martes, 22 de junio de 2010

Ni una línea, nada, ni un pensamiento, nada...

THOMAS BERNHARD
(Holanda, 1931-Austria, 1989)

De La Calera
(Fragmento)


(...) Encuentro IV:
Konrad dice, en relación con su estancia en Bruselas hace ahora veintidós años, entonces hospitalizó a su mujer por un breve período en una clínica de Lovaina, no literalmente, pero sin embargo casi literalmente, lo siguiente: cuando no aguanto más en mi habitación, porque no puedo pensar ni escribir ni leer ni dormir y entonces, porque, en general, no puedo más, tampoco ir de un lado a otro por mi cuarto, es decir, temo, porque he ido ya durante muchísimo tiempo de un lado a otro por mi cuarto, que si, de repente, vuelvo a ir de un lado a otro, a cada instante lo temo, también mi ir de un lado a otro por mi cuarto se hará imposible, y porque lo temo, se hace también realmente imposible, porque golpean, es decir, golpean porque molesto, porque al ir de un lado a otro molesto, golpean o llaman o bien oigo simultáneamente golpear y llamar, lo que me resulta de lo más insoportable, porque temo que puedan volver en seguida a golpear o a llamar o a golpear y llamar simultáneamente… me voy, porque no aguanto más en mi cuarto, de mi cuarto, bajo al tercer piso y golpeo en la puerta del profesor… golpeo y espero hasta que el profesor oye mis golpes, me quedo ante la puesta del profesor y espero a que el profesor me diga que entre… pienso, mientras estoy otra vez ante la puerta del profesor, hace frío, estoy helado, no sé, son ya las once, son las doce, es la una de la mañana… a causa de ese continuo ir de un lado a otro por mi cuarto he perdido casi el sentido, espero, pienso ahora, cada vez, cuando estoy ante la puerta del profesor y espero, hasta que el profesor dice ¡adelante!, la puerta no está cerrada, dice, y yo abro la puerta y entro, y veo al profesor sentado a su escritorio… espero, pero no oigo nada. Nada. Golpeo. Nada. Espero y golpeo tanto tiempo, que pienso que debo darme la vuelta y volver a mi cuarto, el profesor no te va a abrir hoy, hoy no… ayer me abrió, antesdeayer me abrió, antesdeantesdeayer, durante toda la semana pasada me abrió, me abrió cada vez que llamé… pero hoy, pienso, el profesor no te va a abrir… golpeo y golpeo y escucho y no oigo nada. ¿No estará el profesor? ¿O está y es sólo que no me oye? ¿Se habrá ido otra vez al campo? Con cuánta frecuencia se va el profesor al campo, pienso, se va al campo de forma imprevista. A ver a esos cientos de parientes suyos, pienso. ¿Y si golpeara más fuerte aún?, pienso. ¿Más fuerte? Pero si ya he golpeado el doble, el triple de fuerte… ¡Golpear!, me digo. ¡Golpear! Realmente golpeo ahora fuertísimo, y pienso que ahora debe de haberme oído toda la casa, porque he golpeado tan fuerte como no había golpeado jamás… ¡Golpear más fuerte aún! Realmente, alguien tiene que haber oído ahora mis golpes… todas esas gentes tienen oídos sensibles, pienso, los oídos más sensibles, los oídos de todas esas gentes son de lo más sensible… pero golpeo otra vez más, ahora más fuerte aún, tan fuerte como nunca he golpeado, y escucho y oigo al profesor, viene a la puerta y la abre, pero la abre sólo a medias y yo le digo: espero no estorbar, la verdad es que ya es tarde, pero espero no estorbar… veo enseguida, dice Konrad, que el profesor se encuentra en pleno trabajo científicointelectual… ¡Mi Morfología!, dice, dice Konrad, ¡mi Morfología!... y yo digo, dice Konrad: si molesto, me vuelvo en seguida a mi habitación. ¡Ahora bien!, digo, y el profesor dice: ¡mi Morfología!, y yo pienso, dice Konrad, ¿por qué ha abierto la puerta sólo a medias el profesor?, sólo la abre lo suficiente para poder sacar la cabeza y hablar conmigo, de forma que yo no pueda entrar, nada más... Ahora bien, oiga, digo, dice Konrad, si molesto me vuelvo en seguida a mi habitación. Si le molesto... ahora veo, dice Konrad, que el profesor se ha desnudado ya, está completamente desnudo, completamente desnudo bajo la bata, veo y le digo: ¡se ha desnudado usted ya!, y luego: si molesto, me vuelvo al instante a mi habitación!, ¡basta con que me diga que no quiere que lo molesten ahora!... pero si usted me lo permite, si me lo permite sólo una vez más, entraré sólo unos instantes a su casa, digo, me marcharé en seguida, no sé en absoluto qué hora es... no tengo ni idea de qué hora puede ser, digo, voy todo el tiempo por mi cuarto de un lado a otro, de un lado a otro con ese problema mío y casi me vuelvo loco por ello... como sabe, ahora no trabajo ya desde hace días, no trabajo ya en absoluto, mi querido profesor, me resulta imposible, ni una línea, nada, ni un pensamiento, nada... una y otra vez pienso, ahora tengo un pensamiento, en realidad no es nada, nada, digo... y así ando todo el día ocupado en ese pensamiento, en realidad sólo con ese único pensamiento por mi cuarto de un lado a otro, arriba y abajo, de no tener ningún pensamiento, de no tener ni un solo pensamiento... porque, realmente, desde hace ya mucho tiempo no tengo ya ningún pensamiento, digo... y así espero y así ando, mientras espero y, sin embargo, sólo lo espero a usted, espero el día entero que vuelva usted a casa... Hoy ha vuelto usted dos horas más tarde a casa, digo, ayer una hora y media más tarde, realmente, hoy, dos horas y media más tarde... le oigo, porque siempre estoy atento, ya en la calle, cuando abre usted la puerta de la casa y cierra usted otra vez la puerta de la casa, oigo cuando entra usted en el vestíbulo, espero el día entero que entre usted en el vestíbulo... Hoy ha hecho usted probablemente sus compras, ha tenido que hacer gestiones, probablemente ha pagado sus cuentas, ha ido también probablemente a correos... y cuando está usted en el vestíbulo, pienso que ahora cerrará en seguida la puerta del piso, que ahora va usted a su cuarto... ahora se quita el abrigo, los zapatos, ahora se sienta al escritorio, pienso... ahora come usted algo, ahora empieza usted a escribir una carta, una carta a su hija que vive en Francia, a su hijo que vive en Rattenberg... o una carta de negocios... o se ocupa usted de su Morfología, pienso... oigo cada vez con mayor claridad cómo abre usted su cuarto, en los últimos tiempos abre usted su cuarto mucho más deprisa que al principio, va usted rápidamente a su cuarto, se quita el abrigo bruscamente... y entonces pienso que reflexiona si debe echarse en la cama o no, echarse en la cama vestido o no, echarse en la cama sin quitarse los zapatos o no echarse en la cama, si, antes de ocuparse de la Morfología, debe echarse o no... que entonces, cuando está echado en la cama, cuando ha estado echado en la cama, cobra conciencia de lo absurdo de su trabajo y de lo absurdo de su existencia... que tiene que cobrar conciencia de ese absurdo... que tiene que ganarse el pan de una manera tan deplorable, tiene que estudiar de una manera tan deplorable, que todos e ganan el pan de esa manera deplorable, todos tienen que estudiar de esa manera deplorable... de una manera todavía más deplorable, piense... y que, en el fondo, pienso yo, le dijo Konrad al parecer al profesor, dice Konrad, usted no tiene ya a nadie en absoluto... que usted entonces, tanto si se sienta al escritorio como sino, tanto si está echado en la cama como si no, cobra conciencia, tiene que cobrar conciencia de toda su infelicidad y, de hecho, de una infelicidad cada vez mayor... En ese instante le deja entrar el profesor... y yo voy, dice Konrad, inmediatamente a su cama y le digo, como veo que la cama está abierta, ha abierto usted ya la cama, es posible que quiera irse usted ya a la cama, o ¿quizás estaba usted ya en la cama...?, y le digo: no se moleste por mí, échese si le apetece, sólo quiero ir un poco de un lado a otro por su cuarto, por su cuarto, ya sabe usted que por mi cuarto no puedo hacerlo ya... si voy por mi cuarto de un lado a otro, digo, creo que todos oyen en la casa que voy por mi cuarto de un lado a otro, lo mismo que también usted, cuando leo, sabe que leo en mi cuarto, sabe que yo, cuando pienso, pienso en mi cuarto, y lo mismo sabe que escribo, cuando escribo en mi cuarto, y lo mismo, cuando estoy echado en la cama, que estoy echado en la cama… todas esas gentes saben siempre, creo, lo que hago, digo… porque oiga, digo, esas gentes saben también que pienso cuando pienso en mi cuarto, que pienso en el estudio… eso hace que me resulte imposible pensar en mi cuarto, pensar en mi cuarto en el estudio y, por esa razón, llevo ya tanto tiempo sin pensamientos… y qué horrible, pienso, es para mí no poder pensar en mi cuarto, qué horrible escribir una carta en mi cuarto… por eso, desde hace tanto tiempo, no leo ya, y tampoco puedo ya pensar… pero en su cuarto, digo, siempre me es posible todavía ir de un lado a otro… voy por su cuarto de un lado a otro y me tranquilizo… poco a poco y, al cabo de algún tiempo, de forma cada vez más intensa, digo, y: entonces puedo volver otra vez a mi cuarto… ya ve, digo, ahora me tranquilizo, todo mi cuerpo se tranquiliza… y esa tranquilidad, digo, pasa también luego lentamente a mi cerebro, es, cuando me tranquilizo aquí en su cuarto, simultáneamente una tranquilidad del cuerpo y del cerebro… realmente, digo, sólo necesito entrar en su cuarto, y me tranquilizo… ¿Qué es esto? Cuando, sin embargo, me resulta imposible visitar jamás a ninguna otra persona… entro en su habitación y me tranquilizo… Hoy, digo, ha vuelto usted a casa tan tarde, esas ridículas gestiones, digo, que tiene que hacer… ese correo ridículo, que recibe día tras día y día tras día tiene que contestar, esas gentes ridículas… yo no recibo ningún correo, no respondo ningún correo… y esos antipáticos colaboradores de su oficina que tiene usted que aguantar, que durante tantos años tiene ya que aguantar… esas cosas antipáticas, digo, le impiden volver antes a casa… y al dar usted la vuelta a la llave en la cerradura, digo, pienso cada vez que me salvará de esta horrible situación, digo, porque, sabe usted, digo, me siento siempre como si me ahogase… terminar mi vida ahogado, digo, ahogarme al final, grotesco que tuviera que ahogarme al final… porque usted haya tenido alguna vez que hacer una serie de gestiones suplementarias, y haya vuelto demasiado tarde a su casa… y a su cuarto, mientras que yo me habré ahogado hace tiempo, le dice Konrad al profesor, realmente creo todos los días, a la misma hora, que me voy a ahogar, que me ahogo, pienso, por una ridiculez, porque usted, como podría ocurrir alguna vez, ha tenido que hacer otra gestión, dar otro rodeo, visitar a su tía más tiempo… le oigo en la calle, oigo sus pasos, oigo cómo da la vuelta a la llave en la cerradura de la casa, cómo le da la vuelta en la puerta del piso… ahora, digo, me tranquilizo, ya ve que me tranquilizo porque me ha dejado entrar en su cuarto, digo, si al menos no le molestase, digo, pienso, digo, que le he molestado ya tan a menudo, dice Konrad, pero si sigo solo un instante más, le dice al profesor, pienso siempre que me ahogaré… y entonces le oigo a usted… Qué miniatura más bonita, digo, tiene usted en la pared, esas bonitas miniaturas que jamás había visto… y entonces oigo cómo abre usted la puerta de su piso y cómo la cierra y cómo se echa usted en la cama y cómo se sienta usted a su escritorio y cómo se levanta otra vez del escritorio… y entonces voy por centésima vez de un lado a otro por mi cuarto, siempre de un lado a otro, y me digo: ahora puedes ya bajar a casa del profesor, ahora es correcto ya, y entonces otra vez: ahora, ir, bajar, bajar aprisa, ahora, ahora… y me vuelvo ya casi loco con ese pensar una cosa y otra, con ese incesante voyonovoy… es correcto, o no es correcto… y pienso: ¡ahora!, y ¡ahora!, y así se pasa una hora, y me digo, sin embargo, el profesor estará posiblemente ocupado con su Morfología… realmente estaba usted ahora precisamente ocupado con su Morfología, digo, dice Konrad, y al mismo tiempo, sin embargo, demasiado fatigado… Está usted demasiado fatigado, digo… ¡y muy ocupado!, digo, y voy al escritorio y veo que el profesor se ha estado ocupando de su Morfología… mientras yo, durante toda una hora, pensaba, voy a casa del profesor o no… Sí, digo, si molesto… dígame usted que molesto… que, naturalmente, molesto… dígame usted, si molesto, que molesto… que, naturalmente, molesto, le molesto ya todo el tiempo, digo, dice Konrad, que todos estos años le molesto… todos estos años que llevo viviendo con usted en esta casa… ¡soy un personaje molesto!... pero ya ve, digo, dice Konrad, espero dos horas, espero cuatro horas, seis horas, ocho horas… y no bajo a su casa… esperas tanto tiempo y entonces no bajas a casa del profesor, digo… y naturalmente bajo y golpeo en su puerta, golpeo muchísimo tiempo hasta que usted abre y me deja entrar… y me deja ir de un lado a otro por su cuarto, para que lentamente me tranquilice… y me tranquilizo, digo, y digo: posiblemente avanzaré esta noche un trecho en mi estudio, aunque sólo sea el trecho más corto… Posiblemente, digo, pero me digo eso día tras día, me digo día tras día, hoy, cuando el profesor vuelva a casa, bajarás a su casa y andarás por su cuarto de un lado a otro y entonces volverás a tu cuarto y empezarás a escribir el estudio… eso me digo, como sabe usted, dice Konrad, también hoy, ahora, y que ahora, me digo siempre, ahora empezaré a escribir el estudio… y al profesor le digo, dice Konrad, si por lo menos no le hubiera molestado... si no supiera yo, digo, que fácilmente se molesta a las personas, a una persona que necesita tranquilidad, a una persona como usted, profesor, a una persona como yo, profesor... a la que, cuando sin embargo sólo quiere estar sola, se la molesta... pero a diferencia de mí, le digo al profesor, que no puedo ya estar solo, usted quiere, y lo curioso es que, con ello, se ha hecho ya tan viejo, estar solo, porque naturalmente tiene usted que estar solo... y la verdad es que siempre me dice, cuando vengo a su casa, digo, dice Konrad, que quiere estar solo, que tiene que estar solo, incluso cuando no lo dice, incluso cuando no lo está... incluso cuando no dice nada oigo cómo dice quiero estar solo... mi querido profesor, digo, ahora me voy a mi cuarto, me he tranquilizado y: es exclusivamente mérito suyo que me haya tranquilizado... pero probablemente tampoco usted me podrá tranquilizar ya pronto, lo mismo que mi mujer no me puede tranquilizar ya, nadie, nada, digo... le doy las gracias, le doy las gracias, digo, y voy hacia la puerta, y el profesor me abre, y yo digo, no quería, la verdad es que no quería molestarlo, querido profesor, no quería molestarlo, no quería molestarlo y me doy la vuelta y oigo que el profesor vuelve a su cuarto... llego sorprendentemente deprisa a mi cuarto, pienso, y me siento al escritorio y empiezo a escribir, pero no puedo escribir... creo que tengo que poder escribir, pero no puedo... y me levanto y voy por mi cuarto de un lado a otro, arriba y abajo, lo mismo que también aquí, en la Calera, voy por mi cuarto de un lado a otro y arriba y abajo... una infeliz predisposición me hace ir toda la noche por mi cuarto de un lado a otro y arriba y abajo... toda la noche y, por la mañana temprano y mientras el profesor hace ya tiempo que se ha ido otra vez, sigo yendo de un lado a otro y tengo miedo de ese ir de un lado a otro, lo mismo que entonces lo temo hoy también, lo mismo que entonces en Bruselas temo hoy todavía en la Calera ese ir de un lado a otro y voy de un lado a otro y espero y pienso, espero y voy y voy y voy... y voy... (...)
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La calera (novela, 1970), Alianza Editorial, 1984
Traducción: Miguel Sáenz
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char