martes, 6 de abril de 2010

Todo es enorme, lejano


SANDRA PETRIGNANI
(Italia, 1952)


Catálogo de juguetes
(Fragmentos)

BARRILETE

Era un juego otoñal. Iban juntos, grandes y chicos, por las colinas. Uno de los grandes conducía las operaciones y sostenía el cordel, aflojando cuando resultaba muy tirante, tirando y enrollando si era lento. Todos corrían detrás de ese pájaro extraño que agitaba sus cintas e independizándose les hacía frente a las corrientes de aire. Se contenía la respiración, preocupados por la evidente inestabilidad. Y la desilusión (¿o la satisfacción?) no tardaba, el barrilete moría enseguida, como golpeado por un cazador infalible. No era claro el sortilegio de ese objeto impalpable. Tal vez venía de un conocimiento sonámbulo de antiguos ritos.

CABALLO MECEDOR

En la calesita, los caballos eran los preferidos. Alineados de dos en dos corrían en círculos, subiendo y bajando. La lisa cavidad de la montura acogía afectuosamente a las nalgas; la maternal hinchazón del vientre obligaba a abrir las piernas en una posición excitante. Contra la piel al descubierto el frío de la cartapesta. A lo mejor tenían razón cuando creían que no era conveniente que una mujer cabalgase con las piernas separadas: adivinaban que en eso había una satisfacción secreta, el inevitable delicioso frotamiento. Una niña cabalgará su caballo mecedor únicamente por el movimiento, el impulso. Para divertirse no le hace falta -como sí a los varones- blandir la espada, incitar a imaginarios compañeros para que combatan. Ella cabalga abandonándose a un erotismo inconsciente. Cierra los ojos, concediéndose al viento que mueve sus cabellos, aprieta las rodillas y endurece los músculos provocando dentro de sí una corriente de escalofríos in crescendo.

FIGURITAS

Como los libros, los álbumes están pensados para la lectura. Los epígrafes de las imágenes enseñan y relatan. Cuando falta la figurita la frustración es doble, se contempla una forma vacía, la silueta rectangular de la pieza ausente, y leer no tiene sentido. Pero también son libros que deben escribirse. Desordenadamente. Primero un capítulo o una frase que en el diseño general se situará después. Y los agujeros que quedan son pasajes irresueltos de una historia que existe en alguna parte y que hace falta entender o rellenar. La satisfacción dada por el álbum es la de la creación. No hay un álbum igual a otro mientras está incompleto.
***

"Escribir un libro sobre los juguetes. ¿No es una idea brillante? ¿Simple? ¿Inquietante? Sí, pero tal vez es también una idea terrible. Es como escribir un libro sobre los fantasmas, sobre las apariciones, sobre los escalofríos en forma de animal, un animal incomprensible, imposible, inexistente. Hundir la mano en el tiempo de los juguetes: es como para morirse de miedo. En ese lugar no existen dimensiones mensurables; todo es enorme, lejano".

Fragmento del posfacio de Giorgio Manganelli a Catálogo de juguetes.
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El libro está conformado por 65 textos breves en los que la autora describe juegos y juguetes característicos de los niños de la clase media italiana de los años '50 y '60.

Copy: Catálogo de juguetes, de la escritora italiana Sandra Petrignani, con traducción de Guillermo Piro, editado en castellano por La Compañía.


Tomado de

2 comentarios:

maria del carmen colombo dijo...

Gracias Irene por esta publicación, me va a venir muy bien leerla!

Irene Gruss dijo...

Sí, es precioso; gracias por pasar, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char