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martes, 2 de abril de 2013

La vida, la otra, cómo rodé hasta acá


MERCEDES ARAUJO 
Tomada de edicionesendanza.com

(Mendoza, Argentina, 1972)

A mordiscos, dando coces
busco un árbol en la hierba
ancas rebosantes
al borde del río
rayas sobre la estepa
a mordiscos dando coces
con una pesadez que no es mía
a mordiscos dando coces
esa tarde
apacenté entre cebras dispersas
resoplando con esa
pesadez ajena
y volví a decir "dioses cebras"
a mordiscos dando coces
con el cuerpo vendado
hice movimientos inútiles
tensé músculos sanos
hasta el extremo.

De Viajar sola, Ed. Abeja Reina, 2009
***

Tengo plumas de muchos colores y también un rosario
hecho de huesos de pescado, piedras blancas y verdes
incrustadas en los labios y las orejas, y otras cosas
que vos no estimarías en nada.
Estoy llevando una vida sin ninguna ley
no como a horas fijas, duermo en una cama hecha de palmas
y hoy he recordado el cuerpo de tu padre,
inesperadamente me ha parecido un cuerpo anhelante
y el de mi madre, caminando por su jardín
buscando ser complacida y dando rienda suelta
al irresistible deseo de bailar, con su vestido
de ramas de laurel.

De La isla (2010)
***

Médanos, desierto y montes. El sol subió y el viento arrastró animales. Las ropas, andrajos; la cara, mugrienta. Una máscara de tierra blanca lo cubre. Sus carnes cuelgan talladas en el aire. Intenta hablar mientras se zarandea, suspendido desde una rama con las manos asidas por una correa de cuero. Sacude las muñecas y el cuerpo se ondula en un movimiento convulsivo, esforzado y corto. Sabe que va a morir. Cabecea intentando limpiar el polvo que le cubre los ojos.
Le dedican miradas entumecidas. Jetas silentes. Laguneros malditos Lo desesperan, acerados y ceñudos. Ni una palabra, ni una gota de agua. El desecamiento, la desconfianza, el ojo malo y la sed.
Pregunta, pero no le contestan. Conoce la respuesta: no le darán sepultura y ninguna mujer llorará. La carne colgada será gentileza para las aves rapaces. Ya las ve, lo acechan: aleteando bajo, con los ojos avizores, un aguilucho de espalda color canela le deja ver el pico rapiñero; se posará sobre el costado herido, hurgará el cuero, decido, punzante. La noche le cae encima y, desde abajo, un lobo de pelo lo mira y aguarda la carroña.
La vida, la otra, cómo rodé hasta acá. Escarbemos: silencio, soledad, traición, nada más; acá colgado, el hocico sangrando. Momia, cadáver, piltrafa.
Desguarnecido, cubierto de barro. Morir de sed. Intenta flexionar las rodillas y acercarlas a la panza. La espalda extendida, los brazos rígidos resistiendo todo el peso. Pretende aflojar las cinchas que le amoratan las muñecas. Agarrotado, el viento caliente lo hamaca.
Noche cortada por un viento caldeado que me columpia y se pega. La imagen viva de la hembra, Juana mula traidora, hilando. Me mira con los ojos que aletean, reanuda el tejido, con la mirada vaga. Mataría, le daría mi vida al mierda que me alcanzara un trapo roñoso. La noche es larga y Juana capaz se arrima. Qué va a venir. La veo, el pelo negro, el ceño plegado en surcos de furia, el cuerpazo de piedra.
Lo envuelve un zumbido desfondado de mosquitos retorciéndose en el aire, latigando el aire, mosquitos chupasangre.
Intenta estirar el cuerpo y tocar el suelo con la punta de los dedos. La cincha de mierda rebana las muñecas, inútil, es inútil, el piso está lejos.
Por fin, en un movimiento seco y corto, levanta las rodillas y arquea la espalda. Cómo rodé hasta acá. Una saliva amarga le nace en la garganta y escupe. Si me hubieran matado, pero no, los lagartos te cuelgan y te dejan morir.
Dormir hasta que me llegue la hora. Dormir, soñar que me chupo, que me mamo hasta quedar volteado. Y que llegue la muerte, la veo, es manca, la cabeza como un remolino oscuro de viento que arrastra porquerías y te ciega, el cuerpo hecho de un enjambre de bichos: moscas, mosquitos y luciérnagas. Lo peor es que no sé a qué hora me vence.
La jeta partida por el viento, los brazos colgados, el cuerpo que se balancea. Un perro me escucha con las orejas tiesas. No levanta los ojos, no mira. Los animales saben. Cómo rodé hasta acá. Pájaros aulladores, pataleo, los espanto, estoy vivo, no soy carroña, todavía no, carniceros. Rezo por rezar. Quisiera dormir hasta que me llegue pero en vez de eso me meo encima. El polvo en los ojos, rezar otro ruido, no el chillido de los rapiñeros.
Las piernas tensas, la boca seca; es tiempo de perder todo, olvidarme de dónde vengo, de cómo rodé hasta acá.
El perro abandona la inmovilidad y se levanta. El olor podrido de su pelo. El del mío. Un lengüetazo tibio sobre los pies, por piedad, perrito. Se aleja sin acercarse, los animales saben. Despunta el amanecer, un velo lechoso lo rodea y envuelve.

Lo descolgaron muerto y picoteado de la rama del algarrobo seco. El árbol de la justicia y el suplicio. Alguien llevó el cuerpo hasta un cerro y lo echó a rodar.

De La hija de la Cabra, Bajo la Luna, 2012.

lunes, 2 de agosto de 2010

Brillar o permanecer

Unos pocos poemas de
MERCEDES ARAUJO

(Mendoza, Argentina, 1972)

"En ese extraño lugar llamado
cocina del infierno
el aire sobre la piel es ráfaga y arena
en ese extraño lugar
una gruesa montaña
se volvió garganta por la erosión del viento.

En ese extraño lugar, tener conciencia
de cualqueir paisaje es doloroso
porque se ven las cosas por primera vez
pero sobre todo porque decir así
el lugar roto por sí mismo
demora la marcha y nos hace resbalar
cuando lo que se quiere es huir".
***

"Vi lo que vi: movimientos furtivos en la hierba
cuatro leones atraviesan la bruma
allí en la nada donde las plantas cambian
un bosque que luego es pradera
y nuevamente un bosque.

No me defendí esa noche ni la siguiente".
***

Las hembras cazan de noche
esperan y clavan colmillos en garganta
en épocas de celo las hembras
tenemos el pelo brillante
en épocas de celo cambia
el sentido de las palabras
en épocas de celo puedo
quitarme el velo, partir de viaje
brillar o permanecer
–el ritmo es el mismo en cualquier música–
***

Antonio y Cleopatra/ serpiente tigre
abrazo trémulo en el lecho de los amantes
Serpiente del viejo Nilo arrastrado me deleito
yo Antonio en el dolor que me inflige

[anillos rojos negros blancos y amarillos]

Ser más Antonio el bravo general
ojos sin temple rendido, claman ríen
los buitres urracas, si alguno lo intentara
ser el pescado salinero atrapado en arpón
serpiente tigre serpiente ciega, por la noche
vestir sus atavíos ella se enfunda mi espada
es el fuelle y yo el delicado abanico
de la fogosa que llora

[el embrión es macho y hembra]

Cleopatra es Antonio, Antonio es Cleopatra
hacemos libaciones, cambiamos lugares
“romano, fuiste la mujer y yo el hombre,
te curvé en un lecho de oro regiamente
adornado”

[lengua que bifurca
corazón de tres cavidades]

miméticos el sol viril la luna coronada
comer luchar huir aparearse Cleopatra
¿Cómo se logra?
desenmarañarse arrancarse
destrozar la piel escurrirse de la sombra
¿Cómo se vuelve? cada uno a su especie
a su familia a su patria a su columna
vertebral

[los ofidios escamosos son simétricos
bilaterales dobles gemelos
imitadores]

¿será en la muerte? donde una nube
parece un dragón
una ciudad suspendida
una montaña de doble cima
balanceándose sobre nuestras cabezas.
**
Foto tomada del blog sigamos enamoradas
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char