lunes, 14 de marzo de 2011

Cuando todo parece siesta

Tomada de poetasaltuntun.blogspot.com
ALFONSINA BRIÓN

(Mayor Buratovich, Buenos Aires, Argentina, 1984)


Coser a esa hora implica muchas cosas: el silencio del pueblo, la cortina abierta para enhebrar rápido, el perro del turco Estaye que torea dos o tres veces, la emisión por radio de la quiniela matutina a las 2 de la tarde.

La abuela y la máquina, la máquina y la abuela también, la mano acostumbrada a darle vueltas al volante, los pies juntos en el vaivén del pedal, el ruido del pedal, seco, constante por unos minutos, y después: la nada, más silencio. Ahí, esos segundos en que la siesta se hace toda porque ni el perro torea, la quiniela ya pasó y la luz suavemente penetra el vidrio, se frena la Giardini, se cansa la abuela, ahí, justo ahí, ambas respiran, se callan, Sarita estira los brazos, se ajusta los lentes de ver al tabique y cuando todo parece siesta, sin dar tregua, las productoras vuelven al ruedo.
***
Corte y confesión

las moscas que andan
por el vidrio
como escaladores
la casa en penumbras
el ruidito
determinando
la artesana de la siesta
y su máquina giardini

solo hay luz en el cuarto de costura
***
2 secretos hilvanados:


un solo dedal
termina con la magia
del tatuaje sin tinta

adrede el silencio
escondido
bajo la alforza
***
Villazón
(Fragmento)

Rótulo y ritual higiénico quedan de lado
“no mojar aquí ni pelo, ni pies, ni axila”.
Es que afuera está tan lindo el chaparrón
para dar vuelta sobre sí misma,
empaparse,
dejarse adherir a los muslos
las muy voluptuosas capas
de terciopelo de la pollera,
que el agua llegue incluso
a desquiciar las tulmas
de todas las chicas que hicieron
merecimiento,
pidiendo a la Pacha
la humedad para los campos,
con inéditas especies que diviso
entre fetos de llama muerta.

Las cholitas se meten
en un toldo para escurrirse:
Ni tierra, ni humo, ni polvo, ni sombra, ni nada:
Lo que no integra el paradigma pluvial no está aplacado.
(...)

Lo que resta de verano es el canal de la feria.

Si lo busco en un mapa
el ramal rodea al pueblo sobre un costado,
alimenta campos, cría cebollas, induce vaivenes.

Si no lo busco en un mapa es un lote de alivio
saltando el alambrado de La Forestadora
en donde meto las patas y huelo la menta.

Si no hago nada, no existe.

6 comentarios:

Susan Urich Manrique dijo...

La narración corta es tan, tan sencilla y tan bella, en general la entrada completa me ha fascinado. Mi abuela cosía, y esto se parece tanto a lo que significa para mí los recuerdos en que ella y máquina de coser... un saludo.

Irene Gruss dijo...

Así es. Gracias, Susan; mi abrazo, Irene

Ana dijo...

Alfonsina es un tesoro, sensibilidad, delicadeza, mucha sabiduría en esa niñita
Además es creativa, toda ella laboriosa, hace objetos pequeños y hermosos con sus manos, es muy especial
Me llamó la atención sobre sus textos Laura Chalar y la verdad que sí, vale la pena!. Me pone muy contenta ver estos poemas acá
Un beso!

Irene Gruss dijo...

No la conozco personalmente; para mí también ha sido un descubrimiento lindo. Gracias, Irene

alfonsina dijo...

Irene
No te imaginás qué alegría me dio ver esto, te agradezco mucho, un honor la entrada y tanto comentario halagador.
te mando un abrazo y muchas gracias otra vez

Irene Gruss dijo...

No tiene por qué. Gracias a usted misma, je. Mi abrazo, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char