martes, 6 de marzo de 2012

Y aquí me ven

ELIZABETH BISHOP
(EE.UU., 1911-1979) 

Otra versión de "El arte de perder" 
por Daniela Camozzi

El arte de perder no es difícil de aprender.
Tantas cosas buscan perderse que,
cuando al fin se pierden, nada pasa.

Perdé algo cada día. Aceptá
que se te pierdan las llaves, las horas.
El arte de perder no es difícil de aprender.

Practicá, después, perder más, y más rápido:
lugares, nombres, el destino al que ibas.
Nada grave pasará, no pasa nada.

Perdí el reloj de mamá. Y la última
o anteúltima casa de las tres que quise tanto.
El arte de perder no es difícil de aprender.

Perdí dos dulces ciudades, algunos
de mis reinos. Perdí dos ríos, un continente.
Los extraño, sí, pero no pasó nada.

Te perdí a vos (tus bromas, el gesto que amaba)
y aquí me ven. Es que el arte de perder
no es difícil de aprender, aunque parezca
(escribilo) que algo pasó, que algo pasa.

**
One Art     

The art of losing isn't hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn't hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.


--Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied.  It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster

2 comentarios:

María del Carmen Colombo dijo...

Me encantó esta versión, la siento más cercana a nuestra lengua...

Irene Gruss dijo...

Gracias por pasar, Coto. Mi abrazo, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char