viernes, 11 de febrero de 2011

Los soldados nunca mueren bien

Tomado de carteleradehistoria.com

Pocos poemas de ERNEST HEMINGWAY
(EE.UU., 1899–Cuba, 1961) 


II

Hemos pensado los pensamientos más largos
y elegido los caminos más cortos.
Hemos danzado ritmos endemoniados,
temblando al regresar a casa para rezar;
para servir a un amo en la noche,
y a otro en el día.
***
 V

El Señor es mi pastor, no
lo  necesitaré demasiado tiempo.

Trad. Amalia Gullón
***
Campos de honor


Los soldados nunca mueren bien:
Las cruces marcan los lugares;
Donde ellos cayeron  hay cruces de madera;
Un palo sobre sus caras.
Los soldados empujan y tosen y caen de cabeza
Todo el mundo grita en rojo y negro
Los soldados se sofocan en una trinchera y
Se asfixian completamente durante el ataque.

Chicago 1920
Trad.: Raúl Racedo
***
Asesinado en Piave – Julio 8 – 1918

Deseo y
Todo el dulce pulso del sufrimiento
De las heridas apacibles.
Eras vos quien
Se fue hacia el interior de la adusta sombra.

Ahora, en la noche, venís serio
A dejarte caer conmigo.
Una estúpida, fría, rígida bayoneta
En mi caliente e hinchada, palpitante alma.

Chicago 1921
Trad.: Raúl Racedo
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char