todo para qué,
invierno venía.
Ahora estoy aquí, guardada,
aterida, recuerdo la luz,
la carga, la alegría de llevar y
traer,
y el agobio (por qué habría de extender
sus alas la mariposa de un día _dijo en voz alta
la hormiga).
Invierno vino.
He traído hasta aquí hojas,
hay para comer,
la tierra está fría y húmeda,
puedo tocarla,
estirarme en el alivio
o tiritar.

De La dicha
***
I

Mi cabeza envuelta en humo de un fuego apagado.
¿Pagaste los leños del hogar? O
simplemente juntabas ramas en el bosque. Ah,
marea de pinos, se bambolean y crujen
como barcos anclados (¿has visto alguna vez el mar,
has apagado todos los fuegos?).
***
II

¿Pagaste los leños del hogar?
Ahora echás uno a uno al fuego. Fácil,
el de la hojarasca, enciende
y consume a cada rama en sí misma,
sacrificio, con tal de que prendan de una vez
los troncos, haya calor
de hogar, y este oír y mirar las chispas,
celebrar lo pagado.
***
III

¿Apagaste todos los fuegos?
Y ahora deberás cargar ceniza,
despejar.
Ardieron.
Has abierto la casa a ventilar, y
el corazón huele a leño puesto
a quemar, a ramita que se deshace.
Es liviana la ceniza
porque ha dado.

(De Poemas irresueltos, inéditos)
Menos los dos últimos, recopilados en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial.
Irene Gruss
**
Foto tomada de norita. wordpress

4 comentarios:

huggh dijo...

q poema La hormiga, Irene!! bueno. muy bueno. gracias por el post, si.

Irene Gruss dijo...

Gracias, don. Besos, Irene

Maria Taurizano dijo...

Bellísimos!! Deberías subir poemas tuyos más a menudo. A flor de piel. Gracias.

Irene Gruss dijo...

Gracias, María. No creas, subo; quizá demasiados, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char