martes, 13 de septiembre de 2011

Los treinta y tres nombres de Dios

Tomada de biografiasyvidas.com
MARGUERITE YOURCENAR
(Bruselas, Bélgica, 1903-1987)


7.

El suave hocico
de la vaca
el hocico salvaje
del toro.


10.

El camello
cojo
que atravesó la
gran ciudad atascada
camino a su muerte.

11.

La hierba
El olor a hierba.

17.

La piel–
toda la superficie
del cuerpo.

30.

Sol naciente
sobre un lago
aún helado
a medias.

32.

El silencio
entre dos amigos.



De Los treinta y tres nombres de Dios, Córdoba, Alción Editora, 2003.
Traducción: Silvia Baron Supervielle
**
Cortesía de Silvina López Medin

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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char