sábado, 24 de septiembre de 2011

Uno no piensa para complacer

HENRI MESCHONNIC
(París, Francia, 1932-2009)




hoy
las hojas muertas
iban más rápido que yo

Versión de Hugo Savino
***
no veo rostros
tu rostro
veo felicidad que no tiene
necesidad de palabras o yo
veo dolores que no tienen
tampoco palabras no veo
más que silencios
y de ellos
vienen mis palabras sobre tu boca
para oír
para oír mejor

Traducción de Hugo Savino
***

Te copio lo que sé que cada vez no es sino un fragmento
de lo que conozco de nosotros es siempre otro fragmento
no hay sino nosotros yendo conjuntamente inacabados.
Tú no has llamado yo excavo los pedazos que no son nosotros
donde estamos mezclados todavía pongo aparte cada poco de ti.
Trabajando en reunirnos como se puede aislar un cuerpo puro
descubro agrego no he terminado de transformarnos
nos parecemos cada vez más.

Traducción de Alfredo Chacón
***

los hombres se parecen a sus cuentos
portan el uniforme de las víctimas
la luz es cómplice del hambre
cuando deciden recibir al sol

Traducción de Samuel Espinosa Mómox
***
Entre un poema y la poesía
De Célébration de la poésie, Verdier, 2001

Una reflexión sobre lo que es un problema poético se va a encontrar aquí, una reflexión sobre lo que es un poema, sobre lo que hace un poema, y sobre la necesidad vieja como el mundo y siempre nueva de reconocer la diferencia entre un poema y aquello que hace todo lo posible por parecérsele. Las relaciones difíciles entre un poema y la poesía. Sí, curiosamente. Entre un poema y las cosas del sentido, entre la poesía y la filosofía. Esta misma, no es otra cosa. Una reflexión situada. Como toda reflexión.
Las cosas de la poesía le interesan a poca gente. Al menos eso es lo que se ha convenido en decir. Con la mayor frecuencia para quejarse. Es el lado un poco llorón de los poetas. Pero ante todo, siempre ha sido así. Luego voy a mostrar que no hay nada de eso. La poesía es leída por poca gente. Salvo en los períodos de confusión, cuando en apariencia la poesía les hablaba a todos porque las circunstancias, generalmente trágicas, favorecían una confusión entre el tema y el poema. Como, ante una pintura, se puede confundir la belleza de un modelo y la pintura como pintura.

La poesía no soporta ni las complacencias ni las concesiones. Si no, el poema se vuela. No hay que engañarse. Una reflexión sobre la poesía no tiene que rendirle cuenta sino al sentido que se puede tener de la poesía, al sentido del lenguaje. Este sentido es inseparable de una situación. Y esta situación es siempre precaria, siempre crítica.
En todo pensamiento hay quizás algo de panfleto, es decir de rebelión, de rechazo. Si no, es el mantenimiento del orden.
Una reflexión sobre la poesía contemporánea, sobre lo contemporáneo, no tiene que rendirle cuenta sino a la búsqueda de lo que hace el conflicto y las confusiones entre la modernidad y lo contemporáneo. La búsqueda de su propio rigor. Por eso esta reflexión es crítica.

La poesía es un puesto de observación privilegiado para todo el lenguaje, por su fragilidad, que no es solamente social sino también y ante todo ético. Incluso es esta fragilidad ética la que hace paradójicamente a su poética. La poética.

Sería una confusión grosera e interesada, ver polémica en la crítica, como se hace comúnmente al confundirlas. Ver en la crítica ajustes de cuentas. Pues la polémica no apunta sino a poner al adversario en silencio. A hacer silencio ante él. Para conservar poderes. La polémica tiene un deber de desinformación. Lo cumple muy bien. La crítica, al contrario, hace hablar al adversario. Argumenta, discute. Porque la crítica es la búsqueda misma del pensamiento y de la libertad, pero también del sentido del tiempo a través del sentido del lenguaje.
Se piensa –se trata de pensar– no para gustar ni para disgustar, sino solamente para inventarse en el pensamiento, transformar el pensamiento, intervenir en el pensamiento.
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La poesía celebra al mundo. Uno celebra a la poesía. La poesía se celebra. A sí misma. Es suficiente, para verlo, con leer lo que se hace y lo que se dice de la poesía. Y el problema poético es que este amor por la poesía es la muerte de la poesía. Es preciso denunciar este pacto mundano que se hace pasar por una de las bellas artes.
Se dice que la poesía es siempre de circunstancia. El pensamiento también. Es su riesgo, su deber, y su placer. Aquí se trata de una reflexión sobre la poesía contemporánea, situada, como toda reflexión. Uno no escoge lo que vive ni lo que se piensa, ni el espectáculo de lo contemporáneo.
Ésta es una reflexión sobre el lenguaje a través de las preguntas de la poesía, tanto como una reflexión sobre lo que se hace y lo que se dice de la poesía a través de una representación del lenguaje. La de las relaciones entre el ritmo y el sujeto.
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Lo que los poetas dicen del lenguaje, de la lengua, muestra todo lo que saben de la poesía. Y lo que dicen de la poesía es consustancial con lo que hacen. El todo es el retrato de una sociedad, de una ética, de una política, de una relación con el mundo, en poesía.
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La poesía es uno de los lugares, y de los más reveladores, por lo que en ella está en juego, de la inteligibilidad del presente. Y no solamente del presente de la poesía, sino del presente ético y político. Esto lo han comprendido todos los que han pensado la poesía.
Lo que yo he aprendido, antes de saber como sé ahora, es que un poema que es un poema no corre tras de la poesía como los contemporáneos corren tras de lo contemporáneo. Y me bato, incluso antes de saber por qué, desde hace más de treinta años contra lo contemporáneo. Es que uno no piensa para complacer. No más que para desagradar. A menos que se confunda pensar e instalarse. Pensar, y comodidad. Lo que puede ser un autoerotismo. Si pensar es inventarse, y no el mantenimiento del orden, con lo cual frecuentemente se lo confunde, pensar debe hacer mal, pensar hace mal. Y ante todo a quien intenta pensar.
Porque pensar, sea poéticamente o filosóficamente, o en cualquier orden de pensamiento, es inventar su pensamiento, e inventar su vida, su propia historicidad. Esto no puede hacerse sino contra las ideas adquiridas. Contra lo contemporáneo. Porque lo contemporáneo es siempre y por doquier la adición y la ganancia de las ideas adquiridas. Amalgama. Eclecticismo. Los academicismos de lo retro-como-de-lo-neo. Los dulcitos.

Traducción de Alfredo Chacón
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char