miércoles, 22 de septiembre de 2010

En agradecimiento

Uno de ROXANA TORRES NEIRA
(Argentina, 1963)
 
TÁCITO

"Mi voz dice lo que no quiero decir,

mi voz tiene otro tono,
lo que quiero decir no lo dice,
dice otra cosa.
Lo que no digo a veces lo dice mi voz
o el silencio, el mío, lo dice pero
no se entiende."
 Irene Gruss

 
I/

No sé cómo decir
las cosas que no digo,
lo que niego y reniego,
lo que no debo y esgrimo
como burdo mecanismo de defensa.
El silencio me representa
y desvirtúa lo que no puedo decir,
desgrana el concepto,
acaba convirtiéndolo
en un discurso monosilábico,
grotesco, desparejo,
incapaz de manifestarse
por sí solo.
Vacío el mentón de gestos,
la voz se encuadra y degenera,
se lanza al precipicio
llevándose a la tumba
lo que ya no diré.


II/

Yo que viví por órdenes naturales,
que morí y reviví en brazos ajenos,
yo que tengo un cuerpo diestro
que responde por sí solo
en posición horizontal
o en cualquier otra,
me veo dentro de unos años
incapaz de decidir los pasos,
de contener los líquidos
que dreno ahora normalmente,
¿habrá quien pueda
reconstruir mi estructura?
Yo que dije tan poco
y no pude decir nada,
¿habrá una piel
contenedora de voz?
¿una pared revestida
de palabras?
¿un legado
de certidumbre?

**
Foto tomada del blog un poema cualquiera

3 comentarios:

huggh dijo...

q bueno Irene, gracias a ambas!!!!

Anónimo dijo...

Peciosos.

Ro dijo...

Mi voz no habla,/ semeja un tono/ cansado de sí, del otro tono que no dice/ más que un comentario, grave, baja/ mi voz/ cada vez que escucho, sordo el sonido/ de lo que digo a veces/ en un hilo casi/ al otro casi,/ una sola vez que diga/ lo que no quiero, mi voz,/ oír.


Merci beaucoup madame, toujours.
Mi abrazo.

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char